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Cartagena
de Indias en 1777: un análisis demográfico*
ADOLFO MEISEL ROCA
MARÍA AGUILERA DÍAZ
Trabajo fotográfico: Alberto Sierra
Restrepo
INDICE
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Introducción
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Cartagena, antemural de las Indias
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Cartagena de Indias en el censo
de 1777
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Conclusiones
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INTRODUCCIÓN
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Tomada de: El viagero
universal o noticia del mundo antiguo y nuevo, Imprenta de Villapando, Madrid, 1797.
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En 1772 el obispo Diego de Peredo
describió así a Cartagena de Indias: "Está sobre el arena, y aun algunas
cienaguillas cegadas. Encuéntrase agua dulce en algunas partes, a las dos varas. Sus
calles son regularmente anchas y derechas; las casas las más altas y todas de muy buena
disposición y construcción que hace vistosa la ciudad que los políticos consideran como
de tercera jerarquía de Europa" 1. Además, en cuanto a
número de habitantes era la segunda ciudad del virreinato de la Nueva Granada, después
de Santafé de Bogotá. También era el principal puerto marítimo del virreinato y la
primera plaza fuerte del imperio español en América. Por todas estas razones, resulta
muy afortunado que para cuatro de los cinco barrios que tenía Cartagena en 1777 se
encuentren en el Archivo General de la Nación los registros detallados del censo de la
ciudad en ese año.
Esos cuatro barrios, más los conventos
de San Diego y Santa Clara, albergaban 10.470 habitantes, el 76,5% de la población total
de la ciudad, que en ese momento era de 13.690 habitantes. Para esas 10.470 personas
tenemos información parcial sobre variables tales como nombre, apellido, sexo, edad,
raza, ocupación, condición social y lugar de residencia. Esa información sirve en
muchos casos como muestra que permite inferir, con un amplio margen de confianza, cómo
era la población de la ciudad. Esta base de datos tan completa nos ofrece una
radiografía nítida de lo que era la estructura económica y social de la ciudad.
Varios historiadores y geógrafos han
realizado análisis parciales del censo de Cartagena de 1777. Tal vez el primero fue el
historiador cartagenero Eduardo Gutiérrez de Piñeres, quién publicó la información
del barrio Santo Toribio. Piñeres se limitó a transcribir la información para el barrio
Santo Toribio, cuadra por cuadra, clasificando a las personas por sexo y agrupándolas en
las categorías de libres y esclavos 2.
En 1976, Linda L. Greenow presentó una
tesis de maestría en geografía sobre el censo de Cartagena de Indias en 1777 3. Con la información sobre los cuatro barrios, Greenow llevó a
cabo un análisis completo de la distribución espacial de las unidades residenciales de
acuerdo con su tamaño y estructura. También estudió las unidades residenciales según
las características de sus jefes. Otro aspecto tratado por Greenow fue el tamaño de las
unidades residenciales (número de personas) y las estructuras familiares. En síntesis,
se trata de un trabajo con énfasis en las características de la unidad residencial y su
distribución espacial. Por tal motivo, no se detuvo en los aspectos sociales y
económicos, como, por ejemplo, la estructura del empleo y la composición racial.
Más recientemente, el geógrafo José
Agustín Blanco publicó un breve ensayo acerca del barrio Santo Toribio 4. Sin embargo, Blanco no estudió la estructura de edades y sexos
del barrio, ni la estructura del empleo, limitándose a presentar un resumen muy parcial
de las características raciales de su población.
Todo lo anterior indica que es necesario
someter a una cuidadosa revisión el censo de Cartagena de Indias de 1777, pues los
tratamientos que ha recibido son muy limitados. En ese sentido resultan muy útiles los
avances de la informática que en los últimos años han ayudado a reducir las
dificultades y, sobre todo, los costos que implica procesar una base de datos del tamaño
del censo en cuestión. Precisamente con este censo, uno de los autores de este ensayo ha
vivido las ventajas de la revolución informática que se dio en la década de 1980. Desde
1976, cuando realizó en el Archivo General de la Nación la investigación para una tesis
de pregrado en economía en la Universidad de los Andes, había recopilado la información
sobre el censo de Cartagena de Indias de 1777. Sin embargo, en esa época era muy costoso
procesar una base de datos de esta magnitud. Además, había muy pocos computadores en
Colombia.
Cuando en 1979 escribió el trabajo
"Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851"
(Desarrollo y Sociedad, Cede, Uniandes, núm. 4, julio de 1980), tuvo que desechar el
análisis del censo de Cartagena de 1777, pues no tenía acceso a un computador. Por
ejemplo, en la Cámara de Comercio de Cartagena, entidad en la cual estaba trabajando, no
había ninguno. Hoy en día la revolución de los computadores personales ha transformado
por completo esta situación. Aunque estas consideraciones parezcan triviales, forman
parte de la explicación de por qué hasta la fecha este valioso censo no ha sido
estudiado en forma sistemática.
El trabajo que aquí presentamos se
centra en los aspectos demográficos, económicos y sociales. Sin embargo, se puede pensar
en muchos otros usos para esta valiosa información: por ejemplo, para la elaboración de
las biografías colectivas. Todo ello señala que el censo de 1777 debe convertirse en una
herramienta imprescindible para la historia social de Cartagena de Indias en el siglo
XVIII.
CARTAGENA, ANTEMURAL DE LAS INDIAS
Cartagena de Indias fue fundada por Pedro
de Heredia el 1o. de junio de 1533. Inicialmente albergó un crecido número de españoles
atraídos por los descubrimientos de oro en las tumbas del Sinú. A finales de 1534 se
encontraban en la ciudad más de 800 españoles, y ya en 1535 ese número se había
elevado a 2.000 5. Una vez pasó la agitación inicial de la
conquista de su territorio y se agotaron las sepulturas del Sinú, la población flotante
descendió. Para 1538 ésta se había reducido a unas 500 personas.
Cuadro 1. Población de Cartagena de Indias (siglos XVI
al XIX).
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FUENTE: El dato para 1565 se
obtuvo de Juan Friede, Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino de
Granada, Bogotá, Biblioteca Banco Popular, t. V, 1975, pág. 265; para 1630, de
Antonio Vásquez de Espinosa, Compendio y descripción de las Indias, Madrid,
1969, pág. 220; para 1684, de Eduardo Gutiérrez de Piñeres, Documentos para la
Historia del Departamento de Bolívar, Cartagena, 1924, pág. 50; para 1708, de
Carmen Gómez Pérez, "La población de Cartagena de Indias a principios del siglo
XVIII", en Temas Americanistas, núm. 2, Sevilla, 1983, pág. 15; para 1777, de
"Provincia de Cartagena, padrón hecho en el año de 1778", mapoteca 7, núm.
1353 (21), Archivo General de la Nación; para 1809, de Donald Bossa Herazo, Cartagena
Independiente, tradición y desarrollo, Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1967, pág.
29.
Nota: En el caso de la
Información de Friede, Vásquez de Espinosa y Gómez Pérez, lo que ellos reportan es el
número de vecinos de la ciudad. Para obtener el número de habitantes, hemos
multiplicado ese dato por cuatro.
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GRÁFICO
1. Población de Cartagena de Indias (siglos XVI AL XIX).
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La población española empezó a
quejarse de estrechez económica a fines de la década de 1530. Por tal motivo, recibió
en 1540 las primeras reparticiones de encomiendas 6. A
comienzos de la década de 1540 había en la provincia de Cartagena 253 pueblos indígenas
repartidos en 139 encomiendas 7.
La población indígena en el territorio
de la provincia de Cartagena al momento de la Conquista era de unas 100.000 personas 8. La continua reducción de esta población desde el primer
contacto con los españoles llevó a que para 1570 su número fuera de sólo unas 22.500
personas 9.
Aunque la provincia de Cartagena no
tenía minas de oro o plata y su población indígena, en comparación con la de otras
regiones, era escasa, la ciudad prosperó. Y prosperó porque contaba con una excelente
bahía protegida que la convirtió en el principal puerto de entrada a la América del
Sur. Además, su ubicación cerca de la desembocadura del río Magdalena hacía de ella el
enlace obligatorio entre el interior del Nuevo Reino de Granada y el resto del mundo.
La creciente vitalidad comercial de la
ciudad desató sobre ella la codicia de los piratas franceses e ingleses, que desde
comienzos del siglo XVI se dedicaron a asaltar tanto a los barcos españoles que
regresaban a la península cargados con los tesoros americanos, como a las mismas colonias
españolas en América.
En 1542, sólo diez años después de su
fundación, se apoderó de Cartagena el pirata francés Roberto Baal. Posteriormente, en
1559, otro pirata francés, Martin Cote, logró tomarse la ciudad y se alzó con un
crecido botín. En 1568 ocurrió el asalto del pirata inglés John Hawkins, al cual
siguió, en 1586, el de su compatriota Francis Drake. Todos estos asaltos se dieron con
relativa facilidad, pues la ciudad no estaba fortificada.
Ante la amenaza de los piratas, tanto por
mar como por tierra, la corona española diseñó una estrategia defensiva para
neutralizar su acción y poner a salvo los tesoros que transportaba a España.
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Traza más antigua de las
fortificaciones de Cartagena de Indias, 1595 (Tomado de: Rutas y fortificaciones en
América y Filipinas [Madrid], Biblioteca CEHOPU, 1985).
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La primera de las acciones
defensivas que realizó España fue la creación del sistema de flotas para transportar a
Sevilla en forma segura la plata de México y Perú. La otra estrategia fue construir
complejas obras de fortificación en los principales puertos, como Cartagena de Indias.
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CUADRO 2:
Tasa de crecimiento anual promedio de la población de Cartagena de Indias (porcentaje).
Fuente: Cuadro 1 y cálculos de los autores
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Las flotas eran convoyes de barcos
mercantes, en ocasiones de hasta cuarenta barcos, escoltados por unos cinco a ocho buques
de guerra 10. A partir de 1566 el comercio entre España y sus
colonias americanas se hizo a través de dos flotas, una que salía de Sevilla y se
dirigía a Veracruz, la llamada flota de Nueva España, y la otra que navegaba de Sevilla
a Cartagena y Portobelo, la llamada flota de los Galeones de Tierra Firme. En Cartagena,
la flota de galeones permanecía un mes. De ahí navegaba hacia Panamá, donde recogía la
plata del Perú y regresaba a Cartagena, de donde salía hacia La Habana cargada con el
oro del Nuevo Reino de Granada y las perlas de la Guajira. Allí se juntaba con la flota
de Nueva España, para emprender la travesía del océano Atlántico en el viaje de
retorno a Sevilla 11.
Si bien el sistema de flotas neutralizó,
en forma muy eficaz, la acción de los piratas en el mar, los puertos donde se
concentraban las flotas se convirtieron en blancos vulnerables. Por ejemplo, el pirata
inglés Francis Drake se tomó a Cartagena entre febrero y abril de 1586, causando enorme
destrucción. El gobernador de la época hizo el siguiente recuento de las pérdidas
materiales que sufrió Cartagena:
El daño que este corsario hizo a esta
ciudad montaba mas de cuatrocientos mil ducados, con la artillería que llevó. Quemó y
derribó 248 casas, las dos partes de piedra y teja y el tercio de paja
12
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Cartagena de Indias, plano
de 1628 (Tomado de: Rutas y fortificaciones en América y Filipinas [Madrid],
Biblioteca CEHOPU, 1985).
