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Los talleres de la Sociedad San Vicente de Paúl de Medellín: 1889-1910
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FERNANDO BOTERO HERRERA
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Profesor asociado de la Universidad
Nacional (Medellín)
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Trabajo fotográfico: Patricia Londoño
Vega
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Ninguna institución de este género
puede abrazar
objetos sociales más dignos de consideración. Arrancar al niño
pobre y desamparado de la carrera de miseria moral y física á que por su situación
está destinado. Hacer de un niño que va á parar en un ebrio, jugador, ratero,
falsificador, ladrón, asesino ó conspirador, en hombre que teme á Dios y trabaja, es
comenzar por el principio la obra de la civilización cristiana. [...] Atacar su fuente y
raíz es el medio racional de acabar con él ó por lo menos debilitarlo
1
.
Fundó y sostuvo por mucho tiempo los
talleres de niños, conocidos con el nombre de talleres de San Vicente. Este
establecimiento fue el origen de las fábricas de tejidos que hoy posee nuestro
departamento 2
.
El crecimiento urbano y los procesos de
modernización económica en Medellín, así como los conflictos y agitaciones sociales
que venían ocurriendo en Europa, ligados en parte a las ideas socialistas que se venían
difundiendo en ese continente, crearon en nuestro medio la necesidad de racionalizar la
caridad indiscriminada para con los pobres y, por otra parte, crearon la conciencia, en
algunos sectores de la elite conservadora medellinense, de la necesidad de erigir barreras
de contención contra el comunismo y el socialismo a través de la denominada
"limosna preventiva". Con este propósito se creó en 1882 en Medellín -en 1857
se había fundado en Bogotá- la Sociedad San Vicente de Paúl, cuya casa matriz se
encontraba en Francia. La Sociedad, de acuerdo con sus estatutos, estaba compuesta por
"católicos reunidos con el exclusivo objeto de predicar juntos obras de
caridad" y estaba bajo la protección de los Corazones de Jesús y de María y bajo
la del santo cuyo nombre llevaba. Su acción estuvo centrada en: la asistencia a enfermos
pobres y el socorro a las personas menesterosas (su énfasis estuvo en los pobres
vergonzantes, no en los callejeros, sin domicilio fijo), la enseñanza de la doctrina y la
moral cristianas, la instrucción primaria de niños pobres y sectores artesanales y
obreros, y el "procurar ocupación lucrativa a aquellas personas" que estuvieran
en la indigencia, pero con alguna aptitud para el trabajo.
En este ensayo se explora la creación de
talleres para los niños y jóvenes huérfanos, por parte de la Sección Docente de la
Sociedad San Vicente, que se ocupaba en impartir educación primaria a través de escuelas
nocturnas para trabajadores y artesanos. Los talleres se abrieron en 1889 y fueron
cerrados en 1910. Ocuparon a los niños y a los jóvenes en diferentes menesteres, entre
los cuales sobresalió la elaboración de tejidos de lana, algodón, cabuya y pita. Las
relaciones entre estos primeros ensayos o "laboratorios" con mano de obra poco
calificada, esta actividad textil que coincidirá con la que será la principal
especialidad industrial de la región antioqueña hasta nuestros días, las razones
explícitas por las cuales fueron clausurados los talleres e igualmente las ideas
manifiestas de orden y de moral que tratan de inculcarse a través del trabajo y de los
"discursos" o prédicas a estos grupos sociales, constituyen el centro de este
ensayo. Finalmente, se aborda la creación del Externado Industrial de San Vicente,
destinado a la formación de jovencitas en los ramos de tipografía y otros, así como su
estrecha conexión con la industria naciente. La asociación entre caridad y pragmatismo,
educación para el trabajo y creación de una disciplina y un orden moral, así como la
idea de atenuar los conflictos entre ricos y pobres, estuvieron siempre presentes, e
ilustran algunas de las experiencias que serán claves años después para la
instauración de una modernidad que contrasta por la modernización material y el
conservadurismo cultural.
Una de las obras más importantes de la
cofradía y a la cual más atención se le puso durante algún tiempo, fueron los talleres
de San Vicente, a cargo de la Sección Docente, fundados en 1889 y terminados en 1910. El
informe anual del presidente reportaba en el año de su fundación:
"La gran empresa de la sección
docente han sido los talleres para niños pobres. Industria preferida para los talleres
será la de tejidos, empezando por la fabricación de telas y otros artículos de
fique" 3. Esta obra tuvo algunos antecedentes en la
segunda mitad del siglo XIX, cuando a partir de 1865 algunas instituciones de caridad y
penitenciarias fomentaron la práctica de los tejidos para difundir los oficios útiles
entre estos sectores de la población. Así, por ejemplo, entre 1885 y 1888 la cárcel de
mujeres de Medellín contaba con alrededor de 80 mujeres y 70 hombres que tejían y
fabricaban, con telares manuales, alpargatas, sombreros, hamacas, telas, camisas y
pantalones para el ejército y para los presos 4.
También en 1899, en el seno de la
Sociedad San Vicente de Paúl tuvieron la idea de fabricar "pabilo de algodón",
para lo cual la cofradía contribuyó con dinero para la construcción de una máquina de
hilar e introdujo la enseñanza de este oficio entre las niñas de la casa de
beneficencia, con la idea de que éstas pudieran después enseñar a otras personas 5.
Los dirigentes de la Sociedad San Vicente
afirmaban que los talleres habían escogido la enseñanza del oficio de tejer: "[...]
para no hacer competencia á los artesanos que ejercen oficios que, como la carpintería,
la sastrería y la zapatería, están entre nosotros bien desarrollados.[...]" 6.
No obstante, para 1892 Uribe Ángel
informaba que los talleres, además de tejer telas de algodón y de lana, disponían de
máquinas propias para la enseñanza de la cerrajería y la carpintería aplicadas a
diferentes oficios, y también se capacitaba para "la simple herrería" 7.
