Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 45.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

El Central Colombia.
Inicios de industrialización en el Caribe colombiano

MARÍA TERESA RIPOLL DE LEMAITRE

Fototeca Histórica de Cartagena
Trabajo fotográfico: Alberto Sierra Restrepo

 

INDICE

Introducción

La formación del capital
Las bonanzas de exportación ganadera, 1880-1906
Carestías y barreras arancelarias
 
Los empresarios Carlos y Fernando Vélez Daníes y su época
El tránsito al siglo XX
Actividad pública
Diversidad en sus inversiones
 
El Central Colombia
Noticias del ingenio
El Central Colombia y Manuelita, industrias pioneras
Capacidad fabril
El transporte
Producción
Cultivos y rendimientos de la caña
Los precios del azúcar
Principio del fin
 
Epílogo con reflexiones
Opiniones acerca del Central Colombia
Indice Cronológico

 

INTRODUCCIÓN

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Logosímbolo del ingenio Central Colombia

Cartagena inició su vida republicana en la total indigencia. Su decaimiento económico no había sido motivado sólo por la feroz Reconquista española: en vísperas de la Independencia el prior del Real Consulado de Comercio, José Ignacio de Pombo, se quejaba, entre otras calamidades, de los grandes perjuicios que había ocasionado a la provincia de Cartagena el mal gobierno, en especial los monopolios estatales, conservados injustamente en el Virreinato de la Nueva Granada; "el bárbaro, impolítico y antisocial estanco", que había desestimulado la agricultura y fomentado el contrabando 1. Devastada durante las guerras de Independencia, su población había descendido constantemente desde entonces; el censo de 1881-1882 nos muestra que Cartagena contaba tan sólo con 9.681 habitantes, un poco más de la mitad de la población registrada en 1851 2. La depresión económica y política fue especialmente visible en Cartagena a partir de 1840, cuando el puerto se vio desplazado por Santa Marta como ruta principal del comercio exterior colombiano, y en la medida en que la región perdió representación política ante el gobierno central. Las rivalidades que despertaba su herencia colonial agudizaron el conflicto político entre Cartagena y las provincias costeñas. Los gobiernos federales durante la segunda mitad del siglo no fueron los más favorables para el desarrollo de la Costa Caribe, más pobre en recursos financieros y humanos que otras regiones del país 3.

Los cambios comenzaron a insinuarse lentamente durante el periplo político de Rafael Núñez. Entre los años 1879 y 1888, el Canal del Dique, que hacía posible la conexión del puerto con el río Magdalena, había permanecido apto para la navegación; para 1886 cuatro empresas, con un total de siete vapores, hacían este tránsito comercial, incrementando el comercio de la ciudad 4. Los ingresos aduaneros de Cartagena se vieron triplicados entre 1882 y 1887, como consecuencia de esta apertura del Canal 5, aunque ya para entonces el puerto había perdido su liderazgo en la Costa Caribe colombiana. En el primer decenio del presente siglo, de las seis compañías de navegación que operaban en esta costa, cinco tenían su sede en Barranquilla y una en Cartagena 6. La vecina ciudad de Barranquilla terminó por imponerse a la ruta de Cartagena, al inaugurarse en 1893 el muelle de Puerto Colombia, que la capacitaba para recibir cuatro embarcaciones a un mismo tiempo; a la vuelta del siglo entraba y salía por Barranquilla el sesenta por ciento del comercio exterior colombiano 7. Un censo local levantado en 1907 arrojaba un total de 23.718 habitantes para Cartagena y sus inmediaciones; para esa fecha, Barranquilla había superado los 40.000 habitantes 8.

Las industrias con que contaba Cartagena al finalizar el siglo XIX eran establecimientos semifabriles, en los que se hacía un uso intensivo de mano de obra no calificada, se utilizaba mayormente materia prima importada y se combinaba la tecnología del vapor con la moderna del petróleo 9. Eran parecidas a muchas otras fábricas que se crearon para el mismo período en otras ciudades colombianas, en lo artesanal de su producción y en su diversidad: por ejemplo, en el Callejón de Gastelbondo funcionaba desde 1888 un establecimiento que producía chocolates, bujías esteáricas (velas) y muebles; otro en Getsemaní fabricaba hielo y gaseosas (1883); la fábrica de cigarrillos (1899) funcionaba en los pisos bajos de la casa de habitación de su dueño. Se destacaba entre estos establecimientos la Fábrica de Hilados y Tejidos Merlano, fundada en 1892 por miembros de la familia de dicho apellido (de amplia experiencia en el comercio de importación y exportación), y que fuera avaluada en 1899 en 24.000 libras esterlinas y empleaba ciento sesenta operarios. También se destacaba la fábrica de materiales para la construcción El Progreso, creada en 1898 por Carlos y Fernando Vélez Daníes, y que contaba con un instructor español, más de treinta operarios y maquinaria alemana importada 10.

En el primer decenio del siglo XX, en 1907, los cartageneros serían testigos del establecimiento de dos nuevas industrias creadas con capital enteramente colombiano: la Cartagena Oil Refining Company, primera refinería de petróleo que funcionó en el país, creada por Diego Martínez Camargo e inversionistas cartageneros y sinuanos, y un ingenio azucarero conocido popularmente como el ingenio de Sincerín. En 1910, la Cartagena Oil Refining Co. contaba con un capital que ascendía a 253.000 pesos oro, y una capacidad de refinación de cuatrocientos barriles de crudo diarios. Su producción de queroseno permitió sustituir totalmente las importaciones de este derivado en el país 11. El ingenio se comenzó a instalar en 1907, distante cincuenta kilómetros de Cartagena, en las inmediaciones de la población de Sincerín, a orillas del canal del dique, y fue llamado el Central Colombia. El capital inicial invertido fue de un millón de pesos oro, y produciría a partir de 1909 azúcar refinado con calidad de exportación, abaratando en una tercera parte los precios del azúcar en el interior del país. Estas dos empresas fueron posibles gracias a la acumulación de capital que produjo a sus gestores, Diego Martínez Camargo y los hermanos Carlos y Fernando Vélez Daníes, las exportaciones de ganado en pie durante los dos últimos decenios del siglo XIX.

Considerando la poca producción de estudios sobre industrias y empresarios en el Caribe colombiano, en el presente trabajo me he interesado por investigar sobre la existencia de ese esfuerzo de modernización que significó el ingenio Central Colombia. En una primera parte he señalado la importancia que tuvo la ganadería en la formación del capital necesario para este desarrollo en la región. A continuación he elaborado un perfil social de sus fundadores, los hermanos Carlos y Fernando Vélez Daníes. Mi trabajo se ha extendido en la descripción de ese intento de industrialización que fue el Central Colombia en un país deprimido económicamente, identificando las circunstancias políticas que lo hicieron posible, describiendo su capacidad fabril y el impacto que su producción generó en los precios nacionales del azúcar. Aspiro de esta manera a enriquecer el conocimiento de nuestra historia regional y su relación con la historia colombiana.

LA FORMACIÓN DEL CAPITAL

Las bonanzas de exportación ganaderas, 1880-1906

Historiadores como Luis Ospina Vásquez y José Antonio Ocampo han estado de acuerdo al afirmar que la expansión de la ganadería en Colombia, durante la segunda mitad del siglo XIX, fue el acontecimiento económico más importante del país, antes que la expansión cafetera, como proceso generador de capital 12. Eduardo Posada Carbó, en su reciente estudio sobre la Costa Caribe colombiana 13, nos ha expuesto cómo para finales del siglo XIX no quedaba duda acerca de la importancia que tenía la industria pecuaria en el antiguo departamento de Bolívar. Sus estimativos son de más de un millón de cabezas de ganado vacuno para principios de siglo, duplicándose para 1920 (35% de la población vacuna de todo el país), para alcanzar los cuatro millones de cabezas en 1940. El censo ganadero elaborado en 1934 arroja un total de un millón ochocientas mil cabezas de ganado en el departamento de Bolívar, representando el 22% de la población pecuaria nacional 14.

