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Mutis
o la trampa de la Mutisia Clematis
ÁNGELA MARÍA PÉREZ MEJÍA
Universidad de Brandais
Investigación fotográfica: Patricia Londoño Vega
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Retrato alegórico de José Celestino Mutis,
atribuido a Salvador Rizo.
Se conserva en el Museo 20 de Julio,
Bogotá.
(La ruta de Humboldt. Colombia y Venezuela, t. II, Santafé de Bogotá,
1994).
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TABLA DE CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
EL
VIAJERO ILUSTRADO
LA
SUBJETIVIDAD FRENTE A LA "MUTISIA"
LAS
AMBIGÜEDADES DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
El mal de América es una afección que ataca a ciertos habitantes del viejo mundo. Se
manifiesta como un anhelo de espaciar más allá del océano y de lo conocido, hasta
alcanzar un Nuevo Mundo: un afán ambiguo, en verdad.
Los días y la obra de
Agustín Codazzi, Giorgio Antei
Comprendí que debía
liberarme de las imágenes que hasta entonces me habían anunciado las cosas que buscaba:
sólo entonces lograría entender el lenguaje de la Ipazia.
Ciudades invisibles, Italo
Calvino
Existen muchas
pinturas y esculturas que recuerdan a José Celestino Mutis. No en vano pasó veintidós
años rodeado de una tropa de pintores, dibujando la flora de la Nueva Granada. También
él quedó eternizado en varias pinturas y ahora preside salones de museos y
universidades, de tal manera que se puede suponer que la imagen es inmediatamente
reconocible para los colombianos. Hay una pintura particularmente común que adornaba mi
libro de ciencias naturales de tercero elemental. Era la pintura de un hombre viejo
suspendido en un pedestal de mármol, rodeado de instrumentos de medición y libros de
anotaciones botánicas. Una planta enredadera, que parece salida de uno de los libros que
rodean al personaje, subía por la base del busto y delicadamente se posaba sobre su
cuerpo. Debajo se leía: "Mutis: sabio y precursor de la independencia" (véase
ilustración 1). Sobra decir la curiosidad que me causaba ese prócer sin armas ni
uniformes, delicadamente tocado por una flor. En la lectura de los informes de la Real
Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (Villegas, 1992) he llegado a satisfacer
mi curiosidad. La planta se llama Mutisia Clematis, en honor del sabio, por
supuesto, y la bautizó así nada menos que Linnaeus (o Linneo). La pintura es de Salvador
Rizo, uno de los pintores más destacados del grupo de la Real Expedición Botánica, de
la que Mutis fue gestor y jefe. La realizó en Santafé de Bogotá, en el taller de la
expedición, donde se organizaron los inumerables herbarios de la flora de la Nueva
Granada, siguiendo los sistemas de Linnaeus. Rizo lo vio así pocos años antes de morir:
en el pedestal de mármol donde se coloca a los patriotas muertos y envuelto por una
planta que no sale de la tierra sino del papel; a su izquierda un astrolabio, a su derecha
el tratado sobre las quinas, y con una inscripción en latín que dice: "Virtutem
Factis, Naturam Scriptis Colere Docuit" (Enseñó a respetar la virtud de los hechos
y los escritos de la naturaleza). Mutis en realidad pasó sus últimos días rodeado de
estas cosas que Rizo seleccionó para su pintura y padeciendo, entre muchos otros
achaques, el mal de América, esa enfermedad literaria que se supone ataca a los viajeros
europeos que se atreven a cruzar la zona tórrida y que los condena a no poder regresar
jamás a Europa 1.
Esa pintura de siempre reúne elementos
simbólicos de las líneas que me propongo relacionar en esta lectura del Diario de
observaciones (1760-1790) de José Celestino Mutis 2. En
primer plano, el viajero español ilustrado al que la historiografía convierte en
"precursor" de la independencia de la Nueva Granada, subiéndolo al pedestal
incluso antes de morir. En la base, los instrumentos utilizados para crear ese texto sobre
la naturaleza que es la geografía, los libros en los que se clasifica la realidad
desconocida dentro del nuevo código de Occidente. Envolviendo al botánico, la
mutisia:
esa naturaleza enredadora que se apodera por completo del Diario de observaciones,
de la misma manera como se tomó la vida del personaje. Esta pintura resume un libro de
viaje que, como tantos, es también el relato de un viaje interior, de una transformación
provocada por la realidad que se visita. Leer ese texto bajo la perspectiva de la
subjetividad, el deseo y las transformaciones que se hacen presentes en el diario, permite
mirar otra faceta del ambiguo deseo de los europeos afectados por el mal de América, y
contribuye al análisis de cómo los textos generados por los viajes contribuyeron a la
formación de una geografía nacional y a la retórica de los discursos de independencia.
