| De la BLAA
Inauguración de la Biblioteca Banco de la República, Honda
Palabras del gerente general del Banco de la República, Miguel Urrutia Montoya,
en la inauguración de la Biblioteca del Banco en la ciudad de Honda, mayo 21 de 1998
En 1875, en una época en la que los habitantes de Honda hacían grandes
esfuerzos por impulsar el progreso material e intelectual de la ciudad, dos proyectos
simbolizaron estos afanes: la construcción del ferrocarril, que adelantaría unos años
después Francisco J. Cisneros, y la creación de una biblioteca pública, que pudo
lograrse antes. En febrero de ese año abrió sus puertas la Biblioteca de Instrucción
Mutua de Honda, con donaciones de libros hechas por algunos de sus habitantes notables,
como don José María Samper, don Nicolás Pereira Gamba y el señor Edwin N. Treffry,
quien fue su primer administrador.
Resulta significativo evocar al mismo tiempo el ferrocarril y la biblioteca, para
recordar cómo desde hace muchos años la gente de Honda vinculó el crecimiento
económico y el avance cultural. La misma visión mostró en 1921 el Club del Comercio,
cuando creó también, con nuevas donaciones, una biblioteca para la ciudad. Todo esto
hace que sea muy lógico, muy natural que el Banco de la República inaugure hoy una nueva
biblioteca, concebida con los más exigentes criterios de calidad, y con una vocación de
permanencia y duración que no lograron garantizar sus predecesoras.
La historia de Honda ha sido accidentada y difícil. Períodos de auge económico
han sido sucedidos por épocas de depresión, y no pocas catástrofes naturales la han
golpeado. La actividad comercial la hizo rica en la época colonial, pero había perdido
su impulso cuando la erupción del Ruiz la sacudió en 1805. El auge del tabaco de
Ambalema le dio una nueva vida, que se advierte en la descripción de don Salvador Camacho
Roldán, quien señaló que "ambas orillas del Gualí estaban cubiertas de
magníficas huertas y jardines, detrás de las cuales se levantaban magníficas casas
altas de azotea". Nuevos períodos de decadencia, provocados por la aparición de
rutas alternas de tráfico, afectaron la ciudad en las primeras décadas del siglo, pero
el auge cafetero volvió a animarla en los años veinte. Fue ese el contexto en el que se
vinculó el Banco de la República a la región, iniciando una asociación que tiene ya
casi 60 años y que seguirá muchos años más.
Inauguramos una biblioteca que se ha apoyado para su organización en la
experiencia del Banco en esta área. Las colecciones se han conformado cuidadosamente,
para que puedan atender los sectores estudiantiles, los profesionales, el público en
general. La sala infantil servirá para que allí se aficionen los niños a la lectura y
aprendan a disfrutarla, a hacer del libro una oportunidad de placer y crecimiento personal
y no de obligación tediosa. Colecciones de música y video completarán el material
bibliográfico, y los computadores servirán para ver el catálogo de las colecciones
bibliográficas del Banco en todo el país y para aprovechar la información que se
encuentra hoy en CD-ROM y en multimedios.
De acuerdo con los criterios actuales, la biblioteca espera ser un lugar amable,
abierto, sin restricciones ni controles innecesarios. Será una biblioteca abierta, donde
los usuarios pueden elegir sus libros después de ojearlos. Queremos que el horario se
ajuste a las necesidades de la población, para que esté abierta cuando los escolares y
trabajadores puedan visitarla. Y dentro de poco tiempo deberá organizar un sistema que
permita que parte de su colección, sobre todo aquellos libros que se disfrutan más en la
soledad o en la propia casa, como las obras literarias, puedan llevarse en préstamo. Creo
que esta concepción de una biblioteca amable, diseñada de acuerdo con los rasgos y
formas de ser de las gentes de Honda y con las bellezas de su paisaje, puede advertirse
alegremente en el diseño de la terraza y en el balcón: una biblioteca que pone hamacas
para sus lectores es probablemente única en el mundo. Desde este balcón, mirando al
Gualí y a Honda, podrán repetir los lectores la experiencia de ese hijo de Honda,
Alfonso López Pumarejo, quien afirmaba que aquí, en "ese emporio comercial con una
tradición secular se abrieron mis ojos asombrados a la inmensa realidad de nuestra patria
mulata, mestiza y tropical, contemplada desde aquel observatorio en la confluencia del
Magdalena y el Gualí, a donde venían a surtirse los comerciantes de los cuatro confines
del país".
Honda ya no puede hacer depender su progreso de las oportunidades que ofrezca una
localización comercial afortunada. El desarrollo de la región requerirá la
identificación continua de nuevas oportunidades, apoyadas en la producción agropecuaria
o en la actividad comercial, pero que serán esencialmente actividades de servicios. Sólo
el desarrollo de un sistema escolar eficiente puede garantizar que aquí se forme, para el
próximo siglo, una población educada, capaz de aprovechar los recursos regionales y de
ofrecer servicios complejos y de alto valor.
Por ello, al abrir esta biblioteca pensamos que será una parte esencial de la
dotación del sistema escolar local y un canal para mantener vinculada a Honda con el
mundo de la información. Las oportunidades culturales que puede ofrecer con sus
colecciones literarias o sobre el arte harán más rica y compleja la vida de la ciudad.
Pero el acceso a la información científica, a la ciencia contemporánea, puesto al
alcance de estudiantes de todas las edades y todos los niveles, de profesionales y
trabajadores de Honda, podrá convertirse en factor importante del desarrollo de esta
ciudad. Si logramos que esto sea así, estaremos satisfechos y sentiremos que seguimos las
huellas de quienes hace más de 120 años, en este mismo lugar, querían buscar un
progreso en el que el avance económico y el desarrollo cultural fueran de la mano.
No puedo concluir sin expresar mi reconocimiento a las personas que en esta
ciudad contribuyeron a la concepción y desarrollo de este feliz proyecto. Los
funcionarios locales del Banco de la República encabezados por su gerente, Carlos Alberto
Barreto, la Cámara de Comercio y tantas otras entidades y personas que participaron en
este proceso, dieron un ejemplo de colaboración que debe continuar. El personal de la
Biblioteca Luis Ángel Arango, bajo la guía de su directora técnica Elsa Martínez,
ofreció su experiencia para lograr un resultado que nos complace a todos.
Como expresión de la voluntad del Banco de la República de mantener una amplia
presencia en Honda, declaro inaugurada la Biblioteca del Banco de la República de Honda
Muchas gracias |