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Chocó en la cartografía
histórica: de territorio incierto a departamento de un país llamado Colombia
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LUIS FERNANDO GONZÁLEZ ESCOBAR
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Arquitecto constructor, investigador
EL CHOCÓ: LA FORMACIÓN DE UN
TERRITORIO
Jeroglífico
indoafricano del Chocó.
Higinio Garcés 2
La
toponimia y la incertidumbre de un territorio. Siglos XVI y XVII
¿Qué significado tiene el término Chocó
y, sobre todo, qué designaba originariamente? Igual que muchos de los principales
topónimos del Chocó, éste se encuentra sometido a cruciales controversias que no
terminan por aclarar cual es su significado.
Kathleen Romoli apunta varias
interpretaciones. Una de ellas es que se deriva de Coguo, el apellido de un cacique
de la costa mencionado por el cronista Fernandez de Oviedo; sin embargo, la desestima por
considerar que este cacique vivió en otra región. La voz embera chóko, que
significa la gente de las ollas, también se controvierte, pues los chocoes no
tienen fama de alfareros y por otras precisiones de caracter lingüístico.
La
proveniencia amazónica
le da la posibilidad a la misma Romoli de especular con el
vocablo yuri tschokó, que quiere decir hombre, en uno de sus
significados 3.
Si bien otros autores lanzan diferentes
hipótesis, nunca aclaran su origen, pero sí esta claro que el término comienza a ser
utilizado por los españoles para designar un grupo cultural indígena, belicoso y opuesto
a la incursión de éstos en su territorio. Por primera vez es utilizado el término provincia
del Chocó en 1540, cuando el escribano Pedro Sarmiento, en su relación sobre la
campaña militar de Jorge Robledo por Antioquia, Anserma y Cartago 4,
habla de la tierra tribal ubicada al oeste de Santana -hoy Anserma- , separada por
la provincia fronteriza de Sima.
A partir de allí el término empezó a
ser común para designar a todo el territorio que iban explorando los españoles, desde su
frontera militar del sur; Anserma, Cartago, Buga, Cali y Popayan, hacia el noroccidente;
es decir, hacia la costa Pacífica y el Darién. Este territorio mediterraneo era
inexplorado, a pesar de que ya se habían rodeado sus costas y la misma margen occidental
del río Darién.
Ambas costas tenían para entonces
antecedentes de poblamiento español, pues en el Darién se había fundado Santa María la
Antigua del Darién en 1510, la cual en 1540 ya no existía (sólo duró hasta 1524),
mientras que en el Pacífico entre 1538 y 1540 se había establecido la gobernación
llamada del San Juan, otorgada a Pascual de Andagoya, que se disolvió al superponerse
intereses y territorios con la gobernación de Popayan otorgada a Sebastian de Belalcazar.
Pero como precisa Kathleen Romoli: "el
Chocó en sentido estricto, el primitivo y auténtico, era la comarca circunscrita que
estaba entre el alto río Atrato (el río de Darién) y el alto San Juan (el
Tamaná del mapa e informe de Salazar
5
). Este Chocó nuclear
limitaba al norte con la provincia de los Citará es y al sur con las de los yngará y los
tootuma y tal vez con los cirambirá; al oeste confinaba con las tribus del Baudó y al
este con Sima, Tatape y la cordillera alta" 6.
Este territorio correspondía en realidad
a la nación embera, por lo cual el término Chocó, utilizado por los españoles,
comenzó a designarlos y siguió por extenderse a otras naciones indígenas como los
noanamaes. Nominalmente para los invasores existía una provincia del Chocó que
pertenecía como tenencia a la gobernación de Popayan, que a su vez era parte de la Real
Audiencia de la Nueva Granada, creada en 1550 7, junto con las
gobernaciones de Santa Marta y Cartagena.
Desde 1540 la conquista de la provincia
del Chocó fue una obsesión de los diferentes militares españoles con asiento en la
recién creada Anserma, realizandose avanzadas, entre otras, las de Jerónimo Fernandez,
Día Sanchez de Narvaez, Pedro Martín Davila y especialmente la del capitán Andrés
Gómez Hernandez, quien entró tres veces, pero al igual que los otros se dirigió hacia
el oriente del río Darién, es decir, hacia las zonas bajas y pantanosas colindantes de
los territorios de los catíos. Mas esto no fue obstaculo para que el terco Gómez
Hernandez obtuviera de la corona en 1567 una gobernación formal para el gobierno de los
chocoes, con la denominación de "Gobernación del Chocó, Dabaibe y Valle del
Baeza", gobernación que no pasó del papel, pues el beneficiario murió en Cartagena
al momento de llegar de España con la capitulación.
Un militar vecino de Buga fue quien
primero logró establecer un asentamiento mas o menos estable en la denominada provincia
del Chocó. Melchor Velazquez 8, en 1573, fundó un campamento militar
con el nombre de Nuestra Señora de la Consolación de Toro, en jurisdicción de
Cartago, y que trasladó posteriormente a territorio de los indios tootumas,
convirtiéndose así en el primer pueblo español en el Chocó y que en realidad era la
punta de lanza para las incursiones a otros territorios todavía desconocidos.
Melchor Velazquez recibió en 1578 la
confirmación del título de gobernador del Chocó, al que renunció en 1592 9.
Este fue un período caracterizado por la fundación de pueblos fantasmas y por la
incapacidad de someter a las tribus indígenas, que denodadamente defendieron su
territorio de los españoles, pero que les permitió a estos últimos aumentar el
conocimiento de la geografía y sus habitantes. Ampliación que continuó el nuevo
gobernador nombrado: Melchior de Salazar, quien siguió la guerra y las exploraciones
desde el Alto Chocó hacia el San Juan y el río Calima.
Pero la primera gobernación del Chocó,
de la cual formaban parte las ciudades de Toro y Caceres, se disolvió en 1595 10, por orden del presidente Antonio Gonzalez, ante los conflictos internos
y los intereses de los bandos en pugna, y fue asumida por la gobernación de Popayan. No
obstante, en 1596, siendo ya exgobernador, Melchior de Salazar elaboró un mapa, con el
propósito de restaurar la gobernación, poniendo de relieve el potencial del Chocó
mediante este mapa y un memorial 11, convirtiéndose así en el primer
mapa conocido del primigenio Chocó.
El final del siglo XVI y el inicio del
XVII aún no le permiten a los invasores tener un control territorial, a pesar de la
fundación de San Agustín de Ávila en 1596 12 y la del Real de Minas
de Nóvita en 1601 13, por la defensa que hicieron los pueblos embera y
noanamá de su territorio. Pese a ello, a mediados del siglo XVII estaba formado el Chocó
por cuatro provincias: Poya, Noanamá, Citará y Tatamá 14, que se
convirtieron en 1687 en tres Tenencias: Nóvita, Citará y Baudó 15,
dependiendo siempre de la gobernación de Popayán. Pero el conocimiento geografico y el
dominio del territorio siguió siendo parcial, como se demuestra en el mapa del Chocó
dibujado en 1610 y enviado por el gobernador Sarmiento de Sotomayor al rey de España.
Ante los reveses y dificultades, la
iniciativa privada de la empresa conquistadora se dejó atras, y la corona implementó una
combinación de pacificación religiosa y pacificación real, con una
ampliación de los objetivos. Así, el siglo XVII ve llegar por el Darién o por el sur a
dominicos, franciscanos, jesuitas, agustinos recoletos, capuchinos16,
que se alternaron en la labor evangelizadora como preambulo a las incursiones militares,
ya no sólo en el Alto Chocó sino hacia las zonas intermedias del río Darién,
específicamente en dirección a la región de Citará.
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Mapa11. Croquis
de la región entre la cordillera Occidental y el río Atrato, que comprende en camino de
privilegio y los límites de Antioquia con el Chocó.
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Para cumplir sus propósitos, la
corona había incorporado el Chocó a la gobernación de Popayán en 1594 para facilitar
las operaciones militares, y determinó en 1666 confiar la reducción de los indígenas a
las autoridades de las gobernaciones vecinas: Antioquia, Popayán, Cartagena y Panamá.
Especialmente las dos primeras enviaron tropas, como las comandadas por el bachiller
Antonio de Guzmán y Céspedes, en 1669, desde Urrao, y las de Antonio de Veroiz y Alfaro,
en 1687, ésta última enviada por el gobernador de Popayán para pacificar la
provincia de Citará 17.
En la segunda mitad del siglo XVII se
consolidó el dominio de la gobernación de Popayán en el Alto Chocó a partir de su
centro administrativo de Nóvita, erigida como el centro fundamental, especialmente
después de 1670. Mientras tanto, en la región de Citará la lucha se intensificó tanto
por el control de parte de las gobernaciones de Antioquia y de Popayán, como por la
defensa indígena mediante sucesivos alzamientos que impidieron su reducción.
No obstante, el siglo XVII se cierra con
una ampliación de las fronteras político-administrativas de la gobernación de Popayán
hacía la región media del río Atrato, así el control no fuera resistente y demasiado
limitado: teniendo a Quibdó como centro administrativo y sede de Tesorería Real y una
serie de reducciones, reales de minas o poblados indígenas, realizados entre 1688 y 1695,
en el mismo río Atrato o en tributarios cercanos a Quibdó 18.
El Chocó en la
cartografía de los siglos XVI y XVII
En el primer mapa conocido del Nuevo
Reino de Granada 19, realizado con la supuesta intención de acompañar
las Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos 20,
el Chocó no aparece señalado por ninguna parte. Era una geografía y una realidad
político-administrativa todavía sin concretar por los españoles, aunque sí aparecen
indicados puntos estratégicos de los territorios que ya habían sido sometidos a su
acción militar, como la parte baja del río del Darién y en su cabecera la recién
fundada "ciudad" de Toro. El conocimiento geografico incipiente hace aparecer a
Toro, al igual que Cali, en el nacimiento de afluentes del Darién, que era el río de
referencia para todas las expediciones.
Entre estas cabeceras y la desembocadura
(territorio ya conocido y referenciado, por lo cual se señala a Urabá, Acla y la
ensenada de Acla), aparece la toponimia no muy clara de algunos ríos tributarios como
Yei, Negoba y Camute, y de resto un territorio señalado como llanos montuosos y tierra de
vallano, habitado por negros cimarrones y algunos pueblos de cunas. No hay distinción de
todos los grupos culturales, e incluso no hay la mínima sospecha de quiénes habitaban
estas tierras, y sólo se referenciaba a los cunas por haberlos conocido en las primeras
invasiones por el norte.
Pero es interesante cómo este territorio
sin nombre y sin definición ya esta señalado en la cartografía como habitado por negros
cimarrones que huían de la esclavitud hacia la selva inhóspita y desconocida contigua al
río del Darién. Son los cimarrones del norte, diferentes de la población negra que
vendría posteriormente desde el sur.
La población negra señalada en el mapa
era de esclavos africanos llevados por los españoles a Santa María la Antigua del
Darién, en el período que estuvo bajo el mando de Fernandez de Oviedo. Después de la
destrucción de la ciudad, la convirtieron en palenque, pero fueron atacados por los
nativos, debiendo huir hacia la selva. Convertidos en cimarrones, fueron objetivo militar
contra los que emprendió en 1532, el "Capitan Mayor y Alcalde General en estas
provincias de Urabá" Julian Gutiérrez, campañas punitivas desde Acla, el nuevo
asentamiento español, acompañado de grupos indígenas del cacique Evecaba 21,
perteneciente a los tule, sus aliados por aquellos años.
En la cartografía general del siglo XVII
sobre América y específicamente sobre el Nuevo Reino de Granada, el Chocó esta ausente.
