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La
religiosidad en la vida de las mujeres barranquilleras
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RAFAELA VOS OBESO
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Profesora de la Universidad del
Atlántico (Barranquilla)
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Trabajo fotográfico: Mario Rivera
Vélez
La convencional Barranquilla de
principios de siglo era una sociedad cerrada, jerarquizada, que conservaba en su trasfondo
cultural formas de irreverencia social, pero en su esencia era una sociedad con su
espiritualidad controlada por el régimen jerárquico clerical. Las convenciones
culturales se combinaban con el florecimiento material 1.
Llama la atención la concepción que sobre la mujer imperaba en esos años. Barranquilla
recibió el influjo de la cultura heredada del siglo XIX cuyas concepciones legadas de la
colonia sobrevivían en el tiempo. La imagen, heredada del pasado, de la mujer como
"bien sagrado" (virgen, madre y religiosa) o como objeto sexual encubierta
también por la maternidad y la pureza permanecían en la ideología social, imponiéndose
un código moral que contribuía al conservadurismo cultural. El acervo religioso
configuró los imperativos de la época, determinando los patrones, costumbres y valores
que pesaban sobre las mujeres barranquilleras.
El culto a la virgen María, espejo
de las mujeres de la época
La Liga de Caballeros del Sagrado
Corazón de Jesús 2, la Juventud Católica 3, las Legionarias de María eran, entre otros, los espacios
religiosos de la población masculina y femenina. El Sagrado Corazón de Jesús se
convirtió en el símbolo religioso colombiano del poder masculino. Recordemos que durante
este período el conservatismo controlaba el poder político y, con la Iglesia, el poder
religioso, hegemonía que se extendió hasta 1930. Barranquilla no fue la excepción.
Manifestaciones de intolerancia religiosa, pero también de irreverencia, estuvieron
presentes en la época; corrientes políticas y filosóficas como el liberalismo y la
masonería 4 controvertían con las imposiciones religiosas.
Además de estas variantes, Barranquilla, como ciudad puerto, recibía la influencia de
corrientes de pensamientos diversas, que repercutieron en su dinámica social,
contribuyendo estos elementos a que la ciudad se convirtiese en un espacio culturalmente
heterogéneo.
En los primeros decenios del presente
siglo la religión controló todos los espacios de la vida comunitaria barranquillera: su
actividad social, familiar, educativa, política, cotidiana, sus hábitos y costumbres se
vieron mediados por sus principios, cuya ideología imponía a las mujeres un discurso
maternalista, además de ser productora de moral y de buenas costumbres.
La expresión más fidedigna de esta
estampa idealizada era la Virgen María, madre piadosa, humilde, bondadosa, con una gran
capacidad de sacrificio, dulce, amable, abnegada, bella, la que con su fortaleza
espiritual inspiró los valores que las mujeres debían poseer para ser aceptadas por las
rígidas convenciones sociales. Estas cualidades se realizaban siendo amas de casa
recatadas y pudorosas, cumpliendo a la vez con las imposiciones sociales: al salir a la
calle debía ser con el consentimiento de su marido, no debían recibir visitas en su
ausencia, sus salidas del enclaustrante hogar debían estar relacionadas con cumplidos
sociales: visitar enfermos; asistir a misa, a sepelios, a recogimientos espirituales; ir
al cementerio. Todo obsequio tenía primero que recibir la aprobación del marido.
Los principios religiosos se convertían
así en guías espirituales, y cada domingo los sermones les recordaban sus obligaciones.
Sus diversiones eran muy pocas: cumplir sus citas religiosas con el señor, ir al parque,
o al cine, a ver películas seleccionadas por la censura de la Iglesia. Las mujeres de la
elite asistían al Teatro Municipal, al Cisneros y al Centro Español a ver
representaciones de las que muchas de ellas eran protagonistas. El piano y el violín,
instrumentos preferidos por las beneméritas, deleitaban sus hogares, amenizaban tertulias
literarias o reuniones sociales; todo esto bajo la férrea mirada de la madre, el padre o
el esposo. A través de las ventanas veían transcurrir los días; cualquier suceso
callejero era motivo de comentario. Pero no todo era quietud en la vieja Barranquilla; en
los barrios populares, las mujeres eran protagonistas de escándalos, ya fuesen por celos
o riñas callejeras.
Su vida amorosa era bastante restringida 5. Los encuentros de los enamorados eran fortuitos y fugaces,
reglamentados por la institución familiar y religiosa. Por todo esto, la iglesia se
convertía, así mismo, en lugar de encuentro de las amigas y sus amores. En dicho ámbito
comentaban los últimos sucesos de la cotidianidad y del estrecho mundo al que eran
recluidas. Los "comentarios", actitudes femeninas motivadas por los pocos
espacios recreativos que compartían, despertaban juicios, por su "espíritu
inherente, chismosos y comadriles".
