Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 41. Volumen XXXIII. 1996. editado en 1997
 

Las voces del estrafalario Leo


El múltiple rostro de León de Greiff
Luis Suardíaz
Instituto Cubano del Libro y Editorial Arte y Literatura de la Universidad del Valle, Cali, 1995, 60 págs.


En un elegante y bien diseñado librito, el Instituto Cubano del Libro y la Editorial Arte y Literatura de la Universidad del Valle entregan el ensayo El múltiple rostro de León de Greiff, de Luis Suardíaz (Cuba, 1936), primer premio del Concurso Próspero Morales Pradilla, que se efectúa en La Habana, y cuyo fallo fue dado el 18 de julio de 1994 por los jurados Carlos Vásquez Zawadzki (Colombia), Armando Cristóbal Pérez (Cuba), Eduardo Heras León (Cuba) y Waldo Leyva Portal (Cuba).

En suficientes cincuenta páginas Luis Suardíaz le rinde un homenaje cálido y amigable al poeta antioqueño que, como él mismo lo anota, le deparó gran influencia en su propia poesía y por quien sintió admiración, antes y después de conocerlo personalmente.

Sin ser muy exhaustivo, el valor del ensayo radica, fundamentalmente, en la mirada panorámica que el autor extiende por las épocas literarias que le tocan vivir al poeta, tanto nacional como internacionalmente, y de donde, muchas veces sin proponérselo, se desgranan sus poemas, o, mejor, el tenor de sus poemas.

Esos recuentos, poco académicos y sí bien ubicados y bien hilvanados, se constituyen en una ayuda para el lector que aún no ha entrado de lleno en la obra de León de Greiff. Una ayuda que, aunque no solicitada, es siempre mejor tener a la mano. Máxime si se trata de una figura como la del autor de Tergiversaciones, irreverente, transgresora, locuaz, que poco o ningún valor les daba a las tradiciones y las escuelas.

Dice Suardíaz al comienzo del cuarto capítulo: "Ha sido tal el desconcierto, aun entre atinados críticos y buenos lectores, ante la compleja poesía de León de Greiff, que a veces se olvida su costado más directo, el más ganado por un nuevo, peculiar romanticismo, cerca del mejor Darío, aunque deudor también de la nueva lírica, pero, en todo caso, accesible a los lectores, a los oyentes de poesía, numerosos y ávidos; ignaros no, sino apegados a músicas ya establecidas" (pág. 43).

De Greiff es uno de aquellos poetas de los cuales suelen contarse más historias, anécdotas, datos biográficos, y hacerse más denuestos o panegíricos, que leerse con verdadera atención.

Quizá ello lo explique, por un lado, su propio gusto de polemista, excéntrico y gozón desacralizador y, por el otro, la vastedad y el particularísimo tono de su obra, en muchas ocasiones sacrificada en pos de la sola musicalidad. Lo anterior no justifica las pocas críticas clarificadoras de su obra, tanto en verso como en prosa. Ese silencio (y confusión) ha sido interrumpido, entre otras, por voces como las de Fernando Charry Lara (verdadero faro de nuestra poesía) y Juan Gustavo Cobo Borda, quienes han aclarado importantes aspectos de la poesía degreiffiana y han llamado la atención sobre su real trascendencia en la historia y la vida de nuestra literatura.

Es por ello que el ensayo de Suardíaz resulta, si no decididamente revelador, sí refrescante. Es una mirada desde afuera, exenta de apasionamientos superfluos, y que se interesa por entregar una mesurada imagen de quien ha sido objeto de mucha algarabía.

En cinco capítulos el escritor cubano nos hace un recorrido, desde sus comienzos, por la poesía y la vida de De Greiff, como quien cuenta la historia de un cercano amigo. Son estos capítulos: Aventuras y fábulas de un tergiversador, Antioquia tuvo que ser, Un narrador a la altura del verso, Una rosa fue testigo de la hiriente soledad y La hora de los testimonios.

Por allí, como digo atrás, pasan movimientos y escritores con los cuales tuvo qué ver el poeta y en los cuales se detuvo algún momento, o simplemente desdeñó desde su olímpica soledad estrafalaria (y única).

No hay indicios de gran erudición en este ensayo, pero sí de juicioso estudio y de una limpia prosa que respalda esa dedicación. Siendo un homenaje decidido, no es empalagoso, exagerado ni obvio. Es justo en la medida de la revelación, de una sentida influencia y de un respeto amigable pero alto.

De quien se pueden escribir (y se han escrito) tantas cosas altisonantes, da gusto leer algo así: "De Greiff participaba, en fin, de saludables insubordinaciones, atendía a los movimientos de vanguardia, se pronunciaba contra los espíritus momificados; pero no se lanzaba al río en un bote cualquiera, ni se apresuraba a echar a saco roto sus primeros poemas simplemente para parecer moderno. [...] él tallaba a conciencia su diamante, aunque esa solitaria dedicación lo dejara fuera de una que otra antología, de uno que otro manual. O le endilgaran el mote de raro, misántropo, exquisito [...]".

Seguramente entre nosotros existen ensayos y críticas decisivas de otros escritores, como los que ya he citado, sobre León de Greiff, pero sin duda El múltiple rostro de León de Greiff no es por ello llover sobre mojado. Es el justo premio de un concurso, y también un merecido homenaje (uno más) al poeta que escribió:

No viene a mí, ni voy a la
                              /montaña.
Ni vasallo ni César, Juez ni
                                    /Reo:
Sergio Estepario. Estrafalario
                                    /Leo.
Con mi tonel. De mi cruz
                                 /cirineo.
Rey de burlas, soberbio, cetro o
                                    /caña
pares le son a mi elección
                                  /huraña.
Dejadme solo.

LUIS GERMÁN SIERRA J.