Sólo estan las referencias generales de los grandes accidentes geograficos explorados
desde 1510, como las costas del golfo del Darién, algunas veces denominado Acla o Urabá,
el río grande del Darién o la costa Pacífica con algunos tributarios. Mientras que en
el interior del continente, a medida que la formación espacial se expandía y el sistema
urbano se consolidaba, los centros urbanos como Cali, Buga, Cartago, Anserma, Antioquia,
iban siendo incorporados a la cartografía, lo mismo que sus territorios próximos,
dejando una mediterraneidad anónima. De esta manera el Chocó, aún ignoto y sin
denominación, aparece rodeado por estos territorios que son en realidad fronteras
militares.
La idea sobre el Chocó era bastante
difusa. Precisamente en la Memoria sobre Popayán, escrita por Francisco Guillén
Chaparro en 1583, al describir el pueblo de Toro, se puede entender cómo era vislumbrado
desde los dominios españoles: "Confina esta tierra con el Chocó, do dicen que es
el río del Dabaibe y el río del Darién y la ciénaga del Tíguere de Oro, y es tierra
muy doblada y montuosa y confina con el Bayano de los negros de Panamá; hay una
cordillera que atraviesa en medio y esta va dende la mar del Sur a la mar del Norte, esta
entremedio del Bayano y el Chocó; la gente dellas es muy belicosa donde han desbaratado
cinco o seis capitanes y les mataron mucha gente" 22.
Cuando se logró penetrar por Tatamá la
nación embera, y sus territorios se denominaron como provincia del Chocó, reconocidos
por los españoles, pronto se tuvo el bautizo cartografico, con el mapa elaborado por
Melchior de Salazar en 1596. El interés de éste era demostrar la existencia de un nuevo
y rico territorio para que le restituyera la gobernación eliminada por Popayán el año
anterior.
El mapa referencia al Chocó con los
principales centros urbanos consolidados por el imperio, y se centra en demostrar el
conocimiento que tenía de lo "descubierto" por él y sus antecesores, que es
realmente poco, según lo apreciado en el mapa. Por eso aparece circunscrito el Chocó a
las cabeceras de los ríos Tamaná (San Juan), Caçarbadó (Baudó) y Darién
(Atrato); lo demas, ubicado entre esta parte y la ciudad de Panamá, al lado izquierdo del
Atrato, se denomina Valle de Baeza, territorio todavía indómito.
Un mapa posterior, realizado catorce
años después que el de Salazar, enviado al rey por el gobernador de Popayán, Francisco
Sarmiento de Sotomayor, muestra los avances logrados en el reconocimiento del territorio,
pues éste es mas minucioso en nombrar los diferentes afluentes del Tamaná (San Juan
actual); es decir, con énfasis en el Alto Chocó, desconociendo lo demas, por lo cual se
generaliza a los cirarambiraes, al valle de Baeza y al mismo río Darién; de ahí su
imprecisión geografica.
Son estos dos mapas, documentos
históricos de incuestionable valor, por cuanto dan cuenta del primer Chocó, de sus
borrosos límites, de la apropiación toponímica inicial por parte de los españoles, y
en muchos de los casos españolizandolos, pero tomados de los lenguajes primigenios.
El Chocó, a pesar de estos mapas
locales, seguiría siendo un territorio desconocido en la cartografía del siglo XVII,
maxime cuando no tenía una categoría político-administrativa distinta de ser una
tenencia de Popayán, por lo que en los mapas que tienen los límites de las diferentes
gobernaciones, como en el caso del denominado Terre Ferme de 1656 23,
su territorio esta dividido entre las gobernaciones de Panamá (Tierra Firme), Cartagena,
Antioquia y Popayán, las que después de la Orden Real de 1666 entrarían a disputarselo.
El
Chocó en el Virreinato de la Nueva Granada, el Atrato estratégico. Siglo XVIII
En 1717 fue creado el Virreinato de la
Nueva Granada por Felipe V con la fusión de las reales audiencias de Santafé, Quito y la
Capitanía de Venezuela 24. En este período, más concretamente en
1726, por cédula real del 28 de septiembre, se creó la provincia del Chocó, segregada
de la gobernación de Popayán, bajo el mando de Francisco Íbero, quien fue su primer
gobernador.
La jurisdicción incluyó todos los
territorios alrededor del golfo de Urabá e incluso parte de la costa Caribe hasta limitar
con la provincia de Cartagena. Por el occidente se extendió más allá de la banda
oriental del río Atrato hasta limitar con la provincia de Antioquia. Por el nororiente
limitó con la provincia de Tierra Firme (Panamá) y al sur con la provincia de Popayán.
La creación estaba en relación directa
con el proceso de pacificación, que se había concretado en alto grado en la
región del Alto Chocó y, al decir de William Sharp, para 1703 "la conquista del
Chocó había terminado, pero la historia de la esclavitud, la minería, el suministro de
alimentos y el contrabando comercial apenas había comenzado" 25.
En efecto, esta región, no obstante
haber sido segregada de la gobernación de Popayán para crear un gobierno autónomo, fue
dominada por la aristocracia payanesa, que recibió los beneficios por participar en la
empresa pacificadora, realizada a sangre y fuego. Con ello recibió "los
beneficios económicos que prodigaban las minas [...] se conforma esta nueva elite de
terratenientes, mineros y comerciantes, que dio nuevas orientaciones a la economía de la
gobernación en los albores del siglo XVIII" 26. De paso, la
economía colonial dependiente totalmente del oro, que se encontraba en franca decadencia,
se revitalizó con la entrada de esta nueva frontera minera.
El auge minero trajo como consecuencia la
paulatina búsqueda de nuevos sitios de explotación, el incremento del comercio, pero
sobre todo la reactivación del tráfico negrero legal e ilegal. Con esto se benefició
Cartagena, que vio aumentar el mercado esclavista con destino al Chocó, como también el
valle del Cauca, que pasó a un modelo de economía agraria esclavista asociado a la
economía minera del Chocó 27. Así, el Chocó reemplazó la mano de
obra indígena por la de los esclavos negros africanos, siendo al final del siglo la
región con el mayor número de esclavos negros de todo el Nuevo Reino; especialmente en
el area de influencia de Nóvita como centro administrativo y, por ende, el centro urbano
de mayor importancia, hasta el punto de que, para finalizar el siglo e iniciar el nuevo,
se dio y efectuó la orden de construir la casa de gobierno.
Otra consecuencia directa de este
fenómeno es el reacomodo de la población nativa y la variación de sus fronteras
internas. La nación embera, desplazada por la acción militar del Alto Chocó,
inició un desplazamiento a finales del siglo XVI hacia el Atrato, situación que se
consolidó en el siglo XVII. Para lograr nuevos territorios debió enfrentar en el río
Darién a los cunacunas, hasta ese momento los dueños de estos territorios, y
entre el río y Antioquia a los catíos. Los primeros tuvieron que migrar mas al
norte, a territorios de los tules, mientras los segundos fueron asimilados por los mismos emberas
o integrados por el sistema colonial.
Los españoles continuaron sucesivamente
la expansión del sistema colonial a la región del Atrato. Después de los fracasos del
siglo anterior, la ruptura del pacto y los alzamientos de los emberas, especialmente
los de 1680 y 1684, aumentaron su acción militar hasta lograr la dominación de una parte
del territorio en el siglo XVIII. Estas acciones militares, especialmente en el Atrato
medio, eran parte de una política de poblamiento, fundamentada en la reducción a
poblaciones de los indígenas cimarrones, especialmente desde la orden dada por el virrey
Sebastian de Eslava el 7 de abril de 1743 al teniente de la provincia de Zitara, José
Pastrana 28, quien logró una exitosa política en el decenio del
cuarenta. Esa campaña pobladora se continuó hacia el norte con el virrey José Solís, y
producto de ello es el informe del gobernador del Chocó Francisco Martínez en 1759,
sobre la población de los cunacunas, a quienes se les trataba de reducir por todos los
medios. No obstante, tuvieron que afrontar al final del mismo siglo reiteradas
sublevaciones, especialmente en el Bajo Atrato y el Darién, que no estaban claramente
bajo su dominio, sino bajo el de los cunas.
El Atrato se convirtió en uno de los
elementos primordiales de la política de la corona, ya fuera para cerrar su navegación,
como efectivamente se hizo desde 1698, posteriormente reafirmada en 1730 y 1774, o bien
para su apertura. El virrey Manuel Guirior hizo en 1776 un pormenorizado análisis de los
beneficios de abrir la navegación del Atrato para fomentar la labor de las minas y del
comercio, además de la necesidad de reducción de los cunas en la provincia del Darién,
"hasta limpiar todo el istmo y descubrir nuevos senderos y caminos para el recíproco
comercio y descubrimiento de minas", para lo cual envió documentos apoyados en un
plan para el golfo, del ingeniero brigadier Antonio Arévalo y de un diario del gobernador
del Chocó, Jaime Navarro.
La navegación, aunque restringida, sólo
se logró en 1789, a pesar de que desde 1776 la Junta General de Tribunales había
dictaminado la importancia de establecer la navegación por este río y que sin dilación
debía facilitarle los medios para ello, con el fin de controlar la invasión de indios
"barbaros" salida del oro y del ingreso de las mercaderías que entraban de
contrabando 29.
Para el Atrato se establecieron puntos de
defensa, como los vigías en la Loma de las Pulgas o el Vigía de Curbaradó, con el fin
de sellar la salida al golfo, o bien el ingreso hacía Quibdó de los piratas extranjeros
que merodeaban por la costa. En esta región, al final del siglo, como producto de la
política de poblamiento, existían buen número de poblados españoles, entre ellos
Neguá, Beté, Bebará, que tenían como centro administrativo, comercial y económico a
Quibdó, capital del cantón de Citará, conjuntamente con gran número de entables y
reales de minas, con población esclava negra, y con los pueblos y reducciones de indios
que quedaron.
Aparte del control del río Atrato, la
corona, con el propósito de expandir su control en la zona, se planteó la necesidad del
poblamiento del Darién. La región fue profusamente estudiada en la segunda mitad del
siglo, con el envío desde Cartagena de varias expediciones al mando de ingenieros
militares, para el reconocimiento y trazado de cartas, con el fin de tener un claro
conocimiento del territorio y definir estrategias de control y operación militar
basicamente, en razón de la presencia extranjera en el golfo y el Darién, el contrabando
y una inminente guerra con Inglaterra. Además, con la intención de definir la mejor
manera para reducir la población indígena, realizar los nuevos poblamientos y los
emplazamientos en aras de la defensa del territorio; con lo que también el Atrato se
podría abrir a la navegación y beneficiar los entables mineros del Chocó ayudado por el
comercio con Cartagena.
El
Chocó en la cartografía del siglo XVIII. Los cartógrafos militares
En el mapa Nouveau Royaume de Grenade
Nouvelle Andalousie et Guyane, elaborado por el cartógrafo Jacobo Nicolas Bellin y
editado en París en 1764 30, la provincia del Chocó aparece ya
representada y, al contrario de mapas anteriores e incluso posteriores, existen
señalaciones y límites precisos, además de diferenciaciones notables al interior de la
misma. Por su parte, algunas cartas todavía no representaban al Chocó o señalaban estos
territorios como provincia del Darién.
El mapa de Bellin señala al Darién como
la costa que rodea al golfo del mismo nombre. Diferencia los ríos San Juan y Atrato,
designandolos con la toponimia que ya sera definitiva, y adicionalmente ubica a las
poblaciones de Nóvita y Citará como los centros urbanos más significativos para la
época; cada uno en las margenes de los ríos que daban nombre a los cantones en que se
subdividía la provincia y de los que eran centros administrativos. Existe en la
cartografía general una aprehensión muy cercana a lo que realmente ocurría con el
Chocó, respecto a su integración a la red urbana y a la formación espacial colonial.
Sin embargo, esta provincia se fue
reduciendo poco a poco, cediéndoles territorios a las administraciones contiguas. Para
1762 el Virreinato de la Nueva Granada estaba formado basicamente por gobernaciones y
algunas provincias, entre las que estaban las de Guyana y la del Chocó. Para este año la
del Chocó limitaba con las gobernaciones de Antioquia, Santa Marta y Panamá, que la
asfixiaban, pues no tenía ya acceso directo al golfo de Urabá, ni siquiera al río
Atrato, reduciéndose basicamente a los territorios de la serranía del Baudó.
