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Los
sueños que desnudan al filósofo
Tarzán y el filósofo desnudo
Rodrigo Parra Sandoval
Arango Editores Ltda., Santafé de Bogotá, 1996, 526 pág.
De los sueños de un filósofo caleño se
desprenden las lianas de Tarzán y sus gritos selváticos de poder. Al despertar, emprende
de nuevo camino a la universidad a dar sus clases sobre Heidegger, pero aún el eco del
grito tarzanesco le acompaña. De los sueños pasa también a las reflexiones en los halls
de los hoteles o en las salas de películas porno. De alguna de estas reflexiones va a
poder tomar por fin el impulso que lo lleve a escribir su tratado de filosofía colombiana
o el de la posibilidad de la filosofía heideggeriana en el trópico.
Éste es un libro multiplicador de
historias manejadas todas con una imaginación fascinante y desbordada y con una lógica,
no sólo muy compleja y múltiple, sino expansora de las realidades. Al leerlo se estudia,
semestre por semestre, la carrera del desnudamiento del filósofo y de los sueños que se
reproducen en sus dos partes, libros del escritor y del lector. Es la carrera del que
quiere escribir y descubre solamente al llegar a la última página de su libro que lo ha
logrado, por encima de los obstáculos de las opiniones de sus colegas y de la de su
mujer. Entre Tarzán y Heidegger, el filósofo caleño es halado hacia opuestos extremos y
esto lo va desgarrando, lo va acercando cada vez más a la luz de su propio ser oscuro y
selvático. Se sitúa entre el grito de Tarzán, que lo llama a la libertad de la
naturaleza, y la cátedra de Heidegger, que le explica su propia realidad, en alemán por
supuesto, única forma de entenderla cabalmente. Este académico libro se propone
escudriñar detectivescamente todas las posibilidades de encontrar al asesino que en un
sueño del filósofo ha matado a una bella mujer blanca que yace ahora desnuda. Es la
investigación más erótica hasta ahora conocida, pues se medita en la cama y haciendo el
amor. Los vinos y quesos son servidos a todo lo largo y curveado de sus pieles ávidas. La
pesquisa va a resultar en la pregunta de quién asesinaría a quién y por cuál motivo.
Al agotarse el libro en sus últimas páginas, nos va lanzando a la misma realidad allí
descrita, como si estuviéramos en una película que no acaba jamás.
Al avanzar en la lectura, se fue haciendo
cada vez más clara la presencia de tres personajes alrededor del libro: el lector, el
escritor y la acompañante. Uno de los epígrafes del comienzo, nos habla de la
conjunción de tres en la lectura. Sus miradas se cruzan, desnudan y provocan risa, rubor
y a veces rabia, por el destape tan tajante. Cada uno de los que habitamos nuestro
trópico estamos allí metidos y vemos a los otros también. Son nuestros colegas
profesores y filósofos los que defienden a capa y espada la verdad absoluta de una
filosofía que, en sí, no es del todo una ocupación poco interesante, sino que no ha
logrado vincularse con la realidad del país, ni política ni creativamente, para así por
lo menos aportar algo, a través de la creación, al descubrimiento de la cultura y a su
movimiento. La rigidez con la que se asume aquí el saber filosófico es hija de las
filosofías europeas, pero en Tarzán y el filósofo desnudo se muestra que ésta
llega a un punto en que, aquí en el trópico, es absurda. Los moldes alemanes son como
rieles de hierro rectos e iguales. El pedazo de hierro recto aquí, se evapora y habla, se
contorsiona y ríe, pierde su terquedad para ganar flexibilidad. Ahora no es sólo un
pedazo de riel para medir, sino muchos átomos de hierro para jugar y crear. Parra
Sandoval es un maestro del juego y de la desnudez, nos hace pensar en cuáles han sido los
caminos por los que hemos tratado de llevar a esta nación, donde ser colombiano de verdad
ya no interesa, sino que hay que tratar de imitar a "los que sí saben", a los
que tienen la verdad de nosotros mismos.
