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Digno de ser cantado, digno de ser leído
Dignum est
Odiseo Elitis (traducción, introducción y notas de Jorge Páramo Pomareda)
Instituto Caro y Cuervo-Universidad de los Andes, Santafé de Bogotá, 1994,
186 pág.
De unos años para acá, es notorio en
Colombia un interés editorial por fomentar y publicar los trabajos de los traductores
nacionales; ello es un indicador indiscutible y loable de lo que en los medios podría
presentarse como "progreso cultural". A la muy importante colección Cara y
Cruz, de Editorial Norma, que se constituye en núcleo de este despertar de la traducción
crítica y especializada, hay que asociar algunas publicaciones del Instituto Caro y
Cuervo, en lo que toca a las más delicadas y más escasas traducciones de lenguas
clásicas, esto es, el latín y el griego. Que un día nos convirtamos en habituales
productores de ediciones críticas de autores llamados clásicos, es una perspectiva de
oro cuya sola mención nos emociona. Para ello, no basta con que existan muchos
traductores y editoriales dispuestas a encargarse de sus trabajos; es necesario que
también los traductores y las editoriales asuman crítica o especializadamente las obras
que se ofrecen como material para ser difundido. Aunar, por qué no, bibliografía básica
al Homero de Segalá, al Dante de Crespo, al Shakespeare de Astrana o al Goethe de
Cansinos Asséns. Por qué no.
Pues bien, el volumen de Dignum est, de
Odiseo Elitis (Elytis, escribe Castillo Didier), se presenta como el primero de una
proyectada colección llamada El Álamo y el Ciprés. Continuar con esta línea, y en un
nivel importante de exigencia lingüística y literaria, sería una empresa ideal, que
desde aquí quiero animar.
Ahora bien: Elitis, poeta griego nacido
en 1911, y cuyo nombre quedó en la mente -y espero que en la memoria- de mucha gente a
raíz de haber recibido en 1979 el premio Nobel de literatura, es también, a su modo, un
"clásico", en el sentido de tener sobre sí el reconocimiento de la crítica
internacional, numerosas traducciones a distintas lenguas, y por la misma vanidad del
Nobel, que no se concede gratuitamente. Sin embargo, Elitis es un gran desconocido para el
mundo hispánico, pues son pocas y parciales las traducciones que se han hecho de su obra,
casi todas en España y con ínfima distribución en América Latina. Que en Colombia se
publique una nueva traducción del Dignum est, extenso y extraordinario poema de
Elitis (1959), es, claro, muy importante, pero hace más visible el vacío de su obra
restante; a ese vacío se le haría un agalludo contrapeso si esta versión fuese edición
crítica, pero, lamentablemente, no lo es. Cuando se emprende este tipo de ediciones, hay
que arriesgarse a invertir unas cuantas páginas de más para ofrecer al medio lector
colombiano (y tal vez latinoamericano y español), no sólo un escueto poema, sino la
contextualización del mismo y de su autor, como un abrebocas al conocimiento definitivo
del poeta.
Porque, ciertamente, y pese a la
reconocida autoridad del grecólogo Jorge Páramo Pomareda, éste nos ha quedado debiendo
un verdadero ensayo introductorio y -amén de las notas que incorpora previsivamente en la
introducción, titulada "Elitis y el Dignum est"- un mayor y más
detenido análisis del poema mismo, que, por supuesto, no es un poema inocente ni tampoco
un poema fácil, y creo que mucho menos en la propia traducción de Páramo. También
loablemente, la edición es bilingüe (incluso "calcada" fotostáticamente de la
edición griega de la que traduce el profesor Páramo): razón de más para pensar que se
ha hecho un trabajo para los cuatro gatos (tal vez tres) que pueden darse el lujo de leer
comparativamente los dos textos; una edición crítica siempre estará a punto de
permitirle a uno, lego en griego pero con buena voluntad (al menos leemos su alfabeto y
sabemos de raíces), silabear algunos versos griegos y acercarse, por tanto, más a la
realidad literaria que entraña el poema.
