Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Una historia de mujeres en un país de "machos"


I
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo I: Mujeres, historia y política
Magdala Velásquez Toro (dirección académica)
Consejería Presidencial para la Política Social, Presidencia de la República de Colombia, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1995, 456 págs.


Actualmente, en el ámbito internacional, entre los desarrollos más notables de la disciplina histórica, tanto desde el punto de vista teórico como empírico, se cuenta con lo que se ha dado en llamar la historia feminista, que ha proporcionado notables contribuciones al estudio de la sociedad en general y más exactamente de esa "mitad invisible" de la humanidad; es decir, de las mujeres. Esos avances historiográficos no han sido un resultado puramente intelectual o académico sino que se inscriben dentro de los muy diversos y complejos procesos de lucha que las mujeres del mundo entero han adelantado en forma consciente y organizada desde la década de 1960. Como resultado de esas luchas teóricas y prácticas, se ha ido constituyendo eso que, en forma un poco ambigua, se denomina feminismo, pero que en realidad debería llamarse feminismos, por la diversidad de interpretaciones e intereses en juego. Los feminismos, de muy diversas tendencias ideológicas y políticas, han ido construyendo una crítica seria y razonada al patriarcado (en América Latina, el machismo) y han reivindicado las especificidades de las luchas de género propias de la condición femenina.

En Colombia, como era de esperarse, los efectos tanto analíticos como prácticos de las luchas femeninas han demorado en llegar, pero ya se observan los primeros resultados en el plano investigativo y académico. No obstante, pese a todos los cambios experimentados por la sociedad colombiana, las mujeres —y sobre todo las mujeres pobres— siguen siendo el sector social más explotado, oprimido y marginado.

Como un resultado de esas preocupaciones e influencias feministas, recientemente se ha publicado la colección Las mujeres en la historia de Colombia, en tres compactos volúmenes. Este trabajo recopila un total de 52 ensayos escritos por más de 40 investigadoras e investigadores, que pretende abarcar la historia de Colombia desde los tiempos precolombinos hasta el presente.

Teniendo en cuenta la diversidad temática y analítica, es difícil y pretencioso hacer una reseña de tan variada producción. Por esta circunstancia, este comentario sólo pretende efectuar algunas glosas marginales a estos tres volúmenes.

El primer volumen está consagrado al tema Mujeres, historia y política, en donde se incluyen trabajos que analizan la situación de la mujer desde las sociedades prehispánicas hasta el presente. Las diversas autoras y autores se concentran en temas específicos, que en algunos casos analizan a partir de fuentes primarias y en otros de fuentes secundarias, según la disponibilidad de información, que en el caso de la mujer —como sucede con todos los grupos sociales marginados u olvidados— se hace todavía más difícil, por lo menos para los períodos prehispánico y colonial, en la medida en que o no existe documentación o las mujeres aparecían muy de vez en cuando en la información oficial. Este primer volumen está dividido en tres partes: la primera hace un recorrido histórico, la segunda se ocupa de la evolución de la legislación sobre la mujer y la tercera trata de la situación actual de las mujeres.

Entre los ensayos más sugestivos se encuentra el primero de Roberto Herrera, consagrado a las mujeres en las sociedades prehispánicas, tema en sí mismo de difícil manejo, si se tiene en cuenta la poca información disponible. Sin embargo, el autor, a partir de la reconstrucción de mitos y cosmogonías, ubica el papel fundamental que la mujer desempeñó en estas sociedades, al igual que la forma como era vista por la sociedad en su conjunto. Contrastándolo con el papel subordinado y de inferioridad que tiene la mujer europea del siglo XV, el autor indica que en las sociedades indígenas no existía tal concepción, puesto que a las mujeres se les asignaba un papel central en el nacimiento de las culturas (pág. 8). Las pautas culturales y sexuales de esas sociedades no se regían por los criterios que después de 1492 se impondrán a sangre y fuego, tales como la virginidad, la pureza, el matrimonio consagrado por una institución diferente a la misma sociedad, o la familia monogámica.

