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Me quiere, no me quiere...
Simulacros de amor
Pedro Badrán Padauí
Cooperativa Editorial Magisterio, Santafé de Bogotá, 1996, 92 pág.
Simulacros de amor es una
publicación realizada en mayo de 1996 por la Cooperativa Editorial Magisterio en su
colección Piedra de Sol. Su autor, el periodista y escritor Pedro Badrán Padauí, nacido
en Magangué en 1960, ha publicado además El lugar
difícil (cuentos) y Lecciones
de vértigo (novela).
Por las páginas de Simulacros de amor
corre una rara sangre hecha de perplejidad y contención: en cada uno de los ocho cuentos
que conforman el volumen va a ocurrir algo, quizá maravilloso, pero los personajes no se
deciden; quedan, eternamente, como esperando otra oportunidad. Y tal es su tragedia. Por
ejemplo: en el primer cuento, Borradores de un cachorro seductor, el
protagonista, por timidez, silencia su amor y su deseo adolescentes hacia una mujer mayor
que, según parece, intenta seducirlo; y los silencia por siempre. En el tercero, El
percance de un rojo corvette, es una ruptura lo que está a punto de suceder. En el
quinto, Retrato del pintor y su dama, a un pintor lo obsesiona la visión de una
virgen punk quien, más que una fantasía, es la realidad que lo acosa desde adentro.
En verdad, en estos cuentos todo está a
punto de suceder, lo cual provoca una sensualidad deliciosa. Es un libro pleno de ricos
silencios, de sugerencias. Y cuanto ocurre es como si ocurriera en una zona intermedia
entre la luz y las tinieblas, en una especie de nebulosa: uno, lector, se pregunta:
żOcurrirá esto o lo otro? Y, como en el amor ocurre lo impensado, nada. Tal vez de ahí,
por efectos de la ironía, se derive el título de la obra. Por los hechos narrados en
cada texto, la expresión "simulacros de amor" remite a la idea de que,
paradójicamente, al amor lo constituyen los intentos por realizarlo. Es una afirmación
aterradora: un objeto -en este caso el amor- existe en su fantasma.
Esa idea del amor, o del simulacro que es
el amor, tiene otra característica importante que la hace muy de esta época: está en lo
fundamental relacionado con la búsqueda del disfrute del cuerpo. Los personajes de Simulacros
de amor desean poseer o ser poseídos por el otro, como en el segundo cuento, La
secretaria, donde una joven, desde una actitud de víctima seduce a su jefe:
"Supe que iba a seducirme desde el día que me hizo la entrevista" (pág. 17).
"[...] Entonces acerqué mis muslos a su cuerpo, claramente, para que él no tuviera
ninguna duda acerca de sus intenciones... Nuevamente moví mi pierna hasta rozar su brazo
y lo miré con atención. Entonces él también me miró. Luego depositó su mano derecha
sobre mis ancas, y viendo que yo no la extrañaba, la fue metiendo puercamente entre mis
faldas, buscándome el centro..." (pág. 24).
Los cuentos restantes poseen las
características arriba señaladas, pero además producen la sensación de que se esté
leyendo literatura. Ya no se trata de historias cotidianas entre hombres y mujeres, sino
que hay un nivel de elaboración diferente, más cercano a la invención. Incluso hay
cierta recurrencia a datos propios de la tradición cultural y libresca. Por ejemplo,
Azalea, personaje del último cuento, El Mermaids está
cerrado para siempre,
canta y con su canto encanta y atrae a los marineros: una sirena. En el séptimo, El
abrazo de Roland Barthes y la ruleta, una mujer casi cumple su sueño de ser seducida
a la manera de la literatura: "Por qué no se atrevió a seguirlo. Por qué [...] La
literatura estaba llena de ejemplos. Sólo que antes no existía Roland Barthes, ni
siquiera eso que en las universidades llaman semiótica [...] Volver al asunto no estaría
mal. Podríamos empezar desde el próximo párrafo. Con una descripción, tal vez. Y sin
interrumpirse, sin reflexionar sobre la literatura, sin sujetarse a focalizaciones o
puntos de vista. Y mucho menos a la voz narrativa. żAcaso es ella más un personaje que
una mujer de verdad?" (pág. 65). Se diría de estos textos que, en lugar de sangre,
les corre sangre con letra. Y, como la letra con sangre entra, se le meten a uno en el
corazón.
Simulacros de amor es, entre las
muchas publicaciones de los más jóvenes escritores, un libro ejemplar. Su lenguaje tiene
la hondura de la precisión: "Saberse feo modela una sensibilidad distinta, a veces
dolorosa, frente a la belleza. A veces he creído que sólo a los hombres feos les está
permitido ver el rostro de Dios" (pág. 53). Recrea mundos individuales interiores
intensos, al mismo tiempo que da cuenta de aspectos de nuestro ser de colombianos:
"Sé que algunos dicen que deliro. Y lo que es peor, deliro sin ser buen pintor. Si
fuera un buen pintor, mi delirio no sería delirio..." (pág. 53). Despliega una
actitud de crítica ante problemas esenciales de la realidad nacional: "Esta zona es
muy peligrosa. Todavía la guerrilla sigue en los años 60..." (pág. 27). Tales
virtudes, entre otras, debido a que son tan escasas en la creciente literatura colombiana,
hacen de Simulacros de amor una obra notable.
También es un texto lleno de humor. No
obstante, en ocasiones cae en notas bajas, de gusto dudoso, fácil: "Y como sabía
que yo me había degenerado tanto hasta convertirme en periodista..." (pág. 38). ˇQué
tal! El personaje narrador (periodista) se utiliza a sí mismo para reírse de los demás
(los periodistas). Pero el humor más alto es aquel en el cual el autor se ríe de sí
mismo a partir de sí mismo. Sin embargo, es una obra literaria de harta belleza.
Para agregar más belleza a la belleza,
tiene el libro un diseño sosegado y exquisito y un cuidado editorial que muchos
envidiarían, salvo por dos o tres errorcillos (ejemplo: en la portada se lee "Piedra
del sol"; en la solapa, "Piedra de sol"). ˇNaderías! Sin
demeritar las calidades de nuestra industria editorial, Simulacros de
amor
parece un libro procedente de las más refinadas editoriales extranjeras.
Simulacros de amor es uno de esos
libros cuyo saludo y bienvenida se hace con felicidad y con confianza de que no todo es
basura en la literatura joven de nuestro país. ˇDios bendiga y multiplique a su autor!
JOSÉ LIBARDO PORRAS
VALLEJO
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