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Apogeo y decadencia del ideal de la
inmigración
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europea en Colombia, siglo XIX*
FRÉDÉRIC MARTÍNEZ
Institut Français dEtudes Andines, Santafé de Bogotá.
Traducción de Ximena Fidalgo.
Trabajo fotográfico: Frédéric Martínez
INDICE
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La lógica de
la inmigración en Colombia durante el siglo XIX
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La fiebre de
la inmigración en la mitad del siglo XIX ( 1847-1857)
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Dificultades
y persistencia del ideal inmigracionista durante los años 1860 y 1870
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La
regeneración: El sueño de una inmigración restringida, factor de orden social
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Conclusión
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Bibliografía y fuentes
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Carta del
secretario de Hacienda, Rafael de Porras, comunicando la salida de Francia de algunos
inmigrantes con destino a Colombia. Se trata de J.E Gauguet y su familia, quienes
intentarían fundar una colonia agrícola en la Sierra Nevada de Santa Marta, 1873
(Archivo General de la Nación, Bogotá).
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El sueño de una inmigración
europea, concebido como instrumento de modernización de la sociedad, figura sin duda
entre los rasgos comunes de la cultura política hispanoamericana del siglo XIX; por lo
tanto, Colombia se diferencia por su imposibilidad de transformar ese sueño en realidad.
Más que la historia de un flujo de poblaciones, el tema de la inmigración en la Colombia
del siglo XIX se da como una sucesión de leyes, proyectos, debates, análisis del
fracaso, prevenciones. En esto, ofrece un observatorio privilegiado del imaginario de los
grupos dirigentes en cuanto a la densidad "civilizadora", o al contrario
"perturbadora", de una población europea importada: sin que haya recibido nunca
flujos importantes de gentes, Colombia vivirá, casi con la misma intensidad que los otros
países hispanoamericanos, el debate sobre los beneficios y los peligros de la
inmigración.
El término Inmigración, en su acepción
común en Colombia durante el siglo XIX, señala una inmigración, de preferencia masiva,
de familias de campesinos o de artesanos europeos, organizada o cuando menos favorecida
por el Estado o empresas privadas con contrato con el Estado, bajo la perspectiva de
poblar zonas vírgenes, de limpiarlas, cultivarlas, de convertirse en propietarios y tener
acceso a la nacionalidad colombiana.
Así, la inmigración calificada de
aquellos extranjeros que, según el azar, vienen en pequeña cantidad a instalarse en las
ciudades para dedicarse a la enseñanza o, con más frecuencia, al comercio, no figura
dentro de los principales objetivos de las leyes inmigracionistas.
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Manuel Murillo Toro proponía poblar las riberas del río
Magdalena (Colección Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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El retrato hablado del
inmigrante imaginado por los dirigentes políticos colombianos es un campesino europeo
a lo sumo un artesano modesto, trabajador, y que espera que su instalación en
el Nuevo Mundo le proporcionará un mejoramiento sensible de sus condiciones de vida. No
es sino en respuesta a las primeras desilusiones en cuanto a la venida de europeos, y de
manera marginal, que será propuesta la importación de poblaciones asiáticas o
africanas.
LA
LÓGICA DE LA INMIGRACIÓN EN COLOMBIA
DURANTE EL SIGLO XIX
Un origen más ideológico que
práctico
El sueño de la inmigración, más que la
consecuencia de una necesidad de mano de obra agrícola, aparece como el producto de una
ideología europeísta de la modernización. Esta dimensión ideológica es evidente en
todos los promotores de la inmigración en la América Latina del siglo XIX; parece
especialmente importante en Colombia.
En efecto, la presencia a lo largo de
todo el siglo XIX, de medidas que apuntan a favorecer la inmigración europea, no podría
explicarse únicamente por una necesidad persistente de mano de obra agrícola.
Indudablemente, es un contexto de crecimiento de culturas de exportación el que preside
cada vez el voto de las tres principales leyes inmigracionistas: las de 1847, 1871 y 1892.
El ciclo del tabaco y de la quina constituye el telón de fondo de las leyes de 1847 y
1871. La de 1892 corresponde al principio de la expansión de las importaciones de café.
Sin embargo, Colombia no dispone en la época de una actividad económica suficientemente
importante y estable, que requiera la importación masiva de mano de obra agrícola, como
es el caso en otros países latinoamericanos, que, dotados de un poderoso sector
exportador recurren a la importación de mano de obra agrícola en estado de
semiesclavitud (es el caso de los trabajadores chinos traídos al Perú o a Cuba). La
historia del siglo XIX colombiano no ofrece sino escasos ejemplos de importación de mano
de obra agrícola por parte de los grandes terratenientes. Por lo demás, la mano de obra
necesaria para los cultivos de exportación se obtiene en el interior del país: es
significativo que las plantaciones de tabaco, por entonces los cultivos agrícolas que
más mano de obra utilizaban, no hubiesen necesitado jamás mano de obra importada. Ya en
1847, el dirigente liberal Manuel Murillo Toro escribía en su diario de Santa Marta, la
Gaceta Mercantil: "La República no carece de brazos propiamente hablando" 1 y proponía que se poblasen las riberas deshabitadas del río
Magdalena con la numerosa población instalada en las tierras altas de las provincias de
Bogotá, Tunja y Vélez.
El episodio de la excavación del Canal
de Panamá es el único ejemplo, durante todo el siglo XIX colombiano, de la
determinación, por la necesidad de una mano de obra a bajo costo, de medidas de
inmigración. Por lo demás, más que mano de obra, los dirigentes colombianos buscan
importar ciudadanos, factores de progreso material y de civilización.
Una lógica esencialmente estatal
La historia de las políticas 2 de inmigración en la Colombia del siglo XIX, revela en efecto
una lógica esencialmente estatal. La relación, establecida en el dispositivo legal entre
inmigración y "colonización" 3 es esclarecedora en
este punto. La inmigración se impone como uno de los instrumentos de la colonización
interior, de la ocupación y la valoración del territorio nacional. Más allá de los
intereses de los terratenientes, se trata para el Estado de limpiar, ocupar, homogeneizar,
de "civilizar" por la ocupación del territorio, según la fórmula bien
conocida creada por el argentino Alberdi, "gobernar es poblar". En este proceso
el Estado está llamado a desempeñar un papel preponderante.
En efecto, los proyectos oficiales de
inmigración en Colombia nacen más de la convicción que se debe emprender lo más pronto
posible el gran proyecto de la colonización interior, que de una necesidad concreta e
inmediata. El mecanismo funciona a la inversa, como lo muestran los largos debates,
especialmente en la primera mitad del siglo XIX, sobre la mejor ubicación para los
inmigrantes: consiste en postular el carácter benéfico de una inmigración europea en
Colombia, para interrogarse después acerca de la mejor zona geográfica para su
instalación.
Así, la historia de las políticas de
inmigración demuestra una débil conexión entre éstas y los intereses privados,
revelando una lógica auténticamente estatal, nacional. Aparte de algunas excepciones, de
grandes propietarios importando mano de obra, no se habla de inmigración sino para
cultivar y poblar los terrenos baldíos. Los proyectos de colonización por inmigrantes
europeos tienen generalmente por lejano objetivo el de la constitución de una nación de
pequeños terratenientes.
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Ferdinand
de Lesseps. Su compañía inició trabajos en 1881
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Salvador
Camacho Roldán, dirigente político y comerciante (Colección Notabilidades colombianas,
Biblioteca Luis Ángel Arango).
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La esencia estatal del ideal de
inmigración, evidente aún durante el período federal 4,
aparece claramente en las expectativas expresadas con respecto a los inmigrantes. Se
espera de ellos que traigan sus herramientas, sus conocimientos, algunos compatriotas,
capitales de su país de origen, que su actividad haga subir el precio de las tierras,
sanee las regiones, abra las vías de comunicación, desarrolle el comercio; pero también
se espera de ellos que desempeñen un papel moral, cívico, que ayuden a construir las
instituciones nacionales, la civilización material, y a inculcarle al pueblo el amor por
el trabajo y el orden. De alguna manera, los agricultores europeos están de antemano
encargados de educar al país, de civilizar las clases inferiores de la sociedad. A esta
óptica en esencia estatal corresponde un desinterés marcado por parte de los sectores
productivos, aparte de algunas excepciones. En cuanto a los dirigentes políticos que
también son propietarios y comerciantes (Manuel Ancízar, Salvador Camacho Roldán,
etc...), es más a nombre de su visión política y nacional que a nombre de sus intereses
económicos que legislan en cuestión de inmigración. La única conexión real del tema
de la inmigración con los intereses económicos es la de los asuntos comerciales que
aquella engendra, es decir el negocio de la inmigración tal como se desarrolla en el
mundo entero, alrededor de las empresas de inmigración que buscan, a través del Estado,
concesiones de territorios que se comprometen a poblar.
Un fracaso
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Manuel
Ancízar, secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Tomás Cipriano de
Mosquera, gran impulsador de la inmigración extranjera (Colección Notabilidades
colombianas, biblioteca Luis Ángel Arango).
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Más allá de su débil
determinación por imperativos económicos, más allá de su relación esencial con una
ideología nacional de la ocupación del territorio, la historia de la inmigración en
Colombia durante el siglo XIX se caracteriza también por su fracaso casi absoluto. Aun
cuando ha generado discusiones interminables, las razones del fracaso parecen bastante
evidentes: conocimiento precario del país en Europa, bajo nivel de la actividad
económica, antigua ocupación de las mejores tierras, dificultades geográficas y
climáticas, dificultad de desmonte en medio ecuatorial, ausencia de flujo de inmigración
que pudiera iniciar el proceso, debilidad de las finanzas públicas que no pueden reducir
los gastos de instalación de los inmigrantes, guerras civiles frecuentes, y competencia
de países más prometedores para los inmigrantes (Estados Unidos, Argentina, etc...). El
fracaso de la inmigración en Colombia no tiene pues mucho misterio en sus razones, pero
determina la particular fisonomía de los debates y los proyectos que la rodean.
De alguna manera, la historia de la
inmigración en la Colombia del siglo XIX se presenta como una historia inasible. Sin
embargo la persistencia, a lo largo del siglo, de un debate sobre las razones del fracaso,
y de propuestas para su éxito, confirma la intuición que el imaginario de la
inmigración europea constituye un verdadero objeto histórico.
Conjunto de proyectos, de debates, de
análisis, de discursos, de diagnósticos sobre las causas del fracaso, de propuestas para
evitarlo en el futuro, el tema de la inmigración se presenta como un rasgo recurrente de
la historia política colombiana del siglo XIX. Como lo escribe Tomás Carrasquilla, en
1906, al comienzo de su informe sobre el aparato jurídico del Estado colombiano en
materia de inmigración: "Al estudiar la inmigración y la colonización en Colombia
aparece la constante preocupación de los hombres de Estado para fomentarla. Casi todos,
ya de un modo, ya de otro, han intentado impulsarla" 5.
LA
FIEBRE DE LA INMIGRACIÓN
EN LA MITAD DEL SIGLO XIX (1847-1857)
Los orígenes del debate sobre la
inmigración
Los orígenes del ideal inmigracionista
se remontan al voto, en 1823, de una ley por el Congreso de Cúcuta 6,
fijando las condiciones de la naturalización de los extranjeros que quisieran instalarse
en el país, en particular agricultores y artesanos, previendo la atribución de dos a
tres millones de fanegadas de tierras baldías para su explotación por colonos
extranjeros. Hasta 200 fanegadas 7 se le podrían adjudicar a
cada familia de inmigrantes.
Esta ley, motivada en parte por una
voluntad de "blanquear" a la población, ella misma motivada por el miedo de los
conflictos raciales que comenzaban a amenazar en los Llanos Orientales y la persistencia
del espectro haitiano 8, conllevó a la creación, en el país,
de varias compañías de inmigración, por comerciantes y funcionarios atraídos por las
buenas oportunidades. A falta de inmigrantes, todos los contratos de concesión firmados
entre el Estado y estas sociedades son rápidamente anulados 9.
Ni los contratos de los años 1820 (como la concesión de 200.000 fanegadas de tierras
baldías, adjudicada en 1827 a la firma inglesa Harring, Graham & Powels para un
proyecto de colonización europea) ni los firmados en los años 1830 (la adjudicación, en
1836, de 100.000 fanegadas en Antioquia a Tyrell Moore, a cambio de su poblamiento con
1.000 "europeos agricultores, fabricantes, artesanos o mineros" 10) no tendrán consecuencias concretas. A mediados de los años
1840, todo está aún por hacer en el campo de la inmigración.
Tras las primeras tentativas y los
primeros fracasos de los decenios 1820 y 1830, las ambiciones modernizadoras de la
presidencia de Mosquera, la reducción de las tarifas aduaneras de 1847, el comienzo del
ciclo de exportación del tabaco, que alcanzará su apogeo a mediados de 1851, contribuyen
a hacer del medio siglo XIX un período de fiebre "inmigracionista".
Un aparato legal más consistente, que
apunta a favorecer la inmigración, es dispuesto durante los años 1840. Ya en 1843 el
gobierno Herrán hace votar una nueva ley de naturalización que facilita para los
eventuales candidatos la adquisición de la nacionalidad colombiana 11. Al año siguiente, el secretario de Relaciones Exteriores, el
conservador Joaquín Acosta, evoca en su mensaje al Congreso la importancia de la
inmigración para la prosperidad nacional, y los medios para favorecerla12. Como el Tesoro Nacional carece de los medios para financiar
el viaje y la instalación de los candidatos a la inmigración, Acosta propone
según el ejemplo de Guatemala cuyo contrato con la Compagnie Belge de Colonisation
ofrece resultados esperanzadores la creación de una agencia, encargada en
Europa de promover la inmigración hacia Colombia. La contribución financiera del Estado
podría limitarse a una prima que se le atribuiría a cada extranjero que llegara, y
Acosta recomienda con este fin el voto de un presupuesto de 2.000 a 3.000 pesos.
El Plan Ancízar de 1847: el auge
del voluntarismo estatal
La ley del 2 de junio de 1847 "sobre
inmigración de extranjeros", que implanta su marco legal para los siguientes dos
decenios, revela una concepción aún más voluntarista del papel del Estado en el proceso
de inmigración. El liberal Manuel Ancízar, secretario de Relaciones Exteriores del
gobierno de Mosquera, y artesano de la ley, lanza enseguida del voto una gran campaña de
promoción de la inmigración: envía una circular a los gobernadores de provincias y a
los prefectos de territorios 13 y escribe largamente al
ministro de la Nueva Granada en Gran Bretaña, Manuel María Mosquera, hermano del
presidente, para augurar una puesta en práctica concreta. El dispositivo previsto por
Ancízar conserva la cifra máxima de tres millones de fanegadas de tierras del Estado,
distribuibles a los colonos extranjeros, que la ley de 1823 había fijado, reduciendo al
mismo tiempo a diez fanegadas la superficie máxima de los terrenos adjudicados a cada
inmigrante que arribe al país y prevé una ayuda financiera de 50 pesos por cada
inmigrante llegado al país. Sobre todo, apunta a establecer un conjunto de apoyos,
oficiales y privados, para volver efectiva la política gubernamental de inmigración. En
primer lugar, a los cónsules y vicecónsules de la República en los países susceptibles
de brindar un contingente de candidatos para la inmigración, se les atribuye el papel de
agentes de inmigración: deberán asegurar la promoción, por vía de prensa, de la Nueva
Granada como tierra que acoge a los emigrantes europeos 14,
informar a los candidatos, investigar sobre su moralidad, seleccionarlos, establecerles un
certificado de buena conducta y organizarles el viaje poniéndose en contacto con las
sociedades de inmigración europeas.
