Novedad en re
de revista
Batuta: revista de música
Fundación Batuta
Fundación Batuta, Santafé de Bogotá, 1996, núm. 1
Como una propuesta de lectura para niños
y jóvenes interesados en la música y como un medio de divulgación que no se excede en
pretensiones propagandísticas; de contenidos a un nivel básico, acaso algo breves, pero
dispuestos conforme a una clara intención de variedad, se presenta el primer número de
la revista de música Batuta, correspondiente al primer semestre de 1996.
Dentro del esquema de la publicación,
las ilustraciones, a pesar de aquella connotación de aderezo de la palabra que las
nombra, resultan elementos necesarios, y con frecuencia sobrepasan el nivel del material
escrito que no puede refugiarse en excusas acerca del requerido carácter
elemental. Los ilustradores, además, se ven beneficiados por el color, ubicuo
dentro de la revista.
La presentación (Obertura) dice de
manera inteligente "una lectura que te resulte instructiva y divertida, un
entretenimiento para esos ratos en que no sabes qué hacer", pero exagera en su
intención amistosa: los preámbulos sobre los artículos serían adecuados si se tratara
de una publicación mucho más extensa considerada en general y en sus partes
y les convendría otra ubicación; incluso parece desestimar a los pequeños lectores con
la sentencia de "si después del cuento quedaste cansado de leer, hay pasatiempos en
las páginas 22 y 23". Sin embargo, es importante que hacia el final de la sección
se reivindique el "hecho para niños" al liberarlo del carácter peyorativo que
suele ensombrecerlo.
La página legal y de contenido quizá
peca en abstracción al reseñar a los colaboradores, pero es impropio el intento de
retornar mentalmente a la infancia e iniciar suposiciones desde allí más aún con
la diferencia generacional, cada vez más rápida, que ondea sobre la etapa aludida.
Escrito por Antonio Orlando Rodríguez
sobre conceptos del compositor Murray Schaffer ligado a la música concreta El
paisaje sonoro, con la interpretación esperada, es una buena oportunidad para rescatar la
posibilidad de asombro antes que la veloz costumbre o la ubicuidad de caracteres
maledicientes o conformistas, ayudados por la apariencia igualadora del desorden,
adormezcan la sensibilidad y la atención al detalle. Se trata de una propuesta para la
elaboración de una carta geográfica del sonido junto a múltiples y libres asociaciones.
Este texto, ilustrado por onomatopeyas gráficas, favorece a la fuente ITC Souvenir en una
variedad ligera en la primera de sus páginas, mientras las dos siguientes optaron por una
versión más pesada: un procedimiento no muy afortunado, a pesar de la libertad de forma
de la revista. Tampoco es afortunado el uso de espacios para acomodar las letras sobre el
fondo contrastante de la ilustración para el salto blanco-negro del texto sobre los
motivos gráficos de las páginas enfrentadas.
La analogía, cuando parte de
generalidades demasiado evidentes, que siempre son igualadoras, parece extenderse tan solo
al lugar común, a la trivialidad y a la falta de imaginación de manera que se hace
un recurso innecesario. Éste es el peligro al que se enfrenta "Un equipo
musical: la orquesta sinfónica", colaboración de María Clemencia Angulo. La
fortuna alcanza al texto cuando se anota que, desde una definición con ciertas
dificultades, se puede introducir el concepto con una vista amplia, y se mantiene mientras
se ocupa de la orquesta y de la obra musical, a través de símiles acertados y cuidadosos
con la falta de delimitación de significados, donde se logran explicaciones simples y
claras. Los senderos peligrosos vuelven en la conclusión, donde, gracias a los términos entrenamiento
y ensayo, hermana equipo de fútbol y orquesta sinfónica una familiaridad
tornada execrable a manos de los narradores deportivos. A pesar de las dificultades
que genera el problema de la analogía, ésta sirve para un divertido
título-ilustración.
