Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 42 . Volumen XXXIII - 1996- editado en 1997
 

Los talleres de la Sociedad San Vicente de Paúl de Medellín: 1889-1910

 
FERNANDO BOTERO HERRERA
Profesor asociado de la Universidad Nacional (Medellín)
Trabajo fotográfico: Patricia Londoño Vega
 

Ninguna institución de este género puede abrazar objetos sociales más dignos de consideración. Arrancar al niño pobre y desamparado de la carrera de miseria moral y física á que por su situación está destinado. Hacer de un niño que va á parar en un ebrio, jugador, ratero, falsificador, ladrón, asesino ó conspirador, en hombre que teme á Dios y trabaja, es comenzar por el principio la obra de la civilización cristiana. [...] Atacar su fuente y raíz es el medio racional de acabar con él ó por lo menos debilitarlo 1 .

Fundó y sostuvo por mucho tiempo los talleres de niños, conocidos con el nombre de talleres de San Vicente. Este establecimiento fue el origen de las fábricas de tejidos que hoy posee nuestro departamento 2 .

El crecimiento urbano y los procesos de modernización económica en Medellín, así como los conflictos y agitaciones sociales que venían ocurriendo en Europa, ligados en parte a las ideas socialistas que se venían difundiendo en ese continente, crearon en nuestro medio la necesidad de racionalizar la caridad indiscriminada para con los pobres y, por otra parte, crearon la conciencia, en algunos sectores de la elite conservadora medellinense, de la necesidad de erigir barreras de contención contra el comunismo y el socialismo a través de la denominada "limosna preventiva". Con este propósito se creó en 1882 en Medellín -en 1857 se había fundado en Bogotá- la Sociedad San Vicente de Paúl, cuya casa matriz se encontraba en Francia. La Sociedad, de acuerdo con sus estatutos, estaba compuesta por "católicos reunidos con el exclusivo objeto de predicar juntos obras de caridad" y estaba bajo la protección de los Corazones de Jesús y de María y bajo la del santo cuyo nombre llevaba. Su acción estuvo centrada en: la asistencia a enfermos pobres y el socorro a las personas menesterosas (su énfasis estuvo en los pobres vergonzantes, no en los callejeros, sin domicilio fijo), la enseñanza de la doctrina y la moral cristianas, la instrucción primaria de niños pobres y sectores artesanales y obreros, y el "procurar ocupación lucrativa a aquellas personas" que estuvieran en la indigencia, pero con alguna aptitud para el trabajo.

En este ensayo se explora la creación de talleres para los niños y jóvenes huérfanos, por parte de la Sección Docente de la Sociedad San Vicente, que se ocupaba en impartir educación primaria a través de escuelas nocturnas para trabajadores y artesanos. Los talleres se abrieron en 1889 y fueron cerrados en 1910. Ocuparon a los niños y a los jóvenes en diferentes menesteres, entre los cuales sobresalió la elaboración de tejidos de lana, algodón, cabuya y pita. Las relaciones entre estos primeros ensayos o "laboratorios" con mano de obra poco calificada, esta actividad textil que coincidirá con la que será la principal especialidad industrial de la región antioqueña hasta nuestros días, las razones explícitas por las cuales fueron clausurados los talleres e igualmente las ideas manifiestas de orden y de moral que tratan de inculcarse a través del trabajo y de los "discursos" o prédicas a estos grupos sociales, constituyen el centro de este ensayo. Finalmente, se aborda la creación del Externado Industrial de San Vicente, destinado a la formación de jovencitas en los ramos de tipografía y otros, así como su estrecha conexión con la industria naciente. La asociación entre caridad y pragmatismo, educación para el trabajo y creación de una disciplina y un orden moral, así como la idea de atenuar los conflictos entre ricos y pobres, estuvieron siempre presentes, e ilustran algunas de las experiencias que serán claves años después para la instauración de una modernidad que contrasta por la modernización material y el conservadurismo cultural.

Una de las obras más importantes de la cofradía y a la cual más atención se le puso durante algún tiempo, fueron los talleres de San Vicente, a cargo de la Sección Docente, fundados en 1889 y terminados en 1910. El informe anual del presidente reportaba en el año de su fundación:

"La gran empresa de la sección docente han sido los talleres para niños pobres. Industria preferida para los talleres será la de tejidos, empezando por la fabricación de telas y otros artículos de fique" 3. Esta obra tuvo algunos antecedentes en la segunda mitad del siglo XIX, cuando a partir de 1865 algunas instituciones de caridad y penitenciarias fomentaron la práctica de los tejidos para difundir los oficios útiles entre estos sectores de la población. Así, por ejemplo, entre 1885 y 1888 la cárcel de mujeres de Medellín contaba con alrededor de 80 mujeres y 70 hombres que tejían y fabricaban, con telares manuales, alpargatas, sombreros, hamacas, telas, camisas y pantalones para el ejército y para los presos 4.

También en 1899, en el seno de la Sociedad San Vicente de Paúl tuvieron la idea de fabricar "pabilo de algodón", para lo cual la cofradía contribuyó con dinero para la construcción de una máquina de hilar e introdujo la enseñanza de este oficio entre las niñas de la casa de beneficencia, con la idea de que éstas pudieran después enseñar a otras personas 5.

Los dirigentes de la Sociedad San Vicente afirmaban que los talleres habían escogido la enseñanza del oficio de tejer: "[...] para no hacer competencia á los artesanos que ejercen oficios que, como la carpintería, la sastrería y la zapatería, están entre nosotros bien desarrollados.[...]" 6.