La industria pecuaria del antiguo Bolívar se vio fuertemente estimulada por varios períodos de bonanzas exportadoras, causados por coyunturas externas sucedidas entre 1880 y 1945, que los ganaderos de esta región supieron aprovechar gracias al aumento de la población bovina que había experimentado durante la segunda mitad del siglo XIX 15. Una primera bonanza de exportación ganadera se experimentó hacia 1880 dirigida a Cuba, en donde había finalizado la guerra de los Diez Años. El ganadero y general Francisco Burgos Rubio afirmaba que entre octubre de 1880 y junio de 1881 se habían exportado a Cuba desde el Sinú algo más de nueve mil novillos, negocio que, según él, había sido iniciado por los SS. Bokleman y Puente, vecinos de Momil, lugar de tránsito de los ganados hacia la bahía de Cispatá 16.

Esta exportación, menor por Cartagena que por Barranquilla, es visible en el cuadro 1, en el que observamos los valores de los principales artículos exportados por Cartagena entre 1879 y 1881. Las reses pasan de ser el cuarto valor exportado por Cartagena en 1879 al segundo lugar en 1880, y al primer lugar en 1881. Igualmente, observamos una reactivación de la exportación de ganado en pie entre 1886 y 1887, esta vez hacia Panamá, motivada por la demanda de carne que produjeron los trabajos de la Compañía del Canal Interoceánico, que cesó sus labores en 1888.

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CUADRO 1. Valores exportados por Cartagena, 1879-1881 y 1886-1887 cifras en miles de pesos).

Fuente: El Porvenir, 15 de enero de 1882, 30 de enero de 1887 y 22 de enero de 1888.

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Casa de una colonia del ingenio.

La segunda bonanza de exportación de ganado en pie, de mayor magnitud, ocurrió entre 1898 y 1906, hacia Cuba, y fue motivada por la demanda que la guerra de Independencia Hispano-Cubana había producido, así como por la oportunidad que representó para los ganaderos costeños esta exportación, al ahorrarse las pérdidas que en los hatos produjo la guerra de los Mil Días. En carta al gobernador de la provincia de Cartagena, el general Burgos se quejaba, años más tarde, de que no se le hubiese reconocido lo suficiente su labor de pacificación en el sur de Bolívar, durante la guerra de los Mil Días, labor que, según él, había beneficiado a los exportadores de ganado, que habían podido comprar novillos muy baratos y hacer buenas ganancias embarcándolos para Cuba desde la bahía de Cispatá: "Conozco el caso de uno que compró cabezas de ganado a tres y cuatro pesos para venderlas poco después para Cuba a treinta pesos" 17. El cónsul colombiano en La Habana, Ricardo Gutiérrez Lee, informaba desde la isla que, durante los años que duró la guerra de los Mil Días (1899-1902), se habían importado a Cuba desde las haciendas bolivarenses más de trescientas mil reses, representando ello un movimiento de cerca de diez millones de pesos a favor de la empresa ganadera del departamento de Bolívar 18. Un cálculo parecido es el que ha hecho el historiador José Antonio Ocampo, para quien entre 1898 y 1906 se habían embarcado desde Cartagena y Barranquilla un total de 400.000 reses, por un valor de unos nueve millones de pesos oro (véase cuadro 2), lo cual era una considerable cantidad de dinero en esa época 19. Para el historiador Eduardo Posada, los estimativos del volumen de reses exportadas hacia Cuba entre 1898 y 1906 son entre 400.000 y 1.300.000 reses 20. Durante la guerra de los Mil Días, estas exportaciones desde Cartagena disminuyeron un poco, para alcanzar su máxima cifra una vez finalizada la guerra, cuando en 1905 se exportaron por Cartagena 87.000 cabezas de ganado. En 1906, las exportaciones se redujeron a la mitad, siendo 41.400 las reses exportadas por Cartagena, y al año siguiente ya no fue significativa su exportación. La segunda bonanza ganadera había terminado.

Un ganadero sincelejano anónimo escribía una carta en 1906, en El Porvenir, sobre los beneficios que habían traído al país las bonanzas exportadoras de ganado en pie hacia Cuba, diciendo que

había conseguido moralizar el negocio sobre la base de ventas de contado, no conseguido en épocas anteriores de plétora, de dolorosa recordación para nuestros antepasados [...] Los ganaderos tenemos oro que ofrecer al comercio importador a cambio de lo que compramos para nuestro consumo, ofreciéndole nuestro sobrante en cotización con el papel moneda con el cual damos a éste mayor confianza y crédito; que siendo así la cría de ganado negocio de seguro rendimiento, el entusiasmo para su mayor ensanche es consiguiente; las fluctuaciones ruinosas del papel moneda son más seguras a medida que el oro escasea, y éstas se evitan justamente con la mayor cantidad que al mercado ofrezcamos debido a la regularidad y constancia del negocio con el exterior de donde traemos ese oro a cambio del producto de nuestra industria, y en suma, como final natural y lógico, disfrutamos de un bienestar al que tenemos legítimo derecho en nuestra condición de hombres entregados al trabajo 21 .

 

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CUADRO 2. Exportación ganadera, 1879-1906.

Fuente: José Antonio Ocampo, Colombia y la economía mundial, Bogotá, Siglo XXI, 1984, pág. 374

Los primeros y más fuertes exportadores de ganado hacia Cuba, desde Cartagena, según el citado ganadero, eran los hermanos Carlos y Fernando Vélez Daníes, así como Diego Martínez Camargo y Bartolomé Martínez Bossio lo eran desde el puerto de Cispatá, y Ramón Santo Domingo y José Fuenmayor por Barranquilla. La casa comercial Vélez Daníes & Cía. había exportado anteriormente ganados a Colón, Curazao, Venezuela, Trinidad y Jamaica, y "están en este negocio en condiciones más ventajosas que cualquier otra persona en el departamento" 22. En 1898, Fernando Vélez Daníes se fue a vivir a La Habana con su esposa, Helena Pombo Montes, y sus tres pequeños hijos; en tierras propias y alquiladas en la isla, mantenía en pastaje unas sesenta mil reses destinadas a ese mercado 23.

La casa comercial Diego Martínez y Cía., por su parte, se anunciaba en El Porvenir en 1902 como "comisionistas importadores y exportadores en bestias y ganado", con sucursales en Campanito, San Carlos, Cereté, Lorica y Cartagena. En 1905 tenían sucursal en La Habana y eran, además, agentes de la compañía de vapores The Leyland Line 24. En 1918, Diego Martínez y Cía. celebró un contrato con el departamento para suministrar anualmente cuarenta y cuatro mil cabezas de ganado a la zona del Canal de Panamá. Para entonces, Diego Martínez Recuero calculaba en un millón quinientas mil el número de cabezas de ganado existentes en Bolívar 25. Las bonanzas de exportación de ganado en pie fueron las principales responsables de la generación del capital con el cual se formaron las primeras instituciones bancarias en Cartagena entre 1873 y 1925 26. Pasada la Primera Guerra Mundial, se fundó en Cartagena la compañía ganadera The Colombian Products Co., con estatutos incorporados a las leyes de Nueva Jersey, domicilio legal en esta ciudad y un capital inicial de tres millones de pesos, con la intención de montar un frigorífico de carnes que se conoció como el "Packing House de Coveñas", proyecto que finalmente fracasó, y en el que fueron sus principales accionistas Vélez Daníes & Co., Diego Martínez e hijos, Julián Patrón Airiarte, otro empresario ganadero oriundo de Tolú y la firma norteamericana The International Products Co. 27.

Carestía y barreras arancelarias

La desvalorización de la moneda en nuestro país, agravada durante la guerra de los Mil Días, sumada a las exportaciones de ganado, encarecieron vertiginosamente el valor de la carne en la canasta familiar, de lo que existen constantes quejas en El Porvenir. Uno de sus asiduos columnistas se refería al alza permanente de la carne recordando irónicamente que era uno de los pecados capitales: "[...] los enemigos del alma están pues por las alturas, porque no hay por donde coger a la Carne y al Mundo [...] Sólo el Demonio está por los suelos y no hay quien lo quiera". Esta carestía, sentida también en el interior del país, cuyos mercados se abastecían en gran parte con ganados costeños, obligó al gobierno a ponerle contención a la exportación de ganados que se hacía desde sus principales puertos.

