Una historia de
mujeres en un país de "machos"
I
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo I: Mujeres, historia y política
Magdala Velásquez Toro (dirección académica)
Consejería Presidencial para la Política Social, Presidencia de la República de
Colombia, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1995, 456 págs.
Actualmente, en el ámbito internacional,
entre los desarrollos más notables de la disciplina histórica, tanto desde el punto de
vista teórico como empírico, se cuenta con lo que se ha dado en llamar la historia
feminista, que ha proporcionado notables contribuciones al estudio de la sociedad en
general y más exactamente de esa "mitad invisible" de la humanidad; es decir,
de las mujeres. Esos avances historiográficos no han sido un resultado puramente
intelectual o académico sino que se inscriben dentro de los muy diversos y complejos
procesos de lucha que las mujeres del mundo entero han adelantado en forma consciente y
organizada desde la década de 1960. Como resultado de esas luchas teóricas y prácticas,
se ha ido constituyendo eso que, en forma un poco ambigua, se denomina feminismo, pero que
en realidad debería llamarse feminismos, por la diversidad de interpretaciones e
intereses en juego. Los feminismos, de muy diversas tendencias ideológicas y políticas,
han ido construyendo una crítica seria y razonada al patriarcado (en América Latina, el
machismo) y han reivindicado las especificidades de las luchas de género propias de la
condición femenina.
En Colombia, como era de esperarse, los
efectos tanto analíticos como prácticos de las luchas femeninas han demorado en llegar,
pero ya se observan los primeros resultados en el plano investigativo y académico. No
obstante, pese a todos los cambios experimentados por la sociedad colombiana, las mujeres
y sobre todo las mujeres pobres siguen siendo el sector social más explotado,
oprimido y marginado.
Como un resultado de esas preocupaciones
e influencias feministas, recientemente se ha publicado la colección Las mujeres en la
historia de Colombia, en tres compactos volúmenes. Este trabajo recopila un total de
52 ensayos escritos por más de 40 investigadoras e investigadores, que pretende abarcar
la historia de Colombia desde los tiempos precolombinos hasta el presente.
Teniendo en cuenta la diversidad
temática y analítica, es difícil y pretencioso hacer una reseña de tan variada
producción. Por esta circunstancia, este comentario sólo pretende efectuar algunas
glosas marginales a estos tres volúmenes.
El primer volumen está consagrado al
tema Mujeres, historia y política, en donde se incluyen trabajos que analizan la
situación de la mujer desde las sociedades prehispánicas hasta el presente. Las diversas
autoras y autores se concentran en temas específicos, que en algunos casos analizan a
partir de fuentes primarias y en otros de fuentes secundarias, según la disponibilidad de
información, que en el caso de la mujer como sucede con todos los grupos sociales
marginados u olvidados se hace todavía más difícil, por lo menos para los
períodos prehispánico y colonial, en la medida en que o no existe documentación o las
mujeres aparecían muy de vez en cuando en la información oficial. Este primer volumen
está dividido en tres partes: la primera hace un recorrido histórico, la segunda se
ocupa de la evolución de la legislación sobre la mujer y la tercera trata de la
situación actual de las mujeres.
Entre los ensayos más sugestivos se
encuentra el primero de Roberto Herrera, consagrado a las mujeres en las sociedades
prehispánicas, tema en sí mismo de difícil manejo, si se tiene en cuenta la poca
información disponible. Sin embargo, el autor, a partir de la reconstrucción de mitos y
cosmogonías, ubica el papel fundamental que la mujer desempeñó en estas sociedades, al
igual que la forma como era vista por la sociedad en su conjunto. Contrastándolo con el
papel subordinado y de inferioridad que tiene la mujer europea del siglo XV, el autor
indica que en las sociedades indígenas no existía tal concepción, puesto que a las
mujeres se les asignaba un papel central en el nacimiento de las culturas (pág. 8). Las
pautas culturales y sexuales de esas sociedades no se regían por los criterios que
después de 1492 se impondrán a sangre y fuego, tales como la virginidad, la pureza, el
matrimonio consagrado por una institución diferente a la misma sociedad, o la familia
monogámica.