No obstante, para 1892 Uribe Ángel informaba que los talleres, además de tejer telas de algodón y de lana, disponían de máquinas propias para la enseñanza de la cerrajería y la carpintería aplicadas a diferentes oficios, y también se capacitaba para "la simple herrería" 7.

El objetivo de los talleres era capacitar a los niños pobres y ante todo a los huérfanos, en algún oficio, para que después estuvieran en capacidad de ganarse la vida.

Para 1890 había 20 niños, cuya procedencia era la siguiente: de Medellín (5) , de Envigado (1), de Rionegro (5), de Sopetrán (2) y uno de cada una de las siguientes poblaciones: Ebéjico, Amagá, Concordia, Amalfi, Carolina, Remedios y Santa Rosa.

Se pensaba que, a medida que los talleres permitieran alojar el doble o el triple de niños, los gastos de alquiler, dirección y vigilancia disminuirían relativamente y dejarían no solamente de ser gravosos, sino que podrían llegar a ser una fuente de recursos para la sociedad. Desde sus orígenes, se pensaba encomendar los talleres a alguna de las comunidades religiosas que estaban por llegar a la ciudad, como los hermanos cristianos o los padres salesianos, idea que finalmente no cuajó 8. Catorce años después, se continuaba con la idea de ceder los talleres a los hermanos cristianos; en 1904 se realizó un proyecto de contrato para que los hermanos cristianos se encargaran de la administración y enseñanza de los talleres, "[...] con sujeción á nuestra sociedad, contrato que al fin no pudo formalizarse" 9.

Los talleres fueron motivo de orgullo durante el tiempo que estuvieron en manos de la Sociedad San Vicente; los productos textiles fueron bien recibidos por el público y en gran medida permitieron el sostenimiento de los talleres durante los primeros años. Pero, desde 1896 en adelante, los informes se refirieron con mucha frecuencia a las dificultades que éstos atravesaban. Las causas fueron varias: la guerra de los Mil Días, las dificultades para traer materias primas del exterior o para la venta de los productos en algunas coyunturas difíciles, problemas financieros para el mantenimiento. En este ensayo se sostiene que estos fueron solamente los pretextos. En efecto, al finalizar el siglo, la guerra de los Mil Días dificultó el abastecimiento de materias primas para la fabricación de telas, la cual tuvo que suspenderse; pero al mismo tiempo se afirmó que este ramo era el más productivo del establecimiento, hasta el punto de que la crisis que atravesaban los talleres en 1901 y "la urgente necesidad de recursos para atender la subsistencia" llevó a suspender temporalmente la enseñanza primaria de los alumnos del taller para ocuparlos todo el tiempo en los telares, puesto que:

[...] la industria de tejidos es la más importante, por ser la que más pingües rendimientos da á los talleres 10 .

En estos años críticos que precedieron al cierre definitivo de los talleres en 1910, Carlos E. Restrepo se negó (1908) a aceptar el nombramiento de director de la sección docente de la Sociedad San Vicente. Su cofrade y también dirigente Carlos E. López le reprochó su acción y le recordó la importancia de su colaboración para la solución del problema de los talleres:

[...] Son un problema para la Sociedad los talleres, y es el tiempo de ver cómo se mejora esto, y si usted no interviene directamente se caen ó nos arruinan 11 .

En este momento, la situación de los talleres estaba muy difícil y los intereses privados dentro de la Sociedad San Vicente los colocaron en un dilema igualmente deprimente ("se caen o nos arruinan"). Tal vez el hecho de haberlos dejado "caer" tuvo que ver con la competencia recíproca que significaron para las empresas textiles (y los efectos que también éstas produjeron en las ventas de los productos de los talleres), que comenzaron a surgir en Medellín y el valle de Aburrá por la misma época. A estos temores se refirió el presidente de la Sociedad San Vicente en 1896, cuando señaló la competencia que comenzaron a encarar los productos textiles de los talleres por parte de empresarios privados:

En los últimos tiempos ha sido lenta la venta de las telas fabricadas, tanto por la situación general de los negocios, como porque un comerciante ha introducido, aunque de inferior calidad, telas semejantes para hacer competencia a los talleres 12 .