Entre los años 1902-1905, el gobierno expidió no menos de diez decretos gravando y desgravando la exportación de ganado en pie 28. No había finalizado aún la guerra de los Mil Días cuando, el 8 de enero de 1902, el jefe civil y militar de Bolívar, Joaquín F. Vélez (tío de los Vélez Daníes), decretó una contribución forzosa de 200 novillos "gordos" anuales a aquellos liberales "desafectos" al régimen conservador, para el mantenimiento de la tropa acantonada en Cartagena. Dos meses más tarde prohibía a los liberales la venta de ganado mayor, tanto a nacionales como a extranjeros, so pena de multa igual a las reses confiscadas. A partir de marzo de 1903, el presidente José M. Marroquín decretó un impuesto a la exportación de ganado de 12 pesos oro por cabeza, gravamen que sería modificado a 5 pesos oro por cabeza de res macho y 10 pesos oro por cabeza de res hembra exportados.

Estas barreras arancelarias motivaron la airada protesta de ganaderos bolivarenses. Cuarenta y un ganaderos del Sinú enviaron una extensa carta al gobernador de la provincia, temiendo por su ruina 29. El exgobernador Luis E. Patrón, en carta al presidente Marroquín, manifestaba su inconformismo al considerar excesivo el gravamen impuesto

[...] pues no es posible que un artículo pague el 25% de gravamen como el que se ha fijado al ganado cuyo precio corriente es de $ 20 pesos oro por cabeza mayor, cuando puede reembolsarse de los consumidores en el exterior [...] 30 .

El senador y general Dionisio Jiménez, en enérgica carta de protesta al gobierno, se quejaba por tratar al departamento de Bolívar como "la oveja negra" de la economía nacional, por lo injusto y discriminatorio del gravamen dictado, puesto que "sobre la riqueza pública de Bolívar se recarga parte considerable de lo que cuesta la amortización de los billetes de curso forzoso, ya que los productos de exportación de los demás Departamentos no han sido gravados". Y agrega:

Todo el mundo sabe aquí que la respetable casa de los hermanos Vélez Daníes & Cía. de esta ciudad ha sido la más activa y la que más oro ha traído al país procedente de las exportaciones de ganados, y también saben que la expresada casa para poder continuar sus negocios en ese ramo, en la Isla de Cuba, ha tenido que comprarlos últimamente en Méjico, Honduras y Venezuela, por ser improductiva la exportación de Colombia a causa del funesto y absurdo gravamen 31 .

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El ingenio Central Colombia, Sincerín, 1909-1953.

Finalmente, en marzo de 1904, siendo aún presidente José M. Marroquín, se redujo este gravamen a 2 pesos oro por cabeza de ganado macho y 5 pesos oro por cada hembra, lo que no impidió que las más altas cifras de exportación de ganado en pie hacia Cuba se dieran al año siguiente, como hemos visto registrado en el cuadro 2. A partir de 1906, la exportación de ganado comenzó a declinar debido a disturbios políticos en la isla y al establecimiento de un nuevo impuesto de exportación en Colombia. En el mes de agosto de 1906, siendo presidente Rafael Reyes y ministro de Hacienda y Tesoro Tobías Valenzuela, el gobierno expidió el decreto 950, por medio del cual se gravó la exportación del ganado vacuno macho con 3 pesos oro, con el objeto de "fomentar el cultivo de la caña y la fabricación del azúcar en la mencionada Costa Atlántica" 32. Un mes antes, el 31 de julio de 1906, el gobierno del general Rafael Reyes se había comprometido, en contrato firmado con Vélez Daníes & Cía., a otorgar un subsidio para la constitución de un ingenio azucarero en la vecindad de la población de Sincerín, subsidio que sería pagadero con el producto bruto procedente de los impuestos sobre la exportación de ganados, negocio en el que, como hemos visto, esta casa comercial cartagenera participaba activamente 33.

LOS EMPRESARIOS CARLOS Y FERNANDO VÉLEZ DANÍES Y SU ÉPOCA

El tránsito al siglo XX

Los hermanos Carlos y Fernando Vélez Daníes pertenecieron a esa generación de colombianos que se encontraban en la madurez de su vida con el cambio de siglo. De familia cartagenera por el lado paterno, habían nacido en Riohacha, en el hogar formado por Dionisio Vélez Méndez (Cartagena, 1819-1883?) y Margarita Daníes Kennedy 34. La niñez de los hermanos Vélez Daníes debió transcurrir entre Riohacha y la hacienda que el abuelo Nicolás Daníes tenía en Dibulla 35, antigua provincia de Riohacha y para 1876 provincia de Padilla (Magdalena). En esta hacienda, de 16 leguas cuadradas de extensión situadas al pie de la Sierra Nevada y a corta distancia del mar, el abuelo Daníes tenía un trapiche con dos alambiques, movido por dos máquinas de vapor inglesas. Parece que no tuvo mucho éxito con este trapiche, puesto que en 1876 lo anuncia en venta; así lo reconocerá Carlos Vélez D. al emprender, treinta años más tarde, la creación del Central Colombia, anunciando que lo llevará a cabo "a pesar de tener el precedente fatal del fracaso anterior de empresas semejantes, entre otras la de la hacienda de Dibulla, donde mi abuelo perdió trescientos mil dollars" 36.

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Carlos Vélez Daníes, Riohacha 1859-Cartagena 1923 (Tomado de: Álbum de Cartagena de Indias: 20 de enero 1533-20 de enero de 1933, imprenta Girard, París, 1927).

Los hermanos Carlos y Fernando, habiendo quedado huérfanos de madre, siendo aún adolescentes fueron enviados a terminar sus estudios en la Academia Militar de Sandhurst, en Inglaterra 37. El regreso a Cartagena debió de ocurrir en los primeros años de la década de 1880, puesto que para 1883, estando todavía solteros y viuda su hermana Margarita, decidieron formar los tres la sociedad comercial Vélez Daníes & Cía 38. Para 1886 ambos hermanos han contraído matrimonio, Carlos con Catalina Torres Hoyos, y Fernando con Helena Pombo Montes, ambas pertenecientes a familias de Cartagena.

A pesar de su aparente inmovilidad económica y social, y del liderazgo portuario de Barranquilla, Cartagena, para la década de 1880, continuaba siendo el principal centro político y cultural de la Costa. Para esos años en que los Vélez Daníes regresaron, Cartagena era una ciudad con diez iglesias, dos hospitales, veinte establecimientos de educación, un periódico, El Porvenir, desde donde editorializaba Rafael Núñez, dos semanarios, y con la única universidad (Universidad del Magdalena e Istmo, hoy Universidad de Cartagena) con que contó la región hasta bien entrado el presente siglo. En 1890 abrió sus puertas el Instituto Musical, dirigido por el italiano Lorenzo Margotini, y más adelante la Escuela de Bellas Artes, en la que eran profesores reconocidos pintores, como Epifanio Garay. En 1891 Fernando Vélez D., en compañía de un grupo de caballeros, fundó el Club Cartagena, "a la usanza de los clubes existentes en Inglaterra", y ocupó su presidencia por cuatro años consecutivos 39. El poeta bogotano José Asunción Silva, a su paso por Cartagena en 1894, quedaría gratamente sorprendido por la cultura de su elite, al tanto de las tendencias literarias del momento; su famoso Nocturno se conoció por primera vez en la revistilla literaria cartagenera Lectura para Todos. El poeta local más relevante, Luis Carlos López, describiría en sus versos a una sociedad provinciana, apegada a viejas tradiciones coloniales, dejándonos un cuadro vivo de la ciudad y del talante de sus habitantes.

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Fernando Vélez Daníes, Riohacha 1862-Cartagena 1938 (Tomado de: Álbum de Cartagena de Indias: 20 de enero de 1533-20 de enero de 1933, Imprenta Girard, París, 1927).

