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"Un
hecho cierto e inevitable"
América Latina y el Caribe,
políticas para mejorar la inserción en la economía mundial
Comisión Económica para América Latina y el Caribe
CEPAL y Fondo de Cultura Económica, Santiago, Chile, 1998
De manera simplista, en algunos medios de
opinión se ha estigmatizado a la CEPAL, identificándola con una escuela económica
impulsora del enclaustramiento y el cierre de las economías de América Latina. Esa
visión no sólo es absolutamente contraria a la posición actual de la Comisión, sino
que es injusta incluso con las posiciones que Raúl Prebisch defendía en los años
sesenta, cuando este influyente director de la entidad ya planteaba el desarrollo
exportador como una de las prioridades, posiblemente la fundamental, para el desarrollo de
América Latina. En este contexto me ha parecido particularmente apropiado el título del
nuevo libro que publica la CEPAL, en coedición con el Fondo de Cultura Económica: Políticas
para mejorar la inserción en la economía mundial. Con este título, el libro desde
un comienzo nos presenta la inserción de América Latina en una economía globalizada
como un hecho cierto e inevitable, aparte de deseable. Pero al mismo tiempo, nos muestra
que hay maneras alternativas de avanzar en el proceso de inserción, tanto en términos de
secuencias y de gradualidad como en términos de los mejores instrumentos y de las
políticas complementarias necesarias para llevar dicho proceso a mejor término. Algunas
de las alternativas, como las que en términos generales defiende la CEPAL, pueden ser
más pragmáticas que otras y recoger de mejor forma las especificidades históricas e
institucionales de la región.
El libro está dividido en tres partes principales referidas respectivamente a la
política comercial, a las políticas de desarrollo productivo y a las políticas
financieras y cambiarias, vinculadas estas últimas con el difícil equilibrio que las
economías en desarrollo deben establecer entre el objetivo de estabilidad macroeconómica
y el aprovechamiento óptimo de los flujos internacionales de capitales.
A riesgo de caer en simplificaciones
excesivas, me atrevería a decir que cada una de estas tres partes del libro reflejan de
algún modo los distintos campos en que la CEPAL ha puesto mayor énfasis en sus análisis
a lo largo de su historia. Los análisis sobre la política comercial se encuentran, por
supuesto, en la tradición más antigua de la CEPAL. Los temas de desarrollo productivo
corresponden en líneas generales a los que la Comisión enfatizó hacia finales de la
década de los ochenta y en los primeros años noventa y que se condensaron en la muy
conocida propuesta de "transformación productiva con equidad". Y finalmente,
los temas relacionados con la estabilidad macroeconómica, las políticas financieras y
los flujos internacionales de capitales, coinciden en buena medida con las líneas de
trabajo que se han desarrollado por los economistas de la CEPAL en los años más
recientes.
Por las limitaciones de espacio, sería imposible entrar aquí a comentar sobre temas tan
amplios, diversos y complejos como son todos los contenidos en el libro. Quisiera, sin
embargo, hacer algunas referencias puntuales a aspectos específicos de cada una de sus
tres principales áreas de análisis.
En los capítulos iniciales, referidos a
la Política comercial, el libro presenta abundante información empírica para ilustrar
la rápida evolución que ha tenido el comercio internacional durante los últimos
cincuenta años, el cual ha crecido en forma mucho más acelerada que el ritmo de
producción mundial. Pero también muestra, y quizás esto es aún más interesante, que
actualmente el comercio internacional sigue representando apenas una quinta parte de la
economía mundial y que, por lo tanto, existe todavía un gran campo para que los flujos
comerciales sigan creciendo rápidamente.
En las cifras presentadas con gran
detalle en estos capítulos, el libro sustenta empíricamente resultados en cuatro campos
que me parecen de especial relevancia: los dos primeros tienen que ver con temas que
fueron destacados de manera tradicional por la CEPAL, pero que habían perdido énfasis en
las discusiones económicas de América Latina desde la década de los setenta. Me refiero
por un lado a la tendencia secular al deterioro en los términos de intercambio para
América Latina y, por otro, a la inestabilidad atípicamente alta de los precios de los
productos primarios en los cuales estos países siguen teniendo una participación mayor a
la de los países desarrollados. Sobre este segundo tema, el libro hace aportes valiosos
sobre el papel que pueden cumplir los mercados de futuros y opciones para la
estabilización de precios de productos básicos y para que los países puedan cubrirse al
menos parcialmente de los riesgos que conlleva su inestabilidad.
Un tercer campo en el cual los capítulos
del libro dedicados a política comercial hacen aportes que quisiera destacar es el del
desarrollo particularmente intenso que en América Latina han tenido el comercio
intrafirma y, en menor grado, los mecanismos de "maquila" o subcontratación.
