Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 44.  Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 
Presencia belga en Colombia:
ciencia, cultura, tecnología y educación

 

ANNE-MARIE VAN BROECK
LUIS FERNANDO MOLINA LONDOÑO
Trabajo fotográfico: Luis Fernando Molina Londoño, Anne-Marie van Broeck y Armand Weemaels

INDICE

La Colonia
Los primeros contactos entre Colombia y Bélgica
Los primeros migrantes
Los misioneros
Arte colonial
Siglo XIX y primera mitad del siglo XX
Ingenieros
Químicos
Agrónomos
Botánicos
Pedagogos
Otros educadores
Artistas
Arquitectos

 

Actualidad, desde 1950

 

Conclusiones

 

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Los Países Bajos a partir de la paz de Munster -1684- (Tomado de: Los Países Bajos, de J. A.Kossman-Putts, Lauwe, 1996).

Los Países Bajos y Bélgica (Tomado de: Los Países Bajos, de J. A.Kossman-Putts, Lauwe, 1996).

El estudio de las migraciones a Colombia o de los aportes de los extranjeros a la cultura y al desarrollo del país, permite reconocer con facilidad a españoles, ingleses, franceses, italianos, estadounidenses, alemanes y gente de distintos países africanos. Descripciones y estudios recientes dan cuenta acerca de chinos, japoneses, sirios, libaneses y emigrantes de nacionalidades europeas diferentes de las antes mencionadas, de menor notoriedad pero significativas y trascendentales en la historia de Colombia. En coyunturas de apertura comercial y modelos económicos de libre mercado, es llamativo explorar y diagnosticar el diálogo entre países. La recapitulación sobre las relaciones con el exterior a lo largo de estos cinco siglos de nuestra historia en común con Europa, contribuye a identificar el intercambio cultural, político y económico, determinantes en la conformación del ser nacional.

Este artículo presenta un inventario de las principales realizaciones de los belgas en la ciencia, la cultura, la tecnología y la educación en Colombia entre el siglo XVI y la primera mitad del XX. El recorrido permitirá apreciar la significación del aporte belga a la vida colombiana.

 

LA COLONIA

Los primeros contactos entre Colombia y Bélgica

Los primeros encuentros entre "belgas" y "colombianos" 1 se remontan al siglo XVI, cuando los Países Bajos (de que formaban parte territorios actuales de Bélgica, Holanda, Luxemburgo y norte de Francia) y el Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia y Panamá), entre otros territorios americanos y europeos, entraron en 1517 al dominio del imperio español de Carlos V de Alemania o Carlos I de España (Gante, 1500-Cáceres, 1558). Este nexo del territorio "belga" con el imperio español se prolongó hasta 1714 2 y el del neogranadino hasta 1819.

Durante su reinado, Carlos favoreció a los flamencos 3 con beneficios, cargos y concesiones en la empresa de la conquista y colonización de América en el siglo XVI porque afectiva, económica y culturalmente se hallaba más cerca de ellos que de los españoles. Los flamencos participaron de manera sobresaliente como consejeros y banqueros del negocio de la conquista, y más adelante, como comerciantes en el período colonial, muy a disgusto de la nobleza española, especialmente castellana, que protestó en 1520 por este favoritismo 4.

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Encajes flamencos en traje femenino del siglo XVII.   Cuadro exvoto La Piedad, anónimo (iglesia de Santa Clara, Bogotá).

América se convirtió desde esa época en un gran mercado para los productos agrícolas e industriales de los territorios europeos del imperio de Carlos, que acaparaban, a su turno, casi todo el oro y la plata del Nuevo Mundo. Linos, paños y encajes de Gante y de Brujas fueron manufacturas flamencas de una selecta y costosa lista de productos que podía comprar abundantemente el oro de América 5. Entre los siglos XV y XVII, por medio de ese rico y activo comercio, Amberes consolidó su condición de gran centro cultural, portuario y financiero del Occidente de entonces 6.

El interés de los flamencos por los territorios con que comerciaban, produjo un desarrollo del conocimiento cartográfico y geográfico de América, base para la navegación comercial y la expansión del intercambio. El nuevo continente se describió con detalle en numerosos atlas que se publicaron durante el auge económico de Flandes. Entre los geógrafos, cartógrafos, matemáticos y astrónomos flamencos que se interesaron por levantar cartas de los territorios meridionales de América sobresalieron Ortelius y Mercator.

El matemático, geógrafo y astrónomo de la Universidad de Lovaina Gerhardus Mercator (1512-1594) o Gerhard Kremer, fuera de su mapamundi del año 1569, realizó varios trabajos por encargo de Carlos I. El mapa grabado en cobre y bellamente iluminado conocido bajo el título de Terra Firme et Novum Regnum Granatense et Popaian de 1622, es una de las más bellas cartas del territorio colombiano del período colonial y fue publicada por Henrique Hondio en su obra Atlas Sive Cosmographicae 7 .

Por su parte, el geógrafo y cartógrafo de Amberes Abraham Ortelius (1527-1598) publicó en 1570 el primer atlas moderno de que se tenga noticia, bajo el título de Theatrum Orbis Terrarum, donde aparecen técnicamente trazados setenta mapas; varios de ellos figuran entre los primeros sobre América como el titulado Americae Sive Novi Orbis. Nova Descriptio 8.

Finalmente, dentro del período colonial, están incluidos los primeros libros de autores americanos y españoles sobre Nueva Granada, la mayoría de los cuales se imprimieron en la ciudad de Amberes en los siglos XVI y XVII. Plantin-Moretus era una de las casas editoriales más activas en este campo 9.

Los primeros migrantes

El vínculo de los flamencos con la monarquía imperial favoreció su entrada a América. Se sabe de una importante presencia en la Nueva España (México), Quito y Perú 10. En la armada que el negociante alemán Welser mandó en 1534 hacia Venezuela, también se encontraron nombres de personas de Amberes, Malinas, Bruselas, etc. El Catálogo de Pasajeros a Indias de 1528 y el Índice geobiográfico de cuarentamil pobladores españoles de América en el siglo XVI registran el posible ingreso de súbditos "belgas" 11 al Nuevo Reino de Granada.

La flota española, llamada Carrera de Indias, hizo anualmente recorridos a Tierra Firme en América. En sus barcos casi siempre viajaban marineros flamencos. Muchos de ellos llegaron incluso a quedarse en Hispanoamérica. El destino final de esta flota era Cartagena. Aquí vivieron en los siglos XVI y XVII varios flamencos, como Adriaan Verbeke, hijo de un negociante de Amberes (1535), Diego Henriques, negociante de la misma ciudad (1630), los Leygraeves y los Giraldos, parientes entre sí —y también originarios de esta ciudad flamenca—, y doña Anna Lindic, viuda del gobernador de Cartagena (ca. 1690-98).

Existen referencias sobre Rodrigo van Ghemert, que vivió en Santafé de Bogotá, cuyos descendientes pasaron a ser conocidos luego con el apellido Wangüemert. Vivió, además, Anton Flamenco, uno de los fundadores de la ciudad, quien en 1539 formó parte de la expedición de Nicolás de Federmann. En 1556 figura recibiendo ingresos por la explotación de un molino. Conocido como "el capitán de Amberes", murió pobre en 1558, "a pesar de haber prestado muchos servicios a los reyes Carlos I y Felipe II" 12.

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Diseños de papel de colgadura belga hallado en "El Retiro", Antioquia (Casa de la familia Peláez A., fotografías de Armand Weemaels).

Joseph Díaz, flamenco originario de Iprés (Ypres o Ieper), era un buen "vecino" de Tunja. En 1650 viajó a Sevilla para vender de cuenta propia y de otros, un cargamento de pita, piezas de orfebrería y moneda de oro acuñada. Durante el viaje naufragó cerca de Jamaica. Su albacea, de acuerdo con el testamento, invirtió los 556 pesos de oro que dejó, en pagar una misa de entierro de primera en Tunja, misas mensuales de recordatorio en la capilla de Nuestra Señora del Rosario en el convento de los dominicos, una capa para la imagen de la Virgen en esa misma capilla, misas en las iglesias de la ciudad, dotes para los huérfanos, donaciones para sus sirvientes y la correspondiente herencia a sus dos hijas naturales 13.

Nicolas de Once, originario de Lieja, se instaló como comerciante en Cali. Se sabe que tuvo problemas graves con el cura cuando se resistió a cumplir un mandato de penitencia 14.

Existen indicios sobre un grupo de flamencos que residieron en Medellín en el siglo XVIII dedicados a varios oficios.

Esa presencia puede calificarse de modesta en comparación con la que hubo en México, pero nos muestra a los flamencos participando en el proyecto imperial en América.

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Jodoco Ricke, óleo de Antonio Astudillo, 1785 (Colección del Convento de San Francisco, Quito).
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Convento de la comunidad franciscana en Popayán fundado por fray Jodoco Ricke.

 

Los misioneros

Por la misma época vino fray Jodoco Ricke (Malinas, 1498-Popayán, 1578) 15, de la comunidad de los franciscanos. Aunque inicialmente su destino era México, debió cambiarlo por Nicaragua, después por Perú 16 y finalmente por Quito, donde llegó en 1535, para fundar allí los primeros conventos de su comunidad en Tierra Firme. Fue así como dirigió la construcción de veintiocho conventos durante sus tres años iniciales de residencia en Quito. Para 1564 existían más de cuarenta a lo largo del territorio que va desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile 17. En 1569 se trasladó a Popayán, donde fundó el convento de los Padres Observantes de San Bernardino, posteriormente de San Francisco 18. Allí murió en 1578.