Seguidamente se analiza a la mujer castellana, mostrando las diferencias culturales más significativas que la distinguen de las mujeres indígenas, y que son una clara expresión de la cultura católica ortodoxa que vendrá con la conquista del continente. Justamente, la mujer castellana padecía todos los sufrimientos y discriminaciones que luego se importarán violentamente al continente americano. Es la clara expresión de la mujer reducida al ámbito privado y doméstico; sin más perspectivas que servir al hombre, sea su padre, hermano, esposo o hijo; privada de cualquier libertad o derecho; sumida en las actividades puramente reproductoras o místicas, sin ningún contacto con el mundo exterior, salvo en trabajos excepcionales o en la prostitución. Todo esto reforzaba la imagen dual de la mujer en el mundo católico-colonial: ejemplo de pureza y castidad —como proyección imaginaria de la virgen María— o manifestación de la lujuria y el pecado —como proyección imaginaria de Eva, la primera mujer pecadora—. En diversas partes de esta colección se recordará este dualismo, el que se manifestará más claramente en la época colonial, como expresión evidente del predominio cultural y moral de la religión católica, pero que incluso se proyecta hasta el presente en lo atinente a los estereotipos predominantes sobre la condición femenina y al notable influjo de la moral católica.

Dos capítulos están consagrados a la mujer durante la independencia, uno de ellos dedicado a Policarpa Salavarrieta. Sustancialmente, éstos no aportan nada de novedoso a la comprensión del asunto, quizá en razón de la imposibilidad de acceder a nuevas fuentes primeras. Dos capítulos también están referidos a Soledad Acosta de Samper y a María Cano, la primera tal vez la mujer colombiana más importante del siglo XIX, sobre todo en el plano intelectual, y la segunda la principal agitadora de masas que ha tenido el país en el siglo XX.

Una parte sustancial del libro está dedicada a la condición jurídica de las mujeres (págs. 173-278 y 421-455). En estos capítulos se hace un detallado recuento de la evolución de la legislación colombiana con respecto a la mujer y de las diferentes conquistas hasta el día de hoy. Se hace una descripción de los debates desarrollados en diferentes períodos del siglo XX sobre el tema, haciendo resaltar tanto las posturas favorables como las adversas a las mujeres. De ese análisis se desprenden varias conclusiones: en primer lugar, el predominio de larga duración de la visión católica, confesional y moralista sobre la mujer que se reforzó durante la República Conservadora, y en segundo lugar, que pese a diferencias programáticas entre los dos partidos tradicionales, con contadas excepciones en el seno de cada uno de ellos, se identificaban en cuanto al papel subordinado y a la supuesta inferioridad de la mujer, argumento que se estilaba para negarle la igualdad de derechos y oportunidades en los espacios públicos y familiares. Es interesante recordar que políticos liberales que han sido exaltados como figuras democráticas, no sólo de ese partido sino de todo el país, vociferaban contra la igualdad de los sexos. Al respecto, se destacan voces como las de Armando Solano, Antonio Rocha, Alberto Lleras Camargo, Calibán y Germán Arciniegas. Éste último, por ejemplo, llegó a afirmar en 1934 que la mujer no debía ingresar en la universidad porque eso "traía como consecuencia principal varios trastornos sexuales" (pág. 220). Opiniones similares expresaron a lo largo del siglo XX distintos portavoces de los partidos y de la Iglesia católica.

En el capítulo de Magdala Velásquez se encuentran dos imprecisiones: una primera cuando afirma que en 1919 en la Asamblea Obrera se fundó el Partido Socialista Revolucionario (pág. 188), pues el que se fundó fue el Partido Socialista; y una segunda cuando señala que en 1944 la lucha por los derechos femeninos contó con el apoyo de la izquierda, "agrupada en ese entonces en el Partido Socialista Revolucionario" (pág. 211). Este partido hacia años había desaparecido, y la organización comunista de ese momento se llamaba Partido Socialista Democrático. Al margen de estas dos imprecisiones, esos capítulos de tipo jurídico precisan bien el cuadro general del debate respecto a la condición femenina y permiten captar el tipo de mentalidad machista predominante en Colombia en el ámbito de la "alta política".

