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El
Central Colombia.
Inicios de industrialización en el Caribe colombiano
MARÍA TERESA RIPOLL DE LEMAITRE
Fototeca Histórica de Cartagena
Trabajo fotográfico: Alberto Sierra Restrepo
INDICE
Introducción
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La formación del capital
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Las bonanzas de exportación ganadera,
1880-1906
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Carestías y barreras arancelarias
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Los
empresarios Carlos y Fernando Vélez Daníes y su época
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El
tránsito al siglo XX
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Actividad
pública
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Diversidad en sus inversiones
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El
Central Colombia
-
Noticias
del ingenio
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El Central Colombia y Manuelita, industrias
pioneras
-
Capacidad
fabril
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El
transporte
-
Producción
-
Cultivos y rendimientos de la caña
-
Los precios del azúcar
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Principio
del fin
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Epílogo con reflexiones
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Opiniones acerca del Central Colombia
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Indice
Cronológico
INTRODUCCIÓN
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Logosímbolo del ingenio Central
Colombia
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Cartagena inició su vida
republicana en la total indigencia. Su decaimiento económico no había sido motivado
sólo por la feroz Reconquista española: en vísperas de la Independencia el prior del
Real Consulado de Comercio, José Ignacio de Pombo, se quejaba, entre otras calamidades,
de los grandes perjuicios que había ocasionado a la provincia de Cartagena el mal
gobierno, en especial los monopolios estatales, conservados injustamente en el Virreinato
de la Nueva Granada; "el bárbaro, impolítico y antisocial estanco", que
había desestimulado la agricultura y fomentado el contrabando 1.
Devastada durante las guerras de Independencia, su población había descendido
constantemente desde entonces; el censo de 1881-1882 nos muestra que Cartagena contaba tan
sólo con 9.681 habitantes, un poco más de la mitad de la población registrada en 1851 2. La depresión económica y política fue especialmente visible
en Cartagena a partir de 1840, cuando el puerto se vio desplazado por Santa Marta como
ruta principal del comercio exterior colombiano, y en la medida en que la región perdió
representación política ante el gobierno central. Las rivalidades que despertaba su
herencia colonial agudizaron el conflicto político entre Cartagena y las provincias
costeñas. Los gobiernos federales durante la segunda mitad del siglo no fueron los más
favorables para el desarrollo de la Costa Caribe, más pobre en recursos financieros y
humanos que otras regiones del país 3.
Los cambios comenzaron a insinuarse
lentamente durante el periplo político de Rafael Núñez. Entre los años 1879 y 1888, el
Canal del Dique, que hacía posible la conexión del puerto con el río Magdalena, había
permanecido apto para la navegación; para 1886 cuatro empresas, con un total de siete
vapores, hacían este tránsito comercial, incrementando el comercio de la ciudad 4. Los ingresos aduaneros de Cartagena se vieron triplicados entre
1882 y 1887, como consecuencia de esta apertura del Canal 5,
aunque ya para entonces el puerto había perdido su liderazgo en la Costa Caribe
colombiana. En el primer decenio del presente siglo, de las seis compañías de
navegación que operaban en esta costa, cinco tenían su sede en Barranquilla y una en
Cartagena 6. La vecina ciudad de Barranquilla terminó por
imponerse a la ruta de Cartagena, al inaugurarse en 1893 el muelle de Puerto Colombia, que
la capacitaba para recibir cuatro embarcaciones a un mismo tiempo; a la vuelta del siglo
entraba y salía por Barranquilla el sesenta por ciento del comercio exterior colombiano 7. Un censo local levantado en 1907 arrojaba un total de 23.718
habitantes para Cartagena y sus inmediaciones; para esa fecha, Barranquilla había
superado los 40.000 habitantes 8.
Las industrias con que contaba Cartagena
al finalizar el siglo XIX eran establecimientos semifabriles, en los que se hacía un uso
intensivo de mano de obra no calificada, se utilizaba mayormente materia prima importada y
se combinaba la tecnología del vapor con la moderna del petróleo 9.
Eran parecidas a muchas otras fábricas que se crearon para el mismo período en otras
ciudades colombianas, en lo artesanal de su producción y en su diversidad: por ejemplo,
en el Callejón de Gastelbondo funcionaba desde 1888 un establecimiento que producía
chocolates, bujías esteáricas (velas) y muebles; otro en Getsemaní fabricaba hielo y
gaseosas (1883); la fábrica de cigarrillos (1899) funcionaba en los pisos bajos de la
casa de habitación de su dueño. Se destacaba entre estos establecimientos la Fábrica de
Hilados y Tejidos Merlano, fundada en 1892 por miembros de la familia de dicho apellido
(de amplia experiencia en el comercio de importación y exportación), y que fuera
avaluada en 1899 en 24.000 libras esterlinas y empleaba ciento sesenta operarios. También
se destacaba la fábrica de materiales para la construcción El Progreso, creada en 1898
por Carlos y Fernando Vélez Daníes, y que contaba con un instructor español, más de
treinta operarios y maquinaria alemana importada 10.
En el primer decenio del siglo XX, en
1907, los cartageneros serían testigos del establecimiento de dos nuevas industrias
creadas con capital enteramente colombiano: la Cartagena Oil Refining Company, primera
refinería de petróleo que funcionó en el país, creada por Diego Martínez Camargo e
inversionistas cartageneros y sinuanos, y un ingenio azucarero conocido popularmente como
el ingenio de Sincerín. En 1910, la Cartagena Oil Refining Co. contaba con un capital que
ascendía a 253.000 pesos oro, y una capacidad de refinación de cuatrocientos barriles de
crudo diarios. Su producción de queroseno permitió sustituir totalmente las
importaciones de este derivado en el país 11. El ingenio se
comenzó a instalar en 1907, distante cincuenta kilómetros de Cartagena, en las
inmediaciones de la población de Sincerín, a orillas del canal del dique, y fue llamado
el Central Colombia. El capital inicial invertido fue de un millón de pesos oro, y
produciría a partir de 1909 azúcar refinado con calidad de exportación, abaratando en
una tercera parte los precios del azúcar en el interior del país. Estas dos empresas
fueron posibles gracias a la acumulación de capital que produjo a sus gestores, Diego
Martínez Camargo y los hermanos Carlos y Fernando Vélez Daníes, las exportaciones de
ganado en pie durante los dos últimos decenios del siglo XIX.
Considerando la poca producción de
estudios sobre industrias y empresarios en el Caribe colombiano, en el presente trabajo me
he interesado por investigar sobre la existencia de ese esfuerzo de modernización que
significó el ingenio Central Colombia. En una primera parte he señalado la importancia
que tuvo la ganadería en la formación del capital necesario para este desarrollo en la
región. A continuación he elaborado un perfil social de sus fundadores, los hermanos
Carlos y Fernando Vélez Daníes. Mi trabajo se ha extendido en la descripción de ese
intento de industrialización que fue el Central Colombia en un país deprimido
económicamente, identificando las circunstancias políticas que lo hicieron posible,
describiendo su capacidad fabril y el impacto que su producción generó en los precios
nacionales del azúcar. Aspiro de esta manera a enriquecer el conocimiento de nuestra
historia regional y su relación con la historia colombiana.
LA
FORMACIÓN DEL CAPITAL
Las bonanzas de exportación
ganaderas, 1880-1906
Historiadores como Luis Ospina Vásquez y
José Antonio Ocampo han estado de acuerdo al afirmar que la expansión de la ganadería
en Colombia, durante la segunda mitad del siglo XIX, fue el acontecimiento económico más
importante del país, antes que la expansión cafetera, como proceso generador de capital 12. Eduardo Posada Carbó, en su reciente estudio sobre la Costa
Caribe colombiana 13, nos ha expuesto cómo para finales del
siglo XIX no quedaba duda acerca de la importancia que tenía la industria pecuaria en el
antiguo departamento de Bolívar. Sus estimativos son de más de un millón de cabezas de
ganado vacuno para principios de siglo, duplicándose para 1920 (35% de la población
vacuna de todo el país), para alcanzar los cuatro millones de cabezas en 1940. El censo
ganadero elaborado en 1934 arroja un total de un millón ochocientas mil cabezas de ganado
en el departamento de Bolívar, representando el 22% de la población pecuaria nacional 14.