El siguiente pensamiento y sus
reflexiones así nos los expresan:
LAS LENGUAS DE LAS COMADRES
Aquí yace sepultada
la más parlera mujer
que en la vida, ni por placer
tuvo la boca cerrada
6
Shakespeare
(Las alegres comadres de Windsor)
La niña, la joven y la mujer debían
crecer bajo las pautas de esta moralidad; sufrir era su destino. El recato, el pudor de la
moralidad religiosa, demarcaba su forma de vestir, actuar y pensar.
Desde el nacimiento, la vida de niñas y
niños era determinada por sus costumbres. El acto de fe a través del bautismo inauguraba
su ingreso a la comunidad. Los nombres de María, Carmen, Rosario, Dolores, Concepción,
Nicolás, José, Roque, Pablo, entre otros, eran los nombres más frecuentes con que se
les bautizaba. Los nombres femeninos recordaban la pureza virginal que debía caracterizar
a una mujer. Las primeras comuniones constituían otro acto de recogimiento, hecho
obligatorio entre los seguidores de la fe católica, a la vez que el preámbulo, para
ambos sexos, del casamiento, y el acondicionamiento a los papeles que había que cumplir
en la vida adulta.
El refrán popular "Matrimonio y
mortaja del cielo bajan" expresa el determinismo religioso a que estaban sometidas
las mujeres. Las categorías lingüísticas de la época encontradas en las fuentes 7 son un reflejo de los controles ideológicos de dicha
institución. Las mujeres eran consideradas como las consoladoras de los dolores,
hacendosas, compasivas, tiernas, piadosas, sensibles, por instinto, ya que no se
necesitaba de su sabiduría sino sólo de su sacrificio. En fin de cuentas, su papel en la
vida, desde que nacían hasta que morían, era el sufrimiento. Estas visiones sobre las
mujeres las convertían en seres idílicos.
El sufrimiento se constituía, en parte
inherente de su vida, convirtiéndose en una virtud, porque era parte de su
espiritualidad. La virtud, simbología del sufrimiento, se reflejaba en la castidad,
cuando señoritas, y en el sufrimiento, cuando adultas, como madres. Ejemplo que dio la
Virgen María ante el dolor de la pérdida de su hijo (expresión de la Mater Dolorosa).
Dichas simbologías poseían, a su vez, una trampa: la mujer, como "bien
sagrado", era también poderosa. A través de su autosufrimiento confirmaba su
identidad. El marianismo se constituyó así en un contrapoder, en el cual se apoya la
fuerza del "sexo débil". Ello la recubría de una imagen de respeto como
matrona y centro del hogar.
El padre Revollo nos legó otro
testimonio acerca de las mujeres de la época: "Era mi madre una mujer muy culta, sin
remilgos de esmerada educación, sencilla y recatada, de poco hablar y mucho sentir,
señora de su casa, amiga y enemiga de ninguna" 8. Así,
la mujer tenía dos caminos: casarse a muy temprana edad, convirtiéndose en la matrona de
su casa, o permanecer soltera, para "vestir santos"; "yo estaba vestido por
manos de aquellas damas de las quienes se decía se habían quedado para vestir
santos", comentaba Revollo.
Por otro lado, las prácticas religiosas
debían extenderse al hogar. Las mujeres pasaban largas horas concentradas en la oración.
A rezar el rosario tres veces al día, una de ellas dedicada a las ánimas del purgatorio;
a elevar plegarias a familiares y amigos muertos; colocarles velas a los santos o a la
Virgen de su preferencia. Las mandas forzosas formaban parte de este ritual, ya fuese en
especie o en forma de compromisos morales: siendo acompañantes en las procesiones o
reglamentando un número de misas a las que debía asistir.
Las prácticas religiosas se convirtieron
en espacios recreativos que les permitía, además de desarrollar su espiritualidad,
promocionar obras sociales en beneficio de la Iglesia y de la comunidad. Las mujeres se
convirtieron así en baluartes y continuadoras de la fe católica.
Las fiestas religiosas en la plaza
de San Nicolás
Los rituales religiosos y sus
manifestaciones, además de encuentros y recogimientos espirituales, lo eran también de
esparcimiento social. La influencia que ejerció la Iglesia en la espiritualidad
barranquillera se acentuó desde finales del siglo XIX 9,
aunque es de anotar que también se dieron expresiones de sectarismo religioso 10. La iglesia de San Nicolás de Tolentino, patrono de la
ciudad, era su guía espiritual. Su tradición data del siglo XVII y forma parte de la
historia primigenia de Barranquilla.
A finales del siglo XIX, el padre
Revollo, director espiritual de la parroquia, comentaba que la religiosidad barranquillera
a principios del siglo XX era otra cosa. "Ya había respeto en los templos, había
buena concurrencia, ejercicio de piedad, ya que con anterioridad, en los colegios del
gobierno no había instrucción religiosa y menos práctica religiosa; crecimos en los
colegios a la buena de Dios, gracias a los cuidados de nuestros padres; y como así era el
ambiente social, no se cómo no salimos todos unos incrédulos y unos saltimbanquis" 11.
