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Valle es Valle y lo demás también
Gorrones, salseros y montañeros.
Una mirada antropológica al Valle del Cauca
Libardo Saavedra
Publicado por "Fundayudas", en Tercer Mundo Editores, 1995, 198 pág., ilus.
Este libro constituye un interesante
estudio sobre las diversas corrientes raciales que entraron a conformar el actual mapa
humano de esa región, tema que se ha intentado tratar por diferentes autores y que con la
presente investigación logra un aporte significativo. El autor lo presenta como
"ensayos independientes, pero con unidad en sí mismo". En las primeras páginas
señala cómo el Valle del Cauca está conformado por una "porción plana",
"una parte del litoral" y "una buena parte de montañas" para precisar
cultivos, integración racial con aportes de sangre indígena, negra, mestiza y de hijos
de extranjeros nacidos dentro del territorio, y cómo su historia se encuentra
"ligada" a nariñenses y caucanos, "a paisas, tolimenses y negros".
Concluye que el vallecaucano "es una mezcla de idiosincrasias diferentes".
En el capítulo "El escenario de la
diversidad", se refiere a las divisiones administrativas antecedentes a su fundación
como departamento (1910) y cuáles fueron, inicialmente, los asentamientos de Jamundí y
Yumbo bajo la acción conquistadora de Sebastián de Belalcázar (1536) hasta controlar el
"suelo vallecaucano" en tiempo aproximado de 40 años y mediante fundaciones en
sitios estratégicos y el sometimiento de los indios. Señala el orden de fundaciones de
las localidades, cuáles tuvieron "ceremonia de fundación" y cuáles no, el
cambio de algunos nombres, para concluir con la acción colonizadora de los antioqueños.
Precisa, además, la extensión actual del departamento y la correlaciona con las de
algunos países de Centroamérica. Determina cuatro regiones naturales: Pacífico,
cordillera Occidental, valle geográfico, cordillera Central, sus características
agrícolas y étnicas, sus costumbres, su extensión, la importancia de cada una de ellas
y los fenómenos sociopolíticos que en ellas han sucedido.
En el capítulo "Prehistoria: el
pensamiento primitivo que todos llevamos dentro" -con presentación del profesor
Gonzalo Correal Urrego-, expone que "hace cinco mil años, los caleños oraban y
danzaban alrededor de algunos objetos totémicos para tener suerte en una faena de caza,
mientras que hoy rezan y conjuran un balón para ganar un partido de fútbol. De verdad
que espiritualmente no hay muchas diferencias entre una etapa y la otra".
Refiere cómo, "ochenta siglos antes
del nacimiento de Cristo, los primeros hombres llegaron al valle del Cauca explorando las
márgenes del principal río, mientras que otros subieron por el Magdalena [...]" y
explica su procedencia, las diferentes rutas seguidas, sus tareas iniciales, la razón de
las migraciones, utensilios y herramientas que facilitaron sus labores -piedra, fuego,
rueda- hasta volverse sedentarios en esta comarca hacia el año 2000 a. de C., cuando se
pasó de una "horticultura de raíces a una de semillas", con sus consiguientes
consecuencias en el régimen de cultivos y la organización social en los sectores que
poblaron -donde dejaron invaluables tesoros arqueológicos- gorrones, lilíes, jamundíes,
bolos, buchitolos, chinches, amaimes, calimas, bugas, etc.; y hacia el norte, los
quimbayas, los pijaos, cada grupo con sus costumbres y formas propias de vida, actuando
sin unidad, que más bien guerreaban entre sí, lo cual facilitó a los españoles la
tarea de conquista. De esto dieron cuenta los cronistas y la dan las investigaciones
arqueológicas realizadas en diferentes regiones del departamento. Incursiona en el examen
del "Pensamiento primitivo", en sus diferentes manifestaciones.
En el capítulo "Historia: de la
gobernación del Perú al Valle del Cauca" -con presentación del profesor César
Augusto Ayala Diago-, se refiere a la aventura de Colón, a sus motivaciones, a sus
acompañantes, a sus objetivos, a sus hallazgos, a las fundaciones y a cómo Pascual de
Andagoya "fue el primer descubridor de las costas vallecaucanas" y quien abrió
el camino a la conquista del Perú. Hace relación a la presencia de Hernán Cortés, en
México, y de Fernando de Magallanes, en el sur del continente americano. Anota que los
españoles ingresan al valle del Cauca por el sur, venidos del Perú y al mando de
Sebastián de Belalcázar tras las diferentes versiones del sueño de El Dorado. Relaciona
las fundaciones y su organización, ajustada a preceptos reales y a las estrategias que
demandaban el enfrentamiento con los indígenas, sus avances, los virreinatos y las
gobernaciones instituidas, entre ellas la de Popayán, con sus consiguientes provincias
-Cali, Buga, Buenaventura y Cartago- y los pleitos de los conquistadores, que debía
resolver la corona. Las luchas de independencia, la fundación de la república, las
nuevas divisiones administrativas, entre ellas la de Popayán, -después Estado Soberano
del Cauca-, de donde surgió el departamento del Valle. Relaciona el proceso de la
"colonización paisa", fundación de pueblos y preferencias, innovaciones y
costumbres, hasta lograr una integración con los raizales.
En el capítulo "Indios, negros y
mestizos" refiere que en este territorio existen muy pocas comunidades indígenas y
que se ha operado una inmigración de los departamentos limítrofes del sur y del oriente.
En cuanto a la población negra, la cual entró por Buenaventura, afirma el autor que no
ha permanecido en comunidades aisladas porque se ha integrado a las otras razas. Refiere
cómo los cronistas vivieron el asombro que les produjo ver determinadas conformaciones de
los indígenas y de las especies animales, así como su antropofagia.
