Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Merecido reconocimiento a una excelente investigación histórica


Insurgencia urbana en Bogotá. Motín, conspiración y guerra civil. 1893-1895
Mario Aguilera Peña
Premios Nacionales, Colcultura, Santafé de Bogotá, 1996, 476 págs.


Este libro recibió el primer premio en el concurso de historia organizado por Colcultura en 1996, lo cual gratifica una permanente labor investigativa de varios años. Aguilera Peña ya había dado muestras de su capacidad investigativa con la obtención de distinciones similares en dos concursos de historia: uno con motivo del bicentenario del levantamiento de los Comuneros y otro con motivo de la conmemoración de los doscientos años de la Revolución Francesa y su impacto en la sociedad colombiana. La concesión de este premio tiene, además, una extraña particularidad, pues en el concurso de 1995 organizado por Colcultura el mismo trabajo no había recibido ningún tipo de mención, mientras que al año siguiente recibió en forma indiscutible el primer premio. Esto lleva a preguntarse por qué un cambio tan radical en sólo un año con respecto al mismo trabajo, ¿o es que acaso eso tuvo que ver con ciertas preferencias del jurado en la primera ocasión?, puesto que el libro que comentamos tiene de sobra méritos como para acreditarse un concurso serio e independiente.

El libro de Aguilera Peña tiene como objetivo principal el análisis de tres hechos históricamente encadenados que tuvieron como centro a la ciudad de Bogotá entre 1893 y 1895, aunque, desde luego, tuvieron distintas implicaciones políticas en diversos lugares del territorio colombiano. Esos tres sucesos fueron, en su orden, la insurrección popular de enero de 1893, un frustrado motín artesanal en 1894 y la corta guerra civil de 1895. Aunque el objetivo central del trabajo sea el análisis de estos acontecimientos, Aguilera Peña propone un procedimiento analítico que va más allá de los sucesos mismos —tanto en el tiempo como en el espacio—, consistente en considerar en una perspectiva amplia, que recorre la segunda mitad del siglo XIX, la evolución de los artesanos en la sociedad bogotana y la forma como se fue configurando una singular cultura artesanal. En este sentido, la investigación se constituye en un hito notable en el análisis de la historia de los artesanos, en la medida en que aporta nuevo material empírico a partir de la consulta de una serie muy variada de fuentes primarias hasta el momento desconocidas o poco consultadas y porque también se apoya en la moderna historiografía internacional para efectuar los análisis teóricos pertinentes. En este aspecto, el libro de Aguilera Peña guarda un perfecto equilibrio —lo que no es común en la historiografía colombiana— entre un sistemático trabajo de confrontación de fuentes y una rigurosa interpretación teórica, pues suele ser frecuente que en Colombia existan los dos extremos: o trabajos recargados de fuentes pero muy empíricos o con una muy pobre interpretación (como sucede, por ejemplo, con el libro de Carmen Escobar sobre Melo y los artesanos 1) o investigaciones especulativas con una impresionante pobreza de fuentes (tal como acontece, también para un caso próximo al de los artesanos, con el libro de Francisco Gutiérrez sobre la cultura plebeya 2), que, no obstante, pretenden formular grandes explicaciones sin haber hecho el mínimo esfuerzo en la consulta de fuentes primarias. Entre otras cosas, esto viene sucediendo por la incursión de politólogos y sociólogos en el terreno de la historia sin respetar mínimamente los criterios básicos de la investigación histórica.

