Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 44.  Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

La ciudad de 240 barrios


Ciudad Bolívar,
la hoguera de las ilusiones
Arturo Alape
Planeta Editores, Santafé de Bogotá, 1995, 272 págs.


Este nuevo libro del escritor colombiano Arturo Alape, como autor principal, nos lleva por los laberintos de una ciudad desconocida, incomprendida, olvidada y maltratada. Se trata de un recorrido por los imaginarios urbanos de un sector social en el sur de la capital de la república.

En este trabajo, mediante el método de las historias de vida, con entrevistas a los jóvenes, la realización de talleres de memoria y la revisión bibliográfica sobre el tema y sobre el sector, se logra un buen ejercicio de cómo pensar la vivencialidad de la ciudad, hoy a las puertas del siglo XXI.

En él se muestra la otra cara de Ciudad Bolívar, en medio de unas historias que dejan al descubierto la falta de legitimidad y presencia traumática del Estado. Aquí se ve la falta de comprensión, solidaridad y apoyo de la sociedad, de la otra ciudad.

Metodológica y conceptualmente, en este trabajo se combinan elementos históricos, literarios, periodísticos, sociológicos y antropológicos en el análisis del recurrente fenómeno de la violencia en Colombia, con referencia específica al sudeste de Bogotá, en Ciudad Bolívar.

Es una mirada distinta de los diferentes problemas que allí se viven. "Porque la ciudad ha dejado de ser nuestra, incluso desde la mirada de la ventana" (pág. 14).

Algo importante y novedoso del libro (premio Germán Arciniegas, 1995), es que los autores dan testimonio de sus vivencias desde el punto de vista de sí mismos, desde sus experiencias, desde sus culturas.

Tanto quienes murieron como quienes aún sobreviven, han dejado en este libro sus huellas: la niñez, la llegada "a hacer barrio", sus tempranos sufrimientos tanto materiales como espirituales, los recuerdos de sus padres, familiares y amigos.

Por otra parte, llama la atención la identidad que algunos de ellos, como los pintores o los escritores, muestran en sus obras, escritos, palabras y hechos, a Ciudad Bolívar sin quedarse allí no más. Ellos también asimilan lo universal, la gente, el pensamiento, la historia, el arte; han leído autores de carácter internacional.

Porque "si uno se adentra en Ciudad Bolívar, se encontrará sin el asalto de la sorpresa con la memoria del país, la memoria de mitad de siglo, la memoria de los años ochenta, memoria que transita caminante desde los confines en que termina la geografía nacional" (pág. 18).

El autor principal (Arturo Alape) vuelve aquí, en este libro, a poner a flote sus extraordinarios conocimientos de sociología, antropología, literatura y política y, de una manera analítica, logra ordenar varias de las historias de vida en una: La de los jóvenes de Ciudad Bolívar en relación con la sociedad bogotana, con la sociedad colombiana, haciendo referencia a la segunda mitad del siglo y específicamente a la década de los ochenta.

Aquí podríamos, mediante la lectura de otros autores (Julián Arturo Comp., "Pobladores urbanos"; Armando Silva, "Imaginarios urbanos"; Fabio Giraldo-Fernando Viviescas, "Pensar la ciudad"), señalar que "no todos vemos la ciudad con los mismos ojos".

Por lo demás, si bien es cierto que "las ciudades producen sus pobladores", también se puede afirmar que "los pobladores crean las ciudades". Ciudad Bolívar fue creada por sus pobladores; algunos han nacido y crecido allí.

Pero también podemos decir que los mismos habitantes desconocen las diversas formas de vida en los diferentes sitios de la urbe.

Muchos de los pobladores urbanos tienen un pasado rural, y esto es clave a la hora de "pensar la ciudad". No olvidemos que "la historia contemporánea de Bogotá tiene también sus raíces en los mismos límites de la provincia" (pág. 19).

¿Cómo identificar lo urbano propiamente? ¿Cómo diferenciar hoy las costumbres del habitante rural de las del habitante que tiene parte de su vida en el campo y buena parte también en la ciudad? ¿Cómo identificar y caracterizar al habitante de Ciudad Bolívar? ¿Cómo describir, explicar y sugerir alternativas a la problemática socioeconómica y cultural de este importante conglomerado humano? Y por último, ¿por qué la identidad sigue siendo un tema de discusión en América Latina, en Colombia? El libro de Arturo Alape da algunas pautas para ir resolviendo parte de estos interrogantes. Debemos, pues, saber quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos; debemos conocernos mejor. Donde hay valores, metas y costumbres, puede haber identidad y la identificación ocurre en pequeña escala (vereda, barrio, pueblito, familia, etc.), como en Ciudad Bolívar.

