Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 42. Volumen XXXIII - 1996- editado en 1997
 

Los sueños que desnudan al filósofo


Tarzán y el filósofo desnudo
Rodrigo Parra Sandoval
Arango Editores Ltda., Santafé de Bogotá, 1996, 526 pág.


De los sueños de un filósofo caleño se desprenden las lianas de Tarzán y sus gritos selváticos de poder. Al despertar, emprende de nuevo camino a la universidad a dar sus clases sobre Heidegger, pero aún el eco del grito tarzanesco le acompaña. De los sueños pasa también a las reflexiones en los halls de los hoteles o en las salas de películas porno. De alguna de estas reflexiones va a poder tomar por fin el impulso que lo lleve a escribir su tratado de filosofía colombiana o el de la posibilidad de la filosofía heideggeriana en el trópico.

Éste es un libro multiplicador de historias manejadas todas con una imaginación fascinante y desbordada y con una lógica, no sólo muy compleja y múltiple, sino expansora de las realidades. Al leerlo se estudia, semestre por semestre, la carrera del desnudamiento del filósofo y de los sueños que se reproducen en sus dos partes, libros del escritor y del lector. Es la carrera del que quiere escribir y descubre solamente al llegar a la última página de su libro que lo ha logrado, por encima de los obstáculos de las opiniones de sus colegas y de la de su mujer. Entre Tarzán y Heidegger, el filósofo caleño es halado hacia opuestos extremos y esto lo va desgarrando, lo va acercando cada vez más a la luz de su propio ser oscuro y selvático. Se sitúa entre el grito de Tarzán, que lo llama a la libertad de la naturaleza, y la cátedra de Heidegger, que le explica su propia realidad, en alemán por supuesto, única forma de entenderla cabalmente. Este académico libro se propone escudriñar detectivescamente todas las posibilidades de encontrar al asesino que en un sueño del filósofo ha matado a una bella mujer blanca que yace ahora desnuda. Es la investigación más erótica hasta ahora conocida, pues se medita en la cama y haciendo el amor. Los vinos y quesos son servidos a todo lo largo y curveado de sus pieles ávidas. La pesquisa va a resultar en la pregunta de quién asesinaría a quién y por cuál motivo. Al agotarse el libro en sus últimas páginas, nos va lanzando a la misma realidad allí descrita, como si estuviéramos en una película que no acaba jamás.

Al avanzar en la lectura, se fue haciendo cada vez más clara la presencia de tres personajes alrededor del libro: el lector, el escritor y la acompañante. Uno de los epígrafes del comienzo, nos habla de la conjunción de tres en la lectura. Sus miradas se cruzan, desnudan y provocan risa, rubor y a veces rabia, por el destape tan tajante. Cada uno de los que habitamos nuestro trópico estamos allí metidos y vemos a los otros también. Son nuestros colegas profesores y filósofos los que defienden a capa y espada la verdad absoluta de una filosofía que, en sí, no es del todo una ocupación poco interesante, sino que no ha logrado vincularse con la realidad del país, ni política ni creativamente, para así por lo menos aportar algo, a través de la creación, al descubrimiento de la cultura y a su movimiento. La rigidez con la que se asume aquí el saber filosófico es hija de las filosofías europeas, pero en Tarzán y el filósofo desnudo se muestra que ésta llega a un punto en que, aquí en el trópico, es absurda. Los moldes alemanes son como rieles de hierro rectos e iguales. El pedazo de hierro recto aquí, se evapora y habla, se contorsiona y ríe, pierde su terquedad para ganar flexibilidad. Ahora no es sólo un pedazo de riel para medir, sino muchos átomos de hierro para jugar y crear. Parra Sandoval es un maestro del juego y de la desnudez, nos hace pensar en cuáles han sido los caminos por los que hemos tratado de llevar a esta nación, donde ser colombiano de verdad ya no interesa, sino que hay que tratar de imitar a "los que sí saben", a los que tienen la verdad de nosotros mismos.