Los representantes de la Nueva Granada en
el extranjero se verán retribuidos por sus esfuerzos en este campo: el funcionario
responsable obtendrá una prima de 50 pesos por cada inmigrante que llegue, por sus
cuidados, al país. En cuanto a las empresas privadas serán remuneradas con 80 pesos por
extranjero que arribe al país. Hasta este momento Ancízar no tiene en cuenta sino la
organización de dos pequeñas expediciones, de más o menos 50 inmigrantes, que tendrán
un valor experimental: de la primera se hará cargo, por contrato, una de las empresas de
inmigración que florecen entonces en Europa, y la segunda, en la medida de lo posible,
será organizada completamente por el Estado colombiano, con la ayuda de su personal
diplomático y consular 15. Además, Ancízar busca establecer
una verdadera red inmigracionista en el interior del país. Las aduanas deberán registrar
la entrada de los inmigrantes que arriben en una expedición o que vengan por sus propios
medios 16; las sociedades de protección de la industria
existentes en provincia se ven obligadas a hacer de la inmigración una de sus
prioridades. Finalmente, los gobernadores y prefectos están encargados de organizar en
sus provincias y territorios respectivos, sociedades de apoyo a la inmigración.
La primera atribución de estas
sociedades de inmigración será la de hacer una relación de las tierras baldías, y
establecer mapas, con el fin de facilitar la instalación de los colonos. En la mente de
Ancízar, estas sociedades, compuestas de ciudadanos benévolos, servirán para darle
apoyo a los inmigrantes en su empresa y a defender sus intereses en el caso en que
aparezcan conflictos en el proceso de ocupación de los baldíos. Ancízar asegura de
antemano a estas hipotéticas sociedades inmigracionistas el compromiso del Estado a su
lado en la defensa de los recién llegados 17.
El fracaso del Plan Ancízar
Ancízar, sin duda más realista en la
anticipación de los conflictos locales alrededor de las tierras baldías que en la
evaluación de los atractivos de la Nueva Granada ante los inmigrantes europeos, y las
posibilidades concretas de poner en marcha el dispositivo que había imaginado, ve
desmoronarse su proyecto antes mismo de haber arrancado. Varias razones explican este
fracaso que, por mucho tiempo, hará de lado cualquier político demasiado voluntarista
del Estado en materia de inmigración. Ancízar, en respuesta a su plan, recibe, sin
embargo, desde el principio algunas señas de entusiasmo: el gobernador de Barbacoas, al
sur del país, le propone la instalación de 2.000 familias 18 en
su provincia, el de Santa Marta le comunica desde noviembre que ha impulsado la fundación
de una sociedad de inmigración 19. Pero la apatía predomina:
ni el personal diplomático y consular, ni la administración territorial, ni los notables
locales, solicitados por Ancízar, responden a su llamado. Más grave aún, el presupuesto
previsto para pagar a los empresarios de inmigración y dotar a los inmigrantes de una
ayuda queda congelado de antemano, por el hecho que las autorizaciones de gastos previstos
por la ley no le son finalmente concedidas al ejecutivo. Otra circular es entonces enviada
a los cónsules y vicecónsules de Colombia en Europa y en Estados Unidos. Retomando los
puntos esenciales de la legislación colombiana en este campo, tiene por objetivo esencial
que "se apercibiesen los inmigrantes o los empresarios de inmigración de que no
podían contar con los auxilios pecuniarios que se prometieran" 20. Los escasos proyectos que se preparaban fueron inmediatamente
anulados: el de la importación de 300 campesinos irlandeses a la región de Santa Marta
en manos de una empresa irlandesa, el de una inmigración alemana propuesta por Juan
Adolfo Etzler, un americano de origen germánico, instalado en Venezuela, que se revelará
finalmente ser un charlatán 21.
Criticada ya en 1848 por el sucesor de
Ancízar, el conservador Manuel María Mallarino, la ley de 1847 es juzgada totalmente
utópica, en 1851, por el secretario de Relaciones Exteriores del gobierno López,
Victoriano de Diego Paredes: el tesoro público, explica, no tiene tanta plata para
consagrarle a los inmigrantes y es saludable que los proyectos de inmigración que se
estaban preparando se hayan frenado a tiempo:
[...] lo cual ha causado gran
satisfacción al gobierno, en razón de que al haber llegado a realizarse la expedición,
es seguro que nos habríamos hallado en grandes conflictos por falta de recursos legales
para el transporte i subsistencia de una porción tan considerable de individuos, quienes,
siendo muy pobres, se habrían visto compelidos a permanecer en la Costa, expuestos a ser
víctimas del clima y de su miseria. I de aquí habría sobrevenido indefectiblemente el
descrédito de estas empresas y el horror de los estranjeros por la inmigración a la
Nueva Granada
22.
En 1856, el secretario, conservador, de
Relaciones Exteriores, Lino de Pombo, subrayará en su mensaje al Congreso que,
"aunque habiendo permanecido letra muerta, la ley de 1847 debe ser anulada pues
tiende a poner a la administración en frecuentes embarazos, solicitada y requerida como
suele verse por agencias extranjeras de inmigración para contraer compromisos imposibles,
i que de seguro, causarían prejuicios graves si llegaran a contraerse" 23.
Si la ley de 1847 ve terminar
rápidamente su carrera no será, sin embargo, anulada y seguirá siendo
reivindicada esporádicamente, hasta 1890, por partidarios, liberales y conservadores, de
un verdadero compromiso del Estado en la organización de la inmigración, desata
sin duda un intenso debate nacional alrededor del asunto. Un debate que, esclareciendo
algunos desacuerdos en cuanto al papel del Estado y las modalidades de la promoción,
tiene la virtud de revelar el largo consenso que reina entonces en Colombia en lo que se
refiere a la necesidad de la inmigración.
La inmigración: los elementos del
consenso
A mediados del siglo XIX, una clara
unanimidad se desprende, efectivamente, en el debate público colombiano, alrededor del
tema de la inmigración. El consenso trata tanto del origen nacional de los inmigrantes
como del papel "civilizador" que harán, necesariamente, en el país. Los
obstáculos son señalados unánimemente: la ausencia de inventario de los baldíos, la
insuficiencia en los transportes, las dificultades climáticas.
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Joaquín Acosta, político
conservador a favor de la inmigración (Colección de miniaturas, Biblioteca Luis Ángel
Arango).
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La elección de los extranjeros que
hay que traer al país no ofrece ninguna duda para los promotores de la inmigración:
deben ser europeos. La ley de 1847, sin duda bajo la influencia de la política de
inmigración china emprendida el mismo año en el Perú para los cultivos de caña y de
algodón 24, preveía la posibilidad de importar una mano de
obra asiática, precisamente de "indios coolies, en calidad de jornaleros" 25. Esta solución alternativa, sin embargo, es rápidamente
excluida: "No ofrece ventaja aumentar nuestra población con la raza asiática o
malaya, sino con la vigorosa e inteligente raza europea", explica el secretario de
Relaciones Exteriores, Lino de Pombo, al Congreso en 1856 26.
A pesar de las posibilidades abiertas por la ley (que preveía la acogida de
norteamericanos, asiáticos o europeos), Ancízar se había concentrado de antemano sobre
la inmigración europea y le había hecho al respecto algunas recomendaciones a Manuel
María Mosquera:
Sin embargo de la
completa libertad de acción que se deja a US, tengo orden de insistir en lo útil que
sería promover con preferencia la emigración proveniente de la península italiana, de
la ribera izquierda del Rin, de los pueblos alemanes, de la Suiza y de las provincias
septentrionales de España, para asegurar en todo evento alguna de las cualidades que
deberían concurrir en los emigrantes destinados a la Nueva Granada, a saber: buena
índole, hábitos de subordinación y amor al trabajo, comunidad de origen, religión e
idioma, analogía de carácter i de principios políticos, y sobretodo, el ánimo de
fijarse perpetuamente entre nosotros
27.
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Tomás
Cipriano de Mosquera (derecha) con sus hermanos José María y Manuel José
(Colección Biblioteca Luis Ángel Arango).
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Esta tendencia por los
pueblos europeos preferiblemente nórdicos, sino italianos o españoles, dominaría el
imaginario de la inmigración del medio siglo. En sus memorias publicadas en 1857, José
Hilario López anotó que "los suizos, sobrios como son, fuertes, valerosos y
democráticos, hallarían en la América española tierras de labor hasta en los límites
de la nieve perpetua, análogas a su país, y lugares en donde pudieran ejercer un gran
provecho muchos ramos de industria en que son tan hábiles. Una emigración de esa clase
de gentes si admitiríamos con mucho gusto en la Nueva Granada" 28.
La calidad implícita de
esos inmigrantes potenciales no excusa el prever una selección rigurosa. Desde 1847,
Ancízar le recomienda a los cónsules investigar sobre la moralidad de los candidatos,
instituye la entrega por parte del cónsul competente de Colombia de un certificado de
buena conducta como una condición requerida para la inmigración al país, y recomienda
que se le den privilegios a los candidatos que posean recursos propios. En 1851, Paredes,
Secretario de Relaciones Exteriores, reitera y profundiza esta recomendación: "U.,
pues, cuidará de no promover la inmigración de proletarios, sino únicamente la de
aquellas personas que posean recursos propios, suficientes para atender a sus gastos de
transporte y establecimiento en el país...29. El miedo al
proletario europeo, que crecerá en los siguientes decenios, está ya presente en el
debate de los años 1850. José Hilario López, en 1857, hace notar que, a pesar de su
facilidad, la organización de colonias de ladrones napolitanos, que le es sugerida cuando
viaja a Italia, no le parece para nada una buena idea 30. En
el mismo sentido, un artículo de El Pasatiempo, de Bogotá, precisa en 1851 los riesgos
de la inmigración europea:
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Victoriano de
Diego Paredes criticó duramente la política de inmigraciones, 1851 (Colección
Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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Cuando se habla de progreso, de
democracia, de verdadera civilización, de riqueza y de moral, se habla siempre de
inmigración como la solución única [...] Se traerían extranjeros industriosos,
artesanos, no trabajadores cualquiera [...] de esos proletarios, de esos aventureros
expuestos a ser víctima de la miseria y que repletan las capitales de Europa
31.
El papel civilizador de la
inmigración
La preocupación por la calidad de los
inmigrantes europeos revela hasta qué punto su venida cristaliza, en la mente de sus
promotores, las expectativas de transformación de la sociedad colombiana. Hay una gran
unanimidad para afirmar que la inmigración contribuirá poderosamente al progreso
nacional. En 1847, Ancízar, que ve en la inmigración numerosa un "poderoso impulso
a la prosperidad nacional" 32, expone a Manuel Mosquera
las consecuencias que espera: "Aumento de producción, aumento de luces industriales,
i mejoramiento de métodos en el trabajo productivo" 33.
El argumento económico, que tiende a ver en la inmigración un motor del crecimiento, si
es central, no es el único. El deseo de "blanquear" a la población nacional,
siempre presente, se expresa de vez en cuando 34, la metáfora
organicista de una sangre regeneradora también 35. La
necesidad de poblar el territorio nacional 36, la de
consolidar el orden social 37, y en fin, en particular por
parte de los dirigentes liberales, la de construir una sociedad democrática, justifican
el recurso a la inmigración. La evocación por el general López del carácter
democrático de los suizos revela las expectativas liberales alrededor de esos
hipotéticos colonos extranjeros. Murillo Toro, crítico por lo demás de la ley de 1847,
saluda, en un discurso teñido de republicanismo americano, sus disposiciones
"liberales", que llaman a "la generalidad de los hombres pobres e
industriosos, sin diferencia de origen, culto, o creencias políticas, a gozar en común
de los beneficios inmensos derramados por Dios sobre una hermosa y fértil región" 38. José María Samper, que le atribuye un gran papel a la
inmigración en el proceso de "civilización" nacional 39,
ve en ella un virtuoso complemento al sustrato mestizo de la sociedad, portador en sí de
democracia política 40.
La convicción profunda del papel
civilizador de los inmigrantes europeos contribuye a reforzar el deseo de una fusión
rápida en la sociedad, por la vía de la naturalización inmediata. La ley de 1847 pone
en efecto el acento sobre la necesidad de una promesa de naturalización antes de la
partida: una manera de facilitar "que se estrechen cuanto antes los vínculos que
deben unir en una sola familia a naturales y naturalizados" 41.
Una manera, también, de conjurar quizás la apreciación de un analista del tema, el
francés Charles Lavollée, que escribe entonces en la prestigiosa Revue de Deux Mondes:
En cuanto a aquellos de nuestros
compatriotas que van a buscar fortuna al Brasil, o a las repúblicas de América del Sur,
pertenecen en general a la clase de los negociantes o de los pacotilleros; parten
aisladamente, con la firme intención de regresar lo más rápido posible, en cuanto hayan
hecho algún dinero
42
.
En todo caso, puestas aparte algunas
voces discordantes, el consenso reina en cuanto a la necesidad de la inmigración. La
evaluación de las desventajas del país en este campo, se hará también de manera
consensual.
El consenso sobre las desventajas
del país
Al final de los años 1840, los intentos
fallidos de los años 1820 y 1830 formaban el telón de fondo del diagnóstico nacional
sobre los obstáculos a la inmigración en Colombia 43.
La ausencia de inventario de las tierras
baldías, herramienta esencial de colonización de que dispone el Estado, constituye
evidentemente el principal obstáculo. Cuando Manuel Ancízar lanza su ambicioso plan de
inmigración, la ley de 1829 no ha surtido efecto; al mismo tiempo, en su deseo de
inventariar los baldíos no dispone de un presupuesto que le permita emprender esta tarea:
lo reconoce en su carta a Manuel Mosquera, como una de las principales debilidades del
proyecto. Su exhortación a los gobernadores, prefectos y a las sociedades de inmigración
cuya existencia ha sido prevista sobre el papel no teniendo más efectos, el problema del
inventario de los baldíos sigue obstruyendo el debate "inmigracionista" de los
años 1850.
El otro obstáculo, ligado a las
dificultades climáticas, reside en el estado embrionario de las comunicaciones.
"[...] La experiencia ha demostrado hasta aquí que no se han establecido colonos en
América en nuestros días, sino en donde se han facilitado los transportes, y en donde,
por decirlo así, ellos desembarcan en el lugar mismo en que deben fijar su
domicilio", escribe Joaquín Acosta ya en 1844. El desarrollo de los transportes
aparece como una condición previa a cualquier empresa de inmigración. La insuficiencia
de las vías marítimas hacia Colombia desde Europa y su elevado precio comparado con los
pasajes para los Estados Unidos 44, reducen considerablemente
las probabilidades de una inmigración europea hacia este país. Mientras Murillo denuncia
el carácter utópico de la idea de hacer venir extranjeros antes de mejorar las
comunicaciones internas, Paredes expone en 1851 los esfuerzos del gobierno en esta materia
45.