La industria pecuaria del antiguo
Bolívar se vio fuertemente estimulada por varios períodos de bonanzas exportadoras,
causados por coyunturas externas sucedidas entre 1880 y 1945, que los ganaderos de esta
región supieron aprovechar gracias al aumento de la población bovina que había
experimentado durante la segunda mitad del siglo XIX 15. Una
primera bonanza de exportación ganadera se experimentó hacia 1880 dirigida a Cuba, en
donde había finalizado la guerra de los Diez Años. El ganadero y general Francisco
Burgos Rubio afirmaba que entre octubre de 1880 y junio de 1881 se habían exportado a
Cuba desde el Sinú algo más de nueve mil novillos, negocio que, según él, había sido
iniciado por los SS. Bokleman y Puente, vecinos de Momil, lugar de tránsito de los
ganados hacia la bahía de Cispatá 16.
Esta exportación, menor por Cartagena
que por Barranquilla, es visible en el cuadro 1, en el que observamos los valores de los
principales artículos exportados por Cartagena entre 1879 y 1881. Las reses pasan de ser
el cuarto valor exportado por Cartagena en 1879 al segundo lugar en 1880, y al primer
lugar en 1881. Igualmente, observamos una reactivación de la exportación de ganado en
pie entre 1886 y 1887, esta vez hacia Panamá, motivada por la demanda de carne que
produjeron los trabajos de la Compañía del Canal Interoceánico, que cesó sus labores
en 1888.
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CUADRO 1.
Valores exportados por Cartagena, 1879-1881 y 1886-1887 cifras en miles de pesos).
Fuente: El Porvenir, 15 de enero de 1882, 30 de
enero de 1887 y 22 de enero de 1888.
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Casa de una
colonia del ingenio.
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La segunda bonanza de exportación
de ganado en pie, de mayor magnitud, ocurrió entre 1898 y 1906, hacia Cuba, y fue
motivada por la demanda que la guerra de Independencia Hispano-Cubana había producido,
así como por la oportunidad que representó para los ganaderos costeños esta
exportación, al ahorrarse las pérdidas que en los hatos produjo la guerra de los Mil
Días. En carta al gobernador de la provincia de Cartagena, el general Burgos se quejaba,
años más tarde, de que no se le hubiese reconocido lo suficiente su labor de
pacificación en el sur de Bolívar, durante la guerra de los Mil Días, labor que, según
él, había beneficiado a los exportadores de ganado, que habían podido comprar novillos
muy baratos y hacer buenas ganancias embarcándolos para Cuba desde la bahía de Cispatá:
"Conozco el caso de uno que compró cabezas de ganado a tres y cuatro pesos para
venderlas poco después para Cuba a treinta pesos" 17. El
cónsul colombiano en La Habana, Ricardo Gutiérrez Lee, informaba desde la isla que,
durante los años que duró la guerra de los Mil Días (1899-1902), se habían importado a
Cuba desde las haciendas bolivarenses más de trescientas mil reses, representando ello un
movimiento de cerca de diez millones de pesos a favor de la empresa ganadera del
departamento de Bolívar 18. Un cálculo parecido es el que ha
hecho el historiador José Antonio Ocampo, para quien entre 1898 y 1906 se habían
embarcado desde Cartagena y Barranquilla un total de 400.000 reses, por un valor de unos
nueve millones de pesos oro (véase cuadro 2), lo cual era una considerable cantidad de
dinero en esa época 19. Para el historiador Eduardo Posada,
los estimativos del volumen de reses exportadas hacia Cuba entre 1898 y 1906 son entre
400.000 y 1.300.000 reses 20. Durante la guerra de los Mil
Días, estas exportaciones desde Cartagena disminuyeron un poco, para alcanzar su máxima
cifra una vez finalizada la guerra, cuando en 1905 se exportaron por Cartagena 87.000
cabezas de ganado. En 1906, las exportaciones se redujeron a la mitad, siendo 41.400 las
reses exportadas por Cartagena, y al año siguiente ya no fue significativa su
exportación. La segunda bonanza ganadera había terminado.
Un ganadero sincelejano anónimo
escribía una carta en 1906, en El Porvenir, sobre los beneficios que habían traído al
país las bonanzas exportadoras de ganado en pie hacia Cuba, diciendo que
había conseguido moralizar el negocio
sobre la base de ventas de contado, no conseguido en épocas anteriores de plétora, de
dolorosa recordación para nuestros antepasados [...] Los ganaderos tenemos oro que
ofrecer al comercio importador a cambio de lo que compramos para nuestro consumo,
ofreciéndole nuestro sobrante en cotización con el papel moneda con el cual damos a
éste mayor confianza y crédito; que siendo así la cría de ganado negocio de seguro
rendimiento, el entusiasmo para su mayor ensanche es consiguiente; las fluctuaciones
ruinosas del papel moneda son más seguras a medida que el oro escasea, y éstas se evitan
justamente con la mayor cantidad que al mercado ofrezcamos debido a la regularidad y
constancia del negocio con el exterior de donde traemos ese oro a cambio del producto de
nuestra industria, y en suma, como final natural y lógico, disfrutamos de un bienestar al
que tenemos legítimo derecho en nuestra condición de hombres entregados al trabajo
21
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CUADRO 2.
Exportación ganadera, 1879-1906.
Fuente:
José Antonio Ocampo, Colombia y la economía mundial, Bogotá, Siglo XXI, 1984,
pág. 374
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Los primeros y más
fuertes exportadores de ganado hacia Cuba, desde Cartagena, según el citado ganadero,
eran los hermanos Carlos y Fernando Vélez Daníes, así como Diego Martínez Camargo y
Bartolomé Martínez Bossio lo eran desde el puerto de Cispatá, y Ramón Santo Domingo y
José Fuenmayor por Barranquilla. La casa comercial Vélez Daníes & Cía. había
exportado anteriormente ganados a Colón, Curazao, Venezuela, Trinidad y Jamaica, y
"están en este negocio en condiciones más ventajosas que cualquier otra persona en
el departamento" 22. En 1898, Fernando Vélez Daníes se
fue a vivir a La Habana con su esposa, Helena Pombo Montes, y sus tres pequeños hijos; en
tierras propias y alquiladas en la isla, mantenía en pastaje unas sesenta mil reses
destinadas a ese mercado 23.
La casa comercial Diego Martínez y
Cía., por su parte, se anunciaba en El Porvenir en 1902 como "comisionistas
importadores y exportadores en bestias y ganado", con sucursales en Campanito, San
Carlos, Cereté, Lorica y Cartagena. En 1905 tenían sucursal en La Habana y eran,
además, agentes de la compañía de vapores The Leyland Line 24.
En 1918, Diego Martínez y Cía. celebró un contrato con el departamento para suministrar
anualmente cuarenta y cuatro mil cabezas de ganado a la zona del Canal de Panamá. Para
entonces, Diego Martínez Recuero calculaba en un millón quinientas mil el número de
cabezas de ganado existentes en Bolívar 25. Las bonanzas de
exportación de ganado en pie fueron las principales responsables de la generación del
capital con el cual se formaron las primeras instituciones bancarias en Cartagena entre
1873 y 1925 26. Pasada la Primera Guerra Mundial, se fundó en
Cartagena la compañía ganadera The Colombian Products Co., con estatutos incorporados a
las leyes de Nueva Jersey, domicilio legal en esta ciudad y un capital inicial de tres
millones de pesos, con la intención de montar un frigorífico de carnes que se conoció
como el "Packing House de Coveñas", proyecto que finalmente fracasó, y en el
que fueron sus principales accionistas Vélez Daníes & Co., Diego Martínez e hijos,
Julián Patrón Airiarte, otro empresario ganadero oriundo de Tolú y la firma
norteamericana The International Products Co. 27.
Carestía y barreras arancelarias
La desvalorización de la moneda en
nuestro país, agravada durante la guerra de los Mil Días, sumada a las exportaciones de
ganado, encarecieron vertiginosamente el valor de la carne en la canasta familiar, de lo
que existen constantes quejas en El Porvenir. Uno de sus asiduos columnistas se refería
al alza permanente de la carne recordando irónicamente que era uno de los pecados
capitales: "[...] los enemigos del alma están pues por las alturas, porque no hay
por donde coger a la Carne y al Mundo [...] Sólo el Demonio está por los suelos y no hay
quien lo quiera". Esta carestía, sentida también en el interior del país, cuyos
mercados se abastecían en gran parte con ganados costeños, obligó al gobierno a ponerle
contención a la exportación de ganados que se hacía desde sus principales puertos.
