Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 45.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Estimulante contribución


El Caribe colombiano:
una historia regional (1870-1950)
Eduardo Posada Carbó
Banco de la República, El Áncora Editores, Santafé de Bogotá, 1998,
507 págs.


El libro de Eduardo Posada Carbó combina dos ingredientes fundamentales: profundos sentimientos y experiencias costeñas, y sólida formación académica en la Gran Bretaña. Ambos desempeñan un papel clave en la inspiración y en la técnica adoptada. Posada ha sido una figura joven destacada en los círculos empresariales, periodísticos e intelectuales de Barranquilla, y su experiencia es base de muchas de sus opiniones, percepciones e intuiciones sobre la historia y la política de Colombia y de la costa. Muchos años primero en St Antony’s College en la Universidad de Oxford, y ahora en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de Londres sirvieron de complemento.

Sus previas publicaciones, más que todo sobre Barranquilla (el puerto más importante de Colombia desde la década de 1870) lo colocaron en una selecta lista de "nuevos historiadores" sobresalientes. Sus orígenes pueden explicar cierto favoritismo barranquillero, reflejado en algunas de las secciones de su libro sobre El Caribe colombiano, particularmente en el capítulo dedicado al análisis de las relaciones entre las ciudades y el campo costeño, y cuando estudia las influencias extranjeras. Aunque Posada sugiere un contraste saludable entre Barranquilla y Cartagena (el centro histórico de la región desde los comienzos de la colonia hasta la independencia en la década de 1810), no parece que ello sea suficiente para lograr lo que el autor se propone: mostrar "el papel de los municipios y las ciudades en la integración de la región". En este sentido, hay que cuestionar cómo las jerarquías urbanas fueron realmente efectivas en integrar la región.

Este problema encuentra, en cambio, otra explicación, basada en la comparación establecida, por una parte, entre las "debilidades" de la agricultura —debido, ante todo, a la baja densidad de la población y no a una estructura social en particular—, y de otra, el papel positivo que desempeñó el pasto para el ganado. Las páginas dedicadas al desarrollo de la ganadería, como respuesta a una demanda nacional creciente de carne, y a la formación y cohesión de las funciones del llamado "latifundio costeño", vinculadas a una forma especial de mercadeo, ilustran muy bien la constante interrelación entre la región y la nación, y entre los componentes modernos y tradicionales que han formado la vida social, económica y política costeña, la que, en años recientes, ha adquirido características explosivas, particularmente en los departamentos de Córdoba, Cesar y el sur de Bolívar.

Pero Posada está principalmente interesado en llenar los vacíos necesarios para entender la naturaleza de la diversidad regional colombiana. Dentro de esta perspectiva, y una vez proporciona al lector una visión panorámica de la región, tanto sobre su diversidad interna como sobre su carácter único vis-à-vis la Colombia andina, el autor procede a introducir temas que arrojan luces sobre cómo el Caribe colombiano condiciona y es a la vez condicionado por la nación colombiana. Y, como él nos lo recuerda, es mucho más arduo "imaginar" una nación que una región.

Cuando se trata de imaginación, encuentro particularmente notables las habilidades de Posada. Sólo para dar un ejemplo, me refiero a una larga nota de pie de página relacionada con los problemas bananeros. Después de haber visto una entrevista con Gabriel García Márquez en un programa del Canal Cuatro de la televisión británica (en 1990) sobre la huelga bananera de 1928 y su famosa represión, Posada fue al Instituto de Cine Británico y obtuvo una transcripción de la entrevista. El esfuerzo valió la pena, ya que el autor puede ahora poner de manifiesto el marco mágico del novelista, y el gaffe en que han incurrido tantos historiadores colombianos reconocidos, y colombianistas, quienes han estado tontamente citando a Cien años de soledad como una fuente primaria de la masacre.

Desde otro nivel, es interesante seguir los argumentos de Posada para disipar el lugar común que tiende a describir la United Fruit Company como un enclave, completamente aislado de la economía regional y con férreos controles. Por el contrario, después de leer la respectiva sección se entiende mejor la función real de los enclaves y su completa integración, así como la interacción con las estructuras sociales y de poder nacional y local.

En el último capítulo, sobre la política, Posada abre consideraciones cruciales sobre el regionalismo costeño vis-à-vis las tendencias centralistas del estado colombiano. Su retrato de la vida política local, y el análisis de las relaciones entre los líderes de la política nacional y local (principalmente del partido liberal) y su precaria base fiscal, es muy estimulante, aunque las respuestas que se dan no son siempre claras y precisas.

Hay finalmente aspectos de la demografía, la salud, la educación, los valores culturales y étnicos y las relaciones interétnicas que un lector desearía conocer. Sin embargo, cualquier lector quedará agradecido por la amplitud y el entusiasmo de la obra. De seguro este libro ejemplifica una estimulante contribución a la historiografía regional colombiana.

MARCO PALACIOS
(Reseña aparecida en el
Journal of Latin American Studies).