Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 42. Volumen XXXIII - 1996- editado en 1997
 
Homenajear y profanar

Desocupado lector
Juan Gustavo Cobo Borda
Temas de hoy, Santafé de Bogotá, 1996, 302 pág.

El nuevo pensamiento latinoamericano después de Reyes, Borges y Paz, se ha visto enriquecido con figuras de la talla de Severo Sarduy (Cuba), Guillermo Sucre (Venezuela), Gabriel Zaid (México), Emir Rodríguez Monegal (Uruguay), Antonio Cándido (Brasil), Noé Jitrik (Argentina), Julio Ortega (Perú), entre otros. Para el caso nuestro, Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá, 1948) resulta ser su figura más acabada. La obra crítica y ensayística de Cobo Borda es, por su profundidad y extensión, la más importante para la Colombia de fines del siglo XX. Cobo Borda es antes que nada un escritor, perfil que los críticos modernos han perdido. Su observación deliberadamente poética (goce de la palabra), su reflexión cargada de imaginación y curiosidad intelectual, lo convierten en un registro aparte para nuestras letras. Cobo Borda se ubica dentro de una generación de pensadores latinoamericanos neohumanistas, caracterizados por una fina movilidad intelectual, enemigos de sistemas, llámense: crítica histórica, crítica sociológica, crítica psicoanalítica, crítica estructuralista. Su lúcida heterodoxia, su libertad para pensar, su conciencia del lenguaje como un sistema de conexiones y proyecciones, lo aproximan más a una llamada ‘crítica estilística’.

La obra ensayística de Cobo Borda se inicia con La alegría de leer (1976) -textos escritos y publicados entre 1970 y 1975-, cuando su autor dirigía la famosa revista Eco, y se entronca con este octavo panorama titulado a la manera cervantina Desocupado lector (1996), texto en el que mantiene intacto su norte: la indagación con el lenguaje como la aventura más radical del pensamiento y una definida vocación latinoamericanista. La tradición de la pobreza (1979), La otra literatura latinoamericana (1982), Letras de esta América (1986), Visiones de América Latina (1987), El coloquio americano (1994), Historia portátil de la poesía colombiana (1995), conforman el cuerpo sólido de una obra, irónicamente más conocida y valorada en otros ámbitos que en nuestro propio terruño. Artículos periodísticos, reseñas, ensayos breves, crónicas, críticas, conferencias, prólogos, entrevistas, dan forma a este diálogo implícito y explícito con el lector, en una crítica siempre afectuosa, siempre íntima. La pasión lúcida, el fresco asombro, la lectura hedónica, hacen de Cobo Borda un escritor siempre joven: "He perdido mi vida leyendo libros, intentando comprender lo que decían [...] Lector apenas, he querido dejar constancia de mis entusiasmos y perplejidades".

Cobo Borda no pretende ser más que un generoso lector, acepta su profesión de "desocupado lector", y nos comparte sus asombros, sus libros, sus maestros: desde Borges, Paz y Ángel Rama hasta Sanín Cano, Téllez y Arciniegas. En el estilo desbordado de Cobo Borda confluyen el humor mordaz, la crónica intelectual, la imaginación polémica, la reflexión histórica y, por último, la búsqueda de un fundamento teórico. Se ha criticado en su obra el excesivo recurso a las citas, la falta de justificación en sus argumentos, su escritura rápida casi fragmentaria, sus opiniones y observaciones sueltas, al margen de lo académico. Pero nada de esto merma la validez de esta vasta obra, que se sustenta y que trasciende en ella misma. Todo lo contrario: son estas frases sueltas, contundentes, como fogonazos en los ojos del desconcertado lector, a veces imposibles de justificar, las que dan cuenta de sus insólitos descubrimientos. Destellos lúcidos, en ocasiones calificados como profanaciones o sacrilegios, juicios temerarios, conforman las claves más valiosas del estilo magistral de Cobo Borda. Baste señalar, por ejemplo, sentencias ya clásicas como:

"Con Mutis, entonces, comienza la poesía moderna en Colombia". (Summa de Maqroll el Gaviero, La alegría de leer, pág. 42).

"Arturo es, hoy en día, el poeta más importante de Colombia". (Aurelio Arturo: la palabra original, La alegría de leer, pág. 13).

"Hernando Valencia Goelkel, cuya fama crece con cada nuevo libro que no escribe..." (El crítico Hernando Valencia Goelkel, Desocupado lector, pág. 116).

"La lectura de la poesía colombiana, aunque sólo sea la de un siglo, resulta incómoda. Es una poesía poco importante". (La tradición de la pobreza, pág. 133).

"La poesía colombiana, más allá de las fronteras patrias, no parece contar en el ancho mundo de la lengua española, en ningún sentido". (Historia portátil de la poesía colombiana, pág. 12).

Le correspondió a Cobo Borda pasar revista, hacer inventario, en una crónica lúcida e irreverente, por nuestra geografía cultural en las postrimerías del siglo. Las figuras claves de nuestro pensamiento fluyen por su pluma en semblanzas y visiones luminosas: de José Asunción Silva a Aurelio Arturo, de Sarmiento a Paz, de Humboldt a Arciniegas, de Jorge Isaacs a Gabriel García Márquez. Traza, en una terca aventura, un mapa de nuestra identidad y le da nombre: "América ladina" o "la tradición de la pobreza". "Lo que Juan Gustavo inicia hoy es algo más que una simple historia de la cultura colombiana", afirma Germán Arciniegas en el prólogo a Desocupado lector: "Lo que hace Cobo Borda nos hace pensar en lo bueno que sería tener un cronista literario de América".

Desde la literatura, el arte, la historia, pasando por la filosofía, la política y el periodismo, todo llama la atención de este empecinado lector. Cobo Borda sabe que el tiempo de leer, como el tiempo de amar, dilata el tiempo de vivir. Cobo Borda nos ha hecho interesarnos, a través de su diáfana exposición, en cosas cuyo interés antes nunca habíamos visto, en un país donde al parecer nada resulta importante. Por su prosa ágil, con un tono de subversivo optimismo, hemos podido intuir que algo fundamental, como un organismo vivo, se gesta por debajo de la miseria de la crisis y la violencia políticas. Siempre alerta para detectar nuevas voces, este promotor cultural no desiste en su empeño de homenajear y profanar: "limpiar esa basura que impide apreciar las obras significativas [...] abrir el espacio necesario para que la poesía pueda ser oída [...] buscar no sólo una tradición sino también una modulación propia [...] sacarme de mí mismo: verme con otros ojos" (Entrevista del profesor James J. Alstrum, Visiones de América Latina, pág. 294 a 309).

JORGE H. CADAVID