De una patria
indiferente y violenta
Colombia, una nación a pesar de sí
misma. De los tiempos precolombinos a nuestros días
David Bushnell
Editorial Planeta, colección La Línea del Horizonte, Santafé de Bogotá, 1996, 434
págs.
En un país donde cada región ostenta su
propio orgullo es decir, donde el orgullo regional importa más que el orgullo
nacional, vale la pena intentar un ensayo histórico para entender cómo se ha
efectuado su desarrollo hacia el estado nacional. Son precisamente las frecuentes
invitaciones en la televisión a que se honren los símbolos patrios, y la propia
interpretación en ella del himno nacional, con imágenes impresionantes de devoción que
pretenden dar la sensación de que se está orgulloso de este país, lo que hace
preguntarse por qué será necesario inculcar con tanto empeño los sentimientos
nacionales. Sería conveniente que la campaña de cultura ciudadana que se está
realizando en Bogotá se extendiera a todo el país. Colombia más parece un estado
nacional que una nación unida. Aunque no ha de negarse el patriotismo que surge, por
ejemplo, en los partidos internacionales de fútbol. Además, hay una atracción casi
fatal de los colombianos hacia su país que, aunque se dice que muchos jóvenes están en
el plan de irse al extranjero lo más rápido posible, los colombianos parece que no
pueden vivir fuera de su tierra. A pesar de todo.
Por ello vale la pena preguntarse de
dónde salió esta nación, de dónde proviene la actitud del pueblo que tanta fe alberga,
que tanta violencia aguanta, que tan poca conciencia política tiene.
Colombia es el país menos estudiado por
los historiadores del extranjero. Antes de la publicación del libro que aquí se reseña
no existía sino un resumen histórico del año 1938, más bien válido para la enseñanza
primaria. David Bushnell, historiador estadounidense buen conocedor de Colombia y su
historia, se dedicó a llenar este vacío. Su estudio fue escrito originalmente en inglés
y traducido después al español. Se trata de una historia popular sin intenciones
académicas, pero es precisamente su lenguaje poco científico lo que convierte este
resumen en una lectura fácil para el lector común, lo que, ciertamente, fue uno de los
objetivos principales del autor y sus traductores. De esa manera, Bushnell pretende quizá
conseguir un mejor entendimiento de lo que es la nación (si bien es una) y así poder
despertar una conciencia nacional.
Bushnell comienza su estudio con una
descripción geográfica, pues de la geografía hace depender varios factores que
determinaron y determinan la vida en Colombia, como es, por ejemplo, la agricultura. En
breves resúmenes se refiere a pueblos indígenas como los taironas y los muiscas, para
saltar rápidamente a la llegada de los españoles. Destaca a Gonzalo Jiménez de Quesada
no sólo como fundador de la ciudad de Bogotá, sino también como un comandante de
huestes españolas tan duro como cualquiera de los soldados de la conquista. Sigue con una
detallada explicación de la sociedad y sus instituciones en la Nueva Granada colonial.
Económicamente hablando, la Nueva
Granada era una de las colonias españolas menos dinámicas de América. Lo que los
españoles esperaban era oro y esclavos. Lo que tuvieron fue agricultura, ganadería y
pocos indígenas (en comparación con México). Popayán y Cartagena fueron quizá más
importantes que Bogotá. ¿Proviene de ahí que hasta el día de hoy nadie quiere mucho a
Bogotá, nadie se siente responsable por ella, que tantas campañas necesita para
convertirla en una ciudad parque? Además, el autor dice que Bogotá fue la más aislada
de las capitales virreinales en América Latina y mucho menos atrayente que Lima o Buenos
Aires.
Se refiere en seguida a las misiones de
la Iglesia católica y subraya su importante papel como mediadoras entre el Estado y la
sociedad hispánica y las comunidades indígenas. (¿Será que un pueblo que a nada tiene
que aspirar en la vida terrenal busca mejoras en una vida celestial? Demasiado terrenos
parecen los problemas que tiene Colombia para que sea justo buscar la solución en un
poder sobrenatural. Al mismo tiempo que consuela a la muchedumbre desde el púlpito con
aspiraciones a bienes eternos que no son de esta tierra, la Iglesia posee buena parte de
las tierras colombianas y ejerce un poder económico bastante terrenal mediante sus
acciones en el BCH y la flota mercante. La Iglesia sabe aplicar muy bien las reglas de la
economía de esta tierra y sabe mantener alejados a sus fieles de estos mismos bienes).
A medida que crecieron la economía y la
población, se fueron debilitando inevitablemente los lazos imperiales con España.
Mientras las otras colonias españolas en América Latina adhirieron fácilmente a las
nuevas ideologías que emanaban a principios del siglo XVIII de Francia, Inglaterra o los
Estados Unidos (liberación, independencia), la Nueva Granada, en cambio, demostró de
nuevo su falta de dinamismo. ¿Será de ahí que nació la indiferencia política que
todavía caracteriza al pueblo colombiano?
Un amplio capítulo está reservado a los
antecedentes y a los movimientos precursores de la independencia, como la rebelión de los
comuneros. Fue la época de Antonio Nariño.
De la crisis de la monarquía española
el autor pasa a la "Patria Boba", que, a pesar de su apodo, logró ciertas
reformas socioeconómicas, lo cual contradice la común interpretación de que las guerras
de independencia fueron movimientos superficiales. También toca el historiador temas
tales como el experimento grancolombiano de Simón Bolívar, la Nueva Granada
independiente, la revolución liberal del siglo XIX, con su primer ciclo de reformismo
liberal, la Regeneración y la reacción programática de Rafael Núñez y Miguel Antonio
Caro con orden, progreso y tradición. Fue entonces cuando se compuso el himno nacional,
cuyas palabras quisieron asociar el nacimiento de la nación colombiana con las
enseñanzas de Cristo, vinculación que todavía hoy en día le agradece la Iglesia
colombiana.
El despegue de la economía, impulsado en
primera línea por la industria cafetera, los textiles, el petróleo y el banano, marcó
los primeros pasos de la joven nación en el presente siglo. Después de la pérdida de
Panamá hasta la depresión económica mundial, Colombia disfrutó del más largo período
de estabilidad política interna de su historia como nación independiente. Impresiona
recordar que hacia 1930 Colombia estaba a punto de ser aclamada como democracia
latinoamericana ejemplar. La economía mostraba altísimas cifras en su ritmo de
crecimiento. Parece que después la historia colombiana fue un solo descenso hacia la
derrota, como los columnistas de los periódicos afirmaron últimamente: después del 9 de
abril de 1948, después del "bogotazo", la nación no fue nunca más la de
antes.
El punto clave para entender a Colombia
son, entonces, los últimos cincuenta años. ¿Qué pasó después del asesinato de
Gaitán? Desafortunadamente, el libro pasa muy rápido por encima de la historia
contemporánea y la describe solamente entre los parámetros de "la revolución en
marcha", la era de la violencia (que parece no haber terminado) y el Frente Nacional.
HELMUT SPREITZER
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