Entre los años 1902-1905, el gobierno
expidió no menos de diez decretos gravando y desgravando la exportación de ganado en pie
28. No había finalizado aún la guerra de los Mil Días
cuando, el 8 de enero de 1902, el jefe civil y militar de Bolívar, Joaquín F. Vélez
(tío de los Vélez Daníes), decretó una contribución forzosa de 200 novillos
"gordos" anuales a aquellos liberales "desafectos" al régimen
conservador, para el mantenimiento de la tropa acantonada en Cartagena. Dos meses más
tarde prohibía a los liberales la venta de ganado mayor, tanto a nacionales como a
extranjeros, so pena de multa igual a las reses confiscadas. A partir de marzo de 1903, el
presidente José M. Marroquín decretó un impuesto a la exportación de ganado de 12
pesos oro por cabeza, gravamen que sería modificado a 5 pesos oro por cabeza de res macho
y 10 pesos oro por cabeza de res hembra exportados.
Estas barreras arancelarias motivaron la
airada protesta de ganaderos bolivarenses. Cuarenta y un ganaderos del Sinú enviaron una
extensa carta al gobernador de la provincia, temiendo por su ruina 29.
El exgobernador Luis E. Patrón, en carta al presidente Marroquín, manifestaba su
inconformismo al considerar excesivo el gravamen impuesto
[...] pues no es posible que un
artículo pague el 25% de gravamen como el que se ha fijado al ganado cuyo precio
corriente es de $ 20 pesos oro por cabeza mayor, cuando puede reembolsarse de los
consumidores en el exterior [...]
30
.
El senador y general Dionisio Jiménez,
en enérgica carta de protesta al gobierno, se quejaba por tratar al departamento de
Bolívar como "la oveja negra" de la economía nacional, por lo injusto y
discriminatorio del gravamen dictado, puesto que "sobre la riqueza pública de
Bolívar se recarga parte considerable de lo que cuesta la amortización de los billetes
de curso forzoso, ya que los productos de exportación de los demás Departamentos no han
sido gravados". Y agrega:
Todo el mundo sabe aquí que la
respetable casa de los hermanos Vélez Daníes & Cía. de esta ciudad ha sido la más
activa y la que más oro ha traído al país procedente de las exportaciones de ganados, y
también saben que la expresada casa para poder continuar sus negocios en ese ramo, en la
Isla de Cuba, ha tenido que comprarlos últimamente en Méjico, Honduras y Venezuela, por
ser improductiva la exportación de Colombia a causa del funesto y absurdo gravamen
31
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El ingenio
Central Colombia, Sincerín, 1909-1953.
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Finalmente, en marzo de 1904,
siendo aún presidente José M. Marroquín, se redujo este gravamen a 2 pesos oro por
cabeza de ganado macho y 5 pesos oro por cada hembra, lo que no impidió que las más
altas cifras de exportación de ganado en pie hacia Cuba se dieran al año siguiente, como
hemos visto registrado en el cuadro 2. A partir de 1906, la exportación de ganado
comenzó a declinar debido a disturbios políticos en la isla y al establecimiento de un
nuevo impuesto de exportación en Colombia. En el mes de agosto de 1906, siendo presidente
Rafael Reyes y ministro de Hacienda y Tesoro Tobías Valenzuela, el gobierno expidió el
decreto 950, por medio del cual se gravó la exportación del ganado vacuno macho con 3
pesos oro, con el objeto de "fomentar el cultivo de la caña y la fabricación del
azúcar en la mencionada Costa Atlántica" 32. Un mes
antes, el 31 de julio de 1906, el gobierno del general Rafael Reyes se había
comprometido, en contrato firmado con Vélez Daníes & Cía., a otorgar un subsidio
para la constitución de un ingenio azucarero en la vecindad de la población de
Sincerín, subsidio que sería pagadero con el producto bruto procedente de los impuestos
sobre la exportación de ganados, negocio en el que, como hemos visto, esta casa comercial
cartagenera participaba activamente 33.
LOS EMPRESARIOS
CARLOS Y FERNANDO VÉLEZ DANÍES Y SU ÉPOCA
El tránsito al siglo XX
Los hermanos Carlos y Fernando Vélez
Daníes pertenecieron a esa generación de colombianos que se encontraban en la madurez de
su vida con el cambio de siglo. De familia cartagenera por el lado paterno, habían nacido
en Riohacha, en el hogar formado por Dionisio Vélez Méndez (Cartagena, 1819-1883?) y
Margarita Daníes Kennedy 34. La niñez de los hermanos Vélez
Daníes debió transcurrir entre Riohacha y la hacienda que el abuelo Nicolás Daníes
tenía en Dibulla 35, antigua provincia de Riohacha y para
1876 provincia de Padilla (Magdalena). En esta hacienda, de 16 leguas cuadradas de
extensión situadas al pie de la Sierra Nevada y a corta distancia del mar, el abuelo
Daníes tenía un trapiche con dos alambiques, movido por dos máquinas de vapor inglesas.
Parece que no tuvo mucho éxito con este trapiche, puesto que en 1876 lo anuncia en venta;
así lo reconocerá Carlos Vélez D. al emprender, treinta años más tarde, la creación
del Central Colombia, anunciando que lo llevará a cabo "a pesar de tener el
precedente fatal del fracaso anterior de empresas semejantes, entre otras la de la
hacienda de Dibulla, donde mi abuelo perdió trescientos mil dollars" 36.
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Carlos Vélez Daníes,
Riohacha 1859-Cartagena 1923 (Tomado de: Álbum de Cartagena de Indias: 20 de enero
1533-20 de enero de 1933, imprenta Girard, París, 1927).
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Los hermanos Carlos y Fernando,
habiendo quedado huérfanos de madre, siendo aún adolescentes fueron enviados a terminar
sus estudios en la Academia Militar de Sandhurst, en Inglaterra 37.
El regreso a Cartagena debió de ocurrir en los primeros años de la década de 1880,
puesto que para 1883, estando todavía solteros y viuda su hermana Margarita, decidieron
formar los tres la sociedad comercial Vélez Daníes & Cía 38.
Para 1886 ambos hermanos han contraído matrimonio, Carlos con Catalina Torres Hoyos, y
Fernando con Helena Pombo Montes, ambas pertenecientes a familias de Cartagena.
A pesar de su aparente inmovilidad
económica y social, y del liderazgo portuario de Barranquilla, Cartagena, para la década
de 1880, continuaba siendo el principal centro político y cultural de la Costa. Para esos
años en que los Vélez Daníes regresaron, Cartagena era una ciudad con diez iglesias,
dos hospitales, veinte establecimientos de educación, un periódico, El Porvenir, desde
donde editorializaba Rafael Núñez, dos semanarios, y con la única universidad
(Universidad del Magdalena e Istmo, hoy Universidad de Cartagena) con que contó la
región hasta bien entrado el presente siglo. En 1890 abrió sus puertas el Instituto
Musical, dirigido por el italiano Lorenzo Margotini, y más adelante la Escuela de Bellas
Artes, en la que eran profesores reconocidos pintores, como Epifanio Garay. En 1891
Fernando Vélez D., en compañía de un grupo de caballeros, fundó el Club Cartagena,
"a la usanza de los clubes existentes en Inglaterra", y ocupó su presidencia
por cuatro años consecutivos 39. El poeta bogotano José
Asunción Silva, a su paso por Cartagena en 1894, quedaría gratamente sorprendido por la
cultura de su elite, al tanto de las tendencias literarias del momento; su famoso Nocturno
se conoció por primera vez en la revistilla literaria cartagenera Lectura para Todos. El
poeta local más relevante, Luis Carlos López, describiría en sus versos a una sociedad
provinciana, apegada a viejas tradiciones coloniales, dejándonos un cuadro vivo de la
ciudad y del talante de sus habitantes.
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Fernando Vélez Daníes,
Riohacha 1862-Cartagena 1938 (Tomado de: Álbum de Cartagena de Indias: 20 de enero de
1533-20 de enero de 1933, Imprenta Girard, París, 1927).
