Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 41. Volumen XXXIII. 1996. editado en 1997
 

Después de tanto silencio


Literatura y diferencia.
Escritoras colombianas del siglo XX
María Mercedes Jaramillo, Betty Osorio de Negret y Ángela Inés Robledo (compiladoras)
Ediciones Uniandes, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1995; t. I, 421 pág.; t. II, 381 pág.


Aunque la distancia que hay entre el título del libro —Literatura y diferencia— y el subtítulo —Escritoras colombianas del siglo XX—, es apenas de unos cuantos milímetros en la cubierta, en el plano teórico es muy significativa. Y esta distancia tiene que ver con la que hay entre literatura femenina y escritura femenina. Mientras la primera alude a una categoría de la historia literaria que designa una serie de obras escritas por mujeres, la segunda hace referencia a un conjunto de rasgos internos de las obras, independientes de quien las escribe 1 . Rasgos que tienen que ver con fragmentos de realidades y mundos interiores que se construyen y desaparecen en cada línea, con múltiples voces que logran hacerse oír al mismo tiempo, con lo incoherente, lo inconcluso, lo imprevisto, con "una práctica no controlada de la creación literaria despojada de su magnificencia y enunciada desde espacios confinados" 2 , que permiten la expresión de otras visiones del mundo. En el desarrollo de esta nueva escritura, el aporte de las mujeres ha sido definitivo; de ahí que su estudio permita un acercamiento a esa expresión alternativa 3 . Y es esto justamente lo que resuena entre el título y el subtítulo de este libro, sugiriendo que en sus páginas se rastreará la manera como esta nueva estética ha sido desarrollada por las mujeres en nuestro país.

Sin embargo, después de leer los treinta y siete ensayos que se recopilan en estos dos volúmenes, se nota un mayor énfasis en el subtítulo; o sea en el estudio de la literatura de las mujeres colombianas, sin hacer una previa selección entre aquella que se rige por los cánones establecidos y la que no lo hace. La mayor parte de los ensayos hacen un recorrido por los textos básicamente desde un punto de vista temático, tratando de indagar hasta qué punto las escritoras se alejan de la ideología dominante y logran una identidad como mujeres adoptando —algunas veces esas mismas posturas del patriarcado que se quieren superar y alejándose, por lo tanto, de esa nueva manera de escribir que se busca construir. Esta orientación se percibe desde el mismo objetivo, planteado en la introducción:

Esta recopilación estudia los caminos que ha recorrido la escritura de las mujeres colombianas y evidencia su rapidísimo avance. En sólo sesenta años [...] se ha pasado de la literatura romántica que idealizaba el ángel de la casa y a la madre ideal, a obras que retan, desde diversas perspectivas, el discurso falocéntrico y asumen el ser mujer.
[pág. XLVI]

Y aunque plantean que

Ellas desarticulan los ejes ideológicos y estéticos de las representaciones convencionales y evidencian la formación de los sujetos femeninos, lo cual implica la disolución del sujeto unificado creado por el patriarcado y por el discurso de la modernidad [pág. XLVI]

las investigaciones hacen más referencia a la manera como se desarticulan los ejes ideológicos que los estéticos. ¿Deja por ello de ser pertinente esta recopilación de ensayos? No. Tal vez lo que no viene al caso sea el título, pues crea una expectativa en el lector que no se logra cumplir del todo cuando ofrece, en cambio, una panorámica amplia de escritos que hablan de la condición de las mujeres colombianas, valiosa en sí misma y no porque, forzosa o automáticamente, forme parte de esa otra literatura.

La tensión que se plantea desde la cubierta se hace presente también en la introducción y en los dos ensayos que abren y cierran el libro. Mientras en el primero, "Expresión, voces y protagonismo de la mujer colombiana contemporánea" de Teresa Rozo-Moorhouse, se muestra el desarrollo del feminismo en Colombia y se hace un recuento de los derechos adquiridos por las mujeres del país, en el último, "La creación del espacio femenino en la escritura. La tendencia autobiográfica en la novela" de Isolina Ballesteros, la autora señala el contexto posmoderno donde ha cobrado una significación especial la escritura femenina y la manera como los discursos de la posmodernidad critican la ideología moderna a través del cuestionamiento de sus presupuestos principales: el sujeto, la verdad, la historia... (pág. 351), caracterizando esos discursos como deconstructivos (pág. 353) y haciendo resaltar, además, que el sexo de quien escribe no es garantía para lograr esta subversión de los valores de la modernidad y esa apertura hacia otros modos expresivos.