La dificultad de las comunicaciones
internas, los riesgos de fiebre en la larga navegación por el río Magdalena hacia el
interior del país, condicionan el debate acerca de la localización ideal que debe ser
objeto de la primera colonización extranjera.
En 1847, Ancízar designa a Guaduas y a
Fusagasugá como sitios indicados para instalar a los recién llegados. Estos argumentos
se apoyan en la clemencia del clima, la cercanía del mercado de Bogotá, una
localización central con respecto a las vías de comunicación interiores, y en fin las
"facilidades para una inspección directa e inmediata desde el centro principal de la
autoridad del país" 46. La propuesta de Ancízar no
recoge ningún fruto: porque no hay en estas regiones, de población antigua, la necesidad
real de mano de obra, como lo señala Murillo, que aboga por la colonización del Valle
del Magdalena; pero el clima de las tierras bajas, sea para instalarse o para subir el
río en barco, implica exponer a los inmigrantes a fiebres susceptibles de diezmarlos,
anota Codazzi.
Agustín Codazzi, en efecto, es
solicitado a finales de 1850 por el Secretario de Relaciones Exteriores, Paredes, para dar
su diagnóstico sobre el tema de la inmigración. Experimentado en la fundación, en
Venezuela, de la Colonia Tobar con un grupo de inmigrantes alemanes, ofrece, en una larga
carta, publicada en la Gaceta Oficial en diciembre de 1850, su análisis, sus prevenciones
y sus propuestas sobre el tema. Uno de los primeros efectos de sus recomendaciones será
la de designar a la Sierra Nevada de Santa Marta como región prioritaria para la
inmigración: su proximidad al mar evitando los riesgos del viaje por el Magdalena, sus
tierras altas que ofrecen climas a los cuales pueden adaptarse fácilmente los europeos 47. En los decenios que seguirán, la Sierra Nevada concentrará
en efecto lo esencial de los esfuerzos realizados en el país en materia de inmigración.
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Lino de Pombo pidió anular
la ley de inmigraciones, 1856 (Colección Notabilidades colombianas,
Biblioteca Luis Ángel Arango)
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Una vez evaluadas las desventajas
del país en la carrera de la inmigración europea, los desacuerdos se expresan en cuanto
a las medidas por tomar. El debate opone a los que piensan que hay que esperar que un
lento desarrollo del país atraiga, naturalmente, a los inmigrantes europeos, de los que,
a pesar del relativo descrédito, engendrado por el fracaso del plan Ancízar, de las
políticas voluntaristas en este campo, continúan pensando que el Estado debe dirigir la
inmigración, aún si el inventario de los baldíos y las vías de comunicación siguen
siendo problemas no resueltos.
Los analistas de mayor credibilidad en
cuanto al tema de la inmigración se sitúan del lado de los que preconizan la paciencia y
fustigan la precipitación: es el caso de los dos principales partidarios del
"realismo" en materia de inmigración: Agustín Codazzi y Manuel Murillo Toro.
Murillo explica, en efecto, que las
posibilidades de éxito de la ley de 1847 son muy reducidas "1o) porque no hay camino
de Europa a Nueva Granada, 2o) porque aquí les espera la misma miseria de que intentan
huir, i 3o) porque no hay confianza" 48. Dado el caso de
que algunos europeos vinieran a instalarse a pesar de todo, no podrían esperar ninguna
ayuda financiera del Estado, se verían confrontados al problema de la precariedad de las
vías de comunicación, y sobre todo, estarían condenados a la misma miseria de la que
intentan escapar: la ausencia de una actividad económica, ligada ella misma a la ausencia
de capitales, les impedirá hallar la riqueza deseada 49; en
cuanto al sueño de verlos desmontar terrenos vírgenes para cultivarlos, Murillo cree en
ello 50. Por el momento, recomienda concentrarse en la
colonización interior del Magdalena, sin soñar en atraer extranjeros.
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José María
Samper le atribuía un importante papel a la inmigración en el proceso de
"civilización" nacional, pero advertía que se podría convertir en una seria
amenaza social, 1884 (Colección Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis Ángel
Arango).
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Tres años más tarde, en su
evaluación sobre el tema de la inmigración dirigida al Secretario de Relaciones
Exteriores, Codazzi propone un análisis bastante cercano al de Murillo. Más confiado que
este último en la posibilidad y los beneficios de la inmigración, Codazzi busca en
esencia sensibilizar al gobierno y a la opinión sobre las dificultades de cualquier
empresa de esta naturaleza. Su experiencia venezolana, a pesar de su éxito, lo lleva a
medir bien los obstáculos: la hostilidad de los campesinos de la región, las
expectativas desmedidas de los inmigrantes, que toman conciencia tarde de las dificultades
del medio, las enfermedades que los debilitan, su decepción y a veces sus revueltas, las
dificultades del desmonte en medio ecuatorial, los problemas de aclimatación del ganado,
las plagas naturales que devastan las siembras... Mientras aconseja dejar en manos de
empresas privadas europeas la carga de la organización y de la financiación del viaje,
Codazzi se muestra partidario de un compromiso sustancial del Estado para encauzar el
proceso de la inmigración, en particular a partir de la primera expedición 51. Más aún, le recomienda al gobierno preparar el terreno
antes de la llegada de los colonos extranjeros: haciendo limpiar el terreno escogido un
año antes (no estando los europeos suficientemente acostumbrados, ni suficientemente
resistentes para hacer ellos mismos el trabajo), aclimatando, lentamente, al ganado,
construyendo casas y haciendo los primeros cultivos. Sería preferible que las tierras le
fueran dadas a los colonos, pero a cambio, éstos deberían tres días semanales en
tierras cercanas, de las cuales el Estado permanecería propietario, hasta que se
recuperara el dinero invertido por el Estado para su instalación. El producto de esas
tierras estatales se utilizaría para continuar con el desmonte que permitiera la venida
de nuevos inmigrantes. Si los recursos del Estado son insuficientes para hacer esta
primera inversión, toca entonces favorecer una inmigración individual, poco numerosa
pero calificada en las disciplinas industriales (en particular profesores de artes y
oficios, que, reclutados por el gobierno, podrían difundir las técnicas de la industria
textil y mecánica) 52. En todos los casos, una primera
experiencia lograda, engendrando una promoción natural por parte de los colonos, tendría
más efecto que toda una campaña gubernamental en favor de la inmigración 53. La impaciencia y la precipitación se dan, en todos los
casos, como los peores enemigos del éxito. Desde el inicio, los promotores están
conscientes que el fracaso de una expedición de inmigrantes europeos tendría graves
consecuencias 54. La promoción en Europa por vía de prensa,
porque es infinitamente más fácil y menos costosa que la preparación material de la
inmigración preconizada por Codazzi, es la única faceta de las políticas de
inmigración que es objeto de autorización de gastos por parte del Congreso 55.
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Carlos de
Greiff, principal promotor de la Sociedad Esperia creada para la colaboración del
Occidente y la costa Pacífica (Colección Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis
Ángel Arango).
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Las concesiones a las
sociedades de inmigración
A pesar de los llamados a la prudencia,
el decenio de 1850 verá surgir nuevos obstáculos y nuevos fracasos. El otorgamiento de
grandes concesiones a sociedades privadas extranjeras, que aparece entonces como la
alternativa a las dificultades de organización estatal de la inmigración, desembocará
en nuevas decepciones, engendradas por la ausencia de fiabilidad, partiendo de la
deshonestidad pura y simple de los empresarios europeos.
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Fusagasugá, región de
interés para promover la inmigración extranjera (El Chocho, Edward Mark, lápiz sobre
papel, 1856).
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En 1850, antes de oír los
consejos acertados de Codazzi, el secretario de Relaciones Exteriores, Paredes, había
recapitulado, en una circular al personal del consulado, sobre las ventajas que ofrece la
Nueva Granada a los candidatos a la inmigración 56; también
los había estimulado para firmar contratos con empresas de inmigración a las que se les
podía conceder hasta 12.000 fanegadas con el ánimo de "colonizarlas". Las
propuestas de esas empresas comienzan en efecto a hacerse más frecuentes. Además de los
dos proyectos ya mencionados de inmigración alemana e irlandesa en Santa Marta, detenidos
por la ausencia de presupuesto del Estado, se sabe de la existencia de varios proyectos.
El gobernador de la provincia de
Medellín relata que "una casa de comercio importante de Alemania muy relacionada con
otras de Bogotá y de esta capital" está dispuesta a preparar la emigración de
familias que estarían interesadas, pagándoles obviamente los costos de transporte y una
ayuda para la instalación al principio, lo que, claro, lleva a enterrar el proyecto.
También fue creada, en 1850, la Sociedad Esperia para la colonización de la cordillera
Occidental y de la costa Pacífica. Uno de sus principales promotores, Carlos de Greiff,
se halla por esa época en Suecia y su proyecto ha despertado algún interés en Alemania,
Prusia, Suecia y Noruega 57. Tras los proyectos rápidamente
olvidados de José María Plata, que propone en 1853 un sistema de reembolso de la deuda
externa por una rifa de tierras baldías, que en el espíritu del que lo concibió,
tendría que tener como consecuencia indirecta el hacer venir a los felices beneficiarios
a Colombia, para trabajar las tierras de las cuales se hubieran convertido en propietarios
58, el Secretario de Relaciones Exteriores del gobierno
Mallarino, Lino de Pombo, considera en 1856 que la facultad de asignar tierras no sólo a
los inmigrantes, sino sobre todo, bajo concesión, a empresas privadas, es una de las
pocas disposiciones de la ley de 1847 que debe conservarse 59.
Una empresa norteamericana pide más de 20 millones de hectáreas a título gratuito, a
cambio de la promesa de instalar 200.000 colonos extranjeros en el lapso de cinco años:
la propuesta, juzgada inaceptable, no le es transmitida al Congreso por el gobierno; una
agencia de inmigración parisina, aparentemente más razonable, pide 500.000 hectáreas
pero con la condición que el Estado colombiano financie el transporte de los colonos, lo
que es nuevamente rechazado 60.
Es finalmente una sociedad francesa, la
Compagnie Sainte-Rose,
la que firma en 1855, el primer gran contrato de concesión
de tierras por colonizar, al mismo tiempo que otro contrato previendo la venta de 30
millones de hectáreas de baldíos como pago de la deuda externa. Mientras el segundo
contrato es atacado fuertemente supone la enajenación de una gran parte del
territorio nacional 61, el que apunta a la
instalación de inmigrantes sobre una concesión de 640.000 hectáreas, firmado el 30 de
agosto de 1855 por Pombo y el representante legal de la compañía, John Stevenson
Bushnan, demuestra su perfecta inutilidad. En 1857, el mismo Pombo anunciará al Congreso:
"Hasta ahora no consta qué efectos haya producido el contrato de concesión de
640.000 hectáreas de tierras baldías para su colonización con estranjeros de raza
europea [...] No se ha pedido adjudicación alguna de tales tierras" 62.
Balance de la fiebre
inmigracionista de los años 1850
Al final de los años 1850, la
esterilidad de la fiebre inmigracionista de los diez años anteriores es un hecho. Leyes,
decretos, proyectos, contratos, circulares, debates, no tuvieron ninguna consecuencia
concreta: aparte de algunos casos aislados como el del alemán Geo von Lengerke,
quien se instaló en 1852 en Bucaramanga y hasta su muerte en 1882 desempeñó un papel
motor en la inmigración de algunas familias alemanas en Santander 63
los inmigrantes no respondieron por lo general al llamado de la Nueva Granada.
A pesar de la ausencia de consecuencias
positivas, algunas enseñanzas parecen nacer de la experiencia de esos años. En cuanto al
papel del Estado en el estímulo a la inmigración, en primer lugar, la ley de 1847
demostró la utopía de un proyecto que le atribuye un papel esencial en la financiación
y la organización de la inmigración. Independiente aún de toda consideración
ideológica, la persistente penuria de las finanzas públicas basta para descartar los
proyectos que le atribuyen al Estado un papel motor. Los detractores del voluntarismo
estatal de Ancízar, y en particular sus sucesores al cargo de secretario de Relaciones
Exteriores: los liberales Victoriano de Diego Paredes y José María Plata, los
conservadores Manuel María Mallarino y Lino de Pombo van, seguros de encontrar en el
sistema de concesión a empresas privadas de inmigración una solución infalible,
encarnarse contra el intervencionismo del Estado en este campo. Sin embargo, el credo del
recurso a empresas privadas de inmigración también va a desmoronarse rápidamente.
Especuladores ávidos de obtener concesiones con las cuales activar, para su provecho, la
cadena de intermediarios de la inmigración, sociedades formadas ad hoc, sin
capital ni personal, estafas frecuentes, hacen descubrir a los dirigentes colombianos, a
expensas de sus ilusiones, la verdadera cara del negocio de la inmigración.
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José María Plata propuso
un sistema de rifa de tierras baldías, con el fin de atraer inmigrantes (Colección Notabilidades
colombianas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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Así, al final de los años 1850,
el tema de la inmigración se halla aún, en cierto sentido, en un punto muerto, las
primeras ilusiones evaporadas, confirmadas las dificultades que se presentían ya en los
años 1830. Sin embargo, aún prevenidos por las desventuras de los años 1850, los
dirigentes colombianos no están dispuestos a abandonar tan rápido su ideal civilizador
de la inmigración europea.
DIFICULTADES
Y PERSISTENCIA DEL IDEAL INMIGRACIONISTA DURANTE LOS AÑOS 1860 Y 1870
Las desilusiones de los inmigrantes
Apartémonos un momento de las
decepciones de los hombres de Estado para interesarnos en las de los pocos inmigrantes
venidos a la Nueva Granada. Algunos testimonios trazan la historia azarosa, los escasos
éxitos y los frecuentes fracasos de esos colonos extranjeros. Uno de los más
sobresalientes es sin duda el que ofrece el geógrafo francés Elisée Reclus, en un texto
titulado originalmente "Un voyage a la Nouvelle Grenade, Paysages de la Nature
Tropicale"
y
publicado en la Revue des Deux Mondes en 1859-1860 64. Reclus abandona Francia en 1855 para lanzarse en un proyecto
de explotación agrícola en la región de Santa Marta; una vez en el sitio, se da cuenta
que no puede llevar a cabo su proyecto en las tierras bajas de los alrededores de la
ciudad. Por un lado, la planicie está ya dividida en cientos de pequeñas explotaciones,
las zonas fértiles de las vertientes de la Sierra Nevada ya han sido compradas por
capitalistas que todavía no las cultivan pero que quieren sacarles provecho
revendiéndolas a los colonos. Concluyendo que las zonas por colonizar están situadas
sobre las vertientes Este y Sur de la Sierra, arriba de Riohacha y Valledupar, emprende la
creación de una explotación en los altos valles habitados por los indios arhuacos.