El objetivo de los talleres era capacitar
a los niños pobres y ante todo a los huérfanos, en algún oficio, para que después
estuvieran en capacidad de ganarse la vida.
Para 1890 había 20 niños, cuya
procedencia era la siguiente: de Medellín (5) , de Envigado (1), de Rionegro (5), de
Sopetrán (2) y uno de cada una de las siguientes poblaciones: Ebéjico, Amagá,
Concordia, Amalfi, Carolina, Remedios y Santa Rosa.
Se pensaba que, a medida que los talleres
permitieran alojar el doble o el triple de niños, los gastos de alquiler, dirección y
vigilancia disminuirían relativamente y dejarían no solamente de ser gravosos, sino que
podrían llegar a ser una fuente de recursos para la sociedad. Desde sus orígenes, se
pensaba encomendar los talleres a alguna de las comunidades religiosas que estaban por
llegar a la ciudad, como los hermanos cristianos o los padres salesianos, idea que
finalmente no cuajó 8. Catorce años después, se continuaba
con la idea de ceder los talleres a los hermanos cristianos; en 1904 se realizó un
proyecto de contrato para que los hermanos cristianos se encargaran de la administración
y enseñanza de los talleres, "[...] con sujeción á nuestra sociedad, contrato que
al fin no pudo formalizarse" 9.
Los talleres fueron motivo de orgullo
durante el tiempo que estuvieron en manos de la Sociedad San Vicente; los productos
textiles fueron bien recibidos por el público y en gran medida permitieron el
sostenimiento de los talleres durante los primeros años. Pero, desde 1896 en adelante,
los informes se refirieron con mucha frecuencia a las dificultades que éstos atravesaban.
Las causas fueron varias: la guerra de los Mil Días, las dificultades para traer materias
primas del exterior o para la venta de los productos en algunas coyunturas difíciles,
problemas financieros para el mantenimiento. En este ensayo se sostiene que estos fueron
solamente los pretextos. En efecto, al finalizar el siglo, la guerra de los Mil Días
dificultó el abastecimiento de materias primas para la fabricación de telas, la cual
tuvo que suspenderse; pero al mismo tiempo se afirmó que este ramo era el más productivo
del establecimiento, hasta el punto de que la crisis que atravesaban los talleres en 1901
y "la urgente necesidad de recursos para atender la subsistencia" llevó a
suspender temporalmente la enseñanza primaria de los alumnos del taller para ocuparlos
todo el tiempo en los telares, puesto que:
[...] la industria de tejidos es la
más importante, por ser la que más pingües rendimientos da á los talleres
10
.
En estos años críticos que precedieron
al cierre definitivo de los talleres en 1910, Carlos E. Restrepo se negó (1908) a aceptar
el nombramiento de director de la sección docente de la Sociedad San Vicente. Su cofrade
y también dirigente Carlos E. López le reprochó su acción y le recordó la importancia
de su colaboración para la solución del problema de los talleres:
[...] Son un problema para la Sociedad
los talleres, y es el tiempo de ver cómo se mejora esto, y si usted no interviene
directamente se caen ó nos arruinan
11
.
En este momento, la situación de los
talleres estaba muy difícil y los intereses privados dentro de la Sociedad San Vicente
los colocaron en un dilema igualmente deprimente ("se caen o nos arruinan"). Tal
vez el hecho de haberlos dejado "caer" tuvo que ver con la competencia
recíproca que significaron para las empresas textiles (y los efectos que también éstas
produjeron en las ventas de los productos de los talleres), que comenzaron a surgir en
Medellín y el valle de Aburrá por la misma época. A estos temores se refirió el
presidente de la Sociedad San Vicente en 1896, cuando señaló la competencia que
comenzaron a encarar los productos textiles de los talleres por parte de empresarios
privados:
En los últimos tiempos ha sido lenta
la venta de las telas fabricadas, tanto por la situación general de los negocios, como
porque un comerciante ha introducido, aunque de inferior calidad, telas semejantes para
hacer competencia a los talleres
12
.
