Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 42. Volumen XXXIII - 1996- editado en 1997
 

La poesía colombiana encontró su zona de tolerancia


Historia portátil de la poesía colombiana (1880-1995)
J. G. Cobo Borda
Tercer Mundo Editores, Santafé de Bogotá, 1995, 315 pág.


Barba-Jacob: "Homosexual, sifilítico y marihuanero (llamaba a esta última "La dama de los cabellos ardientes" y la aspiró con unción toda su vida)" (pág. 18). José Asunción Silva: "Un dandy nazareno que buscaba ser fiel, hasta el final, al desapego apolíneo, sintetizado en esta frase: ‘Antes me verán muerto que pálido’ " (pág. 31). León de Greiff: "El ocioso era lúcido y su no hacer nada terriblemente fecundo" (pág. 100). "Su máxima evasión, su mayor irrealidad, era vivir en Colombia" (pág. 101).

Estos son algunos de los sacrilegios, profanaciones, recreaciones que nos ofrece Cobo Borda en su Historia portátil de la poesía colombiana. "Homenajes-profanaciones [...] que por más irreverentes que parezcan, terminan por formar parte de una tradición establecida" (pág. 263). Esta historia oficial, "tradición institucionalizada", abarca nombres que van desde Silva, Valencia, Barba-Jacob, Luis Carlos López, pasando por León de Greiff, Vidales, Arturo, Carranza, Charry Lara, Mutis, Gaitán Durán, hasta Jaime Jaramillo Escobar y Mario Rivero. La tesis-paradoja a la cual llega Coba Borda es que la actual poesía colombiana encontró una "zona de influencia legalizada y específica para ejercer su dominio (casas de poesía, revistas especializadas, periódicos, premios, emisoras)" y que contrasta con la anterior imagen errante, contestataria y bohemia de la poesía que llegó hasta el nadaísmo en los años setenta.

De esta "historia oficial" forman parte fundamental cinco panoramas críticos, estudios-hitos que fueron los encargados de acuñar esta tradición y que en su orden de aparición son: Las palabras están en situación, de Armando Romero (Procultura, 1985); Poesía y poetas colombianos, de Fernando Charry Lara (Procultura, 1985); Visión estelar de la poesía colombiana, de Eduardo Carranza (Biblioteca Banco Popular, 1986); Poesía colombiana 1880-1980, de J. G. Cobo Borda (Universidad de Antioquia, 1987); e Historia de la poesía colombiana (Casa de Poesía Silva, 1991).

Historia portátil de la poesía colombiana (1880-1995), de Cobo Borda, corresponde a la segunda edición del libro publicado inicialmente por el poeta Elkin Restrepo en 1987, dentro de las ediciones Universidad de Antioquia, en la Colección Celeste: "poesía colombiana del siglo XX o de Silva a nuestros días", sería el subtítulo de esta serie de ensayos y reseñas que, como su autor lo afirma, "tuvo un curioso destino: fue puesta como texto de referencia en colegios y universidades y sobre ella realizaron reseñas los alumnos del seminario Andrés Bello del Instituto Caro y Cuervo" (pág. 13).

Esta "historia portátil" incluye una relectura, corrección y revisión del primer texto; inserta nuevas páginas sobre Silva, Valencia y Barba-Jacob -en una tercera relectura- sumándole un estudio sobre Luis Carlos López: el Tuerto López, "conmovido por dentro y burlón por fuera" (pág. 61). El texto termina con un ensayo titulado "En un país de poetas, la tradición en crisis", que intenta actualizar un panorama de la poesía en los años noventa. Allí el autor se pregunta: "¿Cómo compaginar el lirismo metafísico con la violencia suicida? ¿Cómo en un país enfermo -política, económica, socialmente- la poesía crece con mayor ímpetu, como un delgado hilo de agua?". Acaso el lirismo salva de la crueldad o es que la poesía ha sido siempre impertinente, se responde el poeta.

En esta "elección respetable de una tradición propia y arbitraria como cualquier otra", Cobo Borda subdivide en una secuencia histórica los noventa años transcurridos en este siglo, en seis grupos poéticos reconocibles claramente: los modernistas, Los Nuevos, Piedra y Cielo, Mito, nadaísmo. Generación sin nombre o Desencantada (la década del setenta).

Pasión por la lucidez. Aguda conciencia crítica. Acentuar el carácter placentero por la lectura decantada con los años (esa intimidad perdida), es lo que nos ofrece Cobo Borda en esta "historia portátil" (portátil por lo "muy personal" y porque "la llevo conmigo"). Cobo Borda con este "manual portátil" (también por lo leve y exacto), reivindica las posibilidades del ensayo en Colombia. Su lenguaje apasionado y tenso, su intuición y gracia, concentración e inspiración, información y buen gusto, nos vuelven los ojos de nuevo hacia un género relegado en nuestro medio. Frescura en su imaginación y cultura recreada serían los dos ingredientes básicos de esta colección de ensayos, de la que sólo extraño de su primera edición la frase central de su ensayo sobre Aurelio Arturo cuando afirmaba tajantemente (sin curarse en salud) que Arturo era hoy por hoy: "el poeta más importante de Colombia".

JORGE H. CADAVID