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Esta antigua ciudad abaluartada,
habitualmente silenciosa, que moría durante la canícula solar de la siesta del
mediodía, era una ciudad en donde poco sucedía para distraer el tedio, fuera de la
llegada, una o dos veces al año, de un espectáculo musical de tercera categoría que
colmaba el Teatro Mainero y se constituía en acontecimiento social, o de una que otra
velada de piano y recital con el objeto de recoger fondos para obras pías. Sus calles y
plazas se encontraban aún sin adoquinar al comenzar el siglo XX, y un ineficiente
servicio de alumbrado eléctrico nocturno, con frecuentes interrupciones, obligaba a sus
usuarios a mantener siempre a mano una bujía. La construcción del acueducto, proyectado
con los arroyos de Turbaco, había sido contratada en 1905 entre el gobernador Henrique L.
Román y la Cartagena Water Works 40. El general Dionisio
Jiménez había adquirido para entonces parte de la isla de Manga, promocionando la
primera urbanización extramuros con servicio de acueducto e inmensos lotes en donde poder
cultivar hortalizas y frutales 41. El transporte público
consistía en un ómnibus tirado por mulas que hacía viajes entre Cabrero, Getsemaní y
la Plaza de los Coches, en donde aguardaban otros tantos coches de alquiler de un caballo,
responsables del perenne olor a boñiga de sus callejuelas. Dos automóviles
intranquilizaban entonces a los peatones, y su excesiva velocidad llevaba a filosofar a un
cronista de la página social de El Porvenir: "La tendencia del siglo es que todo lo
rápido se acentúa" 42.
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Mapa de la
costa que comprende los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico, y
Magdalena (Tomado de: Nueva enciclopedia de Colombia, Círculo de Lectores,
Santafé de Bogotá, 1995).
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La situación general del país al
comenzar el siglo XX no era muy alentadora. Al presidente José Manuel Marroquín
(1899-1904), ese "hidalgo campesino" 43
que
nunca salió de la sabana de Bogotá, le había tocado sortear la compleja situación de
la pérdida de Panamá (1903), así como la más desastrosa guerra civil en las que se vio
envuelto el país durante el siglo pasado: la guerra de los Mil Días, larga y
devastadora, dejó un saldo de pérdida de vidas humanas de entre ochenta mil y cien mil
personas; es decir, el 2,5% de la población total del país, que entonces se estimaba en
cuatro millones 44. La guerra de los Mil Días y la pérdida
de Panamá fueron eventos que propiciaron un cambio en las prioridades políticas que
hasta entonces habían dominado en nuestro país, sentimiento expresado en escritores
contemporáneos como Baldomero Sanín Cano, Rafael Uribe Uribe y Rafael Reyes, para
quienes en ese momento la necesidad fundamental para alcanzar el anhelado progreso era
mantener la paz y propiciar el desarrollo económico del país.
Le correspondería al nuevo gobierno del
general Rafael Reyes que se inició el 7 de agosto de 1904, reconstruir la economía. En
su mensaje inaugural, el día de su posesión de la primera magistratura del país, Rafael
Reyes planteó ante el Congreso colombiano la nueva divisa que proponía para su
recuperación: "Menos política y más administración" 45.
El gobierno del general Rafael Reyes (1904-1909) ha sido analizado por varios
historiadores económicos como aquel período en el que se experimentó en nuestro país
una sensible "transición al crecimiento económico", y en el que se inauguró
un nuevo espíritu de empresa fomentado desde la Presidencia 46.
Fijó el tipo de cambio al 10.000% y estableció el peso oro como unidad monetaria, como
medidas iniciales para confrontar la depreciación de la moneda sufrida durante los
últimos decenios. Acentuó el proteccionismo industrial iniciado en la era de Núñez, y
ofreció todo tipo de estímulos a aquellos empresarios que se aventuraran en la creación
de industrias. Sería después de 1905 cuando se vería la aparición de industrias de
alguna envergadura en el país, así como el fomento de la refinación del petróleo y la
creación de nuevos ingenios de azúcar, el comienzo de la fabricación de cemento y la
consolidación de la industria textil, que surgirían al mismo tiempo que la
electrificación y los servicios públicos en las principales ciudades.
Actividad
pública
Carlos y Fernando Vélez, como muchos
incipientes empresarios colombianos de esa época, vieron llegar con buenos ojos la
administración propuesta por Rafael Reyes, a este país en el que hasta entonces habían
predominado los abogados y los literatos en los cargos administrativos. Carlos formó
parte, desde 1904, del directorio reyista que trabajó en Bolívar por el éxito de la
candidatura de Reyes a la presidencia, aún siendo su contendor político su tío Joaquín
F. Vélez. Amigo personal del general Reyes, Carlos se identificaba plenamente con su
programa de gobierno, como lo muestra un telegrama que le envió con motivo de su
candidatura:
Su telegrama del día ocho es todo un
programa: Menos política y mas administración; es decir, basta ya de latines y de
idealismos y ocupémonos en desarrollar nuestras grandes riquezas. Agricultura,
inmigración, caminos, trabajo, paz y concordia, es lo que pide Colombia, y lo que sus
viejos amigos esperan de Ud. Salúdolo, amigo, Carlos Vélez Daníes
47
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Sin participar directamente en política,
la injerencia de Carlos Vélez D. en la actividad pública de la ciudad fue destacada:
habiendo asumido la presidencia José Manuel Marroquín, le es ofrecida la gobernación de
Bolívar a Carlos, descrito en la prensa como "hombre que goza de generales
simpatías, por sus ideas progresistas, por su espíritu práctico, por su carácter
democrático y benévolo y por su honorabilidad indisputable" 48.
No aceptó. El único cargo público que desempeñaría durante su vida sería el de
comandante general de la segunda división de la plaza durante la guerra de los Mil Días;
sin embargo, la casa comercial Vélez Daníes & Cía. fue una continua benefactora de
obras cívicas que beneficiaron a la ciudad y sus habitantes: en 1899 su fábrica de
materiales para la construcción El Progreso abrió "crédito ilimitado" al
municipio para continuar los trabajos del edificio del Mercado Público que se construyó
sobre el derruido baluarte Barahona, en el barrio de Getsemaní. En 1902 fue responsable
de la más alta donación para la refacción del Camellón de los Mártires. En 1904, en
compañía de la casa de comercio de Diego Martínez Camargo y de Juan B. Mainero y
Trucco, fundaron el Hospital Camacho, antecedente de la Clínica de Leones, en donde se
atendería gratuitamente y por muchos años a enfermos de la vista de escasos recursos.
Ese mismo año Carlos Vélez regaló los toros para la corrida que se presentó en la
ciudad; aficionados a la fiesta brava y a la riña de gallos, los Vélez Daníes
construyeron las dos primeras plazas de toros con que contó la afición cartagenera, y
una gallera, que sería instalada en Getsemaní, en la calle del Espíritu Santo, en donde
se harían famosos los gallos de la veta "Velera". La iglesia construida en el
barrio de Manga fue costeada casi en su totalidad por Vélez Daníes & Cía. 49.
Diversidad
en sus inversiones
Una de las características notorias de
estos empresarios de finales del siglo en Cartagena era la diversificación de sus
inversiones y sus oficios 50. A partir de la década de los
ochenta, Vélez Daníes & Cía. inició la compra de tierras que los afianzaría como
ganaderos y posteriormente como empresarios azucareros en los primeros lustros de este
siglo: en 1888 adquirieron el potrero llamado El Bajo Miranda, situado en el municipio de
Turbaco. El precio pagado a Rafael del Castillo fue de seis mil pesos oro 51. En 1898 compraron la primera porción de la hacienda San
Agustín de Sincerín, adquiriendo los terrenos restantes de esta hacienda cuatro años
más tarde, por un total de 27.300 pesos 52. Fue en esta
hacienda de siete mil novecientas hectáreas de extensión situadas en el margen izquierdo
del Canal del Dique, en donde montarían unos años más tarde el ingenio azucarero. Una
de las inversiones preferidas de los Vélez Daníes parece que fue la compra de tierras,
pues en 1913 adquirieron otra hacienda, San Antonio de Aguas Vivas, en jurisdicción de
los municipios de Turbaco y Arjona, por la que pagaron la suma de 31.000 pesos oro 53; desaparecido Carlos, en 1923, Fernando continuaría
adquiriendo tierras en el Sinú durante la década de los treinta.
