Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 44.  Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

La capacidad de innovación del patrimonio cultural


Pre-textos. Conversaciones sobre
la comunicación y sus contextos
Jesús Martín Barbero
Colección de Ensayo Iberoamericano, Centro Editorial Universidad del Valle, Cali, 1995, 206 págs.


Ni el título ni la carátula en tonos ocres y poco contrastados de este libro alcanzan a presagiar la aventura que le espera al lector en sus páginas, pues se trata de un texto que, al mismo tiempo que interroga la vida cotidiana de los latinoamericanos, derrumba los lugares comunes desde los que usualmente se responde por esta vida y construye una nueva manera de darle respuesta. Y esto no se alcanza a vislumbrar en un título que pareciera convocar únicamente a especialistas de la comunicación, cuando en realidad se trata de un contenido que les atañe a antropólogos, a historiadores, a filósofos, a agentes culturales, a restauradores, a administradores de la cultura, a críticos y también, obviamente, a comunicadores y periodistas. Este esguince entre título y contenido se presenta porque Jesús Martín Barbero en este libro plasma los procesos que lo llevaron a desplazar tanto el significado de la palabra comunicación como el objeto de la disciplina que designa. Y tal vez muchos lectores que sólo se detengan en el título asuman la comunicación como ese "modelo mecánico para el cual lo que está en juego son los emisores, receptores, canales, códigos, señales, aparatos" (pág. 67). Se trata sí de la disciplina, pero ahora su objeto de estudio es el lugar de la recepción, que ya no es sólo una etapa o un momento de la comunicación sino un sitio desde donde se piensa su proceso completo (pág. 67). En este nuevo modelo, el énfasis está puesto en las "prácticas sociales, esto es, en los espacios, los procesos y los actores de la comunicación [...] Se trata de un objeto que se redefine a partir menos de la teoría que de las prácticas, a partir de la vida cotidiana de la gente" (pág. 63).

¿Cómo hablar de prácticas sociales concretas? ¿Cómo comprenderlas, cómo mirarlas globalmente? Desde la cultura (pág. 43), responde el autor, "que es el lugar donde las personas viven, dentro del cual las personas se colocan [...], por donde pasa lo religioso, lo sexual, lo poético, el dolor, la emoción, la devoción" (pág. 39). Desplazó el objeto de estudio de la comunicación y lo ubicó en la vida cotidiana de los hombres y mujeres que habitan América Latina. Pero no se quedó allí, porque ese nuevo objeto lo planteó bajo un imperativo que en él se constituye en una especie de obsesión vital:

¿cómo ayudar a enriquecer la experiencia cotidiana de la gente, a ampliar su visión del mundo, a acrecentar su tolerancia y su capacidad de convivir, su diaria cultura democrática? [pág. 137]

Los problemas que este investigador le plantea a la comunicación se mueven tanto en el ámbito de la cultura como en el de la democracia, tanto en el ámbito urbano como en el rural, tanto en el ámbito de lo culto como de lo popular. Problemas que surgen de "las hibridaciones y fragmentaciones que produce la vida urbana" (pág. 151-152). Por esta razón su reflexión se desplaza de una disciplina a otra, mezclando los compartimentos en los que usualmente se las separa y encierra. Por ello también muchos lectores, ajenos a esta orientación y que no pasen de la carátula, se quedarán sin sospechar lo que hay en las páginas de este libro.

El libro no recoge un solo texto acabado, con un contenido orgánico, sino un pensamiento en proceso, con todos los ires y venires que esto supone, pues se trata de entrevistas concedidas por el autor en diversos países de América Latina (México, Perú, Brasil, Argentina) entre 1986 y 1992 y de ponencias presentadas en diferentes ciudades de Colombia y publicadas luego dentro y fuera del país, entre 1987 y 1994. Pre-textos que dieron lugar a varios textos escritos por el autor por estos mismos años: De los medios a las mediaciones, Comunicación, cultura y hegemonía, de 1987, y artículos como "Dinámicas urbanas de la cultura", de 1995, "Secularización, desencanto y reencantamiento massmediático", de 1995, "Pensar la sociedad desde la comunicación", de 1992, y "Comunicación y ciudad: entre miedos y medios", de 1990, entre otros. Pero el libro es otro pretexto —ya sin guión—, pues su presentación fue el escenario que tuvieron directivas, profesores, colegas y alumnos de la Universidad del Valle para expresarle, a quien fuera su maestro por muchos años, gratitud y aprecio. En 1996, el libro fue reeditado en la Colección Básica de la Universidad del Valle, con modificaciones en su aspecto formal —diseño de carátula, papel, tipo de letra— sin variar el contenido.

