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La vorágine
Los pobladores de la selva.
Historia de la colonización del nordoccidente de la Amazonia colombiana
Bernardo Tovar Zambrano
(director del proyecto)
Programa de Historia Local y Regional, Instituto Colombiano de Antropología, Instituto
Colombiano de Cultura, P. N. R., Universidad de la Amazonia, Editora Guadalupe, Santafé
de Bogotá, 1995, 2 vols.
La colonización del noroeste de la
Amazonia colombiana es un proceso muy reciente, que arranca de principios del siglo XX,
pocos años después del hito marcado con la fundación de Florencia, en 1902, y la
conversión de la trocha de Guadalupe en un camino de herradura que permitió el
intercambio económico permanente entre el Huila (Tolima Grande) y el Caquetá.
Los siglos anteriores no fueron de
creación; entre el XVI y el XIX reinó la destrucción. Los cazadores de esclavos, los
quineros y los caucheros diezmaron la población indígena en todo el territorio. Aun el
heroico sacrificio de los misioneros jesuitas y franciscanos al crear pueblos indígenas
fue un error colosal, debido al contagio de enfermedades que arrasaban esas poblaciones al
poco tiempo de haber sido fundadas. Por todo eso, la colonización del siglo XX debió
repoblar un territorio en donde el habitante aborigen había sido reducido a su mínima
expresión.
Reconstruir esa historia de la
colonización no es tarea fácil. Los documentos son pobres e inexactos, habiendo sido
escritos, en su mayoría, por funcionarios semianalfabetos que tenían una visión muy
estrecha del mundo que estaban construyendo. Por eso, las fuentes más utilizadas han sido
los informes misionales, especialmente los extensos escritos de los capuchinos catalanes,
que, aunque exaltan demasiado sus propios esfuerzos, son un testimonio dejado por los más
conscientes artífices de la fundación de pueblos, construcción de caminos y creación
de una cultura nueva sobre las cenizas de muchas otras.
La escasez de fuentes escritas forzó a
los diez investigadores que intervienen en los dos tomos de Pobladores de la selva
a la procura de fuentes orales. Son centenares de entrevistas realizadas a las fuentes
vivas de la historia regional, algunos de ellos nacidos en el primer cuarto del presente
siglo. En esos recuerdos sangran las heridas dejadas por veinte lustros de violencia que
aún continúa. Esos colonos han sido espectadores y víctimas de la violencia partidista,
las tomas guerrilleras, los contragolpes militares y paramilitares, la guerra sucia, la
narcoviolencia, el desalojo latifundista y mil violencias más. Esas vidas han sufrido una
verdadera historia de la infamia; sin embargo, mantienen la esperanza en la paz y en la
venida de tiempos mejores. Es una deuda que Colombia debe pagar, tarde o temprano.
No obstante lo valioso de los escritos
que aparecen en los dos tomos, la obra es desorganizada y con grandes altibajos. Resulta
obvio que no se trata de un estudio preparado y realizado sistemáticamente, subregión
por subregión. Las diferencias de enfoque y método indican estudios realizados en
épocas diversas y con objetivos diferentes, que luego se reorganizan intentando cubrir un
espacio. Eso explica, en algunos de los escritos, las referencias a hechos acaecidos hace
ocho o diez años como si fuesen actuales o muchas lagunas sobre fundaciones actuales que
son de gran importancia para comprender la dinámica regional. Podríamos decir que hay un
sacrificio metodológico en aras de poder utilizar, en una misma obra, la gran experiencia
de todos los participantes.
El mismo concepto de Amazonia
noroccidental resulta ambiguo; hay algo que sobra y mucho que falta. Podríamos
preguntarnos, por ejemplo: ¿hasta qué punto el alto Ariari y las sabanas del San Juan
son amazónicas? Al contrario, si en el estudio se incluyó un valioso trabajo sobre la
baja bota caucana, realizado por el profesor Roberto Ramírez, ¿por qué no se realizaron
también estudios sobre el departamento del Putumayo? La historia del Caquetá sin
entender la historia del Putumayo siempre estará incompleta, porque desde Mocoa y
Sibundoy irradiaron las fuerzas económicas y religiosas que dieron los primeros impulsos
al ordenamiento territorial del Caquetá.
Haciendo un balance general del libro,
podemos decir que resulta una obra fundamental para la historiografía amazónica, que
debe ser consultada sin falta por todo aquel que pretenda seguir avanzando en los estudios
de la Gran Selva.
CAMILO DOMÍNGUEZ
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