Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 44.  Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Promesa no cumplida


La Autobiografía en Colombia
Vicente Pérez Silva
Biblioteca Familiar Colombiana, Presidencia de la República, Santafé de Bogotá, 1996, 760 págs.


La autobiografía en Colombia es uno de los títulos que componen la Biblioteca Familiar Colombiana, un esfuerzo de la Presidencia de la República con la intención de poner a disposición de los hogares del país un repertorio de textos claves sobre Colombia. Vicente Pérez Silva agrupa dentro de este libro 67 textos autobiográficos: entrevistas, monografías y ocasionalmente poesías (como el Autorretrato de León de Greiff), con mucha frecuencia extractadas de una obra mayor.

Sin embargo, a pesar del gran trabajo de recopilación, es posible que a otros lectores les suceda lo mismo que a quien escribe esta reseña y, después de leer este libro, sientan cierto sabor a insatisfacción, cierta molestia... parecida a la que deja una promesa no cumplida.

Quizá sea tan sólo el título: LA AUTOBIOGRAFÍA EN COLOMBIA.

No sé, tal vez no sea ni siquiera el título sino el artículo definido singular que lo encabeza: "La". ¡Hay que ver la cantidad de problemas en los que lo puede meter a uno un artículo determinado singular! Suena siempre demasiado contundente, demasiado único... "El" Presidente, "El" Estado, "La" Patria, "La" Religión, "La" Verdad. Da siempre una impresión granítica... y no es fácil construir en granito.

O quizá soy tan sólo yo, el joven de 23 años que escribe estas líneas.

"Autobiografía: Vida de una persona descrita por sí misma". (Diccionario Larousse)... Quizá (reiterativo "quizá") soy demasiado ambicioso y encierro en el término vida no sólo aquellos datos que se pueden obtener en un documento legal (del tipo: "Nací en la privilegiada ciudad de X, estudie en el distinguido colegio Ñ, me casé con la señorita Y, y trabajé con don Z"), sino también, muy especialmente, aquellos que se refieren a las creencias, deseos y miedos de un ser humano en particular. Autobiografía para mí significa ante todo un deseo de revelación de aquello que nos resulta más preciado, más individual, frente al cual el lector puede o no identificarse (después de todo, no suelen coincidir aquellos a los que les agradan los planteamientos de Mein Kampf de Hitler, con los que son seducidos por los de My life de Chaplin), pero siempre saldrá con una visión más profunda del ser humano descrito allí que la de los datos que pueda obtener en un registro civil.

Pero vamos por partes. Primero el primer "quizá", el del título. Prometedor, demasiado prometedor; general, demasiado general... en mi opinión, la opinión de un lector decepcionado por un título. Es demasiado ambicioso pretender encerrar la obra autobiográfica completa de un país en un solo volumen, aunque tenga las 760 páginas de este libro. Dado lo cual, o se hace una selección con un criterio unificador (época, profesión, género literario, etc.); o se procede al "muestrario", esto es: se toma un pequeño pedazo de cada obra autobiográfica, como si fueran telas en una tienda, se reúne el número suficiente de trozos, se les pega, y se le reza a la Musa esperando que aquel mosaico de piedras inconexas conserve cierta apariencia de unidad.

Mi posición (y valga repetir que es una posición personal y, por lo tanto, subjetiva) es de rechazo a la técnica del muestrario, pues se pretende darle al lector una impresión general, cuando en realidad se le están presentando (por razones de espacio) fragmentos... con el agravante de que en la literatura, a diferencia de las telas, la obra no presenta en todas partes el mismo color ni la misma textura.

El gran mérito de este libro es también, para mí, su gran fracaso: la ambición de su empresa. Por primera vez se intenta dar una visión general sobre la autobiografía en Colombia, pero se olvida que la autobiografía misma lo sobrepasa, por lo cual, en vez de aceptar sus limitaciones y pretender dar una visión lo más completa posible de uno solo de los aspectos de la materia, promete un todo que no llega siquiera a ser la suma de sus partes, pues no hay manera de sumarlas, ya que los escritos no han sido seleccionados por criterio distinto del que sus autores hayan vivido en Colombia... Un criterio excesivamente amplio para un solo libro.

Así llegamos al segundo "quizá", que es una observación aún más subjetiva (¡ay!) que la primera, pues parte de cierta sensación de lástima, ya que el autor de este libro ha encontrado, a mi parecer, auténticas joyas, tanto literarias como históricas, y ha permitido que la fuerza de aquellos escritos se pierda entre abundante material intrascendente. Éste es uno de aquellos libros ante los cuales me provoca decir: ¡Que libro tan interesante sería si, en vez de 760 páginas, tuviera 250!