Retrato de
José Celestino Mutis de autor anónimo, Museo Nacional, Bogotá. (Historia de
Colombia, vol. 6, Bogotá, Salvat).
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EL
VIAJERO ILUSTRADO
Mutis nació en Cádiz. Este puerto sobre
el Atlántico tuvo una particular importancia para el siglo XVIII español, que comenzó
defendiendo su imperio en un mar infestado de piratas y corsarios y finalizó a las
puertas de la pérdida de sus colonias en ultramar. Entre tanto, se daba una
redistribución de poderes en Europa y una reorganización dentro de los países en la que
la ciencia desempeñaba un papel esencial. España, en su interés por rediseñar la
enseñanza, creó instituciones como el Colegio de Cirugía de Cádiz, donde estudió
Mutis, y en el cual las pautas sobre la experimentación de la naturaleza dadas por el
padre Feijoo tuvieron la mayor resonancia entre los botánicos 3.
Como científico, Mutis dejó una obra de dimensiones tan gigantescas, que hasta hoy no ha
sido publicada en su totalidad. Internacionalmente tuvo el respeto de sus contemporáneos,
mantuvo correspondencia con diferentes científicos del mundo, en particular con Linnaeus,
lo que les permitió a ambos hacer uso de sus investigaciones, además de alcanzar una
amistad conmovedora sin jamás haberse conocido personalmente. La correspondencia la
comenzó Linnaeus cuando ya Mutis estaba en Santafé, y a través de ella se puede
observar cómo Mutis representaba para el botánico de Upsala un emisario directo a ese
paraíso que para su ciencia representaba América. En la última carta que Linnaeus le
escribe a Mutis, le dice:
Ojalá volvieras salvo a Europa que
por tus cartas veo que regresarás, con plantas y las observaciones que sobre ellas has
hecho, más rico que el mismo Creso con sus tesoros. Ojalá en esta vida me fuera dado
verte personalmente siquiera una vez, ahora cuando tornas como del paraíso. Ciertamente,
si volvieras, por causa tuya me atrevería a emprender un viaje a España, a pesar de que
me lo impiden la vejez y la muerte que no puede tardar. [Gredilla, Biografía, 1982,
9]
Nunca se encontraron, porque Mutis no
regresó del paraíso y la muerte no hizo esperar a Linnaeus.
Se sabe que Alexander von Humboldt y
Aimé Bonpland cambiaron sus planes de viaje para ir a conocer a Mutis a Santafé, donde
empezó una larga admiración de los científicos que a menudo se referirían a Mutis como
el botánico más importante de América 4. Años después le
dedicaron su Geografía de las
plantas, en cuya presentación se preguntan:
¿Pero qual es el grado de bondad de
cada una de estas especies? ¿De que virtudes se hallan dotadas y que estimacion merecen
de nuestra parte? [...] He aqui unas questiones iportantes cuya solución está reservada
á los profundos conocimientos del ilustre Mutis. [...] ¡Quantas relaciones! ¡Quantos
caracteres! ¡quantas luzes necesarias para distinguirlas nos daría este Linné del nuevo
mundo! [Gredilla, 1982, 119]
Lo curioso es que, además de establecer
la relación Mutis-Linnaeus, Humboldt y Bonpland ven al Nuevo Mundo como el
"lugar" de Mutis. Para ellos él es parte del paraíso y no su visitante. Mutis
es, sin lugar a dudas, un viajero europeo dentro de la línea de los que contribuyeron a
la reinvención científica de la América equinoccial. No obstante, sus circunstancias
fueron peculiares. Venía de España, donde la Ilustración tuvo sus matices diferentes 5. No llegó enviado por la corona a investigar, a la manera de La
Condamine, o en misión diplomática, como Boussingault 6, ni
viajó como jefe de una expedición científica, como Humboldt. Tal vez lo más esencial
sea que nunca regresó a Europa para dar a conocer su obra, nunca la sintió terminada ni
le dio forma final al texto. Nunca sintió que estaba listo para regresar del paraíso y
contar su relato de lo visto. Sus exhaustivos trabajos quedaron navegando entre los
patrimonios de España y la Nueva Granada/Colombia, en una especie de limbo en el que
hasta hoy vive su nombre. Toda la obra de Mutis fue enviada a España, por orden de la
corona, al producirse el triunfo de la independencia, pero es en Colombia donde se le
recuerda como prócer, aunque, de todos modos, su figura es de alguna manera patrimonio de
ambos países 7.
