Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 41. Volumen XXXIII. 1996. editado en 1997
 

De la BLAA


¿Cómo nos mira Débora Arango?


¿Cómo la miraban sus contemporáneos y cómo la miramos hoy, nosotros, gente de final del siglo y del milenio??? Tal parece una buena perspectiva para evaluar y dilucidar el sentido de su obra, hoy colgada en la Luis Ángel Arango.

Inquietante en sus distintas significaciones de imágenes, formas, colores, materiales, interpelaciones. Polifónica por los caminos escogidos: el retrato, el desnudo, lo social, lo político. Figurativa y expresionista por la semántica de los lenguajes pictóricos. Realista crítica y testimonial por las tendencias conceptuales y de escuela en que se manifiesta su arte.

Débora Arango forma parte sustantiva de la historia del arte colombiano, así no figure en algunas de sus historias, ni se destaque su importancia. Paradójicamente, este hecho, la censura, el veto, le dan nuevas y profundas valoraciones.

Hay que decir que es la pintura de una artista-mujer o de una mujer-artista. Esto le da una significación distinta, peculiar por la perspectiva de su trabajo, de su exploración visual, de su mirada. Es lo femenino viendo lo femenino desnudo. El cuerpo y el alma en su desnudez presentados por Débora Arango. Pues no es sólo que un desnudo lo pinte una mujer. Que la condición humana de los miserables, humillados y ofendidos, de los infames, como dice Foucault, los pinte una mujer. Que el 9 de abril, las violencias, la protesta estudiantil, la dictadura militar, la crítica y caricatura de Alberto Lleras y Guillermo León Valencia los pinte una mujer. Ni que una mujer satirice ácidamente a otra mujer, como en el caso de doña Berta. Porque bien hubiese podido no suscitar reacción alguna.

Lo que produce una censura y reacción tan enconada de Laureano Gómez como dueño de la moral, la tradición, el orden, los valores y el partido conservador es que Débora Arango es una artista, con todas las de la ley. Con los cánones de formación académica, estudios, disciplina y trabajo. Con obra hecha y por hacer, en pleno proceso de madurez, de fortalecimiento espiritual, de búsqueda e imaginación. Es la misma razón por la que curas y arzobispos la censuran y la estulticia de exponentes de las clases altas se escandaliza ante su obra. Ahí está el detalle. En esa combinación de ciertos temas, lenguajes, simbolismos, escuelas y quien lo hace. Una mujer-artista.

La artista podrá expresar su estética: "Un desnudo no es sino la naturaleza sin disfraces, tal como es, tal como debe verlas el artista: un desnudo es un paisaje en carne humana". "Mis temas son duros, acres, casi bárbaros, por eso desconciertan a las personas que quieran hacer de la vida y de la naturaleza lo que en realidad son". "Mi especialidad es la figura, naturalmente, y más que la figura la expresión", y este aforismo que Débora inscribe como divisa y lo es de todo artista y todo arte genuinos: "Yo tengo la convicción de que el arte como manifestación de la cultura, nada tiene que ver con los códigos de la moral. El arte no es amoral, ni inmoral. Sencillamente su obra no intercepta ningún postulado ético".

Débora Arango gozó del aprecio y reconocimiento de otros. De Jorge Eliécer Gaitán, quien como ministro de Educación promovió una exposición suya en el Teatro Colón de Bogotá, que tuvo que ser cerrada ante la ruidosa oposición de Laureano Gómez. De los periodistas liberales y de izquierda, los escritores, sus colegas, pintores y escultores. El arte de Débora Arango polarizaba, provocaba, interpelaba. Rasgaba los velos de la hipocresía, los dogmas y la mojigatería.

Una pintura de lo prohibido y de lo escandaloso. Lo que se muestra es lo más nocturno, como la prostitución, y lo más cotidiano de la existencia. Allí en esa pictórica hay una estética de lo social y de lo popular, toda una violencia concentrada, también gestual, toda una ofensa, una humillación que ninguna pintura o muy pocas y también pocas literaturas han podido asumir. ¡Era lo que sentía esta artista y de qué forma!!! Ella penetra en la vida oscura, el prostíbulo, la soledad del desnudo, el sexo expuesto y expósito. La prostituta es el personaje de Débora, como mujer desnuda o puesta en escena, como en Amanecer y en Amargada. Y ese cuadro de hombres viciosos y grotescos, verdaderamente infames, que nos lleva a la presencia de las ausentes en el prostíbulo: Los que entran y los que salen.

Darío Ruiz Gómez, en El icono de lo Marginal, ha escrito: "Sirvientas, borrachos, prostitutas constituyen lo que es asocial o antisocial en la media en que están fuera del código, —normas, principios, modelos— de la sociedad establecida. El escándalo que acompaña a su obra no se debe tanto a la fealdad de su temática, a sus deformaciones, sino a esta violencia que está implícita en el color liberado, en la manera como llega a conferir carácter de iconografía a ese mundo que la institución quiere olvidar".

El desnudo es maravilloso en todas las épocas y circunstancias del arte. Es volver a la verdad de lo humano. El más democrático de los motivos según escribe en El erotismo en el arte el crítico Gilles Néret.

Hay que decir que la pintura política en Débora Arango es otra cosa. Trae relación y está en el contexto de su inventario, de su repaso de retratos, desnudos y mundo de la vida de las gentes humilladas y desesperadas. Es distinta de la crítica social. La hay como testimonial alegórica en su abigarrado Gaitán. Satírico a la manera del Burundún Burunda como en 13 de junio, La justicia, Melgar; La huelga de los estudiantes y Junta militar. Drama y tragedia a la manera de Viento seco, como en Tren de la muerte y El cementerio de la chusma o mi cabeza.

Patricia Gómez, Alberto Sierra y Beatriz González han elaborado las presentaciones de contexto, influencias y significados en el catálogo de esta exposición retrospectiva. Jorge Orlando Melo ha escrito el mayor elogio: "[...] la obra de la más importante y significativa artista colombiana del siglo XX, y cuya vigencia depende tanto de sus innegables cualidades estéticas como de su peculiar relación con los procesos culturales de su tiempo".

La clave de la actualidad de la pintura, de la permanencia, es para mí, la expresión, la mirada de sus desnudos y personajes. La clave me la dio volver a ver ¿Qué hay de nuevo?, de Gauguin.

RICARDO SÁNCHEZ