Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Tres libros sobre fútbol


Crónica de goles y autogoles: Colombia 1903-1998
Alberto Galvis Ramírez
Ediciones Libros y Letras, ¿Santafé de Bogotá?, 1998, 374 págs.

"Bolillo" golpe a golpe
Fabio Poveda Márquez
Editorial Grijalbo, Santafé de Bogotá, 1998, 286 págs.

Millonarios: 50 años de gloriosa historia
Jorge Enrique Peña
Club Deportivo Los Millonarios, Santafé de Bogotá, 1996, 259 págs.


Se ha dicho del fútbol que, aunque es el deporte más popular de la historia del mundo, no tiene quien escriba sobre él. El más obvio elemento de comparación es la fiesta de los toros, que ha creado en torno a sí una deliciosa y vasta literatura a la que no son ajenos interesantes poetas, y hasta obras musicales y pictóricas de importancia.

Parte de la explicación consiste en que la literatura taurina cuenta con Ernest Hemingway, un relator que le dio prestigio internacional. En esta materia, el fútbol está muy lejos de los toros y de otros deportes (pido la debida licencia de los taurófilos por asimilar el arte de torear al deporte de meter goles o trompadas, que también tienen su arte). El boxeo ha tenido un Norman Mailer y el béisbol un Red Smith. El fútbol está todavía buscando quién descubra el misterio raro de su éxito y lo revele. Pero no es propiamente un problema de falta de textos, sino de falta de cronistas.

Una rápida inspección ocular a las tecas —biblioteca, videoteca y hemeroteca— de Jorge Valdano, ex campeón mundial de fútbol, escritor y director técnico, revela que existen numerosos libros sobre la materia. Valdano ha logrado organizar en Madrid una oficina personal de documentación e información especializada, que es de las más cuidadas colecciones particulares que conozco sobre este deporte. Mal contados, hay allí 540 libros en cuatro idiomas; más de 150 videos; 157 volúmenes empastados de El Gráfico, la más tradicional y prestigiosa revista de fútbol en español; decenas de publicaciones; y un archivo completo de recortes, folletos y trabajos académicos sobre el tema.

El abundante material bibliográfico que se publica sobre fútbol podría agruparse en seis categorías: 1. Didáctico y analítico, como Los cuadernos de Valdano (El País/Aguilar, Madrid, 1997). 2. Interpretaciones generales o especiales sobre el fenómeno del fútbol, como Negro, macumba e futebol (Editorial Perspectiva, São Paulo, 1993), de Anatol Rosenfeld. 3. Biografías y autobiografías, inclusive de equipos, como Y Carlos Arturo dice... (Cuéllar Editores, Bogotá: 1992). 4. Recuentos históricos de certámenes futbolísticos, como Eliminatorias 98 (Aguilar, Buenos Aires, 1998), de Diego Fucks. 5. Ficción, que incluye novelas, cuentos, humor y poesía. 6. Crónicas sobre fútbol y su ambiente, como O sapo de Arubinha (Companhia Das Letras, São Paulo, 1994), del cronista que inventó el mundo del fútbol brasileño, ya que no el fútbol brasileño: Mario Rodrigues Filho.

Casi todos los géneros están más o menos bien atendidos. Libros didácticos y biográficos abundan. Los años sesenta fueron pródigos en interpretaciones sociológicas, políticas y antropológicas sobre el fútbol. La ficción ha dejado unas cuantas piezas antológicas de Henri de Montherlant, Oswaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa, Vinicius de Moraes... En épocas de Copa Mundo, como este año, hay nutrida cosecha de títulos sobre historia del fútbol y sus torneos.

Donde hay menos y de menor calidad es en el grupo de cronistas sobre fútbol y su mundo; de este último grupo debe salir un día el Hemingway del balompié. A lo mejor su nombre es Simon Kruper, un inglés-ugandés de 29 años a quien debo haber leído el mejor libro que conozco sobre el ambiente del fútbol. Lamentablemente, hasta donde yo sé, Football Against the Enemy (Orion, Londres, 1994) no está traducido aún al español. Es una estupenda exploración del planeta del fútbol —hinchas, poder, equipos— escrita por un excelente periodista. Otro candidato puede ser Nick Hornby, autor de Fever Pitch, excelente aproximación al mundo de un aficionado inglés.