En realidad, ésta fue la verdadera causa de la terminación de los talleres o de que no se hubiera realizado un mayor esfuerzo para salvarlos. Varios de los socios de la Sociedad San Vicente, como las familias Ospina y Echavarría, conocían de cerca y habían colaborado activamente en la experiencia crucial que había significado la puesta en marcha de los telares y otras actividades productivas en la Sociedad de San Vicente. Algunos ejemplos nos sirven de muestra: Alejandro Echavarría, futuro industrial textilero (Coltejer), según el historiador Brew, trabajó activamente para fomentar la industria de tejidos en la Sociedad San Vicente de Paúl, compró los telares en el exterior, distribuyó las telas y prestó dinero al taller de la Sociedad San Vicente 13. Pero no sólo él: la casa comercial de Echavarría y Cía. (los sobrinos de Alejandro), ligada a la fundación de Fabricato, donó en 1899 una máquina de bordar; Alejandro Echavarría "ofreció benévolamente sus servicios de introductor para hacer venir las máquinas necesarias para perfeccionar la zapatería"; Tulio Ospina (miembro de la cofradía, hermano de Pedro Nel y socio de Ospina Hermanos) donó un local ("Las Perlas") en 1897, para ayudar a los talleres 14; el socio Jesús María López pidió en 1904 treinta bultos de hilo importados de Londres, "que serán cedidos á los talleres en condiciones muy favorables"15. También se concedieron favores y se realizaron negocios con los empresarios: "el 16 de mayo último (1904) se dio prestada á la compañía Antioqueña de tejidos la máquina desmotadora de algodón y el 14 de junio se le compró a D. Manuel J. Alvarez una máquina de lavar ropa y lana por $904" 16. Por estos mismos años (1907) se afirma que los tejidos habían "dado en el año [un] rendimiento superior á los anteriores" 17. Los intereses privados de los socios de la cofradía a menudo se hacen explícitos: "Tenemos socios de ingenio fecundo y práctico que sabrán inventar recursos y hacer productivas las industrias á que la mujer puede consagrarse. El hecho existe; no falta más que ampliarlo" 18. Aun si admitimos las dificultades financieras, debido a que, a pesar de la venta de sus productos, los egresos eran superiores a los ingresos, es bueno recordar que el gobernador, empresario y hombre de gran fortuna don Eduardo Vásquez Jaramillo, a partir de 1909 y durante los dos años de su mandato, donó para fines caritativos todos sus salarios para "ciertos establecimientos de caridad y de algunas familias vergonzantes". La Sociedad San Vicente de Paúl (de la cual formaba él parte) se encargó de la distribución del dinero que en el primer año ascendía a la suma nada despreciable de $290.700 19. Aunque esta suma tan importante hubiera podido reforzar y sanear las finanzas de los talleres, ya en los informes de estos años y los anteriores se dejó traslucir que los talleres se dejarían morir lentamente: "[...] y si la misericordia de Dios no interviene, no es difícil que tengamos que pasar por el dolor de abandonar aquellos niños" 20. Los directivos de la Sociedad hubieran podido interpretar la donación del gobernador como un signo de la "providencia", como lo hicieron en otras ocasiones con eventos similares. No obstante, prueba de que la suerte sobre los talleres ya estaba decidida desde años atrás se puede verificar a través de varios indicios. Tal vez el más significativo fue la utilización del salario anual donado en 1910 por el gobernador, del cual ni un peso fue destinado a los necesitados talleres de San Vicente, mientras que en el primer año de la donación el hospital de San Juan de Dios y las hermanas salesianas recibieron $107.000 y se destinaron $64.000 para las raciones distribuidas por las cocinas económicas, a pesar de que durante mucho tiempo se había predicado que era mejor preparar para la vida ("bien armée pour la vie!"), que era preferible "dar trabajo á dar alimentación" y que las limosnas podían hacer perder los hábitos de trabajo 21.

En estas circunstancias, se debe destacar el contraste entre la simultaneidad del año de recepción de esta donación (especie de bonanza de la Sociedad San Vicente) y el cierre de los talleres. También resultan paradójicas las palabras con que se refiere el informe al "sueldo del Gobernador" y al papel desempeñado por la Sociedad San Vicente:

Indudablemente la tarea más grata para el Consejo Directivo ha sido la distribución de los sueldos del Señor Gobernador, donación supremamente grande y que no alcanzamos nosotros á alabar como es debido 22 .

Trataré de responder a esta aparente paradoja. El éxito que se había obtenido en los talleres, tanto en la fabricación como en la realización de sus productos en el mercado, y la significación que tuvieron para las industrias antioqueñas, se puede verificar a través de los informes de los presidentes de la cofradía y de otros documentos. Se tenía, además, conciencia de ello: en 1896 y con motivo de la cesión de un local (Casa de la Ladera) para el uso de los talleres de San Vicente, el gobernador, en carta dirigida al director de la sección docente de la Sociedad San Vicente, afirmaba lo siguiente:

[...] Los talleres serán la semilla de algunas industrias de que tanto necesitamos en Antioquia para procurar trabajo y pan á muchas familias, para ir libertándonos del tributo que pagamos al Extranjero por lo que consumimos, lo que casi siempre es tributo á la vanidad que nos cuesta más de lo que producimos, lo que mata las costumbres modestas é impide el ahorro. La industria manual apartará á muchos jóvenes del camino ruinoso de la empleomanía, abrirá otros campos á la juventud que no sean los rutinarios de la jurisprudencia, la literatura y la medicina estériles en la mayor parte de los casos, y en donde al fin se entra en el de la política que mata el juicio, la independencia del carácter y las fuerzas fecundas del individuo. La educación del espíritu en las doctrinas del evangelio y el trabajo de las manos son los puertos seguros de todos los progresos; los gobiernos deben procurar de preferencia abrirlas á los jóvenes; todo lo demás viene naturalmente 23 .

En realidad, al revivir retrospectivamente la historia de los talleres, se puede afirmar que sus efectos constituyeron una ventaja para la implantación de ciertas industrias en Antioquia. Su efecto más importante fue la exploración del negocio de los telares y la industria del tejido. Al estudiar con cierta atención la evolución de los telares, íntimamente ligados a la suerte futura de los talleres de San Vicente, es clara su relación con la posterior industria textil. Esta idea se puede corroborar también con algunos testimonios de personas que estuvieron ligadas a su fundación y desarrollo posterior, así como con artículos aparecidos en la prensa, documentos o reseñas históricas acerca de la labor de la cofradía.

Para 1897: "[...] se cuenta con 14 telares, en los que se trabajan mantas, camisetas, cobijas y otras telas con la mayor perfección que es posible, dado el estado incipiente de esta industria entre nosotros" 24. Desde entonces, la sociedad San Vicente trató de obtener la exoneración de los impuestos para la introducción de materias primas y se quejó de la competencia de las telas extranjeras. Resulta muy significativa la manera como sus directivos justifican esta acción, al afirmar que no consideran injusta su petición: "[...] dada la carencia de industriales del país á quiénes pudiéramos perjudicar con la exención, y a que nuestros talleres de huérfanos es una fundación de fines altamente sociales, que debe ser mirada con particular deferencia" 25.

