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Maestro de la cámara
Melitón Rodríguez fotógrafo.
Momentos, espacios y personajes.
Medellín, 1892-1922
Biblioteca Pública Piloto, Litografía Especial, Medellín, 1995, s.p.
Gracias a las gestiones de la Biblioteca
Pública Piloto de Medellín y al aporte de la Fundación para la Restauración y
Conservación del Patrimonio Cultural y del Instituto Colombiano de Cultura, el gran
archivo fotográfico de Melitón Rodríguez se salvó como acervo cultural de Antioquia y
Colombia. Desde 1938 era manejado por sus familiares y llegó el momento en que corrió
peligro de ser vendido en el exterior o adquirido por algún empresario privado. Ahora el
reto que enfrenta esta enorme colección de más de 200.000 negativos es su apropiada
conservación, administración y aprovechamiento. Con anterioridad, la misma Biblioteca
había rescatado otro archivo de un fotógrafo no menos importante, contemporáneo y
competidor de Rodríguez: Benjamín de la Calle. De éste sólo se conservan unas 7.000
placas, depositadas en la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales de Medellín.
Melitón Rodríguez ha sido objeto de
varias notas de prensa, y de dos publicaciones dedicadas exclusivamente a su obra. En 1983
el Centro Colombo-Americano de Bogotá publicó un catálogo que acompañó una selección
de fotografías de 1892 a 1938. Por su parte, El Áncora Editores imprimió, en 1985, un
libro con 190 fotografías y un excelente texto introductorio de Felipe Escobar; las
reproducciones, sin embargo, no resultaron de la mejor calidad.
El libro que presenta ahora la Biblioteca
Pública Piloto, con el apoyo de la Comisión Asesora para la Cultura del Concejo de
Medellín, tiene varios aspectos destacados. En primer lugar, su diseño gráfico y forma
de encuadernación (pasta dura, hojas perforadas y atadas con cuero), a pesar del sabor
nostálgico, tiene un aire refrescante y artesanal que recuerda los álbumes antiguos
publicados sobre Medellín en los años diez y veinte. El centenar de reproducciones, la
gran mayoría inéditas, es de gran calidad técnica. Respetuosamente se evitó editar la
foto, lo que en ocasiones permite apreciar las anotaciones al margen del fotógrafo, los
espejos con que se introducía al estudio la luz natural para iluminar al modelo, como en
el retrato de Joaquín M. Posada (1892), o el juego de telones de fondo, como en el
excepcional retrato del torero "Martincho" (1896). Se incluyen también las
medidas originales del negativo y la especificación del material del soporte. Los breves
textos, los pies de foto y la bibliografía están traducidos al inglés y al francés, lo
cual pone la obra al alcance de lectores extranjeros.
La selección de las fotografías de este
bello álbum se hizo, según Gloria Palomino, directora de la Biblioteca, "con la
pretensión de mostrar unos pocos momentos de los eventos acontecidos en Medellín entre
1892-1922, personas que se destacaron por su aporte al desarrollo económico, industrial y
social y una serie de lugares que fueron testigos de la pujanza de una región". Los
textos incluidos, una "Valoración" y una "Síntesis biográfica", son
excesivamente breves para la importancia del artista. En el primero se acude a dos autores
que han elogiado a Melitón (Erika Billeter y Álvaro Medina), como prueba de que es
"uno de los grandes maestros de la fotografía latinoamericana, y su obra es de
reconocido prestigio mundial". Lo primero es cierto, pero es conveniente para el
lector saber por qué. Lo segundo es una entusiasta exageración: Melitón no tiene
reconocimiento mundial por los historiadores de la fotografía, no porque no lo merezca,
sino porque pocos saben de su existencia.
El argumento que se cita de Álvaro
Medina, en virtud del cual en las fotografías de Melitón "hay un sentido del
instante y del encuadre que ningún otro colombiano de su tiempo llegó a tener" es
discutible. Aquello del "sentido del instante" parece más una licencia poética
que una categoría discernible; Rodríguez no tomó fotografías instantáneas ni su
preocupación fue la velocidad, como lo revelan las cuidadosas fotografías de estudio y
su diario donde evaluó minuciosamente su trabajo. En cuanto al encuadre, son más las
similitudes que existen entre Benjamín de la Calle y Melitón Rodríguez que las
diferencias. Lo específicamente distinto de las imágenes de Melitón Rodríguez, con
respecto a otros de sus colegas, se encuentra en una voluntad artística explícita que
busca un lenguaje mediante el dominio técnico y el tratamiento de la luz, en el deseo
incesante de perfección de su arte, en el interés por una fotografía pictórica y
alegórica. Muchos de sus primeros retratos podrían ser de De la Calle por la
disposición del modelo, el encuadre y el telón de fondo, pero a medida que avanza en su
trabajo se hace inconfundible. La luz embellece y envuelve a sus personajes; los bordes
son suaves y hay gran riqueza de matices y detalles. Por su parte, Benjamín de la Calle
mantuvo una suerte de rudeza y tosquedad iconográfica que le es distintiva.
Entre las fotografías incluidas hay
varias sobresalientes: Los zapateros, ganadora de un premio en Nueva York en 1895;
el retrato de la familia del artista (1892); los retratos de Francisco Antonio Cano
(1895), con quien Melitón ya estudiaba pintura a los 10 años (y no a los 13, como se
dice en los textos de la Biblioteca Piloto y El Áncora), Manuel Uribe Ángel (1899),
Marco Tobón Mejía, Matilde Bernal en traje de novia (1927) y el del poeta Ciro Mendía
con su padre (ca. 1922), entre otros. Todos ellos tienen la rara capacidad de revelar el
interior y el exterior de los personajes, con una detenida construcción de valores
plásticos: luces, sombras, contrastes, texturas de telas, composición, poses, fondos y
primeros planos. Los exteriores de Medellín, la catedral en construcción y algunos
interiores, han sido convertidos, por el paso del tiempo y la destrucción del progreso,
en documentos invaluables que conservan el rostro de una ciudad que ya desapareció. El
tranvía de Buenos Aires, las vistas de la avenida La Playa o el Parque de Berrío no
compiten todavía en calidad estética con los retratos, pero son el vivo testimonio de lo
ahora inexistente.
Melitón Rodríguez no merece sólo un
libro, sino varios. Su obra ha sido exhibida en el prestigioso Foto Fest y figura en las
historias de la fotografía en Colombia y América Latina. Se podrían publicar varias
series de temas monográficos: retratos, vistas de la ciudad, interiores, pueblos. Puesto
que el fotógrafo llevó un diario, parte del cual se conserva todavía, podría
considerarse su inclusión en alguno de los tomos, ya que se trata de un documento único
en su género en la fotografía colombiana.
El reconocimiento internacional al
fotógrafo peruano Martín Chambi (1891-1973), quien literalmente reveló el alma de las
gentes de Cuzco, es una demostración de que las fotografías de Melitón Rodríguez
merecen por derecho propio una posición similar en el ámbito latinoamericano y europeo.
A la Biblioteca Pública Piloto le queda la tarea de difundir la obra de uno de los más
importantes maestros de la cámara en esta parte de América.
SANTIAGO LONDOÑO VÉLEZ
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