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Cuando el pirata Drake
asaltó a Cartagena, la ciudad sólo contaba para su defensa con el fuerte de San Matías,
en la punta de Icacos, en la isla de Bocagrande, que defendía el ingreso por el canal de
Bocagrande, por donde se entraba a la bahía exterior en esa época, y el fuerte de San
Felipe del Boquerón, ubicado en la isla de Manga, a la entrada de la bahía de las
Ánimas 13 . Por esa razón, el mismo año en que Drake
saqueó a la ciudad llegó a Cartagena el ingeniero militar Bautista Antonelli, quien
preparó un proyecto de fortificación. En 1594, Antonelli regresó y adelantó un
diseño para rodearla con una muralla que debía encerrar en su perímetro a la mayor
parte de la población 14. En lo fundamental el trazado de
Antonelli se conserva, aunque la muralla construida con sus especificaciones era de madera
y fajina, razón por la cual un mar de leva la destruyó. En el proyecto de Antonelli no
se incluyó a Getsemaní, pues en esa época era una isla despoblada donde sólo se
hallaban situados el matadero y el convento de San Francisco 15.
La construcción de las murallas y
fortificaciones de Cartagena se extendió hasta el final de la dominación española. De
las murallas que hoy la rodean las más antiguas datan de comienzos del siglo XVII 16.
Entre 1609 y 1631 el ingeniero militar
Cristóbal de Roda dirigió la construcción de baluartes y murallas, ampliando el recinto
amurallado para incluir el barrio San Diego, que había quedado por fuera de la ciudad
amurallada en el proyecto de Bautista Antonelli. Los trabajos avanzaron rápidamente, y en
1638 las murallas de la ciudad estaban casi completas, aunque el sector entre los
baluartes de Santa Catalina y Santa Clara quedó provisto únicamente de una
"estacada sencilla". Hasta 1798 no se terminó de cerrar la muralla en ese
sector, cuando Antonio de Arévalo construyó unas bóvedas a prueba de bombas para
albergue de la tropa 17.
A comienzos del siglo XVII el sector de
la vecina isla de Getsemaní se empezó a poblar, razón por la cual en 1631 se inició la
labor de fortificarla con la construcción del baluarte El Reducto. La muralla entre dicho
baluarte y el de Chambacú se levantó entre 1669 y 1671, con excepción de un trayecto
corto a orillas del caño de Manga que se terminó en el siglo XVIII 18.
En 1640 naufragaron dos galeones y una
nave capitana en el canal de Bocagrande. Los cascos de los barcos hundidos llevaron a la
formación de una barra entre Tierrabomba y Bocagrande, lo cual implicó que a partir de
entonces tuviera que utilizarse el canal de Bocachica como vía de acceso a la bahía 19. Por esa razón, la estrategia defensiva de la bahía cambió
y se ordenó la construcción del fuerte de San Luis, hoy desaparecido, en la isla de
Tierrabomba, cerca del canal de Bocachica. Esta obra se terminó en 1661.
Fuera de las murallas, otras obras que
habría que destacar son el castillo de San Felipe, concluido en 1657, pero que en el
siglo XVIII fue transformado completamente por el ingeniero militar Antonio de Arévalo.
También en el siglo XVIII se construyeron en la bahía los fuertes de San Sebastián del
Pastelillo (1743), San José (1759) y la batería de San José (1759).
Contaba, pues, la ciudad, a finales del
siglo XVIII, con una imponente infraestructura militar que hacía de ella la principal
fortaleza de España en América.
CARTAGENA DE INDIAS EN EL CENSO DE 1777
La provincia y su población
La población de la provincia de
Cartagena en el censo de 1777 fue de 118.378 habitantes (véase cuadro 3) 20. Era la segunda provincia de la Nueva Granada en cuanto a
población, ya que sólo la de Tunja, con 259.612 habitantes, la superaba. En 1777 la
población de la provincia de Cartagena representó el 14,9% de la población total de la
Nueva Granada 21. Esa población se encontraba dispersa en un
vasto territorio: de ochenta y seis poblaciones que tenía la provincia (repartidas en
ciudades, villas, parroquias y pueblos), un total de setenta y cuatro tenían menos de
2.000 habitantes y sólo tres de ellas (Cartagena, Mompox y Lorica), superaban los cuatro
mil habitantes.
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CUADRO 3.
Población de la provincia de Cartagena (1777).
Nota: La tasa de masculinidad resulta de dicvidir el
número de hombres por el número de mujeres.
Fuente:¨Provincia de Cartagena, padrón
hecho en el año de 1778", mapoteca 7, núm. 1353(21), Archivo Histórico Nacional de
Colombia.
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Habría que señalar que
en el total de la población de la provincia de Cartagena el porcentaje de esclavos no era
muy elevado en 1777. En efecto, con sólo el 8,1% del total de los habitantes, se aprecia
que esta institución, aunque importante, no constituía el fundamento de la economía
regional. Esa escasa participación, en comparación con lo que fue corriente en las islas
del Caribe, por ejemplo, era resultado de la ausencia en la Costa Caribe de la Nueva
Granada de plantaciones que produjeran para los mercados externos y de la escala reducida
de la minería en esta zona 22.
Llama la atención también que el
porcentaje de indígenas (16,4%) en el total de la población era elevado. Más adelante
veremos que probablemente constituía el grupo racial más numeroso en la provincia de
Cartagena, como lo era también en el resto de la Costa Caribe colombiana.
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Plano de la ciudad de
Cartagena, 1697.
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Vale la pena señalar que, en 1777,
en el total de la población de la provincia de Cartagena la tasa de masculinidad (el
número de hombres divididos por el número de mujeres) era menor que uno. Esa situación
se observó también para la población indígena, para la esclava y para los libres, mas
no así para los blancos, para los cuales la tasa de masculinidad fue mayor que uno
(1,04). Esta última situación era producto de la inmigración de españoles, que a
menudo eran hombres jóvenes y solteros, como sucedía con muchos de los soldados y
oficiales del Regimiento Fijo de Cartagena 23.
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GRÁFICO
2.Población de la provincia de Cartagena en 1777 por categorías.
Fuente: Cuadro 3.
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Cabría explicar que la tasa de
masculinidad para la población esclava era mayor que uno en las zonas rurales y menor que
uno para las urbanas. En efecto, si tomamos como población esclava urbana la de Mompox y
Cartagena y como rural el resto, encontramos que la tasa de masculinidad para los esclavos
rurales era de 1,06 y para los de las áreas urbanas de 0,72. Más adelante explicaremos
por qué este contraste entre el campo y la ciudad a este respecto.
Una de las características del patrón
de poblamiento de la provincia de Cartagena y en la de Santa Marta ocurría algo
similar, era la enorme dispersión que predominaba en las zonas rurales, como
resultado de un escaso control por parte de las autoridades españolas sobre el
territorio. En gran medida, ese patrón de poblamiento era fruto de las características
económicas de la Costa Caribe en el período colonial.
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Plano de Cartagena de
Indias, 1665 (Tomado de: Rutas y fortificaciones en América y filipinas
[Madrid], Biblioteca CEHOPU, 1985).
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El gran desarrollo
económico y social que tuvo Cartagena de Indias en este período tenía causas exógenas
a la región, pues se dio en razón de su posición de puerto privilegiado y fortín
militar. En contraste, en las zonas rurales no se desarrolló la agricultura de
plantación, y no había un sector minero importante. El escaso desarrollo agropecuario
que se dio fue principalmente para el abasto de los centros urbanos, encabezados por
Cartagena y Mompox.
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Plano de Cartagena de
Indias, 1740 (Tomado de: Rutas y fortificaciones en América y filipinas
[Madrid], Biblioteca CEHOPU, 1985).
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En el censo de 1777 la población
de Cartagena y Mompox representó el 17,5% del total de la provincia, lo cual pone de
manifiesto el enorme peso económico y demográfico de estos dos centros urbanos 24. Después de 1816 sólo en el siglo XX el territorio de lo que
fue la provincia de Cartagena volvió a albergar más del 17% de la población en sus dos
ciudades principales. Incluso en el primer censo del siglo XX, el de 1905, la población
conjunta de Cartagena y Barranquilla sólo representó el 15,8% del total del territorio
en cuestión. Es decir, que en el período colonial la Costa Caribe tuvo casi una
prematura "hiperurbanización".
En contraste con el vigoroso desarrollo
urbano de la Costa Caribe en el período colonial, las zonas rurales se caracterizaron por
la fragilidad de su base económica. En parte como resultado de ello, el control que
ejercieron las autoridades españolas sobre la población rural fue muy limitado. En el
caso de la provincia de Santa Marta, la presencia de la aguerrida población chimila
representó una amenaza permanente para las actividades de los españoles hasta bien
entrado el siglo XVIII 25. Además, en la península de la Guajira la población
indígena nunca pudo ser sometida al dominio español a pesar de las múltiples
"campañas de pacificación" que se adelantaron 26.
Las cosas no fueron demasiado diferentes
en la provincia de Cartagena a este respecto. En primer lugar, habría que mencionar la
presencia de esclavos fugados que se internaron en los montes y formaron palenques 27. Sin embargo, de éstos solo sobrevivió hasta el siglo XVIII
el palenque de San Basilio, en la zona del Canal del Dique, y a la cual las autoridades
coloniales le reconocieron la libertad.
En el siglo XVIII fueron de mayor
importancia cuantitativa que los palenques las rochelas, que eran núcleos de campesinos
pobres, en su mayoría "libres de todos los colores"; es decir, zambos, mulatos,
mestizos, pero también negros, libres o fugados, y blancos 28.
Esa población era el fruto del mestizaje, real o social, del cruce entre los esclavos de
las haciendas y las indígenas, del cimarronaje y del esfuerzo de los mulatos de diversos
orígenes por liberarse de la opresión de los esclavistas y hacendados.
En 1781, en un extenso recorrido que lo
llevó por los territorios de lo que hoy es el departamento del Atlántico, los valles de
los ríos Magdalena, Cauca y Sinú y las sabanas de Tolú, el obispo de Cartagena les
administró, según su testimonio, el sacramento de la confirmación a 38.000 personas 29. Su descripción del estado de abandono en que vivía la
población rural de la provincia es conmovedor 30:
Fluctuando entre dos contrarios
extremos de placer y de pena, prevalecía ésta, y se anegaba mi pecho en un proceloso mar
de tribulaciones, al advertir y experimentar la universal relajación y corrupción de
costumbres de los fieles; la infidelidad, miseria y desdicha de muchos vecindarios, la
falta de pasto espiritual, por carecer de párrocos un crecido número de curatos antiguos
y modernos, sin arbitrio para proveerles, así por la escasez de operarios, como porque no
estando aquellos suficientemente dotados, no hay sujetos de probidad que los apetezcan, ni
se podría obligar a los sacerdotes a que fuesen a servirlos; expuestos a mendigar y
perecer; y sobre todo el abandono y olvido de las obligaciones de cristianos, y el
deplorable estado de las iglesias. Pues en unos lugares, no hay absolutamente; en éstos
sirve de tal, una ramada sólo proporcionada para albergue de brutos, pero no para
habitación siquiera de los más viles esclavos. En otros es una despreciable ermita con
paredes de cañas; y en otros finalmente, aunque está regular lo material de su fábrica,
se halla desproveída de los parámetros necesarios para la celebración de los divinos
oficios, y administración de los santos sacramentos, siendo pocas las que se ven
ornamentadas de lo preciso para la decencia del culto divino, como todo lo reconocerá la
alta comprehensión de V.S.I. por la adjunta relación o extracto, que paso reverente a
sus manos con esta representación.