Vélez Daníes & Cía. participó
como accionista en casi todas las industrias y asociaciones comerciales que surgieron en
ese período. Crearon en 1898 la más moderna fábrica de materiales para la construcción
(El Progreso), fueron accionistas de la Cartagena Oil Refining Co. (1907) y de la fallida
Industria de Extractos Tánicos, que se ensayó crear con base en la explotación del
mangle. Fundaron e instalaron en Manga la Cervecería de Cartagena, con ciento veinte
operarios 54. Tomaron parte en la creación de la Cámara de
Comercio de Cartagena, fundada el 18 de julio de 1915, y también se hicieron fuertes
accionistas de la compañía The Colombia Products, constituida con un 50% de capital
colombiano y un 50% de capital norteamericano.
Los Vélez Daníes también tomaron parte
activa en la creación de las primeras entidades bancarias surgidas en Cartagena entre
1880-1920. Fueron los mayores accionistas del Banco Popular de Bolívar en 1883, al poseer
el 38,9% del total de sus acciones 55. En 1906 Vélez Daníes
& Cía. tomó parte en el contrato celebrado con el Banco Central de Colombia para el
establecimiento del Banco Agrícola de Emisión, que contó con un capital inicial de
300.000 pesos oro 56. En 1907 constituyeron la Compañía
Internacional de Préstamos y Construcciones, con un capital inicial de 200.000 pesos oro,
y en la cual Vélez Daníes & Cía. poseía cincuenta acciones 57.
Tuvieron una fuerte participación en la creación del segundo Banco de Bolívar, en 1907 58.
El seis de enero de 1906 Carlos Vélez es
despedido en la página social de El Porvenir con motivo de su viaje a La Habana.
Permanecería allí por espacio de dos meses, en compañía de Fernando, que, como hemos
dicho antes, vivía en Cuba, para regresar a Cartagena a fines de febrero en compañía
del ingeniero cubano Luis Bacallado; venían con el decidido propósito de estudiar si las
tierras de San Agustín de Sincerín eran adecuadas para montar un ingenio azucarero de la
magnitud de los mejores ingenios cubanos.
Cuba, a la que eran tan afectos los
Vélez Daníes, y a la que, al igual que otros ganaderos bolivarenses, estaban ligados por
lazos comerciales, había sido desde 1840 el primer productor mundial de azúcar 59. Cuando los hermanos Vélez Daníes se reunieron en La Habana
en enero de 1906, ya la sólida industria azucarera de la isla se había recuperado de los
estragos causados en sus cultivos de caña por la guerra de Independencia Hispano-Cubana
(1895-1898), y su producción de azúcar había alcanzado el millón de toneladas. Es el
momento en que el capital norteamericano había comenzado a invertir en la creación de
las grandes centrales azucareras del oriente cubano, estimulado por el siempre creciente
consumo mundial de azúcar 60.
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Molino del ingenio compuesto por un
tándem movido por triple engranaje. Equipado para la extracción del guarapo con
conductores de la caña, del bagazo y bagacillo que sirven de combustible para accionar el
motor de vapor, que a su vez era utilizado para accionar generadores de fluido eléctrico
en el Central.
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No es de extrañar, pues, que los
Vélez Daníes decidieran invertir más de un millón de dólares en un ingenio azucarero
al estilo cubano. Es muy conocida la anécdota según la cual Fernando, recién instalado
en La Habana, que en 1898 era una cosmopolita ciudad con aproximadamente 250.000
habitantes 61, asistió a la ópera, y asombrado del lujo que
le rodeaba preguntó al calesero cómo había sido posible acumular tanta riqueza, a lo
cual éste respondió: "La azúca, don Fernando, la azúca..." 62.
Las perspectivas mundiales del negocio
azucarero eran muy halagüeñas hacia 1900, y continuarían siéndolo por varios decenios:
Estados Unidos constituía un inmenso mercado en expansión, por su crecimiento
demográfico y su insaciable apetito azucarero. En 1898, el consumo anual per cápita en
los Estados Unidos era de 65,4 lbs. por persona, consumo que pasó a ser de 86 lbs.
anuales por persona en 1908, de 120 lbs. anuales por persona en 1920... y seguiría
escalando 63. Un crecimiento similar se observaba en la
producción mundial de azúcar: en 1880 la producción azucarera que alcanzaba el mercado
mundial era de 3,8 millones de toneladas; después de la modernización que significaron
las centrales, la producción de azúcar centrifugada que alcanzó el mercado hasta antes
de la Primera Guerra Mundial fue de 16 millones de toneladas, y durante el período entre
guerras, 30 millones de toneladas 64. No ha existido en la
historia del Caribe un producto que haya igualado el constante crecimiento observado en la
industria azucarera a partir del siglo XVIII.
CONTINUAR
CON LA SEGUNDA PARTE
Notas:
1 José Ignacio de Pombo,
"El Informe a la Junta Suprema de Cartagena de Indias en 1810", en Alfonso
Múnera (compilador), Ensayos costeños. De la Colonia a la República, 1770-1890,
Bogotá, Colcultura, 1996, pág. 146.
Véase también "El Informe
Torres" ("Memorial que el Brigadier D. Gabriel Torres y Velazco, Gobernador de
Cartagena durante el Régimen Pacificador, 1815-1820, elevó al Rey de España dándole
cuenta del miserable estado de Cartagena durante aquellos tristes años, narrando a
grandes rasgos la reciente historia de la ciudad y sugiriendo algunas medidas para
remediar la situación"), reproducido en Donaldo Bossa Herazo, Cartagena
independiente. Tradición y desarrollo, Bogotá, Tercer Mundo, 1967, págs. 69-76.
2 Citado por Theodore
Nichols, Tres puertos de Colombia. Estudio sobre el desarrollo de Cartagena, Santa
Marta y Barranquilla, Bogotá, Banco Popular, 1973. Nichols cita del Diario Oficial,
24 de junio de 1883 (pág. 145), y el censo de 1851 (pág. 140).
Adolfo Meisel ha encontrado cifras más
deprimidas en el censo de 1851 (9.896 habitantes). Véase Adolfo Meisel, "Esclavitud,
mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851", en El Caribe
colombiano, Barranquilla, Uninorte, 1988, pág. 136.
3 El citado estudio de T.
Nichols abarca el desarrollo del transporte, fluvial y férreo, de los tres principales
puertos caribeños, explicando las razones por las que la primacía comercial pasara de
uno a otro puerto en el transcurso del siglo XIX.
Sobre la rivalidad que despertó la
herencia colonial de Cartagena en la provincia nos han ofrecido una síntesis Adolfo
Meisel y Gustavo Bell en el ensayo La región caribe: trayectoria de un regionalismo
ambiguo (en próxima publicación de nuevo volumen de Nueva historia de Colombia,
Editorial Planeta, 1998). Los autores, partiendo de una contextualización económica y
demográfica de la Costa de fines del período colonial, analizan el antagonismo político
que ha existido entre las regiones costeñas como una constante en nuestra vida política.
4 Theodore Nichols, op.
cit., pág. 77.
5 Diario Oficial, 22 de
mayo de 1888.
El texto de T. Nichols que hemos citado
contiene, en el Apéndice (pág. 291), un cuadro sobre los "Recaudos de aduanas"
entre 1855 y 1898 de los tres puertos estudiados.
6 T. Nichols, op. cit.,
pág. 188.
7 Eduardo Posada Carbó, Una
invitación a la historia de Barranquilla, Bogotá, Cerec, 1987, pág. 25.
Jorge Conde y Sergio Solano, Elite
empresarial y desarrollo industrial en
Barranquilla, 1875-1930, Barranquilla,
Ediciones Uniatlántico, 1993, pág. 14.
8 El Porvenir, 23 de
julio de 1907 y 11 de agosto de 1907.
Eduardo Posada Carbó, op. cit.,
pág. 87.
9 El historiador Gabriel
Porras Troconis, siendo jefe de redacción de El Porvenir, indagó acerca de las
industrias cartageneras a su juicio más destacadas, fundadas a finales del siglo. Entre
el 1o. de septiembre de 1915 y el 1o. de septiembre de 1916 fueron reseñadas doce
industrias. Porras Troconis privilegió en sus crónicas la descripción de la maquinaria
que empleaban y sus instalaciones. A veces suministra datos acerca de su producción
diaria, el número de obreros y los salarios. Aunque estas "industrias" no eran
más que fabriquitas, sin embargo el autor utilizaba con propiedad la palabra, puesto que
para 1915 una industria se refería básicamente a toda producción que fuera el resultado
de transformar las materias primas mediante el uso de la máquina. Para el periodo
1900-1910 estas instalaciones fabriles, observadas en los comienzos de la
industrialización de muchas ciudades colombianas, modificaron sus fuentes de energía,
sustituyendo por derivados del petróleo y por energía eléctrica al carbón, la leña y
el vapor en su producción. Véase Alberto Mayor Mora, "Historia de la industria
colombiana", en Nueva
Historia de Colombia, vol. V, Bogotá, Editorial
Planeta, 1989, pág. 313.