A lo que aquí se le da paso y cabida a
través de la creación, es a la construcción fabulosa de la identidad, alimentada por
vertientes de prácticamente todos los continentes, pero al fin única y real. Es una
realidad móvil y no yerta; es múltiple. Aquí los muertos cargan el absurdo, pero una
gran cuota de ellos ha sido debida a la imposición de leyes y formas de vida foráneas
que debemos imitar. En las clases de filosofía podría un Kant darnos a entender la
validez de su imperativo, y admitimos que su concepto moral de tratar al otro como fin en
sí mismo es insuperable. Pero éste se queda en las aulas, en los colegios, en los
cientos de posibles pensadores y creadores que se quedan haciéndole la corte a su
filosofía, sin encontrar la forma de aportar o de llegar a la realidad del país. La
primera fase debería ser escuchar también a los demás y abrir espacios de concertación
y creación. Es tal la gama de posibilidades y ofrecimientos, que los intereses no
declinarán sino que más bien aumentarán. Y es que Kant, cuando lo entendemos a veces,
toca nuestra realidad, pero más aún cuando con él inventamos una historia en la cual se
mueve y conoce las calles que nosotros conocemos. Y es que este libro respira Cali.
La desnudez del filósofo es abierta bajo
la noche caleña. Es también la de sus sueños expandidos y soñados dentro de otros
sueños a su vez soñados. Con su cuerpo desnudo busca la propia luz de su escritura y el
sentido de ser en el trópico. Finalmente es Tarzán quien lo sueña a él, y es él quien
enseña a Heidegger en la universidad. La selva lo llama desde muy dentro de sí y camina
por los días desgarrándose de dolor, tratando de volver la filosofía germana algo que
toque la realidad de nuestro "tercer mundo". De este libro y de sus historias,
es imposible escapar, porque uno ya está allí adentro, desempeñando el papel principal.
Es posible verse uno mismo en su propia desnudez y tarzanería. Después de leer parte de Tarzán
y el filósofo desnudo, estaba tratando de digerirlo, de ordenarlo en mi mente. La
lectura había sido entre dos, como lo es también el libro del lector, aunque no en la
cama ni con juegos eróticos, pero sí con las miradas que se iban encontrando cada vez
más, entre sorpresas y predicciones y sobre todo entre muchas casualidades. Me
encontraba, como decía, pensando aún en el libro, y caí dormido al calor de la tarde
soleada. Soñé entonces con la selva, y de todos los personajes del libro, soñé
únicamente con los pigmeos, fieles seguidores de Tarzán. No sólo es así como con su
desnudez el filósofo caleño nos desnuda y nos pone a crear y a soñar, a participar
directamente como personajes, sino también al ver el alcance que Heidegger pueda tener en
nuestra tierra, en nuestras academias y en la casa del filósofo. Este "alcance"
es el que el filósofo alemán logra con las aguas que expulsa de su pene erecto, en la
fuente del centro del patio. Son también de estas aguas de las que vienen a beber los
colegas filósofos, y a comer opíparamente platos muy sofisticados y europeos, mezclados
con otros típicamente vallunos, inclinándose, sin decirlo, mucho más por la comida
tradicional que por la importada y elegante.
En la casa del filósofo desnudo, en
plena Cali, se entrelaza su historia de amor con aquello que se cuenta y aquello que se
sueña y lo que se cuenta en aquello que se sueña, con lo que se piensa a lo largo de los
diez u once semestres, incluyendo el de tesis. A medida que los semestres avanzan, con muy
buenas calificaciones, está de más decir, el decano, filósofo caleño, va soñando con
Tarzán, el de los cómics de su juventud como símbolo del héroe tropical, el que lo
llama desde una parte de sí, liberándolo a través de la escritura, que se convierte
así en el ideal y además en la única herramienta con la cual dejar escribir a las
manos, que bailan y juegan, a los sueños, al cuerpo, a los sabores, olores y a la
música. La obra escrita completa deberá poder transmitir la sensación de haber
recopilado el pensamiento filosófico de Colombia, si es que hay alguno.
Tarzán y el filósofo desnudo se
queda en nuestra mente y nos llama cuando vemos que las universidades tienen ese papel,
pobre de espíritu, de defender lo que no es suyo, por creerlo mejor y verdadero. Tarzán
es el filósofo desnudo que escucha los latidos de su corazón y quiere llegar hasta él,
como quien deshoja una alcachofa, nuevo símbolo de la filosofía, más diciente que el
búho y más interesante, pues ella nos habla de ir hasta el centro mismo de su ser, hoja
por hoja, página por página.
En su casa, y en particular en su
sótano, teje la maraña de hechos, historias, reflexiones y sueños, su colcha de
retazos, con la que pinta, con dulzura, crítica y humor, los croquis difusos de nuestra
cultura rica y desbordada.
ALFREDO DURÁN MEJÍA
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