Esta antigua ciudad abaluartada, habitualmente silenciosa, que moría durante la canícula solar de la siesta del mediodía, era una ciudad en donde poco sucedía para distraer el tedio, fuera de la llegada, una o dos veces al año, de un espectáculo musical de tercera categoría que colmaba el Teatro Mainero y se constituía en acontecimiento social, o de una que otra velada de piano y recital con el objeto de recoger fondos para obras pías. Sus calles y plazas se encontraban aún sin adoquinar al comenzar el siglo XX, y un ineficiente servicio de alumbrado eléctrico nocturno, con frecuentes interrupciones, obligaba a sus usuarios a mantener siempre a mano una bujía. La construcción del acueducto, proyectado con los arroyos de Turbaco, había sido contratada en 1905 entre el gobernador Henrique L. Román y la Cartagena Water Works 40. El general Dionisio Jiménez había adquirido para entonces parte de la isla de Manga, promocionando la primera urbanización extramuros con servicio de acueducto e inmensos lotes en donde poder cultivar hortalizas y frutales 41. El transporte público consistía en un ómnibus tirado por mulas que hacía viajes entre Cabrero, Getsemaní y la Plaza de los Coches, en donde aguardaban otros tantos coches de alquiler de un caballo, responsables del perenne olor a boñiga de sus callejuelas. Dos automóviles intranquilizaban entonces a los peatones, y su excesiva velocidad llevaba a filosofar a un cronista de la página social de El Porvenir: "La tendencia del siglo es que todo lo rápido se acentúa" 42.

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Mapa de la costa que comprende  los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico, y Magdalena (Tomado de: Nueva enciclopedia de Colombia, Círculo  de Lectores, Santafé de Bogotá, 1995).

La situación general del país al comenzar el siglo XX no era muy alentadora. Al presidente José Manuel Marroquín (1899-1904), ese "hidalgo campesino" 43 que nunca salió de la sabana de Bogotá, le había tocado sortear la compleja situación de la pérdida de Panamá (1903), así como la más desastrosa guerra civil en las que se vio envuelto el país durante el siglo pasado: la guerra de los Mil Días, larga y devastadora, dejó un saldo de pérdida de vidas humanas de entre ochenta mil y cien mil personas; es decir, el 2,5% de la población total del país, que entonces se estimaba en cuatro millones 44. La guerra de los Mil Días y la pérdida de Panamá fueron eventos que propiciaron un cambio en las prioridades políticas que hasta entonces habían dominado en nuestro país, sentimiento expresado en escritores contemporáneos como Baldomero Sanín Cano, Rafael Uribe Uribe y Rafael Reyes, para quienes en ese momento la necesidad fundamental para alcanzar el anhelado progreso era mantener la paz y propiciar el desarrollo económico del país.

Le correspondería al nuevo gobierno del general Rafael Reyes que se inició el 7 de agosto de 1904, reconstruir la economía. En su mensaje inaugural, el día de su posesión de la primera magistratura del país, Rafael Reyes planteó ante el Congreso colombiano la nueva divisa que proponía para su recuperación: "Menos política y más administración" 45. El gobierno del general Rafael Reyes (1904-1909) ha sido analizado por varios historiadores económicos como aquel período en el que se experimentó en nuestro país una sensible "transición al crecimiento económico", y en el que se inauguró un nuevo espíritu de empresa fomentado desde la Presidencia 46. Fijó el tipo de cambio al 10.000% y estableció el peso oro como unidad monetaria, como medidas iniciales para confrontar la depreciación de la moneda sufrida durante los últimos decenios. Acentuó el proteccionismo industrial iniciado en la era de Núñez, y ofreció todo tipo de estímulos a aquellos empresarios que se aventuraran en la creación de industrias. Sería después de 1905 cuando se vería la aparición de industrias de alguna envergadura en el país, así como el fomento de la refinación del petróleo y la creación de nuevos ingenios de azúcar, el comienzo de la fabricación de cemento y la consolidación de la industria textil, que surgirían al mismo tiempo que la electrificación y los servicios públicos en las principales ciudades.

Actividad pública

Carlos y Fernando Vélez, como muchos incipientes empresarios colombianos de esa época, vieron llegar con buenos ojos la administración propuesta por Rafael Reyes, a este país en el que hasta entonces habían predominado los abogados y los literatos en los cargos administrativos. Carlos formó parte, desde 1904, del directorio reyista que trabajó en Bolívar por el éxito de la candidatura de Reyes a la presidencia, aún siendo su contendor político su tío Joaquín F. Vélez. Amigo personal del general Reyes, Carlos se identificaba plenamente con su programa de gobierno, como lo muestra un telegrama que le envió con motivo de su candidatura:

Su telegrama del día ocho es todo un programa: Menos política y mas administración; es decir, basta ya de latines y de idealismos y ocupémonos en desarrollar nuestras grandes riquezas. Agricultura, inmigración, caminos, trabajo, paz y concordia, es lo que pide Colombia, y lo que sus viejos amigos esperan de Ud. Salúdolo, amigo, Carlos Vélez Daníes 47 .

Sin participar directamente en política, la injerencia de Carlos Vélez D. en la actividad pública de la ciudad fue destacada: habiendo asumido la presidencia José Manuel Marroquín, le es ofrecida la gobernación de Bolívar a Carlos, descrito en la prensa como "hombre que goza de generales simpatías, por sus ideas progresistas, por su espíritu práctico, por su carácter democrático y benévolo y por su honorabilidad indisputable" 48. No aceptó. El único cargo público que desempeñaría durante su vida sería el de comandante general de la segunda división de la plaza durante la guerra de los Mil Días; sin embargo, la casa comercial Vélez Daníes & Cía. fue una continua benefactora de obras cívicas que beneficiaron a la ciudad y sus habitantes: en 1899 su fábrica de materiales para la construcción El Progreso abrió "crédito ilimitado" al municipio para continuar los trabajos del edificio del Mercado Público que se construyó sobre el derruido baluarte Barahona, en el barrio de Getsemaní. En 1902 fue responsable de la más alta donación para la refacción del Camellón de los Mártires. En 1904, en compañía de la casa de comercio de Diego Martínez Camargo y de Juan B. Mainero y Trucco, fundaron el Hospital Camacho, antecedente de la Clínica de Leones, en donde se atendería gratuitamente y por muchos años a enfermos de la vista de escasos recursos. Ese mismo año Carlos Vélez regaló los toros para la corrida que se presentó en la ciudad; aficionados a la fiesta brava y a la riña de gallos, los Vélez Daníes construyeron las dos primeras plazas de toros con que contó la afición cartagenera, y una gallera, que sería instalada en Getsemaní, en la calle del Espíritu Santo, en donde se harían famosos los gallos de la veta "Velera". La iglesia construida en el barrio de Manga fue costeada casi en su totalidad por Vélez Daníes & Cía. 49.

Diversidad en sus inversiones

Una de las características notorias de estos empresarios de finales del siglo en Cartagena era la diversificación de sus inversiones y sus oficios 50. A partir de la década de los ochenta, Vélez Daníes & Cía. inició la compra de tierras que los afianzaría como ganaderos y posteriormente como empresarios azucareros en los primeros lustros de este siglo: en 1888 adquirieron el potrero llamado El Bajo Miranda, situado en el municipio de Turbaco. El precio pagado a Rafael del Castillo fue de seis mil pesos oro 51. En 1898 compraron la primera porción de la hacienda San Agustín de Sincerín, adquiriendo los terrenos restantes de esta hacienda cuatro años más tarde, por un total de 27.300 pesos 52. Fue en esta hacienda de siete mil novecientas hectáreas de extensión situadas en el margen izquierdo del Canal del Dique, en donde montarían unos años más tarde el ingenio azucarero. Una de las inversiones preferidas de los Vélez Daníes parece que fue la compra de tierras, pues en 1913 adquirieron otra hacienda, San Antonio de Aguas Vivas, en jurisdicción de los municipios de Turbaco y Arjona, por la que pagaron la suma de 31.000 pesos oro 53; desaparecido Carlos, en 1923, Fernando continuaría adquiriendo tierras en el Sinú durante la década de los treinta.

