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Después
de tanto silencio
Literatura y diferencia.
Escritoras colombianas del siglo XX
María Mercedes Jaramillo, Betty Osorio de Negret y Ángela Inés Robledo
(compiladoras)
Ediciones Uniandes, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1995; t. I, 421 pág.;
t. II, 381 pág.
Aunque la distancia que hay entre el
título del libro Literatura y diferencia y el subtítulo Escritoras
colombianas del siglo XX, es apenas de unos cuantos milímetros en la cubierta,
en el plano teórico es muy significativa. Y esta distancia tiene que ver con la que hay
entre literatura femenina y escritura femenina. Mientras la primera alude a una categoría
de la historia literaria que designa una serie de obras escritas por mujeres, la segunda
hace referencia a un conjunto de rasgos internos de las obras, independientes de quien las
escribe
1
. Rasgos que tienen que ver con fragmentos de
realidades y mundos interiores que se construyen y desaparecen en cada línea, con
múltiples voces que logran hacerse oír al mismo tiempo, con lo incoherente, lo
inconcluso, lo imprevisto, con "una práctica no controlada de la creación literaria
despojada de su magnificencia y enunciada desde espacios confinados"
2
, que permiten la expresión de otras visiones del mundo.
En el desarrollo de esta nueva escritura, el aporte de las mujeres ha sido definitivo; de
ahí que su estudio permita un acercamiento a esa expresión alternativa
3
. Y es esto justamente lo que resuena entre el título y el
subtítulo de este libro, sugiriendo que en sus páginas se rastreará la manera como esta
nueva estética ha sido desarrollada por las mujeres en nuestro país.
Sin embargo, después de leer los treinta
y siete ensayos que se recopilan en estos dos volúmenes, se nota un mayor énfasis en el
subtítulo; o sea en el estudio de la literatura de las mujeres colombianas, sin hacer una
previa selección entre aquella que se rige por los cánones establecidos y la que no lo
hace. La mayor parte de los ensayos hacen un recorrido por los textos básicamente desde
un punto de vista temático, tratando de indagar hasta qué punto las escritoras se alejan
de la ideología dominante y logran una identidad como mujeres adoptando algunas
veces esas mismas posturas del patriarcado que se quieren superar y alejándose, por lo
tanto, de esa nueva manera de escribir que se busca construir. Esta orientación se
percibe desde el mismo objetivo, planteado en la introducción:
Esta recopilación estudia los caminos
que ha recorrido la escritura de las mujeres colombianas y evidencia su rapidísimo
avance. En sólo sesenta años [...] se ha pasado de la literatura romántica que
idealizaba el ángel de la casa y a la madre ideal, a obras que retan, desde diversas
perspectivas, el discurso falocéntrico y asumen el ser mujer.
[pág. XLVI]
Y aunque plantean que
Ellas desarticulan los ejes
ideológicos y estéticos de las representaciones convencionales y evidencian la
formación de los sujetos femeninos, lo cual implica la disolución del sujeto unificado
creado por el patriarcado y por el discurso de la modernidad [pág. XLVI]
las investigaciones hacen más referencia
a la manera como se desarticulan los ejes ideológicos que los estéticos. ¿Deja por ello
de ser pertinente esta recopilación de ensayos? No. Tal vez lo que no viene al caso sea
el título, pues crea una expectativa en el lector que no se logra cumplir del todo cuando
ofrece, en cambio, una panorámica amplia de escritos que hablan de la condición de las
mujeres colombianas, valiosa en sí misma y no porque, forzosa o automáticamente, forme
parte de esa otra literatura.
La tensión que se plantea desde la
cubierta se hace presente también en la introducción y en los dos ensayos que abren y
cierran el libro. Mientras en el primero, "Expresión, voces y protagonismo de la
mujer colombiana contemporánea" de Teresa Rozo-Moorhouse, se muestra el desarrollo
del feminismo en Colombia y se hace un recuento de los derechos adquiridos por las mujeres
del país, en el último, "La creación del espacio femenino en la escritura. La
tendencia autobiográfica en la novela" de Isolina Ballesteros, la autora señala el
contexto posmoderno donde ha cobrado una significación especial la escritura femenina y
la manera como los discursos de la posmodernidad critican la ideología moderna a través
del cuestionamiento de sus presupuestos principales: el sujeto, la verdad, la historia...
