| Tres obras de "Magisterio"
Palabras abiertas
Selección de Iván Torres
Cooperativa Editorial Magisterio, Santafé de Bogotá, 1993, 106 págs.
Mujeres y otros cuentos de riesgo
Selección de Celedonio Orjuela D.
Cooperativa Editorial Magisterio, Santafé de Bogotá, 1996, 123 págs.
Diana Umbra
Pío Fernando Gaona
Cooperativa Editorial Magisterio, Santafé de Bogotá, 1993, 106 págs.
Estas tres obras tienen en común el hecho de formar parte de la colección
Montaña Mágica, que edita la Cooperativa Editorial Magisterio. Además, las dos primeras
(Palabras abiertas y Mujeres y otros cuentos de riesgo) comparten el
carácter de haber sido concebidas como antologías o selecciones. Aparte de esto, cada
una de dichas obras posee ciertas características especiales, algunas de las cuales se
describen a continuación: Palabras abiertas. Siguiendo las aclaraciones hechas por
el compilador de esta selección en la última parte del libro, se puede decir que los
representantes y los textos incluidos en esta muestra de narración oral colombiana se
inscriben más en la categoría de la narración oral escénica que en la de cuenteros
populares propiamente dichos; ya que los narradores reseñados, más que tomar de boca de
la gente las historias del pueblo, lo que hacen es recrear trabajos de investigadores o
autores literarios reconocidos, tales como Eduardo Galeano, Juan José Arreola y Jairo
Aníbal Niño, o inventar historias, haciendo, a su vez, la labor de autores literarios.
El libro, en general, contiene semblanzas, testimonios y recreaciones de seis
narradores orales: Nelly Pardo Sabogal, Luis Liévano Qimbay, Dora Triviño, Fernando
Rodríguez Roa Jénesis, Carlos Pachón R. e Iván Torres, siendo este
último, como ya se dijo, el compilador.
Aparte de las aclaraciones y los datos acerca de la situación del narrador oral
en Colombia registrados por Torres, y si descontamos la inclusión de algunos mitos y
leyendas de origen indígena en versiones de Dora Triviño y Luis Liévano Quimbay
que, como ya se ha dicho, fueron tomadas de trabajos de Eduardo Galeano y otros
investigadores, ninguno de los textos seleccionados constituyen muestras valiosas ni
auténticas de la tradición oral colombiana.
Cabría preguntarse, entonces, si el llamado movimiento de cuentería nacional,
que tanto ha sonado en los últimos años, puede catalogarse en realidad como tal o si
sólo se trata de una modalidad de teatro al aire libre, que se sirve de obras ya
escritas, en vez de alimentarse de las "mesmas entrañas de la tierra".
Mujeres y otros cuentos de riesgo. Seis historias trágicas conforman este
libro compilado por Celedonio Orjuela, en torno al tema de la prostitución. La famosa
pareja del amor y la muerte recorre las páginas que constituyen cada narración, en el
curso de aciagas aventuras, narradas en unos casos con cruel ironía (tal como ocurre en La
cama 29 de Guy de Maupassant o en Genoveva me espera siempre de Hernando
Téllez); en otros casos, de manera descarnada e imitando, en el propio lenguaje utilizado
por los narradores, el ambiente sórdido que envuelve a los personajes (es el caso de Una
mujer para la segunda madrugada de Germán Santamaría y de Josefina, atiende a los
señores de Guillermo Cabrera Infante) y, en otras ocasiones, con la sabiduría, la
compasión y la rara ternura de dos grandes conocedores del género humano: Gabriel
García Márquez y Juan Carlos Onetti, representados en la selección con los cuentos Maria
dos Prazeres y Las Mellizas, respectivamente.
Siempre ligada a la miseria, la enfermedad y la desgracia, en general, la
prostitución devela en estos relatos la fragilidad de la condición humana; pues, más
que el pavor hacia la muerte real, presente en Maria dos Prazeres, por ejemplo, es el
miedo a la soledad o el acoso de la necesidad lo que obliga a Irma, Genoveva, Josefina,
Marylin o a las mellizas a empeñar su dignidad y su vagina a los usuarios y usureros del
sexo:
"¿No ve? me dijo con resignación y lástima la segunda
Melliza. Lo que acabo de decir. Trabajar y cobrar. Porque el señor sabe que uno no
vive de lo que trabaja sino de lo que cobra. Es un negocio. Una cosa por otra, y si uno lo
hiciere gratis entonces sí es inmoral" (pág. 108).
Diana Umbra.
"Uno no puede inventar lo que le da la gana, porque corre el riesgo de decir
mentiras, y las mentiras son más graves en la literatura que en la vida real. Dentro de
la mayor arbitrariedad aparente, hay leyes. Uno puede quitarse la hoja de parra
racionalista, a condición de no caer en el caos, en el irracionalismo total..."
Gabriel García Márquez en El olor de la guayaba.
La literatura es un espacio para el juego y la libertad; pero para jugar hay que
cumplir unas reglas, y el exceso de libertad puede llevar al caos. Dice Alfonso Reyes, en
su ensayo Jacob o de la poesía, que el poeta debe ser esclavo de sus propias
cadenas, con lo cual quiere significar que el trabajo del literato ha de ser completamente
libre, autónomo, pero que si éste por sí mismo no posee un rigor del cual sólo él sea
un implacable vigía, tampoco podrá construir una obra relevante.
Es difícil, entonces, establecer el límite entre lo admisible y lo inadmisible
en la literatura. Y acaso ese límite sea más difícil de fijar tratándose de la
literatura infantil, género en el que, supuestamente, hay licencia para hacer que un
personaje vuele a bordo de una alfombra, un pegaso o una bicicleta.
El pegaso, sin embargo, tiene alas para volar; las alfombras, como tejidos que
son, aún guardan cierta levedad que las podría hacer flotar como una hoja en el aire. Y
de las bicicletas, ha dicho el cuentista mexicano Julio Torri que apenas permanecen sobre
la tierra suspendidas sobre los dos puntos de la rueda que tocan la superficie al girar.
En Diana Umbra, un niño le quita la cadena a su bicicleta, precisamente
lo que le da impulso para andar, y, sin embargo, sale volando con todo y ella por la
ventana de su cuarto, atraviesa la deteriorada atmósfera del planeta, llena de
"gases en polución", se acerca a la luna o a Aluna aludiendo a un mito
kogui, según una equivocación del autor y llega hasta Saturno, la vía láctea y
las constelaciones. Así, en una mezcla de fantasía, indigenismo y ecologismo barato, el
texto pretende demostrarnos habilidades literarias que, a mi entender, está lejos de
poseer.
El párrafo con que se cierra el libro: "La risa de Diana comunicó el
cosmos. Los luceros aparecieron para ver quien reía con tanta alegría y al verla,
prendieron todas las luces para hacer con las sombras de los agujeros negros, un
claroscuro amoroso, decorando la danza del beso de las estrellas con los planetas..."
es una estratagema literaria de sentido tan vano como las del famoso Feliciano de Silva,
que hicieron perder la razón al hidalgo de la Mancha, es decir, algo así como: "Los
altos cielos de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen
merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza...".
ANTONIO SILVERA ARENAS |