En el libro Espejo de verdades, escrito en 1575, se menciona que fray Jodoco...

[...] enseñó [a los Indios] a arar con bueyes, hacer yugos, arados i carretas [...] la manera de contar en cifras de guarismo i Castellano [...] además enseñó a los Indios a leer i escribir [...] y tañer todos los instrumentos de musica, tecla i cuerdas, salabuches i cheremias, flautes i trompetas i cornetas, i el canto del organo i llano [...] Como era astrologo devió de alcanzar como havia de ir en aumento aquella provincia, i previniendo a los tiempos advenideros i que havian de ser menester los oficios mecanicos en la tierra, i que los Españoles no havian de querer usar los oficios que supiesen; enseñó a los Indios todos los géneros de oficios, los que deprendieron mui bien, con los que se sirve a poca costa i barato toda aquella tierra, sin tener necesidad de oficiales españoles [...] hasta mui perfectos pinctores i escritores i apuntadores de libros: que pone gran admiracion la gran habilidad que tienen i perfecion en las obras que de sus manos hacen: que parece que tuvo este Fraile espiritu profético [...] Debe ser tenido por inventor de las buenas artes en aquellas provincias [...] 19 .

A fray Jodoco se le atribuye además la introducción del trigo a Latinoamérica, pero sobre esto todavía existen algunas dudas 20.

Otro misionero "belga" de la Compañía de Jesús 21 fue Ignatius Toebast (Gante, 1648-Duma, 1684). En 1681 llegó a Cartagena, con otros sacerdotes de Europa, a fundar un nuevo establecimiento misional en el Orinoco.

Toebast debió quedarse casi dos años en Bogotá, en contra de sus deseos, no obstante que sus demás compañeros de misión ya habían viajado a los Llanos. En la capital del Reino se dedicó a regentar la cátedra de literatura y humanidades, en el Colegio Real y Seminario de San Bartolomé, importante centro de formación de misioneros.

Siempre manifestó a sus superiores el deseo de trabajar como misionero. Finalmente lo comisionaron para ir cerca de Tabajé o Nuestra Señora de los Sálibas, donde ya los jesuitas habían fundado una iglesia y evangelizaban las comunidades indígenas de Adoles, Berva, Cusia, Masibai, Duma y Cataruben, para que "los indios [cobrasen] amor a la propiedad, contrajesen hábitos de orden y de sociedad" 22. A Toebast le asignaron Duma.

En 1684, los caribes atacaron algunos de estos pueblos (Cataruben, Duma y Cusia) y provocaron la total ruina de las misiones. Toebast murió como mártir en esta incursión.

De acuerdo con el padre Juan Rivero:

después de muertos los tres dichosos inocentes Padres, arrastraron sacrílegamente sus cuerpos alrededor de la iglesia y casas del pueblo, y como tigres rabiosos y sangrientos, con impiedad fiera, cortaron piernas y brazos de los padres Bec y Teobast 23, y se los llevaron, dejando lo restante del cuerpo con el del Padre Fiol, arrojados en el campo. No contentos con tan horrible arrojo y sacrílega carnicería [...], entraron en las iglesias, y sacando los sagrados ornamentos, se los vistieron por mofa y escarnio, [...] y así mismo robaron cinco cálices y patenas, que se llevaron para brindar en sus borracheras; [...] robaron cuanto pudieron y quisieron y prendieron fuego á las iglesias y casas 24.

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Ignacio Toebast, según un grabado de la época.   Murió en los Llano Orientales.

Otro misionero jesuita, Hubert Verdonck 25 (Amberes, 1586-Lima, 1652), obtuvo licencia para viajar a las misiones del nuevo mundo. En 1617 llegó a Cartagena en compañía de un grupo de religiosas clarisas que venía a fundar una casa en la ciudad. Continuó su viaje hacia Portobelo (el actual Colón [Panamá]) para volver una vez más a Nueva Granada. Existe una carta, fechada en Cartagena en 1626, en la que hace una descripción de las minas de Mariquita. Otra carta de 1630 delata su permanencia en la misma ciudad. Cambió su nombre flamenco por el de Humberto Coronado. Murió en Lima en 1652. Sobre su actividad misionera se sabe todavía poco.

Arte colonial

Durante la Colonia el arte flamenco, tenido en gran estima, influenció la escasa pintura y escultura producida por los artistas del Nuevo Reino de Granada. La iconografía de algunos murales de la casa del fundador Juan de Vargas en Tunja 26 y de los frescos de la casa de la calle de Don Sancho en Cartagena, recientemente descubiertas en el proceso de su restauración 27, está inspirada en grabados de artistas flamencos.

La colección de veinticuatro pinturas —de las cuales sólo se conservan veintitrés en la actualidad— sobre el ciclo de la vida de la Virgen, de la parroquia de Nuestra Señora de la Huida de Egipto, de Bogotá, sin fechas ni firmas, fue hecha posiblemente en Amberes o en un taller cercano a la ciudad, en la primera mitad del siglo XVII, por discípulos o seguidores de Rubens. Las obras fueron donadas por el clérigo don Jerónimo de Guevara y Troya en su testamento, dictado en 1657. Guevara también fue el constructor de la ermita de Egipto 28.

 

SIGLO XIX Y PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

Desde el siglo XIX, varios belgas vinieron a vivir y trabajar en Colombia. Ordinariamente desempeñaron tareas en diferentes áreas, aunque en este artículo sólo se tratan los dedicados al trabajo en ciencia, tecnología, cultura y educación. Muchos combinaron su profesión de técnicos con la enseñanza.

54.jpg (23906 bytes) Murales con motivos flamencos en la casa del fundador de Tunja, siglo XVI.

Ellos vinieron comisionados como agentes del gobierno, por iniciativa propia o a partir de contratos con entidades públicas o privadas.

En Colombia siempre se consideró que en Bélgica, Francia y Alemania era donde más avanzado estaba el conocimiento práctico, científico y tecnológico en minería y producción de manufacturas; de ahí el interés en contratar personal especializado en tales áreas, a fin de incorporarlo a instituciones educativas o a proyectos estatales. Dentro de la modalidad de contratados por el gobierno, particularmente educadores 29, se halla el mayor número de belgas destacados entre 1850 y 1940, período en el cual se sitúan también las principales realizaciones a lo largo de estos siglos de presencia.

Entre los migrantes se cuentan los ingenieros L. M. Kefer, J. Antoine, E. Denéve; los agrónomos P. De Bruyeker, E. Hambursin, C. Patin, W. Draps; los botánicos J. J. Linden, M. L. Linden, F. Claes, G. Wallis; los pedagogos O. Decroly, R. Buyse; el pintor G. Brasseur; los arquitectos A. Goovaerts, J. Martens, A. Dothée, y muchos otros.

Ingenieros

Leopoldo Mateo Kefer Fogot (Lieja, 1870-Medellín, 1902) era un ingeniero mecánico. En 1890 vino a Antioquia contratado por la Empresa Minera de San Nicolás, de Segovia, que lo ocupó en la mina de Cristales. De allí pasó al ferrocarril de Puerto Berrío, a las minas del Zancudo, en Titiribí, y posteriormente fue instructor en la Escuela de Artes y Oficios. Asesoró el montaje de la primera planta eléctrica de vapor en Medellín, en la quebrada Arriba 30.

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Nacimiento de la virgen, anónimo, óleo sobre cobre.   Se atribuye a alumnos de Rubens, siglo XVII (Colección de la Ermita de Nuestra Señora de Egipto, Bogotá).

Jacinthe Antoine 31, ingeniero graduado en la Escuela de Minas de Lieja, fue llamado por la nación entre 1888 y 1891 para servir los cursos de resistencia de materiales, explotación de minas, metalurgia y química industrial en la Escuela de Minas de Medellín en la época en que estuvo adscrita a la Universidad de Antioquia. Entre sus alumnos más sobresalientes se contaron Efe Gómez, Carlos Cock y otros 32. Parece que participó en el montaje de una cervecería (1898), a través de la firma belga Patin et Cie.

En 1923 el gobierno colombiano, a cargo de Pedro Nel Ospina, solicitó al belga el envío de una misión técnica para reorganizar la red instalada de telégrafos, que cubría para entonces unos 25.000 km. Bélgica contestó con el envío de unos técnicos, cuya labor tuvo como consecuencias un pedido de material telegráfico para la ejecución de la obra. En 1924, Marcel Leboucq fue contratado por el gobierno colombiano como consejero en el ministerio de Trabajos Públicos. Seguidamente una misión de ingenieros belgas fundó en 1925 una escuela de telegrafía en Bogotá para formar gente del país y de la cual fue encargado M. Foch 33.

Químicos

Pedro Nel Ospina contrató en 1914 al químico y profesor belga Enrique Denéve, quien llegó con su esposa a Medellín, a dar las cátedras de física general, química cualitativa, cuantitativa e inorgánica y nociones de orgánica en la Escuela de Minas 34. Denéve permaneció varios años en la ciudad. En 1918 pasó transitoriamente a Manizales a trabajar en el Instituto de Manizales, para organizar y dirigir el laboratorio de química. Probablemente regresó a Bélgica a principios de los años veinte 35.

Agrónomos

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Leopoldo Mateo Kefer (Colección particular).