10 La comunidad de
hombres de negocios de la Cartagena de finales de siglo ha sido descrita como un grupo que
se caracterizaba por la diversidad de actividades que desempeñaba, en Manuel Rodríguez
B. y Jorge Restrepo R. "La actividad comercial y el grupo de comerciantes de
Cartagena a fines del siglo XIX", en FAES, Estudios Sociales,
vol. 1, Medellín, septiembre de 1986. Sobre la fábrica de materiales para la
construcción El Progreso, véase información en El Porvenir, 23 de octubre de 1904.
11 José Fernando Isaza
y Luis E. Salcedo, Sucedió en la Costa Atlántica, Bogotá, El Áncora, 1991,
pág. 165.
"Sus accionistas iniciales fueron
Diego Martínez C., Francisco Burgos R. y Prisciliano Cabrales (ganaderos sinuanos).
Posteriormente ingresaron inversionistas cartageneros, entre los cuales debe mencionarse a
Rafael y Armando Zubiría, Enrique de la Espriella, Rafael del Castillo, Celedonio
Piñeres y Lácides Segovia.
En la edición de El Porvenir del 5 de
mayo de 1909 se publica un artículo sobre la Cartagena Oil Refining Co., según el cual
los mayores accionistas eran Diego Martínez C. y Co., con 105 acciones, y Rafael del
Castillo y Co., con 90 acciones, de un total de 510 acciones emitidas. Vélez Daníes
& Co. figura con 10 acciones. El número total de accionistas era de veintiocho.
12 José Antonio Ocampo,
Colombia y la economía mundial, 1830-1910, Bogotá, Siglo XXI, 1984, pág. 369.
Ocampo estima que el acervo ganadero del país se incrementó de unas 900.000 reses a
mediados del siglo XIX, a 2,1 millones de cabezas en 1882, y a 4,8 millones en 1916.
13 Eduardo Posada
Carbó, The Colombian Caribbean, a regional study, 1870-1950, Oxford, Clarendon
Press, 1996, pág. 76.
14 Contraloría de la
República, Geografía económica de Colombia. Bolívar, Bogotá, Editorial El
Gráfico, 1942.
15 José A. Ocampo (op.
cit.) considera que hubo dos períodos de bonanza exportadora de ganado en los
últimos decenios del siglo XIX; la primera, después de la guerra de los Diez Años en
Cuba (1868-1878), bonanza que se extendería hasta 1888 hacia Panamá, motivada por la
demanda que generaron los trabajos del canal interoceánico (1881-1888). Una segunda
bonanza, de mayor magnitud, fue la que se generó hacia Cuba a partir de 1898 hasta 1906
con motivo de la escasez de ganados en la isla por la guerra Hispano-Cubana.
Eduardo Posada C. (op. cit.)
distingue, además de las bonanzas observadas por Ocampo, un tercer periodo entre 1916 y
1926, y un cuarto periodo entre 1941 y 1944, favorecidos por las guerras mundiales y por
exportaciones hechas a Panamá, México y Perú.
16 Remberto Burgos
Puche, El general Burgos, Bogotá, Editorial ABC, 1965, pág. 83.
17
Op. cit.,
págs. 167 y 267.
18 El Porvenir, 19 de
junio de 1903.
19 Ocampo, op. cit.,
pág. 375.
20 Eduardo Posada C.,
"La ganadería en la Costa Atlántica colombiana, 1870-1950", en Coyuntura
Económica, vol. 18, Fedesarrollo, 1988, pág. 170.
21 El Porvenir, 1o. de
noviembre de 1906.
22 El Porvenir, 16 de
febrero de 1902.
23 Donaldo Bossa Herazo,
Cartagena independiente. Tradición y desarrollo, Bogotá, Tercer Mundo, 1967,
pág. 102.
24 El Porvenir, op.
cit., y 15 de enero de 1905.
25 El Porvenir, 21 de
junio de 1918.
26 Adolfo Meisel,
"Los bancos en Cartagena", en Adolfo Meisel y Eduardo Posada C., Por qué se
disipó el dinamismo industrial de Barranquilla, Barranquilla, Ediciones Gobernación
del Atlántico, 1993, pág. 110. Meisel ha señalado en este ensayo el contraste entre las
instituciones bancarias que surgieron en Cartagena y Barranquilla para este periodo:
aunque en ambos casos los bancos pertenecían a grupos familiares, es diciente el hecho de
que el origen del capital de los bancos barranquilleros procediera del comercio de
importación y exportación, mientras que en las fuentes del capital cartagenero
predominaba el origen ganadero.
27 Donaldo Bossa Herazo,
op. cit., págs. 102-103.
Eduardo Posada Carbó, "La
ganadería... op. cit., pág. 167.
Sobre este fracasado proyecto del
frigorífico de Coveñas, véase tesis de grado de Adalberto Machado para la Corporación
Tecnológica de Bolívar, inédita, "La exportación de carne y el Packing House de
Coveñas 1918-1938"; una copia de este trabajo reposa en el AHC.
28 El Porvenir, 12 de
enero y 14 de marzo de 1902. El Porvenir, 20 de marzo, 13 de abril y 23 de mayo de 1904.
29 El Porvenir, 13 de
abril de 1904.
30 El Porvenir, 20 de
marzo de 1904.
31 El Porvenir, 23 de
marzo de 1904.
32 El Porvenir, 1o. de
noviembre de 1906.
33 Archivo Nacional de
Colombia, escritura #1087, 31 de julio de 1906 y de 6 de agosto de 1906, Notaría 2 de
Bogotá, t. 4, libro 722.
34 Dionisio Vélez
Méndez, hijo de Agustín Vélez de la Barreda y Manuela Méndez de Bustos, era abogado y
soltero cuando emigró de Cartagena a Riohacha a mediados del siglo XIX, probablemente a
raíz de la peste del cólera (1849). Allí prestó sus servicios profesionales a Nicolás
Daníes (de ascendencia curazoleña, casado con Margarita Kennedy, irlandesa, con quien
tenía once hijos). Dionisio Vélez se casó en Riohacha con una de las hijas de Nicolás
Daníes, Margarita, con la que tuvo tres hijos: Margarita (?), Carlos (1859-1923) y
Fernando (1862-1938). Celedonio Piñeres de la Espriella me proporcionó los datos
genealógicos paternos de los Vélez Daníes; Teresita Román de Zurek, Olga Román
(nietas de Carlos Vélez Daníes), así como Myriam Vélez de Lemaitre (nieta de Fernando
Vélez D.), me proporcionaron valiosa información acerca de la familia materna.
35 Archivo Histórico de
Cartagena, Diario de Bolívar, 27 de abril de 1876. La información sobre el anuncio de
venta de la hacienda Dibulla aparecido en el Diario de Bolívar que cito se la debo a la
generosidad del profesor Sergio Paolo Solano.
36 El Porvenir, 5 de
septiembre de 1906. En carta a la opinión pública y para satisfacer la curiosidad que
han despertado los rumores en la ciudad sobre la construcción de un ingenio azucarero en
las cercanías de Cartagena.
37 Donaldo Bossa Herazo,
Nomenclátor cartagenero, Bogotá, Banco de la República, pág. 257. La estadía
de los Vélez Daníes en Sandhurst ha sido confirmada por sus nietas, Myriam Vélez P. de
Lemaitre y Olga y Teresita Román.
38 AHC, protocolo # 185
de 21 de septiembre de 1883. Margarita sería separada de esta sociedad dos años
después, probablemente debido a que contrajo nuevas nupcias con su tío político (viudo)
Atilio de Andréis. (AHC, protocolo # 136 de agosto de 1885).
39
Club Cartagena
1891-1991, cien años de historia, Cartagena, Espitia Editores, 1991.
40 Gaceta Municipal #
368, 31 de julio de 1905.
41 AHC, protocolo # 5 de
1904.
42 El Porvenir, 8 de
mayo de 1906.
43 Así lo llama Eduardo
Lemaitre en su libro Panamá y su separación de Colombia, Bogotá, Editorial
Pluma, 1980, págs. 258-272, en donde nos ofrece una excelente descripción de su
personalidad contrastada con la del presidente norteamericano Theodore Roosevelt, con
quien le tocó negociar a Panamá.