En sus homilías dominicales reprendía
duramente las actitudes de irreverencia social y publicaba las lecturas "no
paganas" que deberían leer los barranquilleros.
La iglesia de San Nicolás, situada en la
plaza del mismo nombre, se constituyó en parte de la vida cultural y religiosa. En medio
de un extenso arenal, era sitio de reunión a la que asistía el pueblo para observar los
maromeros, acróbatas y cirqueros ambulantes que transitaban de región en región. Pero
era sitio también de manifestaciones religiosas, en donde se conmemoraban la Semana Santa
y las fiestas patronales. Estas fiestas conservaron fuertemente el arraigo popular, hasta
el primer decenio del siglo XX.
La feligresía barranquillera también
festejaba en aquel lugar la novena navideña, que se convertía en todo un acontecimiento
social: lanzamiento de cohetes, buscapiés, triquitraques. Los jóvenes se divertían
pateando bolas de candela y subiendo a las resbaladizas "varas de premios",
atiborradas de grasa, en cuyo ascenso debían demostrar fortaleza y resistencia. Alrededor
de la plaza se instalaban ventas ambulantes de bebidas refrescantes, sin alcohol ni hielo,
ya que éste último se importaba de Estados Unidos. Además se instalaban juegos de azar,
ruletas y boliches. En las tibias noches, las mujeres, artesanas de dulces y de los fritos
tradicionales, hacían despliegues de su ingenio culinario. Con sus rústicas manos
elaboraban arepitas fritas, buñuelos, caribañolas, empanadas. Se ofrecían, además,
dulces, panes rellenos, panderos, casadillas de coco, conservitas de frutas traídas de
Ciénaga, las famosas butifarras de Soledad y, para refrescarse, jalea de tamarindo,
chicha de maíz, de arroz, de piña y guarapo de panela. Las festividades eran una
fabulosa demostración gastronómica.
Además de lugar para las fiestas
religiosas y navideñas, la plaza era un sitio de tertulias, un espacio exclusivo de los
jóvenes varones barranquilleros. Estas tertulias se realizaban en el altozano de la
iglesia desde las seis de la tarde, después de la comida, hasta las ocho de la noche 12. Alrededor de las fritangas departían los jóvenes
alegremente, hasta que el toque de las ánimas les recordaba que debían apresurarse a
entrar a sus hogares, si no querían ser reprendidos por la férrea actitud paterna. El
toque de las ánimas 13 siguió siendo un control social
hasta finalizada la década del 20, cuando se suprimió.
Con los años, la iglesia de San Nicolás
fue ampliando su infraestructura física. Los cimientos de la iglesia se construyeron
gracias a las dádivas que les pidió el padre Revollo a don Evaristo Obregón y a don
Ricardo Echeverría el día de los casamientos de sus respectivos hijos Evaristo y Elisa:
el primero de ellos le dio el mismo día de la boda quinientos dólares, y el segundo
cien. El matrimonio se efectuó a las doce del día. "Practica que introduje en
Barranquilla con la condición de que los interesados hicieran una fuerte dádiva para la
construcción del templo, fuera de los derechos arancelarios" 14.
Las fiestas del patrono y de la patrona
se conmemoraban en la iglesia de San Nicolás. A dichas festividades asistían hombres y
mujeres, uno de los pocos espacios que compartían, guardando las distancias. A la fiesta
de la Virgen de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y a la de San Nicolás (10 de
septiembre) asistía el pueblo para rendirles culto. Todo invitaba al recogimiento: las
misas cantadas, cuyos coros estaban compuestos generalmente por mujeres, las procesiones,
acompañadas de música y cánticos religiosos. La banda musical acompañaba a san
Nicolás de Tolentino con la siguiente jaculatoria:
Al Santo Dios uno y Trino
como patrono constante
por tus hijos pide amante
Nicolás de Tolentino
15
.
En las procesiones se cubría al santo
con vestido de terciopelo, y llevaba en el "hábito numerosas estrellas de oro" 16.
Otras festividades eran la del Sagrado
Corazón de Jesús y la de Nuestra Señora del Carmen; en el mes de mayo este recinto era
el lugar de encuentro de otras expresiones religiosas.
A estas ceremonias asistían autoridades
eclesiásticas, civiles, militares, judiciales, y el cuerpo consular.
En dichas festividades era muy frecuente
que niños y niñas hicieran la primera comunión y las parejas de enamorados decidieran
casarse. Las festividades navideñas y las de la Inmaculada Concepción, patrona de la
ciudad, eran coordinadas por las legionarias de María, se iniciaban con las novenas en
las que "los cuentos y recitales de niñas se predicaba cada noche y los temas eran:
Día 1. La Virgen María y la virtud de
la penitencia.
Día 2. La Virgen María y la virginidad.
Día 3. La Virgen María y la maternidad.
Día 4. La Virgen María y la eucaristía.
Día 5. La Virgen María y la piedad.
Día 6. La Virgen María y la familia.
