| La desacralización de la historia colombiana
Maracas en la ópera
Ramón Illán Bacca
Fundación Cámara de Comercio de Medellín para la Investigación y la Cultura,
Medellín, 1996, 174 págs.
"Si no hubiera sido por la Literatura se hubiera cumplido la anotación
de la comadrona en el Libro de Nacimientos: No apto para la
supervivencia"
Ramón Illán Bacca
Maracas en la ópera 1, la última incursión literaria
del escritor costeño Ramón Illán Bacca (Santa Marta, 1938), constituye una interesante
aportación narrativa al llamado Grupo de Barranquilla, tal como fue denominado por el
hispanista francés Jacques Gilard 2. Lejos de seguir la estela
inacabable de García Márquez, Illán Bacca se convierte, con su nuevo trabajo, en una de
las voces más personales e interesantes de la nueva narrativa colombiana, cuyas obras de
ficción pueden suponer en un futuro próximo una verdadera alternativa a la estética
apabullante del realismo mágico, capitaneada siempre por el Nobel cataquero.
En Maracas en la ópera, cuyo título es un ejemplo perfecto de
sincretismo cultural, se narra la historia de Villa Bratislava, una de las mansiones de
placer que se erigen en Barranquilla a principios de siglo, y cuya construcción,
engrandecimiento y declive va a ser el punto de encuentro para retratar con grandes trazos
la vida de tres generaciones de la familia Antonelli-Colonna. La novela se extiende por un
período que va desde 1890 hasta los años ochenta, lo que ha dado pie para que su autor
realice diversas calas interpretativas en los principales acontecimientos políticos que
han tenido lugar en la costa colombiana desde finales del siglo XIX. Dentro de las
numerosas secuencias históricas que se recrean en la obra, encontramos el asalto italiano
a la ciudad de Cartagena de Indias (1898), la pérdida del Panamá colombiano (1903), la
gran batalla de Ciénaga (1900), la matanza de las bananeras (1928), e incluso el
asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán (9 de abril de 1948).
Cada uno de estos referentes de la vida colombiana son utilizados para
caracterizar la psicología de los personajes y trenzar una historia cuyo alambicamiento
argumental pone de relieve a un escritor hábil y virtuoso en el manejo de las diferentes
técnicas narrativas.
Maracas en la ópera constituye una nueva reformulación de la novela
histórica. La mirada irónica y sesgada de Ramón Illán Bacca introduce nuevos matices
que alivian la gravedad con que tradicionalmente se han tratado temas como la masacre de
los trabajadores del banano, los levantamientos populares originados tras el asesinato de
Gaitán o las luchas fratricidas de comienzos de este siglo. La sonrisa sarcástica, el
tratamiento oblicuo de la realidad, el enfoque paródico del mundo serio de la
política o el tono cáustico con que se enfrenta al puritanismo enfermizo de ciertos
sectores de la sociedad son ya lugares comunes de su literatura y alcanzan su plena
madurez estética en esta última entrega narrativa.
La estructura de la obra
Maracas en la ópera, a pesar de ser una novela breve, tiene un argumento
complejo y una estructura formal que presenta numerosos cortes y mudas en el desarrollo
lineal de los acontecimientos. La historia de Villa Bratislava se reconstruye desde el
presente narrativo, a partir de la calamitosa situación de Oreste Antonelli-Colonna,
nieto de la gran cortesana, Bratislava Cantillo, poco antes de perder la fabulosa mansión
que culmina un proceso de continuos y repetidos fracasos.
La novela sitúa su acción en un doble plano. El primero corresponde a Oreste, y
la acción se concentra en el último día de Villa Bratislava, donde la mansión, a punto
de perderse, es todo un símbolo de la ineptitud del último descendiente de la familia
Antonelli-Colonna, una criatura condenada al fracaso. Oreste abre y cierra la obra en el
mismo día, mientras espera una última solución de emergencia, casi un milagro, para
poder seguir manteniendo la gran mansión erigida por su abuela.
El segundo plano sitúa la acción en las circunstancias que llevan a Amadeo,
conde italiano y miembro de la rancia aristocracia romana, a establecerse en el Panamá
colombiano al lado de una joven y hermosa etíope, llamada Taitú, con quien va a vivir
una historia tormentosa con un final trágico. Más tarde, quizá para resarcirse de su
mala experiencia americana, participa en el bloqueo y asalto a Cartagena de Indias (1898),
en donde conoce a Bratislava Cantillo, una prostituta exuberante con la que vive un amor
apasionado, errante y clandestino.