(pág. 351), caracterizando esos discursos como deconstructivos (pág. 353) y haciendo
resaltar, además, que el sexo de quien escribe no es garantía para lograr esta
subversión de los valores de la modernidad y esa apertura hacia otros modos expresivos.
Los ensayos están organizados en cinco
capítulos. El primero consta de uno solo, el de Teresa Rozo-Moorhouse, que ya se
mencionó. En el segundo y el tercero, con treinta artículos sobre las escritoras de
poesía y novela (que han debido separarse para organizar y equilibrar la estructura) y
dos sobre dramaturgia, respectivamente, se encuentra el cuerpo del libro. En el cuarto y
el quinto se presentan cuatro ensayos (tres y uno) que reflexionan sobre diferentes
aspectos del quehacer literario femenino, los cuales habrían podido reagruparse en un
solo capítulo con el del apéndice.
A través de todos ellos es posible
indagar la manera como las mujeres se han visto a sí mismas en diferentes momentos del
siglo XX y cómo han vivido la historia del país; el desarrollo de los centros urbanos,
la violencia, el surgimiento de nuevas tendencias políticas. Pero sobre todo, es posible
explorar el modo como han construido su independencia de los quehaceres de la casa, del
cuidado de la familia y han llegado al menos por momentos y no sin grandes
contradicciones a un manejo de su tiempo, de su trabajo, de su dinero, de sus
expectativas y sentimientos. En los ensayos que hacen referencia a las mujeres poetas y a
través de los versos que se citan que en algunos casos son más impactantes que los
mismos discursos que se articulan alrededor de ellos, es posible hacer todo el recorrido y
ver cómo la mujer se ha ido afirmando, palabra a palabra.
La ausencia de sí misma se percibe en
poetas de comienzos de siglo; por ejemplo, en la poesía de Blanca Isaza (Abejorral
[Antioquia], 1898-1967), marcada por una "no-presencia". Dice en su poema
autobiográfico:
/Y he pasado la vida humilde como
aquellas fuentes / [...] /He sido ingenua como el chal de encaje/ [...] /Esta
autobiografía/fue bien fácil hacerla/si es tan trivial la historia de una vida discreta/
[t. I, pág. 77]
Poemas que, según Gloria Velasco
González, la autora del ensayo, "definen el ideal de mujer que ella representa"
(t. I, pág. 79). Y la crítica de su momento, al exaltarla con calificativos como tierna,
bondadosa, discreta, proyectó ese ideal de mujer plasmado en sus versos (t. I, pág. 79).
Se trata de "una no-presencia"
que lleva a la sumisión y que en poetas como Laura Victoria (Soatá [Boyacá], 1910-s.f.)
se mezcla con desafío a los valores tradicionales, tal como la presenta Irene Mizhari (t.
I, pág. 117). Desafío en una poesía erótica que habla abiertamente de su cuerpo, de la
sensualidad.
Contrastan con los versos anteriores los
producidos por mujeres nacidas cuarenta y cincuenta años después de las ya mencionadas.
Dice Teresa Rozo-Moorhouse, en el ensayo en que estudia la poesía de Guiomar Cuesta
Escobar (1951), Amparo Romero (1951) y Mónica Gontovnik (1953), que la temática de estas
poetas hace referencia a la existencia de la mujer-sujeto, a la libertad en el amor, al
cuestionamiento de los valores tradicionales, a la redefinición del concepto de poder, a
la denuncia de actos violentos, al discurso feminista; discurso que es también el del
ensayo. Pero, además, plantea que, a pesar de tratarse de mujeres fuertes que portan la
bandera de la liberación, hay algunos poemas en los cuales sus personajes se debaten en
luchas contradictorias (t. II, pág. 110).