En vísperas del Mundial, Colombia, como todo país futbolístico que se respete, ha lanzado a las librerías varios títulos. En esta nota nos ocuparemos de tres de ellos; dos pertenecen a la vendimia del 98 y el tercero a la de 1996. De Alberto Galvis Ramírez, Crónica de goles y autogoles: Colombia 1903-1998; de Hernán Darío Gómez y Fabio Poveda Márquez, "Bolillo" golpe a golpe; y de Jorge Enrique Peña, Millonarios: 50 años de gloriosa historia.

* * *

El libro de Galvis Ramírez contiene una historia del fútbol colombiano alimentada por recortes, citas, algunas estadísticas y tres prólogos que, como los famosos mosqueteros, en realidad son cuatro.

A lo largo de 376 páginas este conocido periodista deportivo arma un mosaico histórico que recoge los principales capítulos de la breve y —aunque no queramos aceptarlo— intrascendental historia de nuestro fútbol. Allí aparece lo bueno, lo malo y lo feo. La historia se abre en 1903 con un partido que disputan dos equipos de ingenieros ingleses que han venido a Barranquilla a construir el ferrocarril entre la capital del Atlántico y la pequeña y vecina localidad de Salgar (a la que Galvis llama impropiamente Puerto Salgar, que es un pueblo cachaco sobre el río Magdalena). Y se cierra con un post scriptum en que desea a la Selección Colombia que se convierta en el Mundial de Francia en "una poesía de fútbol ganador". Los lectores ya pueden agregar a este deseo un prosaico epílogo: un gol en tres partidos jugados, y eliminación en la primera ronda.

El libro de Galvis constituye un decoroso texto de consulta para ubicar fechas, hechos y nombres. Allí aparece mencionada prácticamente toda la historia de nuestro fútbol, sin excluir momentos de gloria, episodios oprobiosos y épocas nefandas, como la de los carteles de la droga al frente de un buen número de equipos profesionales.

Pero de su pretensión enciclopédica nace su mayor defecto, y es que se trata de un sobrevuelo que deja pocas cosas por fuera, pero es flaco en contextos y pobre en primeros planos. Al referirse, por ejemplo, a los primeros tiempos del fútbol colombiano, menciona a Arturo de Castro, un joven barranquillero que trajo el fútbol de Europa y fundó, con algunos amigos, el Barranquilla Fútbol Club. El lector habría querido saber mucho más sobre este personaje: ¿quién era? ¿qué fue de él? Menciona también a Alejandro Frigerio Payán, un tumaqueño que "fue, durante diez años, el mejor crack de Europa". Si esto es verdad, si un colombiano fue el Ronaldo europeo ataviado con la camiseta de la selección suiza en los años 30, esta figura habría merecido un espacio mucho mayor en la historia de nuestro fútbol y en el libro de Galvis. La deuda queda.

El problema es que el autor no realizó investigaciones propias dignas de ser destacadas, sino, que transcribe párrafos y a veces páginas de otros libros y publicaciones. Otorga el crédito correspondiente a las fuentes, es verdad (los datos de De Castro y de Alex Frigerio Payán, por ejemplo, proceden de un libro del historiador barranquillero Mike Urueta), pero ninguna novedad aporta de su propio trabajo.

Escrito correctamente, aunque en estilo bastante plano, el texto adolece a veces de incoherencias. En la página 344, por ejemplo, dice que el jugador Tony de Ávila "fue transferido después al fútbol de Ecuador, en donde coadyuvó para que este club pudiera ganar el título nacional de 1997". ¿Qué club? También hay que señalar omisiones importantes. En el capítulo dedicado a los futbolistas colombianos que jugaron en clubes extranjeros, olvida a Delio "Maravilla" Gamboa y, más inexplicable aún, no menciona el famoso episodio en el que Francisco Maturana estuvo a punto de ser director técnico del Real Madrid. Aunque el contrato se hubiera frustrado en el último momento, es un hecho trascendental que un técnico colombiano hubiera alcanzado a firmar como entrenador del equipo con más exitosa historia del fútbol mundial.