Pero mientras se precisaban los límites
del Chocó, aumentó el interés por el conocimiento de su territorio, especialmente de la
región de influencia del río Atrato, recién sometida al régimen virreinal, desde el
golfo de Urabá hasta el cantón de Citará. Se podría decir que el siglo XVIII, en
cuanto a la cartografía, es el siglo de los ingenieros militares, pues son fundamentales
los trabajos elaborados por el cartógrafo e ingeniero de fortificaciones Antonio de
Arévalo, el capitan Antonio de la Torre y Miranda, el capitán de ingenieros Juan
Jiménez Donozo, el brigadier de la Real Armada Joaquín Francisco Fidalgo o del
gobernador del Chocó, Jaime Navarro, además de otros informes referidos específicamente
al Darién.
El ingeniero Arévalo, en su misión de
pacificación del Darién, encomendada en 1761, fue acompañado por el también ingeniero
Antonio Narvaez, la que se cumplió entre el 1o. de enero y el 26 de febrero, y en la que
levantó un mapa general y varios planos de los puertos y caminos; además diseñó un
fuerte, escribió un diario y, finalmente, una descripción de la provincia 31.
En 1785 realizó otra visita, dando cumplimiento a las órdenes reales, por intermedio del
virrey Caballero y Góngora, para poblar el Darién, en la que produjo, a bordo del
bergantín La Princesa, el plano del tramo final del río Caimán firmado el 2 de febrero 32, y en la que participó de la fundación de los cuatro poblados
realizados ese año.
El capitán De la Torre y Miranda
realizó en 1778 un proyecto de poblamiento del Darién para asegurar el tráfico del
comercio del río Atrato y lograr la comunicación entre los ríos Sinú y Atrato con las
provincias de Citará, Chocó y Antioquia. Este proyecto lo plasmó en un plano del
geógrafo Tomas López que fue impreso en Madrid (España) 33.
Antonio de la Torre y Miranda realizó
otro proyecto destinado a trazar un "camino de tierra" entre el río Sinú y la
provincia de Citará 34, para lo cual realizó una exploración por el
río Atrato, de la cual rindió un informe en 1779, acompañado de un mapa del río
Atrato. Ambos mapas son interesantes porque precisan apartes del Darién y el Atrato, pero
es bueno anotar cómo De la Torre y Miranda hace una diferenciación entre la provincia
del Darién, circunscrita al Bajo Atrato, y la provincia del Chocó, definida por él
desde el Medio Atrato hasta el Alto Chocó.
Un año después, el turno le
correspondió al capitan de ingenieros Juan Jiménez Donozo, quien tenía preparada su
expedición con anterioridad a la De la Torre y Miranda, pero que apenas pudo concretarla
en 1780, entregando el 15 de noviembre de ese año la Relación del Chocó, o de las
provincias de Citará y Nóvita
35.
El plano del río Atrato realizado por
Jiménez Donozo estaba acompañado de una de las relaciones más completas sobre el
Chocó, no sólo en sus aspectos geográficos, sino, además, en la extensión al campo
demográfico, político, administrativo, económico y etnográfico, aparte del
reconocimiento y descripción del río Atrato.
Obviamente, se debe precisar que estas
relaciones sobre el Chocó correspondieron a los territorios explorados, conocidos o en
proceso de reconocimiento, como es el caso de los de la región del Atrato, pero
únicamente aquellos que estaban bajo el control de la corona española, puesto que
existían aún extensas areas libres de dominación, bajo el control de los pueblos
indígenas, como es el caso de los cunacunas del Bajo Atrato.
Normalmente los cunas eran señalados
como belicosos, irreductibles, o sus territorios eran designados como tierras desiertas,
como describe en su mapa Antonio de la Torre y Miranda las areas de Urabá. Elaborar
mapas de estos territorios, al igual que de las costas, era imperioso para la corona, con
el fin de diseñar estrategias de control y sometimiento, tanto para los extranjeros como
para los indígenas, que de hecho estaban aliados entre sí en contra de los españoles.
Un ejemplo de lo anterior es el mapa denominado Cunacunas,
elaborado en 1759
para el informe del gobernador Francisco Martínez.
De estas partes conocidas se hicieron a
finales del siglo XVIII varias descripciones y algunos planos sin autor conocido. De las
primeras podemos señalar la Descripción superficial de la provincia del Zitará, con
sucinto relato de las poblaciones, establecimientos de minas y ríos de mayor nombre y
la Compendiosa noticia del actual estado de la provincia de Nóvita, además de la
presentada por Pedro Muñoz de Arjona, denominada Descripción del gobierno del Chocó,
sus pueblos de indios, el número de estos, Reales de Minas, número de negros y esclavos
para su laboreo, todas sin fechas precisas, pero situadas después de 1770 36. Entre los planos, el "Plano que muestra la inmediación de
Quibdó último pueblo del Chocó con los indios Barbaros nombrados cunacunas entre los
que se hallan incluidos diferentes Naciones como son ingleses, franceses, etc." 37, también de autoría anónima, que muestra el río Atrato desde Quibdó
hasta la desembocadura en el golfo de Urabá.
Aparte del Atrato, también este período
va incorporando en la cartografía nuevamente a la costa Pacífica, no de manera general y
de reconocimiento, como ocurrió en los siglos anteriores, sino para integrar el
poblamiento que se empezó a realizar especialmente hacia el norte en los límites con
Panamá. Un mapa realizado en 1783 hace la relación de toda la cuenca del río Atrato
hasta Lloró, y a su vez incorpora la parte norte hasta Panamá, incluyendo la costa norte
Pacífica, en donde se consolidan las fundaciones que se estaban realizando en la bahía
de Cupica, con el nombre de Pueblo Nuevo. Esta vertiente recoge en sus toponimias
las de origen indígena y las nuevas españolas originadas por la colonización que se
establecía hacia este sector.
Del
Virreinato a la República. Una provincia definiendo fronteras. Siglo XIX
Cuando en 1803 el gobernador del Chocó,
Carlos de Ciaurriz, en cumplimiento de una cédula real de 1801, presentó un informe de
su gobernación, los principales pueblos eran los de Nóvita, Quibdó y Tadó, ocupados
por algunos "blancos de distinción"; que en razón de las actividades
comerciales fueron de Cartagena los tratantes en ropas o de Cali, Buga, Cartago y Anserma
los comerciantes de víveres. La otra población estaba conformada por mulatos, zambos y
negros libres y vivía dispersa, mientras que la población indígena era la que estaba más
reunida en sus respectivos pueblos por conveniencia de los corregidores, según este
informe 38.
La situación económica era compleja, en
razón de la decadencia de la minería desde finales del siglo XVII, la cual se agudizó
con las luchas independentistas, por la incorporación de los esclavos negros a los
ejércitos bajo la promesa de su liberación. El abandono de los entables mineros fue
absoluto, ya que de hecho eran simples lavaderos.
Entre el año 1810, cuando se erigió en
Quibdó la Junta Gubernativa, y hasta 1820, fecha de la célebre batalla de Murrí,
transcurrieron diez años de participación en la guerra de independencia. El coronel
José María Cancino organizó la primera administración republicana del Chocó, que
desde 1819, en la Constitución de la Gran Colombia, quedó como parte integrante del
departamento de Cundinamarca; pero dos años después, la provincia del Chocó, formada
por dos cantones: Atrato y San Juan, pasó a formar parte del departamento del Cauca.
Comenzó con ello un largo proceso de 85
años, en los cuales el Chocó varió en las constituciones de la dependencia de Popayán
su carácter político administrativo y sus fronteras territoriales, proceso que tuvo un
hecho importante en 1906, con su declaratoria como intendencia. En el lapso de 1832 y 1857
fue provincia independiente. A partir de 1858 entró a formar parte del Estado Soberano
del Cauca hasta 1886, como provincia con autonomía administrativa, pero con la
convención de 1886, cuando los estados pasaron a ser departamentos, volvió a perder su
autonomía como parte integrante del departamento del Cauca.
Es de destacar que entre junio de 1830 y
finales de 1831, el Chocó, como parte del departamento del Cauca, se anexó a la recién
creada República de Ecuador; sin embargo, por iniciativa del Cantón de Citará, esta fugaz
aventura no prosperó 39. Los límites del viejo Chocó se
fijaron por la ley 131 de 186340, y tenían similitud con los límites
heredados de la colonia, manteniéndose inalterables a lo largo del siglo XIX, en
cualquiera de las divisiones político-administrativas de las que formó parte hasta 1886
cuando fueron las municipalidades del San Juan y del Atrato y no el Chocó las unidades
administrativas.
Dentro de esos límites se incluían los
territorios que comprendían el distrito de Turbo, creado el 5 de septiembre de 1846, que
desde 1821 era aldea del cantón del Atrato, y que en 1870 se ratificaba como distrito
perteneciente al Chocó e incluía las secciones de León, Carepa, Chigorodó y Arboletes 41. Esto, a pesar de las pretensiones de Antioquia, que siempre lo reclamó
como suyo y que ocasionalmente, entre 1848 y 1850, lo incluyó dentro del territorio
antioqueño. Incluso Manuel Uribe Ángel, en su Geografía
general del Estado de
Antioquia en Colombia, publicada en París en 1885, argumentó el derecho histórico
de Antioquia a la banda derecha del Atrato hasta la cordillera del Abibe y a una parte del
litoral Atlántico 42.
La pertenencia al Chocó, o en su
defecto, a la del Cauca, no fue impedimento para que el gobierno antioqueño, que pedía
la reintegración del territorio, especialmente desde 1875, por el valor estratégico que
fue adquiriendo, dispusiera adelantar proyectos de colonización dirigida, mediante la
apertura de caminos, o bien por iniciativa particular, para los que se contrataron
ingenieros como Carlos Segismundo de Greiff, Martín Nugent o Henry White, entre otros,
quienes adelantaron exploraciones y estudios, con el fin de llevar a cabo estos proyectos
en la segunda mitad del siglo XIX.
Pero si los límites externos tuvieron
una definición mas o menos clara, no ocurrió lo mismo con sus fronteras internas, que
comenzaron a tener variaciones notables por el desplazamiento de grupos poblacionales y
por el ingreso de nuevos actores en su territorio. Factores de carácter económico y
político fueron en esencia los responsables de estos hechos.
En la Heroica, el comercio cartagenero en
constantes dificultades por los cíclicos cierres del Canal del Dique, pero beneficiado
desde la reapertura de la navegación por el río Atrato en 1790, vio aumentar sus
posibilidades económicas en las selvas chocoanas, a principios del siglo XIX, con la
exportación del caucho y posteriormente de otras especies forestales, como la tagua o
ipecacuana, a los mercados de Europa y Estados Unidos.
Hacia esta región viraron sus intereses
muchos comerciantes, primero en el Bajo Atrato y después en el Atrato Medio, y
específicamente en Quibdó, ayudados por la introducción de la navegación a vapor. Con
ello convirtieron el Atrato en una gran zona de explotación de materias primas de
exportación, lo que atrajo gran número de inmigrantes costeños mestizos hacia el Bajo
Atrato y el Darién, lo mismo que de negros del sur del Chocó, a lo largo del río en el
Medio Atrato y partes de Urabá, en particular en la banda oriental.
La población negra emigró muy
especialmente después de 1851 de la región de Nóvita, en razón de la ley de
liberación de esclavos de 1851, desplazandose desde el San Juan hacia el Baudó y el río
Atrato. En este río ocuparon los diques aluviales desplazando a los indígenas emberas,
que debieron proseguir su migración hacia las partes altas de los afluentes del Atrato.
Esta nueva dinámica poblacional definió nuevas fronteras e incorporó a su vez nuevos
territorios a la estructura espacial y al sistema económico del Chocó republicano y, por
ende, del país.