El periplo aventurero recorrido por Amadeo y sus dos amores sitúa la acción de
la novela en diferentes puntos de la costa -Cartagena, Ciénaga, la Guajira o el Panamá
colombiano-para centrarse finalmente en una Barranquilla pujante y dinámica con una mayor
permeabilidad social, lo que permite el consiguiente crecimiento de la madame Cantillo,
convertida en la gran cortesana de la costa colombiana.
La confección del argumento presenta numerosas mudas temporales, propiciando la
sensación de movimiento, a tono con la trayectoria errante de sus personajes. Así, la
historia de Oreste, presentado como una criatura agonizante y estigmatizada por los
continuos fracasos, se desarrolla en el primer y último capítulo. Su encuentro con la
abuela vetada por sus propias tías (cap. III), sus relaciones con la vida prostibularia
(cap. VI), el descubrimiento de la verdadera identidad de su padre (cap. VIII), el
encuentro con su hermanastra y los enfrentamientos con ésta por la custodia y tutela de
la mansión (cap. X) tienen lugar en diferentes episodios de la novela.
Las vicisitudes y peripecias sentimentales del conde Antonelli-Colonna tampoco
están contadas de forma lineal: su encuentro con Bratislava Cantillo, ocurrido en 1898
(cap. II), da paso a su enamoramiento de la etíope Taitú, ocurrido en Panamá casi un
decenio antes (cap. V). Con posterioridad llegamos a saber de su doble vida, como espía
del gobierno italiano (cap. VII), de su condición indiscriminada de contrabandista de
armas y de sus continuos manejos en negocios de dudosa moralidad (cap. IX). La herencia
que recibe Bratislava Cantillo, tras la muerte de Amadeo, va a ser el punto de partida
para la construcción de la gran mansión del placer, lugar y motivo que da unidad
temática a la obra.
Finalmente, el nexo de unión entre estas dos generaciones se consigue por medio
de Oreste Domingo Antonelli-Colonna, uno de los hijos gemelos de Bratislava y Amadeo,
quien va a pasar su vida entregado al culto del cuerpo femenino, convertido en un Don Juan
de pacotilla y cuya hija natural, Zaira, va a ser el verdadero verdugo en la vida de
Oreste, su hermanastro y heredero único de la mansión.
Bratislava Cantillo, una cortesana culta con resortes épicos
La protagonista de la novela es un personaje con un trazado literario que
recuerda a las grandes cortesanas eruditas y refinadas de la Antigüedad. Su vocación por
la literatura, sus finas dotes como conversadora, su extraordinaria capacidad para
enamorar y enamorarse de los hombres más interesantes de su entorno, el propio trazado
épico que marca el ritmo de su vida o la difícil situación social que le toca vivir la
acercan a las grandes cortesanas del mundo grecolatino. Bratislava Cantillo entronca con
personajes como Aspasia, el gran amor de Pericles, o Sempronia, inmortalizada por Salustio
en La conjuración de Catilina, o Tais, quien enamoró a Alejandro Magno, o
Leontion, compañera del filósofo Epicuro, quien competía con Teofrasto escribiendo
filosofía, aunque dichas filiaciones textuales deben ser interpretadas desde el sarcasmo
que fecunda toda la creación del escritor samario.
Al igual que estos personajes de la tradición clásica, Bratislava Cantillo
concentra todo su poder en la gran mansión que erige como símbolo del placer y la
libertad de su tiempo. Su construcción, conocida desde entonces como Villa Bratislava,
marca un antes y un después en la historia de la familia y en el desarrollo de la novela.
Su propietaria, como viene anunciado por sus propios antecedentes literarios, no es sólo
una bella prostituta bien adiestrada en las artes mercantiles, sino que se presenta ante
el lector como una madame bien instruida, lectora voraz en sus muchos ratos libres,
poseedora de un juicio crítico y bien formado sobre las nuevas tendencias literarias y
amiga y cómplice del más famoso de los libreros catalanes, don Ramón Vinyes. Desde sus
años de juventud, Bratislava Cantillo aprovecha los espacios en blanco de la vida
prostibularia para desarrollar sus lecturas. El prostíbulo deja de ser un mero lugar de
placer para convertirse en una casa galante donde se puede acceder a cierta
cultura. En la misma línea de Villa Bratislava puede situarse el hotel-prostíbulo en el
que madura sexualmente Florentino Ariza y muy especialmente las recomendaciones literarias
de William Faulkner, para quien las casas de citas eran sitios idóneos para el escritor,
porque todas las noches había fiesta y las mañanas presentaban la tranquilidad
suficiente para llevar a cabo el ejercicio de la creación.