Día 7. La Virgen María y el dolor".
Las fiestas patronales
Con el correr de los años y la creación
de otras iglesias, en los primeros veinte años del presente siglo se van conmemorando
otras fiestas patronales. El 21 de abril se celebraba la fiesta de la Divina Pastora, en
el templo de Nuestra Señora del Rosario. Para tal ocasión, la iglesia se vestía de
gala, la misa era cantada en honor de la virgen, y en dicho día se daba una recepción
por el ingreso de nuevas hermanas a la congregación de la Divina Pastora. Sus
devocionarios salían en procesión alrededor de las principales calles de la parroquia.
"La Divina Pastora protegía con su escudo de amor a sus fieles de los peligros
terrenales" 17.
El mes de mayo, mes de las flores, era el
mes de la pureza, despertando sensibilidad espiritual y aromática. Las flores simbolizan
a la mujer. Los altares de los colegios y escuelas católicas y de las iglesias eran
adornados con flores y sus aromas. Era el mes de las "Hijas de María";
señoritas de la clase media ingresaban a esta congregación, no sólo como acto de fe y
pureza sino de confraternidad y apoyo a la Iglesia en sus actividades espirituales. Con su
vestido blanco y la cinta azul rodeando su cadera, se las veía pasar, vestidas así, en
cumplimiento de las normas internas de la organización. El azul simbolizaba el cielo, y
el blanco la pureza.
Los colegios católicos apoyaban las
festividades del mes de la Virgen María. El Colegio de la Inmaculada Concepción, entre
otros, organizaba un bello altar, en el cual se solemnizaba la misa muy temprano, a las
siete de la mañana. Las niñas y niños recibían en la comunión a Jesús. "En
medio de la alegría y el goce se terminó la fiesta. Todas las almas creyentes vertían
el regocijo que sobre ellos reflejaba María, que en divino contento bañaba en luz
celestial de bendición a esta ciudad que se preparó a rendirle tan animado
homenaje" 18.
En la iglesia de San Roque se
conmemoraban las fiestas del santo del mismo nombre. En disputas, sus creyentes lo
reconocían como el patrono de Barranquilla. Sus fieles recorrían las calles para recoger
fondos para el tesoro de la iglesia, con el objetivo de acelerar su construcción. La
misma iglesia era escenario de las fiestas de María Auxiliadora 19
y la Virgen del Perpetuo Socorro.
"En la parroquia de San Roque se
celebraba con mucha bulla, desde el primer día de la novena, la fiesta del santo titular,
con misa solemne y procesión, seguida de toros, boxeo, carrera de caballos, y diversiones
populares profanas acompañadas de juegos lícitos e ilícitos fomentadores de
vicio", comentaba Revollo. Con relación al liderazgo de san Roque, en disputa con
san Nicolás, el mismo autor hizo referencia en la obra señalada: "Nadie pretendía
llamar a san Roque patrono de Barranquilla, abuso que se cometió más tarde contra leyes
canónicas, es decir, eclesiásticas, san Nicolás tiene una tradición de dos
siglos".
Pero en el calendario del catolicismo
barranquillero existían otras festividades en el mes de mayo: el 17, día de la
Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Así mismo, las festividades de la
Cruz de Mayo, fiesta tradicional de las clases populares. Se celebraban durante los
sábados del mes, en los cuales se realizaban bailes en cuyo curso "Alguno de los
concurrentes extrae sigilosamente una cruz de pan de dulce, que constituye el objeto. Esta
fiesta fue instituida por los misioneros que vinieron a estas regiones de América con los
conquistadores. Celebrándose cuando quiera que un indígena recibía las aguas
bautismales. En la altiplanicie no se conmemora igual. Allí esta fiesta tiene carácter
de bacanal y se desarrolla en los establecimientos frecuentados por el bajo pueblo.
"Dicha fiesta se celebra con libaciones de licor y de chicha" 20. La fiesta de san Cristóbal, muy importante para el gremio
de los choferes, era promocionada por la Sociedad de Mutuo Auxilio, que nucleaba a dicho
gremio. Las festividades de la Virgen Dolorosa, que tuvo también muchos seguidores, era
la representación del sufrimiento femenino.
Las fiestas patronales estaban
sectorizadas, indicando con esto las divisiones de clases presentes en la ciudad. Además,
el espacio público estaba reservado para el sexo masculino. Al respecto, el Diario del
Comercio comentaba en 1922 sobre las fiestas de san Roque: "Fiestas concurridas. De
nueve a diez de la mañana tuvo lugar el concurso de ciclistas en el espacio de la calle
Caldas comprendido entre la Kra. del progreso y la Plaza 7 de Abril. Cada
vencedor fue premiado con un reloj de pulsera. A las cuatro de la tarde salió del templo
la solemne procesión del Santo Patrono. La concurrencia fue numerosísima y toda llena de
unción y de respeto del que siempre debe lucir el pueblo católico de Barranquilla. A las
ocho empezaron las fiestas profanas, en las cuales sobresalió la quema de un artístico
estallido fabricado por el hábil pirotécnico santandereano Sr. Julio Uribe" 21.
