| Punto de partida
Empresa e historia en América Latina
Carlos Dávila L. de Guevara (compilador)
Tercer Mundo Editores-Colciencias, Santafé de Bogotá, 1996, 225 págs.
Este balance historiográfico aparece en un momento oportuno para la reflexión
sobre el papel social, político y económico del empresario privado en América Latina,
no sólo por el oleaje neoliberal de fin de siglo, sino porque había sido olvidada su
presencia, incluso, en la formación de las naciones del subcontinente durante la centuria
anterior.
Por mucho tiempo, los estudiosos de las ciencias sociales habían sido ajenos al
tratamiento sistemático del tema. El empresariado ha representado, con razón o sin ella,
a una burguesía tirana en el interior de cada país y sumisa en sus relaciones con las
potencias externas. La academia universitaria fue por mucho tiempo reacia a entregarse de
manera disciplinada y ausente de prejuicios a la valoración del papel del empresariado
nativo de cada país. Los núcleos empresariales prefirieron acudir a la creación en
varios países de América Latina de centros de investigación que no se distinguieron
precisamente por su objetividad y terminaron pareciéndose a entidades publicitarias que
promovían la imagen épica de un buen burgués. Así que del extremo del villano se pasó
a la hiperbólica idea del héroe empresarial.
La mirada crítica y exhaustiva sobre el papel del empresariado en las sociedades
latinoamericanas es relativamente reciente. De hecho, en el caso de la atrasada
historiografía colombiana, el nivel de estudios es muy incipiente en comparación con
otros países de la región.
Extinguiéndose el siglo que anunció para toda América Latina una desigual
modernización tecnológica, con algunos grados de industrialización y con los
consecuentes conflictos entre nuevos actores sociales, vale tener a la mano un balance de
las aproximaciones críticas y también de las menos críticas al estudio del
empresario como un actor insoslayable de la formación de las relativamente modernas
sociedades del subcontinente; él ha sido un actor tan relevante como el obrero, el
campesino, el político, el militar o el intelectual.
Los estudios pioneros sobre esta área historiográfica pertenecen al mundo
académico anglosajón, algo que ya es una fatalidad en el ejercicio de muchas disciplinas
científicas en nuestros países. Nosotros quedamos condenados a la condición de
eficientes discípulos o continuadores de un proceso de indagación en el cual no
cumplimos ninguna función inaugural. Ése es el destino de nuestra dependencia
intelectual, de nuestra incapacidad para consolidar una comunidad científica que desde
las universidades sepa definir prioridades. A propósito, esta misma compilación cuenta
con la colaboración de dos investigadores británicos que se encargaron de los capítulos
dedicados a Brasil y Perú. Los cinco capítulos restantes sí pueden ser adjudicados a
investigadores latinoamericanos con alguna tradición en el desarrollo de esa área de
estudios.
El embrión de este balance historiográfico parece hallarse en los eventos que
desde la década de 1980 han convocado académicos norteamericanos y británicos
especializados en la historia de América Latina; hasta que por fin, en 1992, en la
asamblea anual del Consejo Latinoamericano de Escuelas de Administración reunido en la
Universidad de los Andes, fue posible una comunidad de intenciones que dio origen a este
útil balance. El autor de la compilación aclara que cinco de los siete capítulos que
componen el libro son el resultado de las ponencias presentadas en ese encuentro.
Los balances historiográficos son premisas necesarias en el desarrollo de
cualquier disciplina científica; son tareas previas, preliminares, sin las cuales no se
puede partir con certeza en busca de novedades en el conocimiento. Conocer los
antecedentes bibliográficos de un área de estudios contribuye decisivamente a darle
cimientos muy sólidos a cualquier investigación. Estos balances permiten reconocer
avances, carencias, vacíos; también tendencias, excesos y olvidos. Es el estado del arte
de una disciplina determinada y del cual no puede prescindirse en los albores de cualquier
investigación. Allí reside toda la utilidad metodológica y el valor intelectual de este
libro.
La historiografía empresarial, a pesar de lo poco trajinada, ofrece sus matices:
estudios de historia económica, examen del papel empresarial del Estado, historia de
empresas específicas, estudios biográficos sobre empresarios. Incluso, podría
confundirse en algunos casos la historiografía empresarial con una historiografía de
elites intelectuales, de la relación entre formación científica, poder económico y
poder político. El estudio evidentemente weberiano y muy bien documentado del profesor
Alberto Mayor Mora, concentrado en el núcleo dirigente de la Escuela de Minas de
Medellín, desemboca en trabajos de ese estilo; de ahí que no nos sorprenda que el
trabajo siguiente de este sociólogo haya sido la biografía de un tipo singular de
empresario moderno en Colombia: el ingeniero civil Alejandro López.
En algunos países ha predominado el estudio de empresas extranjeras sobre el
interés por empresas y empresarios locales; en otros las preocupaciones académicas son
demasiado recientes. De todos modos, la compilación deja una visión integral y
generalizadora que servirá de punto de partida para cualquier aventura investigativa
posterior y deja los cimientos de una disciplina historiográfica que quiere consolidarse.
GILBERTO LOAIZA CANO |