Los hacendados desplegaron enormes
esfuerzos, en ocasiones exitosos, por establecer el control sobre esta población
arrochelada, para poder beneficiarse cobrándoles terrajes y arrendamientos sobre las
tierras que monopolizaban.
Las autoridades coloniales promovieron a
finales del siglo XVIII la eliminación del patrón de poblamiento disperso y sin control
eclesiástico, económico y fiscal que había en la Costa Caribe. Para ello apoyaron
varios esfuerzos para repoblar las provincias de Cartagena y Santa Marta.
De estas campañas, tal vez la de mayor
trascendencia e impacto social fue la que realizó entre 1774 y 1779 Antonio de la Torre y
Miranda. Desplegando una intensa actividad, De la Torre y Miranda fundó y refundó
cuarenta y tres poblaciones en la provincia de Cartagena, con un total de 40.717
habitantes; es decir, una tercera parte de los habitantes que tenía la provincia hacia
1777 (y casi la mitad de su población rural) 31.
Cuando el gobernador de Cartagena Juan de
Torrez Díaz Pimienta nombró al teniente Antonio de la Torre y Miranda, lo hizo para que
este se encargara de:
[...] reducir en poblaciones formales
las infinitas aldeas que vivían dispersas en la provincia internados en los montes,
faltos de religión, policía y racionalidad, siendo perjudiciales al Estado
32
.
Otra campaña bastante exitosa para
reorganizar la población fue la que realizó, entre 1744 y 1780, José Fernando de Mier y
Guerra en la ribera oriental del río Magdalena. El objetivo de esa campaña fue el
repoblamiento, y en ella se fundaron o refundaron veinte poblaciones, con el fin de
debilitar el dominio que sobre la zona habían ejercido los chimilas, impidiendo la
navegación por el río Magdalena y las actividades agropecuarias 33.
Finalmente, vale la pena mencionar la
labor de evangelización y repoblamiento que en la zona del bajo Cauca y el río San Jorge
realizó entre 1787 y 1788 el fraile franciscano Joseph Palacio de la Vega. Su diario de
viaje narra de primera mano el abandono y aislamiento en que transcurría la vida de los
habitantes rurales de buena parte de la provincia de Cartagena en el siglo de las luces 34. Palacios nos relató con pasión etnográfica sus vivencias
entre la población de familias arrocheladas que él puso "bajo son de campana".
Cartagena de Indias en 1777
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Cuadro 4.
Población de Cartagena de Indias (1777).
Nota: La tasa de masculinidad resulta de
dividir el número de hombres por el número de mujeres.
Fuente: ¨Provincia de Cartagena, padrón
hecho en el año de 1778¨, mapoteca 7, núm. 1353(21). Archivo Histórico Nacional de
Colombia.
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En el censo de 1777
Cartagena de Indias tenía un total de 13.690 habitantes (véase cuadro 4). Ello implica
que albergaba el 11,6% de toda la población de la provincia. Pero lo que más destaca la
preponderancia de Cartagena sobre su hinterland es que en ella vivía el 56,4% de
los eclesiásticos, el 30,1% de los blancos y el 26,9% de los esclavos de la provincia.
Por grupos raciales hay varios contrastes
entre Cartagena y su provincia. Mientras que en la ciudad el 29,5% de la población se
clasificó como blanca, en el resto de la provincia ésta sólo participaba con el 9,0%.
Dada la estructura social de la época, había una clara correlación entre la raza y el
acceso a las fuentes de riqueza, poder y prestigio. Lo que este desbalance racial indica
es una enorme concentración de riqueza relativa en el recinto amurallado, algo que no
ocurría en las provincias del interior de la Nueva Granada, en donde para esa época no
existía un dualismo tan marcado entre las zonas urbanas y rurales como el que había en
la Costa Caribe.
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GRÁFICO 3:
Población de Cartagena de Indias en 1777 por categorías.
Fuente: Cuadro 4.
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Otro aspecto de la composición por
razas del puerto de Cartagena en 1777 que llama la atención, es la ausencia casi completa
de los indígenas, ya que sólo se reportaron ochenta y ocho (88) en ese año; es decir,
el 0,6% de la población de la ciudad. También en Mompox ocurría algo similar, pues
sólo había noventa y cuatro (94). Esto, a pesar de que como grupo racial eran tal vez
los de mayor participación en la provincia, con el 16,4% del total. Ello indica que la
población indígena era casi exclusivamente rural. Es probable que esa situación
también reflejara una especie de "mestizaje social", en la cual un indígena,
al desvincularse de su comunidad y adoptar los patrones culturales de los blancos, pasaba
a la categoría de libre.
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Tomadas de: El
viagero universal o noticia del mundo antiguo y nuevo, Imprenta de
Villapando, Madrid, 1797.
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Cabe hacer resaltar que el 18,9% de
la población de la ciudad en 1777 era esclava. En contraste, en el resto de la provincia
los esclavos sólo representaban el 6,7% de la población. Esa escasa participación de la
población esclava en las zonas rurales era el resultado de la ausencia de un sector
minero significativo y de no haber arraigado en la región la economía de plantación 35. Por esa razón y debido a que para fines del siglo XVIII la
esclavitud había perdido importancia económica en la región, como resultado, entre
otras razones, del ascenso demográfico de los "libres de todos los colores", en
1777 la esclavitud subsistía principalmente como un fenómeno urbano.En efecto, los
esclavos de la ciudad de Cartagena eran el 26,9% del total de la provincia. Además, en
razón del desbalance de sexos, el 40% de la población esclava femenina estaba
concentrada en las ciudades de Mompox y Cartagena 36.
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Tomada de: El viagero
universal o noticia del mundo antiguo y nuevo, Imprenta de Villapando, Madrid, 1797.
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Cortador de caña de
Cartagena de Indias (Tomada de:Guía de forasteros, Giorgio Antei, Seguros
Bolívar, Santafé de Bogotá, 1995).
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Al igual que en su provincia, en la
ciudad la mayoría de la población estaba clasificada en la categoría de "libres de
todos los colores". Ésta era una categoría residual y en ella se incluía a todos
aquellos que no fueran blancos, indígenas o esclavos. Como veremos, en ese grupo estaban
incluidos todos los matices de las diversas mezclas raciales. También se contabilizaba
dentro de este grupo a los negros libres. A pesar de que los libres constituían la mitad
de la población de la ciudad (49,3%), su participación era menor que en la provincia,
pues en esta última representaban el 63,8% del total.
La tasa de masculinidad y la
pirámide de edades
En el censo de 1777 sorprende el enorme
desbalance de sexos que había en Cartagena de Indias. Pese a lo que se podría suponer,
dada su imagen de bastión militar y plaza fuerte y de que contaba con cientos de soldados
y oficiales del Regimiento Fijo y de las milicias organizadas para su defensa, Cartagena
era en las postrimerías del dominio español en América una ciudad de mujeres: en
el recinto amurallado había en 1777 un total de 1.128 más mujeres que hombres 37. Es decir, 1,18 mujeres por cada hombre.
Esa situación se explica principalmente
por lo que ocurría en esta materia entre la población libre y esclava. En el caso de los
libres, la tasa de masculinidad era de solo .74 y había 989 más mujeres que hombres.
Entre los esclavos también había más mujeres que hombres y la tasa de masculinidad era
de .81.
¿Por qué el desbalance de sexos entre
esclavos y libres? En el caso de la población esclava hay que señalar que ello se
observó en casi toda la América hispana, en el Brasil y en el Caribe holandés, inglés
y francés. Por diversas razones (entre las cuales los factores climáticos desempeñaron
un papel importante), la tasa natural de crecimiento demográfico de los esclavos fue
negativa en el Caribe. Por ejemplo, en el siglo XVIII en las islas del Caribe la tasa
anual de crecimiento de la población esclava varió entre -5,0% y -2,0% 38. Como resultado, para mantener la población esclava constante
o creciendo se hicieron necesarias las continuas importaciones de nuevos esclavos
provenientes de África. En esas importaciones, menos del 40% de los esclavos que llegaban
eran mujeres 39. Este desbalance de sexos en las importaciones
se reflejó en un desbalance de sexos en la población total.
Ahora bien: en la medida en que, hacia
1777, la esclavitud en la provincia de Cartagena no se encontraba en un período de gran
expansión, la estructura demográfica de la población esclava no estaba tan determinada
por las importaciones, sino, más bien, por la interacción entre la mortalidad y la
natalidad. Este tipo de régimen demográfico no debería arrojar un desbalance de sexos
muy elevado. Sin embargo, para la provincia de Cartagena la tasa de masculinidad entre los
esclavos era de .93, es decir, de más mujeres que hombres. Esa mayor presencia de mujeres
esclavas se podría explicar por una sobremortalidad de los hombres esclavos, en razón de
las duras condiciones de trabajo o por la exportación de esclavos hombres a otras
provincias. Nos parece que la evidencia hace pensar en una combinación de estas dos
explicaciones.
Otro factor que también podría incidir
era la manumisión, pues la evidencia para otras regiones de América muestra que eran las
mujeres las más susceptibles de ser manumitidas 40. Pero ello
sólo explicaría por qué había más mujeres libres pero no por qué había también
más esclavas. Al contrario: según eso, se deberían encontrar más esclavos que
esclavas.
Infortunadamente, con la escasa
información de la cual disponemos no es posible saber exactamente cuáles fueron las
causas para la "sobrerrepresentación" de las mujeres entre la población
esclava de la provincia de Cartagena en el censo de 1777.
Ahora bien: había un marcado contraste
entre la razón de sexos que se observaba entre los esclavos urbanos es decir, los
de Mompox y Cartagena, y los del resto de la provincia. Mientras que en Cartagena la
razón de sexos era de 0,81 y en Mompox de 0,51, en el resto de la provincia era de 1,06;
es decir que en las zonas rurales había más esclavos que esclavas. Pensamos que ello se
explica en el hecho de que en los oficios urbanos tendían a predominar aquellos con una
participación femenina mayoritaria, como los oficios domésticos, las ventas callejeras y
las ventas al por menor 41. Por esa razón, en Cartagena y
Mompox entre los esclavos predominaban las mujeres.
En contraste con lo anterior, en algunas
zonas rurales de la provincia había muchos más esclavos que esclavas. Por ejemplo, en la
parroquia de María y Flamenco, zona del Canal del Dique, el sitio de mayor concentración
de esclavos fuera de Mompox y Cartagena, la razón de sexos entre los esclavos era de
1,13. Ello, debido a que en esa parroquia estaban situadas las principales haciendas
trapiches de la Costa Caribe del Virreinato de la Nueva Granada. En el informe que en 1772
presentó el obispo de Cartagena de Indias, Diego de Peredo, acerca de la jurisdicción a
su cargo, éste señaló, refiriéndose a la parroquia de María y a las zonas aledañas,
que de ellas "se provee la ciudad de mucha miel de caña, alguna azúcar, arroz y
otros frutos y madera de corazón para las fábricas" 42
.
También entre la población libre de la
ciudad se observó un desbalance marcado en la razón de sexos. Para ese grupo, que
incluía a todas las mezclas entre las razas más los negros libres, la tasa de
masculinidad era de 0,74. Es más: en razón de que éste era el grupo mayoritario en la
ciudad, con el 49,3% de la población total, casi todo el desbalance de sexos en Cartagena
se explica por lo que ocurría con el grupo de libres.
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PLANO 1.
Cuatro barrios situados dentro del recinto amurallado y, además, contaba con un arrabal,
parcialmente amurallado, conocido como la Santísima Trinidad de Getsemaní, y que se
unía con la ciudad a través del puente de San Francisco.