A lo que aquí se le da paso y cabida a través de la creación, es a la construcción fabulosa de la identidad, alimentada por vertientes de prácticamente todos los continentes, pero al fin única y real. Es una realidad móvil y no yerta; es múltiple. Aquí los muertos cargan el absurdo, pero una gran cuota de ellos ha sido debida a la imposición de leyes y formas de vida foráneas que debemos imitar. En las clases de filosofía podría un Kant darnos a entender la validez de su imperativo, y admitimos que su concepto moral de tratar al otro como fin en sí mismo es insuperable. Pero éste se queda en las aulas, en los colegios, en los cientos de posibles pensadores y creadores que se quedan haciéndole la corte a su filosofía, sin encontrar la forma de aportar o de llegar a la realidad del país. La primera fase debería ser escuchar también a los demás y abrir espacios de concertación y creación. Es tal la gama de posibilidades y ofrecimientos, que los intereses no declinarán sino que más bien aumentarán. Y es que Kant, cuando lo entendemos a veces, toca nuestra realidad, pero más aún cuando con él inventamos una historia en la cual se mueve y conoce las calles que nosotros conocemos. Y es que este libro respira Cali.

La desnudez del filósofo es abierta bajo la noche caleña. Es también la de sus sueños expandidos y soñados dentro de otros sueños a su vez soñados. Con su cuerpo desnudo busca la propia luz de su escritura y el sentido de ser en el trópico. Finalmente es Tarzán quien lo sueña a él, y es él quien enseña a Heidegger en la universidad. La selva lo llama desde muy dentro de sí y camina por los días desgarrándose de dolor, tratando de volver la filosofía germana algo que toque la realidad de nuestro "tercer mundo". De este libro y de sus historias, es imposible escapar, porque uno ya está allí adentro, desempeñando el papel principal. Es posible verse uno mismo en su propia desnudez y tarzanería. Después de leer parte de Tarzán y el filósofo desnudo, estaba tratando de digerirlo, de ordenarlo en mi mente. La lectura había sido entre dos, como lo es también el libro del lector, aunque no en la cama ni con juegos eróticos, pero sí con las miradas que se iban encontrando cada vez más, entre sorpresas y predicciones y sobre todo entre muchas casualidades. Me encontraba, como decía, pensando aún en el libro, y caí dormido al calor de la tarde soleada. Soñé entonces con la selva, y de todos los personajes del libro, soñé únicamente con los pigmeos, fieles seguidores de Tarzán. No sólo es así como con su desnudez el filósofo caleño nos desnuda y nos pone a crear y a soñar, a participar directamente como personajes, sino también al ver el alcance que Heidegger pueda tener en nuestra tierra, en nuestras academias y en la casa del filósofo. Este "alcance" es el que el filósofo alemán logra con las aguas que expulsa de su pene erecto, en la fuente del centro del patio. Son también de estas aguas de las que vienen a beber los colegas filósofos, y a comer opíparamente platos muy sofisticados y europeos, mezclados con otros típicamente vallunos, inclinándose, sin decirlo, mucho más por la comida tradicional que por la importada y elegante.

En la casa del filósofo desnudo, en plena Cali, se entrelaza su historia de amor con aquello que se cuenta y aquello que se sueña y lo que se cuenta en aquello que se sueña, con lo que se piensa a lo largo de los diez u once semestres, incluyendo el de tesis. A medida que los semestres avanzan, con muy buenas calificaciones, está de más decir, el decano, filósofo caleño, va soñando con Tarzán, el de los cómics de su juventud como símbolo del héroe tropical, el que lo llama desde una parte de sí, liberándolo a través de la escritura, que se convierte así en el ideal y además en la única herramienta con la cual dejar escribir a las manos, que bailan y juegan, a los sueños, al cuerpo, a los sabores, olores y a la música. La obra escrita completa deberá poder transmitir la sensación de haber recopilado el pensamiento filosófico de Colombia, si es que hay alguno.

Tarzán y el filósofo desnudo se queda en nuestra mente y nos llama cuando vemos que las universidades tienen ese papel, pobre de espíritu, de defender lo que no es suyo, por creerlo mejor y verdadero. Tarzán es el filósofo desnudo que escucha los latidos de su corazón y quiere llegar hasta él, como quien deshoja una alcachofa, nuevo símbolo de la filosofía, más diciente que el búho y más interesante, pues ella nos habla de ir hasta el centro mismo de su ser, hoja por hoja, página por página.

En su casa, y en particular en su sótano, teje la maraña de hechos, historias, reflexiones y sueños, su colcha de retazos, con la que pinta, con dulzura, crítica y humor, los croquis difusos de nuestra cultura rica y desbordada.

ALFREDO DURÁN MEJÍA