Desde su fundación, se persiguió no perjudicar a los artesanos de la ciudad y se escogió el ramo de tejidos, pero poco se habla de la competencia recíproca que significaron las industrias textiles para los talleres de San Vicente, aunque la comercialización de sus productos sí les planteaba algunos problemas de tipo filosófico:

[...] Bien quisiéramos no tener que pensar en que los niños trabajaran en cosas de producto inmediato, sino siempre en adquirir aprendizaje; pero, ¿y con qué los alimentamos y vestimos? 26 .

Las necesidades de recursos financieros los llevaron a convertirse cada vez más en una empresa con ánimo de lucro y a operar con una lógica de mercado, y esta circunstancia los convirtió (así fuera virtualmente) en competencia para los capitalistas en ciernes (y viceversa). Esta situación los llevó a explotar cada vez más su mano de obra forzada, constituida por niños huérfanos, en el sector más dinámico que eran los telares, distorsionando en la práctica los objetivos benevolentes de la institución. Una consecuencia "perversa" de esta situación la ilustra el hecho de que al maestro de tejidos de cabuya se le concede, en 1904, el derecho al 50% de los productos netos de los artículos que fabrique en los talleres, "[...] siendo de su cargo la mitad del valor de la alimentación de los niños que emplee en esta industria" 27. No es difícil imaginar que esta situación no era sostenible por mucho tiempo e iba en detrimento de los niños y en contravía de los fines proclamados por esta institución:

Los mismos niños comprenden que los tejidos son la principal industria del Establecimiento y se han esforzado de tal manera por sostenerlos que, á pesar de la gran reducción de personal, la producción fue mayor que en los años anteriores 28 .

A raíz de una "exposición industrial" realizada en Medellín en 1906 y organizada por la Sociedad San Vicente de Paúl, el periódico La Patria celebró con admiración, se regocijó de la calidad de los productos realizados por los niños de la Sociedad San Vicente y anotó también su conexión con la industria textil:

[...] Ellos [los niños] que no cuentan con más capital que su misma labor y lo que la caridad pública les ofrece; ellos que tienen que trabajar ‘a trueque de vivir’, no pueden darse el lujo de fabricar objetos especiales para la Exposición; sin embargo los productos exhibidos revelan por su calidad y méritos ser hijos de un esfuerzo remunerado. Hermosas y finas telas de lana y de algodón, de colores armónicamente combinados, en hamacas, tapices y muchos otros artículos de fácil expendio en el comercio [...]. Estos talleres pueden considerarse como el núcleo inicial del desarrollo de la industria textil en Antioquia 29 .

El estudio de Hernán Darío Villegas atribuye al supuesto viraje dado por la Sociedad San Vicente de Paúl y liderado por Carlos E. Restrepo, en el sentido de transformar "la caridad individual e indiscriminada" por otra organizada con propósitos sociales y en especial dirigida a la formación y capacitación de trabajadores, como una de las razones para que su propuesta fuera rechazada por el Consejo General de París, y la Sociedad San Vicente de Medellín tuviera que "desprenderse" de la Sociedad parisina, aunque no da pruebas al respecto, ni cita fuente alguna como base para esta afirmación 30.

En relación con esta tesis, no se puede afirmar, si nos atenemos a los estatutos de la Sociedad San Vicente, que la filosofía fuera la "caridad individual e indiscriminada", y tampoco que hubiera algún "desprendimiento" de la Sociedad de San Vicente de Paúl de Medellín y la de París; simplemente, durante algún tiempo cada una funcionó con sus propios reglamentos y finalmente se acogieron a la Sociedad matriz de París las de Bogotá y Medellín. Por nuestra parte, no encontramos en ninguno de los documentos estudiados indicios de contradicciones en este sentido. Me inclinaría más a pensar que la contradicción, si la hubo -que es una hipótesis para demostrar-, podría basarse más en principios filosóficos, como, por ejemplo, la utilización de los niños y de su trabajo forzado para autofinanciar los talleres, en vez de utilizar para este propósito las limosnas y canalizarlas hacia esos fines o, al menos, no hacer depender la suerte de los talleres de su rentabilidad y, por ende, de la explotación de la fuerza de trabajo.

Los talleres cumplieron varias funciones, como experiencia previa al montaje de las empresas textileras: por una parte, explorar la factibilidad o posibilidad técnica de su producción; por otra parte, estudiar la respuesta del mercado a los productos, puesto que éstos se producían para la venta; también poner a prueba la capacidad de la mano de obra no calificada para realizar estas labores y, por último, una de las más importantes, en mi opinión, capacitar mano de obra para la industria y moldearla conforme a los cánones de la época; es decir, de acuerdo con ciertas prácticas de moralidad y docilidad frente a los patronos:

[...] La delicadeza y aseo de los tejidos, la atinada distribución de las tintas y la elegancia de las obras, revelan juicio, método y muy avanzado aprovechamiento. Ya puede contar allí Antioquia con un grupo de jóvenes que no muy tarde serán hábiles obreros, hombres muy útiles y recomendables, por sus conocimientos esencialmente prácticos y de costumbres rigurosas y ejemplares 31 .

Aparte de "formar oficiales empíricos", el médico Manuel Uribe Ángel afirmaba que el "plantel", al lado de la práctica, desenvolvía "provechosa teoría en la mente de los alumnos"32.