Las fiestas patronales eran generalmente
organizadas por las mujeres a través de las Asociaciones de Madres Católicas y Hermanas
de la Caridad 22, la Juventud Católica, las Hijas de
María, unas constituidas por mujeres de la elite y otras por mujeres de las clases
medias; se conformaban a su vez comités de señoritas, que coordinaban la llegada de
personalidades religiosas.
Las obras de caridad como
extensión de la religiosidad
Existían, además, otras organizaciones
de beneficencia: las camareras de la Divina Pastora, damas aristocráticas,
"compuestas de muchachas primorosas que cuando salían en comunidad iluminaban las
calles con su belleza".
Así mismo, otras expresiones de la
extensión de la espiritualidad a la sociedad eran, entre otras, las cofradías,
hermandades de creyentes que tenían como objetivo ejecutar obras de caridad. Las
cofradías estaban constituidas por mujeres y hombres. Otra de estas actividades fueron
los costureros; uno de ellos, el de Santa Rita, que funcionó en la iglesia de san
Nicolás, donde las mujeres beneméritas repartían ropa para los más necesitados. Ellas,
en las festividades religiosas y en fechas especiales, como las primeras comuniones,
repartían, en un acto de humildad, los desayunos.
Este tipo de obras benéficas también se
llevaron a cabo a través de asociaciones como la Estrella de la Caridad, que ayudaban a
proteger a la niñez desamparada a través de donaciones de vestidos, juguetes y dulces.
Por otro lado, asociaciones como la Gota de Leche, que se inauguró el 5 de noviembre de
1919, organizó el Comité de Protección a la Infancia y la Sala Cuna, para las mujeres
pobres de la ciudad que no poseían recursos para mantener a sus bebés.
La Congregación de Madres Católicas,
asociada a la Compañía de Jesús, coordinaba las misas y los festivales en el panóptico
de la ciudad; en esos días, el desayuno era servido a los presos por estas damas. En uno
de estos actos, el preso Eficio Melis comentó: "Cuantos hoy, que lejos de nuestras
madres y familias, desheredados por completo de la suerte, bien pudiéramos que volvernos
locos, si no encontráramos un consuelo en la religión católica y viéramos
palpablemente la caridad de la mujer, que dicho sea de paso siempre será la
portaestandarte de la bondad y del cristianismo, al igual que a las otras madres
católicas que en la contienda mundial se ocupan de curar heridas, llevar el último sorbo
de agua y rezar la postrera oración a los moribundos en los campos de matanza" 23.
La religión y su influencia en la
educación
El espacio recreativo espiritual no era
el único donde ejercía el control la iglesia. La institución educativa tenía su
impronta: el clero debía revisar los contenidos pedagógicos, en los que necesariamente
estaba siempre presente la cátedra de religión.
En 1914 hallamos en el Nuevo Diario un
comentario que nos brinda una radiografía de las condiciones tan deprimentes en que se
encontraba la educación de la mujer: "Coged cualquiera de vosotras una muchacha
acabada de salir de uno de nuestros colegios y tendréis el espectáculo doloroso de
aquella mujer, esposa y madre futura, que ha ingerido volúmenes de diversas materias de
educación e instrucción y no sabe una palabra de gramática, ignora el nombre de los
ríos y montañas más importantes y populares y desconoce los héroes y hechos gloriosos
más distinguidos de la historia" 24.
En la columna "Para damas", del
mismo diario, un columnista comentaba que "a las mujeres se les miraba como objeto de
lujo y de placer, para disponer tanto la comida como el arreglo de la casa. Alegando su
inferioridad mental, dándole una educación especial, se le infunden prejuicios
religiosos para tenerla a raya, sin pensar en la trascendencia en las nuevas generaciones
[...] se le infunde temores sobrenaturales" 25.
"La educación de la mujer puede ser basada en la religión, pero no llevarla al
extremo de un fanatismo que, en vez de ilustrarla y prepararla, le atrofia el
entendimiento, como sucede frecuentemente en este país, con la exagerada dosis de
fanatismo religioso" 26.
La influencia de la institución
religiosa era tal, que la Iglesia certificaba el cumplimiento de las prácticas de la fe
católica, apostólica y romana de los colegios de la ciudad. Así mismo, declaraba
insistentemente que la instrucción religiosa era obligatoria en los centros oficiales de
enseñanza, y que debían observar prácticas piadosas.
Las presiones a los colegios que no se
sometían al control del catolicismo eran tales, que terminaban asfixiados, y debían
clausurar sus actividades. "El Liceo Caldas, que tantos beneficios ha prestado y
podía prestar a Barranquilla, suspenderá sus tareas, vencido por la propaganda religiosa
fanática y la indiferencia de los padres de familia. Al señor Gabriel Vengochea,
director del plantel, le queda la inmensa satisfacción de haber realizado un esfuerzo por
la cultura" 27.
