Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 43. Volumen XXXIII.   1996. Editado en 1997
 

Puentes que fueron


Vida en amor y poesía
Carlos Martín
Instituto Caro y Cuervo, serie La Granada Entreabierta, Santafé de Bogotá, 1995, 611 págs.


Esta Suma poética recoge 10 de las obras de Carlos Martín, publicadas entre 1939 y 1993. Se trata de una antología complementada al final con Otros poemas, y, en su fase inicial, con dos interesantes ensayos del mismo autor: "Así nació Piedra y Cielo" y "Entre realidad y trascendencia". Por supuesto, encontramos además una Presentación, y distintos Comentarios a la obra de Martín, el benjamín de "Piedra y Cielo", cuya palabra poética -a través de la Suma- se ve siempre signada por la concepción que de la poesía tuvieron los creadores piedracielistas más representativos (excluyendo al nariñense Aurelio Arturo, naturalmente, que es como un cosmos aparte, reconocido en su real trascendencia solamente por las actuales generaciones). El mismo Aurelio Arturo es causa y aliento de algunos de los poemas de Carlos Martín. Pero la ascendencia mayor, incuestionable, es la del chileno Pablo Neruda -y no tanto de Huidobro, como se nos señala en alguna parte del libro-. Sí hay otras ascendencias reconocidas: Valéry, Eluard, Rilke,... ¿qué autor no las posee? otra cosa es que éstas se reasimilen -se reciclen- y adquiera el poeta, por fin, las direcciones de su voz interna, que tienen que ser únicas, y que dan un sello personal, intransferible, característico de la autenticidad creadora. Según esto, nos parece que lo que ocurre con Carlos Martín sucede con sus coterráneos espirituales de Piedra y Cielo. Sus voces son parecidas, hermanadas por un mismo ideal de la poesía, y sus resultados importantísimos dentro de la literatura colombiana, si convenimos en que constituyeron un remezón de las anquilosadas posturas poéticas de su tiempo, encabezadas por Guillermo Valencia, sobre todo. Pero este vuelco que ellos ocasionaron no implica el broche de oro. Pues aparte del nuevo y necesarísimo aliento que insuflaron en la poesía colombiana, no hay conclusiones extraordinarias en la obra de Carlos Martín, como tampoco en sus compañeros de ruta y extravío. Los lugares que reiteran los poemas de Carlos Martín, abundantes en "jazmines y suspiros", "arroyos", "sueños", "ruiseñores", "sollozos", "ángeles", "mariposas", "ruinas", "agonías", "luceros", "rosas", "arpas", "tumbas", y "llanto" ya, sin ninguna duda, están paralizados, no prestan la menor utilidad dentro del proceso actual de la poesía colombiana, para no hablar de la de más allá, a la que, desafortunadamente nunca accederá nuestro poeta Martín. Y la razón principal de la auténtica poesía es su retransformación perdurable, un estado poético al que cualquier contemporáneo -de hoy o de mañana- pueda asomarse con emoción y asombro, y no como ante un paisaje que no persuade, que muestra en alguna esquina el resquebrajamiento de lo trillado o, por lo menos, de lo que fue un día, pero ya no lo es, de ninguna manera.

Hay poemas relativamente conmovedores, es cierto, a lo largo de esta Suma, y los más son resultado de una permanente mirada ante el transcurso del tiempo y la consiguiente nostalgia por el pasado, el pasado geográfico y humano, las voces que desaparecieron pero subsisten en la memoria del poeta -no de la poesía-. Por todo esto, no es aventurado concluir que Carlos Martín, en nuestro medio, es un poeta de buena factura, que, sobre todo, cumplió con su cometido, en su momento, a manera de puente renovador que, sin embargo, es ahora un puente partido: Se esgrime la misma poesía ante sus hacedores, cuando el tiempo los cuestiona, los apuntala o los pulveriza; paradoja que muy pocos creadores superan ampliamente, hasta que también a ellos les llegue su día.

La poesía de Carlos Martín, como la de los otros piedracielistas, tiene la singularidad de habitar un castillo de naipes de palabras, donde el menor soplo de realidad le hace tambalear, o, en el mejor de los casos, caer, para así conformar un enjambre de estrellas... ¡ perdón!..., de palabras.

GUILLERMO LINERO