En realidad, ésta fue la verdadera causa
de la terminación de los talleres o de que no se hubiera realizado un mayor esfuerzo para
salvarlos. Varios de los socios de la Sociedad San Vicente, como las familias Ospina y
Echavarría, conocían de cerca y habían colaborado activamente en la experiencia crucial
que había significado la puesta en marcha de los telares y otras actividades productivas
en la Sociedad de San Vicente. Algunos ejemplos nos sirven de muestra: Alejandro
Echavarría, futuro industrial textilero (Coltejer), según el historiador Brew, trabajó
activamente para fomentar la industria de tejidos en la Sociedad San Vicente de Paúl,
compró los telares en el exterior, distribuyó las telas y prestó dinero al taller de la
Sociedad San Vicente 13. Pero no sólo él: la casa
comercial de Echavarría y Cía. (los sobrinos de Alejandro), ligada a la fundación de
Fabricato, donó en 1899 una máquina de bordar; Alejandro Echavarría "ofreció
benévolamente sus servicios de introductor para hacer venir las máquinas necesarias para
perfeccionar la zapatería"; Tulio Ospina (miembro de la cofradía, hermano de Pedro
Nel y socio de Ospina Hermanos) donó un local ("Las Perlas") en 1897, para
ayudar a los talleres 14; el socio Jesús María López
pidió en 1904 treinta bultos de hilo importados de Londres, "que serán cedidos á
los talleres en condiciones muy favorables"15. También
se concedieron favores y se realizaron negocios con los empresarios: "el 16 de mayo
último (1904) se dio prestada á la compañía Antioqueña de tejidos la máquina
desmotadora de algodón y el 14 de junio se le compró a D. Manuel J. Alvarez una máquina
de lavar ropa y lana por $904" 16. Por estos mismos
años (1907) se afirma que los tejidos habían "dado en el año [un] rendimiento
superior á los anteriores" 17. Los intereses privados
de los socios de la cofradía a menudo se hacen explícitos: "Tenemos socios de
ingenio fecundo y práctico que sabrán inventar recursos y hacer productivas las
industrias á que la mujer puede consagrarse. El hecho existe; no falta más que
ampliarlo" 18. Aun si admitimos las dificultades
financieras, debido a que, a pesar de la venta de sus productos, los egresos eran
superiores a los ingresos, es bueno recordar que el gobernador, empresario y hombre de
gran fortuna don Eduardo Vásquez Jaramillo, a partir de 1909 y durante los dos años de
su mandato, donó para fines caritativos todos sus salarios para "ciertos
establecimientos de caridad y de algunas familias vergonzantes". La Sociedad San
Vicente de Paúl (de la cual formaba él parte) se encargó de la distribución del dinero
que en el primer año ascendía a la suma nada despreciable de $290.700 19. Aunque esta suma tan importante hubiera podido reforzar y
sanear las finanzas de los talleres, ya en los informes de estos años y los anteriores se
dejó traslucir que los talleres se dejarían morir lentamente: "[...] y si la
misericordia de Dios no interviene, no es difícil que tengamos que pasar por el dolor de
abandonar aquellos niños" 20. Los directivos de la
Sociedad hubieran podido interpretar la donación del gobernador como un signo de la
"providencia", como lo hicieron en otras ocasiones con eventos similares. No
obstante, prueba de que la suerte sobre los talleres ya estaba decidida desde años atrás
se puede verificar a través de varios indicios. Tal vez el más significativo fue la
utilización del salario anual donado en 1910 por el gobernador, del cual ni un peso fue
destinado a los necesitados talleres de San Vicente, mientras que en el primer año de la
donación el hospital de San Juan de Dios y las hermanas salesianas recibieron $107.000 y
se destinaron $64.000 para las raciones distribuidas por las cocinas económicas, a pesar
de que durante mucho tiempo se había predicado que era mejor preparar para la vida
("bien armée pour la vie!"), que era preferible "dar trabajo á dar
alimentación" y que las limosnas podían hacer perder los hábitos de trabajo 21.
En estas circunstancias, se debe destacar
el contraste entre la simultaneidad del año de recepción de esta donación (especie de
bonanza de la Sociedad San Vicente) y el cierre de los talleres. También resultan
paradójicas las palabras con que se refiere el informe al "sueldo del
Gobernador" y al papel desempeñado por la Sociedad San Vicente:
Indudablemente la tarea más grata
para el Consejo Directivo ha sido la distribución de los sueldos del Señor Gobernador,
donación supremamente grande y que no alcanzamos nosotros á alabar como es debido
22
.
Trataré de responder a esta aparente
paradoja. El éxito que se había obtenido en los talleres, tanto en la fabricación como
en la realización de sus productos en el mercado, y la significación que tuvieron para
las industrias antioqueñas, se puede verificar a través de los informes de los
presidentes de la cofradía y de otros documentos. Se tenía, además, conciencia de ello:
en 1896 y con motivo de la cesión de un local (Casa de la Ladera) para el uso de los
talleres de San Vicente, el gobernador, en carta dirigida al director de la sección
docente de la Sociedad San Vicente, afirmaba lo siguiente:
[...] Los talleres serán la semilla
de algunas industrias de que tanto necesitamos en Antioquia para procurar trabajo y pan á
muchas familias, para ir libertándonos del tributo que pagamos al Extranjero por lo que
consumimos, lo que casi siempre es tributo á la vanidad que nos cuesta más de lo que
producimos, lo que mata las costumbres modestas é impide el ahorro. La industria manual
apartará á muchos jóvenes del camino ruinoso de la empleomanía, abrirá otros campos
á la juventud que no sean los rutinarios de la jurisprudencia, la literatura y la
medicina estériles en la mayor parte de los casos, y en donde al fin se entra en el de la
política que mata el juicio, la independencia del carácter y las fuerzas fecundas del
individuo. La educación del espíritu en las doctrinas del evangelio y el trabajo de las
manos son los puertos seguros de todos los progresos; los gobiernos deben procurar de
preferencia abrirlas á los jóvenes; todo lo demás viene naturalmente
23
.
En realidad, al revivir
retrospectivamente la historia de los talleres, se puede afirmar que sus efectos
constituyeron una ventaja para la implantación de ciertas industrias en Antioquia. Su
efecto más importante fue la exploración del negocio de los telares y la industria del
tejido. Al estudiar con cierta atención la evolución de los telares, íntimamente
ligados a la suerte futura de los talleres de San Vicente, es clara su relación con la
posterior industria textil. Esta idea se puede corroborar también con algunos testimonios
de personas que estuvieron ligadas a su fundación y desarrollo posterior, así como con
artículos aparecidos en la prensa, documentos o reseñas históricas acerca de la labor
de la cofradía.
Para 1897: "[...] se cuenta con 14
telares, en los que se trabajan mantas, camisetas, cobijas y otras telas con la mayor
perfección que es posible, dado el estado incipiente de esta industria entre
nosotros" 24. Desde entonces, la sociedad San Vicente
trató de obtener la exoneración de los impuestos para la introducción de materias
primas y se quejó de la competencia de las telas extranjeras. Resulta muy significativa
la manera como sus directivos justifican esta acción, al afirmar que no consideran
injusta su petición: "[...] dada la carencia de industriales del país á quiénes
pudiéramos perjudicar con la exención, y a que nuestros talleres de huérfanos es una
fundación de fines altamente sociales, que debe ser mirada con particular
deferencia" 25.