Seguidamente se analiza a la mujer
castellana, mostrando las diferencias culturales más significativas que la distinguen de
las mujeres indígenas, y que son una clara expresión de la cultura católica ortodoxa
que vendrá con la conquista del continente. Justamente, la mujer castellana padecía
todos los sufrimientos y discriminaciones que luego se importarán violentamente al
continente americano. Es la clara expresión de la mujer reducida al ámbito privado y
doméstico; sin más perspectivas que servir al hombre, sea su padre, hermano, esposo o
hijo; privada de cualquier libertad o derecho; sumida en las actividades puramente
reproductoras o místicas, sin ningún contacto con el mundo exterior, salvo en trabajos
excepcionales o en la prostitución. Todo esto reforzaba la imagen dual de la mujer en el
mundo católico-colonial: ejemplo de pureza y castidad como proyección imaginaria
de la virgen María o manifestación de la lujuria y el pecado como
proyección imaginaria de Eva, la primera mujer pecadora. En diversas partes de esta
colección se recordará este dualismo, el que se manifestará más claramente en la
época colonial, como expresión evidente del predominio cultural y moral de la religión
católica, pero que incluso se proyecta hasta el presente en lo atinente a los
estereotipos predominantes sobre la condición femenina y al notable influjo de la moral
católica.
Dos capítulos están consagrados a la
mujer durante la independencia, uno de ellos dedicado a Policarpa Salavarrieta.
Sustancialmente, éstos no aportan nada de novedoso a la comprensión del asunto, quizá
en razón de la imposibilidad de acceder a nuevas fuentes primeras. Dos capítulos
también están referidos a Soledad Acosta de Samper y a María Cano, la primera tal vez
la mujer colombiana más importante del siglo XIX, sobre todo en el plano intelectual, y
la segunda la principal agitadora de masas que ha tenido el país en el siglo XX.
Una parte sustancial del libro está
dedicada a la condición jurídica de las mujeres (págs. 173-278 y 421-455). En estos
capítulos se hace un detallado recuento de la evolución de la legislación colombiana
con respecto a la mujer y de las diferentes conquistas hasta el día de hoy. Se hace una
descripción de los debates desarrollados en diferentes períodos del siglo XX sobre el
tema, haciendo resaltar tanto las posturas favorables como las adversas a las mujeres. De
ese análisis se desprenden varias conclusiones: en primer lugar, el predominio de larga
duración de la visión católica, confesional y moralista sobre la mujer que se reforzó
durante la República Conservadora, y en segundo lugar, que pese a diferencias
programáticas entre los dos partidos tradicionales, con contadas excepciones en el seno
de cada uno de ellos, se identificaban en cuanto al papel subordinado y a la supuesta
inferioridad de la mujer, argumento que se estilaba para negarle la igualdad de derechos y
oportunidades en los espacios públicos y familiares. Es interesante recordar que
políticos liberales que han sido exaltados como figuras democráticas, no sólo de ese
partido sino de todo el país, vociferaban contra la igualdad de los sexos. Al respecto,
se destacan voces como las de Armando Solano, Antonio Rocha, Alberto Lleras Camargo,
Calibán y Germán Arciniegas. Éste último, por ejemplo, llegó a afirmar en 1934 que la
mujer no debía ingresar en la universidad porque eso "traía como consecuencia
principal varios trastornos sexuales" (pág. 220). Opiniones similares expresaron a
lo largo del siglo XX distintos portavoces de los partidos y de la Iglesia católica.
En el capítulo de Magdala Velásquez se
encuentran dos imprecisiones: una primera cuando afirma que en 1919 en la Asamblea Obrera
se fundó el Partido Socialista Revolucionario (pág. 188), pues el que se fundó fue el
Partido Socialista; y una segunda cuando señala que en 1944 la lucha por los derechos
femeninos contó con el apoyo de la izquierda, "agrupada en ese entonces en el
Partido Socialista Revolucionario" (pág. 211). Este partido hacia años había
desaparecido, y la organización comunista de ese momento se llamaba Partido Socialista
Democrático. Al margen de estas dos imprecisiones, esos capítulos de tipo jurídico
precisan bien el cuadro general del debate respecto a la condición femenina y permiten
captar el tipo de mentalidad machista predominante en Colombia en el ámbito de la
"alta política".
