Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 44.  Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Quince piezas de un rompecabezas


El hombre americano a todo color
Marta Traba
Editorial Universidad Nacional, Museo de Arte Moderno, Santafé de Bogotá, 1995, 187 págs.


A veinte años de haber sido concebido, el lector que se adentra en las páginas de El hombre americano a todo color refuerza la convicción de que todo lo que escribió Marta Traba lo hizo con la intención de esclarecer el presente y con la certeza de que su palabra apuntalaba el futuro.

Marta Traba reúne varias aptitudes que la han convertido en una de nuestras más importantes críticas de arte en lo que va corrido del siglo. En primer lugar contaba con el dominio de un amplio lenguaje, de gran riqueza idiomática, producto de su avidez cultural y de un temperamento siempre dispuesto a compartir las razones de su asombro. Sus artículos oscilan entre la agilidad de exposición del periodista y la minuciosidad del novelista, sin caer nunca en el canto de sirenas de lo literario. Esto le permitía exponer y desarrollar una idea sin vacilaciones y enriquecer, por virtud de sus dotes de comunicadora, el discurso artístico.

En segundo lugar, Marta Traba aplicaba en su trabajo un doble movimiento de cercanía y distanciamiento objetivo de las producciones artísticas de cada país. Siendo más que argentina y colombiana, cosmopolita, miraba con un telescopio y un microscopio las actividades plásticas del continente, sin caer en la retórica de capilla o el provincianismo a ultranza, poniendo las cosas en su sitio.

En tercer lugar, sus pesquisas constantes sobre las novedades plásticas tanto de Europa como de Estados Unidos le permitieron ampliar su radio de acción, con el propósito de establecer nuevos puentes y sugerir conexiones formales y conceptuales, generando nuevos diálogos, a la manera de vasos comunicantes, lo que de alguna manera venía a negar el ancestral complejo de inferioridad que siempre ha tenido Latinoamérica frente al resto del mundo y motivando, por otra parte, una nueva reflexión sobre el quehacer plástico de cada uno de los países.

En cuarto lugar, producto de las tres anteriores, Marta Traba analizó los productos artísticos no sólo con las herramientas que le brindaba la historia del arte sino también valiéndose de comportamientos sociales y culturales, sin negar las coyunturas políticas y económicas, lo que hace que sus escritos estén siempre llenos de informaciones precisas, fustigados de sugerencias. De allí que sus cortes en diagonal de un fenómeno plástico pasan de ser un mero recuento para conocedores o un frío manual de sociología.

Se ha querido hacer un somero recuento de estas valiosas aptitudes como una pequeña introducción al libro que se comenta, ya que cuando Marta Traba aborda un artista, lo sitúa históricamente, aporta claves para la interpretación de su obra, señala peligros y lo circunscribe a una órbita que respeta lo regional, pero que al mismo tiempo lo involucra en un secreto proceso de creación paralela con otros artistas, sean americanos o europeos.

Es por ello que este volumen es la continuación natural de sus observaciones, de la imperiosa necesidad de dejar constancia de que el arte no es un producto del azar ni de una rara vocación solitaria, sino que, por el contrario, se puede —y se debe— analizar bajo una óptica más amplia, menos académica y formalista, con el objeto de construir un sólido sistema de relaciones.

No se cansa en cada una de las páginas de mirar, de juzgar, de plantear hipótesis, de formular juicios arriesgados y polémicos, de entresacar conclusiones, como una manera de promover una discusión más totalizadora de los fenómenos plásticos latinoamericanos, y de divulgar los trabajos de determinados artistas que en su momento no eran lo suficientemente conocidos por el público.

Armada con un conocimiento de primera mano, con un dominio del lenguaje que le permitía expresar con claridad sus conceptos, y de una visión particular y general a la vez, como se ha apuntado al principio de esta reseña, El hombre americano a todo color pretende dar en cada pintor que aborda una señal para su comprensión al tiempo que cada uno de ellos encierra una clave que le sirve para sacar a luz características de ese ser extraño y en permanente formación que es el ser latinoamericano.

Puntos de acción, de reacción, de convergencia, los analiza en los artistas como un eslabón para la comprensión de nuestra sociedad. No se cansa de decir que el individuo no está aislado y que sus manifestaciones artísticas arrojan una luz que puede servir como un nuevo enfoque para analizar las complejidades de nuestro comportamiento social. Se advierte que este libro lleva los gérmenes de su aguda visión como una catapulta que constantemente sugiere nuevos puntos de análisis, con la convicción de que el arte en América es un maravilloso espejo donde podemos descubrirnos o un fascinante caleidoscopio donde podemos inventarnos.

Cuevas, Jacobo Borges, Armando Morales, Agustín Fernández, Beatriz González, Luisa Richter, Abularach, Szyszlo, Hermenegildo Sábat, Roberto Aizenberg, Carlos Prada, Rogelio Pollesello, Francisco Rodón, Luis Caballero y Luis Díaz. Son 15 artistas analizados por Marta Traba. Ellos no están agrupados según su nacionalidad. Más bien están organizados como aristas de una misma estrella, representantes de la muerte, el deseo, los mitos, los sueños.

Este libro cuenta con una breve "Noticia sobre los artistas", además de una poco divulgada entrevista hecha en 1968 por el periódico El Popular, de Montevideo, de donde extractamos lo siguiente: "A la crítica me llevaron dos circunstancias: el deseo de que otros experimentaran el mismo placer estético que yo sentía ante el arte contemporáneo, y la necesidad de reglamentar una anarquía mental que me llevaba a aquel uso de la palabra porque sí, por el sólo placer de verla escrita. La crítica me enseñó a pensar, a moderar y equilibrar ese pensamiento".

Son en definitiva 15 apasionantes piezas de un rompecabezas en permanente transformación. Y hoy, al igual que hace 20 años, nos llega la pregunta que Marta Traba se hizo a lo largo de toda su vida y que abre este volumen: ¿Existe un arte latinoamericano? El lector, después de haber acabado la última página, tiene la respuesta.

RAMÓN COTE BARAIBAR