Crónica de goles y autogoles es un documento que conviene tener a mano para dirimir apuestas, zanjar discusiones y precisar fechas y nombres. Mejor dicho: para dirimirlas si los interesados disponen del tiempo que demanda buscar en sus páginas lo que es motivo de su consulta, pues, siguiendo una deplorable costumbre colombiana, el libro carece de índice. Semejante falta merecería un tiro libre directo en cualquier clase de publicación de no-ficción; pero, tratándose de un libro de anales, debería castigarse con penalti y tarjeta amarilla.

El volumen, en suma, tiene la utilidad, el espíritu y la sensibilidad de un acta de secretaría.

Es diferente el caso de "Bolillo" golpe a golpe, obra casi póstuma del periodista barranquillero Fabio Poveda Márquez. Allí se las arregla Poveda —fallecido poco antes del Mundial— para transmitir con fuerza y emoción la personalidad del director técnico colombiano Hernán Darío Gómez. Está narrado en primera persona por "Bolillo", pero detrás de su relato se mueve la mano del periodista. Él mismo lo dice en su nota introductoria: "Debo aclarar que hice un trabajo de entrevistador, de reportero, de periodista. No he sido un simple transcriptor, sino un aportador de conocimientos sobre los hechos, ya que conozco muy bien la historia de esta selección, desde 1987, porque he estado bien cerca de ella". El material fundamental procede de las conversaciones que mantuvieron Gómez y Poveda en Medellín ante una grabadora durante diez días. De allí salieron "infinidad de casetes", dice Poveda, y no pocas discusiones.

"Este es un libro de dos autores —agrega Poveda—. El primero es Hernán Darío Gómez, y por eso está escrito en primera persona. El otro, el periodista que abordó el personaje y lo condujo por los temas que a todos interesaba conocer. Y que le dio forma escrita a su expresión oral".

Quizá lo mejor que se puede decir en elogio de la llave que formaron el reportero costeño y el entrenador paisa es que el libro se parece muchísimo al "Bolillo": huele a "Bolillo", suena a "Bolillo", vocifera como vocifera el "Bolillo". Esto no sólo es mérito del "Bolillo", sino, principalmente de quien, entre bambalinas, logró tal autenticidad.

Poveda confiaba en que el libro iba a ser polémico. No lo ha sido mucho, me parece. Pero tiene muchos elementos para serlo. Sobre todo los cargos que hace Gómez a la prensa por varios de los problemas del fútbol colombiano: "La prensa fue el mayor responsable del fracaso en el Mundial de Estados Unidos" [...] "Es un gremio sagrado, intocable, y que tiene el privilegio hasta de conducir como mansas ovejas a los aficionados" [...] "Los únicos que ganaron plata en el Mundial fueron los periodistas" [...] "El culpable de la muerte de Andrés Escobar [autor de un autogol, contra Estados Unidos, asesinado pocos días después en Medellín] fue la prensa".

La relación entre futbolistas y prensa es curiosa: cada uno vive del otro, pero aquellos desconfían de ésta, y ésta desdeña a aquellos. No ocurre sólo en Colombia. La Copa Mundo mostró que buena parte de las selecciones afrontaban problemas con los periodistas. Creo que es interesante escuchar las opiniones abiertas de "Bolillo" sobre la prensa. Los periodistas tenemos piel de cebolla; somos prontos para formular críticas y soberbios a la hora de recibirlas, y conviene escuchar a quien tiene algo que decir con franqueza y sin esconder la cara.