44 "...Se puede
comparar este porcentaje con el 2% de la población muerta en la guerra civil
norteamericana entre 1861-1865" (guerra de Secesión): W. P. McGreevy, "La
transición al crecimiento económico" en Historia Económica de Colombia. Un
debate en marcha, Bogotá, Instituto de Estudios Colombianos, Biblioteca del Banco
Popular, 1979, pág. 297.
45 Discurso de posesión
del mandatario comentado en Eduardo Lemaitre, Rafael
Reyes, biografía de un
gran colombiano, Bogotá, Ediciones Espiral, 1967, pág. 274.
46 Sobre este período
he consultado:
Luis Ospina Vásquez, Industria y
protección en Colombia, 1810-1930, Medellín, FAES, 1987, pág. 355.
Jesús A. Bejarano, "La economía en
el siglo XX", en Manual de historia de
Colombia, vol. 3, Bogotá,
Tercer Mundo, 1984.
Darío Mesa, "La vida política
después de Panamá, 1903-1922", en op. cit., pág. 88.
W. P. McGreevy, op. cit., pág.
297.
47 El Porvenir, 13 de
julio de 1904.
48 El Porvenir, 13 de
enero de 1899.
49 La información
acerca de la actividad pública de los Vélez ha sido tomada de diversas ediciones de El
Porvenir.
50 Esta tendencia ha
sido estudiada en el trabajo de Manuel Rodríguez B. y Jorge Restrepo R., citado
anteriormente, sobre los comerciantes y sus actividades en Cartagena al finalizar el siglo
XIX. Un buen ejemplo es el estudio de Luis Fernando Molina L., "El viejo Mainero.
Actividad empresarial de Juan Bautista Mainero y Trucco en Bolívar, Chocó, Antioquia y
Cundinamarca, 1860-1918", publicado por el Boletín Cultural y Bibliográfico del
Banco de la República, 1988.
51 AHC, protocolo # 85
de marzo de 1888.
52 AHC, protocolos # 91
de 7 de marzo de 1898 y # 395 de 5 de diciembre de 1902. La hacienda San Agustín de
Sincerín había pertenecido en el pasado a los padres dominicos antes que fuera sacada a
remate público en 1864, al contarse dentro de los bienes desamortizados de la Iglesia. El
juez cuarto del distrito de Arjona pagó los servicios del rematador, Tomás Cabeza, con
tierras de esta hacienda. En 1888 San Agustín de Sincerín pertenecía a Cabeza y seis
condueños, quienes al dividir la propiedad la venden a Cabeza (AHC, protocolo # 111 de 21
de abril de 1888). En 1898 Cabeza vende a Vélez Daníes & Cía. parte de la hacienda,
y cuatro años más tarde los terrenos comprendidos por el valle y los playones, entre la
serranía de San Jacinto, entonces Montes de María y los playones a orillas del Canal del
Dique. En 1909 Vélez Daníes & Cía. adquirió otros globos de tierra que ampliarían
la hacienda: 20 cabuyas de tierra situadas en los terrenos comunales del corregimiento de
Palenque, en el distrito de Mahates, por 1.500 pesos, y un potrero de 100 hectáreas,
también en jurisdicción del distrito de Mahates (AHC, protocolos # 519 de 2 de
septiembre de 1909 y # 660 de 12 de noviembre de 1909).
53 AHC, protocolo # 998
de 9 de octubre de 1913. En 1834, el avalúo que se hizo de esta hacienda fue de 9.134
pesos. En 1842, su propietario, el general Mariano Montilla, vende su parte a su
condueño, Lázaro María Herrera, con base en el anterior avalúo (AHC, protocolo sin
numeral del 11 de agosto de 1842). Para 1884, Tomás Watts ha adquirido esta hacienda de
los herederos de Lázaro María Herrera, y son los herederos de Watts quienes la rematan a
los Vélez Daníes en 1913. Dos meses más tarde, Vélez Daníes & Cía. añadirá a
la hacienda 190 hectáreas situadas en el distrito de Turbana, compradas a los sucesores
de Juan de la C. González por la suma de mil pesos oro (AHC, protocolo # 1143 de 28 de
noviembre de 1913).
54 Sobre la fundación
de la fábrica de ácido tánico W. Rasor, en El Porvenir, 13 de marzo de 1916, dice que
la inversión era de $150.000 oro: "... por cada ton. de tanino se invierten cuatro
ton. de corteza de mangle, que en Nueva York se vende neto a $50 la ton.". En El
Porvenir de 27 de abril de 1911 se dice que su promotor fue el inmigrante italiano Calixto
Giordanengo. Tanto los Vélez como Diego Martínez C. se encontraban entre sus socios
fundadores.
Sobre la cervecería en la isla de Manga,
véase Álbum de Cartagena de Indias 20 de
enero de 1533-20 de enero de 1933
(sobre la edición, sólo dice este álbum "Bajo los Auspicios de María
Inmaculada"). No tiene paginación. Sobre esta cervecería dice: "Para proveerse
de agua está dotada de un condensador capaz de producir 85 toneladas de agua dulce
diariamente. Cuenta con una superior maquinaria para la fabricación de hielo, capaz de
producir 200 toneladas diarias. La maquinaria para la fabricación de Cerveza alcanza una
producción de 15.000 litros diarios, y es movida por motores de fuel oil. Para la reserva
de este combustible cuenta con un depósito de una capacidad de 2.500 barriles..."
Sus accionistas fundadores son Vélez Daníes & Cía., sucesores de C. Piñeres, y
Rafael del Castillo y Cía.
55 Adolfo Meisel,
"Los bancos en Cartagena", en Adolfo Meisel y Eduardo Posada C., Por qué se
disipó..., op. cit., pág. 110.
56 AHC, protocolo # 188
de 16 de abril de 1906.
57 AHC, protocolo # 820
de 21 de octubre de 1907.
58 AHC, protocolo # 820
de 21 de octubre de 1907.
59 Manuel Moreno F.,
"Economías y sociedades de plantaciones en el Caribe español, 1860-1930", en
Leslie Bethell (compilador), Historia de América Latina, t. VII, Barcelona,
Crítica (Grijalbo), 1991, pág. 182.
60
Ibíd.,
pág.
182.
61 Hugh Thomas, Historia
contemporánea de Cuba, Barcelona, Grijalbo, 1982, pág. 285.
62 Licenciado
Serpentín, Los secretos del inspector Caraballo, Bogotá, Iqueima, 1955, pág. 13.
63 Sidney Mintz,
"Pleausure, profit and satiation", en Seeds of Change, Washington,
Smithsonian Institution, 1991, pág. 127.
64 Sidney Mintz, Sweetness
and Power. The place of sugar in modern history, Viking Penguin, EE. UU., 1985, pág.
167. Para este antropólogo la producción azucarera era sinónimo de desarrollo
económico: "Development, as it is called, has meant among other things a relatively
steady increase in sugar consumption since perhaps the mid XIX century" (págs.
196-97). (Al profesor Alfonso Múnera le debo la información acerca de este libro).
65 Entre el 8 de marzo
de 1905 y el 5 de septiembre de 1906 aparecen en El Porvenir nueve editoriales que hablan
sobre el futuro ingenio de Sincerín. Carlos Vélez, finalmente, el 5 de septiembre de
1906, publica una carta en este diario en la que explica sus propósitos y el significado
del contrato que ha firmado con el gobierno central a través de Lácides Segovia, su
representante en Bogotá.
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66 Adolfo Meisel,
"Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851", en El
Caribe Colombiano..., op. cit., págs. 93-94 y 107-108. Meisel analiza en este
trabajo el avalúo que encuentra de varias haciendas coloniales, algunas de las cuales
están en la región del Canal del Dique y otra en el municipio de Santa Rosa.
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67 A esa conclusión
llega el citado estudio de Adolfo Meisel sobre el avalúo de las haciendas coloniales.
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68 Juan y Tomás
Campbell Stevenson Diazgranados eran hijos de Donald Campbell Stevenson (utilizaban el
apellido Stevenson), nacido en Glasgow en 1807, fundador de la familia Stevenson en
Cartagena. Casó en Cartagena con María Nicolasa Diazgranados y Paniza en 1831. (Estos
datos genealógicos se los agradezco a Haroldo Calvo Stevenson).
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69 AHC, protocolo # 1,
de 1873.
