| La capacidad de innovación del patrimonio
cultural
Pre-textos. Conversaciones sobre
la comunicación y sus contextos
Jesús Martín Barbero
Colección de Ensayo Iberoamericano, Centro Editorial Universidad del Valle, Cali, 1995,
206 págs.
Ni el título ni la carátula en tonos ocres y poco contrastados de este libro
alcanzan a presagiar la aventura que le espera al lector en sus páginas, pues se trata de
un texto que, al mismo tiempo que interroga la vida cotidiana de los latinoamericanos,
derrumba los lugares comunes desde los que usualmente se responde por esta vida y
construye una nueva manera de darle respuesta. Y esto no se alcanza a vislumbrar en un
título que pareciera convocar únicamente a especialistas de la comunicación, cuando en
realidad se trata de un contenido que les atañe a antropólogos, a historiadores, a
filósofos, a agentes culturales, a restauradores, a administradores de la cultura, a
críticos y también, obviamente, a comunicadores y periodistas. Este esguince entre
título y contenido se presenta porque Jesús Martín Barbero en este libro plasma los
procesos que lo llevaron a desplazar tanto el significado de la palabra comunicación
como el objeto de la disciplina que designa. Y tal vez muchos lectores que sólo se
detengan en el título asuman la comunicación como ese "modelo mecánico para el
cual lo que está en juego son los emisores, receptores, canales, códigos, señales,
aparatos" (pág. 67). Se trata sí de la disciplina, pero ahora su objeto de estudio
es el lugar de la recepción, que ya no es sólo una etapa o un momento de la
comunicación sino un sitio desde donde se piensa su proceso completo (pág. 67). En este
nuevo modelo, el énfasis está puesto en las "prácticas sociales, esto es, en los
espacios, los procesos y los actores de la comunicación [...] Se trata de un objeto que
se redefine a partir menos de la teoría que de las prácticas, a partir de la vida
cotidiana de la gente" (pág. 63).
¿Cómo hablar de prácticas sociales concretas? ¿Cómo comprenderlas, cómo
mirarlas globalmente? Desde la cultura (pág. 43), responde el autor, "que es el
lugar donde las personas viven, dentro del cual las personas se colocan [...], por donde
pasa lo religioso, lo sexual, lo poético, el dolor, la emoción, la devoción"
(pág. 39). Desplazó el objeto de estudio de la comunicación y lo ubicó en la vida
cotidiana de los hombres y mujeres que habitan América Latina. Pero no se quedó allí,
porque ese nuevo objeto lo planteó bajo un imperativo que en él se constituye en una
especie de obsesión vital:
¿cómo ayudar a enriquecer la experiencia cotidiana de la gente, a ampliar su
visión del mundo, a acrecentar su tolerancia y su capacidad de convivir, su diaria
cultura democrática? [pág. 137]
Los problemas que este investigador le plantea a la comunicación se mueven tanto
en el ámbito de la cultura como en el de la democracia, tanto en el ámbito urbano como
en el rural, tanto en el ámbito de lo culto como de lo popular. Problemas que surgen de
"las hibridaciones y fragmentaciones que produce la vida urbana" (pág.
151-152). Por esta razón su reflexión se desplaza de una disciplina a otra, mezclando
los compartimentos en los que usualmente se las separa y encierra. Por ello también
muchos lectores, ajenos a esta orientación y que no pasen de la carátula, se quedarán
sin sospechar lo que hay en las páginas de este libro.
El libro no recoge un solo texto acabado, con un contenido orgánico, sino un
pensamiento en proceso, con todos los ires y venires que esto supone, pues se trata de
entrevistas concedidas por el autor en diversos países de América Latina (México,
Perú, Brasil, Argentina) entre 1986 y 1992 y de ponencias presentadas en diferentes
ciudades de Colombia y publicadas luego dentro y fuera del país, entre 1987 y 1994.
Pre-textos que dieron lugar a varios textos escritos por el autor por estos mismos años: De
los medios a las mediaciones, Comunicación, cultura y hegemonía, de 1987, y
artículos como "Dinámicas urbanas de la cultura", de 1995,
"Secularización, desencanto y reencantamiento massmediático", de 1995,
"Pensar la sociedad desde la comunicación", de 1992, y "Comunicación y
ciudad: entre miedos y medios", de 1990, entre otros. Pero el libro es otro pretexto
ya sin guión, pues su presentación fue el escenario que tuvieron directivas,
profesores, colegas y alumnos de la Universidad del Valle para expresarle, a quien fuera
su maestro por muchos años, gratitud y aprecio. En 1996, el libro fue reeditado en la
Colección Básica de la Universidad del Valle, con modificaciones en su aspecto formal
diseño de carátula, papel, tipo de letra sin variar el contenido.
Ese cambio de perspectiva que hace el autor, de mirar los procesos de
comunicación no desde los textos y las teorías sino desde las calles, las plazas, las
fiestas y los ritos, hace que explore nuevas metodologías y estrategias. Buscarle una
tercera salida al pensamiento dicotómico podría ser una de ellas y podría ser también
su rasgo más característico y su aporte más significativo. Al interrogarse desde la
cotidianidad, con todas las ambigüedades y contradicciones del vivir de todos los días,
estallan las oposiciones maniqueas y los lugares comunes fruto del pensamiento binario.