Bratislava Cantillo sitúa su concepto de la vida en un extremo, marcado por la
pasión, la sensualidad y el amor desgarrado. En el otro extremo encontramos a las tías
de Oreste, enemigas implacables de la gran cortesana, quienes representan lo más rancio y
decadente de una supuesta aristocracia costeña, caracterizadas por sus ropajes oscuros,
sus hábitos europeos, su exhaustivo conocimiento de todo lo referido a las elites del
viejo mundo, y su desapego extraordinario de todo cuanto tiene que ver con el mundo
americano. Las tías de Oreste ya habían aparecido, aunque con un trazado literario
diferente, en Deborah Kruel (Plaza y Janés, 1990), la primera novela de Illán
Bacca; es así como el escritor samario construye su universo literario, coherente y
compacto en todas sus dimensiones, rescatando para la memoria de sus lectores muchos de
los datos sorprendentes que jalonan su biografía más temprana. Las tías, descritas
siempre como auténticas arpías, son solteronas, beatas, admiradoras de la elegancia de
Gabriel Turbay Ayala y seguidoras de Mariano Ospina, se enfrentan con verdadero
enconamiento a todo lo que tenga aliento liberal, y muy especialmente contra los
seguidores de Gaitán, admiran los grandes regímenes del fascismo europeo y poseen una
lengua larga y bífida capaz de emponzoñar y dar al traste con las vidas más ejemplares.
Estos antecedentes explican que Bratislava Cantillo sea un personaje satanizado y
expulsado del mundo más conservador de la costa, ejemplificado siempre por las tías
solteronas. La gran cortesana representa la libertad llevada hasta sus últimas
consecuencias, el espíritu emprendedor, la transgresión y el aniquilamiento de las
conductas puritanas. Y por paradójico que resulte, es ella quien ostenta los laureles
aristocráticos en su condición de condesa viuda, después de serle entregada esta
distinción por propia iniciativa del gobierno italiano.
La llegada de Oreste hasta la gran casa galante de la abuela constituye el gran
acontecimiento de su infancia, a pesar de que este particular rito de iniciación tiene
lugar un nueve de abril de 1948. Las revueltas sociales por el asesinato de Gaitán son
sólo el telón de fondo de su memoria, porque lo verdaderamente importante para el
protagonista es el descubrimiento y la constatación de que existen otras formas de ser
libre. Ramón Illán Bacca desacraliza un episodio crucial de la vida política colombiana
para contarnos la intrahistoria del pueblo costeño, sus conflictos de honor, sus
apasionamientos, las miserias y desavenencias de la vida cotidiana.
La gran cortesana que descubre Oreste no es una abuela convencional, sino una
mujer curtida por la vida cuya biografía contempla momentos realmente espléndidos. Su
orgullo, el empuje y la tenacidad de su carácter rebelde le han permitido levantar una casa
galante capaz de competir con el prostíbulo épico de la Negra Eufemia, en una clara
referencia intertextual a la obra de García Márquez. El periplo existencial de
Bratislava Cantillo sirve de hilo conductor para traer hasta la memoria del lector los
principales acontecimientos políticos ocurridos en la primera mitad de este siglo.
Donde verdaderamente vemos su condición de mujer aguerrida y bien plantada es en
el asalto de las tropas liberales a la ciudad de Ciénaga, auspiciado por el general
Rafael Uribe Uribe. Bratislava, después de varios tropiezos con la población
conservadora, decide refugiarse en la casa-biblioteca de Ismene, personaje magníficamente
caracterizado en su papel de mujer soñadora, cuyas resonancias sofocleas dan pie para que
Bratislava pueda demostrar su extraordinario arrojo y valentía frente a las fuerzas
conservadoras. El hijo de Ismene, Nolo, cae muerto en la plaza de Ciénaga junto con otros
muchos combatientes liberales. Tras este episodio funesto:
Nunca se supo si en realidad la orden fue dada o fue sólo un rumor, pero se
dijo que el alcalde Chacón había prohibido enterrar los cadáveres de los liberales
porque "ellos no tenían derecho a tierra consagrada, sino a ser pasto de los
gallinazos".