Estos dos hechos, la explotación de
recursos forestales y la migración negra, hacen que los intereses se vuelquen hacia el
Atrato y a través de éste a Cartagena y el Caribe, quedando atras la dependencia de
Popayán, al menos en lo económico y comercial. Por el Bajo Atrato salían para Cartagena
caucho, cacao, copaiba, mora, oro, tagua y maderas, especialmente cedro 43.
Esto convierte a Quibdó en el centro mas importante, reafirmado con la capitalía
definitiva del Chocó en 1851, mientras que Nóvita comienza su acelerado declive y
aislamiento.
Los dos últimos decenios estan marcados
por el interés de empresas y empresarios por la explotación minera en el río Atrato y
en sus diferentes afluentes primordialmente. Desde 1887 William Curtis había recibido un
privilegio de explotación por parte del gobierno del Cauca, pero en el siguiente decenio,
aparte de la compañía Atrato Mining and Developing Company, estaban la Compañía
Minera Franco-belga y la compañía francesa llamada Minas del Cauca
44.
Las evaluaciones del potencial minero
para estas u otras empresas implicaron la realización de exploraciones y estudios, con
sus respectivos planos. Vale la pena mencionar, por ejemplo, el Report on the Rivers
San Juan, Sipí and Tamaná, realizado por Robert Blake White 45, un
inglés que además hizo trazos viales como el del Camino de Antioquia, pero ante todo es
el iniciador de una dinastía que va a tener notable incidencia en el Chocó y produciría
importantes informes, como los de Henry o Juan Enrique White, que también en estos años
realizaron varios estudios de orden geológico.
La
cartografía del siglo XIX. De científicos, viajeros, exploradores y otros más
El desarrollo de la cartografía en
Colombia durante el siglo XIX fue notable, hecho que estaba reflejando el nuevo espíritu
que se quería introducir. Con "La Independencia -tanto política como intelectual-
nace ante todo de la experiencia científica, que permite ver la realidad con otros
ojos" 46. Esta experiencia científica tuvo niveles desiguales
entre las dos mitades del siglo: una primera mitad en donde, antes de la Independencia, se
concentró en los últimos años de las investigaciones de Mutis, epígonos de la
Expedición Botánica, y en el arribo por iniciativa propia de científicos que
recorrieron el país y dejaron notables investigaciones y algunas cartas geográficas,
como fue el caso de Alexander von Humboldt y su compañero Aimé Bompland. El primero
elaboró en 1801 un plano del río Magdalena.
El espíritu de la experiencia no fue
generalizado, aunque quiso imponerse con la Independencia, cuando Francisco Antonio Zea,
por orden de Francisco de Paula Santander, trajo desde Europa las ideas y los científicos
para establecer en el país un Museo de Ciencias Naturales y una Escuela de Minería 47. No obstante, la experiencia fracasó. Entre los científicos traídos
estaban Mariano Rivero, François-Desiré Roulin y Jean-Baptiste Boussingault 48, quienes hicieron importantes contribuciones, especialmente en el área
de la minería, y este último, algunos aportes a la cartografía como el mapa del
distrito minero del Cantón de Supía.
Es realmente en la segunda mitad del
siglo XIX cuando el espíritu científico toma vuelo y la cartografía alcanza un grado
notable de desarrollo con la creación de la Comisión Corografica en 1850, en el gobierno
de Tomas Cipriano de Mosquera. Hasta ese momento la mayor parte del territorio estaba por
recorrer, pocas provincias tenían mapas y descripciones geográficas49.
Con la Comisión se buscó suplir este vacío y, gracias a tan importante empresa
científica, Colombia manifiesta un intento de conciencia histórica y escudriña su
propio ser en busca de una identidad geográfica, económica, histórica y social 50.
De estos dos períodos el Chocó recibe
su incidencia directa; es así como Alexander von Humboldt, aunque no estuvo en el Chocó,
en sus años en Colombia entre 1801 y 1804, por referencias, se formó una idea aproximada
de lo que era el Chocó en cuanto a riqueza minera, condiciones geográficas, régimen de
pluviosidad, e incluso dio su opinión sobre cómo era lograble el desarrollo del mismo y
hasta condenó la esclavitud por ser contraproducente para la minería 51.
El sabio Humboldt utilizó el plano hidrográfico del río Atrato realizado por Juan
Jiménez Donozo como base, al igual que los datos y observaciones, incluyéndolos en el
atlas de veinticinco mapas elaborados por él 52.
El mapa del Reino realizado por Tomas
López en 1802 se fundamentó, a su vez, en los trabajos de Humboldt y nuevamente en los
de Juan Jiménez Donozo sobre el Chocó, además de los de Francisco José de Caldas y el
francés Roulin 53.
Francisco José de Caldas también y de
manera reiterada tuvo presente al Chocó, región de la que temprano tuvo conocimiento y a
la que siempre quiso visitar. Uno de los primeros escritos con referencia al Chocó fue
sobre el canal interoceánico, según él rompiendo el pequeño estrecho que separa al
río San Juan y el río Atrato, sobre el que escribió en mayo de 1797 54.
En 1802, estando en Quito y con viaje programado, planteó internarse "algún tanto
en el Chocó, por el número inmenso de plantas, y en especial de palmas, que se dice hay
en estas regiones" 55. En febrero de 1803, la posible ruta la
varió para entrar por San Juan e ir hasta el Arrastradero de San Pablo, y salir por el
golfo del Darién para luego ir por mar a Cartagena. Aparte del paso interoceánico
planteó la importancia de conocer las culebras y las curaciones producidas por la
mordedura, pues "en ningún país del mundo se cura mejor el veneno de sus mordeduras
con vegetales que produce el país con abundancia", decía en su carta a Santiago
Arroyo 56. Esta ruta nunca la hizo, entre otras razones porque en
Mapucho (Ecuador), "he estropeado mi salud hasta el punto de sospechar que no podría
sufrir la malignidad del Chocó" 57. A pesar de que escribió
varias veces sobre el Chocó, parece ser que sólo hasta 1813 logró visitarlo cuando,
estando en Antioquia, fue enviado a trazar el camino al Chocó 58.
El caso de hablar de oídas, con
referencias mas o menos precisas, ya señalado en Von Humboldt y Caldas, no fue aislado,
ya que muchos viajeros escribieron sobre el Chocó desde regiones próximas, muchas veces
exagerando la descripción. Un caso es el de A. Le Moyne, quien, después de haber estado
en Colombia entre 1828 y 1839, fue a Francia pero regresó a América con destino a Perú,
pasando por Panamá en 1841. Como era casi un imperativo, tocó el tema del canal y
dedicó unos apuntes acerca de algunas regiones del istmo y del Chocó. Sobre el
Chocó eran las mismas generalidades de la época: el clima malsano, la reputación de las
minas de oro y platino, y hace mención del canal de Raspadura como el susceptible de la
comunicación interoceánica, citando a Humboldt, pero concluye: "Admitiendo que
esa comunicación natural exista, es evidente que en las condiciones antes dichas, no
tiene utilidad práctica, a menos de realizar trabajos considerables, para una navegación
a través de una región desierta y peligrosa por su excesiva insalubridad"
59.
Después del fracaso de la Escuela de
Minería, para lo que había sido traído inicialmente, Jean Baptiste Boussingault viajó
a Supía en 1827 para examinar el estado de la explotación de oro en el distrito y, como
comisario designado por el ministro, para conciliar los intereses del Estado con los de la
compañía Colombian Mining Company
60. De allí emprendió un
recorrido por el Chocó en 1829, viaje del cual quedó un capítulo en sus memorias 61, en el que combina la observación del viajero y del etnógrafo con el
análisis geológico y de minas, además de realizar una serie de gráficos y
levantamientos que se hicieron durante el viaje para superar las incongruencias del mapa
tan inexacto que llevaba, según él, del interior del Chocó, tan poco conocido 62.
Otro hecho notable y de singular
importancia en esta primera mitad del siglo fue el recorrido que hiciera el entonces
sargento mayor graduado de artillería del ejército colombiano Agustín Codazzi. En 1819
emprende, por orden de su comandante Luis Aury, un largo recorrido para llevarle un
mensaje a Bolívar. En los capítulos IX y X de sus memorias quedó registrado este viaje
que hizo por el Chocó, desde la frontera con el archipiélago de San Blas y la costa del
Darién hasta la desembocadura del río San Juan en el Pacífico, después de remontar el
río Atrato, pasar el estrecho o istmo de San Pablo y bajar por el San Juan.
Las paginas memorables de este recorrido
son una notable descripción de la geografía de los sitios recorridos, pero lo importante
de este viaje que señala Giorgio Antei 63 es que significó, en la vida
de Codazzi, un antes y un después. La percepción geográfica de éste quedó marcada por
aquel recorrido en donde alcanzó la visión de su propio destino 64.
Para Antei los mapas producidos en las memorias, que fueron siete, son muy distantes de
los de su madurez, porque son su reconstrucción personal, la simbolización y su
historia, mientras que la cartografía posterior retrata directamente el espacio 65. Es precisamente en el Chocó donde comenzó a ser dueño de sí mismo e
inauguró una diversa manera de relacionarse con el mundo reflejada en la producción
cartografica posterior.
De los mapas incluidos en las Memorias
de Codazzi
66, dos de ellos
estan directamente relacionados
con el Chocó: el Mapa del
camino del Chocó a Santafé de Bogotá y el Mapa
del camino del golfo del Darién Atrato arriba
hasta el río San Juan, fechados
en 1820 y el último basado posiblemente en mapas del archivo del virrey Samano. Pero
éstos no son los únicos resultados cartográficos, pues existen mapas de la región del
Chocó, de la zona de Nóvita y croquis del Baudó, Nóvita, Quibdó, entre otros
manuscritos elaborados por Codazzi en sus viajes al Chocó 67.
Con la Independencia también llegaron
los viajeros que en misiones oficiales o privadas se aventuraron por el país en busca de
las potencialidades económicas que pudieran aprovechar de los capitales extranjeros, y
aun nacionales; o por el placer de la aventura. Los recursos naturales, las posibilidades
de explotación, las vías de comunicación, entre otros factores, eran de su interés, y
los combinaron con una gran capacidad de observación, testimoniada en interesantes
crónicas de viajes.
Muchos de estos viajeros pasaron por el
Chocó dejando descripciones de gran valor histórico e inaugurando lo que se denomina la
geografía descriptiva, con el sesgo propio de la visión europea; racista y prejuiciada,
pero sin detenerse en análisis, o sin dejar, en la gran mayoría de ellos, documentación
cartografica. Entre éstos se puede destacar el mercader francés Julian Mellet 68, que recorrió el Pacífico colombiano desde Barbacoas hasta el Golfo de
Urabá en 1819, pasando por Nóvita y Citará (Quibdó), de las que dejó algunas
descripciones; el también francés Gaspar-Théodore Mollien 69, en
1823; el inglés Charles Stuart Cochrane 70, quien entró por Anserma y
salió por el Atrato en 1824; el médico francés Charles Saffray 71,
que remontó el San Juan, pasó por el istmo de San Pablo y también salió por el Atrato
en 1869. El último de ellos en el siglo XIX fue, tal vez, Jorge Brisson72,
otro francés, quien en 1895 realizó para una compañía antioqueña: la Sociedad
Exploradora del Chocó, una expedición por el Alto Chocó.
Mollien dedicó un buen número de
interesantes páginas a hacer una descripción de su paso por el Chocó, el que recorrió
después de salir de Buenaventura, pasar por el istmo de San Pablo y después por Citará,
para proseguir a Panamá por el Atrato, una de las rutas habituales. Es una visión
pesimista por la precariedad de los suelos, la insalubridad, el escaso comercio, la
carestía de los víveres, la poca población, el abandono de las ciudades, tal vez
resumida en estas frases: "En medio de tantas riquezas el hombre, sin embargo, es
pobre y desgraciado, no se ven viviendas sino sobre los oteros que de trecho en trecho hay
a lo largo de los ríos" 73. A pesar de ello, tiene espacio
para algunos rasgos poéticos o para mencionar los proyectos que un inglés anónimo
tenía para realizar un posible canal interoceánico.
