Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Novedad en re de revista


Batuta: revista de música
Fundación Batuta
Fundación Batuta, Santafé de Bogotá, 1996, núm. 1


Como una propuesta de lectura para niños y jóvenes interesados en la música y como un medio de divulgación que no se excede en pretensiones propagandísticas; de contenidos a un nivel básico, acaso algo breves, pero dispuestos conforme a una clara intención de variedad, se presenta el primer número de la revista de música Batuta, correspondiente al primer semestre de 1996.

Dentro del esquema de la publicación, las ilustraciones, a pesar de aquella connotación de aderezo de la palabra que las nombra, resultan elementos necesarios, y con frecuencia sobrepasan el nivel del material escrito —que no puede refugiarse en excusas acerca del requerido carácter elemental—. Los ilustradores, además, se ven beneficiados por el color, ubicuo dentro de la revista.

La presentación (Obertura) dice de manera inteligente "una lectura que te resulte instructiva y divertida, un entretenimiento para esos ratos en que no sabes qué hacer", pero exagera en su intención amistosa: los preámbulos sobre los artículos serían adecuados si se tratara de una publicación mucho más extensa —considerada en general y en sus partes— y les convendría otra ubicación; incluso parece desestimar a los pequeños lectores con la sentencia de "si después del cuento quedaste cansado de leer, hay pasatiempos en las páginas 22 y 23". Sin embargo, es importante que hacia el final de la sección se reivindique el "hecho para niños" al liberarlo del carácter peyorativo que suele ensombrecerlo.

La página legal y de contenido quizá peca en abstracción al reseñar a los colaboradores, pero es impropio el intento de retornar mentalmente a la infancia e iniciar suposiciones desde allí —más aún con la diferencia generacional, cada vez más rápida, que ondea sobre la etapa aludida—.

Escrito por Antonio Orlando Rodríguez sobre conceptos del compositor Murray Schaffer —ligado a la música concreta— El paisaje sonoro, con la interpretación esperada, es una buena oportunidad para rescatar la posibilidad de asombro antes que la veloz costumbre o la ubicuidad de caracteres maledicientes o conformistas, ayudados por la apariencia igualadora del desorden, adormezcan la sensibilidad y la atención al detalle. Se trata de una propuesta para la elaboración de una carta geográfica del sonido junto a múltiples y libres asociaciones. Este texto, ilustrado por onomatopeyas gráficas, favorece a la fuente ITC Souvenir en una variedad ligera en la primera de sus páginas, mientras las dos siguientes optaron por una versión más pesada: un procedimiento no muy afortunado, a pesar de la libertad de forma de la revista. Tampoco es afortunado el uso de espacios para acomodar las letras sobre el fondo contrastante de la ilustración para el salto blanco-negro del texto sobre los motivos gráficos de las páginas enfrentadas.

La analogía, cuando parte de generalidades demasiado evidentes, que siempre son igualadoras, parece extenderse tan solo al lugar común, a la trivialidad y a la falta de imaginación —de manera que se hace un recurso innecesario—. Éste es el peligro al que se enfrenta "Un equipo musical: la orquesta sinfónica", colaboración de María Clemencia Angulo. La fortuna alcanza al texto cuando se anota que, desde una definición con ciertas dificultades, se puede introducir el concepto con una vista amplia, y se mantiene mientras se ocupa de la orquesta y de la obra musical, a través de símiles acertados y cuidadosos con la falta de delimitación de significados, donde se logran explicaciones simples y claras. Los senderos peligrosos vuelven en la conclusión, donde, gracias a los términos entrenamiento y ensayo, hermana equipo de fútbol y orquesta sinfónica —una familiaridad tornada execrable a manos de los narradores deportivos—. A pesar de las dificultades que genera el problema de la analogía, ésta sirve para un divertido título-ilustración.

