Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 45.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Deserización y enzorramiento


El zorro y el erizo. Una fábula histórica
Claudio Véliz
The New World of the Gothic Fox, Universidad de California, 1994.


A fines del siglo XV España logró unificarse como imperio bajo los reyes católicos y conquistó el Nuevo Mundo. Su América fue organizada piadosa y centralizadamente y se cuidó que a ella no llegaran indeseables. Los ingleses después de la "gloriosa revolución" de 1688, que les dio libertad religiosa y control parlamentario de la monarquía, permitieron a sus sectas más problemáticas la colonización de los confines más fríos y desolados del Nuevo Mundo. Ellos se organizaron en forma descentralizada, con sus asambleas en cada una de las nueve colonias, y recibieron a todos los que quisieran dejar el Viejo Mundo. Mientras los unos sometieron a una amplia población aborigen y generaron el mestizaje, los otros la exterminaron y aislaron a los sobrevivientes en reservas empobrecidas.

España se empeñó en ser el baluarte de la verdad católica y eje de la contrarreforma, para lo cual intervenía militarmente en Italia y los Países Bajos, y ponía a su Inquisición a liquidar a otras religiones y a los herejes protestantes, también a los muy escasos científicos y personas de criterio independiente. Por el contrario, los ingleses le rendían culto al pluralismo religioso, a la tolerancia política y organizaban el mundo del comercio y de los negocios sobre bases estables y seguras. Es un decir que si Isaac Newton hubiera nacido en España hubiera terminado en la hoguera. El moderno filósofo español Unamuno diría entre perplejo e impotente, "que inventen ellos", refiriéndose a los anglosajones

Véliz hace una comparación de las dos culturas que conquistaron el nuevo mundo con resultados tan opuestos. Para ello utiliza una metáfora utilizada por Isaías Berlín: "El zorro conoce muchas cosas, pero el erizo sólo conoce una cosa bien grande" (pág. 11). Berlín refirió el erizo a aquellas visiones que partiendo de un solo principio fundamental derivaban todas las cosas. Erizos son los que piensan teorías cerradas unicausales, los marxistas y todas las visiones religiosas dogmáticas. El zorro, por su parte, busca muchos fines, sin que puedan relacionarse entre sí, siendo hasta contradictorios, por lo cual su pensamiento se dispersa moviéndose en muchos niveles, siempre buscando la esencia de múltiples experiencias. Zorros son los pensadores pragmáticos, los científicos e inventores, los que examinan con curiosidad las experiencias ajenas. El zorro negocia más, el erizo tiene más principios.

Véliz lleva la metáfora del pensamiento a la arquitectura que generaron las culturas del zorro y del erizo. Aunque es difícil separar drásticamente en el tiempo y en el territorio el gótico y el barroco, Véliz mantiene que los zorros crearon el gótico que es desordenado, se preocupa poco por la armonía y va agregando en el tiempo nuevas construcciones que no "salen" bien con la existente pero que "funcionan". Los erizos crearon el gran barroco, con su obsesión por la unidad de la forma, las espléndidas iglesias con la gran cúpula central rodeada de bóvedas más pequeñas, siguiendo estrictamente formas geométricas. Este perfecto resultado nunca más podría ser tocado por las manos de otros hombres.

La sociedad inglesa se volvió el taller industrial del mundo y su centro financiero hasta la primera guerra mundial. De su inventiva surgieron cientos de miles de artefactos útiles, maquinarias y nuevos medios de transporte. Inventó todos los deportes modernos, del fútbol al baseball (derivado del cricket) y al tenis, las actividades campestres (los boy y girl scouts) y el turismo. El inglés se volvió la lingua franca del siglo XX, el rock la música global, después que el nuevo mundo anglosajón se volviera un imperio económico, científico y cultural con pocos competidores serios. Eso no quita que en ella hubieran erizos diversos (nacionalistas, fundamentalistas, anticomunistas) que se pusieron a cazar brujas en varias ocasiones u oprimir a otras naciones.

El imperio ibérico continuó preso de su misión fundamentalista en la historia y le fueron esquivos tanto el desarrollo industrial como la libertad política. Véliz no encuentra muchos avances que hubiera podido globalizar, entre ellos la guitarra que surgió de la cítara árabe. El deporte del toreo, por ejemplo, nunca salió de los confines del deteriorado imperio. América Latina después de su independencia siguió un curso histórico adverso con mucha pobreza, luchas políticas permanentes que la alejaron más de la riqueza y obtuvo el cúmulo del erizo en época no muy lejana: la unión del marxismo y el catolicismo en la teología de la liberación. Véliz toma a Camilo Torres como la expresión de esta explosiva síntesis. La pobreza se explica no por unas instituciones políticas y culturales inadecuadas sino por la opresión de clase y la externa. Hoy en día las culpas son adjudicadas al neoliberalismo —¿nueva expresión del protestantismo?— que se aduce impuesto desde afuera, y al desplome de la unidad religiosa.

Véliz saluda la nueva heterogeneidad religiosa de América Latina, evidente en la proliferación de muchos protestantismos por doquier y cree que anuncia una nueva época de mayor tolerancia política, clave de la estabilidad que exige el continente y que será base de un mejor desarrollo económico hacia el futuro. Se trata, en fin de cuentas, del derrumbe de la gran cúpula central, de la apertura del erizo y del aumento de los zorros latinoamericanos.

SALOMÓN KALMANOVITZ