Al margen de los viajeros existieron
otros extranjeros que como inmigrantes se habían quedado en el país, quienes, llegados
basicamente para las explotaciones mineras, aplicaron sus conocimientos topograficos en el
levantamiento de mapas de diferentes regiones con algún interés, ya sea para la
explotación minera o el poblamiento, como fueron los casos de Gabriel Ambrosio de la
Roche, Guillermo Eduardo Couttin, Roberto Blake y Franklyn White, Jorge L. y Henry White
Uribe, o el mencionado Carlos Segismundo de Greiff, que representa al grupo de ingenieros
que trabajaron desde Antioquia.
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Mapa 39. San
Juan, mapa de la zona entre los ríos San Juan y Tamaná, 1781.
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De la Roche, un francés que había
servido con los comuneros en Francia y emigrado durante la revolución 74,
realizó en 1804 un mapa del Chocó, en donde por primera vez se aproximó a todo el
territorio chocoano, aunque sin precisar sus límites. Éste es el mapa de mayor interés
de aquellos años, pues ya se va modelando el territorio y hay una mejor comprensión del
conjunto de la geografía, con las imperfecciones y las limitaciones técnicas propias de
la época. También realizó otro plano en 1806, que, según el historiador Roberto Luis
Jaramillo, formaba parte de un estudio para la construcción de un canal interoceánico.
Couttin era un criollo de origen
francés, pues su familia tenía tiempo de haberse establecido en el Chocó; fue teniente
de infantería del ejército patriota y edecán de Francisco de Paula Santander; elaboró
en 1832 un Plano de las bocas del Atrato y de su puerto y ensenadas de la costa,
muy interesante por la toponimia y la aproximación al Bajo Atrato. Este mapa fue enviado
al gobierno republicano acompañando un informe de Carlos Ferrer, sobre la situación de
la provincia del Chocó el 18 de febrero de ese año, cuando pasó a ser provincia
autónoma integrante del gobierno de la Nueva Granada.
De Greiff, por su lado, era un ingeniero
sueco que llegó para la explotación de minas en el cantón de Supía y después en
Antioquia; fue quien levantó un plano del Bajo Atrato en 1847, con el fin de definir el
camino que buscaba construir el gobierno de Antioquia a través del Atrato, llamado de
Occidente. Aparte del plano se publicó un informe, escrito por el mismo de Greiff,
llamado Exploración del Golfo de Urabá, del río Atrato y de sus vertientes, el 3
de junio de 1847 en la Gaceta de la Nueva Granada 75, como parte del
encargo que le hizo el gobierno entre 1845 y 1848, que incluía además hacer estudios de
canalización en el istmo y en el Chocó 76.
El jefe político del cantón del Atrato,
Juan José Espada, el 21 de septiembre del mismo año del informe de De Greiff, denunció
que éste tenía "muchas inexactitudes que se podían probar; y que tal vez no ha
tenido otro objeto que contribuir a la desmembración que pretende hacer a la provincia
del Chocó" 77, el gobierno antioqueño.
Otro extranjero que realizó un
levantamiento de esta zona del país fue el ingeniero civil Martín Nugent, quien elaboró
una carta topográfica en 1846, en la cual aparece una parte de la región del río Atrato
desde la desembocadura hasta el Alto Chocó, en el área de influencia del Urabá, puesto
que el interés estaba centrado en esta región, por lo que el mismo autor la califica
como una carta local
78
.
También debe señalarse el mapa del
noroccidente de Estados Unidos de Colombia, realizado por Henry White, de la dinastía de
los White, en 1886, como parte del informe enviado sobre los distritos de Frontino y
Cañasgordas y la propuesta para un camino al mar. Si bien en los dos últimos
el
interés estaba puesto en gran medida en la región del Bajo Atrato, no dejan de ser mapas
importantes para el Chocó, pues en la fecha de ejecución eran territorios chocoanos, en
los que Antioquia hacía exploraciones, estudios, planes y aún ejecutaba proyectos de
poblamiento, buscando siempre una salida al mar, ya fuera directamente o a través del
Atrato para acortar las distancias y disminuir los costos de su comercio. Esta era una
situación que venía mucho tiempo atras, puesto que desde la misma época del bachiller
Antonio Guzmán y Céspedes se buscaba anexar las tierras orientales de Chocó a la zona
de Urrao y después de Antioquia. El historiador Roberto Luis Jaramillo señala cómo se
había frustrado un plan de anexión desde comienzos del siglo XVIII, con varias entradas
de pacificación y exploración, buscando minas y fundando poblados como Fuemia, Murrí y
otros, para después alegar el mando de la gobernación de Antioquia. Patrocinador de esa
política fue el gobernador López de Carvajal 79. Por lo que esta
cartografía es expresión de aquellas pretensiones, que después le rendiría frutos a
Antioquia.
Pero el Chocó, y específicamente el
Darién, no sólo atrajo a los comerciantes, mineros, científicos y viajeros sino que
también llamó la atención de los gobiernos extranjeros y del mismo colombiano, para
definir una ruta interoceánica. Es así como este siglo, más que ningún otro, ve
resurgir el tema del canal, por lo cual expediciones de diferentes tipos intentaron
conocer de manera precisa las rutas ya planteadas o proponer unas nuevas. El que estos
exploradores fueran ingenieros permitió acelerar la precisión topográfica de ciertos
sectores del Chocó, pues en mayor medida fueron tales estudios y las propuestas
realizadas.
Aunque el mayor número de exploraciones
y de propuestas se realizaron en la segunda mitad del siglo, en la primera se hicieron
algunos estudios y propuestas técnicas, como el informe de Lloy y Falmare publicado en
Londres en 1832, el de la casa francesa Salomón & Cía. en 1833, o el de Napoleón
Garella por orden de Luis Felipe I, rey de Francia, en 1844 80. Codazzi
hace mención, en 1853, de los planos realizados por los ingenieros ingleses, ya dados a
la luz, para hacer un canal interoceánico en el istmo del Darién entre la Bahía de
Calidonia, en el Atlántico, y el río Sabanas, que desemboca en el golfo de San Miguel,
en el Pacífico 81.
Con todo esto, no hay un mapa que precise
los límites de la provincia, a la que en 1863 se le definen límites por ley. Sólo en la
Carta de la República de Nueva Granada, conforme a la última división política por
Tomas Cipriano de Mosquera, publicada en Nueva York en 1852 82, aparece
el Chocó de manera independiente, ya que en una carta anterior, publicada por José
Manuel Restrepo en París, en 1827 83, formaba parte del departamento
del Cauca, y como tal aparece señalada la provincia pero sin sus límites. En la carta de
Mosquera, Turbo forma parte de Antioquia, lo cual es una incongruencia, pues en el mismo
gobierno de Mosquera, en 1847, el denominado "partido de Turbo" fue asignado a
la provincia del Chocó, sustentando esa medida en las mayores facilidades de
comunicación con Quibdó 84. Aunque un mapa posterior de 1864 corrigió
el error, ya no es como provincia independiente sino como parte del Estado del Cauca.
La segunda mitad del siglo XIX es aún
mas prolífica, pero es especial por ser el período de actividad de la Comisión Corográfica,
que tiene una importancia sobresaliente en el país, pues "no fue tan sólo el haber
hecho mapas del territorio y de sus distintas provincias. Aunque esto es muy importante,
hay que considerarlo como una parte del gran proyecto de creación de un nuevo país [...]
De la Comisión Corográfica surgieron estudios, y el espíritu de la modernidad que
caracterizaría el pensamiento de medio siglo" 85.
Esta comisión estuvo por el Chocó en su
cuarta expedición entre 1852 y 1853, encabezada por Agustín Codazzi y de la que formaron
parte el hijo de Codazzi, Domingo, el botánico José Jerónimo Triana, Santiago Pérez y
el dibujante Manuel María Paz. Lo estudiado en el Chocó quedó incluido en la Geografía
física i política de las provincias de la Nueva Granada, publicada en 1856 por
Codazzi, y además en la Geografía física i política de los Estados Unidos de
Colombia,
escrita por Felipe Pérez y publicada en 1862. Otro documento directamente relacionado con
esta expedición es el libro Viajes por Antioquia y el Chocó, de Santiago Pérez,
que narra la expedición de 1852.
La minuciosidad del estudio posibilita un
conocimiento del Chocó de aquella época, con sus descripciones botánicas, geográficas,
climatológicas, etnográficas, acompañadas de la corografía y de los dibujos y
acuarelas. Para algunos, el hecho de ser meramente descriptivo y no analítico marca un
retroceso desde el punto de vista científico con respecto a los trabajos de Humboldt y de
la Real Expedición Botanica 86. Pero esto no le resta méritos en
términos de ser una manera de reconocimiento o redescubrimiento de un país, aun en los
mas recónditos lugares como el Chocó, que empezaron así a formar parte de la
nacionalidad que se soñaba construir.
Codazzi también participó por orden del
gobierno nacional en varias expediciones a Panamá y el Chocó en 1853 y 1854,
acompañando las comisiones de las marinas de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, que
estaban empeñadas en definir rutas para un posible canal. Su misión allí fue
salvaguardar los intereses y la soberanía del país 87.
Durante la segunda mitad del siglo se
multiplicaron las propuestas y los estudios para la construcción de un canal,
especialmente de ingenieros norteamericanos, como el de Lull en 1875 88,
para citar uno solo, hasta lograr sus propósitos con la iniciación de las obras en
Panamá por los franceses, al mando de Ferdinand de Lesseps en 1880, por la ruta
denominada Reclus-Wysse-Sosa, de la cual ya había conceptuado Codazzi que era la única
posible 89. Pero de igual manera volvió a resurgir el interés que se
prolongaría hasta los primeros decenios del siglo XX, cuando fracasó la empresa francesa
Compagnie Universelle du Canal Interocéanique, nueve años después.
Mientras el país estaba en la tarea de
inventar una república, profundizando en el conocimiento de sus "propios medios y
recursos" 90, o pensando en una ruta interoceánica, la clase
dirigente, desde mediados del siglo XIX, intentaba por todos los medios insertarse en el
país con el fin de lograr el intercambio comercial y formar parte de la estructura
económica, de la configuración espacial y, por ende, de la nacionalidad que se estaba
creando. Así es como se produce otra cartografía menos científica, aunque no menos
importante, como es la de los levantamientos topográficos de los caminos que se
proyectaban, con las limitaciones propias de los recursos técnicos de la época.
Si bien muchos de los caminos coloniales
tenían expresión cartografica, ésta era bastante precaria, imprecisa y poco confiable o
ya no existían. Por eso la necesidad de realizar nuevos trazados que apuntaran a definir
mejores rutas, mas cortas y que obviaran los azarosos trayectos que tanto impresionaron a
Codazzi y a casi todos los cronistas. Los trabajos más importantes fueron proyectados por
el genovés Juan Bautista Mainero y Truco, denominado el camino de Bolívar e iniciado en
1863 91, y el del camino del Chamí, dirigido por Griseldino Carvajal e
iniciado en 1891, del cual hace un detallado informe en 1894 92.
Otro tipo de cartografía fue la
requerida para la navegación del río Atrato. Las nuevas exigencias de los barcos de
vapor implicaron un conocimiento exacto del río, por lo que el gobierno, en los intentos
por regularizar el servicio a través de los privilegios otorgados a las empresas, en
algunos casos incluyó clausulas que las obligaban a levantar planos, con estudios
científicos sobre la manera de verificar con mas seguridad y economía la navegación,
como sucedió en el contrato suscrito en 1886 con la empresa Navegación a vapor de
Cartagena a Tolú, Sinú y Atrato, gerenciada por Edmundo Smith 93.
