Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 44.  Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Punto de partida


Empresa e historia en América Latina
Carlos Dávila L. de Guevara (compilador)
Tercer Mundo Editores-Colciencias, Santafé de Bogotá, 1996, 225 págs.


Este balance historiográfico aparece en un momento oportuno para la reflexión sobre el papel social, político y económico del empresario privado en América Latina, no sólo por el oleaje neoliberal de fin de siglo, sino porque había sido olvidada su presencia, incluso, en la formación de las naciones del subcontinente durante la centuria anterior.

Por mucho tiempo, los estudiosos de las ciencias sociales habían sido ajenos al tratamiento sistemático del tema. El empresariado ha representado, con razón o sin ella, a una burguesía tirana en el interior de cada país y sumisa en sus relaciones con las potencias externas. La academia universitaria fue por mucho tiempo reacia a entregarse de manera disciplinada y ausente de prejuicios a la valoración del papel del empresariado nativo de cada país. Los núcleos empresariales prefirieron acudir a la creación en varios países de América Latina de centros de investigación que no se distinguieron precisamente por su objetividad y terminaron pareciéndose a entidades publicitarias que promovían la imagen épica de un buen burgués. Así que del extremo del villano se pasó a la hiperbólica idea del héroe empresarial.

La mirada crítica y exhaustiva sobre el papel del empresariado en las sociedades latinoamericanas es relativamente reciente. De hecho, en el caso de la atrasada historiografía colombiana, el nivel de estudios es muy incipiente en comparación con otros países de la región.

Extinguiéndose el siglo que anunció para toda América Latina una desigual modernización tecnológica, con algunos grados de industrialización y con los consecuentes conflictos entre nuevos actores sociales, vale tener a la mano un balance de las aproximaciones críticas —y también de las menos críticas— al estudio del empresario como un actor insoslayable de la formación de las relativamente modernas sociedades del subcontinente; él ha sido un actor tan relevante como el obrero, el campesino, el político, el militar o el intelectual.

Los estudios pioneros sobre esta área historiográfica pertenecen al mundo académico anglosajón, algo que ya es una fatalidad en el ejercicio de muchas disciplinas científicas en nuestros países. Nosotros quedamos condenados a la condición de eficientes discípulos o continuadores de un proceso de indagación en el cual no cumplimos ninguna función inaugural. Ése es el destino de nuestra dependencia intelectual, de nuestra incapacidad para consolidar una comunidad científica que desde las universidades sepa definir prioridades. A propósito, esta misma compilación cuenta con la colaboración de dos investigadores británicos que se encargaron de los capítulos dedicados a Brasil y Perú. Los cinco capítulos restantes sí pueden ser adjudicados a investigadores latinoamericanos con alguna tradición en el desarrollo de esa área de estudios.

El embrión de este balance historiográfico parece hallarse en los eventos que desde la década de 1980 han convocado académicos norteamericanos y británicos especializados en la historia de América Latina; hasta que por fin, en 1992, en la asamblea anual del Consejo Latinoamericano de Escuelas de Administración reunido en la Universidad de los Andes, fue posible una comunidad de intenciones que dio origen a este útil balance. El autor de la compilación aclara que cinco de los siete capítulos que componen el libro son el resultado de las ponencias presentadas en ese encuentro.

Los balances historiográficos son premisas necesarias en el desarrollo de cualquier disciplina científica; son tareas previas, preliminares, sin las cuales no se puede partir con certeza en busca de novedades en el conocimiento. Conocer los antecedentes bibliográficos de un área de estudios contribuye decisivamente a darle cimientos muy sólidos a cualquier investigación. Estos balances permiten reconocer avances, carencias, vacíos; también tendencias, excesos y olvidos. Es el estado del arte de una disciplina determinada y del cual no puede prescindirse en los albores de cualquier investigación. Allí reside toda la utilidad metodológica y el valor intelectual de este libro.

La historiografía empresarial, a pesar de lo poco trajinada, ofrece sus matices: estudios de historia económica, examen del papel empresarial del Estado, historia de empresas específicas, estudios biográficos sobre empresarios. Incluso, podría confundirse en algunos casos la historiografía empresarial con una historiografía de elites intelectuales, de la relación entre formación científica, poder económico y poder político. El estudio evidentemente weberiano y muy bien documentado del profesor Alberto Mayor Mora, concentrado en el núcleo dirigente de la Escuela de Minas de Medellín, desemboca en trabajos de ese estilo; de ahí que no nos sorprenda que el trabajo siguiente de este sociólogo haya sido la biografía de un tipo singular de empresario moderno en Colombia: el ingeniero civil Alejandro López.

En algunos países ha predominado el estudio de empresas extranjeras sobre el interés por empresas y empresarios locales; en otros las preocupaciones académicas son demasiado recientes. De todos modos, la compilación deja una visión integral y generalizadora que servirá de punto de partida para cualquier aventura investigativa posterior y deja los cimientos de una disciplina historiográfica que quiere consolidarse.

GILBERTO LOAIZA CANO