Sólo después de estas grandes rupturas
se encuentran citados en estos ensayos versos que aluden a realidades y conflictos que
cobijan por igual a hombres y mujeres; por ejemplo, estos versos de Amparo Romero que
hacen referencia a un mundo colmado de violencia:
Huir [...] ¿hacia dónde/ si también
el firmamento/ está invadido de sangre? [t. II, pág. 125]
O versos, como los de María Mercedes
Carranza (Bogotá, 1945), que le permiten cantar la inexorabilidad del paso del tiempo y
la fatalidad de la muerte (t. II, pág. 36) como lo hace en su poema Oración. Para
Lucía Tono, la autora del ensayo, Carranza logra una técnica de desinhibición que
facilita el risueño menosprecio de las convenciones (t. II, pág. 24) sin necesidad ya de
enarbolar la "bandera de la liberación".
Los ensayos sobre novelistas y cuentistas
se ocupan de las obras de Sofía Ospina (Medellín, 1893-1974), Elisa Mújica
(Bucaramanga, 1918), Dora Castellanos (Bogotá, 1924), Rocío Vélez de Piedrahíta
(Medellín, 1926), Helena Araújo (Bogotá, 1934), María Helena Uribe (Medellín, 1928),
Fanny Buitrago (Barranquilla, 1940), Alba Lucía Ángel (Pereira, 1939), Marvel Moreno
(Barranquilla, 1939), Ketty Cuello (San Juan del Cesar, 1951) y Gloria Cecilia Díaz
(Calarcá, 1951), entre otras. A través de algunos de estos ensayos es posible mirar,
además del nacimiento de esa nueva mujer, la construcción de esa otra estética.
La ruptura de la linealidad del relato la
señala Betty Osorio de Negret en el ensayo que hace referencia a la obra de Alba Lucía
Ángel (en sus novelas Los girasoles en invierno y Estaba la pájara pinta
sentada en el verde limón y en su colección de relatos ¡Oh gloria inmarcesible!).
La construcción de un lenguaje alternativo, despojado de normas y de dogmas retóricos
...que surge desde dentro de la obra, como resultado de la interiorización y recreación
de una realidad poetizar sin dejar de politizar (t. I, pág. 348), se analiza
en Fiesta en Teusaquillo, la novela de Helena Araújo, y en sus cuentos, según lo
anota Myriam Luque en el ensayo "Helena Araújo: la búsqueda de un lenguaje
femenino". La construcción de estrategias narrativas alternativas, como la
fragmentación y la intertextualidad en Los amores de
Afrodita y Líbranos
de todo mal, de Fanny Buitrago, y la manipulación de la voz narrativa para explorar
la conformación de sujetos y personajes (t. I, pág. 324) en Cola de zorro,
también de Buitrago, tal como lo señala Elizabeth Montes en su ensayo. A través de la
obra de Marvel Moreno, específicamente de los siete relatos y la novela corta que aparece
bajo el título Algo tan feo en la vida de una señora bien, Carmen Lucía Garavito
alude a una realidad interior que no tiene cabida en el mundo exterior regido por
convenciones de género, clase y raza y que sólo se vislumbra a través de
pequeñas ranuras, de lo dicho a media voz, de lo que se piensa, se recuerda, se rumora o
se supone (t. I, pág. 403). En el tercero de estos cuentos, Ciruelas para Tomasa,
Garavito también señala la presencia de voces narradoras de personajes que han padecido
la experiencia de la marginalidad social, emocional o económica, como una estrategia que
refleja una praxis literaria contradominante ideológicamente (t. I, pág. 411).
Además de estos análisis en que se hace
explícita la estética posmoderna, el recorrido que marca el libro es todavía mucho
mayor, en algunos casos innecesariamente, pues se incluyen ensayos que poco aportan
("Un ejemplo de narrativa moderna de los años cuarenta: el discurso femenino de
Elisa Mújica en su novela Los dos tiempos") o a los que les falta aún mucho
trabajo, porque son muy descriptivos, con textos desordenados y citas yuxtapuestas que no
se integran ("Susana Vinasco de Quintana y la Alegría de leer",
"María Helena Uribe de Estrada: intimidad y trascendencia", "Rocío Vélez
de Piedrahíta: la construcción /deconstrucción de los valores tradicionales
antioqueños", "La Tertulia: seis escritoras antioqueñas en busca de su
expresión"), porque se aplica la terminología crítica de una manera muy escolar
("Ketty Cuello de Lizarazo y la visión de la Costa") o porque hay una gran
distancia entre los presupuestos teóricos y el análisis que se hace de las obras
("Siete voces bilabiales en los encuentros de poetas colombianas del Museo Rayo,
Roldanillo").