Más allá del relato de su propia
experiencia, que concluirá finalmente en un fracaso, el texto de Reclus aporta
informaciones valiosas sobre las pocas empresas de inmigración puestas en marcha en la
región de Santa Marta. Varias decenas de familias italianas de origen genovés, que
vinieron a trabajar en la hacienda de uno de los principales propietarios de Santa Marta,
Joaquín de Mier, se consagraron finalmente a una floreciente empresa de colonización
agrícola alrededor del pueblo de la Fundación 65. Es,
inclusive, con un joven colono italiano que Reclus hace sus inicios en agricultura
tropical. Una vez llegado al Sureste de la Sierra, en la región de Valledupar, Reclus se
encuentra con otro colono, Dangond, de origen francés, quien después de haber sido
carpintero, albañil y comerciante de algodón, se lanzó en el cultivo del café y
sembró 100.000 matas de café sobre 80 hectáreas 66. La
empresa de Reclus no tendrá el mismo éxito. Acompañado del representante de la
comunidad francesa de Riohacha, un viejo carpintero-ebanista, llamado Jaime Chastaing, y
su hijo, se pone finalmente en marcha para ir a colonizar algunas tierras en la Sierra.
Llegados al pueblo arhuaco de San Antonio, a 2.000 metros de altura, los tres colonos
optan por una cincuentena de hectáreas al lado del pueblo. Reclus vuelve entonces a
Riohacha para los preparativos de su empresa, pero enfermo por las fiebres en las tierras
bajas, debe quedarse en el pueblo costero de Dibulla durante varios meses. Aún
convaleciente, parte de nuevo a la Sierra y el desmonte comienza. Pero su estado de salud
no mejora, su compañero, Chastaing, se desentusiasma, y deben finalmente renunciar.
Expresando la fuerza de sus ilusiones y la amplitud de su decepción 67, Reclus escribirá de regreso a Francia:
Había alcanzado, no sin pena, el
término de mi viaje, y podía creer que la tarea de la colonización había comenzado
seriamente. Mil vanas ilusiones, evocadas en parte por la fiebre, flotaban ante mi mente:
ya veía yo las pendientes de las montañas cubiertas de campos de café y de naranjales;
los arhuacos felices y libres fundaban comunidades florecientes. Se abrían escuelas para
los niños de los indígenas, algunas colonias de europeos desmontaban las selvas, algunos
caminos se abrían en todas direcciones, ¿qué se yo? Un servicio regular de barcos de
vapor atendía el puerto de Dibulla. Seguramente todas estas cosas se harán algún día,
pero desafortunadamente no estuve llamado a participar de nada de ésto, y todas mis
esperanzas personales debían miserablemente desvanecerse
68.
A pesar de las terribles dificultades de
su empresa y de su fracaso final, Elisée Reclus, escribiendo el relato años más tarde,
sigue siendo un ferviente partidario de la inmigración hacia el Nuevo Mundo 69, y en particular hacia la Sierra Nevada de Santa Marta: el
precio de las tierras es casi nulo sobre las vertientes que dominan Riohacha y Valledupar.
Hasta 40 hectáreas de tierras le son dadas en propiedad a cualquiera que se comprometa a
iniciar la explotación en un lapso de dos años. El clima permite el cultivo de plantas
medicinales (manzanilla, zarzaparrilla, ipecacuanha, achicoria) que cuestan en las
farmacias europeas de 2.000 a 4.000% más que en el lugar de producción; los pocos
ensayos de café en la zona mostraron un gran rendimiento; las desembocaduras marítimas
están próximas: "Nada le falta entonces a la Sierra Nevada, sino una gran
población: europeos, chinos y criollos" 70. Su vibrante
defensa para el poblamiento de la Nueva Granada no debía sin embargo ser oída.
1871: la iniciativa de Camacho
Roldán: entusiasmos y decepciones
En 1871, el poder liberal retoma el
camino de una política oficial de inmigración. La coyuntura modernizadora de los
presidentes Santos Gutiérrez (1868-1870) y Eustorgio Salgar (1870-1872) que ven
igualmente los inicios de la Universidad Nacional, los de los trabajos de la
Penitenciaría de Bogotá, la organización de un sistema de enseñanza primaria
obligatoria con la importación de una misión pedagógica prusiana, una coyuntura
económica favorable, la determinación del Estado federal de desempeñar un papel
preponderante en el estímulo a la inmigración 71 dibujan el
telón de fondo de esta renovación del ideal inmigracionista oficial.
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Santa Marta y
la Sierra Nevada fueron objeto de interés por parte de las autoridades para promocionar
su explotación con inmigrantes (Cascada cerca de Santa Marta, Edward W. Mark,
acuarela sobre papel, s.f.).
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La efervescencia creada por la ley
de 1871 será, sin embargo, una vez más, esencialmente de orden discursivo y normativo:
las realizaciones completas concluirán nuevamente en fracasos.
La ley del 9 de junio de 1871 "Sobre
protección de los inmigrantes extranjeros" 72, obra del
Secretario de Finanzas liberal Salvador Camacho Roldán, se distingue de la ley de 1847
por el acento puesto sobre la inmigración espontánea. La desconfianza en cuanto a los
proyectos de inmigración de masas se generalizó en efecto tras las experiencias de los
años 1850. Así, el objetivo del plan de Camacho Roldán, se limita a la voluntad de
crear un marco favorable, tanto jurídico como práctico, para las iniciativas
individuales de los inmigrantes. Por lo demás, el dispositivo imaginado por Camacho
recuerda en varios puntos el concebido un cuarto de siglo atrás por Ancízar. El gobierno
pide otra vez a los cónsules en el extranjero que se encarguen de establecer un
diagnóstico sobre el fracaso de la inmigración en el país y proponer soluciones para
remediarlo. Se les pide analizar la economía agrícola europea las relaciones entre
propietarios y cultivadores, los costos y los beneficios, la duración de los contratos,
las obligaciones del propietario, estudiar las características de la emigración
del país en el cual residen, los factores que la estimulan, los criterios que tienen en
cuenta los emigrantes (idioma, religión, instituciones políticas, climas, seguridad, en
el país de destino). Es decir, están encargados de informar al gobierno colombiano en
cuanto a los "alicientes o incentivos que ofrecen diversos países de América, Asia
y Australia, para atraer a los emigrantes" 73.
La ley prevé, por lo demás, la
creación, en los principales puertos de Colombia 74, de
juntas encargadas de ayudar a los europeos pobres deseosos de instalarse en el país. Su
papel consiste en informar a los inmigrantes a su llegada, conseguirles alojamiento,
asistirlos, aconsejarlos y hallarles un lugar de instalación en el interior del país.
Estas juntas tendrán también dentro de sus atribuciones asegurar, con la ayuda del
personal consular, la promoción de la inmigración en el extranjero 75 y de informar al gobierno sobre las dificultades que se
presenten. Paralelamente a las de las ciudades portuarias, otras juntas serán creadas en
las ciudades del interior, con el fin de asegurar la acogida de los inmigrantes que les
serán enviados desde los puertos de desembarco 76.
La ley de 1871 ofrece del inmigrante
anhelado una definición étnica más amplia que aquella imaginada por el legislador de
1847: agricultor, competente en materia agrícola (cultivo de cereales, frutas,
ganadería, irrigación, conservación de las carnes, uso de los abonos y de la maquinaria
agrícola), es idealmente europeo, pero la circular de Camacho Roldán señala que
inmigrantes "que hablan el idioma español y han vivido en los trópicos y sus
inmediaciones" serán bienvenidos. Los habitantes de las Antillas inglesas, francesas
y holandesas, los suramericanos, y sobre todo, los canarios y cubanos, presentan la
ventaja de una integración cultural y climática fácil. Los cubanos podrían hasta ser
el objeto, excepcionalmente, de una inmigración organizada. Dotados de 25 hectáreas de
tierras, estos inmigrantes se convertirán en propietarios. Para lograr atraerlos, se vota
un presupuesto de 20.000 pesos. De ellos 1.500 servirán para publicaciones publicitarias
en Europa, y el resto se repartirá entre los puertos nacionales, para el funcionamiento
de las juntas.
Por lo demás, el proyecto de Camacho
Roldán sí es la prueba misma de una concepción voluntarista del papel del Estado en la
promoción de la inmigración, revela una cierta modestia de las esperanzas
gubernamentales. La inmigración masiva, puesto aparte el caso ya mencionado de los
cubanos, le parece irreal pues supone grandes organizaciones sostenidas por capital
extranjero: "El objeto de la ley no es llamar, por medio de promesas más o menos
lisonjeras, a la inmigración europea: es simplemente crear algunos medios para recibirla
si espontáneamente quisiese dirigirse a nuestras playas" 77.
Con el fin de evitar excesos peligrosos, recomienda la mayor prudencia a los diplomáticos
y cónsules en su trabajo de promoción: "De ninguna manera deben hacerse
descripciones ilusorias o exageradas de nuestras ventajas" 78.
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Santos
Gutiérrez, 1871 (Colección de miniaturas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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A pesar de la relativa modestia de
sus esperanzas, Salvador Camacho Roldán emprende una nueva campaña internacional de
promoción. Retomando la idea de emparejar reembolso de la deuda externa e importación de
mano de obra extranjera, escribe a Carlos OLeary, vicecónsul de Inglaterra, para
proponerle el pago de la deuda con terrenos de los Llanos Orientales al empresario
americano Jonathan Waters, a quien invita a organizar la inmigración en tierras dadas por
el gobierno en esa misma región 79. Respondiendo a la
circular de Camacho, el cónsul de Colombia en Bélgica le señala que la inmigración
belga es insignificante, pero que sería posible emprender, con la condición de organizar
su llegada, la importación de mano de obra alemana 80.
En el país, las reacciones surgen
esencialmente de las ciudades de la costa Atlántica. Una vez firmado el decreto del 7 de
julio de 1871 81, nombrando en doce ciudades colombianas los
miembros de las juntas, comienza la prueba de los hechos. Puestas aparte las de Medellín 82 y Bogotá 83 que dan muestra de
actividad, son sobre todo las de Santa Marta 84 y Barranquilla
85 las que desempeñarán un papel activo en la promoción de
la inmigración.
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Eustorgio Salgar, al igual
que Santos Gutiérrez renovó el interés oficial por la inmigración, 1871 (Colección de
miniaturas, biblioteca Luis Ángel Arango).
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La junta de Barranquilla expresa su
deseo de atraer a los trabajadores canarios instalados en Venezuela, pero que desean
partir a causa de la guerra civil que ha estallado. Frente a estos proyectos, Camacho se
declara dispuesto para asignar una ayuda financiera 86. En
1872 se vota una ayuda financiera para la compañía de inmigración de Santa Marta 87. Paralelamente, los colombianos que poseen empresas
comerciales en Europa comienzan a interesarse por el negocio de la inmigración 88. Algunas familias originarias de Cuba se establecen en los
estados de Magdalena y de Bolívar, con el fin de cultivar el tabaco, la caña y el café.
El proyecto más ambicioso de
colonización lo propondrá un francés, Jean-Elie Gauguet, que en mayo de 1872 pedirá la
cesión de 2.500 hectáreas de baldíos del gobierno de La Unión, sobre la ribera del
río Santa Clara, en la región de la Sierra Nevada, a fin de establecer una colonia
francesa de unas 100 personas. Su objetivo: el cultivo del trigo y de la viña. El
gobierno aceptará la propuesta en 1873 89, y el Prefecto del
territorio de la Sierra Nevada i Motilones escribirá ese mismo año en su informe anual
al Secretario del Interior, palabras de esperanza en lo que concierne al proyecto de
colonización de Gauguet, estando ya anunciada la salida de éste de Francia 90. El Congreso vota una ayuda adicional a los inmigrantes
europeos de la Sierra Nevada 91. El fracaso no podrá
imputársele esta vez ni a la penuria de los dineros públicos, ni a la ausencia de
fiabilidad de los negociantes de la inmigración, sino a las dificultades ya evocadas por
Codazzi y Reclus de la empresa misma. La familia Gauguet, instalada en la Sierra Nevada,
se verá finalmente diezmada por las enfermedades. En su informe de 1878, el Prefecto del
territorio de la Nevada i Motilones evocará el "[...] cuadro tan desgarrador como el
que presentaba la familia Gauguet como colonos en el corregimiento de San Antonio, escasa
de recursos i muerta en su totalidad, viendo levantarse en el lugar escogido por ella para
cultivarlo, en vez de la dorada espiga, el triste espectáculo de un cementerio regado con
amargas lágrimas" 92. En Santander además, un inicio de
inmigración alemana, motivado entre otras cosas por la presencia de Geo von Lengerke, es
interrumpido abruptamente, en septiembre de 1879, por los motines de Bucaramanga,
suscitados por el asesinato de dos miembros de una sociedad democrática tras una victoria
electoral radical. Dos alemanes son asesinados. Más allá de las reparaciones exigidas
por Alemania, el conflicto de Bucaramanga conlleva la anulación de un proyecto de
inmigración de algunas familias alemanas y compromete por largo tiempo la llegada de
cualquier inmigración de este país 93.
Entre resignación e insistencia:
el debate sobre la inmigración en los años 1870
El decenio de 1870 se cierra, así, con
un nuevo fracaso. Si el consenso sobre su utilidad queda, a estas alturas, aún intacto,
las divergencias sobre las vías y medios para la inmigración se refuerzan. Decepcionados
por los repetidos fracasos, numerosos dirigentes comienzan a concluir que toda esperanza
de recibir inmigrantes extranjeros es una quimera; otros continúan buscando por el
estudio del éxito en Estados Unidos y, sobre todo, de otras repúblicas suramericanas, o
por la propuesta de nuevas poblaciones de emigrantes, menos cotizadas, pero también menos
exigentes los medios para hacer de Colombia un país de inmigración a pesar de
todo. La evolución del ideal de la inmigración que marcará los años de la
Regeneración se perfila ya.
Los modelos de la inmigración
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Jacobo Sánchez vio en los
asiáticos otro grupo interesante de inmigrantes (Colección Notabilidades colombianas,
Biblioteca Luis Ángel Arango).
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Los años 1879, que ven renacer la
fiebre inmigracionista, son años de una toma de conciencia del retraso acumulado para
Colombia en este campo. En 1847, el objetivo era captar, para el país, una parte del
flujo de emigrantes que se iban del Viejo Continente; en 1871, se trata de hallar
soluciones para recuperar el retraso que ya caracteriza a Colombia con respecto a otras
repúblicas hispanoamericanas, en particular con respecto a aquellas que han logrado su
política de inmigración, como Argentina y Uruguay. Desde el principio, el debate sobre
la inmigración estuvo marcado en Colombia por los modelos extranjeros de políticas de
inmigración. Los Estados Unidos se imponen desde el inicio como el modelo a seguir en
materia de inmigración; pero mientras que en 1847 Ancízar considera que Colombia tiene
oportunidades iguales a las de Estados Unidos, Guatemala, o Uruguay, en la carrera de la
inmigración 94, algunas voces pronto se alzan para denunciar
las ilusiones creadas por la asimilación apresurada establecida entre las ventajas
ofrecidas por Colombia y las ofrecidas por los Estados Unidos. Después de Murillo Toro 95, Codazzi invita a los dirigentes colombianos a tomar
conciencia de la diferencia, en este punto, entre los dos países:
Piensan muchos que puede venir a la
América del Sur un torrente de inmigrados con la misma facilidad que lo vemos dirijirse a
la del Norte; otros imajinan que bastaría dar a conocer las riquezas que el interior de
estas comarcas encierra para verlas pobladas de repente como ha sucedido en las
Californias, y generalmente se opina que es cosa fácil traer y situar en estos países
colonias numerosas de inmigrados útiles. La experiencia y la observación dicen lo
contrario...