Son reveladoras las palabras que Carlos E. Restrepo dirige a los niños de los talleres de San Vicente al finalizar el año 1892, y constituyen un magnífico ejemplo de aquel tipo de legitimidad y de dominación que prevaleció y coexistió con el proceso de industrialización en Antioquia y al cual el sociólogo alemán Max Weber denominó tradicional:

La Sociedad San Vicente de Paúl no hace más que cumplir una misión divina al proporcionarnos instrucción moral y material, y prepararnos a que cumpláis la vuestra rectamente que no es otra que la de obreros asiduos y ejemplares.[...] sed siempre dóciles y sumisos.[...] respetad y obedeced a vuestros superiores, sed laboriosos, y esto es bastante 33 .

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El médico y geógrafo Manuel Uribe Ángel, socio de la sociedad San Vicente de Paúl retratado en 1899 (Tomada de Melitón Rodríguez, fotógrafo. Momentos, espacios y personajes, Medellín, 1892-1922, Biblioteca Pública Piloto y Comisión asesora para la Cultura, Medellín 1995).

La función de doble propósito que cumplía la Sociedad de San Vicente y en particular sus talleres, tanto para el socorro de las clases menesterosas como para los ricos, se expresa claramente en el "discurso" que manejó la Sociedad San Vicente. Así, por ejemplo, en el primer decenio de su fundación:

Ella es vínculo, a veces invisible, pero siempre poderoso entre el rico y el pobre, y haciendo el bien sirve a todos: al pobre, porque le alivia las dolencias de alma y cuerpo, [...] y le enseña á amar á los acomodados que indirectamente le socorren; á estos, porque encuentran quien les forme obreros hábiles, respetuosos y honrados 34 .

En 1897, el informe anual de la Sociedad San Vicente, en la sección pertinente a los talleres, se refiere a la "ineptitud" de algunos de los aprendices para los trabajos manuales y para comprender algunas materias primarias que se les enseñaban. Se recuerda que algunos capitalistas de Medellín (ligados a la sociedad San Vicente, como Pedro Nel Ospina) habían ofrecido engancharlos para trabajar en la ferrería de Amagá y se propone, además, el envío de los niños que resulten "inútiles para los trabajos manuales" a trabajar "en labores propias de su edad y condición"; por ejemplo, en los cafetales o en las trilladoras. Se afirma de manera pragmática por parte del director y sin el menor asomo del "espíritu" vicentino, que supuestamente animaba a la cofradía, que ante todo había necesidad de evitar "que los niños vayan á los talleres nada más que a engordar"35. A la hora de la verdad, el pragmatismo de los comerciantes y hombres de negocios se impuso sobre las consideraciones de otro género y, a través de este y de muchos ejemplos, se puede apreciar la perspectiva de una clase que miraba a los pobres con distancia y con el tamiz de la jerarquía propia de una sociedad polarizada, en términos de riqueza, educación, oportunidades, etc.

Los egresados o los alumnos que llegaban a una edad adulta (21 años) generalmente eran "colocados" en establecimientos o empresas de la ciudad, convirtiéndose así los talleres en una "bolsa de empleo": así, por ejemplo, en 1897, se informaba de un egresado que "fue puesto como dependiente en la botica de los Sres. Isaza y Escobar", otro en una sastrería "dirigida por dos caballeros honorables" y un tercero "nombrado maestro del taller de zapatería" 36. Los talleres se preocuparon también de "la transición de la vida de comunidad, sujeta á reglamentos, á la vida libre e independiente", permitiendo a sus antiguos alumnos el alojamiento nocturno en el taller y, para tal efecto, se estaba construyendo un "edificio" en 1899 37. Por otra parte, los talleres reconocieron (al menos en los estatutos) a los niños, por su trabajo, una participación en dinero y se les distribuían premios, algunos de los cuales en forma monetaria, a aquellos que se distinguieran por su aplicación, docilidad y consagración al trabajo; dinero que se transfería a la caja de ahorros, con el objeto de crear un fondo para el día en que los alumnos se transformaran en obreros libres, independientes del establecimiento. Esta caja, creada por la Sociedad San Vicente de Paúl en 1890, según recuerda Roger Brew, prestaba dinero a los comerciantes de Medellín 38.

Cuando se toma la determinación de clausurar los talleres, en 1910, "se trató de conservar algo semejante á los talleres", pero sin los gastos que representaba el sostenimiento de los niños; es decir, un externado industrial, como el que había para mujeres, pero fracasó, "pues no fue posible que los niños asistieran sin el aliciente de los alimentos" 39.

No solamente los telares tenían vínculos con el mercado. El taller de sastrería fabricaba vestidos para una sastrería de la ciudad y para el mismo establecimiento 40. El de zapatería "[...] ha recurrido á contratos con comerciantes para el expendio del calzado, y hasta ahora con magníficos resultados. El último contrato fue con la casa de los señores María J. de Gaviria é hijos por 500 pares, variándoles los precios por calidades, formas, etc., etc. y aumentándolos á medida que la materia prima ha subido" 41.

El hecho de que se tratara de entidades sin ánimo de lucro, no significaba que no se buscara -y aquí radicó su principal contradicción- que el trabajo realizado pagara los costos de funcionamiento:

Insisto sobre lo que alguna vez os dije, al tratar de fundaciones de esta naturaleza: ellas deben funcionar bajo el estricto régimen del self-government; esto es, que vivan de sus propios productos, sin admitir subvenciones. Los establecimientos industriales de esta clase podrán crearse, pero no pueden sostenerse de limosna 42 .

Siguiendo este principio, la memoria de 1899 sostuvo, en relación con la carpintería, que las reparaciones realizadas en los mismos talleres, así como los muebles fabricados para necesidades internas, "valen más del déficit que hay entre los gastos y el producto" 43. Pero en estos casos, por lo visto, sí se aceptaron las "subvenciones" provenientes del trabajo no remunerado de los huérfanos.