En la parte final del libro, consagrada a
la situación de las mujeres hoy, se analizan distintos aspectos de tipo laboral,
político, electoral y de la vida cotidiana. A mi modo de ver, en general ésta es la
parte más floja de este primer volumen y, posiblemente de la totalidad de la obra, en
virtud de una serie de carencias analíticas para comprender la situación actual de las
mujeres en Colombia. En efecto, la visión, en términos generales, es muy optimista sobre
las perspectivas de las mujeres en nuestro país, sin considerar para nada los desastrosos
efectos del neoliberalismo en todos los niveles, de cuyas andanzas las mujeres son las
más directamente afectadas, no solamente por los efectos laborales (desempleo,
flexibilización, privatizaciones, etc.) sino por los efectos sociales (incremento de la
prostitución, de la pornografía infantil, del tráfico de blancas, etc.). La
feminización de la pobreza habría sido una veta fecunda para analizar la situación
contemporánea y del inmediato futuro de la mujer y de la niñez colombiana, lo que
también habría podido proyectar una diferenciación necesaria en cuanto a género,
complementada obligatoriamente con la noción hoy olvidada, pero a pesar de ello
más válida que nunca de clase social. Pues no todas las mujeres se ven abocadas a
prostituirse o a perder su empleo, sino que eso afecta muy particularmente a las clases
subordinadas de la sociedad. De alguna forma, estos vacíos son explicables por el
optimismo posconstitucional que se percibe en ciertos artículos, que deja la impresión
de que para mejorar la condición de las mujeres sólo bastan las disposiciones
jurídicas. En este sentido, si los análisis jurídicos son muy coherentes y organizados,
los análisis sobre la situación real de las mujeres lo son menos. No se encuentra una
correspondencia en rigor y profundidad entre los dos terrenos de análisis. Pareciera que
lo jurídico determina lo real, por lo que el énfasis en esto último es menos acentuado.
Tal vez con la excepción de los artículos consagrados a la violencia ("Mujeres y
violencia, una historia que no termina") de Marta Lucía Uribe (págs. 349-361) y a
los "Estereotipos sobre la feminidad" de Juanita Barrero, la situación real de
la mujer es considerada en forma muy apresurada. El artículo sobre la violencia plantea
con claridad las características de la violencia "privada" y cotidiana que se
ejerce sobre las mujeres, violencia que adopta diferentes modalidades, tales como la
violencia sexual, la violencia intrafamiliar, y los efectos de la violencia estructural
sobre la mujer. Por su parte, el capítulo sobre los estereotipos es un muy serio
análisis teórico-descriptivo sobre todos los prejuicios y lugares comunes repetidos
hasta el cansancio en una sociedad tan machista y sexista como lo es la colombiana.
En resumen, si la proyección histórica
de este primer libro es muy coherente pese a la diversidad de miradas, la
parte referente a la situación presente y a las perspectivas inmediatas de la mujer en
nuestro país es bastante desigual, en la medida en que no se ocupa de considerar los
efectos negativos de la generalización del neoliberalismo y de la "feminización de
la pobreza", lo que refuerza muchos de los soportes del machismo y de la sociedad
patriarcal capitalista.
II
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y sociedad
Magdala Velásquez Toro (dirección académica)
Consejería Presidencial para la Política Social, Presidencia de la República de
Colombia, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1995, 537 págs.
Este segundo volumen, de la misma manera
que el primero, está ordenado de forma cronológica, a partir de la periodización
tradicional de Colonia, siglo XIX y siglo XX. Desde el punto de vista metodológico, se
siguió el procedimiento de presentar una visión panorámica y sintética de los diversos
períodos, con la evidente ausencia de una síntesis de la época colonial. Por lo demás,
se hace una breve síntesis de la sociedad colombiana del siglo XIX (págs. 169-203), del
período 1900-1930 (págs. 322-358) y de la Colombia contemporánea (págs. 454-459), que
sirve como marco analítico general de cada período. Estos artículos, justamente por su
carácter sintético, no presentan ningún aporte sustancial al conocimiento de cada
período en general ni sobre la situación de la mujer en particular. Por esta
circunstancia, tranquilamente se habría podido prescindir de ellos como se hizo con la
colonia.
El primer capítulo versa sobre la mujer
indígena escrito por la antropóloga Myriam Jimeno, y el segundo sobre la
mujer negra escrito por Nina S. de Friedeman y Mónica Espinosa. En sentido
estricto, el primero de ellos no es un análisis histórico, sino más bien un estudio
sobre el papel de la mujer en algunas sociedades indígenas actuales. De ese análisis se
desprende, por una parte, la diferente situación de la mujer en el seno de las diversas
etnias indígenas y, por otra parte, la diferencia cualitativa entre el papel de la mujer
en estas sociedades y el que desempeña en las sociedades occidentales. A partir de tal
estudio, se indica que una serie de presupuestos sobre la mujer occidental y católica
tales como la virginidad, la dominación masculina, la contradicción entre
reproducción y placer, etc. no existen entre los grupos indígenas, pues sus
lógicas culturales y simbólicas se rigen por parámetros completamente diferentes. La
autora concluye que entre algunos de esos grupos "en la vida diaria, las relaciones
entre los sexos son complementarias e igualitarias" (pág. 24).