El grito unánime de protesta no lo lograron acallar los disparos de los
soldados al aire. Fue entonces cuando, ante el asombro general, se levantó Bratislava y
se encaminó, con el cuerpo de Nolo en los brazos, hacia la alcaldía en cuyo balcón
estaban el alcalde y el párroco Pérez enfrascados en una discusión. Y allí enfrente
-la memoria colectiva se encargó de que el hecho se recordara, aunque no constara en los
libros de historia- de pie, con altivez casi hierática, con mucha claridad sobre la
importancia de sus palabras, gritó: "Alcalde vergajo, tu decreto no es superior a la
ley de Dios".
Y después, en lo mejor y más colorido de su vocabulario, le recordó varias
veces a su progenitora. Inmediatamente y sin ser perturbada, se fue con el cuerpo de Nolo.
Todas las demás personas, a una, recogieron los cadáveres de sus deudos. La guardia
permaneció sin moverse [pág. 59].
Amadeo Antonelli-Colonna resume la dimensión épica de este episodio: "¡Ahora
sucede que te volviste Antígona!" (pág. 59). Detrás del pasaje no sólo
resuenan los ecos del gran trágico griego, sino también la primera novela de García
Márquez, La hojarasca, aunque con una voluntad estética muy diferente. Tampoco es
casual que en este pasaje vayan a reunirse, aunque de forma simbólica, las dos hijas
supervivientes de Edipo (Ismene y Antígona), cuyo comportamiento supone una verdadera
transgresión de las conductas sociales impuestas.
Bratislava Cantillo y Amadeo huyen de Ciénaga, tras una separación de dieciocho
meses, y en su camino hacia Riohacha y Valledupar van a encontrarse con la grata sorpresa
de que la acción de Bratislava es conocida y celebrada por las fuerzas liberales de la
costa, hasta el punto de que se la considera como un personaje legendario, cuya acción
les recuerda a alguna heroína que vivió y se enfrentó al poder establecido muchos
siglos atrás.
Bratislava descubre la doble vida y la condición camaleónica de Amadeo
Antonelli-Colonna, quien ha conseguido amasar una enorme fortuna mediante la venta de
armas a las fuerzas liberales y conservadoras, representadas en clave de humor por los
gemelos Cástor y Pólux. Ramón Illán Bacca se sirve de esta pareja mitológica para
hacer una lectura paródica de los enfrentamientos fratricidas entre liberales y
conservadores, de la misma forma que en Cien años de soledad los habitantes de
Macondo llegan a relacionar un ideal político con el color azul o rojo con que se pintan
las casas durante el período de las guerras civiles.
Años más tarde, Bratislava Cantillo convertirá su burdel ruidoso en una casa
galante donde se recrea y dibuja lo más selecto y refinado de la alta sociedad costeña.
De la mano de don Roberto, un viajero inglés de traza impecable, compañero de correrías
de Búfalo Bill, Bratislava toma "conciencia de que su estatus era su casa"
(pág. 141). Frente a los remilgos de la ciudad, Villa Bratislava supone una válvula de
escape por donde se filtra la falsa respetabilidad de sus ciudadanos. La gran cortesana
comprende la importancia que tiene su negocio para liberar las múltiples tensiones con
que amanece día a día una ciudad pujante en su actividad económica. "Seremos
putas, pero las más finas y las más caras" (pág. 143) dirá la propietaria a
todo aquel que quiera oírla, fijando las bases de la que será, en el mundo de la
ficción, la casa íntima más importante de la costa colombiana.
Va a ser en este período de prosperidad en el negocio galante, en el que la casa
se llena de hermosas pinturas, muebles solemnes y los contertulios citan con engolamiento
sus lecturas más rebuscadas, cuando Bratislava se enamora perdidamente de un anarquista
ramplón y pendenciero llamado Severino de la Rosa. Bratislava, que en pleno apogeo de sus
cuarenta años había presumido de atender más los asuntos del bolsillo que los pellizcos
del corazón, va a sumergirse en una dependencia viscosa e incómoda hacia aquella
criatura de aspecto desconcertante que va a ser una de las grandes decepciones de su vida.