Vélez Daníes & Cía. participó como accionista en casi todas las industrias y asociaciones comerciales que surgieron en ese período. Crearon en 1898 la más moderna fábrica de materiales para la construcción (El Progreso), fueron accionistas de la Cartagena Oil Refining Co. (1907) y de la fallida Industria de Extractos Tánicos, que se ensayó crear con base en la explotación del mangle. Fundaron e instalaron en Manga la Cervecería de Cartagena, con ciento veinte operarios 54. Tomaron parte en la creación de la Cámara de Comercio de Cartagena, fundada el 18 de julio de 1915, y también se hicieron fuertes accionistas de la compañía The Colombia Products, constituida con un 50% de capital colombiano y un 50% de capital norteamericano.

Los Vélez Daníes también tomaron parte activa en la creación de las primeras entidades bancarias surgidas en Cartagena entre 1880-1920. Fueron los mayores accionistas del Banco Popular de Bolívar en 1883, al poseer el 38,9% del total de sus acciones 55. En 1906 Vélez Daníes & Cía. tomó parte en el contrato celebrado con el Banco Central de Colombia para el establecimiento del Banco Agrícola de Emisión, que contó con un capital inicial de 300.000 pesos oro 56. En 1907 constituyeron la Compañía Internacional de Préstamos y Construcciones, con un capital inicial de 200.000 pesos oro, y en la cual Vélez Daníes & Cía. poseía cincuenta acciones 57. Tuvieron una fuerte participación en la creación del segundo Banco de Bolívar, en 1907 58.

El seis de enero de 1906 Carlos Vélez es despedido en la página social de El Porvenir con motivo de su viaje a La Habana. Permanecería allí por espacio de dos meses, en compañía de Fernando, que, como hemos dicho antes, vivía en Cuba, para regresar a Cartagena a fines de febrero en compañía del ingeniero cubano Luis Bacallado; venían con el decidido propósito de estudiar si las tierras de San Agustín de Sincerín eran adecuadas para montar un ingenio azucarero de la magnitud de los mejores ingenios cubanos.

Cuba, a la que eran tan afectos los Vélez Daníes, y a la que, al igual que otros ganaderos bolivarenses, estaban ligados por lazos comerciales, había sido desde 1840 el primer productor mundial de azúcar 59. Cuando los hermanos Vélez Daníes se reunieron en La Habana en enero de 1906, ya la sólida industria azucarera de la isla se había recuperado de los estragos causados en sus cultivos de caña por la guerra de Independencia Hispano-Cubana (1895-1898), y su producción de azúcar había alcanzado el millón de toneladas. Es el momento en que el capital norteamericano había comenzado a invertir en la creación de las grandes centrales azucareras del oriente cubano, estimulado por el siempre creciente consumo mundial de azúcar 60.

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Molino del ingenio compuesto por un tándem movido por triple engranaje.  Equipado para la extracción del guarapo con conductores de la caña, del bagazo y bagacillo que sirven de combustible para accionar el motor de vapor, que a su vez era utilizado para accionar generadores de fluido eléctrico en el Central.

No es de extrañar, pues, que los Vélez Daníes decidieran invertir más de un millón de dólares en un ingenio azucarero al estilo cubano. Es muy conocida la anécdota según la cual Fernando, recién instalado en La Habana, que en 1898 era una cosmopolita ciudad con aproximadamente 250.000 habitantes 61, asistió a la ópera, y asombrado del lujo que le rodeaba preguntó al calesero cómo había sido posible acumular tanta riqueza, a lo cual éste respondió: "La azúca, don Fernando, la azúca..." 62.

Las perspectivas mundiales del negocio azucarero eran muy halagüeñas hacia 1900, y continuarían siéndolo por varios decenios: Estados Unidos constituía un inmenso mercado en expansión, por su crecimiento demográfico y su insaciable apetito azucarero. En 1898, el consumo anual per cápita en los Estados Unidos era de 65,4 lbs. por persona, consumo que pasó a ser de 86 lbs. anuales por persona en 1908, de 120 lbs. anuales por persona en 1920... y seguiría escalando 63. Un crecimiento similar se observaba en la producción mundial de azúcar: en 1880 la producción azucarera que alcanzaba el mercado mundial era de 3,8 millones de toneladas; después de la modernización que significaron las centrales, la producción de azúcar centrifugada que alcanzó el mercado hasta antes de la Primera Guerra Mundial fue de 16 millones de toneladas, y durante el período entre guerras, 30 millones de toneladas 64. No ha existido en la historia del Caribe un producto que haya igualado el constante crecimiento observado en la industria azucarera a partir del siglo XVIII.

 

 

CONTINUAR CON LA SEGUNDA PARTE

 

Notas:

1 José Ignacio de Pombo, "El Informe a la Junta Suprema de Cartagena de Indias en 1810", en Alfonso Múnera (compilador), Ensayos costeños. De la Colonia a la República, 1770-1890, Bogotá, Colcultura, 1996, pág. 146.

Véase también "El Informe Torres" ("Memorial que el Brigadier D. Gabriel Torres y Velazco, Gobernador de Cartagena durante el Régimen Pacificador, 1815-1820, elevó al Rey de España dándole cuenta del miserable estado de Cartagena durante aquellos tristes años, narrando a grandes rasgos la reciente historia de la ciudad y sugiriendo algunas medidas para remediar la situación"), reproducido en Donaldo Bossa Herazo, Cartagena independiente. Tradición y desarrollo, Bogotá, Tercer Mundo, 1967, págs. 69-76.

2 Citado por Theodore Nichols, Tres puertos de Colombia. Estudio sobre el desarrollo de Cartagena, Santa Marta y Barranquilla, Bogotá, Banco Popular, 1973. Nichols cita del Diario Oficial, 24 de junio de 1883 (pág. 145), y el censo de 1851 (pág. 140).

Adolfo Meisel ha encontrado cifras más deprimidas en el censo de 1851 (9.896 habitantes). Véase Adolfo Meisel, "Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851", en El Caribe colombiano, Barranquilla, Uninorte, 1988, pág. 136.

3 El citado estudio de T. Nichols abarca el desarrollo del transporte, fluvial y férreo, de los tres principales puertos caribeños, explicando las razones por las que la primacía comercial pasara de uno a otro puerto en el transcurso del siglo XIX.

Sobre la rivalidad que despertó la herencia colonial de Cartagena en la provincia nos han ofrecido una síntesis Adolfo Meisel y Gustavo Bell en el ensayo La región caribe: trayectoria de un regionalismo ambiguo (en próxima publicación de nuevo volumen de Nueva historia de Colombia, Editorial Planeta, 1998). Los autores, partiendo de una contextualización económica y demográfica de la Costa de fines del período colonial, analizan el antagonismo político que ha existido entre las regiones costeñas como una constante en nuestra vida política.

4 Theodore Nichols, op. cit., pág. 77.

5 Diario Oficial, 22 de mayo de 1888.

El texto de T. Nichols que hemos citado contiene, en el Apéndice (pág. 291), un cuadro sobre los "Recaudos de aduanas" entre 1855 y 1898 de los tres puertos estudiados.

6 T. Nichols, op. cit., pág. 188.

7 Eduardo Posada Carbó, Una invitación a la historia de Barranquilla, Bogotá, Cerec, 1987, pág. 25.

Jorge Conde y Sergio Solano, Elite empresarial y desarrollo industrial en Barranquilla, 1875-1930, Barranquilla, Ediciones Uniatlántico, 1993, pág. 14.

8 El Porvenir, 23 de julio de 1907 y 11 de agosto de 1907.

Eduardo Posada Carbó, op. cit., pág. 87.

9 El historiador Gabriel Porras Troconis, siendo jefe de redacción de El Porvenir, indagó acerca de las industrias cartageneras a su juicio más destacadas, fundadas a finales del siglo. Entre el 1o. de septiembre de 1915 y el 1o. de septiembre de 1916 fueron reseñadas doce industrias. Porras Troconis privilegió en sus crónicas la descripción de la maquinaria que empleaban y sus instalaciones. A veces suministra datos acerca de su producción diaria, el número de obreros y los salarios. Aunque estas "industrias" no eran más que fabriquitas, sin embargo el autor utilizaba con propiedad la palabra, puesto que para 1915 una industria se refería básicamente a toda producción que fuera el resultado de transformar las materias primas mediante el uso de la máquina. Para el periodo 1900-1910 estas instalaciones fabriles, observadas en los comienzos de la industrialización de muchas ciudades colombianas, modificaron sus fuentes de energía, sustituyendo por derivados del petróleo y por energía eléctrica al carbón, la leña y el vapor en su producción. Véase Alberto Mayor Mora, "Historia de la industria colombiana", en Nueva Historia de Colombia, vol. V, Bogotá, Editorial Planeta, 1989, pág. 313.