Desde su fundación, se persiguió no
perjudicar a los artesanos de la ciudad y se escogió el ramo de tejidos, pero poco se
habla de la competencia recíproca que significaron las industrias textiles para los
talleres de San Vicente, aunque la comercialización de sus productos sí les planteaba
algunos problemas de tipo filosófico:
[...] Bien quisiéramos no tener que
pensar en que los niños trabajaran en cosas de producto inmediato, sino siempre en
adquirir aprendizaje; pero, ¿y con qué los alimentamos y vestimos?
26
.
Las necesidades de recursos financieros
los llevaron a convertirse cada vez más en una empresa con ánimo de lucro y a operar con
una lógica de mercado, y esta circunstancia los convirtió (así fuera virtualmente) en
competencia para los capitalistas en ciernes (y viceversa). Esta situación los llevó a
explotar cada vez más su mano de obra forzada, constituida por niños huérfanos, en el
sector más dinámico que eran los telares, distorsionando en la práctica los objetivos
benevolentes de la institución. Una consecuencia "perversa" de esta situación
la ilustra el hecho de que al maestro de tejidos de cabuya se le concede, en 1904, el
derecho al 50% de los productos netos de los artículos que fabrique en los talleres,
"[...] siendo de su cargo la mitad del valor de la alimentación de los niños que
emplee en esta industria" 27. No es difícil imaginar
que esta situación no era sostenible por mucho tiempo e iba en detrimento de los niños y
en contravía de los fines proclamados por esta institución:
Los mismos niños comprenden que los
tejidos son la principal industria del Establecimiento y se han esforzado de tal manera
por sostenerlos que, á pesar de la gran reducción de personal, la producción fue mayor
que en los años anteriores
28
.
A raíz de una "exposición
industrial" realizada en Medellín en 1906 y organizada por la Sociedad San Vicente
de Paúl, el periódico La Patria celebró con admiración, se regocijó de la calidad de
los productos realizados por los niños de la Sociedad San Vicente y anotó también su
conexión con la industria textil:
[...] Ellos [los niños] que no
cuentan con más capital que su misma labor y lo que la caridad pública les ofrece; ellos
que tienen que trabajar a trueque de vivir, no pueden darse el lujo de
fabricar objetos especiales para la Exposición; sin embargo los productos exhibidos
revelan por su calidad y méritos ser hijos de un esfuerzo remunerado. Hermosas y finas
telas de lana y de algodón, de colores armónicamente combinados, en hamacas, tapices y
muchos otros artículos de fácil expendio en el comercio [...]. Estos talleres
pueden considerarse como el núcleo inicial del desarrollo de la industria textil en
Antioquia
29
.
El estudio de Hernán Darío Villegas
atribuye al supuesto viraje dado por la Sociedad San Vicente de Paúl y liderado por
Carlos E. Restrepo, en el sentido de transformar "la caridad individual e
indiscriminada" por otra organizada con propósitos sociales y en especial dirigida a
la formación y capacitación de trabajadores, como una de las razones para que su
propuesta fuera rechazada por el Consejo General de París, y la Sociedad San Vicente de
Medellín tuviera que "desprenderse" de la Sociedad parisina, aunque no da
pruebas al respecto, ni cita fuente alguna como base para esta afirmación 30.
En relación con esta tesis, no se puede
afirmar, si nos atenemos a los estatutos de la Sociedad San Vicente, que la filosofía
fuera la "caridad individual e indiscriminada", y tampoco que hubiera algún
"desprendimiento" de la Sociedad de San Vicente de Paúl de Medellín y la de
París; simplemente, durante algún tiempo cada una funcionó con sus propios reglamentos
y finalmente se acogieron a la Sociedad matriz de París las de Bogotá y Medellín. Por
nuestra parte, no encontramos en ninguno de los documentos estudiados indicios de
contradicciones en este sentido. Me inclinaría más a pensar que la contradicción, si la
hubo -que es una hipótesis para demostrar-, podría basarse más en principios
filosóficos, como, por ejemplo, la utilización de los niños y de su trabajo forzado
para autofinanciar los talleres, en vez de utilizar para este propósito las limosnas y
canalizarlas hacia esos fines o, al menos, no hacer depender la suerte de los talleres de
su rentabilidad y, por ende, de la explotación de la fuerza de trabajo.
Los talleres cumplieron varias funciones,
como experiencia previa al montaje de las empresas textileras: por una parte, explorar la
factibilidad o posibilidad técnica de su producción; por otra parte, estudiar la
respuesta del mercado a los productos, puesto que éstos se producían para la venta;
también poner a prueba la capacidad de la mano de obra no calificada para realizar estas
labores y, por último, una de las más importantes, en mi opinión, capacitar mano de
obra para la industria y moldearla conforme a los cánones de la época; es decir, de
acuerdo con ciertas prácticas de moralidad y docilidad frente a los patronos:
[...] La delicadeza y aseo de los
tejidos, la atinada distribución de las tintas y la elegancia de las obras, revelan
juicio, método y muy avanzado aprovechamiento. Ya puede contar allí Antioquia
con un grupo de jóvenes que no muy tarde serán hábiles obreros, hombres muy útiles y
recomendables, por sus conocimientos esencialmente prácticos y de costumbres rigurosas y
ejemplares
31
.
Aparte de "formar oficiales
empíricos", el médico Manuel Uribe Ángel afirmaba que el "plantel", al
lado de la práctica, desenvolvía "provechosa teoría en la mente de los
alumnos"32.
Son reveladoras las palabras que Carlos
E. Restrepo dirige a los niños de los talleres de San Vicente al finalizar el año 1892,
y constituyen un magnífico ejemplo de aquel tipo de legitimidad y de dominación que
prevaleció y coexistió con el proceso de industrialización en Antioquia y al cual el
sociólogo alemán Max Weber denominó tradicional:
La Sociedad San Vicente de Paúl no
hace más que cumplir una misión divina al proporcionarnos instrucción moral y material,
y prepararnos a que cumpláis la vuestra rectamente que no es otra que la de obreros
asiduos y ejemplares.[...] sed siempre dóciles y sumisos.[...] respetad y obedeced a
vuestros superiores, sed laboriosos, y esto es bastante
33
.