No obstante, muchos dueños de colegios
resistieron a la arremetida religiosa. El hecho de que la propaganda para la apertura de
un ciclo escolar insistiese en la educación liberal llama la atención.
Colegio Luis A. Robles
Enseñanza filosófica Liberal
Dr. Marcelino Corbacho
Calle Jesús Igualdad y San Roque
28
Las fuentes nos permiten interpretar que
las pugnas ideológicas estaban presentes en Barranquilla. El liberalismo, la masonería y
el catolicismo luchaban por mantener sus espacios.
En el periódico El Progreso del 13 de
mayo de 1912, se observan las contradicciones que se daban entre la masonería y la
iglesia. La masonería echó profundas raíces en los departamentos de Bolívar y
Atlántico; y tanta era su importancia, que ésta era considerada "como un incentivo
poderoso para la inmigración en Europa, debido a que los prejuicios de la religión
oponen a los diversos sectores en su exclusión dogmática, y hoy la vida moderna, en los
países adelantados, necesita trabajos, energía, acción" 29.
En el mismo año se registra otra nota en
el mismo diario, con relación a la emigración clerical: "Expulsados por todos los
países y por los gobiernos, vienen a enriquecerse, como los turcos, y en llevarse
nuestras riquezas sin dejarnos nada a cambio. En cambio los turcos* nos
dan su mercancía, baratijas, objetos de su arte, impulsan el progreso, se casan y se
quedan, siendo modelo de sobriedad y honradez. Pero los clérigos extranjeros vienen
pobres y se van ricos, y nada dejan a cambio, sino los trastornos políticos y sociales,
el fanatismo y la intolerancia religiosa de que son causa" 30.
La resistencia ideológica permitió
permeabilidad en la introducción de posiciones filosóficas, entre ellas las defensoras
de la educación de la mujer, y en la censura de la presencia de la Iglesia en todas las
decisiones de su vida. Llaman la atención los debates que desde 1912 aparecen en los
periódicos de la ciudad sobre el tema. Todo esto sería el preámbulo para que la
condición de la mujer fuese cambiando, reforzada por el desarrollo económico que iba
abriendo espacios para la vinculación de mano de obra femenina.
"No hay duda que en Barranquilla el feminismo
[subrayado de la autora] avanza, pasando por corresponsales, ayudantes de contabilistas,
todo en contra del sexo feo, único ayer. Claro, no sólo los jóvenes más o menos
competentes pierden con el nombramiento recaudado en doña Beatriz**,
sino el comercio en general. Pero quien le dice a una mujer de cara de cielo y de aire de
princesa: żvuelva usted que no hay plata?" 31.
Pero las resistencias culturales como
respuesta a la hegemonía ideológica también se iban dando. En los periódicos de 1917
observamos comentarios en que se señalaba cómo los adelantos materiales en Barranquilla
"invitaban a conductas desmoralizadoras y libertinas" 32.
El comportamiento en los templos era
desobligante. Se criticaba al sexo masculino por frecuentar en el mes de mayo las iglesias
con el propósito de mirar a las jóvenes. Haciendo alusión a las incomposturas de los
hombres jóvenes el padre Álvarez "apuntó la circunstancia de que sólo durante el
mes de María se deja ver en San Nicolás la juventud masculina, que en el resto del año
no cumple con sus deberes de cristiano, y la excitó [sic] a que concurra siempre a la
casa de Dios, procurándose darse cuenta de que es aquella un lugar distinto en que
predominan el poder fatal de los vicios [sic]" 33. Se
comentaba, además, "que las autoridades se han visto en el caso de enviar vigilantes
a los templos para invitar a los jóvenes que concurrían a la fiesta de mayo le den a la
ceremonia un carácter que no se compadece ni con el sitio ni con la buena
educación" 34.
La falta de compostura y sobriedad en los
días de Semana Santa también era criticada: "El ruido bullicioso producido por
carros y coches, autos y chivas, que el acostumbrado en los días ordinarios, las bestias
de tiro como siempre cruzaron a carreras las vías públicas y hasta música oímos en
algunos establecimientos públicos en la tarde y noche del entierro del Salvador. Atenta
contra el espíritu religioso y sanas creencias 35.
La columna "Notas sueltas", del
mismo diario, en referencia a la irreverencia religiosa, se expresó así: Anoche se
divertían miembros de ambos sexos de nuestra sociedad en varias chivas cantando
Josefina, Josefina. Nosotros somos grandes defensores del imperativo del
medio. Barranquilla es especial y su psicología es resultado de la complejidad del
ambiente. En todo el país se hacen en esta época retiros espirituales. En Barranquilla
se canta, Josefina, Josefina, el clima, las costumbres, las leyes...."
Las resistencias culturales se van
expresando como respuesta a la hegemonía de la ideología católica. Las idiosincrasias
culturales barranquilleras, en las cuales la alegría se sobreponía a la rigidez
religiosa, van ganando espacios, combinando la tradición y la irreverencia.