El artículo de Nina de Friedeman y
Mónica Espinosa sí tiene una mayor preocupación histórica, puesto que estudia diversos
casos de la situación de la familia y de la mujer negras en diversas regiones del país
desde la llegada misma de los primeros esclavos al actual territorio colombiano.
Considerando los casos de los palenques, de las haciendas, de los terrajes y de los
centros mineros, las autoras reconstruyen de manera aproximada la situación de la mujer
negra, la que analizan a partir de la categoría, muy pertinente, de "invisibilidad
étnica", por lo cual se da a entender que, si en la vida social, cultural y
política nacional ha existido un proceso de ocultamiento y marginación de los grupos
étnicos negros, eso es todavía más evidente en el caso de las mujeres.
El resto de trabajos de la colonia se
ubican, directa o indirectamente, en el campo de la historia de las mentalidades,
estudiando aspectos tan variados como el crimen, la brujería, el control sexual y el
matrimonio. Estos trabajos son muy desiguales, y algunos de ellos muy repetitivos. Uno,
como el trabajo de Beatriz Patiño, es un estudio de caso muy localizado en Antioquia;
otro, de Ana María Bidegain, es muy esquemático y centrado en el caso español. El de
Ignacio Abello se concentra en el caso de la Inquisición en Cartagena, y Pablo Rodríguez
trabaja bastante información primaria y presenta un esfuerzo por analizar de manera más
global el matrimonio en la sociedad colonial.
Los capítulos sobre el siglo XIX se
ocupan de estudiar las relaciones entre hombres, familia y mujeres. Se intenta hacer un
estudio del papel de la mujer en diversos grupos sociales decimonónicos, tales como los
artesanos, las elites dominantes, las familias cafeteras del occidente de Cundinamarca y
la familia de esclavos. Así mismo, se hace una descripción de las características que a
lo largo del siglo asumió el proverbial machismo colombiano, en todos los órdenes de la
vida social y cultural.
Los capítulos consagrados al siglo XX
son un poco más variados, pues se ocupan de temas tan diversos como las mujeres en la
guerra; la relación entre religión, fábrica y mujer; las mujeres en la Violencia, y la
evolución del proletariado femenino en las décadas de 1960 y 1970. El artículo de
Carlos Eduardo Jaramillo se ocupa de las mujeres en la guerra de los Mil Días
(denominadas las "Juanas" de la revolución), que simplemente es la
reproducción pura y simple del contenido de un artículo varias veces publicado y
recocinado sobre el mismo tema (por ejemplo, en Anuario Colombiano de Historia Social y de
la Cultura, núm. 15, y en Memorias del Segundo Simposio sobre la Violencia en
Chiquinquirá, págs. 29-46). El artículo de Ana María Jaramillo es un resumen de su
investigación sobre las obreras de Fabricato, que constituye un significativo aporte a la
historia de la clase obrera en general y en particular a la historia de las obreras
colombianas. Se destaca allí el papel de la moral católica y conservadora, del celibato
femenino, de la férrea y tradicional estructura social y política, del anticomunismo
todo lo cual refuerza el machismo y la discriminación de las obreras de
Fabricato, pero también la transgresión que de todos esos mecanismos de
subordinación y control efectúan, en determinadas ocasiones las mujeres.
Se destaca también el artículo de Elsy
Marulanda "Las mujeres y la violencia en los años 50", que analiza varios casos
específicos, a la luz de testimonios y entrevistas, que permiten aproximarse a ese
trágico período desde el punto de vista de algunas mujeres protagonistas que expresaban
distintas motivaciones a partir de los efectos que la violencia produjo en sus vidas.
En este volumen se hace un esfuerzo por
estudiar a los más variados sectores femeninos de la abigarrada sociedad colombiana, pero
se nota la ausencia de algún estudio referido a la mujer campesina, al fin y al cabo
mayoritaria en el país hasta hace apenas treinta años. Las informaciones al respecto son
escasas, y el testimonio de Alfredo Molano no alcanza a suplir esa ausencia. Al mismo
tiempo, tal vez por las prioridades de la investigación hasta ahora desarrolladas, se
nota el predominio del estudio de ciertas regiones, principalmente de Antioquia, no
presentándose análisis tan exhaustivos sobre las mujeres de otras zonas del país.