Desde 1895 se pensó en comprar una imprenta, y así se hizo algunos años después; en 1906 se compró la imprenta La Verdad, que venía funcionando en Medellín con este nombre. Sin embargo en este mismo año se entregó el local de "La Ladera", que solicitó la gobernación "para cuartel de un batallón de la guardia nacional" 44.

Resulta congruente con la interpretación anterior la reacción de entregar, sin oponer ningún tipo de resistencia, el local que les había cedido la gobernación para los talleres y la declaración del inminente fin de éstos, que, aun cuando subsistieron por algún tiempo más en otros locales, estaban desde entonces condenados a "caerse o arruinarse", según la fórmula anteriormente citada, pero por voluntad de los dirigentes de la Sociedad San Vicente. Para ilustrar como se buscaba el pretexto legitimador del cierre, el informe del presidente de la Sociedad en 1906 resulta una buena prueba:

Se fincaban grandes y fundadas esperanzas de pingües rendimientos en el cultivo y manufactura de textiles; pero la privación del local adecuado ha derrumbado el castillo de tan grandes ilusiones 45 .

No obstante, el informe señaló claramente que "el Consejo [de la cofradía] podría haber rehusado entregar la casa"; sin embargo (y esto no es gratuito), no lo hizo, y por otra parte, se ha podido constatar que sí había resultado buen negocio o al menos lograba pagar los costos de mantenimiento y, salvo algunas coyunturas difíciles, las diferentes secciones lograban (inclusive las de ramos diferentes de los textiles) una buena acogida para sus productos. Recordemos, al respecto, el resumen del informe del siguiente año (1907) y cómo, a pesar del cambio de local, la situación no era desesperada. Por lo demás, sus nexos con las industrias textileras sí eran muy claros:

Tejidos. Son la fuente de entrada de los talleres y han dado en el año rendimiento superior á los anteriores. En 13 telares se fabrican mantas, camisetas, ruanas y colchas de dril, tapiz y reata de cabuya. Se compran en el año 48 bultos de hilo y pabilo á los señores Steinthal y Cía, 16 á Alejandro Echavarría é hijo y 2 á Cortés, Duque y Cía.

Se han manufacturado en el año 2.645 yardas de tapias, 2.833 camisetas, 100 costales, 6.225 varas de manta, 28 colchas, 494 ruanas, 17 alfombras y 3.723 varas de reata. Siguen ocupando los talleres el local alquilado al Gobierno en San Juan de Dios 46 .

Se proseguía también enseñando a los niños zapatería, carpintería y hojalatería.

Las memorias de 1904 del presidente de la Sociedad San Vicente, son muy claras en afirmar que, a pesar de las dificultades por las que atravesaban los talleres, el balance final (entradas y salidas) no era negativo:

No obstante los crecidos gastos ocasionados por el alto precio de los artículos alimenticios, los productos de los Talleres en este año son superiores á los de los años anteriores, y las entradas, incluyendo el valor de la mercancía que hay para la venta, valen más que las salidas 47 .

En 1904, el gobernador Clodomiro Ramírez ordenó el pago de $40.000 aprobado en el año anterior por la asamblea departamental y "á pesar de la muy difícil situación del tesoro del Departamento" 48. Durante 1908 se informó de una donación de $50.000 para los talleres 49.

Vale la pena recordar que en 1904 los talleres contaban con 97 niños, cifra respetable para el tamaño de las empresas de comienzos de siglo. Como puede cotejarse, los productos tenían buena acogida en el mercado y las inversiones en máquinas muestran que la situación de la Sociedad San Vicente no era nada desesperada.

Por estas razones y otras que se analizarán en seguida, es difícil pensar que los talleres hayan sido suprimidos por motivos meramente financieros o por una mala coyuntura. Pero sí se puede inferir una competencia cada vez mayor con las empresas textiles:

La irregularidad en el despacho de hilos del exterior ha producido trastornos en el trabajo de tejidos hasta dejar inactivos 14 telares de los 21 que tiene el establecimiento. Para suplir esa falta se compraron en la plaza 25 bultos de hilo blanco á precios tan altos, que dejaron poco más provecho que el tener ocupados a los niños [...] Por uno de los próximos correos deben llegar 30 peines de acero para telares, pedidos á Londres, con los cuales mejorará mucho la calidad de las telas y podrá hacerse tapiz de cabuya igual en calidad y hermosura al de fibra de coco que se introduce del extranjero 50 .

A partir del decreto de 30 de mayo de 1908, se obtuvo la concesión de las exenciones en fletes e impuestos que ya se había otorgado cinco años antes, desde 1903, a la Compañía Antioqueña de Tejidos: "[...] o sea exención de flete férreo y de todo impuesto Departamental o municipal para la materia prima que introduzca. Consiguió, además, que el Distrito eximiera también á la sociedad de impuestos municipales de consumo y de aduanilla"51.

Esta situación los colocó en una situación más competitiva frente al privilegio que había significado esta medida para las empresas textiles y seguramente influyó en la suerte corrida por éstas, un año después.

La idea de los talleres también se utilizó a partir de 1896 por la Asociación del Sagrado Corazón, que creó, con auxilio de la Sociedad San Vicente, un taller para artes domésticas, en donde se capacitó a las "niñas sin fortuna". Se consideró que a la "clase pobre" lo que más le interesa es aprender "los oficios propios de su clase": "[...] porque una niña que aprenda geografía, música, canto y lea libros de pura literatura moderna, jamás servirá ni para cocinar, ni para ninguno de los oficios caseros". Se invitó también a esta sociedad para que sirviera de bolsa de empleo "con las sirvientas que tengan necesidad de colocarse, y con lo que tal vez se moralizaría este ramo que es el que mortifica mucho á las familias" 52.