Los ensayos están organizados en cinco capítulos. El primero consta de uno solo, el de Teresa Rozo-Moorhouse, que ya se mencionó. En el segundo y el tercero, con treinta artículos sobre las escritoras de poesía y novela (que han debido separarse para organizar y equilibrar la estructura) y dos sobre dramaturgia, respectivamente, se encuentra el cuerpo del libro. En el cuarto y el quinto se presentan cuatro ensayos (tres y uno) que reflexionan sobre diferentes aspectos del quehacer literario femenino, los cuales habrían podido reagruparse en un solo capítulo con el del apéndice.

A través de todos ellos es posible indagar la manera como las mujeres se han visto a sí mismas en diferentes momentos del siglo XX y cómo han vivido la historia del país; el desarrollo de los centros urbanos, la violencia, el surgimiento de nuevas tendencias políticas. Pero sobre todo, es posible explorar el modo como han construido su independencia de los quehaceres de la casa, del cuidado de la familia y han llegado —al menos por momentos y no sin grandes contradicciones— a un manejo de su tiempo, de su trabajo, de su dinero, de sus expectativas y sentimientos. En los ensayos que hacen referencia a las mujeres poetas y a través de los versos que se citan que en algunos casos son más impactantes que los mismos discursos que se articulan alrededor de ellos, es posible hacer todo el recorrido y ver cómo la mujer se ha ido afirmando, palabra a palabra.

La ausencia de sí misma se percibe en poetas de comienzos de siglo; por ejemplo, en la poesía de Blanca Isaza (Abejorral [Antioquia], 1898-1967), marcada por una "no-presencia". Dice en su poema autobiográfico:

/Y he pasado la vida humilde como aquellas fuentes / [...] /He sido ingenua como el chal de encaje/ [...] /Esta autobiografía/fue bien fácil hacerla/si es tan trivial la historia de una vida discreta/ [t. I, pág. 77]

Poemas que, según Gloria Velasco González, la autora del ensayo, "definen el ideal de mujer que ella representa" (t. I, pág. 79). Y la crítica de su momento, al exaltarla con calificativos como tierna, bondadosa, discreta, proyectó ese ideal de mujer plasmado en sus versos (t. I, pág. 79).

Se trata de "una no-presencia" que lleva a la sumisión y que en poetas como Laura Victoria (Soatá [Boyacá], 1910-s.f.) se mezcla con desafío a los valores tradicionales, tal como la presenta Irene Mizhari (t. I, pág. 117). Desafío en una poesía erótica que habla abiertamente de su cuerpo, de la sensualidad.

Contrastan con los versos anteriores los producidos por mujeres nacidas cuarenta y cincuenta años después de las ya mencionadas. Dice Teresa Rozo-Moorhouse, en el ensayo en que estudia la poesía de Guiomar Cuesta Escobar (1951), Amparo Romero (1951) y Mónica Gontovnik (1953), que la temática de estas poetas hace referencia a la existencia de la mujer-sujeto, a la libertad en el amor, al cuestionamiento de los valores tradicionales, a la redefinición del concepto de poder, a la denuncia de actos violentos, al discurso feminista; discurso que es también el del ensayo. Pero, además, plantea que, a pesar de tratarse de mujeres fuertes que portan la bandera de la liberación, hay algunos poemas en los cuales sus personajes se debaten en luchas contradictorias (t. II, pág. 110).

Sólo después de estas grandes rupturas se encuentran citados en estos ensayos versos que aluden a realidades y conflictos que cobijan por igual a hombres y mujeres; por ejemplo, estos versos de Amparo Romero que hacen referencia a un mundo colmado de violencia:

Huir [...] ¿hacia dónde/ si también el firmamento/ está invadido de sangre? [t. II, pág. 125]

O versos, como los de María Mercedes Carranza (Bogotá, 1945), que le permiten cantar la inexorabilidad del paso del tiempo y la fatalidad de la muerte (t. II, pág. 36) como lo hace en su poema Oración. Para Lucía Tono, la autora del ensayo, Carranza logra una técnica de desinhibición que facilita el risueño menosprecio de las convenciones (t. II, pág. 24) sin necesidad ya de enarbolar la "bandera de la liberación".

