Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 45.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Biografía estética


Carlos Rojas
Textos de Carmen María Jaramillo y María Iovino Moscarella
Ediciones El Museo, con el apoyo del Banco de Bogotá, Santafé de Bogotá, 1995, 179 págs.


El Carlos Rojas que Carlos Rojas inventó en sus obras es el producto de una peregrinación física y estética. Carlos Rojas viajero espectador que participa del paisaje urbano y rural y se vale de lo abstracto para plasmar sensaciones, y Carlos Rojas artesano de las formas, de la línea, del color.

Las primeras vanguardias del siglo XX contribuyeron al concepto, que todavía hoy prevalece, sobre un internacionalismo de la sensibilidad en el arte. Después de la segunda guerra mundial, el centro de irradiación para esta "universalización del gusto" es sin duda Nueva York, epicentro del arte que se arraiga aun más con el minimalismo y el pop. Cuando Rojas llega allí en 1959 adquiere de estos dos movimientos influencias que determinarán su proceso de trabajo.

Después de haber realizado los primeros colages con los que explora y agota para sí mismo el concepto del cubismo, Rojas se dedica a pegar sobre las telas objetos como corsés y camisetas, que lo llevan a la figura humana, y con su serie "estructuras corporales", como él mismo la bautiza, interpreta el pop. Después vienen los homenajes a otros artistas, y con ellos aparece la geometría, con la que el pintor alcanza su madurez. Aquí Carlos Rojas es del todo él, y si bien antes ha plasmado en cada obra una fuerza que crece con el tiempo y un espíritu individual, propio, es en este momento donde queda clara su condición de gran pintor.

Robert Hughes dice, a propósito de una retrospectiva de Mondrian en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (1995), que, si bien los artistas pop y los minimalistas trazaron el camino, fue este inmigrante holandés quien dejó para el tiempo los iconos neoyorquinos.

Pues bien: en sus series "horizontes" y "cruzados", con la geometría de líneas y el color de estos cuadros, Carlos Rojas también dejó los suyos. Cuadros que reproducen el ruido y que más allá de su propio movimiento vital salen del marco captando al espectador en un efecto cinético, atrapándolo en un laberinto de geometría y color.

Iconos también son sus obras de las series "el dorado" y "mutantes" de los años setenta y ochenta respectivamente. Iconos de lo sagrado y de lo profano. En estas series, vistas hoy, bien puede decirse que el artista sigue rutas paralelas para viajar por la América de la sabiduría precolombina —el dorado— y la de la miseria social y económica de nuestros días —mutantes—. En la serie "el dorado", sus telas doradas, incandescentes y de textura rupestre son focos de proyección cargados de serenidad. Los ensamblajes de madera de la serie "mutantes", concebidos como cuadros de pared, son interiores de tugurios desoladores, cargados de crítica política, lo que contrasta con la serie anterior.

En la última serie presentada en el libro "por pintar", luego de un breve tránsito por "mater materia", el artista vuelve de nuevo a la geometría y, en sus homenajes a los amigos muertos, produce una gravedad que se devora a quien observe la tela.

Este volumen, publicado por Ediciones El Museo con el apoyo del Banco de Bogotá en sus ciento veinticinco años, es una biografía estética en la que forma y contenido son un lenguaje común, van de la mano en una retrospectiva de buenas obras que cuentan la trayectoria de un excelente artista.

En los textos, Carmen María Jaramillo presenta por capítulos la obra de Rojas. Hace el mismo recorrido cronológico con el que están presentadas las obras reproducidas, y cada capítulo conserva el título dado por el artista a cada una de sus series de trabajo: 1958, "la línea de la naturaleza"; 1959, "mujeres en faja" (de la serie "estructuras corporales"); 1960, "ingeniería de la visión"; 1962, "horizontes"; 1965, "cruzados"; 1971, "el dorado"; 1975, "mater materia"; 1985, "mutantes", y 1990, "por pintar". Después, presentado como una compilación realizada por la autora de los textos, es el artista mismo quien hace referencia a cada una de estas series, en el capítulo bautizado "Testimonio de una obra". Esta doble lectura, la visión especializada de una curadora de arte y el discurso del artista en primera persona permiten al lector abordar temas como contexto y contenido de las obras de Rojas. Contexto y contenido ligados por una lógica absolutamente racional. Toda la obra de Carlos Rojas responde a una posición del artista frente a la realidad cotidiana. Su discurso es una respuesta crítica a un período del siglo XX.

Carlos Rojas, volviendo al orden cronológico presentado por el libro, se dedica inicialmente al rigor de la línea y aprende a dibujar, se dedica al pincel y los colores y se convierte en pintor. Después va al colage y por último decide volverse abstracto. Es decir, pasa por todas las formas de representación plástica (al final es, además, escultor) y, en su tránsito por cada uno de estos períodos, el artista observa las tendencias pictóricas y escultóricas de su época y las reinterpreta con un lenguaje tan propio que permite descodificar también un mundo que lo rodea. Rojas no es intuitivo ni pasional; es reflexivo y crítico. Su obra está enmarcada por un contexto social, político, económico, y hace referencia a temas que, cada uno en su momento, fueron controvertidos y polémicos, yendo más allá de su simple cuestionamiento, involucrado, comprometido con ellos, lo que le permite viajar en el tiempo con una actualidad permanente, intemporal.

Bien puede Rojas, hoy, retornar a cualquiera de sus series anteriores y completarla con más obras. Ninguna forma parte de un ciclo que tenga un final determinado, y entre todas existe un tránsito que las enlaza como eslabones de una misma cadena.

El último capítulo del libro, en blanco y negro, muestra algunas de sus esculturas. Todas son volúmenes que salen de su obra pictórica. Sin duda, son la representación tridimensional de la misma geometría que presenta en sus cuadros.

Al final, María Iovino Moscarella presenta una cronología ilustrada con fotos del álbum familiar, de prensa y archivos, que recorre seis decenios de vida del artista.

JUAN SIERRA