Sobre el río Atrato, por diferentes
motivos, se hicieron varios mapas: Joaquín Acosta en 1847, en París, cuando publicó el
mapa de la república, hizo lo propio con un mapa del Atrato 94; John C.
Trautwine publicó en 1852, como parte de los estudios de un canal por el Chocó, los
mapas Atrato and San Juan (Interoceanic canal),
Bocas del Atrato y Porciones
del Atrato y Napipí
95; un ingeniero de apellido Hayward, de la
compañía Atrato Mining and Developing Company, elaboró el Map of a part of
the Atrato and Tributares
96.
De
intendencia a departamento de Colombia. En busca de la identidad. El siglo XX
El siglo XX se abre para el Chocó de una
manera poco halagadora: con la pérdida de su integridad territorial en 1905. Territorios
comprendidos en los límites del "viejo Chocó", específicamente la parte
oriental del río Atrato en el área geográfica del Urabá, fueron incorporados al
territorio del departamento de Antioquia para compensarlo por la pérdida de los
territorios del sur que conformaron el departamento de Caldas, aunque a cambio recibió la
parte correspondiente a la zona de influencia de la cabecera del mismo río Atrato.
Un año después, las tribulaciones del
Chocó aumentaron cuando es convertida en intendencia nacional, un régimen de excepción
que existía desde 1853 pero al que nunca había llegado, lo que implicaba, al decir de
Daniel Valois, la pérdida de su igualdad y comunidad jurídicas con las provincias
tradicionales y su normalidad constitucional y administrativa 97. La
razón fundamental para que se erigiera como intendencia se debió a los temores desde la
clase dirigente nacional de que siguiera el mismo camino de Panamá, que se independizó
en 1903. Desde 1904, en los periódicos nacionales, el primero de ellos La Enseña de
Cali, se propuso una forma de gobierno que permitiera el control nacional, máxime cuando
varias empresas extranjeras invertían en esta región, lo que aumentaba la preocupación.
Después de varias propuestas en el congreso, al fin se cumplió en la Asamblea Nacional
convocada por Rafael Reyes 98.
Por la ley 1a. de 1908, que empezó a
regir desde el 1o. de enero de 1909 y que sólo duró hasta que otra ley, la 65, de
diciembre de 1909, dispuso que desde el 1o. de abril de 1910 sería nuevamente
intendencia, el Chocó fue brevemente departamento de Quibdó, siendo su único
gobernador Eduardo Ferrer 99.
Pero si en definitiva quedó como
intendencia, después de su breve paso como departamento, sus límites siguieron
modificandose. En 1908 las poblaciones chocoanas del Silencio, Versalles, Salmelia,
Argelia y Cajamarca pasaron a depender del municipio de Toro (Valle), y en 1912 se
segregó a Pueblo Rico del Chocó para pasar al departamento de Caldas (hoy forma parte
del departamento de Risaralda) 100.
La minería, especialmente la del
platino, fue la base fundamental de la economía, lo que desde finales del siglo XIX
levantó grandes expectativas, atrayendo la atención de aventureros e inversionistas
extranjeros: franceses, sirio-libaneses y especialmente norteamericanos, como Henry
Granger, que en 1899 era cónsul de los Estados Unidos en Quibdó y a la vez gerente de
una compañía minera de la que era socio Eduardo Blum 101. De igual
manera, había otras compañías que competían por encontrar nuevos yacimientos, explorar
nuevas tierras y esto consignarlo en mapas y planos para solicitar su adjudicación.
Existieron empresas curiosas, como las
salinas de la empresa Armenta & Co., que montó una planta de explotación de salina
marítima en 1907, de la que queda un interesante mapa 102, algo sin
antecedente y sin continuación, ubicada en la Bahía de Cupica, donde desde finales del
siglo XVIII se intentaba la colonización. En esta empresa, a la cual se le quiso dar un
tinte patriótico, estaba involucrado el ingeniero Antonio Luis Armenta, gran animador de
un canal por esta vía.
Como intendencia, a pesar de las
desventajas administrativas, el Chocó tuvo uno de los períodos históricos de mayor
vitalidad cuando se aunaron factores de índole cultural, social, económica y política.
Nuevos grupos sociales formados por hijos de comerciantes se empezaron a distanciar de los
precedentes grupos dominantes (los antiguos grupos esclavistas y miembros de la burocracia
intendencial). De manera simultanea se dio el surgimiento de un grupo minoritario de
comerciantes negros que apoyó e integró la nueva clase social y política que se
formaba; además, la población negra creció en las areas urbanas -comenzando a ser el
grupo social predominante, especialmente en Quibdó e Istmina-; este rapido panorama se
queda corto en cuanto a las muestras de dinamismo social y de receptividad a nuevas
propuestas ideológicas de la época. Una transición en lo político para el decenio del
veinte y parte del treinta trajo como resultado final la irrupción y consolidación de
una propuesta política de corte racial en este último decenio, que hasta el día de hoy
extiende sus efectos.
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Mapa 50. Croquis
del Camino Nacional del Chocó al Valle del Cauca, 1847.
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La modernidad comenzó a ser
planteada primero desde la literatura y después trasladada a un proyecto de
modernización del Chocó recogido por la clase dirigente surgida en los nuevos grupos
sociales. Los idearios y propuestas de éstos, parcialmente se lograron adelantar cuando
los precios del platino se dispararon y el Chocó se convirtió en el primer productor
mundial; así soñaron grandes proyectos como el canal interoceánico, la conexión
carreteable y ferroviaria con el interior del país, la carretera transoceánica o
panamericana, entre otras propuestas hiperbólicas que hacían de la selva la cima de la
civilización moderna.
Aunque la mayoría de los proyectos no se
realizaron, varias obras importantes se ejecutaron para ampliar los nexos de la capital
con sus territorios. Una conexión intrarregional como la vía Istmina-Quibdó, o la vía
carreteable Quibdó-Medellín, ejecutada sobre el antiguo camino de Antioquia en la parte
chocoana, permitió en 1944 la anhelada comunicación. También se erigieron importantes
edificaciones en las principales ciudades, pero fueron más las propuestas que se quedaron
diseñadas en el papel.
Si bien existió un predominio de la
minería, la clase dirigente regional buscó incentivar la agricultura; para ello
consideró viable el incentivo de la inmigración hacia algunas areas geográficas,
empezando por la ensenada de Utría, en la costa Pacífica, en la década del diez. Lo
mismo hizo el gobierno nacional en los años treinta, cuando Alfonso López Pumarejo
intentó la colonización dirigida a la Bahía de Solano con la fundación de Ciudad
Mutis. En el norte, es decir en el Darién, las migraciones de finales del siglo
continuaron con las plantaciones que se hicieron de caucho y banano en el area de Acandí,
y que aún hoy, a finales del siglo XX, continúan. Nuevamente se ampliaron las fronteras
internas con grupos de colonos en todas las regiones de la intendencia.
La importancia estratégica, que aumentó
desde 1903 con la secesión de Panamá, por la ubicación geografica y con ello los
canales interoceánicos, mas la importancia económica por explotación minera, indujo al
interés de muy variados personajes, grupos, instituciones y países, que hicieron
estudios específicos de su territorio, ya fuera por el solo interés geográfico o etnográfico
o por las riquezas auríferas, platiníferas y petroleras. Los estudios en la primera
mitad del siglo permitieron aumentar el conocimiento de todo el territorio, aparte de los
múltiples proyectos contemplados allí, producto del trabajo de notables científicos o
exploradores, nacionales o extranjeros, que llegaron al Chocó interesados en esa riqueza
que se promovía.
Aparte de los estudios específicos sobre
los canales, es de notable importancia el compendio geográfico del aleman J. Kunst: Der
Alto Chocó, publicado en Hamburgo (Alemania) en 1913, que, al decir de Enrique
Hubach, es un "trabajo crítico que orienta fundamentalmente sobre la exploración
geográfica del Chocó" 103. El propio geólogo Hubach realizó
valiosos aportes al conocimiento geológico, Emil Grosse hizo lo propio con su colección
de rocas y también el ingeniero Henry White Uribe contribuyó en las determinaciones
geográficas y mineras, todos en la década del veinte. Este White Uribe, como ingeniero
director, presentó el informe de la Comisión Minera del Chocó, en 1929, después
de una extensa exploración, en el cual se incluyen descripciones generales, observaciones
geológicas, estudios específicos de los distritos, listas de minas denunciadas, una rica
historia de la minería, altimetrías y varias cartas topográficas de los distritos
visitados 104.
Artículos o descripciones del Chocó, en
revistas o en la prensa nacional, se publicaron desde temprano, por autores chocoanos,
como Guillermo Hurtado o Reinaldo Valencia, o de afuera, como Pedro Uribe Restrepo en la
Revista Nacional de Colombia 105 o Miguel Triana en la Revista de
Colombia, pero son las publicaciones de Jorge Álvarez Lleras las que tienen mayor
trascendencia, profundidad y análisis, además de ser una actividad permanente de
propuestas a través del Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia, de la que fue
secretario perpetuo. Álvarez Lleras, desde 1924, cuando publicó un pequeño libro sobre
el Chocó, mantuvo su interés por éste y fue difusor de proyectos, entre ellos los
canales; visitó la región, especialmente hacía la zona minera del San Juan, y como
producto de ello publicó en el Boletín de la Sociedad Geografica de Colombia sus
relaciones de viaje, con escritos históricos y etnográficos, además de material fotográfico
y cartografía 106. Con la Geografía ilustrada del Chocó, del
teniente Jorge Mendoza Nieto, publicada en 1942, forman las dos más importantes obras de
carácter geográfico publicadas en esta primera mitad, en el interior del país y
dedicados exclusivamente al Chocó 107.
La mirada de estos visitantes estaba
marcada por la idea de progreso, desarrollo industrial, apertura a los mercados externos,
realización de infraestructura, una explotación al máximo de las riquezas, y estaban de
acuerdo en que el atraso se debía en parte a "la indolencia de los habitantes".
Tanto White Uribe como Álvarez Lleras, a pesar de la concepción que tenían, denunciaron
la explotación inadecuada de los recursos que no le dejaba beneficios al Chocó, e
incluso White señaló cómo la explotación extranjera, de la cual sólo hasta ese
momento "principiamos a darnos cuenta", era un problema de seria magnitud de
soberanía nacional. La solución que se daba era la de abrir paso a la inmigración, la
adjudicación de baldíos, el mejoramiento de la legislación minera para definir títulos
de propiedad en contravía a la tradición oral nativa, la necesidad de producir para ser
libres y la orientación científica de las vías, para lograr eso que White llamaba
"la transformación del Chocó, merced a su riqueza mineral y a la feracidad de sus
terrenos" 108, un ideario que impregnó a la clase dirigente local
y fue el criterio predominante en la primera mitad del siglo.
En 1947, después de una lucha que se
venía planteando desde los años veinte, la intendencia pasó a ser departamento
conservando los mismos límites, categoría que hasta el día de hoy ostenta. Después de
este hecho se acentuó una de las condiciones fundamentales del Chocó: una ciudad
predominante, que es Quibdó y un alto índice de ruralidad en el resto del departamento y
uno de los menores índices de densidad demográfica en Colombia.
Sin duda que la unidad territorial que
logró pasar de intendencia a departamento y conservarse posteriormente como tal, fue
lograda en parte por el temor y la amenaza. La unidad interna se logró siempre en razón
al miedo de que, o una de las dos provincias tradicionales se anexara, o que la
intendencia y posteriormente el departamento lo repartieran entre los departamentos
vecinos. Así, en los años del diez, desde la provincia del San Juan se proponía la
anexión al Valle del Cauca o la creación de dos intendencias: la del San Juan y la del
Atrato; en el decenio de los veinte se decía que "si los chocoanos no pueden unirse,
sera mas conveniente para el país acabar el régimen intendencial y repartir ese
territorio entre los departamentos de Caldas, Valle y Antioquia" 109.