Dignum est es un monumento
literario, en el mejor o más estricto sentido de la palabra: un poema épico, rezumante
del más puro y menos indeseable nacionalismo griego; es decir, uno de esos poemas que
nacen bajo el antiquísimo estigma de lo que es "digno de ser cantado" o
recordado por una colectividad, o mejor, por otros: un monumento. Ello le da una evidente
gravitación nacional en la historia de la literatura griega contemporánea. Pero, aparte
de eso, se trata de un poema complejo, de diestros manejos del lenguaje lírico y una
enorme y coherente capacidad de restaurar y evocar antiguas tradiciones helénicas y
cristianas orientales. Todo esto, creo que lo podemos afirmar tras la lectura, llena de
sorpresas, de este texto múltiple; gracias a la versión castellana de Páramo obtenemos
ganancia en materia lexicográfica, en sensibilidad del verso y sabias alusiones al mundo
clásico y ritual cristiano; y gracias a su introducción entrevemos una estructura
propuesta, la que recrea un Génesis, una Pasión y unas Laudes, con toda la
significación que estas tres palabras, con mayúsculas, poseen. Es por eso que no nos
despistamos demasiado con los juegos a veces herméticos de las metáforas y las
evocaciones (que Castillo Didier llama surrealistas). Páramo nos ofrece en parte un
repertorio explicado (no suficientemente explicado) de estas referencias. También él nos
saca de nuestro inicial asombro por el título latino del libro; de hecho, así lo
bautizó su primer traductor español, Cristián Carandell, de manera que Páramo, como lo
hace también en la interpretación del poema, sigue el criterio de otros: dado que el
título griego original, To axion estí, corresponde a una fórmula litúrgica de
la iglesia bizantina, el traductor quiso dejar intacta la fórmula; pero como existe una
correlativa en el mundo cristiano litúrgico occidental, de procedencia latina, que por
supuesto tendrá una mayor resonancia dentro del mundo hispánico, se optó por emplearla
en lugar de la griega: "dignum est"
es una expresión latina,
equivalente al "to axion estí", que se emplea aún
invariablemente, traducida a las distintas lenguas, en la liturgia católica: "es
digno", "es loable" -"en verdad es digno y necesario..."-. Todo
este proceso de adecuación, hacia una traducción satisfactoria del título, nos da la
medida de lo que entraña una responsable y afinada traducción literaria. Yo creo, ya
fuera de texto, que la fórmula latina "dignum est"
la desconoce
todo el mundo, aun conociendo su traducción castellana. En este sentido, no es comparable
el griego, que es una lengua viva (y viva sobre la vivacidad del griego antiguo) con el
latín, que es una lengua muerta. Ante la imposibilidad de reproducir con efecto
semántico eficaz la fórmula litúrgica, yo traduciría por lo profano, tal vez ampliando
el campo semántico, algo así como "Sea digno de alabanza". Pero es posible que
por razones editoriales, y del registro del ISBN hispánico, el Dignum est sea
inamovible ya como título.
Decía que la traducción del profesor
Páramo es difícil, densa. Desconozco otra versión castellana, salvo algunas de poemas
pertenecientes a otros libros de Elitis. Pero la impresión que deja la lectura de esta
traducción corresponde al un poco depresivo dictamen de Miguel Castillo Didier acerca del
surrealismo del poeta griego. Por supuesto, hay mucho de sueño, de atmósfera
onírica, de realidades que sólo se producen simbólicamente. Pero el poema es mucho más
que eso: el sueño no proviene de una libre asociación sino más bien de una asociación
controlada de míticas presencias de un pasado ancestral y confusas y lamentables
vivencias de un presente, el del poeta, que se mira a través de su Grecia ante las
eventualidades de la guerra, de los conflictos internos, de la pobreza, pero también de
las costumbres, de las creencias y de los amores del hombre griego actual; la atmósfera
onírica, me parece, no es más que la exacerbada interioridad de quien vive esta
experiencia (de la cual hay una narratividad explícita); los símbolos, en cambio, sí
corresponden a una voluntad poética, pero creo que no son tan espontáneos como la
expresión "surrealista" puede sugerir.
Lo difícil, lo denso, es aquí la
literalidad. La versión de Páramo sigue, en sus mínimos detalles, incluyendo la
disposición tipográfica de los versos, el original griego. Con su inmenso dominio del
griego, Páramo puede desarrollar la dirección y el sentido de los versos, de modo que
puedan convertirse casi en "lo mismo" que el original propone. En lo relativo al
verso, he dicho, la traducción es exquisita, de gran sensibilidad rítmica y de mucho
peso semántico. Yo objeto, en cambio, el excesivo quiebre de la sintaxis -literal o no-,
que a lo largo de himnos, salmos, cánticos, prosas y laudes (que evidentemente tienen
connotación litúrgica, pero más que litúrgica una intención sacralizadora) produce en
el texto castellano una inclemente repetición del hipérbaton. El hipérbaton, en la
medida en que es una figura de retórica, existe como recurso sólo si se percibe su
excepcionalidad; puesto a recorrer y darles su tono a una multitud de versos, esta
desmedida alteración de los elementos de la frase narrativa, genera en español una
extrañeza, un alambicamiento, un amaneramiento que, si existen en el texto griego,
carecen sin duda de la misma negativa sonoridad.
Por lo demás, el poema debiera ser
leído por todos, y especialmente por los poetas, que en él se enfrentarían -aparte de
la fértil discusión sobre la literalidad- a un tipo de realidad poética poco frecuente,
no sólo en nuestro medio sino en general en la poesía contemporánea: cómo hacer
significativo y actual el poema épico.
ÓSCAR TORRES DUQUE
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