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El médico y
geógrafo Manuel Uribe Ángel, socio de la sociedad San Vicente de Paúl retratado en 1899
(Tomada de Melitón Rodríguez, fotógrafo. Momentos, espacios y personajes,
Medellín, 1892-1922, Biblioteca Pública Piloto y Comisión asesora para la Cultura,
Medellín 1995).
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La función de doble propósito que
cumplía la Sociedad de San Vicente y en particular sus talleres, tanto para el socorro de
las clases menesterosas como para los ricos, se expresa claramente en el
"discurso" que manejó la Sociedad San Vicente. Así, por ejemplo, en el primer
decenio de su fundación:
Ella es vínculo, a veces invisible,
pero siempre poderoso entre el rico y el pobre, y haciendo el bien sirve a todos: al
pobre, porque le alivia las dolencias de alma y cuerpo, [...] y le enseña á amar á los
acomodados que indirectamente le socorren; á estos, porque encuentran quien les forme
obreros hábiles, respetuosos y honrados
34
.
En 1897, el informe anual de la Sociedad
San Vicente, en la sección pertinente a los talleres, se refiere a la
"ineptitud" de algunos de los aprendices para los trabajos manuales y para
comprender algunas materias primarias que se les enseñaban. Se recuerda que algunos
capitalistas de Medellín (ligados a la sociedad San Vicente, como Pedro Nel Ospina)
habían ofrecido engancharlos para trabajar en la ferrería de Amagá y se propone,
además, el envío de los niños que resulten "inútiles para los trabajos
manuales" a trabajar "en labores propias de su edad y condición"; por
ejemplo, en los cafetales o en las trilladoras. Se afirma de manera pragmática por parte
del director y sin el menor asomo del "espíritu" vicentino, que supuestamente
animaba a la cofradía, que ante todo había necesidad de evitar
"que los
niños vayan á los talleres nada más que a engordar"35.
A la hora de la verdad, el pragmatismo de los comerciantes y hombres de negocios se impuso
sobre las consideraciones de otro género y, a través de este y de muchos ejemplos, se
puede apreciar la perspectiva de una clase que miraba a los pobres con distancia y con el
tamiz de la jerarquía propia de una sociedad polarizada, en términos de riqueza,
educación, oportunidades, etc.
Los egresados o los alumnos que llegaban
a una edad adulta (21 años) generalmente eran "colocados" en establecimientos o
empresas de la ciudad, convirtiéndose así los talleres en una "bolsa de
empleo": así, por ejemplo, en 1897, se informaba de un egresado que "fue puesto
como dependiente en la botica de los Sres. Isaza y Escobar", otro en una sastrería
"dirigida por dos caballeros honorables" y un tercero "nombrado maestro del
taller de zapatería" 36. Los talleres se preocuparon
también de "la transición de la vida de comunidad, sujeta á reglamentos, á la
vida libre e independiente", permitiendo a sus antiguos alumnos el alojamiento
nocturno en el taller y, para tal efecto, se estaba construyendo un "edificio"
en 1899 37. Por otra parte, los talleres reconocieron (al
menos en los estatutos) a los niños, por su trabajo, una participación en dinero y se
les distribuían premios, algunos de los cuales en forma monetaria, a aquellos que se
distinguieran por su aplicación, docilidad y consagración al trabajo; dinero que se
transfería a la caja de ahorros, con el objeto de crear un fondo para el día en que los
alumnos se transformaran en obreros libres, independientes del establecimiento. Esta caja,
creada por la Sociedad San Vicente de Paúl en 1890, según recuerda Roger Brew, prestaba
dinero a los comerciantes de Medellín 38.
Cuando se toma la determinación de
clausurar los talleres, en 1910, "se trató de conservar algo semejante á los
talleres", pero sin los gastos que representaba el sostenimiento de los niños; es
decir, un externado industrial, como el que había para mujeres, pero fracasó, "pues
no fue posible que los niños asistieran sin el aliciente de los alimentos" 39.
No solamente los telares tenían
vínculos con el mercado. El taller de sastrería fabricaba vestidos para una sastrería
de la ciudad y para el mismo establecimiento 40. El de
zapatería "[...] ha recurrido á contratos con comerciantes para el expendio del
calzado, y hasta ahora con magníficos resultados. El último contrato fue con la casa de
los señores María J. de Gaviria é hijos por 500 pares, variándoles los precios por
calidades, formas, etc., etc. y aumentándolos á medida que la materia prima ha
subido" 41.
El hecho de que se tratara de entidades
sin ánimo de lucro, no significaba que no se buscara -y aquí radicó su principal
contradicción- que el trabajo realizado pagara los costos de funcionamiento:
Insisto sobre lo que alguna vez os
dije, al tratar de fundaciones de esta naturaleza: ellas deben funcionar bajo el estricto
régimen del self-government; esto es, que vivan de sus propios productos, sin
admitir subvenciones. Los establecimientos industriales de esta clase podrán crearse,
pero no pueden sostenerse de limosna
42
.
Siguiendo este principio, la memoria de
1899 sostuvo, en relación con la carpintería, que las reparaciones realizadas en los
mismos talleres, así como los muebles fabricados para necesidades internas, "valen
más del déficit que hay entre los gastos y el producto" 43.
Pero en estos casos, por lo visto, sí se aceptaron las "subvenciones"
provenientes del trabajo no remunerado de los huérfanos.