Cada uno de estos hechos incentivó campañas internas; la liderada por el periódico
A.B.C. en 1914, la iniciativa de Alfonso Meluk en 1926 del Comité de Acción Chocoana,
primeros impulsos a la larga lucha por lograr la departamentalización, pero que lograda
no alejó el fantasma de la repartición del territorio, algo que volvió a evidenciarse
en 1957, lo que dio lugar a lo que Gabriel García Marquez llamó "Historia íntima
de una manifestación de 400 horas" 110, una protesta para impedir
que algo así ocurriera.
Pese a haberse logrado la conexión vial
carreteable primero con Medellín y posteriormente con el resto del país, el proceso de
aislamiento y distanciamiento ha sido cada día mayor. Lo que Valois Arce señaló como el
estado previo a la declaratoria como intendencia, "se podría asegurar que se
repitió en el período departamental: antes el Chocó asistía puntualmente a los
movimientos cívicos de la nacionalidad. Ahora empieza a llegar tarde a todo, parecería
como si las distancias se hubieran duplicado y Colombia estuviera más alejada del
Chocó" 111. Una realidad también geográfica, dicho con frase de
García Marquez en 1957: "hoy es tan difícil ir a Quibdó como hace 200 años" 112.
La segunda mitad del siglo XX esta
marcada por un proceso que condujo a una visión diametralmente opuesta a la imperante en
la primera mitad del siglo. Amojona el punto de partida de este período el llamado Simposio
de Zonas Tropicales Húmedas, realizado en la ciudad de Quibdó entre el 19 y el 30 de
marzo de 1958, por iniciativa de Enrique Pérez Arbeláez. Allí importantes científicos
como Robert West 113, Luis Duque Gómez 114, Ernesto
Guhl 115, Virginia Gutiérre z116, Roberto Pineda,
José Cuatrecasas 117, Orlando Fals Borda 118,
dieron a conocer las investigaciones que habían realizado sobre la minería, la familia,
la flora, la vegetación, la vivienda, etcétera, un primer indicador de la diversidad
biológica, ecológica y cultural 119.
Los trabajos de Leslie R. Holdridge,
iniciados con "Formaciones vegetales del mundo" en 1947, que descartando el
énfasis vegetal culminaron en el denominado "Sistema ecológico de las zonas de
vida" 120, fueron una nueva manera de cartografiar, a partir de la
interpretación y clasificación del medio ambiente, la vegetación y el uso de la tierra;
lo cual se empezó a poner en práctica en Colombia desde 1960, teniendo como punto de
referencia importante las selvas chocoanas, donde por primera vez entró Holdridge en
contacto con la selva pluvial tropical, algo que sólo conocía en teoría 121.
En los años setenta y ochenta se
patentiza el reconocimiento de la enorme biodiversidad del Chocó, producto de las
investigaciones de instituciones nacionales y extranjeras que dan cuenta de la flora, la
vegetación, la fauna, los recursos genéticos, las particularidades ambientales y
culturales, que aunado a los nuevos conceptos impulsados desde la década del setenta del
desarrollo sostenible o sustentable y a la revalorización de los activos biológicos,
determinan otra mirada al Chocó, ya no del territorio de inmensas riquezas inexplotadas
sino la de una biodiversidad amenazada.
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Mapa 57. Mapa de
comunicaciones interoceánicas por el
Napipí y conexiones del Atrato con la Provincia de Antioquia
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Especialmente los estudios del
norteamericano Alwyn H. Gentry, que, desde sus estudios de los años ochenta, dio cuenta
de las particularidades de alto endemismo y gran diversidad, por lo que, como él mismo
dice, "el Chocó se ubica en el centro de la creciente preocupación en torno a la
conservación de la biodiversidad del planeta. Mas aún, en la medida en que la
biodiversidad se traduzca en un patrimonio económico directo, una parte significativa del
capital mundial de la biodiversidad, puede residir en las plantas endémicas de los
bosques del Chocó" 122. Pero estos rasgos de singularidad eran
compartidos con la región Pacífica colombiana, dominada por la selva húmeda tropical,
por lo que el nombre del Chocó derivó de la estricta asignación a un departamento para
extenderse a una región biogeográfica que va desde el sur de Panamá al norte del
Ecuador y comprende 83 municipios de 7 departamentos: Antioquia, Cauca, Córdoba, Chocó,
Nariño, Risaralda y Valle, con 11 ecosistemas y 15 unidades biogeográficas.
La nueva interpretación del territorio,
que se adentra y ausculta con mayor detalle en sus componentes ambientales, ecológicos y
culturales, esto es, una profundización en su interioridad, implicó un nuevo
ordenamiento y otra forma de representación cartográfica, desde las diversas formas de
mirarlo e interpretarlo por los saberes. Esta cartografía forma parte de lo que el editor
Pablo Leyva llamó un "congreso imaginario", dos tomos del libro Colombia
Pacífico, que no es la culminación sino la afirmación del proceso recorrido desde
el simposio de Quibdó en 1958.
En ese período se creó la Corporación
Nacional para el Desarrollo del Chocó, que va a participar con desigual fortuna en la
búsqueda del nuevo enfoque del desarrollo. Creada en 1968, pero que empezó a operar en
1969, para adelantar la reconstrucción de Quibdó, posterior al incendio de 1966, debió
acometer después la reconstrucción de Bahía Solano, proyectos de carreteras,
hidroeléctricas, navegación, puertos, como también estudios y cartografía del Chocó,
de la que se carecía en grande y necesaria medida para todos los proyectos que debían
emprenderse.
En los últimos años el proceso de mayor
importancia, y que tiene una influencia directa sobre los cambios en el interior del
territorio, se relaciona con la ley 70, o de negritudes, firmada en 1992 en Quibdó. Esta
ley planteó la legalización de las tierras de las comunidades negras del Pacífico
colombiano, de acuerdo con sus costumbres ancestrales. Este hecho implica la
territorialización de las comunidades negras y la definición de las fronteras internas
con otros grupos culturales, como las comunidades indígenas o los grupos de colonos
mestizos en todo el departamento.
Es importante hacer resaltar que la nueva
concepción del desarrollo humano sostenible se ha impuesto y ha sido recogida por las
organizaciones populares y ciertos sectores dirigentes del Chocó, que se oponen a la
visión desarrollista de la primera mitad del siglo. Esto condujo a nuevas miradas sobre
la geografía y sobre el territorio, en las que la biodiversidad desempeña un papel
fundamental. Las limitaciones a la explotación de los recursos mineros y maderables, por
un lado, y la investigación de la selva húmeda tropical, con sus inestimables recursos
genéticos, por otro, hicieron de éste un período de sustanciosos estudios, con una
cartografía especializada.
La cartografía del
siglo XX. El conocimiento interior
A principios del siglo la silueta del
Chocó aún no se definía; es sugerente que en el plano nacional no se tenga una idea
clara de cómo es el Chocó. En el Atlas completo de geografía colombiana de
Francisco
Javier Vergara y Velasco, publicado en 1906 en Bogotá 123, el Chocó
no aparece como una porción territorial definida; los litorales, conforme al propósito
de la obra, estan incluidos en los mapas de los litorales colombianos. Adicionalmente
aparecen dos mapas específicos sobre el Chocó, uno de la región central y otro
denominado la región del platino; en este último, aparece la cordillera occidental como
cordillera del Chocó.
Entre 1906 y 1910, el general Vergara y
Velasco publicó en siete entregas su Atlas completo de geografía colombiana, mas
algunos planos sueltos; uno de ellos fue en la edición de 1910, en el que publicó la
división político-administrativa de Colombia, definida en la administración de Rafael
Reyes, pero que ya había desaparecido nuevamente. Así, en este mapa realizado en 1906
por el mismo grabador de los anteriores, don Antonio María Madera, muestra al
departamento de Quibdó limitando con los departamentos de Antioquia, Jericó, Buga y
Cali.
El anterior mapa y el que aparece en el
libro La République de Colombie de Henry Jalhay, publicado en Bruselas en 1909 124, donde también aparece el departamento de Quibdó, son dos documentos
históricos de ese efímero momento de la departamentalización en el primer decenio del
siglo XX, aunque sus límites seguían siendo bastante imprecisos.
Sólo en 1928, cuando la Oficina de
Longitudes del Ministerio de Relaciones Exteriores, oficina creada en 1902 para proseguir
la labor de la Comisión Corográfica, produjo la carta geográfica de la intendencia, se
tiene por parte de las entidades nacionales un primer mapa oficial del Chocó con sus
límites oficiales, para lo cual se trasladaron al Chocó Tomás Aparicio y Justino
Garavito, en donde estuvieron en enero de 1922, haciendo las respectivas observaciones
para la carta 125.
En realidad, no era el primer mapa sobre
la intendencia, puesto que existía uno previo, realizado en 1907 e impreso en la
Litografía Nacional de Bogotá: Mapa del territorio de la intendencia del Chocó,
pero era para señalar las áreas auríferas y sobre todo las platiníferas, con énfasis
en los ríos, un mapa si se quiere obvio, que respondía al interés fundamental por
conocer los territorios donde se podían explotar los yacimientos, única razón para
muchos de conocer estos territorios.
Con la creación de la intendencia del
Chocó, el gobierno de Rafael Reyes impulsó las obras de infraestructura vial; vale
decir, la de los caminos. Para ello la intendencia contó con el concurso de ingenieros
como el chocoano Rodolfo Castro Baldrich, el catalan Luis Llach Llagostera y el
antioqueño de origen inglés Roberto J. White, quienes realizaron una intensa labor de
cartografía para definir los trazados de las vías, que después ellos mismos
convertirían en carreteras en el decenio del veinte. En conjunto producen la primera
cartografía del Chocó -desde el Chocó-, con la característica de que muchos de estos
informes, además del trazado vial, estaban acompañados de interesantes anotaciones del
recorrido, entre los que se incluían la fauna, la flora y un reconocimiento de la
geografía particular de cada subregión.
Castro Baldrich fue director de obras
públicas en diferentes períodos e ingeniero jefe del camino de Quibdó a Bolívar
(camino de Antioquia); además participó en dos comisiones que tuvieron que ver con la
definición de los límites con Panamá. La primera vez como ingeniero de la comisión al
mando del general Justiniano Jaramillo, iniciada el 28 de septiembre de 1909, ordenada por
el Ministerio de Guerra, con el fin de aclarar un problema de límites en el río La Miel
(municipio de Acandí), con el cual perdía Colombia 10 kilómetros con el país vecino 126. La segunda en una comisión especial, esta vez como jefe de la misma,
ordenada también por el Ministerio de Guerra a las regiones de Salaquí y Cacarica y las
áreas limítrofes con Panamá, con el fin de establecer la situación allí. Estos hechos
empezaron, por un lado, a determinar la frontera colombiana con Panamá y por el otro a
configurar por el norte el perfil definitivo del Chocó 127. Las
comisiones tenían el propósito de establecer los límites precisos, elaborando los
levantamientos cartograficos, en el primer caso en el Caribe -mapa del Distrito de Acandí
y límite oriental con Panamá- y en el segundo sobre la costa Pacífica, lo cual hizo y
consignó en cartas geográficas que se anexaron en los informes.
En el segundo informe planteó el vacío
geográfico que se llenaba con la descripción de esta región, por las deficiencias que
existían, según él, en las cartas construidas tanto por el gobierno nacional como por
los gobiernos extranjeros "avidos de este género de informaciones; basta comparar
el mapa que tengo honor de adjuntar, con los más completos conocidos, para conocer que
sólo hoy tiene el país una noción clara de la región importantísima que le sigue en
parte del límite oriental a Panamá y de la rica comarca que pretendió el Departamento
rebelde cuando ordenó a los ingenieros Ramón Valdés y An. Villareal el arreglo de
cartas geográficas para la enseñanza en las escuelas panameñas, mapas que extienden sus
limites hasta mas al Sur de Cabo Marzo" 128
Después de las Comisiones siguió el
tratado Urrutia-Thompson, en 1914, y el tratado de límites Vélez-Victoria, en 1934,
culminando en 1937 con la demarcación por parte de la comisión mixta demarcadora de
límites entre Panamá y Colombia en 1937. Esta comisión se fundamentó en todos los
documentos previos existentes, entre los cuales se señalan los de la comisión del
general Jaramillo en 1909, para realizar el cometido y producir la cartografía que
definió el límite chocoano y colombiano con Panamá.