Por otra parte, la denominada Sección de Amparo de la Sociedad de San Vicente de Paúl anunció, desde 1897, la creación de la "Agencia de los pobres": "[...] la que tenía por objeto formar un Registro de todos los trabajadores que quisieran apuntarse para solicitarles trabajo. Ese registro llevaría varias casillas en las que conste el nombre del obrero que solicita trabajo, la ocupación, precio del salario, referencias de su conducta, etc.".

Esta Sección informó, apenas despuntando el siglo, haberse ocupado de una obra que sostuvo durante algunos años, el "Externado industrial de San Vicente", creado en 1899; "destinado á la formación de obreras para algunas artes é industrias, se ha aplicado, por ahora, preferentemente á la enseñanza de la tipografía y de la fabricación de sombreros de paja. Está compuesto por 30 señoritas escogidas por su pobreza y delicada situación entre muchas que en él han solicitado colocación: veintidós de ellas se dedican á la tipografía y 8 á la confección de sombreros" 53. El Externado Industrial de San Vicente, como en el caso de los talleres, tenía nexos con la empresa privada: compró en 1905 una prensa a don Félix de Bedout (dueño de la Tipografía Bedout y miembro de la cofradía), por la suma de $40.500, e inició el montaje de un taller de costura por esta misma época 54.

En 1909 se compró al mismo empresario una prensa moderna en $100.000, y sucesivos informes afirman la capacitación de mujeres en el campo de la tipografía y encuadernación y su enganche posterior por las empresas más importantes de éste género en la ciudad. Así, por ejemplo, el informe de 1906 se refiere a cinco alumnas que fueron enganchadas por la industria privada así: dos en la tipografía del señor Félix de Bedout, dos en la fábrica de tejidos de Bello y una en la telefónica 55. Durante 1910, la misma fuente citó el caso de "11 niñas colocadas en otras tipografías" 56. Igualmente, se realizaron cursos de costura "en obra de sastre" y de farmacia por parte de uno de los "consocios" de la Sociedad, con la idea, en el primer caso, de sustituir trabajo masculino por femenino y "[...] con el apoyo de algunos empresarios, servicio que ha sido prestado hasta hoy por hombres, al menos en esta ciudad, y que está en tal grado de desmoralización que urge cambiar este personal" 57.

Es interesante constatar que la elección de los oficios tenía, como hemos visto anteriormente, sus razones, a menudo morales, como en el caso de los sastres y de las empleadas domésticas. Desde 1897, los informes se refieren a la fundación de talleres en materia de zapatería y de imprenta en los siguientes términos:

Así como la conveniencia de introducir reformas al gremio de zapateros determinó a la sección á fundar el taller de la materia, la de mejorar el de cajistas é impresores, así como la urgencia de proporcionar trabajo á todos los huérfanos, la hizo pensar en establecer una imprenta [...] 58 .

Se podría afirmar que el externado tampoco prosperó por las mismas razones, poco más o menos, que los talleres. Como prueba citaremos los mismos Informes de la Sociedad San Vicente de Paúl:

Con motivo de las nuevas imprentas que se han venido estableciendo últimamente en la ciudad y aunque todas ellas miran al Externado con deferencia y simpatía, el trabajo se ha reducido y los beneficios que él reporta pecuniariamente son menores como consecuencia natural de la competencia. [...] como se ve, atraviesa este instituto una época difícil, pero esperamos que será transitoria, especialmente si el apoyo del público nos favorece 59.

Finalmente, es bueno recordar que en el caso del externado industrial se siguió el principio de no invertir "ni un solo centavo de sus fondos, en la fundación, sostenimiento y desarrollo del externado" 60. En otras palabras, se rigieron por una lógica de mercado e inclusive se pagaban salarios de acuerdo con el trabajo y, como las muchachas eran "externas", tuvieron que resolver sus problemas de subsistencia por fuera del establecimiento. En el caso de los talleres, también se les daba una participación en dinero, que iba a la caja de ahorros.

La educación en los talleres estuvo reforzada con normas disciplinarias, requisitos religiosos para el enganche de profesores, normas para el adorno de las paredes: cuadros de la crucifixión, de San Vicente de Paúl, varios cartelones con máximas morales, etc. 61.

Pero no todos los niños soportaron la disciplina, y las fugas del plantel se reportan de manera casi habitual en los informes anuales. El informe de 1899 dice al respecto:

La disciplina en general ha sido regular y el signo más marcado de su relajación el de las muy frecuentes fugas, bien que casi todas ellas han sido provechosas para el establecimiento, por la mala calidad de los fugados, perezosos en sumo grado y del todo ineptos para el trabajo 62 .

En otros informes, como el de 1896, se habló de siete fugas y de la necesidad de capturarlos, lo cual nos recuerda que la "libertad" de los alumnos de los talleres era nula, y su salida del establecimiento solamente podía realizarse por voluntad del acudiente o por cumplimiento de la mayoría de edad (21 años):

De estos fugados se espera capturar algunos, y espera también que cesará la especie de epidemia que los invadió en los últimos días 63 .