Este hecho se ha presentado también en otras partes del mundo. En un seminario reciente
organizado en Bogotá por la Universidad de los Andes, la doctora Nohra Rey de Marulanda
recalcaba este punto y mencionaba que en la actualidad una tercera parte del comercio
internacional de mercancías se desplaza entre filiales de la misma empresa. Por supuesto,
esto puede tener efectos importantes para el diseño de las políticas comerciales en la
medida en que, por ejemplo, altera la respuesta tradicional de las exportaciones frente a
estímulos como los que generan las políticas cambiaria, aduanera y fiscal.
El cuarto campo en el que se presentan
resultados particularmente interesantes es el de los procesos de integración económica,
cuya importancia se hace evidente en el hecho de que alrededor del 60% del comercio
mundial es de carácter intrarregional. Para el caso de los países de América Latina se
sustentan empíricamente dos argumentos que hacen deseables las políticas de promoción
de procesos de integración. El primero de ellos es que el comercio intrarregional, en
lugar de ser sustituto, es complementario del extrarregional. Así, los sectores
económicos que exhiben un alto esfuerzo exportador hacia la región también lo tienen,
en paralelo o con posterioridad, hacia mercados extrarregionales. El segundo argumento se
refiere al tipo de sectores y productos en los cuales se concentra el comercio
intrarregional de América Latina. Estos sectores y productos tienen características
tecnológicas más propensas a generar externalidades positivas que aquellos que se
dirigen a mercados extrarregionales o hacia el mercado interno. Se trata, además, de
sectores como el de productos químicos, la maquinaria no eléctrica y el equipo de
transporte, "en que la demanda internacional tiende a ser más dinámica y la
evolución de los precios más estable y favorable en el largo plazo" (pág. 119).
Antes de pasar a comentar sobre las otras
dos partes del libro, quisiera expresar una crítica cordial a una de las conclusiones de
los capítulos sobre política comercial, según la cual "una regla esencial para la
política comercial es ser altamente selectiva" (pág. 194). En un comienzo, es muy
válido el principio que se establece sobre "la necesidad de concentrar las acciones
públicas en pocas áreas o factores estratégicos y muy bien seleccionados" (ibíd.).
Sin embargo, este principio se enfrenta a las grandes deficiencias y restricciones que
tienen en la práctica los gobiernos. Los intentos de los gobiernos por escoger sectores
para ser apoyados de manera selectiva introducen peligros burocráticos y riesgos de
corrupción que hacen que a la postre, muy probablemente, los criterios empleados para esa
escogencia terminen estando más lejos del óptimo que los que conllevaría el libre
funcionamiento del mercado.
Los problemas que conlleva la escogencia de sectores y productos para ser apoyados de
manera especial por el gobierno podrían reducirse en alguna medida si se usaran lo que en
el libro denominan "políticas de graduación automática". A través de esas
políticas, el gobierno otorgaría apoyos relativamente generales, no escogiendo sectores,
sino definiendo los criterios que deban cumplir sus beneficiarios y suspendiendo esos
apoyos para cada sector o producto una vez alcanzados los objetivos que se busquen. Así,
por ejemplo, el gobierno podría ofrecer apoyos especiales a sectores que se encuentren en
la fase de penetración de nuevos mercados internacionales con criterios que impliquen la
suspensión de esos apoyos inmediatamente se halla consolidado esa penetración. Debo
decir, sin embargo, que aunque este tipo de ideas me parece muy atractiva desde un punto
de vista conceptual, sería necesario desarrollarlas y hacerlas mucho más operativas
antes de poder evaluar sus costos y beneficios. A pesar de su atractivo teórico, en
principio creo que los problemas tanto económicos como de economía política que podría
generar su aplicación práctica son superiores a los beneficios que pudieran obtenerse.
Este tema me permite pasar a un breve
comentario sobre la parte del libro dedicada a las Políticas de desarrollo productivo. El
resultado más interesante de los capítulos dedicados a este tema es quizá que "las
diferencias de productividad total de los factores entre distintos países no se deben
tanto a la concentración en sectores de baja productividad (como se argumentaba hasta
hace algunos años) como a que se trabaja muy por debajo de las mejores prácticas en casi
todos los subsectores industriales, incluso en los sectores de bienes intermedios y de
bienes de capital" (pág. 216). Lo anterior a mi juicio refuerza la idea de que el
Estado no debe escoger sectores, productos o tecnologías que ameriten ser apoyados más
que otros, ya que sería demasiado difícil encontrar criterios técnicos para ello.