Otro profesor belga, Polydore de Bruyeker36 (Knepelave, 1851-?) fue traído por el agrónomo español José M. Gutiérrez de Alba, a quien el gobierno de Santander le encargó la dirección de un instituto superior de agricultura incluido dentro de un proyecto de Escuela de Artes y Oficios fundada en 1876. De Bruyeker, además, dirigió el periódico científico El Observador Agrícola.

Posteriormente se traerían otros profesores extranjeros de París y Bruselas, cuando en 1888 esta escuela abrió nuevos programas: talabartería, zapatería y herrería. Se convirtió después en Escuela Normal Artesanal, a cargo de los Hermanos Cristianos, y se mantuvo sin muchos cambios hasta la década de 1930 37.

La enseñanza de la agronomía iniciada en Colombia por el médico Juan de Dios Carrasquilla en el Instituto Nacional de Agricultura en Bogotá (1880-1885) con el apoyo del agrónomo belga Eugène Hambursin —que no dio mucho resultado durante su estadía entre 1882 y 1885 38— se reinició en 1905. En 1916, un año después de creada la Escuela Superior de Agricultura de Bogotá (convertida a partir de 1934 en facultad de agronomía de la Universidad Nacional de Colombia), como centro nacional de capacitación agropecuaria, el oficio de agrónomo se profesionalizó en el país. El primer director de esta Escuela Superior (1915-?) fue el agrónomo belga de la Escuela Agrícola de Gembloux, Charles Deneumostier 39 (1881-?), quien acababa de participar en la organización de los estudios agronómicos en Perú que llevaron a la creación del Instituto de Agricultura y Veterinaria de Lima 40.

Deneumostier conocía ya a Colombia, porque en 1906 formó parte de una misión de agricultura, contratado por el ministerio de Agricultura, a cargo de Enrique Delgado; además vino comisionado para buscar el incremento del comercio de abonos y herramientas agrícolas entre los dos países 41.

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Fotografías de la Escuela de Agricultura en Bogotá, en cuyas aulas dictaron clase muchos profesores belgas (Tomadas del: Libro azul de Colombia, Nueva York, 1918).
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Charles Patin 42 (Stambrujes, 1852-Bruselas, 1902), agrónomo y botánico, fue un hombre polifacético que vislumbró el gran potencial exportador agrícola del país desde que llegó por primera vez a Colombia, en 1872, por cuenta de una empresa de Bruselas especializada en invernáculos, que lo encargó de recolectar orquídeas. Regresó en 1875, nuevamente contratado por una compañía belga creada para organizar plantaciones y exportar vainilla a Europa.

En 1879, Patin participó con un grupo de inversionistas colombianos 43 en la conformación de otra sociedad para el cultivo de la vainilla, llamada Empresa de Vainilla, de Santa Fe de Antioquia. El montaje de la plantación en su primera etapa, dirigida por Patin, abarcó la siembra de 13.000 matas, en los terrenos que la Sociedad compró a orillas del río Tonusco, en Putinga (Santa Fe de Antioquia, en la hacienda El Vainillal) 44.

La empresa estuvo a punto de fracasar en 1878, a causa de la invasión de la langosta, que afectó especialmente las zonas cálidas del Estado de Antioquia 45.

La alta cotización lograda por la vainilla a partir de 1871 (60 francos el kilogramo) fue lo que motivó los cultivos de esta orquídea en Antioquia. Con los buenos resultados de la plantación de Putinga se decidió elevar el número de plantas a 50.000. Pero a partir de 1881 el producto, que se empezó a exportar a Nueva York, París y Burdeos, fue vendido a muy bajos precios, por lo que la empresa vino a menos. La vainilla, como el índigo, fueron cultivos muy breves en Antioquia.

Desde Costa Rica Patin importó semillas de cacao pajarito, que propagó para reemplazar las variedades tradicionales que por entonces había devastado la plaga que azotó al cacao colombiano 46.

Algunos fracasos en las empresas agrícolas lo llevaron a incursionar en el comercio y después, en 1887, una casa belga con intereses en Medellín lo contrató para dirigir el tranvía que había adquirido recientemente 47.

En 1888 Patin fue nombrado cónsul de Bélgica para Antioquia y Cauca, cargo que alternaba con sus negocios, trabajos y clases de botánica y agricultura en la Universidad de Antioquia 48.

Willy Draps (Oost-Duinkerke, 1907-Cali, ca. 1975), llegó a Colombia en 1948. Era horticultor de la Escuela de Marimont. Después de una estadía en Bogotá 49, se fue a vivir en Santandercito, pueblo de Tequendama, y se dedicó a practicar su oficio. Cultivó gladiolos y luego se trasladó a Cajicá, donde tenía una colección de cactos, en su mayoría importados de los Estados Unidos. Se calcula que trajo más de cuatrocientas variedades. También hizo injertos, extractos, licor y vino de curuba 50. Fue amigo del padre Pérez Arbeláez 51. Finalmente, pasó a vivir a Cali, donde murió 52.

Botánicos

Los estudios de Mutis y Humboldt presentaron a los hombres de ciencia las riquezas naturales de Colombia. Durante la última mitad del siglo pasado, en medio de las guerras civiles, científicos-viajeros en diferentes especialidades recorrieron sus regiones buscando datos y recolectando muestras de minerales, animales y vegetales.

Jean-Jules Linden (Luxemburgo, 1817-Bruselas, 1898), era botánico de la facultad de ciencias de la Universidad de Bruselas y director del Colegio de Horticultura de Gante. Fue el primer cónsul general que tuvo Nueva Granada en Bruselas (1853-1866). En 1853 el gobierno lo comisionó para que estableciese relaciones comerciales entre los dos países. Este nombramiento surgió a raíz de un viaje de carácter científico de Linden a Nueva Granada y otros países americanos meridionales con el propósito de estudiar orquídeas. Las memorias de los tres viajes que realizó en Colombia fueron publicadas en varios libros y revistas europeas, y en ellas se observa su conocimiento y pasión por la flora tropical 53.

En 1866, Linden pidió ayuda al gobierno colombiano para el naturalista J. Wallis —quien trabajaba para la organización científica dirigida por él—, que planeaba una investigación botánica en Colombia 54.

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Charles Patin, cónsula de Bélgica     en Medellín (Colección familia Patin).

El 5 de julio de 1868 llegó el botánico Gustavo Wallis a Sonsón (Antioquia). Allí quedó gratamente impresionado por el "museo" de orquídeas colgantes que cultivaba el general Braulio Henao al "gusto de un europeo". "Pero lo que más me alegró fue saber que todas estas plantas procedían de los cercanos páramos y siendo así podría yo recolectar una buena cantidad de ellas, para llenar de alegría los corazones de los aficionados europeos". Con la ayuda del general, fue algunos días a Roblito para estudiar, dibujar y coleccionar varias especies de orquídeas. Igualmente realizó una expedición a San Julián, Río Timaná o Samaná y Mulata, al oriente de Sonsón, a buscar las variedades de la región 55.

 

60.jpg (13856 bytes) Agustín Goovaerts, Ovidio Decroly, Agustín Nieto C., otros, y en Medellín, 1925 (Fotografía de J. Obando, colección particualr, Bruselas).

Fuera de las orquídeas y las plantas útiles, uno de los ejemplares ornamentales descubiertos e introducidos a Europa como resultado de una expedición científica en territorio del actual departamento de Nariño, específicamente alrededor del camino de herradura entre Pasto y Barbacoas, a la altura de la población de Buenavista, fue lo que se denominó "anturio de flor Andreanum" que tras ser llevado en la década de 1870 a Inglaterra, se convirtió en una de las flores exóticas más cultivadas en invernaderos públicos y privados en toda Europa. El descubridor de la planta fue José J. Triana durante la realización de la Expedición Corográfica (1856). Al introducir dicha flor a Europa como parte de su herbario, Triana llamó la atención y la codicia de los botánicos por la planta. Basta citar el caso de M. L. Linden (otro botánico con el mismo apellido que Jean-Jules), director de los Jardines de Gante, quien conjuntamente con el ministerio de Educación de Francia, mandó en 1875 al viajero Edouard André, director de un importante periódico científico en Francia y famoso en Colombia y Europa por su relación de viaje entre la costa atlántica y el sur del Estado del Cauca 56. Su misión por cuenta del belga Linden era "explorar ciertos parajes mal conocidos de la Nueva Granada, Ecuador y Perú, y contribuir al adelanto de la ciencia en cuanto concierna a las indicadas regiones" 57.

La revista L’Ilustration Horticole publicó en 1877 la lámina con la representación del anturio, hecha por André. Linden fue el determinador de la especie y le puso el nombre del viajero-científico.

El Andreanum fue introducido a Bélgica en una segunda oportunidad por el vicecónsul francés en Tumaco, monsieur Poucar, por solicitud de André. Bélgica quería exhibir la planta en su pabellón conmemorativo del cincuentenario de su independencia en la Gran Exposición Internacional de París de 1878. "Con un año de anticipación —según Enrique Pérez Arbeláez—, el ‘Établissement’ de Gante anunciaba en L’Ilustration que plantas como ésa estaban destinadas a sostener dignamente su reputación" por la solemnidad con que entraba en Europa y la importancia de la exposición en que se presentaba por primera vez. El valor de cada planta alcanzó un alto precio. En 1880 varios ejemplares fueron mostrados y vendidos carísimos en Gante, Bruselas y Londres. Según el mismo autor, "pocos saben lo que esa planta hizo conocer a Colombia entre la gente culta de Europa" 58.