El contenido biográfico sobre el compositor conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, ordenado por Irene Vasco, en el cual se puede conocer el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgang Theophilus y la posterior adición de Amadeus, está acompañado por magníficas ilustraciones. A manera de narración autobiográfica se logra una fluida sucesión de recortes, centrada en los hechos extramusicales de la vida del compositor más que en su obra, que sólo se cita de forma explícita hacia el final del artículo. Como reparo, la fuente Snell Roundhand usada en el cuerpo del texto ganaría en legibilidad con un tamaño mayor.

Tomados del libro Versos para colorear el mundo, publicación de la Unesco en la que se citan como compiladores a Flora Marín de Sásá, Antonio Rodríguez y Sergio Andricaín —editor de la Fundación Batuta—, se presentan pequeños poemas de agradable sonoridad, no ligados a rondas infantiles, que abren un espacio adicional a las manifestaciones del ritmo y la melodía.

Luego de una presentación breve —como deberían ser todas—, la entrevista a Teresita Gómez, a cargo de Sergio Andricaín, se inicia con un recorrido anecdótico que disipa la imagen de lejanía e inaccesibilidad creada por el estereotipo del artista romántico —aún aplicable en algunos casos—, y la naturaleza de este recorrido sirve al propósito de la Fundación Batuta. Las preguntas apuntan a situaciones vivenciales que descubren cómo la sencillez no es incompatible con el artista. Es de especial importancia la respuesta que señala la interrelación de las artes, que otorga cierta blandura al mensaje a los (niños) lectores de la revista, a quienes encamina al estudio de la música para situarlos en la trayectoria de músicos profesionales, anotación con la que no pretendo desconocer el esfuerzo continuo que exige esta actividad, aun sin compromisos de tal clase.

Podría pensarse que las guitarras, cuando se trata de nombres y nacionalidades, no conocen mucho, según consta en "Me lo dijo la guitarra", imaginaria entrevista a una guitarra que "se mostró encantada con la idea" y contestó con amabilidad y corrección sobre su historia al colectivo editorial que realizó este reportaje bajo el seudónimo de Ángel de la Nota. Los nombres citados comienzan con Fernando Sors (el apellido tiene una s sobrante), continúan con un "gran compositor" de apellido Transman (żAlexandre Tansman?) y con el guitarrista estadounidense John William (probablemente se trata del australiano John Williams) y antes de terminar traen al guitarrista alemán Julian Bream (que, hasta donde supe, antes de la edición de la revista, era inglés).

Concierto para escalera y orquesta, cuento de Antonio Orlando Rodríguez publicado inicialmente en 1995, narra, bajo un ambiente de pesadilla jocosa, las circunstancias desfavorables ocasionadas por el viaje inesperado de una escalera, luego de una invitación galante a un concierto. Con intención pedagógica se sitúan a lo largo del cuento los movimientos de una sinfonía clásica, y el mensaje de la importancia de los conciertos (sinfónicos) es patente a lo largo de la trama. La ilustración de la segunda página de este texto es muy interesante en su concepción.

Las últimas páginas enfrentadas de la revista, destinadas a pasatiempos, incluyen un trabalenguas, cuatro adivinanzas de solución musical y un crucigrama. Esta pareja pudo gozar del color en iguales condiciones, para evitar la aparente dislocación: ambas páginas se encuentran en pliegos de color. Como sugerencia, las respuestas a las adivinanzas, en textos pequeños con rotación de ciento ochenta grados, no garantizan el esfuerzo en busca de la solución ni con la más virtuosa de las buenas intenciones: se debe buscar un lugar sustitutivo.

La última página tiene el atractivo de una historieta sin interpretaciones evidentes. Sin ser una víctima de la moda, me parece interesante la opción del significado ecológico.

El cuadernillo que acompaña a este primer número, la partitura de El gato relamido, una pieza sencilla en tonalidad de Re mayor, para trece instrumentos (entre los que se incluye la voz), queda fuera de tono con la calidad de impresión y el cuidadoso trabajo de la revista: mientras la hilera de gatos que ilustra la cornisa, el título y el autor están contrastados correctamente, los pentagramas y sus elementos anexos aparecen tramados; una apariencia difusa que dificulta la lectura musical, sobre todo por la reducción del score.

GEORGI DIMITROV