10 La comunidad de hombres de negocios de la Cartagena de finales de siglo ha sido descrita como un grupo que se caracterizaba por la diversidad de actividades que desempeñaba, en Manuel Rodríguez B. y Jorge Restrepo R. "La actividad comercial y el grupo de comerciantes de Cartagena a fines del siglo XIX", en FAES, Estudios Sociales,
vol. 1, Medellín, septiembre de 1986. Sobre la fábrica de materiales para la construcción El Progreso, véase información en El Porvenir, 23 de octubre de 1904.

11 José Fernando Isaza y Luis E. Salcedo, Sucedió en la Costa Atlántica, Bogotá, El Áncora, 1991, pág. 165.

"Sus accionistas iniciales fueron Diego Martínez C., Francisco Burgos R. y Prisciliano Cabrales (ganaderos sinuanos). Posteriormente ingresaron inversionistas cartageneros, entre los cuales debe mencionarse a Rafael y Armando Zubiría, Enrique de la Espriella, Rafael del Castillo, Celedonio Piñeres y Lácides Segovia.

En la edición de El Porvenir del 5 de mayo de 1909 se publica un artículo sobre la Cartagena Oil Refining Co., según el cual los mayores accionistas eran Diego Martínez C. y Co., con 105 acciones, y Rafael del Castillo y Co., con 90 acciones, de un total de 510 acciones emitidas. Vélez Daníes & Co. figura con 10 acciones. El número total de accionistas era de veintiocho.

12 José Antonio Ocampo, Colombia y la economía mundial, 1830-1910, Bogotá, Siglo XXI, 1984, pág. 369. Ocampo estima que el acervo ganadero del país se incrementó de unas 900.000 reses a mediados del siglo XIX, a 2,1 millones de cabezas en 1882, y a 4,8 millones en 1916.

13 Eduardo Posada Carbó, The Colombian Caribbean, a regional study, 1870-1950, Oxford, Clarendon Press, 1996, pág. 76.

14 Contraloría de la República, Geografía económica de Colombia. Bolívar, Bogotá, Editorial El Gráfico, 1942.

15 José A. Ocampo (op. cit.) considera que hubo dos períodos de bonanza exportadora de ganado en los últimos decenios del siglo XIX; la primera, después de la guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878), bonanza que se extendería hasta 1888 hacia Panamá, motivada por la demanda que generaron los trabajos del canal interoceánico (1881-1888). Una segunda bonanza, de mayor magnitud, fue la que se generó hacia Cuba a partir de 1898 hasta 1906 con motivo de la escasez de ganados en la isla por la guerra Hispano-Cubana.

Eduardo Posada C. (op. cit.) distingue, además de las bonanzas observadas por Ocampo, un tercer periodo entre 1916 y 1926, y un cuarto periodo entre 1941 y 1944, favorecidos por las guerras mundiales y por exportaciones hechas a Panamá, México y Perú.

16 Remberto Burgos Puche, El general Burgos, Bogotá, Editorial ABC, 1965, pág. 83.

17 Op. cit., págs. 167 y 267.

18 El Porvenir, 19 de junio de 1903.

19 Ocampo, op. cit., pág. 375.

20 Eduardo Posada C., "La ganadería en la Costa Atlántica colombiana, 1870-1950", en Coyuntura Económica, vol. 18, Fedesarrollo, 1988, pág. 170.

21 El Porvenir, 1o. de noviembre de 1906.

22 El Porvenir, 16 de febrero de 1902.

23 Donaldo Bossa Herazo, Cartagena independiente. Tradición y desarrollo, Bogotá, Tercer Mundo, 1967, pág. 102.

24 El Porvenir, op. cit., y 15 de enero de 1905.

25 El Porvenir, 21 de junio de 1918.

26 Adolfo Meisel, "Los bancos en Cartagena", en Adolfo Meisel y Eduardo Posada C., Por qué se disipó el dinamismo industrial de Barranquilla, Barranquilla, Ediciones Gobernación del Atlántico, 1993, pág. 110. Meisel ha señalado en este ensayo el contraste entre las instituciones bancarias que surgieron en Cartagena y Barranquilla para este periodo: aunque en ambos casos los bancos pertenecían a grupos familiares, es diciente el hecho de que el origen del capital de los bancos barranquilleros procediera del comercio de importación y exportación, mientras que en las fuentes del capital cartagenero predominaba el origen ganadero.

27 Donaldo Bossa Herazo, op. cit., págs. 102-103.

Eduardo Posada Carbó, "La ganadería... op. cit., pág. 167.

Sobre este fracasado proyecto del frigorífico de Coveñas, véase tesis de grado de Adalberto Machado para la Corporación Tecnológica de Bolívar, inédita, "La exportación de carne y el Packing House de Coveñas 1918-1938"; una copia de este trabajo reposa en el AHC.

28 El Porvenir, 12 de enero y 14 de marzo de 1902. El Porvenir, 20 de marzo, 13 de abril y 23 de mayo de 1904.

29 El Porvenir, 13 de abril de 1904.

30 El Porvenir, 20 de marzo de 1904.

31 El Porvenir, 23 de marzo de 1904.

32 El Porvenir, 1o. de noviembre de 1906.

33 Archivo Nacional de Colombia, escritura #1087, 31 de julio de 1906 y de 6 de agosto de 1906, Notaría 2 de Bogotá, t. 4, libro 722.

34 Dionisio Vélez Méndez, hijo de Agustín Vélez de la Barreda y Manuela Méndez de Bustos, era abogado y soltero cuando emigró de Cartagena a Riohacha a mediados del siglo XIX, probablemente a raíz de la peste del cólera (1849). Allí prestó sus servicios profesionales a Nicolás Daníes (de ascendencia curazoleña, casado con Margarita Kennedy, irlandesa, con quien tenía once hijos). Dionisio Vélez se casó en Riohacha con una de las hijas de Nicolás Daníes, Margarita, con la que tuvo tres hijos: Margarita (?), Carlos (1859-1923) y Fernando (1862-1938). Celedonio Piñeres de la Espriella me proporcionó los datos genealógicos paternos de los Vélez Daníes; Teresita Román de Zurek, Olga Román (nietas de Carlos Vélez Daníes), así como Myriam Vélez de Lemaitre (nieta de Fernando Vélez D.), me proporcionaron valiosa información acerca de la familia materna.

35 Archivo Histórico de Cartagena, Diario de Bolívar, 27 de abril de 1876. La información sobre el anuncio de venta de la hacienda Dibulla aparecido en el Diario de Bolívar que cito se la debo a la generosidad del profesor Sergio Paolo Solano.

36 El Porvenir, 5 de septiembre de 1906. En carta a la opinión pública y para satisfacer la curiosidad que han despertado los rumores en la ciudad sobre la construcción de un ingenio azucarero en las cercanías de Cartagena.

37 Donaldo Bossa Herazo, Nomenclátor cartagenero, Bogotá, Banco de la República, pág. 257. La estadía de los Vélez Daníes en Sandhurst ha sido confirmada por sus nietas, Myriam Vélez P. de Lemaitre y Olga y Teresita Román.

38 AHC, protocolo # 185 de 21 de septiembre de 1883. Margarita sería separada de esta sociedad dos años después, probablemente debido a que contrajo nuevas nupcias con su tío político (viudo) Atilio de Andréis. (AHC, protocolo # 136 de agosto de 1885).

39 Club Cartagena 1891-1991, cien años de historia, Cartagena, Espitia Editores, 1991.

40 Gaceta Municipal # 368, 31 de julio de 1905.

41 AHC, protocolo # 5 de 1904.

42 El Porvenir, 8 de mayo de 1906.

43 Así lo llama Eduardo Lemaitre en su libro Panamá y su separación de Colombia, Bogotá, Editorial Pluma, 1980, págs. 258-272, en donde nos ofrece una excelente descripción de su personalidad contrastada con la del presidente norteamericano Theodore Roosevelt, con quien le tocó negociar a Panamá.