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Tarjeta de invitación al banquete en honor de Ovidio Decroly (Colección particular, Bruselas).

Otro expedicionario científico en Colombia y colega de J. J. Linden en el Colegio de Horticultura de Gante fue F. Claes, quien estuvo en 1925, comisionado por el ministro de Industria, en la región de los ríos Caguán y Orteguazo, describiendo el aspecto físico del territorio y fotografiando los recursos más importantes, de lo cual quedó un herbario que formó con plantas y árboles útiles. Durante una estancia de tres meses realizó una serie de observaciones etnográficas sobre los indígenas coregayanes, relacionadas con la recolección y preparación del yagué 59.

El viajero, político y escritor colombiano Manuel Ancízar mencionó en la Peregrinación de Alpha por las provincias del norte de la Nueva Granada, en 1850-1851, a Luis Schlim, otro naturalista belga que lo acompañó en 1851 durante una penosa travesía entre Ocaña y Santander, a lo largo de ocho provincias. Ancízar no ofrece mayor información sobre él 60.

Pedagogos

En 1911, Depaeuw 61 viajó a Colombia con el fin de organizar el Colegio Normal de Bogotá 62. Fue uno de los primeros belgas que vinieron como pedagogos 63.

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Georges Brasseur, Medellín, 1927 (Colección particular).

Agustín Nieto Caballero (Bogotá, 1889-ídem, 1975), educador y escritor, conoció en Bruselas, en 1911, a otro pedagogo belga, Ovidio Decroly (Ronse, 1871-Ukkel, 1932) y su obra, L’École de l’Ermitage, donde aplicaba su metodología educativa 64. De allí nació la idea de hacer algo semejante en Colombia. Nieto aplicó la filosofía de Decroly 65 en el Gimnasio Moderno de Bogotá, cuando lo fundó, en 1914 66. A partir de sus siguientes visitas a Europa se propuso traer a Decroly, como en efecto lo hizo en 1925. Llegó en el momento en que la Misión Alemana sometía al Congreso el proyecto de reforma educacionista de Colombia. Vino, sin ningún cargo oficial, a asesorar al Gimnasio Moderno 67, pero "prometió a los Senadores de la Comisión dar sus ideas al Senado sobre las escuelas Normales, columna básica de la reforma escolar de Colombia" 68, en esos años.

Además de su estadía en Bogotá, Decroly viajó a Medellín a asesorar a la Escuela Normal, y realizó una gira por Boyacá, dando varias conferencias.

Sus propuestas sólo tuvieron efecto diez años después en la educación oficial, cuando Luis López de Mesa, ministro de Educación (1934), introdujo tímidamente al sistema educativo el enfoque positivista-biológico, el principio de "globalización psicológica" y los lineamientos de lo que se conoce comúnmente como pedagogía científica. En las escuelas públicas no fue posible implantar el método antes por la oposición de la Iglesia, ya que Decroly no contemplaba en su método espacios para la enseñanza religiosa.

En 1928 vino, además, el pedagogo Raymond Buyse (Tournai, 1889-?) comandando una misión pedagógica. Trabajó en la Universidad Nacional de Bogotá, en la cual permaneció un año. Buyse, experto en pedagogía experimental y partícipe del movimiento mundial de pedología desde antes de 1914, era egresado de la Facultad Internacional de Pedagogía de Bruselas y profesor de la Universidad de Lovaina 69.

Otros educadores

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María Desmet, esposa de Agustín Goovaerts, óleo de Georges Brasseur, 1926 (Colección familia Goovaerts, Bruselas).

La mayoría de los especialistas en diferentes áreas combinaron su oficio con la docencia pero existen referencias de algunos profesores que se dedicaron únicamente a dar clases o lo hicieron sin que la materia que daban tuviera relación con la especialidad u oficio con que se identificaban.

Bernard Vanhissenhoven (Amberes, 1890-Bogotá, 1949) llegó a Bogotá en 1921 con su esposa Emma María Goenaga 70. Figuró como profesor de francés en la Escuela Superior de Guerra, el Gimnasio Moderno, el Seminario Mayor de Bogotá y varios colegios de esta ciudad. En el Seminario Mayor dio también clases de latín. Se dice que la mayoría de los curas y militares en este tiempo aprendieron el francés con él. Por su parte, Jean Maurice Nossin viajó a Colombia posiblemente con Decroly. Nieto Caballero lo contrató por tres años como profesor del Gimnasio Moderno 71.

Artistas

Las actividades estéticas y la presencia artística belga en Colombia es quizá la de más tradición, aunque a lo largo del siglo XVIII ésta no tuvo continuidad de acuerdo con las pesquisas adelantadas durante la elaboración de este inventario. En los últimos tiempos, en materia de estética la producción belga se localizó en las principales ciudades del país.

La referencia inicial que se obtuvo permitió identificar a un belga apoyando la realización de una exposición de 150 obras de pintores y otros artistas antioqueños en Medellín, la primera exposición de artes plásticas que se hacía en la ciudad. Ideada por Francisco Antonio Cano, se llevó a cabo el 20 de julio de 1892 en la casa-quinta que fue de don Juan Uribe, ocupada en ese entonces por un alemán y el belga Louis Valcke 72.

Pero la presencia de artistas, arquitectos y artesanos belgas en Colombia solo se dio en el presente siglo con una trascendencia que es importante destacar 73. En 1926 el Instituto de Bellas Artes de Medellín contó con una subvención económica permanente del gobierno departamental, para contratar a un artista reconocido que dirigiera la Escuela de Pintura y Escultura y diera clases de arte. Llamaron a Georges Brasseur, uno de los más representativos artistas extranjeros, quien llegó a Medellín en 1926. El arquitecto belga Agustín Goovaerts —relacionado con la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín desde años atrás— figuró sin duda como intermediario para dicha contratación.

Durante su permanencia, hasta 1927, contribuyó a la preparación de discípulos destacados de la escuela como Carlos Correa, Luis Eduardo Vieco, Emiro Botero y Gustavo López. Al cumplir con su contrato viajó a Bogotá y Venezuela (entre junio de 1928 y febrero de 1929) antes de regresar a Bélgica. Volvió en 1931 a Venezuela, donde permaneció hasta 1934. A Colombia retornó de nuevo en 1946 para vivir en Bogotá, donde también estaba radicado su hijo desde hacía varios años. En 1948 regresó a Medellín con el propósito de instalarse de manera permanente, pero decidió volver a Bélgica en 1950, año en que murió, en Bruselas.

En 1926, recién llegado a Medellín, presentó una muestra individual en los salones de la Sociedad de Mejores Públicas con una retrospectiva de su producción compuesta de óleos como Las carboneras, Los cargueros (ambos actualmente propiedad de la Facultad de Arte de la Universidad Nacional de Bogotá), Las chicas, Desnudo con gato (estos dos, actualmente propiedad del Club Unión de Medellín) y El Cristo del perdón 74 . En 1927 realizó otra exposición individual en la Academia Colombiana de la Lengua en Bogotá. En 1946 presentó una colección de 52 obras (40 pinturas y varios dibujos, pasteles y una escultura) en la Biblioteca Nacional de Bogotá. En 1948 expuso en Medellín, en el Museo de Zea (hoy Museo de Antioquia), una serie de paisajes, bodegones y retratos.

Durante sus estadías en Medellín pintó por encargo retratos de numerosas personas 75. Se conocen, por ejemplo, los retratos de Agustín Goovaerts y su esposa, actualmente en poder de su familia en Bruselas. En los años cuarenta, hizo también los retratos de Carlos Mejía Restrepo, de Ramón y Jorge Echavarría, y de Luis Uribe V. por encargo de Fabricato, en Medellín. El Museo de Antioquia (de la misma ciudad) también posee un retrato hecho por este artista 76. Su obra comprende, además, varios lienzos de paisajes colombianos 77. La temática religiosa ampliamente desarrollada en Bélgica 78 la continuó en el país, donde pintó en gran formato, en 1927, las catorce escenas del vía crucis de la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en el barrio Buenos Aires. La obra de Brasseur se inscribe en un realismo académico con influencias modernistas, llena de perfeccionismo y rico colorido 79.

Arquitectos

Al igual que los educadores, ingenieros, pedagogos y técnicos, los arquitectos fueron llamados al país para adelantar y apoyar proyectos inscritos dentro del plan de modernización del país en los años veinte especialmente.

Joseph Martens fue contratado como arquitecto consultor del ministerio de Obras Públicas, para diseñar y dirigir la construcción de edificios públicos. No se tiene certeza de que haya estado en Colombia, pero figura como autor de varios proyectos arquitectónicos importantes, como las estaciones del ferrocarril de Chiquinquirá, en Boyacá (1926), Zipaquirá, en Cundinamarca, y Palmira, en el Valle del Cauca. También es autor del proyecto arquitectónico del Palacio de Justicia de Cali (1926-1933) 80 y del edificio para el Banco de la República en Cartagena 81.

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La quiromántica, óleo de Georges Brasseur.   Algunas     de sus hijas aparecen en el cuadro (Fotografía de Georges  Brasseur, Bruselas).

