Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Ejercicios sobre literatura


Amapolas al vapor
Fernando Cruz Kronfly
Editorial Universidad del Valle, Santiago de Cali, 1996, 187 págs.


Amapolas al vapor está compuesto por una serie de trece ensayos (o ejercicios críticos) sobre la literatura, escritos entre 1977 y 1995, y que su autor, el vallecaucano Fernando Cruz Kronfly, confiando en "lo que puede la edición", salvó de la hoguera, a donde él mismo pensaba lanzarlos antes de su publicación, en 1996. Estos "ejercicios" cubren temas diversos que van desde la obra de Guimaraes Rosa hasta la de Darío Ruiz Gómez, pasando por la de Jorge Isaacs, Rabelais y García Márquez, para mencionar sólo unos cuantos autores de los incluidos en el libro.

Como ejercicios de crítica literaria, los textos de Cruz Kronfly seguramente fueron favorecidos por el poder de la edición, bien sea que él mismo se haya editado o hayan sido otros los que hicieron el proceso (quién hizo la edición no queda claro en ninguna parte del libro). Sin embargo, como ensayos sobre literatura (lo cual tal vez no es pretensión expresa del autor, aunque se intuye), estos mismos textos no constituyen un aporte novedoso a dicho género: en su gran mayoría son desapasionados y no aportan ninguna mirada penetrante sobre las obras o los autores en torno a los cuales gravitan. El libro, en gran medida, hace honor a su nombre o, mejor dicho, a las asociaciones que de éste se desprenden: "amapolas" de las cuales se deriva el opio, potente narcótico, y "vapor" que, presionando un poco la palabra, podría ser parónimo de "sopor". El título de esta colección de textos es bastante desafortunado y poco sugerente. Pareciera más bien denominar una novelita de mal gusto, y en nada indica que se trata de un compendio de "ejercicios" sobre literatura. Esta desafortunada elección, a su vez, es corroborada por el diseño de la carátula, el cual es bastante pobre, y pasa, rápidamente, de simple a simplón.

Pero, a fin de apoyar la tesis que se está formulando, miremos con más detalle los constituyentes del libro: "Los baños del Paraíso" y "La casa del Paraíso", ambos centrados en análisis de los espacios en María de Jorge Isaacs, no pasan de ser anotaciones descriptivas y poco relevantes sobre los cuartos, el comedor y la sala de la hacienda El Paraíso, donde, como se sabe, se desenvuelve la obra del tantas veces ponderado escritor vallecaucano. En lo que toca a los baños, las citas que escoge el autor son conmovedoras, pero no así los avances que hace sobre el papel de los espacios en la obra mirados con una aridez que linda con la desolación absoluta en lo que a emociones se refiere. Esta misma distancia cubre con su flemático extrañamiento los "ejercicios" en torno a Rabelais, a García Márquez, al piedracielismo y a Borges (en realidad, este "ensayo" de dos páginas poco dice sobre Borges, quien sólo es utilizado como pretexto para hacer unas divagaciones nada entretenidas en torno a lo rural y lo urbano en la literatura argentina o, siendo más benevolentes, en torno a la tensión entre lo moderno y lo premoderno en dicho campo). En lo relacionado con el "ejercicio" sobre Geografía de Darío Ruiz Gómez, la tónica no es tan flemática pero, sin embargo, tampoco es iluminadora. Más bien, revela la gran simpatía que Cruz Kronfly tiene por el escritor paisa y por su manera de entender y presentar el mundo. En ese sentido, dicho texto es más bien apologético y, como tal, tampoco aporta demasiado al género de la crítica, puesto que, como toda apología, linda con una subjetividad que, si no es compartida, puede producir sospechas en extremo. Por su parte, "La última generación de escritores", tan prometedor en su título, no es más que una colección de opiniones poco sustentadas sobre los escritores jóvenes del Valle del Cauca, cuya obra es descartada, en su gran mayoría, porque entre ellos "reina una especie de nueva sensibilidad hedonista [...] donde hace crisis la idea de lo trascendental y lo fundamental" (pág. 72). La mirada de Cruz Kronfly en este "ensayo", en el que, por lo demás, no se refiere a nadie con nombre propio, se centra en menospreciar un tipo de literatura que, si bien es cierto es un poco limitada en sus alcances, ha dado como fruto escritores que, con mucho, trascienden, como Andrés Caicedo, los límites de su tierra natal y que contemplan en un lenguaje contemporáneo problemáticas comunes a los hombres y mujeres de todos los tiempos y nacionalidades. En lo que se refiere al "ejercicio" que lleva por título "La literatura del Valle del Cauca en los siglos XIX y XX", éste constituye una reflexión comparativa entre Eustaquio Rivera y Jorge Isaacs, en la que el último sale demasiado bien librado, evidenciándose así la preferencia que Cruz Kronfly tiene por este escritor, al cual proclama casi como el patriarca más notable de un romanticismo criollo que se define a sí mismo por oposición al romanticismo europeo, del cual el autor del "ejercicio" parece desdecir.

Pese a lo anterior, no todo es yermo en la tundra de los "ejercicios" cruzkronflyanos. Es absolutamente necesario decir, por toda la consideración que esto merece, que Cruz Kronfly maneja al dedillo la técnica de la escritura. Sus párrafos son limpios, directos y claros (y tal vez por ello burocráticos, en el sentido más puramente weberiano que tiene esta palabra: fríos, impersonales, eficientes...). Así mismo, hay en Amapolas al vapor si no dos bosques exuberantes al menos unas florecillas que inspiran a reflexionar sobre la vitalidad de la literatura: la presentación del texto, en la que Cruz Kronfly logra, al ser intimista, descender de su gélido bureau, y el texto sobre Guimaraes Rosa, el cual deja traslucir que el vallecaucano ama al brasileño y se compenetra con su obra no sólo intelectualmente sino vivencialmente.

MIRIAM COTES BENÍTEZ