96.
Los años 1870, en una afiebrada voluntad
de analizar el fracaso, verán multiplicarse las referencias a los modelos extranjeros. El
éxito de los países del sur del continente tiende a imponerlos como modelo esencial, en
reemplazo de los Estados Unidos. En 1875, un analista del problema tratará de probar que
el éxito de la inmigración a los Estados Unidos se debió esencialmente al hecho de que
mantuvo hasta tarde el régimen de la esclavitud. Así, aún si los partidarios del
realismo mencionan los fracasos de otros países como Venezuela o Costa Rica 97, la referencia a los países suramericanos en particular
los del Cono Sur que lograron atraer a los emigrantes europeos se generaliza 98.
En busca del inmigrante ideal
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José Francisco Bayón
estuvo interesado en promover la inmigración en los llanos orientales 1881 (Colección
Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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Otra inflexión, más notable aún,
aparece en el debate sobre el origen de los emigrantes que se busca importar. Algunos
proponen revisar, en el sentido de un realismo mayor, los estándares. Así, preconizan,
en vez de continuar soñando con la venida de agricultores de la Europa industrializada
que sepan manejar maquinaria moderna, el reclutamiento de pueblos menos cotizados sobre el
mercado de la mano de obra internacional y de la civilización. Los suizos, alemanes y
suecos que se buscaba importar en los años 1850 se ven progresivamente reemplazados, en
el imaginario de los promotores de la inmigración, por los italianos y los españoles;
sobre todo, la idea del recurso a una mano de obra no europea vuelve a agitar el debate
público.
La inmigración asiática
La inmigración asiática, en primer
lugar, había revelado, desde el inicio, su fuerte carga polémica en el debate nacional.
La propuesta de Ancízar de prever una inmigración de "indios coolies" había
sido rápidamente desechada y en 1856 Lino de Pombo concluirá, apresuradamente, en el
fracaso del plan de inmigración peruano, condenado como un proyecto contra-natura:
"[...] No se fuerza jamás impunemente la marcha peculiar i el encadenamiento lógico
de los hechos: ahí está para comprobarlo el ejemplo de plan frustrado de colonización
del gobierno del Perú en los valles altos del Amazonas" 99.
Un plan de inmigración chino sometido a Mosquera a principios de los años 1860, es
rechazado 100; su autor, considerando al contrario como un
éxito las políticas de inmigración del Perú y de Ecuador, lamentará diez años más
tarde el desperdicio de esta oportunidad. Durante los años 1870, algunos verán en efecto
en las poblaciones asiáticas una solución alternativa y más realista para la
colonización de tierras calientes, como el secretario de Relaciones Exteriores Jacobo
Sánchez, que en 1875 le explica al Congreso: "Las razas asiáticas que habitan en
climas más abrasadores que los de nuestros territorios son las adecuadas para
colonizarlos y establecer industrias análogas a las que sostiene la densa población que
mora en las riberas del Ganges" 101.
La inmigración africana
Segunda faceta de esas propuestas
alternativas: la inmigración africana. Ya en 1864, bogando sobre el Magdalena, el liberal
Felipe Pérez señaló a los africanos como una solución adoptada y realista para el
poblamiento de las planicies calientes del Bajo Magdalena: "[...] no es una
inmigración europea de que suele hablarse entre nosotros sin criterio alguno, sino una
inmigración africana, la cual, en cambio de las costas arenosas desiertas de su país,
tendrá acá un vergel por morada, y la libertad civil por regalo" 102. Después de la publicación de un estudio sobre las
probabilidades de una inmigración egipcia a Colombia 103, el
botánico José Francisco Bayón, preocupado por la colonización de los Llanos
Orientales, redacta en 1881 un estudio sobre este tema, que le dirige al presidente
Núñez 104. Bayón propone un estudio detallado sobre la
población que se debe escoger para habitar las planicies del Casanare y San Martín:
"ni los ingleses, ni los alemanes, podrían habituarse al clima; los franceses, a
pesar de la gloria de su país, son un pueblo decadente y corrupto totalmente incapaz de
emprender las duras tareas de la colonización agrícola 105.
Los italianos estarían más o menos adaptados si su raza no hubiera perdido
de su vigor lo mismo que la francesa" 106,
impidiéndoles resistir los rigores inevitables a los que se expondrían necesariamente
los primeros ocupantes de los Llanos. Ambientando su estudio de consideraciones
climáticas, higienistas y racialistas en el más puro estilo de la época, Bayón
concluye que los pueblos más adaptados para poblar los Llanos son los canarios y los
negros de Mozambique: habituados a un medio pantanoso, a la subalimentación, a
enfermedades similares a las que estarían expuestos en los Llanos Orientales, podrían
desmontar con éxito estas grandes zonas salvajes. Bayón lo recuerda en su propuesta:
"No son hombres de ciencia ni de empresas grandiosas los que se necesitan para una
inmigración: son los que puedan llevar el azadón entre esos bosques...107.
Los europeos: italianos y
españoles
El debate sobre el origen de los
inmigrantes que hay que hacer venir al país trata también sobre los pueblos europeos. El
ideal característico de los años 1850, de importar trabajadores agrícolas de Europa del
Norte, honestos, trabajadores, democráticos en sus costumbres, desvaneciéndose al
contacto con la realidad esta población siendo captada por países más
"competitivos" en materia de inmigración; la esperanza migratoria se
vuelca claramente, durante los años 1870, sobre los españoles peninsulares,
canarios o cubanos y los italianos.
Italia i España deberán ser por
consiguiente nuestros puntos privilegiados, por el momento para principiar a animar con
inmigración nuestra atrasada agricultura; más tarde vendrá la de las demás naciones;
hai que prepararles primero el banquete de recepción
108.
Para Camacho Roldán los canarios y los
cubanos son inmigrantes convenientes. En 1878, José María Quijano Wallis es nombrado
encargado de negocios en Italia, responsable de favorecer la inmigración italiana a
Colombia 109. Es más, en 1881, José Francisco Bayón
aconseja pensar en los italianos sólo como una segunda ola de inmigración a los Llanos
Orientales, una vez que el primer desmonte sea realizado por los canarios y los
mozambiques: "Una segunda inmigración después de ésta debe poner al Llano a la
altura de las naciones más civilizadas: los que se encuentran en estas condiciones son
los italianos" 110.
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José María
Quijano Wallis fue encargado de promover la inmigración italiana, 1878 (Colección
Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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El análisis de este repliegue, de
esta fijación por los pueblos de la Europa latina, que se volverá bastante consensual
durante el decenio 1880, revela la variedad de sus explicaciones. En primer lugar, la toma
de conciencia que Colombia, no ofreciendo comparativamente sino pobres promesas a los
inmigrantes, debe revisar, disminuyéndolas, sus expectativas. Abandonar el sueño de una
inmigración nórdica, para concentrarse en los pueblos de la Europa Meridional, menos
valorizados en la escala migratoria como en el imaginario de los dirigentes colombianos,
era indudablemente en la época una muestra de realismo. El argumento de carácter
cultural y sobre todo religioso esto es el catolicismo de españoles e
italianos aunque es un factor de preferencia para los dirigentes de los años 1880 y
1890, difícilmente puede aparecer como determinante para las elites liberales que tratan
de imponer en el país la enseñanza primaria obligatoria. En 1871, y durante los años
siguientes, el repliegue sobre los pueblos latinos se explica con mayor veracidad por el
éxito de las teorías racialistas, climáticas: los italianos, los españoles ofrecen una
mejor capacidad de adaptación, están acostumbrados al calor, inclusive, algunos de
ellos, a los medios pantanosos, el "vigor" de su "raza" es
satisfactorio, etc... De manera más general, parece que los progresos de la polémica
acerca de los caracteres respectivos de los latinos y anglosajones que agita en la época
al mundo occidental, lleva a convencer a las elites colombianas que, inevitablemente
latina, su patria debe contentarse humildemente de aspirar a atraer a los suyos sin soñar
con un poblamiento anglosajón inaccesible.
En contra de la inmigración a toda
costa
Si la preferencia, entonces expresada,
por los italianos y los españoles, se prolonga durante varios decenios, las propuestas
"alternativas" de inmigración extraeuropeas no recogerán finalmente ningún
éxito.
En primer lugar, antes mismo que la
suerte de la familia Gauguet pusiese un término trágico a la campaña de Camacho
Roldán, algunas voces cada vez más numerosas denuncian la esperanza de la inmigración
como una ilusión, por lo menos para los próximos decenios.
Si algunos, como el viejo general
Mosquera, siguen manejando la promesa ideal de la inmigración 111,
las expresiones de desconfianza se multiplican, y los analistas más lucidos en el tema
comienzan en efecto a formular la idea de que Colombia no será jamás un país de
inmigración. Ya en 1867, Miguel Samper predecía el fracaso de la inmigración en el
país: "[...] es vano intento dirigir nuestras miradas hacia el Viejo Mundo en busca
de auxiliares. La emigración europea impone condiciones que no podemos ofrecerle: climas
sanos, acceso fácil o barato y seguridad" 112.
Numerosos son aquellos que lo siguen en
su recomendación de dejar de perseguir la quimera de la inmigración 113, y los gobiernos liberales del decenio 1830 critican el
carácter utópico del plan de 1871. El nuevo Secretario de Finanzas, el radical Aquileo
Parra, ofrece un balance crítico de la acción de Camacho Roldán en 1874. La política
de inmigración es ilusoria, a causa del desfase entre lo que ofrece Colombia y lo que
ofrecen países como Argentina o los Estados Unidos; una colonización agrícola
organizada puede traer tal vez sus frutos, pero es importante no consagrarle tantos
esfuerzos, de tiempo y de dinero 114, y el Secretario del
Interior reincide en 1875, proponiendo un diagnóstico realista sobre las razones por las
cuales las disposiciones legales tendiendo a favorecer la inmigración resultaron
ineficaces: las regiones por colonizar poseen clima ardiente, la colonización de la
Sierra Nevada se ve amenazada por eventuales ataques de los indígenas que allí habitan 115.
Por otro lado, las propuestas que apuntan
a hacer venir poblaciones asiáticas o africanas están lejos de entusiasmar a los
defensores de la unidad católica de la nación colombiana. En la búsqueda desenfrenada
de la inmigración, uno de los objetivos originales, el de "blanquear" a la
población, ha sido olvidado por algunos. Pero no por todos, sin embargo, y menos aún por
los nuevos dirigentes de la Regeneración: el principal vestigio de la efervescencia de
los años 1870 será la concentración sobre una inmigración italiana y española,
coherente con la voluntad de reinstaurar un orden católico en Colombia. Una vez más el
ideal de inmigración demostrará su fuerte carga ideológica.
LA
REGENERACIÓN: EL SUEÑO DE UNA INMIGRACIÓN RESTRINGIDA,
FACTOR DE ORDEN SOCIAL (1880-1889)
Del miedo de la inmigración a la
inmigración restringida
A partir del giro político de 1880,
marcado por la llegada al poder de Rafael Núñez, el tono cambia bruscamente en el debate
de la inmigración. El consenso reinante desde 1823 en cuanto a los beneficios de un
aporte europeo en la población, se rompe durante el decenio de 1880. En lugar de una
calamidad, el fracaso de la inmigración europea, hasta ese momento deplorado con
frecuencia, comienza a aparecer como una bendición.
La recesión que, causada por la caída
de las exportaciones de tabaco debido a la competencia Indonesia, se confirma al final de
los años 1870, contribuye a frenar el entusiasmo inmigracionista. Una llegada hipotética
de inmigrantes en este contexto de recesión podría traer graves consecuencias. En
realidad, es sobre todo el espectro de una subversión social introducida por los
inmigrantes, despertada por el ejemplo del Río de la Plata y de Brasil, lo que inquieta a
los dirigentes políticos de la época. El hecho de que estos países, a lo largo de los
años 1870, hayan pasado a un primer rango en los modelos de la inmigración, tiene en
efecto como consecuencia el engendrar un miedo creciente de los problemas sociales que
puede generar una fuerte densidad de inmigrantes. En misión diplomática en Montevideo en
1884, José María Samper anota que la inmigración es un fenómeno natural, deseado por
Dios, pero que engendra una seria amenaza social:
Pero también contienen las
inmigraciones extranjeras, en los pueblos nuevos, como los americanos, un gran peligro: el
de comprometer la unidad nacional del pueblo que las recibe. [...] Si no se adoptan
correctivos eficaces, un pueblo joven puede perder, dominado por las ondas de los
inmigrantes extranjeros, lo más noble i lo más intimo de su ser colectivo: su espíritu
nacional y su lengua
116.
Esta concepción defensiva con respecto a
una inmigración inexistente se difunde con rapidez en la ideología gubernamental. En su
último discurso presidencial, en 1888, Rafael Núñez, sensibiliza al Congreso en cuanto
a los peligros de la inmigración:
La inmigración en larga escala debe,
por consiguiente, ser precursora de la multiplicación de los rieles, y sólo Dios sabe
como lo hacen temer ejemplos contemporáneos si el problema de la inmigración
no guarda en su seno amenazadoras incógnitas, que parecen ser causa de relativo consuelo
de su retardo, mientras logramos fortificar elementos propios suficientes para la defensa
de nuestra nacionalidad
117.
Durante los años 1890, los ideales, a
veces ingenuos, de progreso material que caracterizaron los decenios anteriores son
sacrificados en aras del orden social. Carlos Holguín, también en su último discurso
presidencial ante el Congreso, en 1892, dará la más límpida expresión:
Nuestra gran necesidad aquí es la
paz, para que a su sombra se vayan desarrollando paulatinamente, pero de modo estable, los
gérmenes de nuestras diversas industrias. Y ésto sin gravar a las generaciones venideras
con el pago de empréstitos, y sin poner en peligro nuestros derechos señoriales con
grandes masas de inmigrantes
118.
La preferencia hispánica
Aunque generales en su formulación,
estas apreciaciones reflejan más una voluntad de ver la inmigración definida de una
manera restrictiva que su rechazo absoluto: la literatura antiinmigracionista de la época
denuncia antes que nada el riesgo de importar chinos que no se integrarán y proletarios
europeos peligrosos para el orden social. Una preferencia hispánica empieza a dibujarse.
Ambigüedades alrededor de la
inmigración china
La polémica sobre la importación de
mano de obra china lanzada por la ley de 1847, revive en los años 1880, reanimada por el
reclutamiento masivo de trabajadores chinos para los trabajos de excavación del canal de
Panamá 119. Un sentimiento creciente del peligro amarillo
invade a los colombianos, por razones que sobrepasan de lejos la intolerancia religiosa.
Así, Medardo Rivas, gran defensor del laicismo liberal, evoca tras su paso por Colón, a
finales de los años 1870, el peligro que representa la inmigración asiática 120.
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Miguel Samper no creyó que
la inmigración europea fuera posible, 1867 (Fotografía de Ernesto Monsalve).