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En efecto, de las 1.128 mujeres
"de más" que tenía la ciudad, 989 es decir, el 88%, eran
atribuibles al grupo de los libres. ¿Por qué este desbalance entre el número de hombres
y mujeres libres? Al analizar la pirámide de edades de la ciudad (ilustración 4), se
observa que, al llegar al grupo de 15 a 19 años, el número de mujeres aumenta. Ese
aumento es uno de los factores que explican el "exceso" de mujeres libres. Cabe
entonces preguntarse: ¿por qué aumentan las mujeres libres en el grupo de 15 a 19 años?
Creemos que la explicación más plausible, aunque habría que confirmarla con otro tipo
de evidencia, es que había una inmigración de mujeres libres de las zonas rurales para
trabajar en actividades urbanas como el comercio al por menor y los oficios domésticos.
Hay que destacar que el enorme desbalance
de sexos debió de haber afectado los patrones de comportamiento social en Cartagena,
hasta convertirla en una especie de "paraíso del adulterio". Ello se reflejó,
además, en un alto porcentaje de madres solteras, la mayoría de las cuales eran libres
y, en menor medida, esclavas 43.
Aunque no era muy significativo en
términos cuantitativos, el grupo indígena tenía la tasa de masculinidad más baja de
todos los grupos: 0,47. Ésta era, seguramente, también el resultado de una inmigración
de las zonas rurales a la ciudad, en la cual predominaban las mujeres.
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Plano de la Plaza de
Cartagena de Indias y sus contornos inmediatos, levantado por Antonio de Arébalo, 1769
(Tomado de: Cartografía y relaciones históricas de ultramar, Servicio
Histórico Militar, t. 5, Madrid, 1980).
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En contraste con los
libres, esclavos e indígenas, tanto para los eclesiásticos como para los blancos la
razón de sexos era mayor que uno. En el caso de los eclesiásticos, es obvio que su
estructura demográfica dependía fundamentalmente de factores institucionales. En el caso
de los blancos, la razón de sexos era muy equilibrada (1,01), y similar a la que se
encuentra en poblaciones estables; es decir, aquellas cuya estructura de edades y sexos se
determina por unos patrones de mortalidad y natalidad invariables.
En 1777, Cartagena de Indias estaba
dividida en cuatro barrios situados dentro del recinto amurallado y, además, contaba con
un arrabal, parcialmente amurallado, conocido como la Santísima Trinidad de Getsemaní, y
que se unía con la ciudad a través del puente de San Francisco (véase plano 1).
En el cuadro 5 se presentan los
resultados del censo de 1777 desagregados por barrios. Para todos, excepto para el barrio
de Santa Catalina o de la Catedral, tenemos los registros detallados, persona por persona,
de las principales variables demográficas y sociales (aunque en el caso de Getsemaní no
se reportó la raza). El 70% de la población se ubicaba en el recinto amurallado,
mientras que el 30% restante vivía en Getsemaní, que era el barrio de los sectores
populares de la ciudad. En total, la ciudad tenía 71 manzanas y, por medio del censo, con
excepción del barrio Santa Catalina, la podemos recorrer manzana a manzana, cuadra a
cuadra y casa por casa. El censo nos ofrece una maravillosa fotografía de la sociedad
cartagenera de la época y del desarrollo urbano de la ciudad.
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Plano general que comprende
la Plaza y la bahía de Cartagena de Indias, levantado por Antonio de Arébalo, 1772
(Tomado de: Cartografía y relaciones históricas de ultramar, Servicio
Histórico Militar, t. 5, Madrid, 1980).
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La estructura de la
población de Cartagena por edades y sexos revela algunos rasgos sobresalientes (véase
cuadro 6). En primer lugar, la tasa de masculinidad se reduce drásticamente después de
la escala de edades de 10 a 14 años. ¿Por qué ocurría eso? En cuanto a las mujeres, ya
habíamos explicado que posiblemente se presentaba una inmigración de mujeres libres
entre 15 y 19 años para trabajar en distintos oficios. Por ello, en el rango 15-19 hay
más mujeres que en el rango 10-14 (un aumento del 17,2%). Aunque ese aumento también
podía ocurrir por una sobremortalidad del rango 10-14 , esto es menos factible que la
presencia de inmigración al comienzo de la vida laboral como causa de lo observado.
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CUADRO 5.
Barrios de Cartagena de Indias (1777).
Nota: No ha sido posible encontrar hasta la fecha el censo
del barrio Santa Catalina. por tal motivo, calculamos su población restándole la suma de
los otros barrios y los conventos de Santa Clara y San Diego a la población total de
Cartagena en 1777.
Fuente: Archivo General de la Nación,
sección Colonia. Santo Toribio, Miscelánia, t. XLI, ff. 1004-1079; San
Sebastián, Miscelánia, t. XLI, ff. 946-957; Getsemaní, Censos varios,
t. VIII, ff. 75-134; La Merced, Censos varios, t. VII, ff. 134-164.
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Para los hombres, lo que se aprecia
en el cuadro 6 es lo opuesto de las mujeres al pasar del rango de 10 a 14 al de 15 a 19.
En ese caso, se presenta una caída del 31%. Tampoco creemos que sea principalmente la
mortalidad lo que explica esta reducción. Más bien, nos parece que se trata de la
emigración. Por ejemplo, es bien probable que a los esclavos hombres que comenzaban su
edad productiva (hacia los 16 años) se les enviara fuera de la ciudad (y de la región)
para ser utilizados en el trabajo de las haciendas, donde sabemos que predominaban los
hombres 44. Germán Colmenares señaló que a lo largo del
siglo XVIII se dio una diferencia de uno a dos en los precios de los esclavos entre la
provincia de Cartagena y el interior del virreinato. Esto debió de haber generado un
flujo de esclavos de Cartagena hacia las zonas mineras que se encontraban en expansión,
como la antioqueña 45. Sin embargo, y a diferencia de
Colmenares, pensamos que la fuente de exportación eran principalmente los esclavos
urbanos y no los de las haciendas.
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CUADRO 6.
Estructura de la población de Cartagena por grupos de edades y sexo (1777).
Nota: La tasa de masculinidad resulta de dividir
el número de hombres por el número de mujeres.
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GRÁFICO 4.
Tasa de masculinidad en Cartagena de Indias en 1777.
Nota: La tasa de masculinidad resulta de dividir el número
de hombres por el número de mujeres.
Fente: Cuadro 6.
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GRÁFICO
5. Pirámide de edades de la población de Cartagena de Indias en 1777.
Fuente: Cuadro 6
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Como resultado de la inmigración
de mujeres hacia Cartagena y de la emigración de hombres hacia el campo (y hacia otras
regiones), se observa que la tasa de masculinidad cae abruptamente de 1,0, que se observa
en el rango de 10-14, a 0,6, en el de 15-19.
Cuando se analiza la estructura por
edades de la población de Cartagena, de acuerdo con lo reportado en el censo de 1777, se
observa un patrón que es universal en los censos de población, y es lo que los
demógrafos denominan age heaping o abultamiento por edades. Este fenómeno
consiste en cierta imprecisión en las estadísticas de las edades que reportan los
censados, en razón de la fuerte atracción ejercida por los números pares, los
múltiplos de cinco y, sobre todo, los múltiplos de diez, ya que la gente tiende a
"redondear" su edad 46.
En el cuadro 7 y en el gráfico 6 se
aprecia que las personas que respondieron el censo de 1777 "redondearon" su edad
hacia múltiplos de cinco (veinticinco años, treinta y cinco años, cuarenta años,
cincuenta años, sesenta años).
Composición racial
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"Plano que
comprende las obras mandadas executar en la Plaza de Cartagena de Indias" levantado
por Antonio de Arébalo, 1789 (Tomado de: Cartografía y relaciones históricas de
ultramar, Servicio Histórico Militar, t. 5, Madrid, 1980).
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Plaza y arrabal
de Cartagena de Indias en que se representan los barrios, elaborado por Anguiano, ca. 1804
(Tomado de: Cartografía y relaciones históricas de ultramar, Servicio
Histórico Militar, t. 5, Madrid, 1980).
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Hemos señalado que la Costa Caribe fue
una región de mezcla racial generalizada. Por ello, el mestizaje, en sentido amplio,
constituye uno de los aspectos centrales de la identidad social y cultural de la región.
A los viajeros del período colonial y del siglo XIX siempre les llamaron la atención los
múltiples matices y categorías en que se diferenciaban las mezclas de blancos,
indígenas y negros. Sin lugar a dudas, el relato que con mayor precisión y fuerza
descriptiva nos narra cómo era la diversidad racial en Cartagena en el siglo XVIII es el
de los viajeros Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes estuvieron en la ciudad en 1735.
Refiriéndose a la población "mestiza" cartagenera señalaron que 47:
[...] en las otras especies de gente
las que se originan de la mezcla de blancos, y negros, podemos contar la primera la de los
mulatos tan conocida de todos, que no necesita mayor explicación; y luego los quinterones
de blanco, y quarterón. Ésta es la última, que participa de las castas de negro; y
cuando llegan a este grado, no es perceptible la diferencia entre los blancos, que los
mismos españoles.
La generación de blanco y quinterón
se llama ya español, y se considera como fuera de toda raza de negro; aunque sus abuelos,
que suelen vivir, se distinguen muy poco de los mulatos. Es tanto lo que cada uno estima
la jerarquía de su casta, y se desvanece en ella, que si por inadvertencia se les trata
de algún grado menos, que el que les pertenece, se sonrojan, y lo tienen a cosa
injuriosa, aunque la inadvertencia no haya tenido ninguna parte de malicia; y avisan ellos
al que cayó en el defecto, que no son lo que les ha nombrado, y que no les quieran
sustraer lo que les dio su fortuna.
Antes de llegar al grado o jerarquía
de quinterones, se ofrecen muchas intercadencias, que les embarazan al llegar a ella;
porque entre el mulato y el negro hay otra casta, que llaman zambo, originada de la mezcla
de alguno de estos dos con indio, o entre sí, y se distinguen también según las castas,
de donde fueron los padres: entre el tercerón, y el mulato; quarterón, y tercerón, y
así en adelante son los hijos tente en el aire, porque ni avanzan a salir, ni retroceden:
los hijos de quarterones, ó quinterones, por la junta con mulatos o tercerones, y lo
mismo los de éstos, y negros tienen el nombre de salto atrás; porque en lugar de
adelantarse, a ser blancos, han retrocedido, y se han acercado a la casta de negros.
También todas las mezclas desde negro hasta quinterón con indio se denominan zambos, de
negro, mulato, tercerón, etc.
Estas son las castas más conocidas, y
comunes; no porque deje de haber otras muchas, que provienen de la unión de unos con
otros, y son de tantas especies, y en tan grande abundancia, que ni ellos saben
discernirlas, ni se ve otra gente en todas las calles de la ciudad; en las estancias, y en
los pueblos; y por casualidad se encuentran personas blancas, especialmente mujeres;
porque las que legítimamente lo son, viven con algún recogimiento en sus casas".
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CUADRO 7.
Estructura de edades de la población de Cartagena de Indias (1777).
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GRÁFICO 6.
Estructura de edades de la población de Cartagena de Indias (total) en 1777.
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GRÁFICO 7.
Estructura de edades de la población de Cartagena de Indias (mujeres) en 1777.
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GRÁFICO 8.
Estructura de edades de la población de Cartagena de Indias (hombres) en 1777.
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Infortunadamente, en el censo de
1777, en el barrio Getsemaní no se reportó la categoría racial de sus habitantes.