La década del 20 devenía, y con ella un
ambiente de pujanza para la ciudad. Se crean varias entidades, como las Empresas Públicas
Municipales, a la cabeza de Hollopeter constructor del acueducto, la empresa telefónica y
la Energía Eléctrica. Se funda la primera emisora comercial de Barranquilla: la Voz de
Barranquilla. No obstante su desarrollo material, las concepciones que la sociedad tenía
sobre la mujer no se transformaban al ritmo de sus cambios infraestructurales.
Notas:
1 A principios de siglo,
Barranquilla iba fortaleciendo su infraestructura material: mejoraba la navegación por el
río Magdalena, poseía la empresa de aviación Scadta, se publicaba la Hoja Noticiosa,
The Shiphing List, la Costa Atlántica, La Gaceta Municipal, entre otras. La base
fundamental para Barranquilla era el puerto. Sus habitantes se vanagloriaban de poseer el
tercer muelle del mundo. Con el puerto, el ferrocarril y la radiodifusión, Barranquilla
daba pasos para abrirse al país y al mundo.
2 El Sagrado Corazón de
Jesús desempeñó un papel importante en la religiosidad colombiana, no sólo
iconográfica, sino también ideológica política y social. Su auge puede referenciarse
aproximadamente desde 1867 hasta 1960, años en que alcanzó su máxima expresión
religiosa y cultural. En momentos críticos de la dirigencia política conservadora, la
imagen del Sagrado Corazón de Jesús desempeñaba un papel de pacificador. En la
convocatoria nacional para firmar la paz, finalizada la guerra de los Mil Días, la figura
santa desempeñó un papel destacado. Así mismo, en el último decenio del siglo XIX, el
conservatismo y la Iglesia organizaron estrategias políticas contra el liberalismo,
consistentes en la consagración de los departamentos y municipios al Sagrado Corazón de
Jesús. En estos últimos, cuando se realizaban actos políticos, se debía ratificar
públicamente la fe en el santo. Se convirtió así en un símbolo de poder político
reflejado en la imagen masculina, expresando a su vez la patriarcalmente cerrada sociedad
colombiana.
3 La Juventud Católica
fue fundada en el último decenio del siglo XIX por el padre Revollo, su director
espiritual. A través de su órgano de expresión, El Lábaro, desarrollaba una labor
moralizadora. A esta asociación pertenecían jóvenes de la elite barranquillera.
4 Los principios
religiosos: castidad, obediencia, sumisión al pontífice, se contraponían a los de la
masonería: igualdad, libertad y tolerancia. La masonería barranquillera desacataba
frecuentemente el verticalismo religioso, y su presencia era tal, que el refrán de los
masones era: "No ser masón es no ser costeño". Recordemos que la masonería no
permite el ingreso de mujeres en su organización.
5 Es necesario anotar que
no era costumbre que las mujeres llegasen a sus hogares después de las ocho de la noche.
Cuando esto ocurría, y si la mujer era soltera, los padres podían llamar a un vecino (o
a una vecina) para que sirviese de testigo, en caso que hubiese motivo para una denuncia
de abuso deshonesto, si la mujer aludida tenía novio.
6 Haciendo alusión al
pensamiento, el Nuevo Diario comentaba que el Diccionario de
criollismo,
traía la etimología y la clasificación de la comadre: en el sexo masculino al macho se
le llama compadre. En el sexo femenino, se la llama comadre. Tiene algo de suegra, de
sufragista, de solterona. Asiste a misa y, en general, a toda ceremonia religiosa.
Pero es más beata que católica. Ustedes, lectoras mías, puede que por atavismo tengan
sangre de comadres. Ustedes tampoco lo saben y tampoco se les nota, pero es posible que un
día de bautizo, confirmación o matrimonio sus aficiones comadrescas salgan a relucir.
Entonces sentirán cómo la lengua se les estira y se notarán con ciertas aficiones
oratorias que antes no tenían (El Nuevo Diario, Barranquilla, 24 de agosto de 1920, núm.
614, año LX, pág. 1, c. 4).
Nota de la autora: desde finales
del siglo XIX y en la década de 1920, las mujeres europeas y norteamericanas
(sufragistas) libraron batallas ideológicas, reivindicando el derecho al voto. De ahí el
término del columnista.
7 El Progreso,
Barranquilla, 2 de abril de 1912, año VII, pág. 3, c. 4.
8 Pedro María Revollo, Mis
memorias, de 1808 a 1906, Barranquilla, 1956, pág. 2.
9 Hasta 1892, en
Barranquilla había dos templos católicos: la iglesia de San Nicolás y la de San Roque,
en la calle de las Vacas. Posteriormente se construyó la iglesia del Rosario. Existían
dos capillas: una católica, en el hospital de Caridad, y otra protestante (presbiteriana)
(Anuario de Barranquilla, Barranquilla, 1892, s. p. i.).