44 "...Se puede comparar este porcentaje con el 2% de la población muerta en la guerra civil norteamericana entre 1861-1865" (guerra de Secesión): W. P. McGreevy, "La transición al crecimiento económico" en Historia Económica de Colombia. Un debate en marcha, Bogotá, Instituto de Estudios Colombianos, Biblioteca del Banco Popular, 1979, pág. 297.

45 Discurso de posesión del mandatario comentado en Eduardo Lemaitre, Rafael Reyes, biografía de un gran colombiano, Bogotá, Ediciones Espiral, 1967, pág. 274.

46 Sobre este período he consultado:

Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, 1810-1930, Medellín, FAES, 1987, pág. 355.

Jesús A. Bejarano, "La economía en el siglo XX", en Manual de historia de Colombia, vol. 3, Bogotá, Tercer Mundo, 1984.

Darío Mesa, "La vida política después de Panamá, 1903-1922", en op. cit., pág. 88.

W. P. McGreevy, op. cit., pág. 297.

47 El Porvenir, 13 de julio de 1904.

48 El Porvenir, 13 de enero de 1899.

49 La información acerca de la actividad pública de los Vélez ha sido tomada de diversas ediciones de El Porvenir.

50 Esta tendencia ha sido estudiada en el trabajo de Manuel Rodríguez B. y Jorge Restrepo R., citado anteriormente, sobre los comerciantes y sus actividades en Cartagena al finalizar el siglo XIX. Un buen ejemplo es el estudio de Luis Fernando Molina L., "El viejo Mainero. Actividad empresarial de Juan Bautista Mainero y Trucco en Bolívar, Chocó, Antioquia y Cundinamarca, 1860-1918", publicado por el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, 1988.

51 AHC, protocolo # 85 de marzo de 1888.

52 AHC, protocolos # 91 de 7 de marzo de 1898 y # 395 de 5 de diciembre de 1902. La hacienda San Agustín de Sincerín había pertenecido en el pasado a los padres dominicos antes que fuera sacada a remate público en 1864, al contarse dentro de los bienes desamortizados de la Iglesia. El juez cuarto del distrito de Arjona pagó los servicios del rematador, Tomás Cabeza, con tierras de esta hacienda. En 1888 San Agustín de Sincerín pertenecía a Cabeza y seis condueños, quienes al dividir la propiedad la venden a Cabeza (AHC, protocolo # 111 de 21 de abril de 1888). En 1898 Cabeza vende a Vélez Daníes & Cía. parte de la hacienda, y cuatro años más tarde los terrenos comprendidos por el valle y los playones, entre la serranía de San Jacinto, entonces Montes de María y los playones a orillas del Canal del Dique. En 1909 Vélez Daníes & Cía. adquirió otros globos de tierra que ampliarían la hacienda: 20 cabuyas de tierra situadas en los terrenos comunales del corregimiento de Palenque, en el distrito de Mahates, por 1.500 pesos, y un potrero de 100 hectáreas, también en jurisdicción del distrito de Mahates (AHC, protocolos # 519 de 2 de septiembre de 1909 y # 660 de 12 de noviembre de 1909).

53 AHC, protocolo # 998 de 9 de octubre de 1913. En 1834, el avalúo que se hizo de esta hacienda fue de 9.134 pesos. En 1842, su propietario, el general Mariano Montilla, vende su parte a su condueño, Lázaro María Herrera, con base en el anterior avalúo (AHC, protocolo sin numeral del 11 de agosto de 1842). Para 1884, Tomás Watts ha adquirido esta hacienda de los herederos de Lázaro María Herrera, y son los herederos de Watts quienes la rematan a los Vélez Daníes en 1913. Dos meses más tarde, Vélez Daníes & Cía. añadirá a la hacienda 190 hectáreas situadas en el distrito de Turbana, compradas a los sucesores de Juan de la C. González por la suma de mil pesos oro (AHC, protocolo # 1143 de 28 de noviembre de 1913).

54 Sobre la fundación de la fábrica de ácido tánico W. Rasor, en El Porvenir, 13 de marzo de 1916, dice que la inversión era de $150.000 oro: "... por cada ton. de tanino se invierten cuatro ton. de corteza de mangle, que en Nueva York se vende neto a $50 la ton.". En El Porvenir de 27 de abril de 1911 se dice que su promotor fue el inmigrante italiano Calixto Giordanengo. Tanto los Vélez como Diego Martínez C. se encontraban entre sus socios fundadores.

Sobre la cervecería en la isla de Manga, véase Álbum de Cartagena de Indias 20 de enero de 1533-20 de enero de 1933 (sobre la edición, sólo dice este álbum "Bajo los Auspicios de María Inmaculada"). No tiene paginación. Sobre esta cervecería dice: "Para proveerse de agua está dotada de un condensador capaz de producir 85 toneladas de agua dulce diariamente. Cuenta con una superior maquinaria para la fabricación de hielo, capaz de producir 200 toneladas diarias. La maquinaria para la fabricación de Cerveza alcanza una producción de 15.000 litros diarios, y es movida por motores de fuel oil. Para la reserva de este combustible cuenta con un depósito de una capacidad de 2.500 barriles..." Sus accionistas fundadores son Vélez Daníes & Cía., sucesores de C. Piñeres, y Rafael del Castillo y Cía.

55 Adolfo Meisel, "Los bancos en Cartagena", en Adolfo Meisel y Eduardo Posada C., Por qué se disipó..., op. cit., pág. 110.

56 AHC, protocolo # 188 de 16 de abril de 1906.

57 AHC, protocolo # 820 de 21 de octubre de 1907.

58 AHC, protocolo # 820 de 21 de octubre de 1907.

59 Manuel Moreno F., "Economías y sociedades de plantaciones en el Caribe español, 1860-1930", en Leslie Bethell (compilador), Historia de América Latina, t. VII, Barcelona, Crítica (Grijalbo), 1991, pág. 182.

60 Ibíd., pág. 182.

61 Hugh Thomas, Historia contemporánea de Cuba, Barcelona, Grijalbo, 1982, pág. 285.

62 Licenciado Serpentín, Los secretos del inspector Caraballo, Bogotá, Iqueima, 1955, pág. 13.

63 Sidney Mintz, "Pleausure, profit and satiation", en Seeds of Change, Washington, Smithsonian Institution, 1991, pág. 127.

64 Sidney Mintz, Sweetness and Power. The place of sugar in modern history, Viking Penguin, EE. UU., 1985, pág. 167. Para este antropólogo la producción azucarera era sinónimo de desarrollo económico: "Development, as it is called, has meant among other things a relatively steady increase in sugar consumption since perhaps the mid XIX century" (págs. 196-97). (Al profesor Alfonso Múnera le debo la información acerca de este libro).