Analiza la actitud de la corona frente a
los indígenas y los negros, en lo referente a su gobierno y sus creencias, así como el
número de integrantes de una y otra raza. En cuanto a los negros, se refiere a la
ausencia de protección legal, castigos y servicios, precio y utilización,
denominaciones, discriminaciones y ubicaciones, palenques y tratamiento obtenido tras la
independencia, mercantilismo y paternalismo, ésta última forma descrita en la novela María
de Jorge Isaacs, para reseñar que "el Valle del Cauca no es entonces un departamento
homogéneo en su composición étnica, ni en sus rasgos culturales contemporáneos".
En el capítulo "Literatura y
aventura" -con presentación del profesor Alberto Mayor Mora- destaca la importancia
de los cronistas Cieza de León, en el occidente-sur, y sus sucesores criollos, Rodríguez
Freyle, con El carnero, y Eustaquio Palacios, con El alférez
real,
novela ésta última que, al igual que María (1867) de Jorge Isaacs, describe toda
una época en múltiples aspectos, en especial de la vida social y política. Hace
historia de estos autores y la significación literaria de sus obras.
En el capítulo "Vallunos: por qué
salseros y algo de santeros" -con presentación de Myriam Jimeno Santoyo- identifica
esta música con el ser "caleño" o "vallecaucano" en sus gustos y
ocupaciones, al representar la salsa un "sincretismo cultural ocurrido en los
últimos 50 años", con orígenes en Cuba y en los barrios latinos de Nueva York, con
ascendiente en la música afrocubana y acogida, a su llegada, en la parte plana, en los
cultivos de caña y en la costa del Pacífico, por la influencia de la radiodifusión
internacional. Tenían los negros en su contra la cacería que de ellos se hizo en África
para comercializarlos en América, tras lo cual eran traídos a Cartagena y a
Buenaventura, para dedicarlos al laboreo de las haciendas esclavistas, con natural
resistencia de su parte en algunos lugares. Y con ellos nace la "santería" en
el Caribe. En los barrios populares de Cali, Palmira y Jamundí y municipios vecinos,
"para las celebraciones decembrinas se utilizaban comparsas similares a los rituales
santeros", "que siempre se acompañaban de música y baile ritual". Se
produjo una fusión de lo español y lo africano en la música, y en Cali confluyó hacia
la "salsa", como identidad, llegada por Buenaventura y Palmaseca (aeropuerto),
en discos y espectáculos que llevaron a la creación de orquestas propias para su
difusión.
En el capítulo "Nueva York: el
sueño de la gran manzana" refiere la emigración -legal o ilegal- del Valle hacia
"la patria del jazz y la salsa", que se devuelve en dólares y con éstos en
modalidades expresivas y de gustos, después de experiencias de trabajo dolorosas, de las
dificultades que presenta la nueva vida, por la discriminación y los problemas de
conducta propios de esa comunidad. El desarraigo no llega a ser completo, porque
permanecen alertas a las noticias que les puedan llegar de la patria y del hogar, y desde
allí responden al sostenimiento económico de la familia. Por otra parte, se da la
solidaridad entre ellos en evocaciones y celebraciones patrióticas y de amistad.
En el capítulo "Agüeros y
creencias populares" considera que son motivados por la confluencia del carácter
triétnico, a la vez que constituyen herencia universal, sin que dejen de tener
características propias. "El espíritu mágico se expresa en múltiples
formas". Y en esto hay toda una tradición española. Relaciona las supersticiones
que inciden en la vida de la comunidad vallecaucana (adivinatorias, inaugurales,
preventivas, auspiciatorias, yerbateras, invocatorias).
En el capítulo "Sancocho de datos y
notas" explica la razón de los "platos típicos", y cómo en el Valle el
"sancocho" sólo tiene de original "la manera de sazonarlo y de
servirlo", porque se consume también en otras latitudes; explica, además, el
interés por las corridas de toros, dada la tradición española, de rememoración en
festividades y celebraciones públicas. Precisa el año y las circunstancias en que se dio
la primera corrida de toros en Cali y cuanto en este aspecto ha hecho la ciudad. Relata,
igualmente, historias como la del Señor de los Milagros, de Buga; del Cerro de las Tres
Cruces, de Cali; la instalación de una fábrica de hielo, también en Cali, el desarrollo
de la navegación en el río Cauca, y el uso de las carretas y los carruajes llamados
"victorias", la inauguración del primer banco y la implementación de los
servicios de la luz eléctrica y telefónico y el transporte por tren y en vehículos
automotores, la recreación mediante el cine y la iniciación del juego de lotería, la
catástrofe aérea de 1937 y la actividad deportiva representada en el estadio Pascual
Guerrero. Hace referencia a la destrucción del valioso Archivo Histórico de Cartago
(1949). Concluye con un anexo sobre municipios, fundadores, fechas, población urbana y
rural.
Los sucesos y conclusiones de que da
cuenta este libro -escritos en estilo ameno y fácil a la comprensión- los ha relacionado
el autor con cuanto estaba sucediendo en igual momento en otras latitudes, como forma de
ubicarlos en el instante histórico y cultural que se vivía. Este libro constituye
valioso aporte a la comprensión de la identidad vallecaucana en sus más remotas raíces
y es de esperarse que el autor, dado su interés y capacitación en estos temas, intente
el estudio de las corrientes de inmigración venidas desde las diferentes regiones de
Colombia al "país vallecaucano", para mostrar cómo se está ante un verdadero
crisol de razas y de patria que llevará a forjar la verdadera identidad nacional.
ÓSCAR LONDOÑO PINEDA
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