Ese cambio de perspectiva que hace el autor, de mirar los procesos de comunicación no desde los textos y las teorías sino desde las calles, las plazas, las fiestas y los ritos, hace que explore nuevas metodologías y estrategias. Buscarle una tercera salida al pensamiento dicotómico podría ser una de ellas y podría ser también su rasgo más característico y su aporte más significativo. Al interrogarse desde la cotidianidad, con todas las ambigüedades y contradicciones del vivir de todos los días, estallan las oposiciones maniqueas y los lugares comunes fruto del pensamiento binario. Por ello en estas páginas no hay ni dominados ni dominadores, no hay víctimas ni victimarios, no hay enajenadores ni enajenados. Hay seducciones, complicidades, juegos de parte y parte que hacen que las situaciones sean finalmente de una manera y no de otra. "No todo en la cultura de los dominados es resistencia, ni todo en la cultura de los dominadores es dominación" (pág. 49); esta manera de pensar es un reto, pues obliga a "plantearnos qué es en el dominado lo que trabaja a favor de la dominación, [...] a investigar los modos de dominación y las complicidades" (pág. 15). El autor dice que "es explicable la tentación que tenemos de creer que lo que fracasó —frente a la crisis del modelo de sociedad que estamos viviendo— es lo que vino de fuera, el modelo que no tiene que ver con nosotros, que tiene que ver sólo con lo que hay de imposición y no con lo que hay de complicidad" (pág. 52). En el caso de los proyectos de izquierda que se dieron en América Latina, hay que dejar de pensar que fracasaron por la presencia de agentes externos y "asumir las propias contradicciones y la propia estrechez de su proyecto" (pág. 41). En el caso de la dominación cultural, es necesario "romper con la actitud respetuosa, admirativa que nuestras clases populares sienten por la cultura de los dominadores, [...] sin privarlas de una producción cultural que, aunque ubicada en el proceso de dominación no es en sí misma dominación sino parte de la riqueza de la cultura de los otros" (pág. 49). En el caso de los receptores, dejar de señalarlos "como víctimas de la manipulación, de las artimañas, de la conspiración" (pág. 67), de la violencia que se transmite a través de los medios, y más bien tratar de comprender cuáles son las necesidades y carencias de nuestra sociedad que encuentran respuesta en esos mensajes, "porque ni el Estado, ni la sociedad civil, ni la Iglesia, ni la escuela han querido o han podido darle esas respuestas a las mayorías" (pág. 111), haciendo que, por ejemplo, la televisión se constituya en su alternativa vital (pág. 111).

Pero el autor no sólo rompe con los modelos para comprender lo que es comunicación, o con los lugares comunes que surgen de un pensamiento binario sino que hace estallar los estereotipos con que se suele hablar de la memoria cultural. Ésta no es una, con la mirada puesta hacia atrás —como siempre se ha presentado—, sino que tiene dos caras:

Una es la memoria del pasado y otra es la memoria de la que estamos hechos: esa parte de la memoria que está vinculada a lo que somos hoy, por tanto, a toda la ambigüedad, a toda la contradicción y a toda la búsqueda del futuro... [pág. 48].

¿Qué es lo que hay que conservar para ser fiel?, se pregunta el autor, y continúa: "no tanto la historia idealizada, sino una peculiaridad, una riqueza, pero sin que conservar signifique negarnos a desarrollar, a inventar, a cambiar" (pág. 48). "Porque la tragedia es que cuando hablamos y pensamos en patrimonio cultural, siempre hablamos de algo que ya está hecho, utilizando verbos como conservar, rescatar, recuperar y no desarrollar, no estimular, sin tener en cuenta las capacidades de innovación que hay ahí mismo" (pág. 50). Uno de los aportes más importantes de Jesús Martín Barbero, al lado de otros investigadores latinoamericanos como Néstor García Canclini, es haber cuestionado "una concepción de cultura e identidad cultural de tipo metafísico donde la identidad estaría dada en algún momento de la historia y se debería ser fiel a ella" (pág. 52), haber dejado de "considerar las culturas como esencias, como fidelidades que están por encima del tiempo y del espacio" (pág. 17).

Qué lejos han quedado los estudios centrados en los medios y en las tecnologías, en este país paradójico —como señala el autor—, donde el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, de los medios —en especial de la radio y la televisión—, es tan grande, mientras que la convivencia entre las diversas comunidades que lo pueblan presenta quiebres y abismos tan profundos, con una comunicación empobrecida, degradada, destruida (pág. 64). El libro se ha constituido en un espacio para reflexionar el lugar del emisor como el lugar de su cultura, "como el espacio de conflictos entre lo hegemónico y lo subalterno, entre las modernidades y las tradiciones, entre las imposiciones y las apropiaciones" (pág. 68), para estudiar "la recepción como un campo de exclusiones, de deslegitimaciones" (pág. 69). En un lugar para hacer estudios sobre lo cultural; donde confluyen los objetos de estudio de diferentes disciplinas, en aras de una comprensión de la vida de cada día, sin exclusiones, con una estética de cara a los quiebres y las fisuras que viven hoy las sociedades latinoamericanas y con una ética enraizada en lo cotidiano, parafraseando a Seamus Heaney.

BEATRIZ RESTREPO RESTREPO