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Ese miedo de la invasión, sumado a
la convicción de que los asiáticos son unos bárbaros que nunca se integrarán, ajenos a
toda idea de progreso 121, y a las objeciones tanto
económicas como éticas, suscitadas por el hecho que la inmigración china organizada
corresponde a un estado de semiesclavitud, contribuye al voto rápido de una ley
restringiendo la entrada de trabajadores chinos. Así una ley votada en 1887 estipula:
"Prohíbese la importación de chinos para cualesquiera trabajos en el territorio
colombiano, sin perjuicio de lo que se haya estipulado con determinadas compañías antes
de la expedición de la presente ley" 122. En otros
términos, la ley, que muestra alguna permisividad sobre el capítulo de las compañías
extranjeras instaladas en Panamá, prohibe la inmigración china sobre todo el territorio
nacional. Ya en 1892, miembros eminentes del gobierno pedirán en todos los casos por la
abolición de un artículo prohibiendo la introducción de trabajadores chinos, por el
hecho que resisten bien los climas calientes y que son "sufridos y laboriosos" 123.
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Medardo Rivas no era
partidario de la inmigración asiática (Colección Notabilidades colombianas, Biblioteca
Luis Ángel Arango).
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A pesar del carácter ilusorio de
la restricción introducida por la ley de 1887, los detractores de la inmigración china
se sienten tranquilizados. En 1900, el periódico El Conservador publica un artículo
titulado "La raza amarilla" que explica que la guerra en China tendrá como
consecuencias aumentar la emigración desde ese país: "La mayor parte de los países
de la América Latina tienen de antemano cerradas sus puertas, con dobles cerrojos, para
la raza indicada, siendo Colombia una de las primeras que expidió, en ley expresa, la
prohibición de aceptarlos" 124.
Subversión europea e inmigración
italiana
Más allá del rechazo de una
importación de trabajadores chinos alegada desde el principio, el sentimiento
antiinmigracionista se expresa también en los dos últimos decenios del siglo, contra los
proletarios europeos cuya venida comienza a aparecer como una amenaza cada vez más seria
al orden establecido. El miedo a la subversión constituye en efecto, en la Colombia de
los años 1880 y 1890, un componente esencial de la percepción de Europa y la posibilidad
de verla difundirse en el país por la vía de los inmigrantes europeos asusta. El ejemplo
argentino desempeña evidentemente un papel esencial en el vuelco de la representación de
la inmigración europea, de factor de "civilización" a vector de
"subversión" política y social.
Los italianos cristalizarán, en la mente
de los detractores de la inmigración, los riesgos de la subversión europea. En esto, la
preferencia por una inmigración "latina", esbozada durante los años 1870, se
restringirá aún, hacia fin de siglo, sólo a los españoles. Así, en 1892, el semanario
Colombia Cristiana, pilar católico del régimen, se pronuncia contra la importación de
chinos, japoneses y anglosajones. Tres países, latinos y católicos ofrecen más
garantías: Francia, España e Italia. Los italianos deben, sin embargo, ser escogidos con
prudencia. La apreciación de la inmigración italiana, de reservada, rápidamente va a
convertirse en francamente hostil.
En agosto de 1892, la comisión
parlamentaria encargada de estudiar el proyecto, propuesto al gobierno por Carlo
Vedovelli, de introducción de 8.000 inmigrantes italianos a la Sierra Nevada, da una
conclusión favorable pero mitigada. Partidarios fervientes de la inmigración, los
diputados conservadores Pedro Nel Ospina y Andrés Obregón no se muestran entusiasmados
en cuanto al origen italiano de los candidatos:
No deja de ser deplorable que el
contrato no haya tenido por objeto la traída al país de emigrantes de alguna otra
nacionalidad más asimilable a nuestra raza y de mejores condiciones para el fin especial
a que aquella se destine. Lo ocurrido recientemente en la Argentina, donde entre el
elemento extranjero prevalece el italiano, y el concepto predominante respecto a éste en
nuestro país nos evitan entrar en largas demostraciones. Ni estará demás recordar que
no es Italia de los países europeos en que esté más adelantada la agricultura
125.
Una expresión de ese "concepto
predominante" en el país, a propósito de Italia, puede hallarse de nuevo en un
artículo de Colombia Cristiana de diciembre del mismo año, que ataca directamente el
proyecto de inmigración italiana a la Sierra Nevada 126:
Ocho mil Cerrutis diz que serán
traídos a poblar la Sierra Nevada de Santa Marta. Si un Cerruti nos ha bastado para
darnos la carga que nos ha dado
127
, ¿qué haremos con ocho mil?
Valía más que nos trajesen culebras o alacranes. En la Argentina, ya no saben que camino
tomar con los italianísimos. Pero nosotros siempre seremos tontos e inexpertos.
Mientras que el ideal de una inmigración
nórdica, que parecía definitivamente enterrado, renace de repente 128, la preferencia hispánica se reafirma con fuerza. Como lo
escribe el editorialista de Colombia Cristiana: "En favor de España militan no sólo
la unidad de religión y de lengua, sino también la semejanza de costumbres" 129.
Renovación del voluntarismo
oficial y nuevos fracasos
Para atraer a esa población española,
el gobierno se compromete de nuevo en una política voluntarista de inmigración. Así, la
época de la Regeneración se caracteriza más por el retorno a un papel voluntarista del
Estado, para la importación de europeos señalados como deseables por el gobierno, que
por su política de restricción migratoria, en suma bastante limitada. Por otro lado, el
miedo de una subversión por parte de la inmigración tiende a reducirse una vez que
algún consenso se establezca en los medios políticos de la Regeneración, alrededor de
una preferencia por la inmigración española, que no excluye, con el riesgo de suscitar
la polémica, una extensión a inmigrantes menos "deseados", como se volvieron
los italianos.
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Ignacio Gutiérrez
Ponce creía en la inmigración como parte del desarrollo del país (Colección
Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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Así, las elites conservadoras que
retornan al poder durante los años 1880 esconden numerosos defensores del ideal
inmigracionista. En 1884, el médico Ignacio Gutiérrez Ponce, hijo del dirigente
conservador Gutiérrez Vergara, que trabaja en París realizando una geografía médica de
Colombia, hace llegar al ministerio de Instrucción Pública un informe en el que explica
que el conocimiento del grado de salubridad de cada región del país es una condición
previa para la organización de una inmigración europea. Para ello, preconiza crear, ante
la oficina de Estadística Nacional una estructura especializada en el estudio de las
condiciones sanitarias en el país 130. Cuatro años más
tarde, respondiendo a un periódico hispano de París en el cual se habla de dictar
medidas para limitar la emigración española, Gutiérrez publica una apología de la
emigración bajo el título evocador: "La tierra de promisión". Gutiérrez,
según una argumentación ya clásica, sostiene que la emigración, reduciendo la presión
demográfica, salvará a Europa de la miseria, del socialismo y del conflicto
internacional; dándole brazos a América, le ayudará a desarrollarse. Es entonces no
sólo absurdo, sino imposible tratar de frenar esa corriente de miles de pobres europeos
irresistiblemente atraídos por una vida mejor; la descripción que ofrece de las
condiciones de vida de los europeos que han emigrado hacia América del Sur es claramente
idílica 131. En el mismo orden de ideas, en 1890, el
ministro de Economía 132 sostendrá ante el Congreso que por
el hecho mismo que "[...] a nuestro país no pueden entrar más inmigrantes que
aquellos que pague el gobierno, con raras excepciones, todo temor de que nos exponemos a
una inundación repentina de gentes extrañas es infundado" 133.
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Nicolás Tanco Armero en la
China, ca. 1859. Periodista conservador, exiliado en Cuba en 1851, donde fue encargado de
organizar la inmigración de mano de obra china para trabajar en las plantaciones de
caña (Colección de Elvira Cuervo de Jaramillo, fotografía de Juan Camilo
Segura, Bogotá).
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La fiebre inmigracionista invade
nuevamente los círculos dirigentes al final de los años 1880. Esta vez, los
conservadores en el poder revelan ser fuertes partidarios del voluntarismo migratorio. El
ministro de Fomento, en su mensaje al Congreso en 1890, pide una nueva intervención del
legislador sobre el tema. Evocando la necesidad de la inmigración en una retórica
entusiasta y bien conocida 134 pide por la financiación, por
parte del Estado, de los gastos de los inmigrantes John Stuart Mill lo recomienda en
los "Principios de economía política" y, en un momento de gran euforia,
habla del objetivo de 10.000 europeos entrando cada año al país como una cifra
modesta... Poco después, el general Leonardo Canal, senador conservador por Santander,
propone un proyecto de ley que permita asegurar la aplicación de las disposiciones
contenidas en las leyes de 1847 y 1871, que no han sido derogadas, que prevé la donación
de ganado a los colonos que hayan demostrado todas las cualidades requeridas después de
un año de residencia; que libera 100.000 pesos de presupuesto anual para favorecer la
inmigración 135. Otro proyecto es depositado por el diputado
Aurelio Nieto, que prevé una ayuda de 200.000 pesos para traer 5.000 trabajadores
agrícolas, con contratos de cinco años 136. Es, finalmente,
en 1892, que la nueva ley, deseada por el ministro de Fomento 137,
es votada. La ley 117 de 1892 prevé la introducción, por los cuidados del Poder
Ejecutivo, de trabajadores adaptados a los cultivos del café, la caña y otras
actividades agrícolas e industriales. Una junta gubernamental, compuesta por el ministro
de Fomento y cuatro especialistas de la agricultura en zona ecuatorial, está encargada de
firmar los contratos de concesión con las empresas de inmigración. El presupuesto de la
junta será de 150.000 pesos anuales.
Paralelamente a esta efervescencia
normativa, las acciones de promoción de la inmigración, dirigidas por el gobierno, se
multiplican. Ya en 1880, Núñez anuncia en su mensaje presidencial la activación en
España de una campaña de promoción de la inmigración hacia Colombia 138. Al año siguiente, 1889, un oficial superior de la marina
española, Arturo Llopes, escribe a Núñez en respuesta a la solicitud del gobierno
colombiano, que desviar hacia Colombia una parte de los emigrantes españoles que parten
generalmente hacia Argentina, Chile o Brasil, exige algunas mejoras, en especial la
apertura de una vía marítima entre los dos países:
Ahora bien, la república de la cual
es V.E. su digno presidente es poco conocida en España, en lo que se refiere a su riqueza
y a su brillante porvenir por la situación topográfica que ocupa y creo no sería
difícil sino muy hacedero el desviar una parte de aquella emigración hacia ese país,
que en lejanos tiempos tendrá que ser la vanguardia de la América Latina y su más firme
apoyo contra una raza pujante y emprendedora
139.
Sin embargo, una vez más, las grandes
promesas desembocarán en la nada. Ni el plan de inmigración italiana, ni la propuesta
apuntando a instalar judíos de Rusia en los Llanos 140, ni
los esfuerzos hechos para importar agricultores españoles 141
darán sus frutos. La guerra de los Mil Días que correrá el telón del siglo XIX
alejará aún por largo tiempo el sueño de una Colombia transformada por la inmigración
europea.
CONCLUSIÓN
El estudio de la difícil creación de
una política de inmigración en Colombia, a lo largo del siglo XIX, si bien revela un
fracaso indiscutible, habla también sobre un sorprendente consenso. Todas las tendencias
políticas se suscriben: los grupos en el poder con Mosquera en los años 1840, liberales
o conservadores, pero unidos por una ideología modernizadora del Estado; durante los
años 1850, los liberales reformadores de la presidencia López, luego los conservadores
que dirigen el país con Ospina; los gobiernos liberales de los años 1870; los dirigentes
de la Regeneración.
Antes de ser un ideal partidario, la
inmigración aparece así, ante todo, como un ideal eminentemente estatal; de manera más
precisa: restringido esencialmente al poder central. A pesar de las muestras de interés y
de entusiasmo observadas a veces en la administración de algunos Estados durante el
período federal, en algunos departamentos después de 1886, y en algunos
territorios, en particular el de la Sierra Nevada, es desde el Estado central, desde
Bogotá, que los promotores de la inmigración elaboran sus planes y tratan de ponerlos en
práctica.
Frente a una marcada indiferencia por
parte de la mayoría de los empresarios y propietarios colombianos, frente a una inercia
generalizada por parte de los representantes del Estado o de los estados en todo el país,
los funcionarios del Estado central, en el momento en que tratan de poner en práctica una
política voluntarista de promoción de la inmigración se hallan aislados y sin apoyos
internos. Su insistencia para que los esfuerzos que el Estado no puede asumir
integralmente los emprendan las administraciones de los estados, o de los departamentos,
los notables locales, los terratenientes, la sociedad civil en general, desemboca en la
nada.
La inmigración se presenta entonces como
el campo por excelencia en donde los proyectos surgen "de arriba"; la ausencia
de una dinámica nacional real en favor de la inmigración, fuera de los planes ambiciosos
e irrealizables forjados por los secretarios de Estado y los ministros y de la energía de
algunos entusiastas esparcidos por el país, contribuye también a explicar el fracaso de
la inmigración en la Colombia del siglo XIX.
Esa sobreproducción normativa que se
observa tan fácilmente el número, elevado, de leyes y de decretos en lo que
concierne a la inmigración ofrece un fuerte contraste con el pobre número de inmigrantes
llegados al país, expresa, evidentemente, la impotencia del Estado para iniciar el
proceso de manera eficaz. Tratando de atribuirle el fracaso a leyes mal concebidas más
que a una ausencia de una dinámica interna sumada a las desventajas evidentes del país
(actividad y crecimiento económico precarios, dificultades climáticas, ambiente de
inseguridad debido a demasiadas guerras civiles), los analistas del tema multiplican sus
propuestas; en vano.
Ya confrontado al difícil problema de
tener muy poco que ofrecerles a los inmigrantes potenciales, el Estado colombiano se
esfuerza además, de vez en cuando, por inspirarle a los actores de la vida política y
económica un interés artificial por una mano de obra europea que nadie necesita
realmente. Que esas tentativas concluyan en fracaso, no tiene en definitiva nada
sorprendente.
El hecho, tan característico, de que
esos proyectos provengan sistemáticamente del Estado central, revela la carga ideológica
del ideal inmigracionista durante el siglo XIX colombiano. Que todas las tendencias
políticas que se suceden en el poder traten de poner en práctica su propio plan podría
hacer pensar lo contrario: es que existe sobre este punto un fuerte consenso estatal.
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Leonardo
Canal propuso incentivos para los colonos que pasaran un año de estadía en estas tierras
Colección Notabilidades colombianas, Biblioteca Luis Ángel Arango).
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La mística inmigracionista, a
pesar de las advertencias de los años 1880, se da como un denominador común de todos los
proyectos del siglo XIX. Las modalidades propias de cada uno de los planes de inmigración
reflejan sin embargo las divergencias ideológicas de los gobiernos sucesivos.
El proyecto de Ancízar refleja
esencialmente la búsqueda del progreso material, de conformidad con el ideal liberal
clásico del medio siglo. Pensar en el recurso de una inmigración asiática entonces más
cercana a la esclavitud que a otra cosa es fácilmente justificable por la imperiosa
necesidad del progreso. Algunos años más tarde, los exponentes radicales del sueño
inmigracionista subrayarán en que la inmigración europea en Colombia, además de
responder al noble ideal de ofrecer una vida mejor a los proletarios europeos, puede ser
un factor de difusión de la cultura democrática en el país. Luego los dirigentes
regeneradores, preocupados por descartar a los inmigrantes subversivos y a los pueblos
indeseables, ven en una inmigración cuidadosamente seleccionada un factor de refuerzo del
orden nacional católico que quieren instaurar.