Tampoco se reportó en todos los casos en los otros cuatro barrios. A pesar de ello, para
3.641 personas, el 27% de la ciudad, tenemos información sobre el grupo racial al cual
pertenecían. De esta información (véase cuadro 8) hay varios aspectos que merecen ser
destacados. En primer término, entre la población esclava el 13,7% eran mezclados
(mulatos, pardos, zambos y cuarterones), lo cual llama la atención, ya que generalmente
se presume que todos los esclavos eran negros. Legalmente, el recién nacido tomaba la
condición social y legal de su madre. Si ésta era esclava, nacía esclavo, sin importar
quién fuera su padre. Por lo tanto, la presencia de este grupo mezclado entre los
esclavos no debería ser una sorpresa, excepto por el hecho de que la historiografía
colonial colombiana lo ha olvidado por completo.
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CUADRO 8.
Población de Cartagena por raza y sexo (1777).
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Otro aspecto del cuadro 8 que vale
la pena destacar es que en la categoría de "libres de todos los colores" el
grupo más numeroso era el de los pardos, con el 35,3% del total de los libres para la
cual se dispone de información sobre raza. No es muy claro cuál era la diferencia entre
los pardos y los mulatos, si acaso la había. Éstos últimos constituían el 26,4% del
grupo de libres para los cuales hay información sobre raza. Es probable que el uso de la
categoría de pardo o mulato respondiera a las preferencias del empadronador, pues la
categoría de mulato fue más frecuente en el barrio de Santo Toribio y la de pardo en el
de San Sebastián.
Los negros constituían el 26,6% de los
libres para los cuales se reportó la raza 48. Si esa
proporción era igual para el total de la población libre, la población negra de la
ciudad era entonces de 4.024 personas (2.230 esclavos; es decir, restando el 13,7% de los
esclavos mezclados, más 1.794 negros libres). Ello implica que el porcentaje de negros en
la población de Cartagena en 1777 era, como mínimo, de 29,4%. En la medida en que para
el barrio Getsemaní no se cuenta con información sobre la raza, cabe pensar que en este
cálculo puede haber un sesgo hacia abajo en el cálculo de la población negra.
Una forma de evitar ese posible sesgo es
calcular los negros para todos los barrios, incluyendo a Getsemaní, multiplicando el
número de libres que tenía por .266, para obtener el número de negros libres. Luego
faltaría calcular los negros libres de Getsemaní. Suponiendo que éstos eran el 40% de
la población del barrio Getsemaní y suponiendo que los libres de Getsemaní eran 3.838
(como no sabemos cuántos blancos había en ese barrio, suponemos que no había blancos,
lo cual sesga hacia arriba el número de negros libres), obtenemos 1.535 negros libres.
Como ya se había hecho un cálculo de los negros libres para el total de la ciudad con el
factor .266, la diferencia entre lo que se obtiene con .40 y .266, 514 personas, se la
sumamos a los negros libres que ya habíamos calculado, 1.794, para obtener un gran total
de 2.308 negros libres en la ciudad. La suma de éstos a los 2.230 esclavos negros nos da
un total de 4.538 negros en la ciudad; es decir, el 33,2% de la población 49.
Para calcular la participación de los
mulatos, pardos, zambos, mestizos, cuarterones y quinterones dentro del total de
"libres de todos los colores", se le restan los negros libres al total de libres
(6.745 - 2.308 = 4.437) y se le suma el total de esclavos mezclados (4.437 + 354 = 4.791).
Es decir, los diferentes matices del mulataje y mestizaje representaban el 35,0% de la
población de Cartagena.
El grupo de los blancos aparece en el
censo de 1777 con el 29,5% de la población (véase cuadro 4). Sin embargo, a este grupo
habría que agregarle el 1,7% de los eclesiásticos, porque éstos eran en su inmensa
mayoría blancos. Por ello, la participación de los blancos en el total se eleva al
31,2%.
Después de este ejercicio en aritmética
racial, podemos concluir que en 1777 la población de Cartagena estaba compuesta por tres
grandes grupos (y un minúsculo grupo indígena que participaba con el 0,6%): el
mayoritario era el de los mulatos y mestizos, con el 35%, luego seguían los negros, tanto
libres como esclavos, con el 33,2%, y finalmente los blancos, con el 31,2%.
Como estos cálculos están sujetos a
algún grado de imprecisión, lo importante es señalar que, a grandes rasgos, en la
ciudad había tres grupos raciales y que en cada uno de ellos se clasificaban
aproximadamente una tercera parte de los habitantes.
Ahora bien: conviene señalar que las
categorías de mulato y mestizo no estaban tan claramente definidas como las de negro o
blanco (aunque tampoco éstas eran absolutamente claras y a veces no se sabía quién era
negro o blanco). A menudo debió de suceder que un mulato, por ejemplo, era y no era
mulato... y era y no era blanco. Ello se debía a que, de acuerdo con el esquema de castas
raciales que había en la colonia, la raza era a la vez una categoría jurídica y una
condición social 50. En ocasiones la condición jurídica y
la condición social podían entrar en contradicción. Por ejemplo, el hijo de una mulata
cuarterona con un blanco era desde el punto de vista jurídico un mulato quinterón. Esa
condición legal tenía consecuencias sobre sus posibilidades de educación, empleo y
reconocimiento socia l51.
Sin embargo, la raza es también una
construcción social y, como tal, aquellos quinterones y cuarterones cuyo fenotipo fuera
considerado blanco se desenvolvían como tal. En consecuencia podían ser y no ser blancos
(mulatos). Un caso clásico de inconsistencia de status podría ser el de Pedro
Romero, el comandante de los Lanceros de Getsemaní durante la independencia de Cartagena
de Indias. Su status legal era el de un pardo. Como tal apareció clasificado en el
censo de artesanos del barrio Santa Catalina de 1780, con la ocupación de herrero 52.
Sin embargo, es bien probable que Pedro
Romero fuera un cuarterón o quinterón con rasgos poco negroides. La mayoría de sus
hijos se casaron con blancos. Por ejemplo, su hija Ana María se casó con el francés
Luis Horacio de Janon; su hija María Teodora se casó con el dirigente patriota Ignacio
Muñoz Jaraba, quien era primo de los Gutiérrez de Piñeres, dirigentes de la
independencia en Mompox y Cartagena; su hijo Mauricio José se casó con Ana Josefa Gómez
y una hija de esta unión se casó con el comerciante cartagenero Manuel Martínez Bossio,
miembro de una de las familias más adineradas y socialmente reconocidas de la ciudad en
el siglo XIX 53. De la amplia descendencia directa de Pedro
Romero, habría que decir que hoy en día (1998) sus integrantes son considerados blancos
(por lo menos los que los autores conocen). Todo esto, más el hecho de que sus hijos
pudieron casarse con blancos socialmente prominentes, como el abogado y dirigente
revolucionario Ignacio Muñoz, nos hace pensar que Pedro Romero debía de ser a veces
blanco, y en otras ocasiones, que él no podía escoger, era mulato. Fue con este tipo de
contradicciones con lo que acabó la independencia, al abolir el sistema de castas, dando
paso a un sistema de estratificación basado en las clases sociales 54.
Lo que indican las descripciones de cómo
se estratificaban estos grupos de libres, como la muy detallada de Jorge Juan y Antonio de
Ulloa, es que se asemejaban al esquema de relaciones raciales descrito por Carl N. Degler
para el Brasil 55. En ese país, donde también se produjo una
amplia mezcla racial, para efectos de estratificación se distingue todo un espectro de
colores que van del blanco hasta el negro, en lugar de la dicotomía racial que se
utiliza, por ejemplo, en Estados Unidos. En este último país, las personas son blancas o
negras, y las categorías intermedias no se consideran. En la época de la esclavitud, en
Estados Unidos se consideraba que una persona hasta con un octavo de sangre negra era
negra, sin importar su apariencia física. Sin embargo, en ese país, en algunos períodos
del siglo XX, se ha considerado que cualquier porcentaje de sangre negra convierte a la
persona en negra 56.
Lipschutz definió los esquemas de
relaciones raciales como el brasileño como una "pigmentocracia", en la cual
cuanto más blanca es la apariencia de la persona mayor es el status
57. Por esa razón, no se produce una solidaridad tan marcada
entre los diferentes grupos intermedios, ya que los más claros se consideran de mayor
jerarquía social que los más oscuros, como lo describieron para Cartagena en el siglo
XVIII Jorge Juan y Antonio de Ulloa.
Consideramos que uno de los aspectos más
dicientes de lo que eran las relaciones raciales en la provincia de Cartagena es el cambio
que ocurrió entre la época de la visita de Jorge Juan y Antonio de Ulloa es decir,
la década de 1730 y la de 1830, en la forma como se definía lo que era un blanco y
lo que era un mulato.
En la época en que Juan y De Ulloa
estuvieron en la ciudad, un hijo de un blanco con una quinterona pasaba a ser blanco. Sin
embargo, en la década de 1830, cuando el general Joaquín Posada Gutiérrez realizó una
completa descripción de las jerarquías raciales existentes en Cartagena, había
desaparecido la categoría de quinterón, ya que Posada nos informa que la casta que
seguía al grupo de los blancos era la de los cuarterones. Es decir, que habían sido
absorbidos los quinterones en la categoría de blancos (tal vez como lo que en la colonia
a veces se denominaba "blancos de la tierra").
En los primeros años de la república,
el general Posada Gutiérrez nos dejó un imborrable y emocionado cuadro acerca de cómo
eran las cuarteronas cartageneras, que tenían el "color entre el nácar y la canela;
de ojos de lucero chispeando fuego y amor y dentadura esmaltada cual hileras de perlas
panameñas, solo un grado inferior a las blancas de la tierra, casi pobres, las más
cigarreras, costureras, modistas, bordadoras, de traje modesto de zaraza o muselina y
calzado de rasete. Éstas, con los mozos de su clase, decentemente vestidos, bailaban sin
otra música que la de una o dos arpas cartageneras que las mismas muchachas tocaban, y
aún tocan, maravillosamente, y la de una o dos flautas de aficionados que las
acompañaban. Los blancos de Castilla y los blancos de la tierra se desertaban
furtivamente a bailar con ellas, dejando sus salas desiertas y muchas veces se necesitaba
enviar comisionados a buscarlos, a reserva de la correspondiente reprimenda por semejante
descortesía, la que no impedía la reincidencia al menor descuido" 58.
En el cuadro 8 se aprecia que, mientras
que había ochenta y cuatro cuarterones entre los libres, sólo se registra una
quinterona. Lo que esto podría estar indicando es que ya para 1777 la mayoría de los
quinterones habían "pasado" a la categoría de blancos de la tierra, como
sabemos que había ocurrido en la década de 1830, de acuerdo con las observaciones de
Posada Gutiérrez que hemos citado.
Estructura del empleo
En el cuadro 9 se observan las
ocupaciones reportadas para los hombres entre 15 y 64 años en el censo de Cartagena de
Indias de 1777. Hay que anotar que se reportaron las ocupaciones de 1.171 personas y que
para 1.053 no se tiene esa información.
Entre los diferentes grupos raciales se
observan algunos patrones que merecen destacarse. Por ejemplo, para ningún esclavo se
reportó la ocupación 59. Otro aspecto para señalar es que
las ocupaciones declaradas son casi todas oficios calificados (tal vez la excepción sea
el servicio doméstico). Ello hace pensar que las ocupaciones que no se reportaron fueron
las no calificadas. Es más: es probable que los 1.053 hombres sin ocupación reportada
eran en su inmensa mayoría los trabajadores no calificados y que se ocupaban en el
transporte, los muelles, la construcción, el servicio doméstico y las ventas callejeras.