III
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo III: Mujeres y cultura
Magdala Velásquez Toro (dirección académica)
Consejería Presidencial para la Política Social, Presidencia de la República de
Colombia, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1995, 414 págs.
En este último volumen de la serie, se
abordan diferentes cuestiones relativas a diversos aspectos culturales relacionados con
las mujeres. A manera de reflexión general, Florence Thomas presenta una serie de
consideraciones sobre el Patriarcado y el papel subordinado de la mujer en las
sociedades contemporáneas, papel que sigue circunscribiéndose a la función puramente
reproductora, centrada en el hogar, la vida privada y las actividades domésticas.
Una buena parte del libro está dedicada
a la actividad literaria de las mujeres desde la época colonial hasta la actualidad. Al
respecto, se encuentran los artículos "Las mujeres en la literatura colonial"
de Ángela Inés Robledo (págs. 24-46), "Mujeres en la literatura del siglo
XIX" de Jane Marie Dejong (págs. 137-157), "Escritoras colombianas del siglo
XX" de María Mercedes Jaramillo y Betty Osorio (págs. 158-212), "Las mujeres y
la poesía" de Teresa Rozo (págs. 213-255). Todos estos artículos, como otros que
están dedicados a las mujeres y al arte, se pueden considerar como una introducción
obligatoria para todos aquellos que quieran conocer el importantísimo protagonismo
literario y artístico que las mujeres colombianas han desempeñado en la vida nacional,
pese a los inocultables obstáculos y dificultades que el machismo criollo les ha
impuesto. Por esas páginas desfila un análisis de escritoras y artistas que son
absolutamente desconocidas para la mayor parte de ciudadanos colombianos, pero que ponen
de presente la vitalidad de la contribución de la mujer en la vida artística y literaria
del país.
Las otras contribuciones de este volumen
se concentran principalmente en la época colonial, de la que se presentan un artículo
sobre "La sexualidad y la cultura femenina" y otro sobre "Las mujeres en la
Colonia". Éste último, de Pablo Rodríguez, es un complemento en algunas partes o
una repetición en otros del artículo que este mismo autor presentó en el segundo
volumen. Por esta razón, pensamos que este artículo sobra; bien podría haber sido
fundido con el anterior para elaborar solamente uno y no para figurar con artículos muy
parecidos en uno y en otro tomo.
Pese a que se encuentra un artículo
sobre la moda en el siglo XX y un recuento general sobre "Las mujeres en la historia
de la educación", en general se aprecia un descuido de los estudios culturales sobre
la mujer en este siglo y sobre todo de los últimos decenios. En este sentido, no se
profundiza aunque por momentos se mencionen en el análisis de los aspectos
relacionados con la moda, la televisión y el generalizado proceso de mercantilización de
la mujer y todo lo que a ella se vincula, desde su propio cuerpo hasta la maternidad.
Tampoco aparecen estudios pertinentes a la forma como la cultura de los medios de
comunicación reproduce las imágenes más convencionales y retrógradas sobre la mujer,
reduciéndola a puro artículo de consumo o de placer, o como señuelo para incentivar
hasta las más inimaginables formas de consumo en la "sociedad de mercado". Nada
de esto aparece en este volumen, lo que lo limita seriamente, si se tiene en cuenta la
importancia de analizar la brutalización cultural a que está siendo sometida la
humanidad en los actuales momentos de mundialización del capital, brutalización que
afecta en primer lugar a las mujeres. De la misma forma que, en lo relativo a los procesos
de antidemocratización y expansión de la pobreza, las mujeres son las principales
víctimas, lo mismo se puede decir con respecto a la enajenación y despersonalización
cultural. En este terreno también las mujeres son las principales víctimas, lo que
refuerza de una manera abierta los mecanismos de discriminación y de subordinación tanto
por parte de la sociedad capitalista en general como del género masculino en particular.
No obstante los anteriores reparos, se
puede decir que esta historia de las mujeres en Colombia, se constituye en un importante
punto de referencia para todas aquellas y aquellos que en el futuro quieran profundizar en
la investigación especializada, puesto que estos tres volúmenes presentan un inventario
detallado del estado de la investigación y de las preocupaciones actuales. También es un
instrumento valioso para el lector desprevenido que sienta interés por ampliar su
conocimiento sobre la "mitad invisible" de la sociedad colombiana.
RENÁN VEGA CANTOR
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