Agustín Goovaerts82 (Bruselas, 1885-1939) fue contratado por el gobierno de Antioquia cuando estuvo a cargo del general Pedro Nel Ospina, antes de llegar éste a la presidencia. Goovaerts vino en 1920, casado y con familia, de acuerdo con las preferencias del gobierno. Tenía la profesión de arquitecto-ingeniero graduado con honores en la Escuela de San Lucas, regentada por los Hermanos Cristianos. Permaneció por ocho años en Medellín, y su prolífica obra incluye más de cien edificios de grandes proporciones. Al igual que sus otros compatriotas, se desempeñó como instructor de materiales de construcción, dibujo arquitectónico y construcciones civiles en la Escuela de Minas de Medellín 83. Desde allí luchó infructuosamente por la creación de una facultad de arquitectura dentro de la Escuela o en la Universidad de Antioquia. A su lado se formaron importantes constructores y diseñadores que darían cuenta de las enseñanzas que recibieron en un trabajo continuo de varios años tanto en Medellín como en otros municipios de Antioquia. Con el artista y constructor Pepe Mexía, fundó la empresa de diseño y construcción Félix Mejía y Cía., que edificó proyectos de Goovaerts, como el majestuoso edificio Gonzalo Mejía (Teatro Junín-Hotel Europa) y la iglesia de San Ignacio.

El arquitecto Goovaerts tuvo una relación directa con Decroly, y su arquitectura escolar permite observar que consideró las propuestas del célebre pedagogo, en el diseño de las denominadas "escuelas científicas", entendidas como edificios escolares pensados de acuerdo con las comodidades y necesidades de higiene, iluminación, amplitud, seguridad y recreación que requieren el maestro y el alumno para un apropiado aprendizaje 84. Goovaerts se entrevistó con Decroly cuando visitó a Medellín en 1925, y es posible que su relación fuera estrecha antes y después de este encuentro.

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Dos pasajes del vía crucis, óleos de Georges Brasseur, de la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Medellín, 1927 (Fotografías de Amand Weemaels).
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Las chicas óleo de Georges Brasseur -sus hijas- de la colección del Club Unión de Medellín.

A su regreso a Bélgica, en febrero de 1929, llevó en calidad de tutor a un grupo de jóvenes pertenecientes a familias ricas de Medellín, interesados en adelantar estudios en Bruselas 85. De dicho grupo se destacaron Luis Olarte, Gerardo Posada e Ignacio Vieira (La Ceja, 1906-Medellín, 1962), quienes terminaron estudios de arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de Bruselas (1933). A su regreso a Medellín, Vieira fue cofundador de la facultad de arquitectura de la Universidad Pontificia Bolivariana y de la firma de arquitectos Vieira, Vásquez y Dothée. Alberto Dothée, belga y condiscípulo de Vieira en Bruselas, decidió venirse a trabajar a Colombia (probablemente en 1941), primero en una firma de arquitectura y construcción de Bogotá. Luego, desde 1944 hasta 1952, estuvo en Medellín, donde se incorporó a la oficina de arquitectura de I. Vieira y a la Universidad Pontificia Bolivariana como profesor de diseño e historia de la arquitectura (1944-1949). En 1952 pasó a los Estados Unidos 86.

 

ACTUALIDAD, DESDE 1950

Aunque nuestra intención de profundizar sobre la presencia belga llega hasta 1950, basta decir que esa presencia no ha terminado. Aparte de los descendientes de los belgas nombrados en este artículo, que todavía están viviendo en el país, otros súbditos belgas han llegado a realizar obras económicas, religiosas, sociales y culturales importantes. Las personas que se relacionan a continuación (y muchas más) han trabajado en las áreas de interés de este artículo:

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Invitación a la exposición de Georges brasseur en Bogotá,1927 (Colección particular, Bruselas).

El ingeniero P. Pelt, constructor de la presa de Anchicayá, la central hidroeléctrica de Patchicaya y la central eléctrica de Yumbo; los ingenieros belgas (entre otros De Nys, Schampelaere, Bonte, Pelemans, Laureyns) que trabajaron para la compañía Bell (la parte belga del grupo francés Alcatel) en la organización de la red de teléfonos en Colombia; el agrónomo tropical y zoólogo Douillet, que vino en 1950 a buscar una solución contra el parásito del algodón; el horticultor G. Xhonneux, que ha venido cultivando en Cachipay unas 1.800 especies de cactos; la bióloga Legaste, que logró unir sus conocimientos en fauna y arqueología para publicar en conjunto con el Museo del Oro algunos libros; F. Conel, que organizó en el país una empresa de biotecnología; etc.

Existen programas de intercambio con universidades belgas en los cuales algunos técnicos de allá vienen a trabajar a Colombia. Entre otros existe un proyecto de informática en Ibagué y uno de horticultura en Chía, en el cual trabajan R. De Vis y A. Cooman.

En relación con los artes, cabe mencionar los vitrales de Jean Slagmuylder (Bruselas, 1901-1968) en Medellín 87; el laureado compositor L. Simar; los músicos L. Cuykens (Ibagué, director de la Banda Departamental del Tolima), P. Dury (director de una orquesta en Ibagué), el trompetista P. Malempré (vinculado a la Orquesta Filarmónica de Medellín y actualmente radicado en Cali), el oboísta P. H. Fischler (miembro de la Orquesta Filarmónica de Medellín); la pintora M. L. Schaeken (Ibagué) y Anne de Schaetzen (Bogotá); J. Draps (conocida como Linet, trabajó el cobre esmaltado en réplicas del Museo del Oro, realizó exposiciones de su obra en Medellín y Bogotá en los años sesenta); A. Weemaels, quien está actualmente ejerciendo como fotógrafo en Medellín 88. P. Chotteau (Bogotá) y O. De Pierpont (Bogotá y Medellín) trabajan ambos en restauración de muebles antiguos. El primero está restaurando los muebles de la quinta de Bolívar.

Muchos de estos belgas complementan también los trabajos en sus especializaciones con una actividad educativa; otros se dedican únicamente a la investigación y la enseñanza de idiomas (francés, flamenco, inglés y alemán) y diferentes áreas científicas y artísticas: Baeyens, Coupe, Dockx, Lizoir, Palmans, Prick, Simoens, Simone, Van Broeck y muchos otros.

 

CONCLUSIONES

69.jpg (15233 bytes) Estación del ferrocarril de Chiquinquirá (Boyacá) cuyo arquitecto fue Joseph Martens, ca. 1926.

Este copioso mosaico de hechos y personajes belgas que aportaron en una forma u otra a la vida colombiana en materia científica, educativa, técnica y cultural es análogo en otras áreas como la comercial, empresarial, religiosa y diplomática, que están sometidas por los mismos autores a un proceso de investigación. Sobresale que la emigración belga a Colombia sea de personas altamente calificadas en múltiples frentes de la actividad técnica, científica y artística.

Llama la atención que este grupo de belgas sea tan poco conocido. Y no solamente ellos, sino la mayor parte de los extranjeros que han contribuido al desarrollo colombiano.

Además, en el caso belga, existe el problema de que ordinariamente son confundidos con franceses, alemanes, suizos, etc. y que sus nombres y apellidos originales son con frecuencia latinizados o cambiados, lo cual hace difícil su localización e identificación.

Es posible que su diferenciación como inmigrantes no se diera, debido a su fácil y rápida integración a la vida colombiana o por sus cortas estadías.

Se evidencia con facilidad que los belgas nunca mostraron interés en formar una organización, colonia o red de comunicación y solidaridad de manera oficial, pero cuando existieron encuentros prolongados o esporádicos, como los que se dieron en los años veinte entre Brasseur, Goovaerts, otras familias domiciliadas en Medellín (como por ejemplo la familia Mercenier) y Decroly, su impacto como grupo en la vida de esta ciudad fue notable. O el movimiento en Bogotá liderado por el embajador Willy Stevens que aglutinó a la comunidad belga en Colombia alrededor de varios proyectos culturales y económicos entre los años 1985 y 1990.

Todo lo anterior influye para que la información existente sobre los belgas se halle dispersa, haciendo difícil la articulación y descripción de procesos que permitan superar la sola idea de inventario, caso contrario a lo que ocurre con los siriolibaneses o los alemanes en Colombia. El caso belga presenta discontinuidad y fragmentación, aunque su presencia se remonte al período colonial.

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Palacio de Justicia de Cali del arquitecto Joseph Martens.

Para finalizar, queremos hacer resaltar que la trascendencia de los belgas en el país es registrada en algo tan colombiano y a la vez tan universal como la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, premio Nobel de literatura en 1982. En el mundo mágico y cosmopolita de Macondo —donde figuran personajes provenientes de casi todos los continentes—, así como en la historia colombiana, la importancia de los belgas queda exaltada no por el exceso de ellos, sino por su capacidad para incursionar en actividades poco comunes en Colombia y adaptarse en un lugar lejano, extraño y de difícil temperamento para un europeo como un país del trópico.

Gastón, belga de Flandes, uno de los personajes protagonistas de las últimas páginas de Cien años de soledad, es un hombre a quien Amaranta Úrsula conquistó en Bruselas y luego llevó a vivir a Macondo. En él, muy a propósito, se sintetizan muchas de las particularidades de los belgas que presenta este artículo.

Gastón, para no contrariar a su mujer, tomó la decisión de radicarse definitivamente en el Caribe y se dedicó a la entomología. Capturó todo tipo de insectos de Macondo que remitió después en frascos de mermelada a su antiguo profesor de historia natural de la Universidad de Lieja, donde había estudiado entomología.