Las dos principales ocupaciones son la de
artesano y la de militar. El 22,4% de todos los hombres cartageneros entre los 15 y los 64
años eran artesanos.
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CUADRO 9.
Ocupaciones de la población masculina en Cartagena de Indias en 1777 (población de 15 a
64 años).
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Probablemente, había un porcentaje
de militares mayor que el reportado en el censo. Ello por cuanto en éste sólo aparecen
consignados 281 militares. Sin embargo, por los informes detallados que a menudo rendían
las autoridades de la plaza sobre el estado de las defensas de la ciudad, sabemos que en
Cartagena había a fines de la década de 1760 unos 700 hombres de tropa pertenecientes al
Batallón Fijo 60. De éstos, unos 200 no se encontraban
dentro de la ciudad amurallada sino en las defensas exteriores: San Fernando de Bocachica,
batería Ángel de San Rafael, batería de Santa Bárbara, batería de San José, fuerte
de Manzanillo, fuerte de Santa Cruz, fuerte de San Sebastián del Pastelillo y en el
castillo de San Felipe de Barajas. Además, entre 1772 y 1779 se realizó una
campaña militar en la península de la Guajira, en la cual participaron soldados del
Batallón Fijo de Cartagena. Hacia 1777 había en la ciudad unos 150 soldados regulares
del Batallón Fijo, que bajo el mando del coronel de ingenieros Antonio de Arévalo
intentaron someter a los aguerridos guajiros 61. En síntesis,
en Cartagena debían de estar presentes en 1777 unos 350 miembros del Batallón Fijo.
En tercer lugar en importancia, entre las
ocupaciones figuraba el comercio. Mientras que los libres sobre los cuales tenemos
información eran mayoritariamente artesanos (el 61,6%), en el caso de los blancos la
principal actividad era el comercio (29,5%).
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GRÁFICO 9.
Estructura del empleo entre la población masculina económicamente activa en Cartagena de
Indias en 1777.
Nota: La población
económicamente activa se define como la población entre 15 y 64 años. del total de
hombres entre 15 y 64 reportaron la ocupación 1.171 y 1.053 no lo hicieron. cabe agregar
que para 298 hombres no se sabía la edad y por esta razón no se tuvieron en cuenta para
este análisis.
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El uso del don y del
doña y los nombres
El tratamiento de don tuvo en sus
orígenes medievales un carácter nobiliario. En América su uso se fue generalizando y
muchos españoles humildes lo reclamaron para sí al cruzar el Atlántico y asentarse en
el Nuevo Mundo. Cabe hacer resaltar que desde el siglo XVI fue usual que el tratamiento de
don se les diera también a los caciques indígenas. Por ejemplo, en el inventario de la
encomienda de Timiriguaco, situada en la provincia de Cartagena, que se realizó en 1602,
al cacique local se refieren como don Juan de Quintanilla y a su esposa como doña Ana 62.
En Cartagena, en 1777, el título de don
no era ya el distintivo de las personas consideradas "blancas de Castilla", sino
que reflejaba una condición social "respetable". En el censo que estamos
estudiando, un total de 1.080 personas recibieron el tratamiento de don o doña; es decir,
el 10,3% de los habitantes.
Varias cosas llaman la atención sobre el
uso del don en 1777. En primer lugar, que por lo menos 241 libres tenían el título de
don. Ello demuestra que no era un honor reservado a los blancos. Había, además, claras
diferencias entre los barrios en cuanto al uso del tratamiento de don y doña. Por
ejemplo, en Getsemaní sólo el 1,5% de la población tenía el título de don. Esto
corrobora lo que siempre se ha dicho acerca de Getsemaní: que era el barrio de los
sectores populares. En contraste, en el barrio San Sebastián el 27,2% de las personas
eran consideradas como don o doña. En el barrio Santo Toribio vivían 238 libres, el 7,4%
de la población del barrio, que fueron distinguidos con el título de don o doña.
No hay una variable que esté mejor
reportada que el nombre de las personas: para el 98,6% de las personas que vivían en los
cuatro barrios sobre los cuales disponemos de información se reportó el nombre. Éstos
revelan lo que era la mentalidad religiosa de la época, pues eran los nombres de los
santos (véase cuadro 11). El 31,5% de las mujeres de la ciudad se llamaban María o
tenían nombres combinados con el de María. Entre los hombres, el más común era Joseph,
ya que el 13,2% de los hombres de la ciudad lo llevaban.
Los apellidos no se repetían tanto como
los nombres (véase cuadro 12). Por ejemplo, el apellido más común era Rodríguez, pero
sólo el 1,9% de los habitantes lo llevaban.
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CUADRO 10.
Población de Cartagena con título de don y doña por barrios y razas (1777).
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Para quienes están
familiarizados con la historia social de Cartagena en el siglo XIX, cuando tuvieron un
papel destacado los inmigrantes europeos de países diferentes de España, sorprende el
contraste que se encuentra en 1777, pues no aparecen apellidos europeos que no fueran
ibéricos.
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CUADRO 11.
Nombres más comunes entre la población de Cartagena de Indias (1777).
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CONCLUSIONES
El estudio del censo de Cartagena de
Indias nos ha permitido descubrir aspectos desconocidos de la ciudad a fines del siglo
XVIII. También nos permitió ratificar algunas cosas que ya conocíamos acerca de la
estructura económica y social a través de informaciones de tipo cualitativo. Sin
embargo, la ventaja de lo que se ha conocido a partir del censo es que se trata de una
amplia evidencia cuantitativa.
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CUADRO 12.
Apellidos más comunes entre la población de Cartagena de Indias (1777).
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Sabíamos, por ejemplo, que la vida
económica de la ciudad giraba en torno a su condición de puerto privilegiado y plaza
fuerte. Por ello, no es ninguna sorpresa que las principales ocupaciones de los españoles
y criollos fuesen el comercio y la carrera militar, respectivamente. Lo que sí no se
conocía era que la ciudad albergaba un crecido número de artesanos 63. En efecto, en 1777 el 22,4% de los hombres cartageneros en
edad de trabajar eran artesanos.
A través de los viajeros y de informes
de los contemporáneos, sabíamos que Getsemaní era el barrio popular de la ciudad. El
censo lo corrobora en forma contundente: en Getsemaní sólo el 1,5% de las personas
recibían el tratamiento de don o doña. En contraste, en San Sebastián ese porcentaje se
elevaba al 27,2%.
En la ciudad había un gran número de
libres, muchos de ellos artesanos y militares, con una elevada posición social. En
efecto, al menos 241 libres, el 3,6% de la población agrupada en esa categoría,
recibieron el título de don o doña 64.
Por último, cabe destacar el hecho
sorprendente de que Cartagena en 1777 era una ciudad de mujeres. En ese año había en la
ciudad 1.128 más mujeres que hombres. En el caso de los esclavos y los libres esa
situación era bien marcada, dándose tasas de masculinidad de .81 y .74, respectivamente.
Para algunos grupos de edad, el desbalance de sexos parece haber sido especialmente
marcado. Por ejemplo, para el grupo entre 40 y 44 años, la tasa de masculinidad sólo
alcanzó a .50.
La Cartagena que emerge a través del
censo de 1777 es una urbe de gran vitalidad demográfica, económica y social. No era,
pues, la adormecida y decadente ciudad en que se convirtió 60 ó 70 años después. Sus
habitantes del último cuarto del siglo XVIII no podían prever las circunstancias
dramáticas en que se verían envueltos 34 años después, a raíz de la declaratoria de
independencia absoluta que de España hicieron el 11 de noviembre de 1811.
Para ilustrar cómo sufrieron los
cartageneros en el holocausto de la independencia, vale la pena recorrer la ciudad en 1777
entrando por su puerta principal, atravesando la Plaza de la Yerba, hoy de los Coches,
para doblar a mano derecha hacia la calle de Nuestra Señora de las Carretas, hasta llegar
a la casa alta número 16. Allí vivía el comerciante Esteban Baltazar de Amador, de 42
años, natural de Cádiz, con su esposa Josefa Rodríguez, de 28 años, oriunda de
Cartagena, y sus seis hijos: Diego (9 años), María (8 años), Manuel (6 años), Juan (4
años), Manuela (3 años) y Esteban (1 año). Además, vivían con ellos 12 esclavos:
María Dolores (40 años), Pedro José (38 años), María del Rosario (43 años), Bernabé
(29 años), Joseph (28 años), Francisco (30 años), María Josefa (22 años), Cayetana
(35 años), Leocaria (16 años), Marcelo (13 años), Joseph (3 años) y Gregorio (3
años).
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Martín José Amador (1778),
fusilado en 1816 por ser patriota (Busto en su homenaje, en la ciudad de Cartagena.)
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Esteban Baltazar de Amador era uno
de los principales comerciantes radicados en Cartagena 65.
Desde 1793, cuando se fundó el Consulado de Comercio, se vinculó activamente al
proyecto. En los salones de su casa de la calle de las Carretas se debieron de oír más
de una vez animadas discusiones sobre cómo hacer para sacar de su letargo económico a
esta zona del virreinato, especialmente si coincidían sus yernos, los también
comerciantes vinculados al Consulado, José Ignacio de Pombo, casado con María Josefa, y
José de Arrázola y Ugarte, casado con Manuela. Aunque José Ignacio de Pombo era oriundo
de Popayán, se estableció en Cartagena, donde llegó a ser uno de los comerciantes más
prósperos en el comercio de ultramar. Fue tal vez el analista económico más importante
de la Nueva Granada a comienzos del siglo XIX 66. Como prior
del Consulado de Cartagena promovió múltiples proyectos, como la imprenta, una escuela
técnica y un jardín botánico 67.
En el consulado, Pombo contaba con el
apoyo de su suegro, Esteban Baltazar de Amador, su sobrino Manuel de Pombo, quien fue
tesorero de la institución entre 1798 y 1804, y su concuñado José de Arrázola y
Ugarte, quien hacia 1797 desempeñaba el cargo de contador del Consulado 68.
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Oficio dirigido al señor
comandante general de la Marina, por el señor Juan de Dios Amador, Cartagena 1835.
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Todo ese mismo grupo familiar de
los Amador también fue muy influyente durante los sucesos que llevaron a la independencia
de Cartagena. Juan de Dios Amador firmó el Acta de Independencia de Cartagena del 11 de
noviembre de 1811.
En 1815 a Martín José Amador se le
encomendó la misión de reclutar soldados y conseguir provisiones en las sabanas de
Corozal para la defensa de Cartagena y allí cayó preso de los españoles. Fue conducido
a la hacienda Torrecilla, cerca de Turbaco, lugar donde Murillo tenía su cuartel. Éste
último rechazó el ofrecimiento del gobernador de la plaza, Juan de Dios Amador, para
canjear al mariscal Hore y otros oficiales y soldados españoles por su hermano Martín
José y otros patriotas presos en Torrecilla 69.
José Arrázola y Ugarte fue otro de los
allegados a la familia Amador que se vinculó a la causa patriota. En 1812 desempeñó el
cargo de secretario de guerra del Estado de Cartagena 70.
Además, el 14 de junio de 1812 firmó la Constitución política del Estado de Cartagena,
como también lo hizo Juan de Dios Amador. Fue por iniciativa de este último que se
incluyó a su cuñado José Ignacio de Pombo en la Convención Constituyente de 1812 71.