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70 AHC, Diario de
Bolívar, # 1035, 16 de enero de 1875.
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71 AHC, protocolo # 222,
libro 1892, 18 de junio de 1892.
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72 Remberto Burgos, op.
cit., pág. 95.
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73 Archivo Histórico de
la Nación, Protocolo # 1087 de 6 de agosto de 1906, Notaría 2 de Bogotá, t. 4, libro
722.
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74 AHC, protocolos # 959
y 960 de 5 de diciembre de 1907. Se constituye The Colombian Sugar Company en Nueva York,
protocolizándose aquí su creación.
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AHC, protocolo # 3 de 3 de enero de 1908,
por medio del cual Vélez Daníes & Cía., vende la hacienda San Agustín, excepto los
playones, a The Colombian Sugar por un millón de dólares y la posesión de sus acciones.
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75 AHC, protocolo # 555
de 16 de septiembre de 1910.
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76 Citado en Phanor
Eder, El fundador Santiago M. Eder, Bogotá, Flota Mercante Grancolombiana, 1981,
pág. 519.
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77 Agradezco al profesor
Alfonso Múnera el haberme facilitado el libro del historiador cubano Manuel Moreno
Fraginals, El Ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar, La Habana,
Editorial Ciencias Sociales, 1978, del cual he extraído toda la información acerca de
los avances tecnológicos cubanos en la producción azucarera, especialmente en las págs.
204, 210-15, 222, 234 y 252.
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78 El Porvenir, 23 de
junio de 1909.
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79 Phanor Eder, op.
cit., págs. 517-519.
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80 La información
acerca de la maquinaria que poseía el Central Colombia ha sido reunida de diferentes
artículos aparecidos en El Porvenir a partir del 5 de mayo de 1908, particularmente del
artículo aparecido el 12 de agosto de 1924 bajo el título "Monografía del Central
Colombia" escrito por Gonzalo Girón Franco. También he utilizado el texto de P. A.
Pedraza, Excursiones presidenciales. Apuntes de un diario de viaje. República de
Colombia, Norwood (Mass.), The Plimpton Press, 1909.
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81 "Conferencia
entre el general José Torralbo y Uldarico Rozo sobre el Ingenio de Sincerín",
Revista Nacional de Agricultura, año 5 (10), junio de 1910, págs. 291-297.
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82 Reproducidas en El
Porvenir, 12 y 13 de abril de 1910.
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83 Antonio Samper Uribe,
"El Ingenio de Sincerín", Revista Nacional de Agricultura, año 3 (10), abril
de 1913, págs. 754-758.
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84
Ibíd.
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85 "El Ingenio
Central de Peñalisa", informe de Ch. Deneumostier, exdirector de la Escuela de
Agronomía de Bogotá, Revista Nacional de Agricultura, mayo de 1921, págs. 14-21.
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86 Diego Monsalve, Colombia
cafetera, Barcelona, 1927, pág. 88. Sus propietarios eran Vélez Daníes & Cía.,
Pombo Hermanos y Rafael del Castillo; movilizaban carga de ida y vuelta hasta y desde
Girardot y La Dorada, en donde contaban con bodegas propias.
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87 "La niña bonita
del ingenio", llamó a su parque automotor uno de sus liquidadores, Eduardo Lemaitre,
en el relato que sobre ésta hizo en Los secretos del inspector Caraballo. Historia
mínima, sintética, anecdótica, pintoresca, cómica y trágica de la vida, pasión y
muerte de Colombian Sugar Co. S. A., Bogotá, Iqueima,1955, pág. 47.
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88 El Porvenir, 25 de
febrero de 1909.
89 Revista Nacional de
Agricultura, junio de 1910, pág. 295.
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90 "El Ingenio
Central de Peñalisa", Revista Nacional de Agricultura, op. cit.
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91
Ibíd. Se cita
allí el concepto del ingeniero agrónomo P. Papaioannou a quien el Ministerio de
Agricultura encargó una investigación sobre los costos de producción del azúcar. A
dichos costos habría que añadir, dice, los gastos de transporte a los centros de
consumo.
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92 Eduardo Posada
Carbó, en The Colombian Caribbean (op. cit.), ha publicado los siguientes
datos al respecto: El Central Colombia produjo en 1927 10.187 toneladas de azúcar; en
1932, 10.687 ton., y en 1940, 10.586 ton., como los únicos tres años en que,
contabilizado un decenio, el Central produjo ese tonelaje.
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93 Revista Nacional de
Agricultura, abril de 1913, op. cit.
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94 P. A. Pedraza, op.
cit. Sobre las responsabilidades de los colonos fue muy importante la información
obtenida en conversaciones con antiguos colonos, como fueron (siendo muchachos) Celedonio
Piñeres de la Espriella, Eduardo Lemaitre Román y Orlando Lemaitre Torres.
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95 Antonio Samper U., op.
cit.
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96 El Porvenir, 12 de
agosto de 1924.
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97 En el transcurso de
1909 los Vélez Daníes se defendieron de la acusación de competencia desleal subsidiada,
aparecida en la prensa bogotana (y reproducida en El Porvenir) por trapicheros de El
Socorro (El Porvenir, 10 de enero de 1909), de Cundinamarca (El Porvenir, 20 de junio de
1909) y del Valle del Cauca (El Porvenir, 23 de junio de 1909).
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98 El Porvenir, 12 de
abril de 1910.
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99 "El Ingenio
Central de Peñalisa" (op. cit.). Allí se reproduce el Informe de Ch.
Deneumostier, "ingeniero agrónomo de la Escuela de Gembloux (Bélgica), antiguo
director del Instituto Agronómico de Lima (Perú), y exdirector de la escuela de
Agronomía de Bogotá".
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100 "El Ingenio de
Sincerín" (op. cit.). Antonio Samper cita la información que recogió de los
Vélez Daníes.
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101 El Porvenir, 23 de
junio de 1909.
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102 "El Ingenio
Central de Peñalisa" (op. cit.).
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103
Ibíd.
104 La mayoría de las
acciones de la Colombia Sugar Co. permanecieron en manos de la familia; para el momento de
su liquidación, más del 80% de sus acciones permanecían en manos de familiares directos
de Carlos y Fernando Vélez Daníes. Véase la "Relación de accionistas de la
Colombia Sugar Co. en liquidación" (1953) en Los secretos del inspector Caraballo
(op. cit.), pág. 91.
105 El Porvenir, 12 de
agosto de 1924.
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106 Juicio de sucesión
de Fernando Vélez D., AHC, protocolo # 74 de 14 de febrero de 1939, Notaría 2.
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107
Ibíd.
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108 Esta historia ha
sido narrada por uno de los liquidadores del ingenio, Eduardo Lemaitre, en el citado
folleto Los secretos del inspector Caraballo. Allí Lemaitre afirma que Vélez
Torres, en el curso de los años cuarenta, inició no menos de quince pleitos contra el
Central Colombia por diversos motivos, pleitos que dificultaron la venta de sus acciones y
desmoralizaron a presuntos compradores una vez el ingenio entró en la etapa de
liquidación.
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109 Eduardo Posada
Carbó, op. cit., pág. 109.
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110
Los secretos del
inspector... (op. cit.), págs. 79-81.
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111 Todo lo relativo al
ingenio de Sautatá, en Contraloría de la República de Colombia, Geografía
económica de Colombia. Chocó, Bogotá, Ediciones El Gráfico, 1942, págs. 442-447.
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112 Remberto Burgos P.,
El general Burgos (op. cit.). Todo sobre el Ingenio Berástegui en págs.
338-426.
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113 Manuel Moreno F.,
"Economía y sociedad..." (op. cit.), pág. 183.
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114 Diego
Monsalve, op. cit., pág. 762. Los valores del azúcar están dados en kilos
en el original.
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115 Revista Nacional de
Agricultura, agosto de 1938. Alfonso Romero Manrique cita datos estadísticos "más o
menos oficiales" sobre la producción y el consumo de azúcar en el país entre los
años 1935-1937
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116 Eduardo Posada C., The
Colombian... (op. cit.), págs. 148 y 160. (La traducción es mía).
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117 El Porvenir, 10 de
agosto de 1916.
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118 José María Rojas,
Sociedad y economía en el Valle del Cauca. Empresarios y tecnología en la formación
del sector azucarero en Colombia, 1860-1980, Bogotá, Banco Popular, 1983, págs.
39-40.
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