Una vez más, como se puede observar, hablo de una necesidad de selección con base en criterios claros... aunque esta vez hablo de una selección por contenido. Un tema espinoso, pero que no se puede rehuir ante una obra de esta naturaleza.

La misma variedad del libro podría ser también su fuerza. En sus páginas hay documentos autobiográficos con diversos estilos y géneros, individuos con distintas creencias, profesiones y épocas. ¡Que oportunidad para dar una imagen diferente de la Colombia conocida!: una Colombia vista desde la individualidad, desde el "hombre no socializado" (pág. IX). Una visión de nuestra identidad, nuestra historia, desde la esencia humana misma en vez de los datos medibles.

En este libro podemos enterarnos de vidas que la mayoría desconocemos. Hay allí tantos personajes a quienes la historia ha llamado "grandes", como otros a los que se ha olvidado, víctimas de la amnesia colectiva. Sesenta y siete autores, 67 escritos autobiográficos, pasando por temas tan variados como el arte, la psicología, la educación, el periodismo, sin olvidar, por supuesto, a la omnipresente política... y sin embargo, uno se queda con la impresión de que el libro resultaría mucho más ameno y con mayor densidad, si se extrajera la gran cantidad de material poco relevante que ocupa buena parte de sus setecientas sesenta páginas: páginas de autores que han tenido buen cuidado de no poner en ellas ni sus dolores, ni sus luchas, y mucho menos una posición ante la vida o ante el país... nada que pueda considerarse más íntimo que el nombre de su esposa o su lugar de nacimiento, por lo cual incluso su estilo se unifica y el lector siente que está leyendo las mismas páginas con apellidos distintos.

La necesidad de este libro como herramienta en el conocimiento de Colombia puede verse desde dos puntos de vista: como registro de relaciones sociales de algunos colombianos ilustres; o como obra amena sobre la historia y espíritu de algunos colombianos, que nos permitirá una nueva imagen de la historia de Colombia escrita desde la vida del individuo... Hay que recordar que no se puede complacer a todo el mundo.

En estas páginas hay anécdotas sobre tiempos de "leopardos y alcanfores", poetas como León de Greiff y Barba Jacob, recuerdos curiosos y trágicos (muy propios del "mágico-realismo" de la historia colombiana, como el de la "manifestación fantasma" en el Chocó, narrada por García Márquez [pág. 719]), visiones distintas sobre la tierra y los hombres que enriquecerán nuestra visión sobre Colombia y sus personajes. Pero también están esas largas, largas páginas, que no distan mucho en su forma de nuestros actuales currículum vitae... y si lo que se quería era dar una visión de ese estilo, ¿no bastaba con dar uno en vez de treinta?

Afortunadamente allí están Silvio Villegas, Juan Gustavo Cobo Borda, Jorge Eliécer Gaitán, García Márquez, y tantos otros, para abrirnos las puertas a fracciones de su vida e invitarnos a conocerlos, para de este modo acercarnos a la Colombia que les tocó vivir, de una forma amena y rica en pensamientos y actitudes vitales frente a la realidad de su tiempo.

He escuchado que uno de los secretos mejor guardados por un hombre es la opinión que tiene de sí mismo. La exposición de ésta es, al fin, la meta más elevada de la autobiografía... y la más difícil, pues se necesita mucho coraje y seguridad para desnudar el interior ante un desconocido, como casi siempre es el caso del lector. Quizás por eso, aquellos que, entre todos los que pueblan estas páginas, alcanzaron eso que la historia llama "gloria", son también los que eran capaces de exponer su vida y sus convicciones sin refugios ni excusas.

Gaitán decía: "En la evocación del recuerdo siempre hay algo mutilado, y por eso puede ser sincero, pero jamás verídico" (pág. 120). A la hora de escribir una obra que se nutre de la historia o de los individuos del pasado, sucede algo parecido. Dada la imposibilidad de describir cada suceso ocurrido a cada habitante durante cada uno de los días de la historia, no queda más que mutilar. La diferencia entre el recuerdo personal y el recuerdo que evoca una obra histórica, es que este último es hasta cierto punto voluntario, pues parte de una decisión entre la forma (pretendiendo crear algo que parezca contener todos los aspectos de determinado tema), o el contenido (seleccionando ante la imposibilidad de cubrirlo todo, esperando que la obra sea lo más densa y "nutritiva" posible).

Es mi opinión que una obra que, como este libro, pretenda ser parte de una biblioteca familiar, debe dar preferencia al contenido antes que a la cantidad de información, para convertirse en una obra amena, atractiva, rica, y con un número de páginas que no superen a su profundidad.

Después de todo, en literatura, es tan grave el exceso como la falta.

ANDRÉS GARCÍA LONDOÑO