La independencia arruinó a la familia
Amador y a sus allegados. A Martín José, quien no aparece en el censo de 1777, pues
nació al año siguiente, lo mandó a fusilar Pablo Morillo el 24 de febrero de 1816 en
Cartagena. A Juan de Dios, quien en 1777 tenía cuatro años, le tocó enfrentar como
gobernador de la provincia el terrible sitio impuesto por los españoles, quienes durante
114 días cercaron la ciudad por tierra y mar hasta llevar a la tumba a una tercera parte
de su población 72.
Fue precisamente el gobernador Juan de
Dios Amador quien en abril de 1815 le contestó al realista Montalvo, cuando le ofreció
apoyo para la lucha que la facción de Amador libraba contra el general Bolívar 73: "No necesitamos de la protección que usted nos ofrece
en sus oficios de 29 de marzo y 13 de la fecha, para terminar nuestras diferencias con el
general Bolívar; ni cuando la necesitásemos la aceptaríamos jamás. Sucumbiremos mil
veces en la querella, más antes que deber a su concurrencia un triunfo que nos cubriría
de oprobio y que habría de ser pagado con nuestra libertad". Y sucumbieron.
En la noche del 5 de diciembre de 1813,
cerca de 2.000 patriotas evacuaron la ciudad por mar en una improvisada flotilla de buques
corsarios 74. Juan de Dios, su hermana Rita, su hermano
Antonio Carlos y los hijos de este último, Sebastián, Juan de la Cruz, Ana y Juana
Manuela, se embarcaron en una goleta que los abandonó en la isla de Providencia, no sin
que antes el capitán les robara todas sus pertenencias 75. En
esa misma embarcación iban José Arrázola y Ugarte y su hijo, el teniente de infantería
José Manuel Arrázola Amador.
Corrieron mejor suerte que su prima
hermana Ana Pombo Amador, hija del comerciante José Ignacio de Pombo, quien murió de
inanición en la costa de Panamá, donde encalló la goleta en que huían 76. Muertos, arruinados, derrotados, dispersos... así se
encontraban los hijos de Cartagena tras el holocausto de 1815-1816. Y los Amador no fueron
la excepción.
Notas:
* Los autores agradecen
los comentarios de Haroldo Calvo Stevenson, María Teresa Ripoll de Lemaitre y Hermes
Tovar.
1 "Noticia historial
de la provincia de Cartagena de Indias", en Anuario Colombiano de Historia Social y
de la Cultura, Bogotá, Universidad Nacional, núms. 6-7, 1971-1972, pág.125.
2 Eduardo Gutiérrez de
Piñeres, "Censo de población del barrio Santo Toribio en 1777", en Boletín
Historial, Cartagena, núms. 49-51, enero-marzo, 1926. Piñeres transcribió los
originales del censo de una copia que fue de Generoso Jaspe, obtenida de Enrique Otero
D´Acosta, quien a su vez los copió del original que reposa en el Archivo General de la
Nación.
3 Linda L. Greenow,
"Family, Household and Home: a Micro-Geographic Analysis of Cartagena (New Granada)
in 1777", en Discussion Paper Series, Department of Geography, Syracuse University,
núm. 18, 1976.
4 José Agustín Blanco,
"El censo de Cartagena de Indias en 1777", en Cuadernos de Geografía, Bogotá,
Universidad Nacional, vol. III, núm. 1, 1991.
5 Jorge Orlando Melo, Historia
de Colombia, Medellín, Editorial La Carreta, 1977, t. I, pág. 191.
6 María del Carmen
Borrego, Cartagena de Indias en el siglo XVI, Sevilla, Escuela de Estudios
Hispanoamericanos, 1983, pág. 110.
7 Eduardo Gutiérrez de
Piñeres, Documentos para la historia del departamento de Bolívar, Cartagena,
1924.
8 El territorio de la
provincia de Cartagena comprendía en la época colonial lo que hoy son los departamentos
de Atlántico, Bolívar, Sucre, Córdoba y la parte de Urabá del departamento de
Antioquia.
9 Adolfo Meisel Roca,
"Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851", en
Gustavo Bell (compilador), El Caribe colombiano, Barranquilla, Uninorte, 1988,
págs. 77-81.
10 Manuel Lucena, Piratas,
bucaneros, filibusteros y corsarios en América, Caracas, Grijalbo (Venezuela), 1994,
pág. 68.
11 Enrique Cabellos
Barreiro, Cartagena de Indias, mágica acrópolis de América, Madrid, Colegio de
Ingenieros de Caminos, Corrales y Puerta, 1991, pág. 34.
12 Eduardo Lemaitre, Historia
general de Cartagena, Bogotá, Banco de la República, 1983, t. II, pág.
13 Rodolfo Segovia, Las
fortificaciones de Cartagena de Indias. Estrategia e historia, Bogotá, Carlos
Valencia Editores, 1987, pág. 24.
14 Enrique Marco Dorta, Cartagena
de Indias, puerto y plaza fuerte, Cartagena, Alfonso Amadó, 1960, pág. 82.
15 Juan Manuel Zapatero,
Historia de las fortificaciones de Cartagena de Indias, Madrid, Ediciones Cultura
Hispánica, 1979, pág. 48.
16 Enrique Marco Dorta, Viaje
a Colombia y Venezuela. Impresiones histórico-artísticas, Madrid, Imprenta y
Editorial Maestre, 1948, pág. 16.
17 Segovia, op. cit.,
pág. 69.
18 Enrique Marco Dorta, Viaje
a Colombia y Venezuela. Impresiones histórico-artísticas, Madrid, Imprenta y
Editorial Maestre, 1948, pág. 17.
19 Segovia, op.
cit., pág. 27.
20 "Provincia de
Cartagena, padrón hecho en el año 1778", mapoteca 7, núm. 1353 (21), Archivo
General de la Nación.
21 Hermes Tovar Pinzón et.
al., Convocatoria al poder del número, Bogotá, Archivo General de la Nación,
1994, pág. 88.
22 En contraste, en la
colonia francesa de Santo Domingo, en 1775, el 86,3% de la población estaba compuesto por
esclavos, el 11,3% por blancos, y los mulatos y negros libres sólo representaban el 2,4%
del total; en Guadalupe, en 1790, el 84,8% de la población era esclava, y los blancos
sólo representaban el 12,7%. En el Caribe inglés la situación era similar: en 1775 los
esclavos eran el 89,3% de la población de Jamaica y los blancos sólo alcanzaban al 8,7%,
y en Barbados, en 1786, el 78,5% de los habitantes eran esclavos. Ian Rogozinski, A
Brief History of the
Caribbean, Meridian, EE. UU., 1992, págs. 112, 114, 163.
23 Para un análisis de
la importancia militar y social del Batallón Fijo ubicado en Cartagena, véase Juan
Marchena, La institución militar en Cartagena de Indias en
el siglo XVIII,
Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1982, y Javier Laviña, "El fijo de
Cartagena de Indias en 1800: un regimiento criollo", en Letras de Deusto, vol. 6,
núm. 12, julio-diciembre, 1976.
24 En el censo de 1777
la población de Mompox fue de 6.978 habitantes. "Provincia de Cartagena, padrón
hecho en el año 1778", mapoteca 7, núm. 1353 (21), Archivo General de la Nación.
25 W. Clarke Douglas,
"Patterns of Indian Warfare in the Province of Santa Marta", Ph. D.
Dissertation, University of Wisconsin, 1974.
26 Allan J. Kuethe,
"La campaña pacificadora en la frontera de Riohacha (1772-1779)", en Huellas,
Barranquilla, Universidad del Norte, núm. 19, 1987.
27 Anthony McFarlane,
"Cimarrones and Palenques: Runaways and Resistance in Colonial Colombia", en
Slavery and Abolition, vol. 6, núm. 3, diciembre de 1985.
28 Véase Adolfo Meisel
Roca, "Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena,
1533-1851", en Gustavo Bell (compilador), El Caribe colombiano, Barranquilla,
Uninorte, 1988.
29 Gabriel Martínez
Reyes, Cartas de los obispos de Cartagena de Indias durante el
período
hispánico, 1534-1820, Medellín, Editorial Zuluaga, 1986, págs. 543-550.
30
Ibíd., pág.
545.
31 José P. Urueta, Documentos
para la historia de Cartagena, t. IV, Cartagena, 1890, págs. 33-64.
32 "Hoja de
servicios de Antonio de la Torre y Miranda", Archivo General Militar de España,
citado por Pilar Moreno de Ángel, Antonio de la Torre y
Miranda, viajero y
poblador, Bogotá, Planeta, 1993, pág. 24.
33 María Dolores
González Luna, "La política de población y pacificación indígena en las
poblaciones de Santa Marta y Cartagena (Nuevo Reino de Granada), 1750-1800", en
Boletín Americanista, Universidad de Barcelona, año XX, núm. 28, 1978.
34 Joseph Palacio de la
Vega, Diario de viaje entre los indios y negros de la provincia de Cartagena de Indias
en el Nuevo Reino de Granada, 1787-1788, Barranquilla, Ediciones Gobernación del
Atlántico, 1994.
35 Véase Adolfo Meisel
Roca, op. cit.
36 En Mompox y Cartagena
estaban el 35,5% de los esclavos hombres de la provincia.
37 La villa de Mompox
también era bastante femenina en 1777. En ese año había 948 más mujeres que hombres y
la tasa de masculinidad era de .76.
38 Robert W. Fogel and
Stanley L. Engerman, Time on the Cross, The Economics of American Negro Slavery, W.
W. Norton and Company, EE. UU., 1995, pág. 25.
39
Ibíd., pág.
26.
40 Cohen y Greene
señalan que en la América hispana y en el Brasil había una tendencia clara a manumitir
un mayor número de mujeres que de hombres. David W. Cohen and Jack P. Greene (editors),
"Introduction", Neither Slave nor Free, John Hopkins University Press,
EE. UU., 1974, pág. 7.
41 Fray de Santa
Gertrudis, en 1736, al llegar a Bocachica, observó unas "...gateras negras. Así se
llaman las mujeres que venden en las plazas sentadas en la tierra, y alineadas formaron
una plaza, cada una con sus comistrajes de comer para vender a los negros forzados".
Fray de Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, t. I, Bogotá, Biblioteca V
Centenario, 1994, págs. 56-57.
42 Diego de Peredo,
"Noticia historial de la provincia de Cartagena de Indias, año 1772", en
Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Bogotá, Universidad Nacional,
1971-1972, núms. 6-7, pág. 141.
43 Pablo Rodríguez
afirma que en Cartagena, en 1777, el 19% de las madres eran solteras. Pablo Rodríguez, Sentimiento
y vida familiar en el Nuevo Reino de Granada, Bogotá, Ariel, 1997, pág. 83.
44 Por ejemplo, en 1777,
en un grupo de veintisiete haciendas situadas en la provincia de Cartagena, la tasa de
masculinidad era de 1,32. Véase Adolfo Meisel Roca, op. cit., pág. 102.
45 Germán Colmenares,
"El tránsito a sociedades campesinas de dos sociedades esclavistas en la Nueva
Granada: Cartagena y Popayán, 1780-1850", en Huellas, Barranquilla, Uninorte, núm.
29, 1990, pág. 14.
46 Roland Pressat, Demografía
estadística, Madrid, Editorial Ariel, 1979, pág. 27.
47 Jorge Juan y Antonio
de Ulloa, Relación histórica del viaje a la América meridional, primera
parte, t. I, Madrid, 1748, págs. 41-42.