Desde 1895 se pensó en comprar una
imprenta, y así se hizo algunos años después; en 1906 se compró la imprenta La Verdad,
que venía funcionando en Medellín con este nombre. Sin embargo en este mismo año se
entregó el local de "La Ladera", que solicitó la gobernación "para
cuartel de un batallón de la guardia nacional" 44.
Resulta congruente con la interpretación
anterior la reacción de entregar, sin oponer ningún tipo de resistencia, el local que
les había cedido la gobernación para los talleres y la declaración del inminente fin de
éstos, que, aun cuando subsistieron por algún tiempo más en otros locales, estaban
desde entonces condenados a "caerse o arruinarse", según la fórmula
anteriormente citada, pero por voluntad de los dirigentes de la Sociedad San Vicente. Para
ilustrar como se buscaba el pretexto legitimador del cierre, el informe del presidente de
la Sociedad en 1906 resulta una buena prueba:
Se fincaban grandes y fundadas
esperanzas de pingües rendimientos en el cultivo y manufactura de textiles; pero la
privación del local adecuado ha derrumbado el castillo de tan grandes ilusiones
45
.
No obstante, el informe señaló
claramente que "el Consejo [de la cofradía] podría haber rehusado entregar la
casa"; sin embargo (y esto no es gratuito), no lo hizo, y por otra parte, se ha
podido constatar que sí había resultado buen negocio o al menos lograba pagar los costos
de mantenimiento y, salvo algunas coyunturas difíciles, las diferentes secciones lograban
(inclusive las de ramos diferentes de los textiles) una buena acogida para sus productos.
Recordemos, al respecto, el resumen del informe del siguiente año (1907) y cómo, a pesar
del cambio de local, la situación no era desesperada. Por lo demás, sus nexos con las
industrias textileras sí eran muy claros:
Tejidos. Son la fuente de entrada
de los talleres y han dado en el año rendimiento superior á los anteriores. En 13
telares se fabrican mantas, camisetas, ruanas y colchas de dril, tapiz y reata de cabuya.
Se compran en el año 48 bultos de hilo y pabilo á los señores Steinthal y Cía, 16 á
Alejandro Echavarría é hijo y 2 á Cortés, Duque y Cía.
Se han manufacturado en el año 2.645
yardas de tapias, 2.833 camisetas, 100 costales, 6.225 varas de manta, 28 colchas, 494
ruanas, 17 alfombras y 3.723 varas de reata. Siguen ocupando los talleres el local
alquilado al Gobierno en San Juan de Dios
46
.
Se proseguía también enseñando a los
niños zapatería, carpintería y hojalatería.
Las memorias de 1904 del presidente de la
Sociedad San Vicente, son muy claras en afirmar que, a pesar de las dificultades por las
que atravesaban los talleres, el balance final (entradas y salidas) no era negativo:
No obstante los crecidos gastos
ocasionados por el alto precio de los artículos alimenticios, los productos de los
Talleres en este año son superiores á los de los años anteriores, y las entradas,
incluyendo el valor de la mercancía que hay para la venta, valen más que las salidas
47
.
En 1904, el gobernador Clodomiro Ramírez
ordenó el pago de $40.000 aprobado en el año anterior por la asamblea departamental y
"á pesar de la muy difícil situación del tesoro del Departamento" 48. Durante 1908 se informó de una donación de $50.000 para
los talleres 49.
Vale la pena recordar que en 1904 los
talleres contaban con 97 niños, cifra respetable para el tamaño de las empresas de
comienzos de siglo. Como puede cotejarse, los productos tenían buena acogida en el
mercado y las inversiones en máquinas muestran que la situación de la Sociedad San
Vicente no era nada desesperada.
Por estas razones y otras que se
analizarán en seguida, es difícil pensar que los talleres hayan sido suprimidos por
motivos meramente financieros o por una mala coyuntura. Pero sí se puede inferir una
competencia cada vez mayor con las empresas textiles:
La irregularidad en el despacho de
hilos del exterior ha producido trastornos en el trabajo de tejidos hasta dejar inactivos
14 telares de los 21 que tiene el establecimiento. Para suplir esa falta se compraron en
la plaza 25 bultos de hilo blanco á precios tan altos, que dejaron poco más provecho que
el tener ocupados a los niños [...] Por uno de los próximos correos deben llegar 30
peines de acero para telares, pedidos á Londres, con los cuales mejorará mucho la
calidad de las telas y podrá hacerse tapiz de cabuya igual en calidad y hermosura al de
fibra de coco que se introduce del extranjero
50
.
A partir del decreto de 30 de mayo de
1908, se obtuvo la concesión de las exenciones en fletes e impuestos que ya se había
otorgado cinco años antes, desde 1903, a la Compañía Antioqueña de Tejidos:
"[...] o sea exención de flete férreo y de todo impuesto Departamental o municipal
para la materia prima que introduzca. Consiguió, además, que el Distrito eximiera
también á la sociedad de impuestos municipales de consumo y de aduanilla"51.
Esta situación los colocó en una
situación más competitiva frente al privilegio que había significado esta medida para
las empresas textiles y seguramente influyó en la suerte corrida por éstas, un año
después.
La idea de los talleres también se
utilizó a partir de 1896 por la Asociación del Sagrado Corazón, que creó, con auxilio
de la Sociedad San Vicente, un taller para artes domésticas, en donde se capacitó a las
"niñas sin fortuna". Se consideró que a la "clase pobre" lo que más
le interesa es aprender "los oficios propios de su clase": "[...] porque
una niña que aprenda geografía, música, canto y lea libros de pura literatura moderna,
jamás servirá ni para cocinar, ni para ninguno de los oficios caseros". Se invitó
también a esta sociedad para que sirviera de bolsa de empleo "con las sirvientas que
tengan necesidad de colocarse, y con lo que tal vez se moralizaría este ramo que es el
que mortifica mucho á las familias" 52.