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La conversión de san Ignacio, y Adoración de la Virgen, vitrales de la casa "Los vitrales de arte" de Bruselas, ca. 1945, pertenecen al Convento de San Ignacio de Medellín (Fotografía de Armand Weemaels).
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Cuando pasaron dos años de estancia en Macondo, ya había disecado prototipos de todas las especies de insectos y hablaba correctamente el castellano. Aprendió a gustar de la comida criolla y estaba adaptado al clima. Poco después se le ocurrió la idea de establecer el servicio de correo aéreo, en lo cual también era uno de los primeros en el mundo. Gastón viajó a Bélgica a concretar el negocio del avión para transportar el correo. Allí se enteró, por carta que le envió su esposa, del sentimiento amoroso de ella por Aureliano Buendía, su pariente. Por eso Gastón decidió no regresar a Macondo 89.

 

Notas

1 Aunque estos gentilicios son imprecisos en el contexto del período colonial colombiano (Nuevo Reino de Granada) y del largo período anterior a la independencia belga (1830), aquí se emplean como alternativa ante la lista que a lo largo de varios siglos se ha formado para aludir a los habitantes de las regiones que hoy constituyen a Bélgica y Colombia.

2 En 1700 murió el rey español Carlos II sin descendencia. Este hecho creó mucha confusión política. De 1701 hasta 1714 hubo la guerra de Sucesión española y finalmente los Países Bajos del Sur siguieron perteneciendo a la Casa de Habsburgo. J. A. Kossmann-Putto y E. H. Kossmann, Los Países Bajos. Historia de los Países Bajos del Norte y del Sur, Stichting Ons Erfdeel vzw, Fundación Flamenco-neerlandesa, 1996, págs. 33-34.

3 El gentilicio "flamenco" hace referencia al habitante oriundo del norte de Bélgica, región actual de Flandes, compuesta por las provincias de Flandes Oeste y Este, Amberes, Limburgo, Brabante Flamenco. La palabra "flamenco" también califica cosas de ellos. En este artículo utilizamos las traducciones en español para referirnos a ciudades y regiones. Así hablamos de Amberes (Antwerpen), Bruselas (Brussel/Bruxelles), Lieja (Liège), Lovaina (Leuven), Malinas (Mechelen), Courtrai (Kortrijk), Gante (Gent), Brujas (Brugge)...

4 La lengua materna de Carlos era el flamenco. Él habló español por primera vez en público después que las tropas alemanas sometieran a Roma. Allí sorprendió a todos al dirigirse en romance (y no en latín) al papa Clemente VII. W. Stevens, Cuatro siglos y medio de relaciones entre Colombia y Bélgica, Mecanuscrito, s.f., pág. 1.

5 Detalles del cuadro "exvoto" de autor santafereño del siglo XVII, titulado La piedad, que se conserva en el templo bogotano de Santa Clara, muestra retratados a los donantes vestidos con trajes de mangas acuchilladas, de las cuales, a la altura de los codos, sobresalen encajes de Flandes. En Museo de Arte Religioso, Revelaciones. Pintores de Santafé en tiempos de la Colonia, Bogotá, Banco de la República, 1989, pág. 16.

6 "Amberes se convirtió entre 1495 y 1520 en la mayor metrópolis de Occidente, centro de transacción y puerto de arribo de las mercancías procedentes de las colonias españolas en América y de las portuguesas en el oeste de África". J. A. Kossmann-Putto y E. H. Kossmann, op. cit., pág. 19.

7 Eduardo Acevedo Latorre, Atlas de mapas antiguos de Colombia. Siglos XVI a XVII, Bogotá, Editora Arco, s. f., pág. 55.

8 Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela, Mapas de la Tierra Nueva, Venezuela 1513-1796, Caracas, Galería de Arte Nacional, 1978, págs. 8-9, 14-15, 17.

9 Parece que los libros han sido en otros oportunidades el lazo entre Bélgica y Colombia. Así sabemos que de 1874 hasta 1877, Félix Hernández, cónsul general de Bruselas, hizo intercambios de obras entre la Biblioteca Real de Bélgica y la Biblioteca Nacional de Colombia. También Belisario Porras, cónsul general en Bruselas (1882-1883), gestionó con Bélgica una convención internacional sobre canjes de documentos oficiales y publicaciones científicas y literarias antiguas y recientes de ambos países. Por su parte, el diplomático Carlos Rodríguez Maldonado, durante sus 15 años en Bélgica (1910-1925), enviaba casi semanalmente obras científicas publicadas en Bélgica a la Biblioteca Nacional de Colombia. Obras que consideraba útiles para consultar aquí. Victoria Peralta, Historia de las relaciones colombo-belgas, 1830-1930, trabajo de grado en historia, Lovaina, Universidad Católica de Lovaina, 1981, págs. 112, 114, 106.

10 Algunos libros que dan testimonio sobre la presencia "belga" desde la colonia en los diferentes países de América Latina son: Koninklijk Museum Voor Schone Kunsten Antwerpen, America. Bruid van de zon. 500 jaar Latijns-Amerika en de Lage Landen, Ministerie van de Vlaamse gemeenschap & Imschoot, 1992; E. Stols, y R. Bleys, (ed.), Vlaanderen en Latijns-Amerika, Amberes, Mercatorfonds, 1993; "De Belgen en Mexico, Negen Bijdragen over de Geschiedenis van de Betrekkingen tussen België en Mexico", en Avisos de Flandes, Lovaina, University Press, 1993.

11 Calixto Cler (Amberes), Gaspar de Metens (Malinas), Juan Babtista (Bruselas) y Pedro de Tornay (Tornay) son algunos de los flamencos que viajaron con la armada de los alemanes a Venezuela. En el Catálogo aparecen los nombres de Juan Flamenco, Alate Vigor y Victor Julie, acompañantes de García de Lerma cuando viajó a posesionarse como gobernador de la provincia de Santa Marta en 1528. También se relacionan los viajeros que desembarcaron en otros puertos del Caribe. Cristóbal Bermúdez Plata, Catálogo de Pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVIII, vol. 1: 1509-1534, Sevilla, Editorial de la Gaviota, 1940. Muchos migrantes cambiaron sus nombres, o los "colombianos" se los cambiaron mientras vivieron o posteriormente al mencionarlos en documentos y textos. Existe frecuentemente dificultades para recuperar el nombre "original". En este texto utilizamos los nombres más comunes e indicamos las diferentes "traducciones" cuando tenemos conocimiento sobre éstos.

12 W. Stevens, op. cit., pág. 2.

13 E. Stols, y E. Dargent-Chamot, "Avonturiers uit de Nederlanden in Spaans- en Portugees-Amerika", en: E. Stols, y R. Bleys (ed.), op. cit., 1993, págs. 40-43.

14 El incidente ocurrió cuando De Once respondió que ya Cristo había hecho suficiente penitencia, incluyendo los pecados suyos, y que el cura debía ir a hablar sobre estas "fábulas" a los indios. E. Stols y R. Bleys (ed.), op. cit., pág. 61.

15 Este fraile es conocido como Joos de Rycke, Jodocus Rijcke, Jodocus Ryckius y Jodoco Rique(z) o Ricke.

16 Christian de Paepe, "Een merkwaardig stuk uit het leuvens universitair archief: het zuidamerikaanse reisverslag van broeder Joos de Rijcke", en Onze Alma Mater, Lovaina, 1981, 35, 4, págs. 255-278.

17 Christian de Paepe, "Joos de Rycke (Fray Jodoco Rique) (1498-1578) III: Korte levensschets", en Franciscana - bijdragen tot de geschiedenis van de minderbroeders in de nederlanden, Tervuren, 1979, 34, pág. 9.

18 El convento primitivo de franciscanos debió de ser fundado entre 1568 y 1570 por fray Jodoco Ricke, como confirmó Fray Gregorio Arcila Robledo O. F. M., Las misiones franciscanas en Colombia: Estudio documental, Bogotá, Imprenta Nacional, 1950, pág. 283.

19 Christian de Paepe, op. cit., pág. 13.

20 Una tradición basada en una observación de Alexander von Humboldt le atribuye esta introducción. Esto lo confirma el hecho de que entre 1540 y 1545 en el valle de Quito ya se producía trigo, período que coincide con la estancia de Jodoco en esa región. Koninklijk Museum Voor Schone Kunsten Antwerpen, op. cit, pág. 64.

21 José Joaquín Borda, Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva Granada, t. I, Poissy, Imprenta de S. Lejay et Cie., 1872, págs. 139-144.
Padre Juan Rivero, de la Compañía de Jesús, Historia de las misiones de los Llanos de Casanare y los ríos Orinoco y Meta, Biblioteca de la Presidencia de Colombia, Bogotá, Editorial Argra, 1956, págs. 260-269.

22 José Joaquín Borda, op. cit., pág. 140.

23 En el texto del Padre Juan Rivero, op. cit., Toebast aparece como Teobast.

24 Padre Juan Rivero, op. cit., pág. 264.

25 R. P. Kieckens, S.J., "Hubert Verdonck d’Anvers: Missionaire de la Nouvelle-Grenada, 1586-1652", en Bulletin de la Societé Royale de Géographie d’Anvers, Amberes, 1883, 7, págs. 84-96.

26 Los grabados utilizados como modelo son de los artistas flamencos J. van der Straet, J. Collaert, F. Galle y Vredeman de Vries. José de Mesa y Teresa Gisbert, "Vlaanderen in de Andeswereld", en E. Stols y R. Bleys (ed.), op. cit., pág. 176.