48 En el resto de la
provincia la participación de los negros en el grupo de "libres de todos los
colores" debía de ser mucho menor, por varias razones. En primer lugar, en las zonas
rurales había una buena cantidad de mestizos, algo que no ocurría en Cartagena. Además,
en las zonas rurales el número de manumitidos debía de ser mucho menor en razón de la
menor participación de las mujeres y los niños en la población esclava, los cuales eran
los más susceptibles de ser liberados. También debía de influir el hecho de que, si se
excluye a Cartagena de Indias, los esclavos representaban sólo el 6,7% de la población
de la provincia. Por ultimo, habría que mencionar que en las zonas rurales de la
provincia de Cartagena había un gran número de zambos. En 1801, viajando entre el Canal
del Dique y el río Magdalena en el norte de la provincia de Cartagena, Alexander von
Humboldt se refirió a los caseríos de zambos que encontró en el camino: "Desde
Mahates hasta Barranca Nueva todo es un bosque lleno de bellas mimosas, cavanillesia,
palma amarga, pothos, troncos singularmente monstruosos de bombax y cavanillesia, un
conjunto delicioso y pintoresco de formas vegetales majestuosas. A mitad de camino, un
nuevo pueblito infeliz. Chozas de caña de bambú habitadas por zambos. En ningún lugar
del mundo americano hay tantos zambos como aquí..." La ruta de Humboldt. Colombia
y Venezuela, t. II, Bogotá, Villegas Editores, 1994, pág. 42.
49 Por los supuestos que
se han hecho, este cálculo es un límite superior. Pensamos que el porcentaje real debía
de estar cerca del 30%.
50 Véase Magnus Morner,
Race Mixture in the History of Latin America, Little, Brown and Company, EE. UU.,
1967, págs. 53-73.
51 Por ejemplo, para
estudiar en un colegio mayor había que demostrar que no se tenían ancestros africanos.
En el Colegio Mayor del Rosario, en 1808, se les preguntó a los aspirantes y a sus
testigos, entro otros aspectos de su linaje, "si el pretendiente, sus padres, abuelos
y demás ascendientes han tenido o tienen mancha de la tierra o mulato, y si han incurrido
en infamia alguna". Manuel Ezequiel Corrales (compilador), Autógrafos de varias
personas de gran
distinción y elevado carácter oficial, Cartagena de Indias,
Biblioteca Fernández de Madrid, 1889, págs. 66-73.
52 "Lista de los
artesanos que comprende el padrón general del barrio de Santa Catalina, año 1780",
Archivo General de la Nación, Censos de varios departamentos, t. 6, págs. 615-619.
53 Pastor Restrepo
Lince, Genealogías de Cartagena de Indias, Bogotá, Instituto Colombiano de
Cultura Hispánica, 1993, págs. 476-480.
54 Leslie B. Rout, The
African Experience in Spanish America, Cambridge University Press, EE. UU., 1977,
pág.182.
55 Carl N. Degler, Neither
Black nor White, Slavery and Racial Relations in Brazil and the United States, Mac
Millan, EE. UU., 1971, pág.103.
56
Ibíd., pág.
101.
57 Magnus Morner, Race
Mixture in the History of Latin America, Little, Brown and Company, EE. UU., 1967,
pág. 54.
58 Joaquín Posada
Gutiérrez, Memorias histórico-políticas, t. II, Medellín, Editorial Bedout,
1971, pág.
59 Sin embargo, sabemos
que algunos esclavos eran artesanos. En el censo de artesanos del barrio San Sebastián de
1780 aparece el esclavo negro José Antonio González, de 32 años, con la ocupación de
sastre, "Relación que comprende los artesanos que viven en el barrio de San
Sebastián, 1780", Archivo General de la Nación, Miscelánea, t. 31, págs.
1014-1015.
60 Antonio de Arévalo,
"Informe rendido al Virrey", en III Congreso hispanoamericano de historia, II
de Cartagena de Indias, Cartagena, Talleres Gráficos Mogollón, 1962, t. I, pág.
336.
61 Allan J. Kuethe,
"La campaña pacificadora en la frontera de Riohacha, 1772-1779", en Huellas,
Barranquilla, Universidad del Norte, 1987, núm. 19, pág. 12.
62 Jaime Jaramillo
Uribe, Ensayos sobre historia social colombiana, Bogotá, Universidad Nacional de
Colombia, 1968, pág. 198.
63 En los censos de
artesanos de 1780 hechos para los barrios San Sebastián, Santo Toribio, Santa Catalina y
Nuestra Señora de las Mercedes, se encontraron un total de 597 artesanos. "Relación
que comprende los artesanos que viven en el barrio de San Sebastián, 1780",
Miscelánea, t. 31, págs. 1014-1015; "Lista de los artesanos que comprende el
padrón general del barrio de Santa Catalina, año 1780", Censos Varios
Departamentos, tomo 6, págs. 615-619; "Lista de los artesanos que comprende el
barrio de Nuestra Señora de las Mercedes", censos de varios departamentos, t. 6,
págs. 259-260; "Relación que manifiesta los artesanos que existen en el barrio de
Santo Toribio, año 1780", Miscelánea, t. 41, págs. 148-154. Archivo General de la
Nación. A esta cifra de los 597 artesanos llegamos excluyendo a los pulperos, que estaban
dedicados a una actividad mercantil, y los menores de 15 años y los mayores de 64 años.
Por ejemplo, en el barrio Santa Catalina se relacionó un tallista de 8 años, de nombre
Pedro Bello. Creemos que este grupo de artesanos de menos de 15 años estaba aún en
proceso de entrenamiento y no había alcanzado todavía su potencial productivo. Si
aplicamos al barrio Getsemaní la misma proporción de artesanos a la población total que
encontramos en los cuatro barrios anteriores, obtenemos un total de 253 artesanos. Ello
implica que la ciudad tenía en 1780 unos 850 artesanos; es decir, el 6% de la población
total. En los datos del cuadro 8 obtuvimos un cálculo de 499 artesanos para los cuatro
barrios sobre los cuales tenemos información. Calculados los artesanos para el barrio
Santa Catalina usando la misma proporción entre artesanos y población total que había
en 1777 en esos cuatro barrios, obtenemos un total de 154, lo cual da un gran total de 653
artesanos en Cartagena en ese año. Esta última cifra representa un 5% de la población
total de la ciudad, una proporción similar a la que se obtuvo con los censos de artesanos
de 1780.
64 Afirmamos que al
menos 241, ya que no se conoce la raza de 756 personas con el título de don o doña.
65 Sobre la familia
Amador véase "Los de Amador", en Gabriel Jiménez Molinares, Linajes
cartageneros, Cartagena, Imprenta Departamental, 1958, págs. 70-120. Véase César
Terrientes-Mojica, The Consulado of Cartagena,
1795-1820, Ph. D.
Dissertation, University of Southern California, 1981, pág. 197. En 1795, Esteban
Baltazar de Amador era uno de los 35 comerciantes vinculados al comercio de España.
"Relación de los individuos del comercio de España y del país que asisten en esta
plaza con expresión de sus dependientes", Archivo General de la Nación, censos
varios, t. VI, págs. 73-76. El 20 de junio de 1798, Esteban Baltazar de Amador le
escribió desde Cartagena al virrey de la Nueva Granada la siguiente carta: "Habiendo
pedido a vuestra excelencia con fecha 30 de mayo de este año, me diese permiso para que
pudiese comprar dos o tres embarcaciones en las potencias amigas o neutrales, capaces de
poder transportar tres mil y más quintales que en sólo el fruto de algodón tengo
detenidas en mis almacenes, por falta de buques que los conduzcan a los puertos de
España: y en virtud de la gracia concedida por Su Majestad de fecha 21 de julio de 1794
en la que se permite poder hacerse de este modo, y que se liberta el pago del derecho de
extranjeros a todos los que por este motivo las comprasen. He de merecer de la autoridad
de vuestra excelencia se sirva darme permiso para que en el caso de que compre o haga
comprar las expresadas embarcaciones neutrales, en uno de los puertos españoles de la
Isla de Cuba, Santo Domingo y demás de las Américas, pueda conducirlas, o hacerlas
conducir a este puerto sin obstáculo alguno, con toda la carga que tengan dentro
excluyendo los efectos prohibidos. Así lo espero de la bondad de vuestra
excelencia". Fondo Aduanas, t. 10, f. 962, Archivo General de la Nación.
66 Sobre la vida de
José Ignacio de Pombo, véase Manuel Lucena Giraldo, "El proyecto nacional de José
Ignacio de Pombo (1761- ¿1815?)", Boletín de Historia, Bogotá, vol. 8, núms.
15-16, enero-junio de 1991; para sus escritos, véase José Ignacio de Pombo, Comercio
y contrabando en Cartagena de Indias, Bogotá, Procultura, 1986.
67 Véase Guillermo
Hernández de Alba (compilador), Archivo epistolar del sabio naturalista don José
Celestino Mutis, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1983, t. IV,
págs. 83-179.
68 Anthony Mc Farlane, Colombia,
Before Independence, Economy, Society and Politics under Bourbon Rule, Cambridge
University Press, EE. UU., 1993, págs. 314-315.
69 Gabriel Jiménez
Molinares, Linajes cartageneros, Cartagena, Imprenta Departamental, 1958, pág.
120.
70 Manuel Ezequiel
Corrales, Documentos para la historia de la provincia de Cartagena de Indias,
Imprenta de Medardo Rivas, 1883, pág. 465.
71 Jorge Orlando Melo,
Comercio y contrabando en Cartagena de Indias, Bogotá, Procultura, 1986, pág. 9.
72 Según un testigo
inglés, el hambre llevó a la tumba a 7.300 cartageneros, 6.300 durante el sitio y 1.000
más como consecuencia de éste, Eduardo Lemaitre, Cartagena colonial, Bogotá,
Instituto Colombiano de Cultura, 1972, pág. 161.
73 Gabriel Jiménez
Molinares, Los mártires de Cartagena de 1816, Cartagena, 1847, t. II, pág. 148.
74 Adelaida Sourdis, Cartagena
de Indias, durante la primera república, 1810-1815, Bogotá, Banco de la República,
1988, pág. 147.
75 Donaldo Bossa Herazo,
Emigrantes de Cartagena en 1815, Cartagena, 1982.
76 En esa misma nave
iban también María Josefa Amador, la viuda de José Ignacio de Pombo y madre de Ana, y
sus hijos Esteban (con su esposa Josefa Latoison), Sebastián, Dámaso y Fernando, al
igual que Santiago Lecuna, el esposo de Ana. Lecuna había sido uno de los signatarios del
Acta de Independencia de Cartagena del 11 de noviembre de 1811. En la playa de Coclé,
donde naufragaron, fueron apresados por los españoles y, después de haberles robado
todas sus pertenencias, los condujeron a Portobelo y finalmente a Cartagena, donde a los
varones los pusieron en prisión. Otro de los cartageneros que iban en esa embarcación
fue Lino de Pombo ODonell, sobrino de José Ignacio de Pombo, quien nos dejó un
relato de la catástrofe que vivió este grupo de patriotas: "Mi goleta,
desorientada, encalló sobre rocas a la tercera noche en la costa del istmo de Panamá, al
norte de Chagre, frente a la boca del río Coclé, y su capitán tuvo que abandonarla en
una lancha después de habernos echado en tierra. En la travesía había fallecido el
coronel Sata: en la playa de Coclé fueron a exhalar su último suspiro mi angelical prima
Ana Pombo, mujer de Santiago Lecuna que estaba con ella, Juan Gual y algunos otros
desdichados". Eduardo Lemaitre, Cartagena colonial, Bogotá, Instituto
Colombiano de Cultura, 1973, pág. 156.
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