No son las únicas opiniones explosivas. De los directores técnicos argentinos Oswaldo Zubeldía y Carlos Bilardo, a quienes muchos atribuyen haber revolucionado el fútbol nacional, dice "Bolillo" exactamente lo contrario: "Zubeldía atrasó la evolución del fútbol colombiano" y "Bilardo, quien dirigió al Deportivo Cali y la Selección de Colombia, también significó un atraso para nuestro fútbol".

Por otra parte, el libro contiene varias revelaciones deportivas interesantes. La posición adelantada del portero René Higuita en la cancha, que lo ha hecho famoso en todo el mundo, no es resultado de una propuesta táctica de Maturana ni de Gómez, como muchos creen; sino un invento del propio Higuita. "Bolillo" tiene la generosidad de reconocerlo así. Las peleas entre Gómez y Faustino Asprilla constituyen otra interesante página del libro, mucho más después de que aquel se negó a recibir a Asprilla tras la última ‘chiripiorca’ del Tino en la selección que jugó en Francia 98.

Son muy reveladores los capítulos en que "Bolillo" relata su relación con Andrés Escobar y la muerte de éste (Según el entrenador, Escobar no fue víctima de la mafia de apostadores, como se ha creído, sino de "un hecho casual, pero consecuencia del autogol"). También los de su amistad con "Pacho" Maturana, incluida la pelea que los apartó durante un año. Lo que cuenta "Bolillo" sobre el "Pibe" Valderrama ayudará a que los colombianos valoremos aún más, como ser humano y como futbolista, a este personaje excepcional de las motas rubias.

El perfil humano que aporta el libro es tan interesante como el perfil deportivo. Gómez es amplio al abrir las puertas de sus sentimientos y sus opiniones. Gracias a ello nos enteramos de su condición enamoradiza y cómo ésta le arruinó el matrimonio con la mujer que adoraba. También nos confiesa que, mientras fue futbolista, llevó una vida desordenada y sin disciplina: "Y, como no me cuidaba, tenía que empeparme para jugar. Nunca actué sin doparme. Hasta me inyectaba en las venas".

Las 286 páginas de "Bolillo" golpe a golpe contienen abundantes e interesantes anécdotas. Algunas resultan deprimentes, como las amenazas que sufrieron Maturana y Gómez durante el Mundial de Estados Unidos, o el plan para asesinar a "Bolillo" que descubrió la policía después de que, en las eliminatorias de Francia 98, Colombia perdió un partido contra Chile.

Una de las anécdotas más estremecedoras es la que recuerda los consejos que daba Andrés Escobar a Faustino Asprilla en el vuelo de regreso que traía a la derrotada Selección Colombia desde Estados Unidos. "Faustino —le decía Escobar—, cuídese: a usted le gusta tomarse sus traguitos, le van a buscar pelea, y, como es explosivo, por ahí hasta lo pueden matar". Pocos días después, Escobar había sido asesinado al salir de una discoteca.

La autobiografía de "Bolillo" con ayuda de Poveda es un libro agradable, interesante y entretenido. No siempre un trabajo que exige abundante documentación oral y laboriosa edición logra mantener un aire fresco y auténtico. Este sí. Allí está el "Bolillo" que conocemos, pero hay también allí muchas cosas que no conocíamos de "Bolillo".

* * *

Como libro oficial que es —así lo aclara desde la carátula misma—, de Millonarios: 50 años de gloriosa historia sólo debe esperarse el ditirambo. Es decir, el canto de arrebatado entusiasmo en loor del equipo que más títulos atesora en el fútbol colombiano. Este volumen editado en 1966, cuando el club capitalino cumplió medio siglo de vida, hace cierta esta presunción. Con decir que en 259 páginas aparecen 243 escudos del club se ha dicho algo.

Algo, pero no todo. Porque la verdad es que el libro contiene también estadísticas interesantes, algunos brochazos de historia del fútbol en Bogotá y, por supuesto, la biografía casi completa de este club fundado, entre otros, por un barranquillero y un ecuatoriano —Alfonso Senior y Mauro Mórtola—que llegó a ser uno de los mejores del mundo al filo del medio siglo. La institución nació con el nombre de Club Municipal y en 1944 adoptó como nombre su popular apodo de "Los Millonarios", que es el que aparece en su fe de bautizo, el 18 de junio de 1946.