El escritor aprovecha la aparición intempestiva de este extraño ácrata para
describir las tensiones sociales y laborales que viven los trabajadores del banano con la Yunái
(United Fruit Company) en vísperas de la masacre de 1928. Sólo después de múltiples
peripecias que el narrador va trenzando y enroscando como si fuese una serpiente de
verano, el lector descubre la falsa condición anarquista de Severino de la Rosa y su
intervención en el complot para asesinar a Mahecha, líder sindical implicado en las
revueltas bananeras. Severino de la Rosa traiciona por partida doble a Bratislava
Cantillo: en el amor y en el activismo político. La constatación de que Severino de la
Rosa es un nuevo tropiezo en su vida, esta vez de proporciones catastróficas, va a
suponer la clausura definitiva de sus experiencias más emotivas y sentimentales.
Bratislava asume la amarga realidad de haber convivido con dos hombres llenos de dobleces,
ambigüedades y contradicciones, marcados por el sello indeleble de la traición. Sus
deseos de amor y aventura van a estrellarse contra el muro infranqueable de la más
terrible de las tristezas, dejando al descubierto el sentimiento más descarnado con que
una mujer puede asumir las consecuencias de su propio infortunio.
Ramón Illán Bacca y su galería de perdedores
La literatura de Ramón Illán Bacca está sembrada de perdedores audaces. Son
siempre criaturas inolvidables que viven el continuo suplicio de la contrariedad como
única certeza inviolable y sostienen mediante el humor la adversidad parasitaria
incrustada en sus vidas. La insólita galería de perdedores que ha sabido crear el
narrador samario cuenta con ejemplos más que notables en todas las profesiones y en todas
las clases sociales. Sus colecciones de cuentos, Marihuana para Göring 3 (nombre homónimo de una de sus obras de teatro) y Señora Tentación
4 son auténticos catálogos de personajes arrastrados por la violencia
del mundo que les rodea. El carácter fanfarrón, la falta de sentido del ridículo, los
aspavientos improvisados ante las calamidades ajenas o la frase veloz e ingeniosa para
salir del espanto cotidiano son notas comunes en esa espléndida galería de seres tocados
por la desesperanza y el continuo trasiego de calamidades que configuran el desparpajo de
su literatura.
En Maracas en la ópera todos los personajes parecen ser perdedores sin
capacidad de redención. Sin ir más lejos, Oreste Antonelli-Colonna es sólo una versión
desrealizada de su ancestro mítico, Orestes, inmortalizado por Eurípides, Esquilo y
Sófocles, pero, a diferencia de su antecedente clásico, el protagonista de Maracas
es sólo un pobre hombre que apenas si sabe sortear con éxito los atropellos familiares.
Agamenón Rosado, su psiquiatra, amigo y, en cierto sentido, su padre espiritual, trae
hasta la memoria del lector el recuerdo de Agamenón, traicionado por su mujer,
Clitemnestra, y su amante, Egisto. Sin embargo, su vida poco ejemplar y su muerte
ridícula (mientras hace el amor) es sólo una parodia envenenada que da al traste con la
dimensión trágica del héroe clásico. Uno a uno, los personajes de la novela viven la
suerte quebradiza de sus empeños, dibujando siempre una historia hermosa y triste a la
vez, que puede ser leída como el manual del perfecto perdedor. Será precisamente la
presencia siempre interesante de Bratislava Cantillo lo que permita pensar que la lucha
por la vida, cualquiera que sea su resultado último, merece siempre la pena.
En Maracas en la ópera se rinde un cálido homenaje a algunas de las
figuras más relevantes de la literatura colombiana. Así, don Ramón Vinyes se presenta
ante el lector como el gran mentor literario de la cortesana, quien desarrolla al lado del
sabio catalán sus deseos de lectura que la han llevado a tener un bagaje cultural
considerable, desde sus lecturas iniciales de los cuentos de Calleja, pasando por las
lecturas revolucionarias que le proporciona Ismene, hasta alcanzar la madurez intelectual
con los clásicos europeos y norteamericanos que da a conocer Ramón Vinyes en la costa
colombiana. No faltan tampoco las referencias intertextuales a la obra de García
Márquez, sin olvidar a autores como Luis Carlos López, Jorge Isaacs, Alejandro Dumas,
Robert Cunnighan Graham, Jorge Luis Borges, Gómez Carrillo o Corín Tellado. La ironía
del narrador le lleva incluso a hacer referencia a su propio cuento Si no fuera por la
zona, caramba... buscando siempre la complicidad de un lector atento que conoce sus
estrategias discursivas y cuya presencia intertextual ya había sido anunciada en su
novela Deborah Kruel (pág. 14).