65 Entre el 8 de marzo de 1905 y el 5 de septiembre de 1906 aparecen en El Porvenir nueve editoriales que hablan sobre el futuro ingenio de Sincerín. Carlos Vélez, finalmente, el 5 de septiembre de 1906, publica una carta en este diario en la que explica sus propósitos y el significado del contrato que ha firmado con el gobierno central a través de Lácides Segovia, su representante en Bogotá.
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66 Adolfo Meisel, "Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851", en El Caribe Colombiano..., op. cit., págs. 93-94 y 107-108. Meisel analiza en este trabajo el avalúo que encuentra de varias haciendas coloniales, algunas de las cuales están en la región del Canal del Dique y otra en el municipio de Santa Rosa.
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67 A esa conclusión llega el citado estudio de Adolfo Meisel sobre el avalúo de las haciendas coloniales.
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68 Juan y Tomás Campbell Stevenson Diazgranados eran hijos de Donald Campbell Stevenson (utilizaban el apellido Stevenson), nacido en Glasgow en 1807, fundador de la familia Stevenson en Cartagena. Casó en Cartagena con María Nicolasa Diazgranados y Paniza en 1831. (Estos datos genealógicos se los agradezco a Haroldo Calvo Stevenson).
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69 AHC, protocolo # 1, de 1873.
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70 AHC, Diario de Bolívar, # 1035, 16 de enero de 1875.
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71 AHC, protocolo # 222, libro 1892, 18 de junio de 1892.
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72 Remberto Burgos, op. cit., pág. 95.
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73 Archivo Histórico de la Nación, Protocolo # 1087 de 6 de agosto de 1906, Notaría 2 de Bogotá, t. 4, libro 722.
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74 AHC, protocolos # 959 y 960 de 5 de diciembre de 1907. Se constituye The Colombian Sugar Company en Nueva York, protocolizándose aquí su creación.
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AHC, protocolo # 3 de 3 de enero de 1908, por medio del cual Vélez Daníes & Cía., vende la hacienda San Agustín, excepto los playones, a The Colombian Sugar por un millón de dólares y la posesión de sus acciones.
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75 AHC, protocolo # 555 de 16 de septiembre de 1910.
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76 Citado en Phanor Eder, El fundador Santiago M. Eder, Bogotá, Flota Mercante Grancolombiana, 1981, pág. 519.
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77 Agradezco al profesor Alfonso Múnera el haberme facilitado el libro del historiador cubano Manuel Moreno Fraginals, El Ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar, La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1978, del cual he extraído toda la información acerca de los avances tecnológicos cubanos en la producción azucarera, especialmente en las págs. 204, 210-15, 222, 234 y 252.
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78 El Porvenir, 23 de junio de 1909.
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79 Phanor Eder, op. cit., págs. 517-519.
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80 La información acerca de la maquinaria que poseía el Central Colombia ha sido reunida de diferentes artículos aparecidos en El Porvenir a partir del 5 de mayo de 1908, particularmente del artículo aparecido el 12 de agosto de 1924 bajo el título "Monografía del Central Colombia" escrito por Gonzalo Girón Franco. También he utilizado el texto de P. A. Pedraza, Excursiones presidenciales. Apuntes de un diario de viaje. República de Colombia, Norwood (Mass.), The Plimpton Press, 1909.
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81 "Conferencia entre el general José Torralbo y Uldarico Rozo sobre el Ingenio de Sincerín", Revista Nacional de Agricultura, año 5 (10), junio de 1910, págs. 291-297.
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82 Reproducidas en El Porvenir, 12 y 13 de abril de 1910.
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83 Antonio Samper Uribe, "El Ingenio de Sincerín", Revista Nacional de Agricultura, año 3 (10), abril de 1913, págs. 754-758.
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84 Ibíd.
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85 "El Ingenio Central de Peñalisa", informe de Ch. Deneumostier, exdirector de la Escuela de Agronomía de Bogotá, Revista Nacional de Agricultura, mayo de 1921, págs. 14-21.
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86 Diego Monsalve, Colombia cafetera, Barcelona, 1927, pág. 88. Sus propietarios eran Vélez Daníes & Cía., Pombo Hermanos y Rafael del Castillo; movilizaban carga de ida y vuelta hasta y desde Girardot y La Dorada, en donde contaban con bodegas propias.
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87 "La niña bonita del ingenio", llamó a su parque automotor uno de sus liquidadores, Eduardo Lemaitre, en el relato que sobre ésta hizo en Los secretos del inspector Caraballo. Historia mínima, sintética, anecdótica, pintoresca, cómica y trágica de la vida, pasión y muerte de Colombian Sugar Co. S. A., Bogotá, Iqueima,1955, pág. 47.
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88 El Porvenir, 25 de febrero de 1909.

89 Revista Nacional de Agricultura, junio de 1910, pág. 295.
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90 "El Ingenio Central de Peñalisa", Revista Nacional de Agricultura, op. cit.
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91 Ibíd. Se cita allí el concepto del ingeniero agrónomo P. Papaioannou a quien el Ministerio de Agricultura encargó una investigación sobre los costos de producción del azúcar. A dichos costos habría que añadir, dice, los gastos de transporte a los centros de consumo.
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92 Eduardo Posada Carbó, en The Colombian Caribbean (op. cit.), ha publicado los siguientes datos al respecto: El Central Colombia produjo en 1927 10.187 toneladas de azúcar; en 1932, 10.687 ton., y en 1940, 10.586 ton., como los únicos tres años en que, contabilizado un decenio, el Central produjo ese tonelaje.
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93 Revista Nacional de Agricultura, abril de 1913, op. cit.
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94 P. A. Pedraza, op. cit. Sobre las responsabilidades de los colonos fue muy importante la información obtenida en conversaciones con antiguos colonos, como fueron (siendo muchachos) Celedonio Piñeres de la Espriella, Eduardo Lemaitre Román y Orlando Lemaitre Torres.
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95 Antonio Samper U., op. cit.
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96 El Porvenir, 12 de agosto de 1924.
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97 En el transcurso de 1909 los Vélez Daníes se defendieron de la acusación de competencia desleal subsidiada, aparecida en la prensa bogotana (y reproducida en El Porvenir) por trapicheros de El Socorro (El Porvenir, 10 de enero de 1909), de Cundinamarca (El Porvenir, 20 de junio de 1909) y del Valle del Cauca (El Porvenir, 23 de junio de 1909).
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98 El Porvenir, 12 de abril de 1910.
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99 "El Ingenio Central de Peñalisa" (op. cit.). Allí se reproduce el Informe de Ch. Deneumostier, "ingeniero agrónomo de la Escuela de Gembloux (Bélgica), antiguo director del Instituto Agronómico de Lima (Perú), y exdirector de la escuela de Agronomía de Bogotá".
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100 "El Ingenio de Sincerín" (op. cit.). Antonio Samper cita la información que recogió de los Vélez Daníes.
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101 El Porvenir, 23 de junio de 1909.
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102 "El Ingenio Central de Peñalisa" (op. cit.).
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103 Ibíd.

104 La mayoría de las acciones de la Colombia Sugar Co. permanecieron en manos de la familia; para el momento de su liquidación, más del 80% de sus acciones permanecían en manos de familiares directos de Carlos y Fernando Vélez Daníes. Véase la "Relación de accionistas de la Colombia Sugar Co. en liquidación" (1953) en Los secretos del inspector Caraballo (op. cit.), pág. 91.

105 El Porvenir, 12 de agosto de 1924.
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106 Juicio de sucesión de Fernando Vélez D., AHC, protocolo # 74 de 14 de febrero de 1939, Notaría 2.
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107 Ibíd.
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108 Esta historia ha sido narrada por uno de los liquidadores del ingenio, Eduardo Lemaitre, en el citado folleto Los secretos del inspector Caraballo. Allí Lemaitre afirma que Vélez Torres, en el curso de los años cuarenta, inició no menos de quince pleitos contra el Central Colombia por diversos motivos, pleitos que dificultaron la venta de sus acciones y desmoralizaron a presuntos compradores una vez el ingenio entró en la etapa de liquidación.
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109 Eduardo Posada Carbó, op. cit., pág. 109.
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110 Los secretos del inspector... (op. cit.), págs. 79-81.
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111 Todo lo relativo al ingenio de Sautatá, en Contraloría de la República de Colombia, Geografía económica de Colombia. Chocó, Bogotá, Ediciones El Gráfico, 1942, págs. 442-447.
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112 Remberto Burgos P., El general Burgos (op. cit.). Todo sobre el Ingenio Berástegui en págs. 338-426.
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113 Manuel Moreno F., "Economía y sociedad..." (op. cit.), pág. 183.
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114 Diego Monsalve, op. cit., pág. 762. Los valores del azúcar están dados en kilos en el original.
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115 Revista Nacional de Agricultura, agosto de 1938. Alfonso Romero Manrique cita datos estadísticos "más o menos oficiales" sobre la producción y el consumo de azúcar en el país entre los años 1935-1937
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116 Eduardo Posada C., The Colombian... (op. cit.), págs. 148 y 160. (La traducción es mía).
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117 El Porvenir, 10 de agosto de 1916.
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118 José María Rojas, Sociedad y economía en el Valle del Cauca. Empresarios y tecnología en la formación del sector azucarero en Colombia, 1860-1980, Bogotá, Banco Popular, 1983, págs. 39-40.
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