Por el contrario, en las grandes ciudades colombianas como Bogotá, "es difícil ser ciudadano porque son, y siguen siendo, ciudades en estado de sitio". Se sufre la angustia de no tener papeles y de no tener dónde vivir, de ser desarraigado, de ser un hombre de la calle, de no tener identidad ni siquiera con uno mismo. Además, la ciudad produce miedo por el raponazo, el atraco. La violencia está en cualquier parte, no solamente en Ciudad Bolívar, porque la ciudad es ilímite, cada día es más grande, más desordenada y desadaptada. Aquí uno vive tensionado. La ciudad es fría, apática, todo el mundo pelea por todo, aquí se pelea hasta con el espejo, se desespera uno saliendo al centro; entonces, ¿de cuál ciudad estamos hablando? ¿De la del sur, de la del norte, el occidente, el oriente, el centro o toda la "selva de cemento" que parece ser Bogotá ? ¿Por qué nadie reconoce la ciudad como suya? ¿Siguen los colombianos y extranjeros residentes en Bogotá creyendo que Ciudad Bolívar es el territorio de mayor incidencia de muertes violentas, como suele expresarse en los medios de comunicación? Eso no es cierto.

En todo caso, lo que sí queda claro es que Bogotá como ciudad es un espacio complejo, siniestro y maravilloso a la vez. Ojalá todos quienes habitamos en ella pongamos de nuestra parte para devolverle el encanto que alguna vez tuvo.

De todas formas, después de leer este libro nos queda como una nueva visión y concepción de la ciudad. Queda uno con la reflexión de cómo será lo particular de la identidad de la ciudad del norte, la vieja ciudad del centro, de otros sitios, frente a las formas de vida, a la historia e identidad de la nueva ciudad de la periferia de Bogotá. De esa ciudad síntesis de las diferentes expresiones socioeconómicas, culturales y políticas de Colombia.

Un mapa hubiera ubicado mejor al lector en la excelente descripción sociogeográfica que de Ciudad Bolívar hace Alape en la página 24 y en los cuadros salidos de la percepción e imaginación de la realidad conceptualizados por dos de los protagonistas, cuando dicen: "Yo creo que Ciudad Bolívar es como un cuadro de esos abstractos que hacen ahora. Es una mescolanza de colores que a simple vista no llevan a nada, pero que muy profundamente tiene la almendra por dentro" (Carlos, pág. 94). Y "Ciudad Bolívar es toda una gran extensión de 240 barrios, sin contar los que ya se están formando. Entonces es un cuadro de muchísimos colores, de rojos y amarillos, de verdes y violetas, de todo lo que quieras, pero es una tonalidad que marca mucho" (Harold, pág. 94-95).

Otro tanto se hubiera logrado en cuanto a ilustración, con unas cuantas fotografías de los hechos ocurridos en los sitios y la época estudiados. Por otra parte, debe señalarse aquí (aunque sea de forma), que en esta primera edición de Ciudad Bolívar, la hoguera de las ilusiones, un duende tipográfico hizo que en las páginas 200 y 201 se repitiera lo escrito en las páginas 195 y 196; son gajes del oficio.

En todo caso, un aporte que se debe destacar en esta investigación de tipo histórico-literario y sociológico es, a nuestro entender, lo realizado en los talleres de memoria, cuyos protagonistas fueron los mismos jóvenes, quienes generosa y voluntariamente compartieron en charlas sus propias historias de vida.

Algo bien claro es que, en los últimos cuatro decenios de la historia de Colombia, en los diversos cruces de violencias, los sacrificados han sido los jóvenes, y a ellos no se les ha oído, no se les ha defendido, no han tenido una luz, un apoyo que permita que, por lo menos, se les respete la vida.

Por eso podríamos terminar esta reseña con las palabras finales del libro, cuando sentencia: "La voz de los jóvenes de Ciudad Bolívar, bajó un día por uno de los caminos de grietas y abismos que tienen sus cerros erosionados, y ahora quieren hablar con su auténtica voz, como sintonía definitiva de lucidez y de identidad. La voz de la memoria ha hablado para escribir estas páginas".

HÉCTOR ALFONSO BARBOSA
Sociólogo, Universidad Nacional