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Humboldt
en su biblioteca, 1856. Litografía según una acuarela de Eduard Hilderbrandt (Alexander
von Humboldt. Inspirador de una nueva ilustración en América, Instituto
Ibero-Americano, Berlín, 1988)
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Mutis sale hacia América
en 1760, en calidad de médico privado del virrey Pedro Messía de la Cerda, y pasarán 28
años antes que sus súplicas a la corona para que le patrocine su sueño científico sean
escuchadas. El Diario de observaciones de Mutis comienza en 1760, y en 1763 y 1764
envió las primeras cartas al rey de España solicitándole apoyo para realizar una
historia natural del Nuevo Reino de Granada. En las cartas, Mutis se ubicaba dentro de la
situación internacional, como parte de su argumento para conseguir el dinero:
Si las demás Naciones, que poseen en
la América algunas Colonias ó establecimientos han adquirido desde sus principios un
cabal conocimiento de todo lo que les produce el suelo de aquellas Posesiones, como es
bién notorio por sus bellas historias bién impresas especialmente en este siglo, deberá
atribuirse no solamente al buen gusto del bello dia que tan temprano les amaneció, sino
también a la facilidad con que pudieron executarse aquellas expediciones. [Gredilla.
Biografía, 43]
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Retrato de
Alexander von Humboldt, óleo de Friedrich Georg Weitsch. (La ruta de Humboldt.
Colombia y Venezuela, t. I, Santafé de Bogotá, 1994).
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Esta carta al rey de
España, extenso documento transcrito por Gredilla, es particularmente relevante para este
estudio, porque en ella Mutis describe su proyecto personal en América como una
contribución a la gloria nacional española y al avance del saber europeo:
[...] hallandome inpensadamente
solicitado para seguir á vuestro Virrey en calidad de su médico, me resolví abandonar
proyectos, comodidades y quanto podia ofrecerme mi establecimiento permanente en esa
Corte, deseando dedicarme enteramente a la formacion de la Historia Natural de la
América, gloriosamente empezada por la magnificencia de Sr. D. Felipe Segundo [...] La
Historia Natural de la América por quien tanto suspira la Europa sabia, es obra de un
monarca como V.M. [Biografía, 44-45]
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Humboldt y
Bonpland durante expedición al Orinoco. (Le Grand livre des explorateurs et
des explorations, París, 1991).
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Continúa ponderando el
bien que haría a España ponerse a la par con las otras naciones europeas, además de
hacerle pormenorizados análisis de la agricultura de la Nueva Granada y de repetirle
hasta la saciedad que la riqueza de las colonias no era sólo minera sino también
agrícola. Al presentar su proyecto, Mutis no sólo hace una historia del viaje
científico a América durante los tres siglos de la Colonia, sino que está usando la
retórica de muchos de esos textos de viaje donde América era presentada a la corona
española como fuente inagotable de riquezas. A pesar de los convincentes argumentos y de
que la carta iba acompañada de una de confirmación del virrey Pedro Messía de la Cerda,
la corona española no aprobó el dinero para la expedición. Esto, sumado al exceso de
trabajo como médico, se convirtió en una frustración para Mutis, que había salido de
España convencido de que su proyecto botánico en América sería viable gracias al apoyo
del virrey:
Es imponderable la multitud de
obstáculos que continuamente ocurren á interrumpir mis tareas literarias en asunto de
historia natural. Apenas me queda tiempo para ocuparme en estas materias, ni sirviéndome
de poco desconsuelo la justa desconfianza con que sospecho frustrados mis proyectos.