Por otra parte, la denominada Sección de
Amparo de la Sociedad de San Vicente de Paúl anunció, desde 1897, la creación de la
"Agencia de los pobres": "[...] la que tenía por objeto formar un Registro
de todos los trabajadores que quisieran apuntarse para solicitarles trabajo. Ese registro
llevaría varias casillas en las que conste el nombre del obrero que solicita trabajo, la
ocupación, precio del salario, referencias de su conducta, etc.".
Esta Sección informó, apenas
despuntando el siglo, haberse ocupado de una obra que sostuvo durante algunos años, el
"Externado industrial de San Vicente", creado en 1899; "destinado á la
formación de obreras para algunas artes é industrias, se ha aplicado, por ahora,
preferentemente á la enseñanza de la tipografía y de la fabricación de sombreros de
paja. Está compuesto por 30 señoritas escogidas por su pobreza y delicada situación
entre muchas que en él han solicitado colocación: veintidós de ellas se dedican á la
tipografía y 8 á la confección de sombreros" 53. El Externado Industrial de
San Vicente, como en el caso de los talleres, tenía nexos con la empresa privada: compró
en 1905 una prensa a don Félix de Bedout (dueño de la Tipografía Bedout y miembro de la
cofradía), por la suma de $40.500, e inició el montaje de un taller de costura por esta
misma época 54.
En 1909 se compró al mismo empresario
una prensa moderna en $100.000, y sucesivos informes afirman la capacitación de mujeres
en el campo de la tipografía y encuadernación y su enganche posterior por las empresas
más importantes de éste género en la ciudad. Así, por ejemplo, el informe de 1906 se
refiere a cinco alumnas que fueron enganchadas por la industria privada así: dos en la
tipografía del señor Félix de Bedout, dos en la fábrica de tejidos de Bello y una en
la telefónica 55. Durante 1910, la misma fuente citó el
caso de "11 niñas colocadas en otras tipografías" 56.
Igualmente, se realizaron cursos de costura "en obra de sastre" y de farmacia
por parte de uno de los "consocios" de la Sociedad, con la idea, en el primer
caso, de sustituir trabajo masculino por femenino y "[...] con el apoyo de algunos
empresarios, servicio que ha sido prestado hasta hoy por hombres, al menos en esta ciudad,
y que está en tal grado de desmoralización que urge cambiar este personal" 57.
Es interesante constatar que la elección
de los oficios tenía, como hemos visto anteriormente, sus razones, a menudo morales, como
en el caso de los sastres y de las empleadas domésticas. Desde 1897, los informes se
refieren a la fundación de talleres en materia de zapatería y de imprenta en los
siguientes términos:
Así como la conveniencia de
introducir reformas al gremio de zapateros determinó a la sección á fundar el taller de
la materia, la de mejorar el de cajistas é impresores, así como la urgencia de
proporcionar trabajo á todos los huérfanos, la hizo pensar en establecer una imprenta
[...]
58
.
Se podría afirmar que el externado
tampoco prosperó por las mismas razones, poco más o menos, que los talleres. Como prueba
citaremos los mismos Informes de la Sociedad San Vicente de Paúl:
Con motivo de las nuevas imprentas que
se han venido estableciendo últimamente en la ciudad y aunque todas ellas miran al
Externado con deferencia y simpatía, el trabajo se ha reducido y los beneficios que él
reporta pecuniariamente son menores como consecuencia natural de la competencia. [...]
como se ve, atraviesa este instituto una época difícil, pero esperamos que será
transitoria, especialmente si el apoyo del público nos favorece 59.
Finalmente, es bueno recordar que en el
caso del externado industrial se siguió el principio de no invertir "ni un solo
centavo de sus fondos, en la fundación, sostenimiento y desarrollo del externado" 60. En otras palabras, se rigieron por una lógica de mercado e
inclusive se pagaban salarios de acuerdo con el trabajo y, como las muchachas eran
"externas", tuvieron que resolver sus problemas de subsistencia por fuera del
establecimiento. En el caso de los talleres, también se les daba una participación en
dinero, que iba a la caja de ahorros.
La educación en los talleres estuvo
reforzada con normas disciplinarias, requisitos religiosos para el enganche de profesores,
normas para el adorno de las paredes: cuadros de la crucifixión, de San Vicente de Paúl,
varios cartelones con máximas morales, etc.
61.
Pero no todos los niños soportaron la
disciplina, y las fugas del plantel se reportan de manera casi habitual en los informes
anuales. El informe de 1899 dice al respecto:
La disciplina en general ha sido
regular y el signo más marcado de su relajación el de las muy frecuentes fugas, bien que
casi todas ellas han sido provechosas para el establecimiento, por la mala calidad de los
fugados, perezosos en sumo grado y del todo ineptos para el trabajo
62
.
En otros informes, como el de 1896, se
habló de siete fugas y de la necesidad de capturarlos, lo cual nos recuerda que la
"libertad" de los alumnos de los talleres era nula, y su salida del
establecimiento solamente podía realizarse por voluntad del acudiente o por cumplimiento
de la mayoría de edad (21 años):
De estos fugados se espera capturar
algunos, y espera también que cesará la especie de epidemia que los invadió en los
últimos días
63
.