27 Cromos, Bogotá, 1996, febrero, pág. 50.

28 José Hernán Aguilar, "Escenario devocional. El barroco flamenco y la vida de la Virgen", en Museo de Arte Religioso, Lecciones barrocas. Pinturas sobre la vida de la Virgen de la ermita de Egipto, Bogotá, Banco de la República, 1990, págs. 6 y sigs.

29 No obstante la preocupación de varios gobiernos por fundar centros para educar profesionales, las necesidades de formación de ingenieros en todas las áreas y especialistas en las diferentes ciencias dependió, durante el siglo XIX y muchos años del XX, de los centros educativos europeos y estadounidenses. Hacia allá viajaban algunos colombianos a capacitarse en ciencias puras, aplicaciones industriales, ingeniería, metalurgia y minería. Según el historiador estadounidense Frank Safford, la mayoría de esos estudiantes no sobresalían y ordinariamente regresaban a Colombia a desempeñar cargos públicos o a iniciar empresas donde aplicaban los conocimientos de la profesión aprendida. Sin embargo, los más brillantes y destacados encontraban estrecho el medio colombiano en materia académica y científica para desarrollar todo su potencial. Fue el caso de Ezequiel Uricochea, quien luego de graduarse de médico en 1852 en la Universidad de Yale, en Estados Unidos, continuó estudios en Europa. En Bogotá fue profesor de química y mineralogía en el Colegio del Rosario, fundador de la Sociedad de Naturalistas Neogranadinos y por poco tiempo director de Instrucción Pública en 1867, año en que decidió volver a Europa. En 1878 fue profesor de árabe en la Universidad de Bruselas y miembro de expediciones científicas, en una de las cuales murió en Beirut en 1880. Las posibilidades que ofrecía la comunidad académica europea eran un acicate que cautivaba a los pocos científicos del país. Frank Safford, El ideal de lo práctico: El desafío de formar una elite técnica y empresarial en Colombia, Bogotá, Empresa Editorial Universidad Nacional de Colombia, El Áncora Editores, 1989, pág. 240. Todavía falta mucho por investigar sobre el tema de los estudiantes colombianos en Bélgica y sus aportes en Colombia. Sabemos que hubo algunos estudiantes al final del siglo XIX en la Universidad Católica de Lovaina, pero su presencia fue más fuerte en los años 1928-33 y 1962-66 (Archivos de la Universidad K.U. Leuven). Actualmente hay varios universitarios colombianos en Bélgica. Según V. Peralta, op. cit., 1981, pág. 196, salieron también técnicos a Bélgica para estudiar (por ejemplo, en relación con los telégrafos). Algunos colombianos destacados hicieron su primaria o bachillerato en Bruselas: Álvaro Mutis, los hermanos López Michelsen, Álvaro Gómez Hurtado, Alfredo Vásquez Carrizoza, Pombo Arjáez, etc.

30 Kefer se casó en Rionegro con María Dolores Lara. Tuvieron cuatro hijos que han prolongado su estirpe hasta nuestros días en Medellín. Enrique Echavarría, Extranjeros en Antioquia, Medellín, Bedout, 1943, pág. 58.

31 O Hyacinthe Antoine.

32 Enrique Echavarría, "Extranjeros en Antioquia", en Progreso, Medellín, diciembre, 1942, pág. 1235. Julio César García, Historia de la instrucción pública en Antioquia, Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 1960, pág. 324.

33 V. Peralta, op. cit., págs. 195-196.

34 Denéve ensambló varios aparatos para los laboratorios de física, como un ozonógeno de Siemens, un modelo grande de Vernier, un péndulo con campana eléctrica, dos aparatos de corriente móvil, dos modelos de cristales en madera (Espato y Nicol), un círculo de Delseune para demostraciones del campo magnético terrestre, un galvanómetro de corriente móvil, un aparato de reflexión, un aparato para observar el movimiento de la corriente eléctrica y el galvanómetro de la Escuela. Julio César García, op. cit., pág. 327. En 1912, la Universidad de Lovaina, de acuerdo con solicitud de la Escuela Nacional de Minas, presentó al doctor Weckering para la cátedra de química. V. Peralta, op. cit., 1981, pág. 197.

35 El pintor Georges Brasseur mencionó a Denéve en varias cartas. Describe aspectos sobre su estadía en Medellín, su regreso a Bélgica y el deseo de volver a Colombia. En una, del 18 de octubre de 1926, dice: "El señor Denéve es un belga que fue profesor durante algunos años en la Escuela de Minas. Es un químico muy distinguido. Él también tenía sus momentos de mal humor y de vez en cuando muy violentos, porque además de la vida monótona de los colombianos, él también era un librepensador y hasta un comecuras. Y pronunciaba [...] demasiado libremente sus apreciaciones sobre el fanatismo. En una clase, dejándose llevar por sus críticas, opinaba enfrente de sus estudiantes estas palabras definitivas: pero su Antioquia, su Medellín, es el hueco del culo del mundo, y si debería hacerse una purga a este, sería a Medellín que uno pondría el ‘clystere’ o el ‘carrule’. Debió salir al final neurasténico, muy enfermo [...] Y quería regresar, ha multiplicado sus peticiones, pero sus excesos de lengua le han hecho enemigos que obstruyen su regreso. [...] Denéve se fue y querría volver". (Traducción de los autores).

36 Polydore de Bruyeker o de Bruykes. Durante la revolución de 1884 perdió todos sus objetos personales y los que usaba en su profesión. V. Peralta, op. cit., 1981, págs. 155 y 184. F. Safford, op. cit., mencionó también a este belga, dato que él extrajo de una Memoria de Fomento de 1884, págs. 114-115.

37 Renán Silva, "La educación en Colombia, 1880-1930", en Álvaro Tirado Mejía, Nueva historia de Colombia, t. IV, Bogotá, Editorial Planeta, 1989, pág. 80.

38 V. Peralta, op. cit., pág. 193.

39 Libro azul de Colombia, Bogotá, 1918, págs. 80-81.

40 El Instituto en Lima estaba ya en funcionamiento desde 1902. Su planta de personal tenía seis antiguos estudiantes del Instituto Agrícola de Gembloux: los doctores Vanderghem (el director), Marie, Michel, Van Hoorde, Parents, Hecq.
L’Ingénieur agricole de Gembloux. Journal de l’ingénieur agricole de Gembloux. Journal de l’association des anciens élèves de l’institut agricole de l’État, 1902, XIII, pág. 53. Deneumostier viajó en 1908 a Lima como profesor de la Escuela de Agricultura, en remplazo de Hecq (Annales de Gembloux, Journal de l’Association des ingénieurs sortis de l’institut agricole de l’état. Bruselas, 1908, págs. 45-46, 216.

41 V. Peralta, op. cit., pág. 208.

42 Charles, o Carlos, Patin Manfrois.

43 Entre ellos Barrientos, Gaviria, Del Valle, De Bedout, Ramírez, Uribe: Luis Fernando Molina Londoño y Ociel Castaño Zuluaga, Una mina a lomo de mula, trabajo de grado en historia, Universidad Nacional, Sede de Medellín, 1988.

44 En la misma ciudad de Antioquia, Patin se casó en 1879 con Úrsula del Corral. Aquí viven todavía algunos descendientes.

45 Decía Pascasio Uribe, socio de El Vainillal, sobre el asunto: "Estamos abrumados por la langosta y aunque las gentes matan muchos millones de este insecto porque se les paga a $ 2 la arroba de langostas, la que va quedando siempre hace mucho daño [...] Por fortuna hemos salvado el vainillal". Archivo de Sinforiano Hernández: Cartas de Pascasio Uribe a Josefa Uribe, Medellín, 21 de mayo y 29 de julio de 1878.

46 Enrique Echavarría, op. cit., pág. 76.

47 En 1886 se organizó en Medellín el servicio del tranvía (de sangre, tirado por mulas) de acuerdo con un privilegio de cincuenta años otorgado por el gobierno del Estado de Antioquia al general Juan Clímaco Arbeláez. Éste creó una sociedad anónima que rápidamente fracasó en el intento. "La empresa fue trasplantada con su activo de buena voluntad y su pasivo de inconvenientes a una compañía belga, gerenciada por [...] Luis Walkie, a quien le tocó hacerle el entierro, y aun después de muerta siguió poniendo obstáculos [...] porque el tal privilegio no fue estudiado debidamente [...] impidiendo esto nuevas propuestas y quedando Medellín sin tranvía [...]». Apenas en 1921 el municipio de Medellín pudo recuperar el privilegio de los belgas —con el objeto de crear una nueva empresa de tranvías eléctricos— y convenir con sus poseedores un canje de los derechos por unas tierras en la región del San Jorge. Lisandro Ochoa, Cosas viejas de la Villa de la Candelaria, Medellín, Colección Autores Antioqueños, 1984, págs. 168 y sigs. Para el cuidado de las mulas se compró un terreno en el llano de los Múñoz, lugar al que la gente le cambió el nombre por el de "Llano de los Belgas" —ocupado hoy por el Hospital San Vicente de Paúl—, porque la empresa del tranvía tenía como cabezas visibles a los belgas Charles Patin y Louis Valcke (o Walkie). La compañía franco belga del tranvía se liquidó en 1891, según Luis Latorre Mendoza, Historia e historias de Medellín, Medellín, Colección de Autores Antioqueños, Ediciones Tomás Carrasquilla, 1972, pág. 392.