10 En 1865, el párroco
presbítero Muñiz, en nota de respuesta al presidente de la Hermandad de Caridad, don
Eusebio de la Hoz, imprueba la idea de hacer un solo cementerio común con el nombre de
Universal. Se resuelve en la hermandad separar con paredillas sendos tramos angulares y
con puertas propias, para el sepelio de hebreos y protestantes, de acuerdo con
disposiciones eclesiásticas. "Estas separaciones se conservaron mucho tiempo, pero
últimamente la administración de este cementerio, compuesta de masones, ha suprimido la
paredilla que dividía a los protestantes, así como se suprimió la cruz de la portada,
porque el administrador es un hebreo". En 1901, en junta de párrocos presidida por
el señor arzobispo Briosch, y con asistencia del presidente de la Hermandad de la
Caridad, se resuelve que cada parroquia construya su cementerio católico y que quede el
Universal para celebrar a los católicos renegados y suicidados (Miguel Goenaga, Lecturas
locales. Crónicas de la vieja Barranquilla, Barranquilla, Imprenta Departamental,
1953, pág. 386 y 402).
11 Revollo, op. cit.,
pág. 52.
12 Ibíd.,
Recuerdos de la adolescencia del padre Revollo.
13 En Barranquilla,
hasta 1927, en la iglesia de San Nicolás, a las ocho de la noche, sonaban las campanas
con el convenido "toque de las ánimas"; además de constituirse en un mecanismo
de control social, puesto que imponía la obligatoria reclusión en los hogares, a la vez
transmitía el temor simbolizado en la imagen femenina. La gente, presurosa, ingresaba en
sus hogares, temerosa de que las ánimas estuvieran deambulando por calles y callejones.
Debemos recordar que las ánimas, en los códigos del catolicismo, fueron mujeres que se
rebelaron contra la muerte; mujeres irreverentes, castigadas en el purgatorio. La iglesia
se convierte en guardiana de su silencio.
14 Revollo, op. cit.
15 Ibíd.
16 Ibíd.
17 El Progreso,
Barranquilla, núm. 2048, 21 de abril de 1912, pág. 2, c. 6.
18 El Derecho,
Barranquilla, año IV, 17 de julio de 1916, núm. 619, pág. 1, c. 5.
19 El Derecho,
Barranquilla, año VII, 2 de julio de 1919, pág. 1, c. 2.
20 La Nación,
Barranquilla, núm. 910, 29 de mayo de 1917, pág. 5, c. 1.
21 Diario del Comercio,
Barranquilla, 17 de agosto de 1922, pág. 2, c. 1.
22 En 1876 llegaron las
primeras hermanas de la caridad, precedidas por la madre María Victoria, para hacerse
cargo del hospital de Barranquilla. Fue la primera Comunidad religiosa que se creó en
Barranquilla y que posteriormente fundaría el Colegio de la Presentación. Es necesario
destacar el papel que las monjas desempeñaron en la afirmación de la religión
católica; no sólo en su función de catequesis, sino también como promotoras de obras
de caridad y fundadoras de varios colegios católicos de la ciudad.
23 "La fiesta en el
panóptico", en La Nación, Barranquilla, 18 de junio de 1917, núm. 927, pág. 5, c.
4. El preso hace alusión al conflicto de la primera guerra mundial, donde muchas mujeres
salieron de sus hogares a trabajar y prestarles ayuda a los heridos.
24 "La educación
femenina", en El Nuevo Diario, Barranquilla, 15 de junio de 1914, núm. 271, pág. 1.
25 "Columna para
damas", en Nuevo Diario, Barranquilla, año II, 19 de julio de 1914, núm. 275, pág.
2.
26 El Derecho,
Barranquilla, año VII, núm. 1.197, julio de 1919, pág. 1, c. 1.
27 Nuevo Diario,
Barranquilla, núm. 160, 28 de enero de 1914, pág. 3, c. 1.
28 El Liberal,
Barranquilla, núm. 1809, 5 de junio de 1918.
29 El Progreso,
Barranquilla, año VIII, 13 de mayo de 1912, núm. 2.081, pág. 3. c. 5 y 6.
* Turcos. Nombre
que recibían personas que emigraban del Líbano, Siria y Palestina y encontraron en
Barranquilla su segundo hogar.
30 El Progreso,
Barranquilla, 15 de mayo de 1912, núm. 2.085.
** Nombre
correspondiente a la primera mujer que en Barranquilla trabajó en un Banco.
31 Diario el Día,
Barranquilla, 28 de diciembre de 1920, núm. 1.279, pág. 8, c. 1.
32 "Grave cuestión
social", editorial, en La Nación, Barranquilla, año IV, 25 de abril de 1917.
33 La Nación,
Barranquilla, año IV, 2 de mayo de 1917, pág. 5, c. 5.
34 La Nación,
Barranquilla, año IV, 26 de mayo de 1917, núm. 910, pág. 5, c. 6.
35 La Nación,
Barranquilla, año IV, 10 de abril de 1917, núm. 869, pág. 3, c. 2.
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