Así, cada uno de los grupos que se
suceden en el poder considera la inmigración como un instrumento útil para imprimirle a
la sociedad colombiana la marca, la orientación que desea darle. Factor de
democratización para los liberales, la inmigración se transforma, restringida a su
componente español, en un instrumento de catolicización en la mente de los dirigentes de
la Regeneración. El discurso sobre los peligros de la inmigración que aparece a
principios de los años 1880 no debe engañar: no constituye sino una de las
justificaciones de la restricción del ideal inmigracionista a extranjeros que parecen no
presentar ningún riesgo de subversión los liberales siendo acusados de ser
bastante irresponsables para importar europeos subversivos capaces de destruir el orden
social colombiano y no revela en ningún caso una voluntad de interrumpir el papel
de impulsor de la inmigración reconocido al Estado. Al contrario, los años 1890 verán
la empresa de promoción estatal de la inmigración más ambiciosa jamás emprendida en
Colombia en el siglo XIX. El refuerzo del Estado central a partir de la Constitución de
1886 tiene en efecto, entre otras consecuencias, la de aumentar de manera considerable los
medios puestos a disposición de la causa de la inmigración.
El hecho que, a pesar de la insistencia
de todos los grupos dirigentes para favorecerla, el sueño de la inmigración cierre el
siglo XIX en un fracaso, contribuirá finalmente a enterrar el sueño de una
europeización de la población colombiana. La lenta disipación de la quimera
inmigracionista llevará, progresivamente, a los ideólogos de la nación
conservadores o liberales a convencerse de aceptar a una Colombia tal como es,
y no como la habían soñado.
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Antioquia, 1978.
Notas
* Una versión inicial de
este texto está en proceso de publicación en el Bulletin de lInstitut Français
dEtudes Andines Casilla 18-1217, Lima 18 bajo el título
"Lidéal de limmigration dans la Colombie du XIXe siècle: entre
lEurope civilisatrice et lEurope subversive".
1 Manuel Murillo Toro,
1847, pág. 3.
2 Los términos
"política de inmigración" pueden parecer doblemente excesivos en este
contexto: por el hecho que no hay, durante el período estudiado, flujos de inmigración
hacia Colombia; por el hecho también que los medios del Estado colombiano son muy
precarios para justificar el recurso al término "política". Sin embargo, a
pesar de los fracasos y la ausencia de finanzas, la actividad normativa alrededor de una
inmigración esperada es tal, y revela una gran voluntad estatal de intervenir para
favorecerla, que nos parece justificado utilizarla.
3 Utilizaremos en este
texto los términos "colonizar" y "colonización" en el sentido en el
cual aparecen, hasta hoy, utilizados en Colombia, es decir: la colonización interior
(desmonte, cultivo, apertura de vías, fundación de pueblos y creación de propiedades
privadas).
4 Durante el período
federal (1863-1886) el Estado central, reconociendo la competencia de los estados en este
campo, desempeña en realidad un papel de promoción esencial, ambigüedad expresada desde
el principio por el presidente conservador Mariano Ospina en 1858: "La colonización
de los territorios desiertos que conviene ocupar, debe ser negocio de la competencia de
los Estados [...] i convendría imponerles el deber de poblar algunos de los puntos más
importantes en las respectivas fronteras. Estas nuevas poblaciones deberían colocarse lo
más cerca posible de las entrañas, para obtener de ellas, por medio del comercio, los
primeros recursos que para subsistir necesitarían, i que no sería fácil procurarles de
las lejanas poblaciones de la República". Pres. 1858, pág. 5.
5 Tomás Carrasquilla,
1906, pág. 6.
6 Ley 13 del 11 de junio
de 1823.
7 La fanegada es una
unidad de medida de la tierra, superior al acre pero inferior a la hectárea (6.400 m2).
8 D. Bushnell, 1966,
pág. 169.
9
Ibíd., págs.
170-172.
10 Cf. Tomás
Carrasquilla, 1906, pág. 8.
11 Ley y decreto del 11
de abril de 1843 "sobre naturalización de extranjeros", Colección de
documentos sobre inmigración de extranjeros, reimpresos de la Gaceta de la Nueva Granada,
Número 611, del 13 de septiembre de 1847,
1847, Bogotá,
J. A. Cualla,
págs. 35-38 [Desde entonces citada como: Colección...,
1847].
12 "Entre los
negociados que el decreto ejecutivo de 28 de setiembre último atribuyó a la secretaría
de Relaciones Exteriores, la inmigración es ciertamente el más importante, siendo, como
es evidente, que las grandes sociedades son las que presentan más fuerza, i en las
cuales se desarrolla mejor la industria y la civilización". Rel. 1844: 13.
13 Los territorios son
divisiones administrativas que corresponden a las regiones pobladas principalmente de
indígenas, y que todavía no suben al rango de Provincia (antes de 1858), de Estado
(entre 1858 y 1886), o de departamento (después de 1886).
14 "[...] debemos
ver en la potencia de la prensa periódica, que tan irresistible influencia ejerce hoi
día en la opinión pública y en el Consejo de los Gobiernos del mundo civilizado, un
precioso recurso de que también podemos echar mano para llamar la atención de los
filántropos i de los estadistas europeos, hacia la prodigalidad de ventajas que la Nueva
Granada ofrece a los hombres laboriosos i honrados que en Europa carecen de pan i de
porvenir venturoso". Carta de Manuel Ancízar a Manuel María Mosquera, 2 de
septiembre de 1847, Colección.., 1847: 33.
15
Ibíd.: 28-29.
16 Circular del 10 de
septiembre de 1847, ibíd.: 17.
17 "Por desgracia,
hai personas influyentes en los pueblos pequeños, que disponen arbitrariamente de las
tierras baldías, i que procurarán entorpecer el establecimiento de nuevos colonos,
suponiéndose dueños de tales tierras, i entablando demandas para despojar de ellas a los
inmigrados; i conviene que dichas personas sepan desde luego, que por regla jeneral, sus
temerarias pretensiones serán contradichas con vigor por el ministerio público", ibíd.:
19.
18 Carta del 26 de
noviembre de 1847 a Ancízar, citada por L. J. Helguera, 1958: 519.
19 Carta del 8 de
noviembre de 1847 a Ancízar, ibíd.: 519.
20 Rel. 1851: 9.
21 Cf. L. J. Helguera,
1958: 520.
22 Rel. 1851: 9.
23 Rel. 1856: 25.
24 Cf. sobre este punto,
M. J. Gonzales, 1989, págs. 385-424.
25 Ley del 2 de junio de
1847, Colección..., 1847: 2.
26 Rel. 1856: 25.
27 Carta de Manuel
Ancízar a Manuel María Mosquera, 2 de septiembre de 1847, Colección..., 1847:
31.
28 José Hilario López,
1969.
29 Circular del 30 de
agosto de 1850 a los cónsules y vicecónsules, Rel. 1851, Doc.: 48.
30 "Algunas
personas con quienes hablé de esto me indicaron que no sería difícil organizar colonias
de emigrados entre esa clase de gente, mas yo les contesté que no quería ni abrigar
semejante idea, pues no era tan indolente que me atreviera a llevar a mi país una semilla
tan perniciosa". José Hilario López, 1969, pág. 409.
31
"Inmigración", El Pasatiempo,
Bogotá, No. 18, 13 de diciembre de 1851,
citado por M. T. Uribe, y J. M. Álvarez, 1987: 266.
32 Circular del 10 de
septiembre de 1847, Colección..., 1847: 16.
33 Carta de Manuel
Ancízar a Manuel María Mosquera, 2 de septiembre de 1847, ibíd.: 29.
34 "En la Nueva
Granada se notan todas las condiciones de los países que necesitan más el poderoso
fomento de la inmigración: extenso territorio, población poco numerosa, eterojeneidad de
razas, languidez industrial, escasa i difícil comunicación. Necesitamos por tanto,
civilizar y poblar nuestros baldíos, aumentar la raza blanca, dar aliento al trabajo i a
las artes, desarrollar los fecundos gérmenes de riqueza que encierra nuestro vasto suelo,
impulsar las mejoras materiales i nuestros progresos morales, en fin, multiplicar los
recursos y aumentar los elementos de fuerza y de poder en nuestra naciente sociedad".
Rel. 1849: 10.
35 "La República
necesita de la inmigración como un cuerpo de grandes proporciones necesita de sangre en
abundancia". Informe del gobernador de Medellín José María F. Lince, 1852:
45.
36 "Sin embargo es
indisputable la necesidad de traer brazos robustos a estos países cuyo territorio se
halla en su mayor parte yermo i solitario", Agustín Codazzi, 1850, pág. 692.
37 "[...] es
incuestionable que una copiosa inmigración de estranjeros sería el medio más eficaz de
dar impulso acelerado a la industria, giro favorable a la marcha política, i estabilidad
a la causa del orden social en esta República". Rel. 1851: 48.
38 Manuel Murillo Toro,
1847, pág. 1.
39 "Los
extraordinarios progresos que ha hecho en medio siglo la América republicana se deben no
sólo a las instituciones, sino también a las inmigraciones, las ventajas del suelo, la
novedad del país y el concurso que la Europa proletaria y oprimida le ofrecía,
solicitando con avidez el Nuevo Mundo". José María Samper, 1862: t. 2, pág. 395.
40 José María Samper
[1861], págs. 79-80.
41 Carta de Manuel
Ancízar a Manuel María Mosquera, 2 de septiembre de 1847, Colección..., 1847:
30.
42 Lavollée, Charles,
1852: págs. 92-129.
43 Cf. M. T. Uribe, y J.
M. Álvarez, 1987, pág. 265.
44 "Rara vez sale
de Europa un buque para los puertos granadinos, i solo por casualidad una persona pobre
podrá encontrar pasaje para estos". Manuel Murillo Toro, 1847, pág. 2. En cuanto al
problema de los transportes interiores: "Concluyamos pues, que no hai camino, i que
no lo habrá mientras la industria nacional no pueda alimentar un gran comercio de
exportación. Pensar en la inmigración sin el camino, i en el camino sin la industria
propia, es invertir el orden con que han de encadenarse los hechos, i es hacer castillos
en el aire", ibíd., pág.
3.
45 "Con este fin se
esfuerza [el gobierno] de continuo en dirigir el espíritu de empresa hacia la apertura,
conservación i mejora de los caminos y de la navegación interior..." Circular a los
cónsules y vicecónsules, Rel. 1851, Doc.: 46.
46 Carta de Manuel
Ancízar a Manuel María Mosquera, 2 de septiembre de 1847, Colección..., 1847:
32.
47 Agustín Codazzi,
1850, pág. 694.
48 Manuel Murillo Toro,
1847, pág. 2.
49 "[...] no hai
empresas en las cuales pueda darse ocupación a los inmigrantes, i no hay empresas no
sólo porque hai ignorancia en los procedimientos industriales, sino porque no hai
capitales", ibíd., pág. 3.
50 "Se cree que
estos con una hacha i una azada, irán a lanzarse en medio de nuestros baldíos para
cultivarlos? Esto no es probable, ni posible para gentes que van a encontrarse en extraño
clima", ibíd., pág. 3.
51 "Cualesquiera
gastos, cualesquiera esfuerzos que para conseguir estos fines hiciese el Gobierno,
quedarían ampliamente remunerados con los frutos que se obtendrían en el bienestar
material i en el mejoramiento moral de la masa del pueblo, aparte de la mayor suma de
riqueza pública que se difundiría en toda la nación", escribe. Agustín Codazzi,
1850, pág. 695.
52 "Si las sumas
votadas para inmigración fueren pequeñas e insuficientes para colonizar por pueblos, o
el Gobierno prefiriese colonizar por familias decidiéndose por la inmigración suelta,
será menester renunciar a la idea de aumentar la población mediante la afluencia de
inmigrados establecida según mi plan anterior, i buscar los efectos, no de población
sino de civilización o progreso industrial", ibíd., pág. 695.
53 "Estas cartas i
avisos de los interesados producirían efectos más prontos, extensos i lisonjeros que
cuantas publicaciones hagamos nosotros mismos i cuantas promesas se rieguen con el fin de
atraer inmigrados", ibíd., pág. 695.
54 "[...] piensa el
Poder Ejecutivo que no debe promoverse directamente por cuenta del Estado sino la
inmigración de muy corto número de familias, conducida con todo genero de precauciones i
suma circunspección i prudencia, para que estos primeros ensayos se ejecuten con las
mayores garantías de acierto, i no se exponga a descrédito tan interesante materia por
el prurito de improvisar resultados prematuros i falaces", escribía ya Ancízar en
1847. Colección...,
1847: 28.
55 Así, la única
consecuencia presupuestal de la ley de 1847 fue el desbloqueo de 2.400 pesos para la
"formación, traducción y publicación de datos que den a conocer en el exterior la
prodigalidad de ventajas naturales, políticas i sociales que este país ofrece a la
inmigración de estranjeros..." Rel. 1851, Doc.: 45.
56 Esas ventajas, bajo
la condición de que se naturalicen, eran las siguientes: media tarifa en los barcos de
vapor del Magdalena, exención de impuestos por 20 años, libertad religiosa y la
atención particular del Estado en cuanto a su seguridad. Rel. 1851, Doc.: 48-51.
57
Informe del
gobernador de Medellín José María F. Lince, 1852, págs. 44-46.
58 Estando tan propagado
allí el anhelo de mudar de patria y de buscar una vida más cómoda, cual la que, con
toda seguridad, les brinda la Nueva Granada, debemos suponer que cada comprador de un
lote, abriga probablemente el pensamiento de venirse" escribía José María Plata en
un gran impulso de optimismo. Citado por J. Villegas, y A. Restrepo, 1978, pág. 6.
59 "Piensa
el Ejecutivo que de la ley citada no debe conservarse en sustancia otra cosa que la
facultad de conceder tierras gratuitamente o a precio bajo para las empresas de
colonización, o a los estranjeros industriosos i de pocos recursos que vengan a radicarse
en el país". Rel. 1856: 26
60 Cf. Rel. 1856: 26-27.
61 Cf. J. Villegas, y
A. Restrepo, 1978, págs. 6-8.
62 Rel. 1857: 36-37.
63 Cf. H. Rodríguez
Plata, 1968, págs. 97 y sigs.
64 Cf. Elisée Reclus,
1859-1860.
65 "Algún tiempo
después de mi partida de Santa Marta, M. Joaquín de Mier hizo venir de Génova a una
cincuentena de agricultores con los cuales esperaba hacer de Minca una propiedad
floreciente. Estos italianos pasaron en el far niente más absoluto los tres meses de su
compromiso, e inmediatamente después se dispersaron aquí y allá, trabajando,
desmontando por su propia cuenta; la mayoría se reunió en los bordes de la Ciénaga de
Santa Marta, en un pueblo recién formado, La Fundación. Aquí, más de cien familias
europeas se entregaron al cultivo del tabaco y de árboles frutales; en el lapso de cuatro
o cinco años, con el sólo impulso del trabajo libre, ese punto se convirtió en el
centro agrícola más importante de la Nueva Granada", ibíd., 1o. de
diciembre de 1859, pág. 632.