Por ello en estas páginas no hay ni dominados ni dominadores, no hay víctimas ni
victimarios, no hay enajenadores ni enajenados. Hay seducciones, complicidades, juegos de
parte y parte que hacen que las situaciones sean finalmente de una manera y no de otra.
"No todo en la cultura de los dominados es resistencia, ni todo en la cultura de los
dominadores es dominación" (pág. 49); esta manera de pensar es un reto, pues obliga
a "plantearnos qué es en el dominado lo que trabaja a favor de la dominación, [...]
a investigar los modos de dominación y las complicidades" (pág. 15). El autor dice
que "es explicable la tentación que tenemos de creer que lo que fracasó
frente a la crisis del modelo de sociedad que estamos viviendo es lo que vino
de fuera, el modelo que no tiene que ver con nosotros, que tiene que ver sólo con lo que
hay de imposición y no con lo que hay de complicidad" (pág. 52). En el caso de los
proyectos de izquierda que se dieron en América Latina, hay que dejar de pensar que
fracasaron por la presencia de agentes externos y "asumir las propias contradicciones
y la propia estrechez de su proyecto" (pág. 41). En el caso de la dominación
cultural, es necesario "romper con la actitud respetuosa, admirativa que nuestras
clases populares sienten por la cultura de los dominadores, [...] sin privarlas de una
producción cultural que, aunque ubicada en el proceso de dominación no es en sí misma
dominación sino parte de la riqueza de la cultura de los otros" (pág. 49). En el
caso de los receptores, dejar de señalarlos "como víctimas de la manipulación, de
las artimañas, de la conspiración" (pág. 67), de la violencia que se transmite a
través de los medios, y más bien tratar de comprender cuáles son las necesidades y
carencias de nuestra sociedad que encuentran respuesta en esos mensajes, "porque ni
el Estado, ni la sociedad civil, ni la Iglesia, ni la escuela han querido o han podido
darle esas respuestas a las mayorías" (pág. 111), haciendo que, por ejemplo, la
televisión se constituya en su alternativa vital (pág. 111).
Pero el autor no sólo rompe con los modelos para comprender lo que es
comunicación, o con los lugares comunes que surgen de un pensamiento binario sino que
hace estallar los estereotipos con que se suele hablar de la memoria cultural. Ésta no es
una, con la mirada puesta hacia atrás como siempre se ha presentado, sino que
tiene dos caras:
Una es la memoria del pasado y otra es la memoria de la que estamos hechos:
esa parte de la memoria que está vinculada a lo que somos hoy, por tanto, a toda la
ambigüedad, a toda la contradicción y a toda la búsqueda del futuro... [pág. 48].
¿Qué es lo que hay que conservar para ser fiel?, se pregunta el autor, y
continúa: "no tanto la historia idealizada, sino una peculiaridad, una riqueza, pero
sin que conservar signifique negarnos a desarrollar, a inventar, a cambiar" (pág.
48). "Porque la tragedia es que cuando hablamos y pensamos en patrimonio cultural,
siempre hablamos de algo que ya está hecho, utilizando verbos como conservar, rescatar,
recuperar y no desarrollar, no estimular, sin tener en cuenta las capacidades de
innovación que hay ahí mismo" (pág. 50). Uno de los aportes más importantes de
Jesús Martín Barbero, al lado de otros investigadores latinoamericanos como Néstor
García Canclini, es haber cuestionado "una concepción de cultura e identidad
cultural de tipo metafísico donde la identidad estaría dada en algún momento de la
historia y se debería ser fiel a ella" (pág. 52), haber dejado de "considerar
las culturas como esencias, como fidelidades que están por encima del tiempo y del
espacio" (pág. 17).
Qué lejos han quedado los estudios centrados en los medios y en las
tecnologías, en este país paradójico como señala el autor, donde el
desarrollo de las tecnologías de la comunicación, de los medios en especial de la
radio y la televisión, es tan grande, mientras que la convivencia entre las
diversas comunidades que lo pueblan presenta quiebres y abismos tan profundos, con una
comunicación empobrecida, degradada, destruida (pág. 64). El libro se ha constituido en
un espacio para reflexionar el lugar del emisor como el lugar de su cultura, "como el
espacio de conflictos entre lo hegemónico y lo subalterno, entre las modernidades y las
tradiciones, entre las imposiciones y las apropiaciones" (pág. 68), para estudiar
"la recepción como un campo de exclusiones, de deslegitimaciones" (pág. 69).
En un lugar para hacer estudios sobre lo cultural; donde confluyen los objetos de estudio
de diferentes disciplinas, en aras de una comprensión de la vida de cada día, sin
exclusiones, con una estética de cara a los quiebres y las fisuras que viven hoy las
sociedades latinoamericanas y con una ética enraizada en lo cotidiano, parafraseando a
Seamus Heaney.
BEATRIZ RESTREPO RESTREPO |