Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Mutis o la trampa de la Mutisia Clematis

ÁNGELA MARÍA PÉREZ MEJÍA
Universidad de Brandais
Investigación fotográfica: Patricia Londoño Vega

José Celestino  Mutis

Retrato alegórico de José Celestino Mutis,
atribuido a Salvador Rizo. 
Se conserva en el Museo 20 de Julio,
Bogotá.
(La ruta de Humboldt.  Colombia y Venezuela, t. II, Santafé de Bogotá, 1994).

TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

EL VIAJERO ILUSTRADO

LA SUBJETIVIDAD FRENTE A LA "MUTISIA"

LAS AMBIGÜEDADES DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

                                                                                                                                

                                                          






El mal de América es una afección que ataca a ciertos habitantes del viejo mundo. Se manifiesta como un anhelo de espaciar más allá del océano y de lo conocido, hasta alcanzar un Nuevo Mundo: un afán ambiguo, en verdad.

Los días y la obra de Agustín Codazzi, Giorgio Antei

Comprendí que debía liberarme de las imágenes que hasta entonces me habían anunciado las cosas que buscaba: sólo entonces lograría entender el lenguaje de la Ipazia.

Ciudades invisibles, Italo Calvino

 

Existen muchas pinturas y esculturas que recuerdan a José Celestino Mutis. No en vano pasó veintidós años rodeado de una tropa de pintores, dibujando la flora de la Nueva Granada. También él quedó eternizado en varias pinturas y ahora preside salones de museos y universidades, de tal manera que se puede suponer que la imagen es inmediatamente reconocible para los colombianos. Hay una pintura particularmente común que adornaba mi libro de ciencias naturales de tercero elemental. Era la pintura de un hombre viejo suspendido en un pedestal de mármol, rodeado de instrumentos de medición y libros de anotaciones botánicas. Una planta enredadera, que parece salida de uno de los libros que rodean al personaje, subía por la base del busto y delicadamente se posaba sobre su cuerpo. Debajo se leía: "Mutis: sabio y precursor de la independencia" (véase ilustración 1). Sobra decir la curiosidad que me causaba ese prócer sin armas ni uniformes, delicadamente tocado por una flor. En la lectura de los informes de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (Villegas, 1992) he llegado a satisfacer mi curiosidad. La planta se llama Mutisia Clematis, en honor del sabio, por supuesto, y la bautizó así nada menos que Linnaeus (o Linneo). La pintura es de Salvador Rizo, uno de los pintores más destacados del grupo de la Real Expedición Botánica, de la que Mutis fue gestor y jefe. La realizó en Santafé de Bogotá, en el taller de la expedición, donde se organizaron los inumerables herbarios de la flora de la Nueva Granada, siguiendo los sistemas de Linnaeus. Rizo lo vio así pocos años antes de morir: en el pedestal de mármol donde se coloca a los patriotas muertos y envuelto por una planta que no sale de la tierra sino del papel; a su izquierda un astrolabio, a su derecha el tratado sobre las quinas, y con una inscripción en latín que dice: "Virtutem Factis, Naturam Scriptis Colere Docuit" (Enseñó a respetar la virtud de los hechos y los escritos de la naturaleza). Mutis en realidad pasó sus últimos días rodeado de estas cosas que Rizo seleccionó para su pintura y padeciendo, entre muchos otros achaques, el mal de América, esa enfermedad literaria que se supone ataca a los viajeros europeos que se atreven a cruzar la zona tórrida y que los condena a no poder regresar jamás a Europa 1.

Esa pintura de siempre reúne elementos simbólicos de las líneas que me propongo relacionar en esta lectura del Diario de observaciones (1760-1790) de José Celestino Mutis 2. En primer plano, el viajero español ilustrado al que la historiografía convierte en "precursor" de la independencia de la Nueva Granada, subiéndolo al pedestal incluso antes de morir. En la base, los instrumentos utilizados para crear ese texto sobre la naturaleza que es la geografía, los libros en los que se clasifica la realidad desconocida dentro del nuevo código de Occidente. Envolviendo al botánico, la mutisia: esa naturaleza enredadora que se apodera por completo del Diario de observaciones, de la misma manera como se tomó la vida del personaje. Esta pintura resume un libro de viaje que, como tantos, es también el relato de un viaje interior, de una transformación provocada por la realidad que se visita. Leer ese texto bajo la perspectiva de la subjetividad, el deseo y las transformaciones que se hacen presentes en el diario, permite mirar otra faceta del ambiguo deseo de los europeos afectados por el mal de América, y contribuye al análisis de cómo los textos generados por los viajes contribuyeron a la formación de una geografía nacional y a la retórica de los discursos de independencia.