48 Patin fue, sin duda, uno de los representantes de Bélgica en Colombia más importantes en el siglo XIX en relación con el fomento de las relaciones económicas entre los dos países. En sus informes al gobierno belga llamaba la atención sobre la riqueza aurífera de Antioquia y el Chocó y las numerosas empresas que se conformaban con capital extranjero para explotarlas (Compagnie Agricole Forestière et Minière de Zea, Compagnie des Mines d’Or de San Carlos S. A., Platine et Or de Nóvita Viejo S.A., Société du Tamana S. A., Mines de Colombie, etc.). Su firma Patin et Cie. también negoció con empresas belgas productoras de pólvora (S. A. Coopal et Cie. Poudrerie Royale de Wetteren, Usines Cotonnières de Gand-Zele-Tubize). V. Peralta, op. cit., pág. 161.

49 Aquí montó el café de intelectuales El Automático, en la avenida Jiménez.

50 Una licorera de Cundinamarca quería comprar el secreto, pero el negocio no se concretó.

51 Entrevista con su hija, J. Draps, 1996 y 1997.

52 Encontramos también la referencia a un ingeniero agrónomo Adrien Hallet (Philippeville, 1863-Bruselas, 1925) quien tenía en 1894 una empresa llamada Bélgika, en Colombia, y fue accionista de la Colombienne (V. Peralta, op. cit., y a un señor Louis Arnould —agrónomo en Bogotá en los años 1921-1922 (según consta en los archivos de la embajada de Bélgica en Bogotá).

53 Las obras de Linden son: J. Linden, L. Linden, E. Rigodas, Lindenia, Iconographie des Orchidées, 17 vol., Bruselas, 1885-1906; Tercer viaje de Linden en las partes intertropicales de América, s. f., V. Peralta, op. cit., págs. 122, 193-194, 107.

54 Este J. Wallis aparece como cónsul honorario de Colombia en Bruselas en 1871 y 1872. V. Peralta, op. cit., págs. 122, 124. Existe la posibilidad que se trate del científico Gustavo Wallis.

55 G. Wallis, "Orquídeas en los Andes colombianos. Anotaciones de Gustavo Wallis, en 1868", en Pregón, Órgano informativo del centro de historia de Sonsón, 1983, VI, 49, págs. 8-13.

56 E. André, "América Equinoccial (Colombia-Ecuador)", en Carlos Wiener, doctor D. Crevaux, Charnay, etc. etc., América Pintoresca. Descripción de viajes al Nuevo Continente por los más modernos exploradores, Barcelona, Montaner y Simón, 1884. Facsímil, Bogotá, El Áncora Editores, 1984.

57 E. Pérez-Arbeláez, Plantas útiles de Colombia, Madrid, Sucesores de Rivadeneira Editores, 1956, pág. 193.

58 Ibíd., págs. 193-194.

59 V. Peralta, op. cit., págs. 194-195.

60 Manuel Ancízar, Peregrinación de Alpha por las provincias del norte de la Nueva Granada, en 1850-51, Bogotá, Editorial Incunables, 1983.

61 o De Pauw.

62 V. Peralta, op. cit., pág. 197.

63 Pero no fue el primer lazo entre Bélgica y Colombia en relación con la educación. J. Wallis, mencionado anteriormente, mandó en 1871-1872, durante su función como cónsul honorario de Colombia en Bruselas, informes sobre la instrucción pública en Bélgica, en los cuales describió el contenido de los cursos, y los sueldos. En los años 1890, Ricardo Núñez, hermano del presidente Rafael Núñez, envió también informes sobre la instrucción para que "se tomaran como modelo en los planes de la enseñanza colombiana". V. Peralta, op. cit., págs. 124 y 115.

64 Decroly fundó en 1902 un instituto de educación para niños con problemas de aprendizaje y niños reconocidos como anormales. Para niños normales fundó en 1907 la École de l’Hermitage, en Ukkel, Bruselas. Algunas de sus obras: Faits de psychologie individuelle et de psychologie experimentale (1908), Fonction de globalisation (1923), Evolution de l’affectivité (1927), Developpement du langage (1930).

65 Como también la de Maria Montessori: "El niño está dotado de fuerzas suficientes para su autoeducación y la función del maestro consiste en fomentarle y facilitarle ese camino". Círculo de Lectores, Gran Enciclopedia de Colombia, vol. 10, Bogotá, 1994, pág. 422.

66 La metodología basada en los centros de interés de Decroly fue también aplicada por los Hermanos Cristianos, no obstante la oposición de la jerarquía eclesiástica.

67 "El Senado de Colombia registra en sus anales [...] la llegada al país del [...] doctor Ovide Decroly, [...] que ha venido sin ninguna representación oficial, con el más noble desinterés, atraído sólo por el afecto a una institución colombiana, que él miró desde su patria como una prolongación de su propia obra educadora". (Texto del saludo del Senado, aprobado el 7 de agosto de 1925).

68 J. M. Saavedra Galindo, "El Profesor Decroly", en El Gráfico, 8 de agosto de 1925.

69 V. Peralta, op. cit., 1981, pág. 197.

70 Hija de José Manuel Goenaga, diplomático ante la Santa Sede en Roma, y después embajador de Colombia en Bruselas (1919-1923).

71 V. Peralta, op. cit., pág. 198. Según los archivos de la embajada de Bélgica en Bogotá, Nossin tuvo un hijo en Colombia, que nació en 1927.

72 Louis Valcke (o Luis Walckie) fue representante con Patin de la compañía belga del tranvía. Según Luis Latorre Mendoza, op. cit., 1972, pág. 413, luego de la guerra civil en 1885 hubo en la ciudad un resurgimiento de los negocios y la vida social. El lugar más frecuentado para estos asuntos fue la vieja quinta de don Juan Uribe Mondragón.

73 Aparte de los artistas que se mencionaron, existen referencias de otros, en los archivos de la embajada belga en Bogotá, como Hardy Eugène (1862-?), de Lieja, que vivió en el año 1909-1910 en la capital, donde nacieron sus hijos Pierre y Maurice (de madre europea) y donde trabajó como tallador y escultor.

74 Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia, El arte en Antioquia, vol. 3, Medellín, Litografía Especial, 1991, págs. 9-10.

75 "No son pocas efectivamente en Medellín las familias que poseen retratos de sus miembros ejecutados por ese émulo muy digno de los grandes pintores flamencos, sus eméritos paisanos en la nación y en el arte". El Colombiano, Medellín, 25 de julio de 1948.

76 Conocemos además: Dos ciegos, La tolimense, Retrato de una dama bogotana (óleo y pastel), Antioqueña.

77 Se conocen: Los labriegos antioqueños, La García, Bello; La Quiebra; Bueyes de Andes, Antioquia; Plaza de Bolívar, Bogotá, 1927; Plaza de Bolívar, Bogotá, 1928; Camino real antiguo cerca de Tena; Chorro El Nus, Limón (Antioquia).

78 Realizó en Bélgica varias obras religiosas. Las más destacadas son la Via crucis de Bruly, y las decoraciones (perdidas) de la iglesia de los frailes de orden menor en Halle y de otras iglesias en Bruselas.

79 El arte en Antioquia, op. cit., págs. 9-10.

80 El Palacio de Justicia, la principal obra de Martens en Colombia, está situado en la Plaza de Caycedo, y su superficie, construida en cemento armado, tabiques de ladrillo y pisos de concreto, es de 2.600 m2, en estilo Luis XVI. Consta de tres pisos y subsuelo, además de un piso en mansarda con cúpulas en el centro de fachada y esquina. En su construcción se emplearon obreros del país pero en las cornisas fue necesario ocupar a oficiales italianos. Carlos Niño Murcia, Arquitectura y Estado, Santafé de Bogotá, Universidad Nacional, 1991, págs. 90-91.

81 Silvia Arango, Historia de la arquitectura en Colombia, Santafé de Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1990, págs. 135, 166-167.

82 Augustin Goovaerts firmó en Colombia sus obras siempre como Agustín. Un trabajo sobre este arquitecto lo publicó el coautor de este artículo. L. F. Molina Londoño, "Agustín Goovaerts, representante de la arquitectura modernista en Colombia", en Boletín Cultural y Bibliográfico, Santafé de Bogotá, Banco de la República, 1993, núm. 34, págs. 3-33.

83 Peter Santa-María Álvarez, op. cit., pág. 659.

84 Manuel Tiberio Yepes, "Locales escolares", en Construcción moderna, Medellín, 1929, febrero a abril, núms. 1 y 2.

85 Entrevista a Jesús Mejía Montoya, Medellín, agosto de 1990.

86 Banco de la República, Cien años de arquitectura en Medellín, Bogotá, Banco de la República, s. f., págs. 122-123.

87 Actualmente, en las oficinas principales de Fabricato, en el centro de Medellín, se encuentra un vitral hecho para la Sala de Asambleas. Los cuatro vitrales de la capilla del hospital San Vicente de Paúl fueron donados por Luisa Echavarría de Uribe. Existen tres vitrales de Slagmuylder en la capilla de la Casa de Ejercicios de la Compañía de Jesús en Medellín. Todos fueron creados en Bélgica y traídos a Colombia a finales de los años cuarenta y principios de los años cincuenta.

88 Armand Weemaels hizo la mayoría de las fotos de este artículo, por lo cual los autores expresan su agradecimiento.

89 Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, Bogotá, Editorial La Oveja Negra, 1982, págs. 336 y sigs.