En la parte final del libro, consagrada a la situación de las mujeres hoy, se analizan distintos aspectos de tipo laboral, político, electoral y de la vida cotidiana. A mi modo de ver, en general ésta es la parte más floja de este primer volumen y, posiblemente de la totalidad de la obra, en virtud de una serie de carencias analíticas para comprender la situación actual de las mujeres en Colombia. En efecto, la visión, en términos generales, es muy optimista sobre las perspectivas de las mujeres en nuestro país, sin considerar para nada los desastrosos efectos del neoliberalismo en todos los niveles, de cuyas andanzas las mujeres son las más directamente afectadas, no solamente por los efectos laborales (desempleo, flexibilización, privatizaciones, etc.) sino por los efectos sociales (incremento de la prostitución, de la pornografía infantil, del tráfico de blancas, etc.). La feminización de la pobreza habría sido una veta fecunda para analizar la situación contemporánea y del inmediato futuro de la mujer y de la niñez colombiana, lo que también habría podido proyectar una diferenciación necesaria en cuanto a género, complementada obligatoriamente con la noción —hoy olvidada, pero a pesar de ello más válida que nunca— de clase social. Pues no todas las mujeres se ven abocadas a prostituirse o a perder su empleo, sino que eso afecta muy particularmente a las clases subordinadas de la sociedad. De alguna forma, estos vacíos son explicables por el optimismo posconstitucional que se percibe en ciertos artículos, que deja la impresión de que para mejorar la condición de las mujeres sólo bastan las disposiciones jurídicas. En este sentido, si los análisis jurídicos son muy coherentes y organizados, los análisis sobre la situación real de las mujeres lo son menos. No se encuentra una correspondencia en rigor y profundidad entre los dos terrenos de análisis. Pareciera que lo jurídico determina lo real, por lo que el énfasis en esto último es menos acentuado. Tal vez con la excepción de los artículos consagrados a la violencia ("Mujeres y violencia, una historia que no termina") de Marta Lucía Uribe (págs. 349-361) y a los "Estereotipos sobre la feminidad" de Juanita Barrero, la situación real de la mujer es considerada en forma muy apresurada. El artículo sobre la violencia plantea con claridad las características de la violencia "privada" y cotidiana que se ejerce sobre las mujeres, violencia que adopta diferentes modalidades, tales como la violencia sexual, la violencia intrafamiliar, y los efectos de la violencia estructural sobre la mujer. Por su parte, el capítulo sobre los estereotipos es un muy serio análisis teórico-descriptivo sobre todos los prejuicios y lugares comunes repetidos hasta el cansancio en una sociedad tan machista y sexista como lo es la colombiana.

En resumen, si la proyección histórica de este primer libro es muy coherente —pese a la diversidad de miradas—, la parte referente a la situación presente y a las perspectivas inmediatas de la mujer en nuestro país es bastante desigual, en la medida en que no se ocupa de considerar los efectos negativos de la generalización del neoliberalismo y de la "feminización de la pobreza", lo que refuerza muchos de los soportes del machismo y de la sociedad patriarcal capitalista.


II
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y sociedad
Magdala Velásquez Toro (dirección académica)
Consejería Presidencial para la Política Social, Presidencia de la República de Colombia, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1995, 537 págs.


Este segundo volumen, de la misma manera que el primero, está ordenado de forma cronológica, a partir de la periodización tradicional de Colonia, siglo XIX y siglo XX. Desde el punto de vista metodológico, se siguió el procedimiento de presentar una visión panorámica y sintética de los diversos períodos, con la evidente ausencia de una síntesis de la época colonial. Por lo demás, se hace una breve síntesis de la sociedad colombiana del siglo XIX (págs. 169-203), del período 1900-1930 (págs. 322-358) y de la Colombia contemporánea (págs. 454-459), que sirve como marco analítico general de cada período. Estos artículos, justamente por su carácter sintético, no presentan ningún aporte sustancial al conocimiento de cada período en general ni sobre la situación de la mujer en particular. Por esta circunstancia, tranquilamente se habría podido prescindir de ellos como se hizo con la colonia.

El primer capítulo versa sobre la mujer indígena —escrito por la antropóloga Myriam Jimeno—, y el segundo sobre la mujer negra —escrito por Nina S. de Friedeman y Mónica Espinosa—. En sentido estricto, el primero de ellos no es un análisis histórico, sino más bien un estudio sobre el papel de la mujer en algunas sociedades indígenas actuales. De ese análisis se desprende, por una parte, la diferente situación de la mujer en el seno de las diversas etnias indígenas y, por otra parte, la diferencia cualitativa entre el papel de la mujer en estas sociedades y el que desempeña en las sociedades occidentales. A partir de tal estudio, se indica que una serie de presupuestos sobre la mujer occidental y católica —tales como la virginidad, la dominación masculina, la contradicción entre reproducción y placer, etc.— no existen entre los grupos indígenas, pues sus lógicas culturales y simbólicas se rigen por parámetros completamente diferentes. La autora concluye que entre algunos de esos grupos "en la vida diaria, las relaciones entre los sexos son complementarias e igualitarias" (pág. 24).