Pensaba yo desde España [...] investigar la Quina. Dióme motivo a esta fundada conjetura
la seguridad con que me prometió el Virrey que á pocos días de nuestra llegada me
destinaría á esta empresa. El silencio que ha guardado S. Ex. conmigo sobre este punto,
y la necesidad que ha manifestado de mi persona para la conservación de su salud á D.
Felix de la Sala, me confirman la desconfianza conque miro cerradas todas las puertas á
la pretensión que pudiera yo entablar solicitando algunas salidas. [Diario, t. I,
100]
Mutis empieza a desconfiar de que el
virrey fuera a serle de utilidad alguna para su empresa y, paralelo a esto, las
autoridades locales, que han descubierto los enormes conocimientos de Mutis, comienzan a
reconocerlo y a darle oportunidades académicas. En 1762 tomó posesión de la cátedra de
matemáticas en el Colegio del Rosario de Santafé de Bogotá, la cual ocuparía hasta
1766 y que fue el primer lugar del reino donde se impartieron los conocimientos
matemáticos de Newton y la física empleada en la explotación de minas.
El proyecto de impulsar una historia
natural de América se fue convirtiendo, entonces, en un proyecto personal. Paralelo a
esto, Mutis se ordenó sacerdote en 1772; es decir, unos diez años después de su llegada
a América. Durante los años siguientes el empecinado botánico se hizo, además, dueño
de minas, lo que le dio la oportunidad económica para empezar su empresa a título
personal. Finalmente, en 1782, el entonces virrey Caballero y Góngora conoció a Mutis
encerrado en su casa de Mariquita trabajando en su obra La flora de Bogotá.
Enfurecido por la noticia de que les habían concedido a otros científicos extranjeros el
derecho a visitar las colonias, el virrey le escribe a Carlos III criticando su decisión
que "le arrebata asi a los españoles el legítimo orgullo y gloria de sus
descubrimientos" (Gredilla, Biografía..., 139), y antes de recibir respuesta
nombró por sí mismo una comisión científica provisional con el título de Real
Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada 8.
La expedición empezó oficialmente en
1783 con varios dibujantes y herbolarios que se trasladaron a Mariquita, donde se hizo la
recolección, dibujo y descripción científica de miles de especies botánicas y
animales. Mutis registró con infinita paciencia, en su diario personal, todos los
progresos y trabajos del grupo hasta el año 1790. En el momento de su muerte, en 1808, la
sede de la expedición en Santafé de Bogotá se había convertido en un centro de
estudios astronómicos, zoológicos y botánicos, donde el grupo de trabajo continuó a
pesar de la ausencia de su gestor. La historiografía colombiana siempre ha relacionado la
Expedición Botánica con la Independencia, en cuanto a la influencia que las nuevas
ciencias tuvieron en la formación de una conciencia criolla 9.
Además, de allí salieron personajes que cumplirían un papel protagonístico: Jorge
Tadeo Lozano, zoólogo, desertó del ejército español para unirse al patriota y fue
fusilado; Francisco Antonio Zea, científico, sufrió deportación y prisión en Cádiz
por colaborar con la causa independentista; Salvador Rizo, pintor, luchó en el ejército
de Bolívar y murió fusilado. Pero la figura que más se destaca es la del astrónomo
Francisco José de Caldas, el discípulo preferido de Mutis, fundador del Semanario del
Nuevo Reino de Granada, donde se publicaron los trabajos de diferentes miembros del grupo
y desde cuyas páginas se atizó la llama independentista. Caldas fue fusilado durante la
reconquista del "Pacificador" Morillo.
No obstante, el Diario de
observaciones, casi dos mil páginas escritas durante 30 años, no da cuenta del
espíritu revolucionario que se generó en los talleres de la Expedición. Las páginas
escritas durante la época de los levantamientos reflejan los afanes de un científico
ensimismado o simplemente el silencio absoluto de los últimos dieciocho años. El Diario
es una voluminosa recopilación de observaciones en las que, según espero demostrar, el
sujeto narrativo sufre una desintegración total, cediendo terreno a la representación de
la naturaleza (la mutisia) que en un comienzo era un objeto más de observación para el
ilustrado y al final se apodera del texto y desplaza al sujeto.
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