En síntesis, el éxito de los talleres
industriales (talleres de San Vicente y Externado Industrial) fue al mismo tiempo la causa
de su ruina, porque una vez explorado el negocio, sin riesgo alguno para los empresarios,
y utilizadas luego las experiencias por empresas capitalistas, hicieron más lenta y
difícil la venta de los productos de los talleres, y crearon dificultades financieras en
los establecimientos de caridad, puesto que se consideraba que los costos de
funcionamiento deberían obtenerse a través de la venta de sus productos. Pero se podría
preguntar: si eran buen negocio, ¿por qué no lograban producir el equivalente a sus
costos de funcionamiento? Porque, de acuerdo con la filosofía pregonada por la Sociedad
San Vicente, tampoco estaban interesados en "competir" con los empresarios y, a
la hora del cierre, los directivos de la Sociedad San Vicente exageraron la situación
financiera, la cual no parecía tan grave, si se estudian con cierto detenimiento los
informes anuales. La clave del aparente fracaso residió en la combinación de dos
lógicas incompatibles: por una parte, la que corresponde a una entidad de caridad sin
ánimo de lucro cuyo fin era la capacitación para el trabajo de los niños huérfanos sin
recursos y de las mujeres pobres en la ciudad, y por otra, la pretensión de que fuera la
lógica de mercado, a través de la venta de los productos fabricados en los talleres, la
que financiara los costos de funcionamiento de éstos, pero sin querer en ningún momento
competir con los empresarios privados que comenzaban a producir los mismos artículos. El
propósito central, desde que se fundaron los talleres, fue impulsar y servir de fermento
para futuras empresas y capacitar personal, sobre todo "señoritas pobres y
necesitadas de trabajo" o "niños huérfanos". Y en este sentido su
objetivo se hizo realidad y la producción de textiles tuvo un final feliz. A partir de
entonces, las empresas privadas sustituyeron a los talleres en el "discurso" que
buscó influenciar a la opinión pública y al gobierno para que les concediera
privilegios (aranceles, exoneraciones fiscales, etc.), en el sentido de que la redención
de los pobres y de las mujeres "en peligro" eran las industrias.
Notas:
1 Documentos relativos a
la cesión de un local para uso de los talleres, Carta del gobernador Julián Cock Bayer
al presidente de la Sociedad San Vicente, Medellín, Imprenta del Departamento, 1896.
2 Documentos relativos á
la celebración en Medellín del primer centenario de Federico Ozanam, conferencia del
R.P. José Manuel Quirós, S. J., Medellín, 1913.
3 Memoria del
presidente de la Sociedad San Vicente de Paúl, Medellín, 1889, Fundación
Antioqueña para Estudios Sociales (FAES).
4 Roger Brew, El
desarrollo económico de Antioquia desde la Independencia
hasta 1920. Bogotá,
Banco de la República, 1977, pág. 392.
5 Memoria de 1889.
6 Memoria de 1890, FAES.
7 Manuel Uribe Ángel,
"Cartas sobre Medellín", en Revista Literaria, publicación mensual, Bogotá,
julio de 1892.
8 Memoria de 1890, FAES.
9 Memoria de 1904, FAES.
10 Memorias de 1900 y
1901, FAES.
11 Archivo Carlos E.
Restrepo, Correspondencia recibida. (Subrayado nuestro).
12 Memoria de 1896,
FAES.
13 Brew, op. cit.,
págs. 392 y 399.
14 Informe de 1897,
FAES.
15 Informe de 1904,
FAES.
16 Memoria de 1904,
FAES.
17 Informe de 1907,
FAES.
18 Discurso del socio
Carlos E. Restrepo, Memoria del presidente, 1905.
19 Memoria de 1909,
FAES.
20 Memoria de 1909,
FAES.
21 Véanse Memorias del
presidente de 1905 y de 1907; en ésta última, el discurso del socio Carlos E. Restrepo.
22 Memoria de 1910,
FAES.
23 Documentos relativos
á la cesión de un local para uso de los talleres de San Vicente de Paúl. Carta del
Gobernador Julián Cock Bayer al director de la sección docente de la Sociedad San
Vicente de Paúl, Medellín, 1896.
24 Informe de 1897,
FAES.
25 Memoria del
presidente, 1897.
26 Informe de 1906,
FAES.
27 Informe de 1904,
FAES.
28 Memoria de 1909.
29 Joaquín Pinillos,
"Exposición Industrial", en La Patria, 23 de agosto de 1906 (subrayado
nuestro).
30 Hernán Darío
Villegas, La formación social del proletariado antioqueño, Medellín, Concejo de
Medellín, 1990, pág. 225.
31 B. Tejada Córdoba,
"Por los huérfanos", en La Patria, Medellín, 15 de diciembre de 1903.
32 Manuel Uribe Ángel,
"Cartas sobre Medellín", en Revista Literaria, publicación mensual, Bogotá,
julio de 1892.
33 Discurso de Carlos E.
Restrepo, primer decenario de la fundación San Vicente de Paúl.
34 Sociedad San Vicente
de Paúl, primer decenario de su fundación, Medellín.
35 Memoria de 1897,
FAES.
36 Informe de 1897.
37 Memoria de 1899,
FAES.
38 Brew, op. cit.,
pág. 392.
39 Memoria de 1910,
FAES.
40 Memoria de 1899,
FAES.
41 Memoria de 1899,
FAES.
42 Memoria del
presidente, 1905. Discurso del socio Carlos E. Restrepo.
43 Memoria de 1899,
FAES.
44 Memoria de 1906,
FAES.
45 Informe del
presidente, 1906.
46 Informe del
presidente, 1907.
47 Memoria de 1904,
FAES.
48 Memoria de 1904,
FAES.
49 Memoria de 1908,
FAES.
50 Memoria de 1904,
FAES.
51 Memoria de 1909,
FAES.
52 Memoria de 1896,
FAES.
53 Informe del
presidente, 1901, FAES.
54 Memoria de 1905,
FAES.
55 Informe de 1906.
56 Informe de 1910,
FAES.
57 Informes de 1904 y
1911, FAES.
58 Memoria del
presidente, 1897, FAES.
59 Memoria de 1910,
FAES.
60 Véase informe de
1906, FAES.
61 Reglamento de los
Talleres de la Sociedad San Vicente de Paúl, 1889, FAES.
62 Memoria de 1899,
FAES.
63 Memoria del
presidente, 1896.
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