El artículo de Nina de Friedeman y Mónica Espinosa sí tiene una mayor preocupación histórica, puesto que estudia diversos casos de la situación de la familia y de la mujer negras en diversas regiones del país desde la llegada misma de los primeros esclavos al actual territorio colombiano. Considerando los casos de los palenques, de las haciendas, de los terrajes y de los centros mineros, las autoras reconstruyen de manera aproximada la situación de la mujer negra, la que analizan a partir de la categoría, muy pertinente, de "invisibilidad étnica", por lo cual se da a entender que, si en la vida social, cultural y política nacional ha existido un proceso de ocultamiento y marginación de los grupos étnicos negros, eso es todavía más evidente en el caso de las mujeres.

El resto de trabajos de la colonia se ubican, directa o indirectamente, en el campo de la historia de las mentalidades, estudiando aspectos tan variados como el crimen, la brujería, el control sexual y el matrimonio. Estos trabajos son muy desiguales, y algunos de ellos muy repetitivos. Uno, como el trabajo de Beatriz Patiño, es un estudio de caso muy localizado en Antioquia; otro, de Ana María Bidegain, es muy esquemático y centrado en el caso español. El de Ignacio Abello se concentra en el caso de la Inquisición en Cartagena, y Pablo Rodríguez trabaja bastante información primaria y presenta un esfuerzo por analizar de manera más global el matrimonio en la sociedad colonial.

Los capítulos sobre el siglo XIX se ocupan de estudiar las relaciones entre hombres, familia y mujeres. Se intenta hacer un estudio del papel de la mujer en diversos grupos sociales decimonónicos, tales como los artesanos, las elites dominantes, las familias cafeteras del occidente de Cundinamarca y la familia de esclavos. Así mismo, se hace una descripción de las características que a lo largo del siglo asumió el proverbial machismo colombiano, en todos los órdenes de la vida social y cultural.

Los capítulos consagrados al siglo XX son un poco más variados, pues se ocupan de temas tan diversos como las mujeres en la guerra; la relación entre religión, fábrica y mujer; las mujeres en la Violencia, y la evolución del proletariado femenino en las décadas de 1960 y 1970. El artículo de Carlos Eduardo Jaramillo se ocupa de las mujeres en la guerra de los Mil Días (denominadas las "Juanas" de la revolución), que simplemente es la reproducción pura y simple del contenido de un artículo varias veces publicado y recocinado sobre el mismo tema (por ejemplo, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, núm. 15, y en Memorias del Segundo Simposio sobre la Violencia en Chiquinquirá, págs. 29-46). El artículo de Ana María Jaramillo es un resumen de su investigación sobre las obreras de Fabricato, que constituye un significativo aporte a la historia de la clase obrera en general y en particular a la historia de las obreras colombianas. Se destaca allí el papel de la moral católica y conservadora, del celibato femenino, de la férrea y tradicional estructura social y política, del anticomunismo —todo lo cual refuerza el machismo y la discriminación de las obreras de Fabricato—, pero también la transgresión que de todos esos mecanismos de subordinación y control efectúan, en determinadas ocasiones las mujeres.

Se destaca también el artículo de Elsy Marulanda "Las mujeres y la violencia en los años 50", que analiza varios casos específicos, a la luz de testimonios y entrevistas, que permiten aproximarse a ese trágico período desde el punto de vista de algunas mujeres protagonistas que expresaban distintas motivaciones a partir de los efectos que la violencia produjo en sus vidas.

En este volumen se hace un esfuerzo por estudiar a los más variados sectores femeninos de la abigarrada sociedad colombiana, pero se nota la ausencia de algún estudio referido a la mujer campesina, al fin y al cabo mayoritaria en el país hasta hace apenas treinta años. Las informaciones al respecto son escasas, y el testimonio de Alfredo Molano no alcanza a suplir esa ausencia. Al mismo tiempo, tal vez por las prioridades de la investigación hasta ahora desarrolladas, se nota el predominio del estudio de ciertas regiones, principalmente de Antioquia, no presentándose análisis tan exhaustivos sobre las mujeres de otras zonas del país.