Los ensayos sobre novelistas y cuentistas se ocupan de las obras de Sofía Ospina (Medellín, 1893-1974), Elisa Mújica (Bucaramanga, 1918), Dora Castellanos (Bogotá, 1924), Rocío Vélez de Piedrahíta (Medellín, 1926), Helena Araújo (Bogotá, 1934), María Helena Uribe (Medellín, 1928), Fanny Buitrago (Barranquilla, 1940), Alba Lucía Ángel (Pereira, 1939), Marvel Moreno (Barranquilla, 1939), Ketty Cuello (San Juan del Cesar, 1951) y Gloria Cecilia Díaz (Calarcá, 1951), entre otras. A través de algunos de estos ensayos es posible mirar, además del nacimiento de esa nueva mujer, la construcción de esa otra estética.

La ruptura de la linealidad del relato la señala Betty Osorio de Negret en el ensayo que hace referencia a la obra de Alba Lucía Ángel (en sus novelas Los girasoles en invierno y Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón y en su colección de relatos ¡Oh gloria inmarcesible!). La construcción de un lenguaje alternativo, despojado de normas y de dogmas retóricos ...que surge desde dentro de la obra, como resultado de la interiorización y recreación de una realidad —poetizar sin dejar de politizar (t. I, pág. 348)—, se analiza en Fiesta en Teusaquillo, la novela de Helena Araújo, y en sus cuentos, según lo anota Myriam Luque en el ensayo "Helena Araújo: la búsqueda de un lenguaje femenino". La construcción de estrategias narrativas alternativas, como la fragmentación y la intertextualidad en Los amores de Afrodita y Líbranos de todo mal, de Fanny Buitrago, y la manipulación de la voz narrativa para explorar la conformación de sujetos y personajes (t. I, pág. 324) en Cola de zorro, también de Buitrago, tal como lo señala Elizabeth Montes en su ensayo. A través de la obra de Marvel Moreno, específicamente de los siete relatos y la novela corta que aparece bajo el título Algo tan feo en la vida de una señora bien, Carmen Lucía Garavito alude a una realidad interior que no tiene cabida en el mundo exterior —regido por convenciones de género, clase y raza— y que sólo se vislumbra a través de pequeñas ranuras, de lo dicho a media voz, de lo que se piensa, se recuerda, se rumora o se supone (t. I, pág. 403). En el tercero de estos cuentos, Ciruelas para Tomasa, Garavito también señala la presencia de voces narradoras de personajes que han padecido la experiencia de la marginalidad social, emocional o económica, como una estrategia que refleja una praxis literaria contradominante ideológicamente (t. I, pág. 411).

Además de estos análisis en que se hace explícita la estética posmoderna, el recorrido que marca el libro es todavía mucho mayor, en algunos casos innecesariamente, pues se incluyen ensayos que poco aportan ("Un ejemplo de narrativa moderna de los años cuarenta: el discurso femenino de Elisa Mújica en su novela Los dos tiempos") o a los que les falta aún mucho trabajo, porque son muy descriptivos, con textos desordenados y citas yuxtapuestas que no se integran ("Susana Vinasco de Quintana y la Alegría de leer", "María Helena Uribe de Estrada: intimidad y trascendencia", "Rocío Vélez de Piedrahíta: la construcción /deconstrucción de los valores tradicionales antioqueños", "La Tertulia: seis escritoras antioqueñas en busca de su expresión"), porque se aplica la terminología crítica de una manera muy escolar ("Ketty Cuello de Lizarazo y la visión de la Costa") o porque hay una gran distancia entre los presupuestos teóricos y el análisis que se hace de las obras ("Siete voces bilabiales en los encuentros de poetas colombianas del Museo Rayo, Roldanillo").