Destaca por su participación en la novela el colombiano José Asunción Silva a
quien, en el centenario de su muerte, el autor ha dedicado un capítulo espléndido.
Amadeo Antonelli-Colonna, rumbo a las costas colombianas con la misión de revisar las
fortalezas y preparar un posible asalto, coincide en el barco con los poetas Gómez
Carrillo y José Asunción Silva. El escritor samario despliega sus mejores dotes como
narrador para describirnos a un Silva introvertido y delicado en sus gestos, una criatura
altiva y sublime, de trato y modales exquisitos, absorto en su mundo interior, quien va a
vivir la trágica experiencia de perder casi el total de su obra literaria en el naufragio
del buque francés LAmérique, en enero de 1895.
Al igual que ocurre en el asesinato de Gaitán, el hundimiento del Amérique es
sólo el escenario tragicómico en el que Ramón Illán Bacca teje los enredos de su
trama, sirviéndose de un surtido más que notable de personajes arrastrados desde la
novela policíaca. Amadeo Antonelli-Colonna es víctima no sólo de un naufragio
importantísimo en la historia de la literatura colombiana, sino también del espionaje de
diferentes países que ponen de manifiesto su carácter atolondrado.
Es este naufragio del conde italiano, en compañía de Silva, Gómez Carrillo y
otros ilustres pasajeros, lo que va a determinar la suerte quebradiza de su estirpe,
siempre sujeta a los caprichos del destino y tocada por el estigma del fracaso. Otros
muchos datos desperdigados a lo largo del texto anuncian la desgracia del último
Antonelli-Colonna, como es el día en que hereda Villa Bratislava un 9 de abril, o la
muerte absurda de su psiquiatra, Agamenón Rosado, o las múltiples referencias
cinematográficas que van señalando el discurso del fracaso del último vástago del
conde, como son Lo que el viento se llevo, Casablanca o Cumbres
borrascosas.
La novela de Ramón Illán Bacca constituye un proyecto estético ambicioso,
convirtiéndose en un lugar de encuentro obligatorio para quienes deseen establecer las
oportunas filiaciones con la novela del banano, las producciones literarias derivadas de
la matanza de 1928, las que toman como punto de partida el asesinato de Gaitán, o
aquellas novelas que recrean el asalto del M-19 al Palacio de Justicia o miran hacia las
guerras civiles de finales del siglo pasado. Los personajes de sus novelas están
condenados a padecer la suerte torcida de sus empresas, presentándose siempre como
criaturas desafortunadas y caracterizadas por la mala suerte.
Esta segunda entrega novelística, junto con las anteriores colecciones de
cuentos, supone la confirmación de que Ramón Illán Bacca está construyendo una
galería de criaturas delirantes, sorprendidas por el entorno, cuya capacidad para
asimilar los reveses cotidianos parece no conocer límites. A través de un humor fresco e
inteligente, el escritor rescata de las miserias de la vida cotidiana a toda una
infantería de seres desgraciados que van desgranando sus experiencias insólitas a una
velocidad trepidante. Sus personajes son siempre criaturas condenadas a soñar frente a
espejos deformantes, en un mundo que descalabra de forma inmisericorde las realidades más
inmediatas y duraderas. La lectura de sus obras acaba dibujando en el semblante de los
lectores una sonrisa mordaz y quevedesca que recuerda a la sátira barroca. Su crítica
social resulta estremecedora por la certidumbre de que el mundo de Ramón Illán Bacca se
parece demasiado a nuestro mundo, y es por eso que su literatura, dentro y fuera de
Colombia, resulta el mejor antídoto contra el fracaso.
JOSÉ MANUEL CAMACHO DELGADO
Universidad de Sevilla
- 1 Novela ganadora del Tercer Concurso Literario Cámara de
Comercio de Medellín, Medellín, 1996, 174 págs.
- 2 "El grupo de Barranquilla", en Revista
Iberoamericana, Pittsburgh, octubre-diciembre de 1986, núm. 137, págs. 905-935.
- 3 Ediciones Lallemand Abramuck, Editores Asociados Ltda.
- 4 Barranquilla, IM Editores, Colección Narrativa-Serie Cuento,
1994.
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