Retrato de José Celestino Mutis de autor anónimo, Museo Nacional, Bogotá.  (Historia de Colombia, vol. 6, Bogotá, Salvat).
Retrato de José Celestino Mutis

EL VIAJERO ILUSTRADO

Mutis nació en Cádiz. Este puerto sobre el Atlántico tuvo una particular importancia para el siglo XVIII español, que comenzó defendiendo su imperio en un mar infestado de piratas y corsarios y finalizó a las puertas de la pérdida de sus colonias en ultramar. Entre tanto, se daba una redistribución de poderes en Europa y una reorganización dentro de los países en la que la ciencia desempeñaba un papel esencial. España, en su interés por rediseñar la enseñanza, creó instituciones como el Colegio de Cirugía de Cádiz, donde estudió Mutis, y en el cual las pautas sobre la experimentación de la naturaleza dadas por el padre Feijoo tuvieron la mayor resonancia entre los botánicos 3. Como científico, Mutis dejó una obra de dimensiones tan gigantescas, que hasta hoy no ha sido publicada en su totalidad. Internacionalmente tuvo el respeto de sus contemporáneos, mantuvo correspondencia con diferentes científicos del mundo, en particular con Linnaeus, lo que les permitió a ambos hacer uso de sus investigaciones, además de alcanzar una amistad conmovedora sin jamás haberse conocido personalmente. La correspondencia la comenzó Linnaeus cuando ya Mutis estaba en Santafé, y a través de ella se puede observar cómo Mutis representaba para el botánico de Upsala un emisario directo a ese paraíso que para su ciencia representaba América. En la última carta que Linnaeus le escribe a Mutis, le dice:

Ojalá volvieras salvo a Europa que por tus cartas veo que regresarás, con plantas y las observaciones que sobre ellas has hecho, más rico que el mismo Creso con sus tesoros. Ojalá en esta vida me fuera dado verte personalmente siquiera una vez, ahora cuando tornas como del paraíso. Ciertamente, si volvieras, por causa tuya me atrevería a emprender un viaje a España, a pesar de que me lo impiden la vejez y la muerte que no puede tardar. [Gredilla, Biografía, 1982, 9]

Nunca se encontraron, porque Mutis no regresó del paraíso y la muerte no hizo esperar a Linnaeus.

Se sabe que Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland cambiaron sus planes de viaje para ir a conocer a Mutis a Santafé, donde empezó una larga admiración de los científicos que a menudo se referirían a Mutis como el botánico más importante de América 4. Años después le dedicaron su Geografía de las plantas, en cuya presentación se preguntan:

¿Pero qual es el grado de bondad de cada una de estas especies? ¿De que virtudes se hallan dotadas y que estimacion merecen de nuestra parte? [...] He aqui unas questiones iportantes cuya solución está reservada á los profundos conocimientos del ilustre Mutis. [...] ¡Quantas relaciones! ¡Quantos caracteres! ¡quantas luzes necesarias para distinguirlas nos daría este Linné del nuevo mundo! [Gredilla, 1982, 119]