Mientras tanto Llach Llagostera, que
también fue director de Obras Públicas, durante su permanencia en los dos períodos que
vivió en el Chocó -1906 a 1908 y 1920 a 1926- dibujó gran cantidad de mapas y planos de
caminos, diseños urbanos, como el ensanche de Quibdó y de varias edificaciones
representativas, con una calidad gráfica extraordinaria. A Llach le cabe el honor de
haber elaborado, entre 1908 y 1909, si no el primero, uno de los primeros mapas del
Chocó, utilizado como base cartográfica para posteriores reclamaciones de títulos de
minas. Este mapa lo perfeccionó en su segundo período cuando, en 1921, lo presentó,
"sin duda el mas completo e instructivo que hasta ahora se conoce de nuestra
tierruca" 129, al parecer de los redactores del periódico La
Aurora, quienes pedían que se ordenase la reproducción con el fin de que figurara en
todas las escuelas, las oficinas y aun en las viviendas.
Roberto J. White, quien estuvo durante
mas de 20 años en el Chocó, fue también director de Obras Públicas. Inició el camino
de Antioquia bajo su dirección y realizó el primer mapa vial del Chocó. Publicó varios
informes sobre los caminos del Chocó en 1909, y también informes geograficos como los de
las hoyas de los ríos Atrato y Baudó en 1920, entre otros de carácter geológico.
Continuó una labor que habían empezado su padre y su tío, quienes estuvieron
adelantando estudios geológicos en el siglo XIX con miras a posibles explotaciones
mineras.
Mientras tanto, los nuevos intelectuales
y la clase dirigente intentaban comprender su realidad geográfica e histórica, como una
manera ideal de erigir la identidad territorial. A su acción política de construir una
iconografía chocoana, tomando como referente los hombres que participaron en las gestas
libertadoras en el Chocó, o los hombres destacados del siglo anterior, como Tomas Pérez
y César Conto, para sólo designar dos, le acompañó un impulso por escribir la historia
y describir la geografía de la región.
En los primeros decenios del siglo XX,
fueron varios los autores que acometieron la labor de publicar textos de historia y de
geografía del Chocó, como las Nociones de geografía e historia del Chocó de
Francisco Córdoba. Todas ellas buscan captar el Chocó que bullía en ese momento lleno
de riquezas y de potencialidades; por eso estos textos son un compendio que quiere mostrar
lo mejor pero son carentes de análisis críticos. Son demasiado genéricos y apoyados en
los trabajos geográficos de Codazzi y en la historia de Henao y Arrubla.
Corresponde a este período la labor
adelantada por la nueva generación de intelectuales universitarios, especialmente quienes
estudiaban en la célebre Escuela de Minas de la ciudad de Medellín. El carácter de la
formación impartida en esta escuela, su profesionalización en ingeniería y la
concepción chocoanista, se reflejaron en una serie de propuestas que tenían la
particularidad de darle un matiz científico a lo que venían proponiendo desde años
atras y de manera intuitiva algunos dirigentes políticos.
Un espacio que permitió el conocimiento
de estas propuestas, muchas de ellas como parte de las materias de estudios, fue Dyna, la
revista de los estudiantes de la Escuela de Minas 130. Después de una
excursión al Chocó en 1934, dirigida por el profesor Roberto Wokitel, se publicó un
número especial con algunas de las propuestas que el intelectual chocoano Reinaldo
Valencia había publicado en el periódico A.B.C., los análisis del sistema monetario y
la monografía general del Chocó escritos por Lisandro Mosquera, y los informes escritos
por los estudiantes excursionistas, como el informe geológico del camino
Bolívar-Quibdó, un análisis del plan vial para el Chocó, acompañados de los
respectivos gráficos y también de la cartografía respectiva, realizado por los
estudiantes.
A finales de los años veinte y durante
el decenio del treinta es cuando con mas profusión se dan las propuestas de vías de
comunicación, como los cables aéreos, las carreteras nacionales y la panamericana, los
ferrocarriles y, nuevamente, el canal interoceánico por el Chocó. De todos los proyectos
se hicieron estudios, trazos y gran cantidad de cartografía. Algunas de las obras se
iniciaron pero no todas culminaron, como fue el caso del trazado de la carretera
Nóvita-Cartago, realizado por la empresa alemana Schinglener & Hugo, que aún
hoy no se ha culminado.
Como curiosidad puede verse en los mapas
producidos en la época y publicados en la revista Dyna o en la Geografía de Colombia
de Agustín Llanos Callejas de 1934, cómo se daban por hechos proyectos como las
carreteras o como el cable aéreo Bolombolo-Bahía Solano, impulsado éste por Antioquia y
ordenado por la Asamblea en 1926 131, o el de Manizales, que se ordenó
por ley 9a. de 1923, y el mismo gobierno firmó un contrato de construcción con el
departamento de Caldas en junio de 1926, para el cual fue nombrado como primer gerente
Aquilino Villegas ese año 132 y cuyo diseño y planos hizo el
ingeniero Jaime Lindsay. Había un interés grande de los departamentos del interior del
país por tener salidas al Pacífico y al Atlántico por el Chocó, para impulsar las
exportaciones -primordialmente de café-, por el ahorro de tiempo y dinero que esto
significaba, lo que nunca se llegó a concretar en obras mas sí en numerosos estudios.
La discusión sobre el tema del canal
tuvo su renacimiento por el supuesto fracaso del canal de Panamá primero y después por
la necesidad de redimir al Chocó, desempolvandose viejos debates y trazados e impulsando
la elaboración de otros nuevos a través del Chocó, con énfasis en la vía
Atrato-Napipí. La cartografía de los canales se pone de moda pero la mayoría de las
veces en abstracciones muy generales y sobre mapas antiguos sin precisiones geográficas.
No se puede soslayar la importante labor
cartográfica que adelantó la comunidad de misioneros claretianos, quienes habían
llegado desde 1909 al Chocó, para tomar el mando de la Prefectura Apostólica creada en
el gobierno de Reyes. Su actividad misional los condujo por los lugares mas apartados y
olvidados de la geografía, donde a la par de su actividad religiosa y educativa
adelantaron una labor etnográfica que plasmaron en sus diferentes informes y en la
recolección de muestras, objetos, fotografías, etcétera, que enviaron a Roma y España.
Este reconocimiento del territorio les permitió no sólo fundar pueblos sino dejarlos
referenciados en una cartografía, la cual señalan ellos mismos como una contribución a
"la cultura con levantamientos de Mapas de la región chocoana" 133.
El cartógrafo de la comunidad claretiana
chocoana fue el padre Francisco Onetti, un español que llegó en 1918 al Chocó, donde
elaboró mapas como el del Alto Andagueda y la Región del Chamí, del río Napipí; en
éste incluyó la posible ruta del canal interoceánico Napipí-Antadó (afluentes del
Atrato) y Limón -Cupica- (afluente al Pacífico) o el de la costa Pacífica que fechó en
1929 y para el que realizó siete excursiones entre los años 1920 y 1927 134.
La culminación de estas búsquedas de
mirada al interior, de autorreconocimiento y de dimensionamiento y comprensión de un ser
histórico y geográfico, en esta primera mitad del siglo, se logra con la realización
del tomo VI de la Geografía económica de Colombia, realizado por la Contraloría
General de la República, dedicado al Chocó.
Se podría decir que el equipo conformado
por el chocoano Sergio Abadía Arango, contralor general de la república, en pequeña
escala es una especie de Comisión Corográfica del Chocó. La comisión encargada de la
redacción tenía como director a Salomón Salazar Guzmán y como subdirector a Eduardo
Acevedo Latorre, quien además fue el encargado de los aspectos físicos. El cartógrafo
Carlos Valdeblanquez, junto con el dibujante Tulio Nel Ospina, fueron quienes se
encargaron de la elaboración de los distintos gráficos, mapas y croquis de la misma 135.
Esta nueva geografía contempla una gran
cantidad de cartografía que por primera vez se acerca a las particularidades del Chocó,
como es el caso de los trece municipios y de algunas areas urbanas; o la cartografía temática
(mapa sanitario, división política, vivienda, etcétera). Se compendia, además, mucha
de la cartografía producida con anterioridad por otras instituciones o por otros
estudios, aunque mejorando su presentación, como por ejemplo los trazados viales o las
propuestas de canales, y se reproduce cartografía como la de Ciudad Mutis (del Ministerio
de Obras Públicas) o de Quibdó, elaborada por la Secretaría de Obras de la intendencia.
También es de resaltar el aporte fotográfico realizado por Rengifo, que viene a ser para
la geografía lo que fueron las acuarelas de Manuel María Paz para la comisión de
Codazzi, la descripción etnográfica de la intendencia en el siglo XX.
Este compendio histórico-geográfico,
con todas las críticas que pueda recibir en la actualidad, como ser señalado de racista
y colonialista 136, no encontró émulo por casi cincuenta años, hasta
el punto de que muchos de los textos de geografía o historia de ahora son burdas copias
simplificadas de esta obra fundamental en describir el Chocó en concordancia con lo que
se pensaba en ese momento histórico.
Las obras de caracter minero, geológico,
etnográfico y geográfico escritas sobre el Chocó incluyeron interesantes mapas. Por
ejemplo, Jorge Álvarez Lleras incluyó un Mapa de la región del Chocó, que
manifiesta la localización de algunas poblaciones, de los ríos principales y de las
rutas interoceánicas, cuyo nombre lo dice todo 137. Mendoza Nieto
publicó en la Geografía ilustrada del Chocó de 1942 un mapa de la Intendencia
nacional del Chocó en el cual se incluyen los límites por primera vez 138.
El informe de la Comisión Minera del
Chocó en 1929 incluyó cuatro mapas: Distrito del Baudó, Distrito de Condoto,
Distrito de Quibdó y el de los distritos de Urrao y Frontino con toda la zona limítrofe
de la intendencia. Los cuatro mapas fueron elaborados por Enrique White Uribe, ingeniero
director de la Comisión, del cual aparece la firma en los mismos planos como H. E. White,
los que se constituyeron en un notable avance en el conocimiento topográfico del
territorio que sirvió muy seguramente a la Oficina de Longitudes para mejorar el plano de
la intendencia, pues incluyeron nuevas mediciones altimétricas y enviaron a dicha oficina
planos del Baudó, pensando que le eran de utilidad, "tanto mas cuanto que esa
entidad oficial debería tomar copia exacta del citado plano", especialmente en la
parte del río Atrato a Bahía Solano, ya que White, aparte de los nuevos levantamientos,
había participado como ingeniero primer ayudante del contratista del cable aéreo de
Bolombolo al Pacífico, H. S. Taylor 139.
Recogiendo información basica de la Geografía
económica, con la dirección del ingeniero Pablo Emilio Cabrera B., en 1955 se
publicó un interesante Mapa Vial del Chocó, por orden del ministro de Obras Públicas,
contraalmirante Rubén Darío Piedrahíta, que podría ser el compendio de los deseos
plasmados en plano pero nunca concretados en obras, un resumen de los sueños de la clase
dirigente local y de las promesas de los gobiernos nacionales en la primera mitad del
siglo XX. Se podría decir como García Marquez, refiriéndose a la carretera
Medellín-Quibdó en 1957, que esto era "pura especulación cartográfica" 140.
Los intereses extranjeros, especialmente
los norteamericanos, primero por el posible canal interoceánico y después por las
riquezas genéticas, en razón de la biodiversidad de las selvas chocoanas, han hecho que
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