Pero existe otro contexto que examina a fondo Aguilera Peña, como es el relacionado con lo que podríamos llamar el marco contradictorio de la Regeneración, que genera resistencias en el seno de los sectores populares, y más exactamente de los artesanos. Para examinar las razones esenciales que originan la insurrección artesanal —la protesta urbana más importante de Colombia en el siglo XIX y la más significativa antes del 9 de abril—, el autor rastrea minuciosamente tanto las contradicciones de la Regeneración (de lo que se ocupa en el primer capítulo) como las cambiantes condiciones de Bogotá (a lo cual le dedica el segundo capítulo). Habiendo señalado las premisas de índole política general originadas por la implantación del orden moral de la Regeneración, así como de las modificaciones experimentadas por la ciudad de Bogotá, Aguilera emprende el estudio de la insurrección de 1893, para lo cual acude a una impresionante masa documental, tanto de archivo como de la prensa de la época, entre lo cual lo único que falta es la consulta del documento original del director de la policía nacional, el ciudadano francés J. M. Gilibert —escrito de su puño y letra—, en el que relata a sus jefes inmediatos en París el desenvolvimiento del motín y que nosotros tuvimos la oportunidad de consultar en los archivos diplomáticos del Ministerio des Affaires Étrangères y que en el momento oportuno publicaremos.

El tercer capítulo, el más largo y el central del libro, está dedicado al estudio de la "pueblada" de 1893. Para ello el autor realiza un análisis exhaustivo y minucioso de los móviles de la protesta, de los factores ideológicos y culturales propios del mundo artesanal que incidieron en el desencadenamiento de la insurrección, de las formas de protesta, o lo que, en términos de Edward Thompson, se podría llamar la "economía moral de la multitud", la composición social de los amotinados, etc. Resulta bien interesante la relación que el autor establece entre la ideología y las consignas que emergieron durante los sucesos de enero de 1893 con las repercusiones internacionales de algunas acciones anarquistas, especialmente del francés Ravachol, que en Colombia se difundían a través de la prensa y que fueron conocidas por grupos de artesanos. Por eso no es raro, tampoco, que hasta en las altas esferas del gobierno se hubiera manifestado la inquietud ante la influencia anarquista que aparentemente se había materializado en la insurrección de 1893. Este tercer capítulo constituye prácticamente un modelo para estudiar situaciones de protesta urbana, pues allí se relacionan analíticamente múltiples aspectos sociales, ideológicos, políticos y culturales que muestran la compleja trama de las acciones populares.

Con el mismo rigor, en el capítulo cuarto se analizan los intentos de conspiración contra el régimen regenerador que fueron urdidos en 1894, y en los cuales participaron activamente los artesanos en confluencia con un sector de liberales radicales. Sobresale en este capítulo el análisis de la ética del trabajo como uno de los fermentos de la conspiración, lo que estaba directamente relacionado con el impacto social del alto costo de la vida y con la miseria creciente que agobiaba a los artesanos de la capital. También es notable el análisis sobre la organización interna de las conspiraciones y las disposiciones militares, aspecto que se enlaza con el último capítulo, que está consagrada a la breve guerra civil de 1895, que constituye el cierre de ese temprano ciclo insurgente contra la Regeneración, en el que los sectores populares de la capital desempeñaron un papel protagónico.

En fin, este es un estudio pionero en la historiografía colombiana, por las puertas investigativas que abre, en la medida en que rompe con uno de los grandes mitos del siglo XIX —asumido en forma acrítica por la mayor parte de los historiadores colombianos que se ocupan del tema— sobre la supuesta desaparición social y económica de los artesanos como resultado de la adopción del modelo librecambista y con la pretendida muerte del artesanado como sujeto activo de la historia tras la derrota de la dictadura del general Melo en 1854. Mario Aguilera, junto con el norteamericano David Sowell en un estudio más global consagrado a los artesanos de Bogotá, ha demostrado que la realidad fue muy distinta y que hasta bien entrado el siglo XX, lo que se refrendó con la masacre de artesanos de 1919 en Bogotá, éstos fueron un sector muy dinámico y activo en la vida de la capital del país y contribuyeron decisivamente al intento de erigir una sociedad más democrática que la moldeada por la Regeneración.

RENÁN VEGA CANTOR

1 Véase Carmen Escobar, La revolución liberal y la protesta del artesanado, Bogotá, Fondo Editorial Suramérica, 1990.

2 Francisco Gutiérrez Sanín, Curso y discurso del movimiento plebeyo 1849-1854, Santafé de Bogotá, IEPRI-El Áncora Editores, 1995.