A este respecto considero muy útil la
distinción que el libro plantea de manera muy clara entre, por un lado, las
"políticas microeconómicas", que apoyan directamente las operaciones de
empresas o sectores particulares, así como el desarrollo de tecnologías específicas, y,
por otro lado, las políticas "horizontales" o "mesoeconómicas", que
apoyan la competitividad sistémica del entorno en que están insertas las empresas. Más
específicamente, las políticas mesoeconómicas son aquellas "centradas en llenar
los vacíos y superar los cuellos de botella más críticos de los mercados de factores,
como son las políticas de innovación y difusión de tecnología, capacitación,
promoción de exportaciones, financiamiento y desarrollo de infraestructura" (pág.
237).
Personalmente considero mucho más claro
el papel del Estado en las llamadas políticas mesoeconómicas que en las
microeconómicas. Pese a los argumentos teóricos que pueda haber también a favor de las
segundas, en la práctica los gobiernos carecen de capacidad técnica para escoger los
productos y las tecnologías específicas que ameritan ser apoyadas en lo microeconómico.
Los gobiernos, además, son demasiado propensos a la corrupción, la cual se promueve
fácilmente cuando en el suministro de apoyos específicos debe entrarse a escoger entre
empresas particulares.
Para terminar este comentario
refiriéndome a la tercera parte del libro, sobre Estabilidad macroeconómica y flujos
financieros internacionales, quisiera decir que posiblemente es en este campo donde la
nueva publicación contiene aportes más novedosos por parte de la CEPAL.
Aunque pueda sonar paradójico, encontré
particularmente interesante el hecho de que el libro haya sido escrito con anterioridad a
la gran crisis financiera que se ha desatado entre 1997 y 1998, después de las
devaluaciones masivas de los países asiáticos y del desplome más reciente de la moneda
rusa. Y digo que lo encontré particularmente interesante por cuanto estos hechos
recientes, más que dejar al libro desactualizado, lo que muestran es la trascendencia de
las precauciones que allí se sugieren acerca del proceso de globalización financiera
mundial.
De hecho, pese a estar escrito antes de
que se manifestaran los primeros síntomas de la crisis financiera actual, en la tercera y
última parte del libro se plantean y se prevén muchos de los problemas que hoy son
absolutamente evidentes. En esa parte del libro se muestra la relevancia de definir una
secuencia apropiada para la liberalización financiera y se destacan los peligros de no
atenderla con suficiente gradualidad y pragmatismo. Se ilustra allí la forma como la
liberalización financiera en los países desarrollados se hizo a lo largo de muchos años
y con gran cautela. Se hace además una detallada discusión, tanto conceptual como
empírica, sobre los inconvenientes y peligros que pueden surgir de una apertura
indiscriminada a los flujos de capital internacionales y en particular a los de corto
plazo.
Sin desconocer los grandes beneficios que
están asociados con un proceso de apertura y globalización en el frente financiero, la
CEPAL avanza en varias propuestas para regular ese proceso de manera apropiada y hace una
defensa de esquemas como los que vienen aplicando de tiempo atrás países como Chile y
Colombia para desestimular los ingresos de capitales de corto plazo y excesivamente
volátiles. Debe destacarse que con la evolución de los acontecimientos recientes, este
tipo de posiciones viene ganando rápidamente apoyo, incluso de parte de entidades que en
el pasado no las compartían. Este es el caso del Banco Mundial y del BID y en menor grado
del Fondo Monetario Internacional.
Algunas de las propuestas esbozadas en
esta parte del libro, además, han tenido desarrollos recientes por parte de la propia
CEPAL que las complementan y las hacen más operativas. Así, por ejemplo, en un foro
reciente sobre la crisis asiática organizado en Bogotá por la Contraloría General de la
República, el actual Secretario General de la CEPAL, doctor José Antonio Ocampo,
avanzaba en una interesante propuesta de regulación consistente en el establecimiento de
requisitos variables de liquidez a los fondos extranjeros que hacen inversión de cartera
en las llamadas economías emergentes, de tal forma que esa inversión se vea
relativamente desestimulada cuando se empiezan a generar desequilibrios macroeconómicos
como consecuencia de grandes entradas de capitales.
De manera más general, el doctor Ocampo
insistía en dicho foro en un punto que surge claramente de los análisis del libro que
estamos comentando. Decía textualmente que "el centro de atención debe ser el
manejo de las bonanzas en flujos de capitales y no las crisis, ya que estas son, en muchos
sentidos, el resultado inevitable de bonanzas mal manejadas" (revista Economía
Colombiana, Contraloría General de la República, agosto de 1998, pág. 5).
Por supuesto, cada uno de los muchos
temas tratados en el nuevo libro de la CEPAL justificaría comentarios y debates en mayor
detalle. Precisamente por ello, creo que el libro constituye un gran aporte a la
discusión económica actual en América Latina.
LEONARDO VILLAR GÓMEZ
Codirector del Banco de la República
Las opiniones aquí expresadas son de
responsabilidad exclusiva del autor y no comprometen la opinión de la Junta Directiva del
Banco de la República.
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