El contenido biográfico sobre el
compositor conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, ordenado por Irene Vasco, en el cual se
puede conocer el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgang Theophilus y la posterior
adición de Amadeus, está acompañado por magníficas ilustraciones. A manera de
narración autobiográfica se logra una fluida sucesión de recortes, centrada en los
hechos extramusicales de la vida del compositor más que en su obra, que sólo se cita de
forma explícita hacia el final del artículo. Como reparo, la fuente Snell Roundhand
usada en el cuerpo del texto ganaría en legibilidad con un tamaño mayor.
Tomados del libro Versos para colorear
el mundo, publicación de la Unesco en la que se citan como compiladores a Flora
Marín de Sásá, Antonio Rodríguez y Sergio Andricaín editor de la Fundación
Batuta, se presentan pequeños poemas de agradable sonoridad, no ligados a rondas
infantiles, que abren un espacio adicional a las manifestaciones del ritmo y la melodía.
Luego de una presentación breve
como deberían ser todas, la entrevista a Teresita Gómez, a cargo de Sergio
Andricaín, se inicia con un recorrido anecdótico que disipa la imagen de lejanía e
inaccesibilidad creada por el estereotipo del artista romántico aún aplicable en
algunos casos, y la naturaleza de este recorrido sirve al propósito de la
Fundación Batuta. Las preguntas apuntan a situaciones vivenciales que descubren cómo la
sencillez no es incompatible con el artista. Es de especial importancia la respuesta que
señala la interrelación de las artes, que otorga cierta blandura al mensaje a los
(niños) lectores de la revista, a quienes encamina al estudio de la música para
situarlos en la trayectoria de músicos profesionales, anotación con la que no pretendo
desconocer el esfuerzo continuo que exige esta actividad, aun sin compromisos de tal
clase.
Podría pensarse que las guitarras,
cuando se trata de nombres y nacionalidades, no conocen mucho, según consta en "Me
lo dijo la guitarra", imaginaria entrevista a una guitarra que "se mostró
encantada con la idea" y contestó con amabilidad y corrección sobre su historia al
colectivo editorial que realizó este reportaje bajo el seudónimo de Ángel de la Nota.
Los nombres citados comienzan con Fernando Sors (el apellido tiene una s sobrante),
continúan con un "gran compositor" de apellido Transman (żAlexandre Tansman?)
y con el guitarrista estadounidense John William (probablemente se trata del australiano
John Williams) y antes de terminar traen al guitarrista alemán Julian Bream (que, hasta
donde supe, antes de la edición de la revista, era inglés).
Concierto para escalera y orquesta,
cuento de Antonio Orlando Rodríguez publicado inicialmente en 1995, narra, bajo un
ambiente de pesadilla jocosa, las circunstancias desfavorables ocasionadas por el viaje
inesperado de una escalera, luego de una invitación galante a un concierto. Con
intención pedagógica se sitúan a lo largo del cuento los movimientos de una sinfonía
clásica, y el mensaje de la importancia de los conciertos (sinfónicos) es patente a lo
largo de la trama. La ilustración de la segunda página de este texto es muy interesante
en su concepción.
Las últimas páginas enfrentadas de la
revista, destinadas a pasatiempos, incluyen un trabalenguas, cuatro adivinanzas de
solución musical y un crucigrama. Esta pareja pudo gozar del color en iguales
condiciones, para evitar la aparente dislocación: ambas páginas se encuentran en pliegos
de color. Como sugerencia, las respuestas a las adivinanzas, en textos pequeños con
rotación de ciento ochenta grados, no garantizan el esfuerzo en busca de la solución ni
con la más virtuosa de las buenas intenciones: se debe buscar un lugar sustitutivo.
La última página tiene el atractivo de
una historieta sin interpretaciones evidentes. Sin ser una víctima de la moda, me parece
interesante la opción del significado ecológico.
El cuadernillo que acompaña a este
primer número, la partitura de El gato
relamido, una pieza sencilla en
tonalidad de Re mayor, para trece instrumentos (entre los que se incluye la voz), queda
fuera de tono con la calidad de impresión y el cuidadoso trabajo de la revista: mientras
la hilera de gatos que ilustra la cornisa, el título y el autor están contrastados
correctamente, los pentagramas y sus elementos anexos aparecen tramados; una apariencia
difusa que dificulta la lectura musical, sobre todo por la reducción del score.
GEORGI DIMITROV
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