En síntesis, el éxito de los talleres industriales (talleres de San Vicente y Externado Industrial) fue al mismo tiempo la causa de su ruina, porque una vez explorado el negocio, sin riesgo alguno para los empresarios, y utilizadas luego las experiencias por empresas capitalistas, hicieron más lenta y difícil la venta de los productos de los talleres, y crearon dificultades financieras en los establecimientos de caridad, puesto que se consideraba que los costos de funcionamiento deberían obtenerse a través de la venta de sus productos. Pero se podría preguntar: si eran buen negocio, ¿por qué no lograban producir el equivalente a sus costos de funcionamiento? Porque, de acuerdo con la filosofía pregonada por la Sociedad San Vicente, tampoco estaban interesados en "competir" con los empresarios y, a la hora del cierre, los directivos de la Sociedad San Vicente exageraron la situación financiera, la cual no parecía tan grave, si se estudian con cierto detenimiento los informes anuales. La clave del aparente fracaso residió en la combinación de dos lógicas incompatibles: por una parte, la que corresponde a una entidad de caridad sin ánimo de lucro cuyo fin era la capacitación para el trabajo de los niños huérfanos sin recursos y de las mujeres pobres en la ciudad, y por otra, la pretensión de que fuera la lógica de mercado, a través de la venta de los productos fabricados en los talleres, la que financiara los costos de funcionamiento de éstos, pero sin querer en ningún momento competir con los empresarios privados que comenzaban a producir los mismos artículos. El propósito central, desde que se fundaron los talleres, fue impulsar y servir de fermento para futuras empresas y capacitar personal, sobre todo "señoritas pobres y necesitadas de trabajo" o "niños huérfanos". Y en este sentido su objetivo se hizo realidad y la producción de textiles tuvo un final feliz. A partir de entonces, las empresas privadas sustituyeron a los talleres en el "discurso" que buscó influenciar a la opinión pública y al gobierno para que les concediera privilegios (aranceles, exoneraciones fiscales, etc.), en el sentido de que la redención de los pobres y de las mujeres "en peligro" eran las industrias.

Notas:

1 Documentos relativos a la cesión de un local para uso de los talleres, Carta del gobernador Julián Cock Bayer al presidente de la Sociedad San Vicente, Medellín, Imprenta del Departamento, 1896.

2 Documentos relativos á la celebración en Medellín del primer centenario de Federico Ozanam, conferencia del R.P. José Manuel Quirós, S. J., Medellín, 1913.

3 Memoria del presidente de la Sociedad San Vicente de Paúl, Medellín, 1889, Fundación Antioqueña para Estudios Sociales (FAES).

4 Roger Brew, El desarrollo económico de Antioquia desde la Independencia hasta 1920. Bogotá, Banco de la República, 1977, pág. 392.

5 Memoria de 1889.

6 Memoria de 1890, FAES.

7 Manuel Uribe Ángel, "Cartas sobre Medellín", en Revista Literaria, publicación mensual, Bogotá, julio de 1892.

8 Memoria de 1890, FAES.

9 Memoria de 1904, FAES.

10 Memorias de 1900 y 1901, FAES.

11 Archivo Carlos E. Restrepo, Correspondencia recibida. (Subrayado nuestro).

12 Memoria de 1896, FAES.

13 Brew, op. cit., págs. 392 y 399.

14 Informe de 1897, FAES.

15 Informe de 1904, FAES.

16 Memoria de 1904, FAES.

17 Informe de 1907, FAES.

18 Discurso del socio Carlos E. Restrepo, Memoria del presidente, 1905.

19 Memoria de 1909, FAES.

20 Memoria de 1909, FAES.

21 Véanse Memorias del presidente de 1905 y de 1907; en ésta última, el discurso del socio Carlos E. Restrepo.

22 Memoria de 1910, FAES.

23 Documentos relativos á la cesión de un local para uso de los talleres de San Vicente de Paúl. Carta del Gobernador Julián Cock Bayer al director de la sección docente de la Sociedad San Vicente de Paúl, Medellín, 1896.

24 Informe de 1897, FAES.

25 Memoria del presidente, 1897.

26 Informe de 1906, FAES.

27 Informe de 1904, FAES.

28 Memoria de 1909.

29 Joaquín Pinillos, "Exposición Industrial", en La Patria, 23 de agosto de 1906 (subrayado nuestro).

30 Hernán Darío Villegas, La formación social del proletariado antioqueño, Medellín, Concejo de Medellín, 1990, pág. 225.

31 B. Tejada Córdoba, "Por los huérfanos", en La Patria, Medellín, 15 de diciembre de 1903.

32 Manuel Uribe Ángel, "Cartas sobre Medellín", en Revista Literaria, publicación mensual, Bogotá, julio de 1892.

33 Discurso de Carlos E. Restrepo, primer decenario de la fundación San Vicente de Paúl.

34 Sociedad San Vicente de Paúl, primer decenario de su fundación, Medellín.

35 Memoria de 1897, FAES.

36 Informe de 1897.

37 Memoria de 1899, FAES.

38 Brew, op. cit., pág. 392.

39 Memoria de 1910, FAES.

40 Memoria de 1899, FAES.

41 Memoria de 1899, FAES.

42 Memoria del presidente, 1905. Discurso del socio Carlos E. Restrepo.

43 Memoria de 1899, FAES.

44 Memoria de 1906, FAES.

45 Informe del presidente, 1906.

46 Informe del presidente, 1907.

47 Memoria de 1904, FAES.

48 Memoria de 1904, FAES.

49 Memoria de 1908, FAES.

50 Memoria de 1904, FAES.

51 Memoria de 1909, FAES.

52 Memoria de 1896, FAES.

53 Informe del presidente, 1901, FAES.

54 Memoria de 1905, FAES.

55 Informe de 1906.

56 Informe de 1910, FAES.

57 Informes de 1904 y 1911, FAES.

58 Memoria del presidente, 1897, FAES.

59 Memoria de 1910, FAES.

60 Véase informe de 1906, FAES.

61 Reglamento de los Talleres de la Sociedad San Vicente de Paúl, 1889, FAES.

62 Memoria de 1899, FAES.

63 Memoria del presidente, 1896.