Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

De una patria indiferente y violenta


Colombia, una nación a pesar de sí misma. De los tiempos precolombinos a nuestros días
David Bushnell
Editorial Planeta, colección La Línea del Horizonte, Santafé de Bogotá, 1996, 434 págs.


En un país donde cada región ostenta su propio orgullo —es decir, donde el orgullo regional importa más que el orgullo nacional—, vale la pena intentar un ensayo histórico para entender cómo se ha efectuado su desarrollo hacia el estado nacional. Son precisamente las frecuentes invitaciones en la televisión a que se honren los símbolos patrios, y la propia interpretación en ella del himno nacional, con imágenes impresionantes de devoción que pretenden dar la sensación de que se está orgulloso de este país, lo que hace preguntarse por qué será necesario inculcar con tanto empeño los sentimientos nacionales. Sería conveniente que la campaña de cultura ciudadana que se está realizando en Bogotá se extendiera a todo el país. Colombia más parece un estado nacional que una nación unida. Aunque no ha de negarse el patriotismo que surge, por ejemplo, en los partidos internacionales de fútbol. Además, hay una atracción casi fatal de los colombianos hacia su país que, aunque se dice que muchos jóvenes están en el plan de irse al extranjero lo más rápido posible, los colombianos parece que no pueden vivir fuera de su tierra. A pesar de todo.

Por ello vale la pena preguntarse de dónde salió esta nación, de dónde proviene la actitud del pueblo que tanta fe alberga, que tanta violencia aguanta, que tan poca conciencia política tiene.

Colombia es el país menos estudiado por los historiadores del extranjero. Antes de la publicación del libro que aquí se reseña no existía sino un resumen histórico del año 1938, más bien válido para la enseñanza primaria. David Bushnell, historiador estadounidense buen conocedor de Colombia y su historia, se dedicó a llenar este vacío. Su estudio fue escrito originalmente en inglés y traducido después al español. Se trata de una historia popular sin intenciones académicas, pero es precisamente su lenguaje poco científico lo que convierte este resumen en una lectura fácil para el lector común, lo que, ciertamente, fue uno de los objetivos principales del autor y sus traductores. De esa manera, Bushnell pretende quizá conseguir un mejor entendimiento de lo que es la nación (si bien es una) y así poder despertar una conciencia nacional.

Bushnell comienza su estudio con una descripción geográfica, pues de la geografía hace depender varios factores que determinaron y determinan la vida en Colombia, como es, por ejemplo, la agricultura. En breves resúmenes se refiere a pueblos indígenas como los taironas y los muiscas, para saltar rápidamente a la llegada de los españoles. Destaca a Gonzalo Jiménez de Quesada no sólo como fundador de la ciudad de Bogotá, sino también como un comandante de huestes españolas tan duro como cualquiera de los soldados de la conquista. Sigue con una detallada explicación de la sociedad y sus instituciones en la Nueva Granada colonial.

Económicamente hablando, la Nueva Granada era una de las colonias españolas menos dinámicas de América. Lo que los españoles esperaban era oro y esclavos. Lo que tuvieron fue agricultura, ganadería y pocos indígenas (en comparación con México). Popayán y Cartagena fueron quizá más importantes que Bogotá. ¿Proviene de ahí que hasta el día de hoy nadie quiere mucho a Bogotá, nadie se siente responsable por ella, que tantas campañas necesita para convertirla en una ciudad parque? Además, el autor dice que Bogotá fue la más aislada de las capitales virreinales en América Latina y mucho menos atrayente que Lima o Buenos Aires.

Se refiere en seguida a las misiones de la Iglesia católica y subraya su importante papel como mediadoras entre el Estado y la sociedad hispánica y las comunidades indígenas. (¿Será que un pueblo que a nada tiene que aspirar en la vida terrenal busca mejoras en una vida celestial? Demasiado terrenos parecen los problemas que tiene Colombia para que sea justo buscar la solución en un poder sobrenatural. Al mismo tiempo que consuela a la muchedumbre desde el púlpito con aspiraciones a bienes eternos que no son de esta tierra, la Iglesia posee buena parte de las tierras colombianas y ejerce un poder económico bastante terrenal mediante sus acciones en el BCH y la flota mercante. La Iglesia sabe aplicar muy bien las reglas de la economía de esta tierra y sabe mantener alejados a sus fieles de estos mismos bienes).

A medida que crecieron la economía y la población, se fueron debilitando inevitablemente los lazos imperiales con España. Mientras las otras colonias españolas en América Latina adhirieron fácilmente a las nuevas ideologías que emanaban a principios del siglo XVIII de Francia, Inglaterra o los Estados Unidos (liberación, independencia), la Nueva Granada, en cambio, demostró de nuevo su falta de dinamismo. ¿Será de ahí que nació la indiferencia política que todavía caracteriza al pueblo colombiano?

Un amplio capítulo está reservado a los antecedentes y a los movimientos precursores de la independencia, como la rebelión de los comuneros. Fue la época de Antonio Nariño.

De la crisis de la monarquía española el autor pasa a la "Patria Boba", que, a pesar de su apodo, logró ciertas reformas socioeconómicas, lo cual contradice la común interpretación de que las guerras de independencia fueron movimientos superficiales. También toca el historiador temas tales como el experimento grancolombiano de Simón Bolívar, la Nueva Granada independiente, la revolución liberal del siglo XIX, con su primer ciclo de reformismo liberal, la Regeneración y la reacción programática de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro con orden, progreso y tradición. Fue entonces cuando se compuso el himno nacional, cuyas palabras quisieron asociar el nacimiento de la nación colombiana con las enseñanzas de Cristo, vinculación que todavía hoy en día le agradece la Iglesia colombiana.

El despegue de la economía, impulsado en primera línea por la industria cafetera, los textiles, el petróleo y el banano, marcó los primeros pasos de la joven nación en el presente siglo. Después de la pérdida de Panamá hasta la depresión económica mundial, Colombia disfrutó del más largo período de estabilidad política interna de su historia como nación independiente. Impresiona recordar que hacia 1930 Colombia estaba a punto de ser aclamada como democracia latinoamericana ejemplar. La economía mostraba altísimas cifras en su ritmo de crecimiento. Parece que después la historia colombiana fue un solo descenso hacia la derrota, como los columnistas de los periódicos afirmaron últimamente: después del 9 de abril de 1948, después del "bogotazo", la nación no fue nunca más la de antes.

El punto clave para entender a Colombia son, entonces, los últimos cincuenta años. ¿Qué pasó después del asesinato de Gaitán? Desafortunadamente, el libro pasa muy rápido por encima de la historia contemporánea y la describe solamente entre los parámetros de "la revolución en marcha", la era de la violencia (que parece no haber terminado) y el Frente Nacional.

HELMUT SPREITZER