66 "Lo que hizo por
él mismo es poca cosa comparado con el impulso que le dio al país entero. Cubrió de
largos caminos, construyó puentes, acueductos, importó plantas alimenticias desconocidas
en el país, construyó bellas casas que le dan a los habitantes de la planicie una idea
de lo confortable", ibíd., 15 de marzo de 1860.
67 Las incertidumbres de
la historia oral evocan a veces conclusiones más trágicas que la de la empresa de
Elisée Reclus. Subiendo por el Magdalena en 1870, el español Gutiérrez de Alba escucha
relatar, por una persona "digna de fe", la historia de un francés, llamado
Muñoz, que se habría lanzado en los años 1850 en una empresa de colonización cerca de
Guarumo. Su empresa empezaba a florecer pero habría sido degollado por un amante, negro,
de su esposa. J. M. Gutiérrez de Alba, 1870, BLAA, Mss. 506 (en la fecha del 11 de mayo
de 1870).
68 Elisée Reclus, 1o.
de mayo de 1860, pág. 78.
69 "[...] a pesar
del fracaso que también viví, creo que la Sierra Nevada de Santa Marta es uno de los
países de la América española que más ventajas ofrece a una inmigración latina
emprendida a gran escala", ibíd., pág.
80
70
Ibíd., pág.
83.
71 Así, por la ley 80
del 1o. de julio de 1870, el poder ejecutivo le pide al Estado del Magdalena los
territorios de la Guajira y la Sierra Nevada de Santa Marta para colonizarlos. El gobierno
podrá hacer contratos con compañías privadas para abrir vías, desarrollar la
navegación, impulsar la producción de cacao, café, algodón, índigo, azúcar y otros
productos de exportación.
72
Lei sobre
protección de los inmigrantes estranjeros, Bogotá, Medardo Rivas, 1871.
73 Decreto del 29 de
junio de 1871, en aplicación a la ley del 9 de junio, ibíd., pág. 4.
74 Colón, Cartagena,
Barranquilla, Santa Marta, Riohacha, Buenaventura y Tumaco.
75 En este orden de
ideas, el Secretario del Interior y de Relaciones Exteriores, Felipe Zapata, propone en su
informe al Congreso de 1871, fundar una revista que será publicada en Europa y en Estados
Unidos para hacer conocer las riquezas naturales y promover la inmigración: "Fácil
sería encontrar empresarios que, por una subvención anual, emprendiesen la publicación
de una revista ilustrada, órgano de la industria nacional, la cual sería la mejor
legación permanente que podría tener la República en el extranjero". Int. 1871:
29.
76 Circular del 29 de
junio de 1871, Lei sobre protección de los inmigrantes estranjeros, pág. 2.
77
Ibíd., pág.
6.
78
Ibíd., pág.
8
79
Jane M.
Rausch, 1993, págs. 100-101.
80
Colección de los
principales documentos relacionados con la administración de la
Hacienda nacional
en el año de 1871, Bogotá, Gaitán, 1872, págs. 280-281 [desde entonces citada
como: Colección...,
1871]
81
Ibíd., págs.
289-290.
82
Ibíd, pág.
296.
83
La Junta
protectora de la inmigración extranjera creada en Bogotá
en 1872, se
concentra también en la promoción de la inmigración cubana: "Ellos [...]
fecundarán nuestro suelo, descuajarán nuestras selvas, mejorarán nuestra industria y
engrosarán las filas de los amigos del progreso". La América,
Bogotá,
No.
5, 3 de agosto de 1872, pág. 16. Cf. también Diario de
Cundinamarca, No. 784.
84
Colección...,
1871: 280.
85
Ibíd.: 293.
86
Ibíd.:
282-283.
87 Ley del 1o. de mayo
de 1872, citada por Carrasquilla, 1906, pág. 14.
88 Así, en 1874, la
sucursal napolitana de la compañía comercial Pereira Gamba y Cía. aparece, entre otras
actividades, como "agencia del patronato de emigración en las provincias
meridionales de Italia". Cf. Revista Latinoamericana, París, No. 1, 1o. de
junio de 1874.
89 Ley del 30 de abril
de 1873, citada por Carrasquilla, 1906, pág. 15.
90 Los Prefectos del
territorio de la Sierra Nevada i Motilones serán siempre partidarios fervientes de la
inmigración. En 1876, el Prefecto le escribe al Secretario del Interior que "[...]
sin dejarse conducir por la imaginación, puede asegurarse que la Administración que
pueble esta sierra inmortalizará su memoria". Carta del Prefecto Castro al
Secretario del Interior, 20 de marzo de 1876, AGN, República, Interior y Relaciones
Exteriores, t. 20, f. 742. Su sucesor, Pacheco, le pide al gobierno trasladar de 25 a 30
familias de agricultores extranjeros cada 6 meses, de otorgarles una subvención de 25
pesos a la llegada, y de prever reservas de harina de trigo y vino rojo para facilitar su
aclimatación. Carta del Prefecto Pacheco al Secretario del Interior, 18 de noviembre de
1876, ibíd., t. 20, fols. 789-801.
91 La ley 61 de 1874
asigna 100 pesos de ayuda financiera a cada uno de ellos. Cf. Tomás Carrasquilla, 1906,
pág. 16.
92 Informe del Prefecto
de los Territorios Nacionales de la Nevada i Motilones, Int. 1878,
Doc.: 72.
93 Cf. H. Rodríguez
Plata, 1968, capítulo 3, y M. Acevedo Díaz, 1978.
94 "¿Qué brindan
estos países a los inmigrantes, que no pudiera ofrecerles la Nueva Granada? ¿Tierras que
cultivar? ¿Protección para el fruto de su trabajo? Nada de esto les faltaría entre
nosotros, como lo manifiesta la experiencia..." Colección...,
1847:
42.
95 "Concluiremos
pues que en los Estados Unidos hai inmigración, porque hai buques que la traigan, porque
hai capitales que dan empleo a los brazos i porque hai confianza en el gobierno i en el
destino de ese pueblo; i que no reuniendo nosotros todavía ninguna de esas condiciones,
nada podemos prometernos de las medidas adoptadas con el intento de inclinarla hacia este
suelo". Manuel Murillo Toro, 1847, pág. 3.
96 Agustín Codazzi,
1850, pág. 692.
97 Cf. Rel. 1875: 85.
98 Cf. Circular de
Camacho Roldán, Lei sobre protección de los inmigrantes estranjeros: 5: cita como
ejemplos a seguir en materia de inmigración, además de los Estados Unidos, a Australia,
Argentina y Uruguay. En 1878, en París, el argentino Carlos Calvo, representante
argentino en el Congreso Internacional de Ciencias Geográficas de París de 1875, dedica
a Ramón Mercado su "Estudio sobre la inmigración y la colonización", París,
Durand et Pedone-Lauriel, 1878.
99 Rel. 1856: 26.
100 Joaquín Batis,
1875, págs. 3-4.
101 Int. 1875: 86.
102 Felipe Pérez,
1946, pág. 35.
103 Este estudio,
escrito por A. E. Escobar y L. M. Girón y titulado "Probabilidades de la venida de
una emigración egipcia a América", no pudo ser consultado.
104 Cf. José Francisco
Bayón, 1881.
105 "A la Francia
le está sucediendo lo que a las naciones que han figurado en primer lugar en la historia:
los vicios y la corrupción han invadido su seno y la política la ha dividido, por lo
cual la Francia vendrá a ser, no muy tarde, la última nación quiza", ibíd.,
pág. 10.
106
Ibíd.,
pág. 12.
107
Ibíd.,
pág. 15.
108 Joaquín Batis,
1875: 14.
109 Carta del cónsul
general Troplong al M.A.E., 19 de octubre de 1878, AMAE, C.P., vol. 32.
110 José Francisco
Bayón, 1881, pág. 16.
111 "Una
indicación me atrevo a haceros, i es la del levantamiento de la carta jeolójica del
Cauca, que será un elemento de prosperidad cuando se conozca en Europa, i en algunos
otros puntos de la tierra, la magnífica formación del grande i variado territorio del
Cauca, se agolpará la inmigración a esta rejión intertropical, en que la diversidad de
cordilleras i valles reunen en este suelo, las ventajas de las estaciones de las zonas
austral i boreal" declara a la asamblea del Cauca en su último discurso como
presidente de este Estado, en 1873. Int. 1875: 85.
112 Miguel Samper,
1985, pág. 13.
113 De regreso a Europa
en 1880, Ramón Gómez anota en Barranquilla, a propósito de los pasajeros de su barco:
"Que para Colombia no venían sino cinco estranjeros i ninguno de ellos en condición
de emigrante de Europa i como lo mismo sucede todo el año, hai que confesar con profunda
pena que nuestro país está fuera de las corrientes de emigración con que el viejo mundo
está abonando i enriqueciendo a las Américas [...] La Europa no nos enviará muchos
brazos, pero sí nos puede prestar luces y capitales..." Ramón Gómez, 1880, pág.
15. "No estaba nada preocupado por las producciones que hablan del progreso del país
en la industria, las artes, las manufacturas, etc., pues nada le podemos pedir al respecto
a un país nuevo como Colombia, hacia el cual no se dirigió la inmigración",
escribió Triana en 1889. J. J. Triana, 1889, pág. 2.
114 Cf. Jane M. Rausch,
1993, pág. 101.
115 Int. 1875: 85-86.
116 José María
Samper, 1887, págs. 111-112.
117 Pres. 1888, pág.
11.
118 Pres. 1892, pág.
49.
119 Varios documentos
conservados en los archivos del Quai dOrsay dan prueba del papel de Lesseps en el
reclutamiento de trabajadores chinos para Panamá. Cf. Documentos de Ferdinand de Lesseps,
1887, AMAE, ADP, Colombia, Cartón 2.
120 Medardo Rivas,
1885, págs. 123-124.
121 El único
colombiano de la época que había viajado al Extremo Oriente, para organizar la
emigración china hacia Cuba, el conservador Nicolás Tanco Armero, contribuía sin duda
con sus obras a reforzar la idea de la barbarie asiática. Cf. Nicolás Tanco Armero, 1861
y Nicolás Tanco Armero, 1888.
122 Ley 62 de 1887,
citada por R. Méndez, 1915, pág. 177.
123 Fom. 1892: XVII.
124 El Conservador, No.
2, 11 de octubre de 1900.
125
Anales de la
Cámara de Representantes, No. 30, 20 de septiembre de 1892, pág. 240.
126
Ibíd.,
7
de diciembre de 1892.
127 Se hace referencia
a un largo diferendo diplomático entre Colombia e Italia, generado por un conflicto entre
un comerciante italiano, Cerruti, y las autoridades del Cauca durante la guerra civil de
1876.
128 Pedro Nel Ospina y
Andrés Obregón, que se pronuncian en su informe de 1892, por los escandinavos, los
alemanes y finalmente los españoles del norte de la península, ponen en el primer rango
a los pueblos nórdicos: "Sin duda que el cruzamiento de la raza nuestra con alguna
de las agricultoras y sosegadas del Norte de Europa, sobre todo de la Península
Escandinava, poblada por los más hábiles, fuertes y morigerados trabajadores, habría
sido el supremo desideratum en esta materia". Anales de la Cámara de
Representantes, No. 30, 20 de septiembre de 1892, pág. 240. Algunos años más tarde,
tras un viaje a Dinamarca y Suecia, el escritor Eduardo Posada expresará en sus términos
un ideal renovado de la inmigración nórdica: "Ahora que estamos pensando seriamente
en la inmigración, debería buscarse ésta en los países del Norte. Ninguna podría ser
más sana; las habrá iguales, pero no mejores. Esos hombres activos, honrados, graves y
prudentes harían mucho bien así en nuestro litoral como en el interior". Eduardo
Posada, 1896, págs. 8-43.
129 Colombia Cristiana,
Bogotá, 9 de noviembre de 1892, pág. 46.
130 "Permitir que
los extranjeros se establecieran en lugares mortíferos donde en breve tiempo la
incipiente colonia quedaría diezmada o en un todo destruída por las endemias locales,
sería un proceder injustificable" escribe. Su proyecto es sostenido por el
Ministerio que incita a los estados a enviar informes sanitarios. Sólo dos (Magdalena y
Antioquia) lo harán. Ignacio Gutiérrez Ponce, 1926, pág. 59.
131 "Pedidle a la
alondra, que comienza a sentir el frío del invierno de no alzar el vuelo en busca de
brisas tibias y suaves. ¿Cómo le daríais la hierba que necesita para hacer su nido?
¿Dónde hallaría el grano que debe nutrirla?", escribe en un gran arranque lírico
(Artículo de "LAmérique" citado por ibíd., pág. 109).
132 Preferimos, para
traducir la palabra "Fomento", el término "Economía" al de
"Desarrollo", cuya sonoridad es evidentemente anacrónica en el siglo XIX.
133 Fom. 1890: XI.
134 "No se puede
dejar de reconocer que la inmigración es un factor indispensable para el progreso de
nuestra patria, pues sin ella, no podemos pensar en sostener grandes líneas de
ferrocarriles y una agricultura floreciente", ibíd.
135
Anales del
Congreso, No. 18, 18 de septiembre de 1890.
136
Ibíd., No.
19, 20 de septiembre de 1890.
137 "Estimo
conveniente la adopción de una ley que fije las condiciones con que pueden traerse los
inmigrantes, en los límites de una juiciosa previsión, con respecto al número y
nacionalidad de ellos..." Fom. 1892: XVII.
138 "Al Encargado
de Negocios ante el Gobierno de España se comunicaron instrucciones para promover la
inmigración de industriales adecuados a nuestras más urgentes necesidades en materia de
artefactos, de acuerdo con lo que autoriza la Ley 50 (inciso 3o. del artículo 2o.)
expedida por el Consejo Nacional en sus últimas sesiones. Esa especie de inmigración es
la única que me parece posible y de buenos efectos por ahora". Pres. 1888, pág. 2.
139 Carta de A. Llopes
al Presidente de la República de Colombia, Barcelona, 27 de julio de 1889, Documentos A.
B. Cuervo, BLAA, Mss. 31, pieza 112.
140 Cf. Carta de P. de
Bruycker al ministro de Relaciones Exteriores, París, 8 de abril de 1892, Fom. 1892,
Doc.: 3-4.
141 El decreto 335 del
4 de enero de 1893 hace posible el nombramiento de agentes de inmigración en Europa y
prevé la instalación de un agente en Tenerife, con una paga de 250 pesos por mes.
Algunos meses más tarde, el gobierno nombra al viejo general conservador Leonardo Canal
"Agente General de Inmigración en Europa". Acepta el cargo con entusiasmo,
pero, enfermo, no puede abandonar Bogotá y muere en mayo de 1894. El Orden,
Bogotá,
No. 435, 14 de abril de 1894. En octubre de 1894, Augusto Raemy, instalado en
Barranquilla, obtiene del gobierno una promesa de ayuda financiera para un proyecto de
inmigración canaria. El
Agricultor, Bogotá, No. 6, diciembre de 1894: 272.
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