Tres años después, Millos, que es el apodo del apodo, fue el segundo campeón del fútbol profesional colombiano. (No resisto decir que el primero fue el Club Independiente Santa Fe, en 1948). Su leyenda nació en ese 1949, cuando desembarcó en Bogotá una constelación de estrellas argentinas que a la sazón tenían diferencias irreconciliables con sus clubes de origen: Alfredo di Stefano, Néstor Raúl Rossi, Alfredo Castillo, Adolfo Pedernera, Tomás Aves, Pedro Cabillón... A ellos se agregarían en 1950 Julio Cozzi, Raúl Pini... La lista completa impresiona todavía, pues a ellos, se agregaron, entre otros, los colombianos Francisco "Cobo" Zuluaga, Manuel Fandiño y Gabriel Ochoa Uribe; el brasileño Danilo Mourman; el peruano Ismael Soria; el paraguayo Julio César Ramírez; y los uruguayos Ángel Otero, José Saule y Víctor Bruno Lattuada. Lo llamaban "el ballet azul", y no les faltaba razón, porque convertían las canchas en una pista de baile y de goles.

La bella época terminó hacia 1953, cuando los jugadores más importantes fueron vendidos al exterior después de haber ganado cuatro campeonatos. Millonarios tuvo que enfrentar entonces la mediocre realidad del fútbol colombiano. Aún así, siguió ganando algunas estrellas, hasta completar trece.

La recopilación de datos y la redacción del texto del libro son obra de Jorge Enrique Peña. En su prólogo, el actual presidente de la institución, José María León, no ahorra adjetivos para referirse a su club: "Millonarios ha ofrecido los laureles del triunfo en lo alto, otras veces sin levantar pancartas de conquista, pero nunca ha arriado sus banderas de pundonor y de lucha". Por ser un libro oficial, sin embargo, el lector no encontrará mención alguna sobre hechos bastante menos gloriosos y pundonorosos, aunque no exclusivos de Millonarios, como el siniestro paso de la mafia del narcotráfico por algunos de los clubes de fútbol colombiano.

Quizá lo más atractivo de la obra son su edición, a todo color y muy esmerada, y muchas de sus fotografías. Las más antiguas resultan ser las más interesantes, con esa descarga instantánea que produce el color sepia en las glándulas que regulan la nostalgia. Es de lamentar que no siempre las fotografías llevan la identificación precisa de los personajes que aparecen en ella, requisito inexcusable de todo álbum de historia y recuerdos.

Como santafereño y, por consiguiente, como adversario tradicional de Millonarios, debo reconocer que, al repasar las páginas del libro, encontré muchas caras que, al remover viejos recuerdos, me parecieron hasta amistosas y queridas: "Maravillita" Lima, "Quique" Fernández, "El Nano" Areán, Orlando Larraz, Alejandro Brand, Wilington Ortiz, "El Loco" Converti... El tiempo, que todo lo disuelve y lo aligera, hace que aquellos que nos goleaban hace unos años hoy nos parezcan parte adorable de nuestra historia personal.

De todos modos, la lectura de este libro y su comparación con la realidad presente no me ha dejado en la cabeza la imagen de Di Stefano, "Pipo" Rossi, "Maravilla" Gamboa ni José Romeiro. Sino la de un poeta español del siglo XV, don Jorge Manrique, que escribió aquellos versos inmortales:

"Cualquiera tiempo pasado fue mejor..."

DANIEL SAMPER PIZANO

Sobre el autor

Periodista, nacido en 1945, acudió a ver su primer partido de fútbol en 1948 un día en que Santa Fe derrotó a Millonarios. Desde entonces lleva siempre la camiseta roja. Ha sido comentarista de fútbol, directivo de Santa Fe y de la Selección Colombia y autor de tres libros sobre este deporte: Así ganamos (1976), Balón y pedal (1986) y ¡Tino! (1994).