Las escritoras que se convocan en este libro tienen en común, además de su interés por comunicarse a través de la palabra escrita, el haber permanecido en silencio; sus obras han estado —en la mayoría de los casos— por fuera del circuito de las editoriales, de la crítica que tiene acceso a los medios de comunicación y, sobre todo, de la historia de la literatura del país. Silencio que tal vez tenga que ver con el de los personajes de algunas de ellas; por ejemplo, los de Elisa Mújica. Mary G. Berg, en el ensayo "Las novelas de Elisa Mújica", plantea

Las tres novelas de Mújica se centran en los problemas fundamentales de la mujer en el siglo XX: cómo definirse, cómo ser parte de una familia sin hacerse vulnerable a un sentimiento de culpabilidad que paraliza, cómo ser independiente, cómo enfrentar la vida con confianza en sí misma, cómo disfrutar de la sexualidad y de la amistad y cómo vivir simultáneamente una vida pública y una privada. [t. I, pág. 226]

Y bajo esta mirada recorre las tres novelas de Elisa Mújica que analiza: Los dos tiempos (1949), Catalina (1963) y Bogotá de las nubes (1984), caracterizando a las protagonistas por el silencio contra el cual luchan. Catalina, al final de la novela, tiene una segunda oportunidad inesperada para empezar de nuevo, consciente del valor de la palabra y el horror de la palabra suprimida (t. I, pág. 222). El silencio también marca a Mirza, el personaje de Bogotá de las nubes. En ella persiste, según la autora del ensayo, la mirada retrospectiva y muestra la fuerte vinculación que siente con los recuerdos de su madre y de su abuela.

En medio del nombre de tantas mujeres editoras, autoras, ensayistas y personajes llama la atención Jerónimo. Se trata del protagonista de El valle de los cocuyos, relato para niños escrito por Gloria Cecilia Díaz. Jerónimo proviene de un lugar donde las emociones no son reprimidas...se caracteriza por una sensibilidad especial, que no vacila en manifestar continuamente... (t. II, pág. 177) Y es él quien permite "una reformulación del concepto de sujeto tradicional masculino [...] En su lugar, es posible registrar el planteamiento de un ser complejo y abierto, que promueve continuamente la actitud crítica, se resiste frente al poder totalitario, cuestiona la oposición excluyente entre lo femenino y lo masculino..." (t. II, pág. 169). Y como Catalina o Mirza, los personajes de Elisa Mújica, también lucha contra el silencio y el olvido de su historia personal.

No existen en Colombia antecedentes de publicaciones que se ocupen de registrar una panorámica tan amplia de lo que ha sido la escritura de las mujeres del país a lo largo del siglo XX 4 . Tal vez era necesario este primer esfuerzo —mucho más significativo si se tiene en cuenta el poco apoyo que reciben las investigaciones en el campo de la literatura— para reunir todas estas voces en un espacio amplio y democrático y permitirles, al fin, hablar. A través de estas voces podremos constatar que muchos de los gestos que hacemos hoy tienen su origen generaciones atrás, tanto aquellos que nos hacen más libres e iguales frente a los otros como los que no. Y que detrás de esos gestos está el esfuerzo de muchos hombres y mujeres por alcanzarlos o cambiarlos. Testimonios valiosos, además, si se considera que son los únicos con los que se cuenta para rastrear los cambios de mentalidad de nuestra sociedad, pues los hombres, enajenados de su propio sentir por esa misma sociedad patriarcal, muy pocas veces pudieron reconocer sus afectos y sentimientos, mucho menos escribirlos.

BEATRIZ RESTREPO RESTREPO

1. Márgara Russotto, Tópicos de retórica femenina, Caracas, Monte Ávila Latinoamericana C.A., CELARG, 1990, pág. 51.

2 . Ibíd., pág. 52.

3. De allí también que a esa literatura alternativa se le suela denominar como literatura femenina; pero bien pudiera llamarse de otra manera, para evitar confusiones.

4. En el ámbito de América Latina, se cuenta con los libros La Scherezada criolla. Ensayos sobre escritura femenina latinoamericana (Bogotá, Centro Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1989) de Helena Araújo y Escritoras de Hispanoamérica (Santafé de Bogotá, Siglo XXI Editores, 1991), compilación de Diane E. Marting (prólogo y edición en español de Montserrat Ordóñez).