III
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo III: Mujeres y cultura
Magdala Velásquez Toro (dirección académica)
Consejería Presidencial para la Política Social, Presidencia de la República de Colombia, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1995, 414 págs.


En este último volumen de la serie, se abordan diferentes cuestiones relativas a diversos aspectos culturales relacionados con las mujeres. A manera de reflexión general, Florence Thomas presenta una serie de consideraciones sobre el Patriarcado y el papel subordinado de la mujer en las sociedades contemporáneas, papel que sigue circunscribiéndose a la función puramente reproductora, centrada en el hogar, la vida privada y las actividades domésticas.

Una buena parte del libro está dedicada a la actividad literaria de las mujeres desde la época colonial hasta la actualidad. Al respecto, se encuentran los artículos "Las mujeres en la literatura colonial" de Ángela Inés Robledo (págs. 24-46), "Mujeres en la literatura del siglo XIX" de Jane Marie Dejong (págs. 137-157), "Escritoras colombianas del siglo XX" de María Mercedes Jaramillo y Betty Osorio (págs. 158-212), "Las mujeres y la poesía" de Teresa Rozo (págs. 213-255). Todos estos artículos, como otros que están dedicados a las mujeres y al arte, se pueden considerar como una introducción obligatoria para todos aquellos que quieran conocer el importantísimo protagonismo literario y artístico que las mujeres colombianas han desempeñado en la vida nacional, pese a los inocultables obstáculos y dificultades que el machismo criollo les ha impuesto. Por esas páginas desfila un análisis de escritoras y artistas que son absolutamente desconocidas para la mayor parte de ciudadanos colombianos, pero que ponen de presente la vitalidad de la contribución de la mujer en la vida artística y literaria del país.

Las otras contribuciones de este volumen se concentran principalmente en la época colonial, de la que se presentan un artículo sobre "La sexualidad y la cultura femenina" y otro sobre "Las mujeres en la Colonia". Éste último, de Pablo Rodríguez, es un complemento en algunas partes o una repetición en otros del artículo que este mismo autor presentó en el segundo volumen. Por esta razón, pensamos que este artículo sobra; bien podría haber sido fundido con el anterior para elaborar solamente uno y no para figurar con artículos muy parecidos en uno y en otro tomo.

Pese a que se encuentra un artículo sobre la moda en el siglo XX y un recuento general sobre "Las mujeres en la historia de la educación", en general se aprecia un descuido de los estudios culturales sobre la mujer en este siglo y sobre todo de los últimos decenios. En este sentido, no se profundiza —aunque por momentos se mencionen— en el análisis de los aspectos relacionados con la moda, la televisión y el generalizado proceso de mercantilización de la mujer y todo lo que a ella se vincula, desde su propio cuerpo hasta la maternidad. Tampoco aparecen estudios pertinentes a la forma como la cultura de los medios de comunicación reproduce las imágenes más convencionales y retrógradas sobre la mujer, reduciéndola a puro artículo de consumo o de placer, o como señuelo para incentivar hasta las más inimaginables formas de consumo en la "sociedad de mercado". Nada de esto aparece en este volumen, lo que lo limita seriamente, si se tiene en cuenta la importancia de analizar la brutalización cultural a que está siendo sometida la humanidad en los actuales momentos de mundialización del capital, brutalización que afecta en primer lugar a las mujeres. De la misma forma que, en lo relativo a los procesos de antidemocratización y expansión de la pobreza, las mujeres son las principales víctimas, lo mismo se puede decir con respecto a la enajenación y despersonalización cultural. En este terreno también las mujeres son las principales víctimas, lo que refuerza de una manera abierta los mecanismos de discriminación y de subordinación tanto por parte de la sociedad capitalista en general como del género masculino en particular.

No obstante los anteriores reparos, se puede decir que esta historia de las mujeres en Colombia, se constituye en un importante punto de referencia para todas aquellas y aquellos que en el futuro quieran profundizar en la investigación especializada, puesto que estos tres volúmenes presentan un inventario detallado del estado de la investigación y de las preocupaciones actuales. También es un instrumento valioso para el lector desprevenido que sienta interés por ampliar su conocimiento sobre la "mitad invisible" de la sociedad colombiana.

RENÁN VEGA CANTOR