Lo curioso es que, además de establecer la relación Mutis-Linnaeus, Humboldt y Bonpland ven al Nuevo Mundo como el "lugar" de Mutis. Para ellos él es parte del paraíso y no su visitante. Mutis es, sin lugar a dudas, un viajero europeo dentro de la línea de los que contribuyeron a la reinvención científica de la América equinoccial. No obstante, sus circunstancias fueron peculiares. Venía de España, donde la Ilustración tuvo sus matices diferentes 5. No llegó enviado por la corona a investigar, a la manera de La Condamine, o en misión diplomática, como Boussingault 6, ni viajó como jefe de una expedición científica, como Humboldt. Tal vez lo más esencial sea que nunca regresó a Europa para dar a conocer su obra, nunca la sintió terminada ni le dio forma final al texto. Nunca sintió que estaba listo para regresar del paraíso y contar su relato de lo visto. Sus exhaustivos trabajos quedaron navegando entre los patrimonios de España y la Nueva Granada/Colombia, en una especie de limbo en el que hasta hoy vive su nombre. Toda la obra de Mutis fue enviada a España, por orden de la corona, al producirse el triunfo de la independencia, pero es en Colombia donde se le recuerda como prócer, aunque, de todos modos, su figura es de alguna manera patrimonio de ambos países 7.

Humboldt en su biblioteca, 1856.  Litografía según una acuarela de Eduard Hilderbrandt (Alexander von Humboldt.  Inspirador de una nueva ilustración en América, Instituto Ibero-Americano, Berlín, 1988)

Humboldtm en su biblioteca

Mutis sale hacia América en 1760, en calidad de médico privado del virrey Pedro Messía de la Cerda, y pasarán 28 años antes que sus súplicas a la corona para que le patrocine su sueño científico sean escuchadas. El Diario de observaciones de Mutis comienza en 1760, y en 1763 y 1764 envió las primeras cartas al rey de España solicitándole apoyo para realizar una historia natural del Nuevo Reino de Granada. En las cartas, Mutis se ubicaba dentro de la situación internacional, como parte de su argumento para conseguir el dinero:

Si las demás Naciones, que poseen en la América algunas Colonias ó establecimientos han adquirido desde sus principios un cabal conocimiento de todo lo que les produce el suelo de aquellas Posesiones, como es bién notorio por sus bellas historias bién impresas especialmente en este siglo, deberá atribuirse no solamente al buen gusto del bello dia que tan temprano les amaneció, sino también a la facilidad con que pudieron executarse aquellas expediciones. [Gredilla. Biografía, 43]

Retrato de Alexander von Humboldt

Retrato de Alexander von Humboldt, óleo de Friedrich Georg Weitsch. (La ruta de Humboldt.  Colombia y Venezuela, t. I, Santafé de Bogotá, 1994).

Esta carta al rey de España, extenso documento transcrito por Gredilla, es particularmente relevante para este estudio, porque en ella Mutis describe su proyecto personal en América como una contribución a la gloria nacional española y al avance del saber europeo:

[...] hallandome inpensadamente solicitado para seguir á vuestro Virrey en calidad de su médico, me resolví abandonar proyectos, comodidades y quanto podia ofrecerme mi establecimiento permanente en esa Corte, deseando dedicarme enteramente a la formacion de la Historia Natural de la América, gloriosamente empezada por la magnificencia de Sr. D. Felipe Segundo [...] La Historia Natural de la América por quien tanto suspira la Europa sabia, es obra de un monarca como V.M. [Biografía, 44-45]

Humboldt y Bonpland durante expedición al Orinoco.   (Le Grand livre des explorateurs et des explorations, París, 1991).

Humboldt y Bonpland

Continúa ponderando el bien que haría a España ponerse a la par con las otras naciones europeas, además de hacerle pormenorizados análisis de la agricultura de la Nueva Granada y de repetirle hasta la saciedad que la riqueza de las colonias no era sólo minera sino también agrícola. Al presentar su proyecto, Mutis no sólo hace una historia del viaje científico a América durante los tres siglos de la Colonia, sino que está usando la retórica de muchos de esos textos de viaje donde América era presentada a la corona española como fuente inagotable de riquezas. A pesar de los convincentes argumentos y de que la carta iba acompañada de una de confirmación del virrey Pedro Messía de la Cerda, la corona española no aprobó el dinero para la expedición. Esto, sumado al exceso de trabajo como médico, se convirtió en una frustración para Mutis, que había salido de España convencido de que su proyecto botánico en América sería viable gracias al apoyo del virrey:

Es imponderable la multitud de obstáculos que continuamente ocurren á interrumpir mis tareas literarias en asunto de historia natural. Apenas me queda tiempo para ocuparme en estas materias, ni sirviéndome de poco desconsuelo la justa desconfianza con que sospecho frustrados mis proyectos. Pensaba yo desde España [...] investigar la Quina. Dióme motivo a esta fundada conjetura la seguridad con que me prometió el Virrey que á pocos días de nuestra llegada me destinaría á esta empresa. El silencio que ha guardado S. Ex. conmigo sobre este punto, y la necesidad que ha manifestado de mi persona para la conservación de su salud á D. Felix de la Sala, me confirman la desconfianza conque miro cerradas todas las puertas á la pretensión que pudiera yo entablar solicitando algunas salidas. [Diario, t. I, 100]

Mutis empieza a desconfiar de que el virrey fuera a serle de utilidad alguna para su empresa y, paralelo a esto, las autoridades locales, que han descubierto los enormes conocimientos de Mutis, comienzan a reconocerlo y a darle oportunidades académicas. En 1762 tomó posesión de la cátedra de matemáticas en el Colegio del Rosario de Santafé de Bogotá, la cual ocuparía hasta 1766 y que fue el primer lugar del reino donde se impartieron los conocimientos matemáticos de Newton y la física empleada en la explotación de minas.

El proyecto de impulsar una historia natural de América se fue convirtiendo, entonces, en un proyecto personal. Paralelo a esto, Mutis se ordenó sacerdote en 1772; es decir, unos diez años después de su llegada a América. Durante los años siguientes el empecinado botánico se hizo, además, dueño de minas, lo que le dio la oportunidad económica para empezar su empresa a título personal. Finalmente, en 1782, el entonces virrey Caballero y Góngora conoció a Mutis encerrado en su casa de Mariquita trabajando en su obra La flora de Bogotá. Enfurecido por la noticia de que les habían concedido a otros científicos extranjeros el derecho a visitar las colonias, el virrey le escribe a Carlos III criticando su decisión que "le arrebata asi a los españoles el legítimo orgullo y gloria de sus descubrimientos" (Gredilla, Biografía..., 139), y antes de recibir respuesta nombró por sí mismo una comisión científica provisional con el título de Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada 8.

La expedición empezó oficialmente en 1783 con varios dibujantes y herbolarios que se trasladaron a Mariquita, donde se hizo la recolección, dibujo y descripción científica de miles de especies botánicas y animales. Mutis registró con infinita paciencia, en su diario personal, todos los progresos y trabajos del grupo hasta el año 1790. En el momento de su muerte, en 1808, la sede de la expedición en Santafé de Bogotá se había convertido en un centro de estudios astronómicos, zoológicos y botánicos, donde el grupo de trabajo continuó a pesar de la ausencia de su gestor. La historiografía colombiana siempre ha relacionado la Expedición Botánica con la Independencia, en cuanto a la influencia que las nuevas ciencias tuvieron en la formación de una conciencia criolla 9. Además, de allí salieron personajes que cumplirían un papel protagonístico: Jorge Tadeo Lozano, zoólogo, desertó del ejército español para unirse al patriota y fue fusilado; Francisco Antonio Zea, científico, sufrió deportación y prisión en Cádiz por colaborar con la causa independentista; Salvador Rizo, pintor, luchó en el ejército de Bolívar y murió fusilado. Pero la figura que más se destaca es la del astrónomo Francisco José de Caldas, el discípulo preferido de Mutis, fundador del Semanario del Nuevo Reino de Granada, donde se publicaron los trabajos de diferentes miembros del grupo y desde cuyas páginas se atizó la llama independentista. Caldas fue fusilado durante la reconquista del "Pacificador" Morillo.

No obstante, el Diario de observaciones, casi dos mil páginas escritas durante 30 años, no da cuenta del espíritu revolucionario que se generó en los talleres de la Expedición. Las páginas escritas durante la época de los levantamientos reflejan los afanes de un científico ensimismado o simplemente el silencio absoluto de los últimos dieciocho años. El Diario es una voluminosa recopilación de observaciones en las que, según espero demostrar, el sujeto narrativo sufre una desintegración total, cediendo terreno a la representación de la naturaleza (la mutisia) que en un comienzo era un objeto más de observación para el ilustrado y al final se apodera del texto y desplaza al sujeto.