Las escritoras que se convocan en este
libro tienen en común, además de su interés por comunicarse a través de la palabra
escrita, el haber permanecido en silencio; sus obras han estado en la mayoría de
los casos por fuera del circuito de las editoriales, de la crítica que tiene acceso
a los medios de comunicación y, sobre todo, de la historia de la literatura del país.
Silencio que tal vez tenga que ver con el de los personajes de algunas de ellas; por
ejemplo, los de Elisa Mújica. Mary G. Berg, en el ensayo "Las novelas de Elisa
Mújica", plantea
Las tres novelas de Mújica se centran
en los problemas fundamentales de la mujer en el siglo XX: cómo definirse, cómo ser
parte de una familia sin hacerse vulnerable a un sentimiento de culpabilidad que paraliza,
cómo ser independiente, cómo enfrentar la vida con confianza en sí misma, cómo
disfrutar de la sexualidad y de la amistad y cómo vivir simultáneamente una vida
pública y una privada. [t. I, pág. 226]
Y bajo esta mirada recorre las tres
novelas de Elisa Mújica que analiza: Los dos
tiempos (1949), Catalina
(1963) y Bogotá de las nubes (1984), caracterizando a las protagonistas por el
silencio contra el cual luchan. Catalina, al final de la novela, tiene una segunda
oportunidad inesperada para empezar de nuevo, consciente del valor de la palabra y el
horror de la palabra suprimida (t. I, pág. 222). El silencio también marca a Mirza, el
personaje de Bogotá de las nubes. En ella persiste, según la autora del ensayo,
la mirada retrospectiva y muestra la fuerte vinculación que siente con los recuerdos de
su madre y de su abuela.
En medio del nombre de tantas mujeres
editoras, autoras, ensayistas y personajes llama la atención Jerónimo. Se trata del
protagonista de El valle de los cocuyos, relato para niños escrito por Gloria
Cecilia Díaz. Jerónimo proviene de un lugar donde las emociones no son reprimidas...se
caracteriza por una sensibilidad especial, que no vacila en manifestar continuamente...
(t. II, pág. 177) Y es él quien permite "una reformulación del concepto de sujeto
tradicional masculino [...] En su lugar, es posible registrar el planteamiento de un ser
complejo y abierto, que promueve continuamente la actitud crítica, se resiste frente al
poder totalitario, cuestiona la oposición excluyente entre lo femenino y lo
masculino..." (t. II, pág. 169). Y como Catalina o Mirza, los personajes de Elisa
Mújica, también lucha contra el silencio y el olvido de su historia personal.
No existen en Colombia antecedentes de
publicaciones que se ocupen de registrar una panorámica tan amplia de lo que ha sido la
escritura de las mujeres del país a lo largo del siglo XX
4
. Tal vez era necesario este primer esfuerzo mucho
más significativo si se tiene en cuenta el poco apoyo que reciben las investigaciones en
el campo de la literatura para reunir todas estas voces en un espacio amplio y
democrático y permitirles, al fin, hablar. A través de estas voces podremos constatar
que muchos de los gestos que hacemos hoy tienen su origen generaciones atrás, tanto
aquellos que nos hacen más libres e iguales frente a los otros como los que no. Y que
detrás de esos gestos está el esfuerzo de muchos hombres y mujeres por alcanzarlos o
cambiarlos. Testimonios valiosos, además, si se considera que son los únicos con los que
se cuenta para rastrear los cambios de mentalidad de nuestra sociedad, pues los hombres,
enajenados de su propio sentir por esa misma sociedad patriarcal, muy pocas veces pudieron
reconocer sus afectos y sentimientos, mucho menos escribirlos.
BEATRIZ RESTREPO RESTREPO
1. Márgara Russotto, Tópicos
de retórica femenina, Caracas, Monte Ávila Latinoamericana C.A., CELARG, 1990, pág.
51.
2
. Ibíd., pág.
52.
3. De allí también que
a esa literatura alternativa se le suela denominar como literatura femenina; pero bien
pudiera llamarse de otra manera, para evitar confusiones.
4. En el ámbito de
América Latina, se cuenta con los libros La Scherezada criolla. Ensayos
sobre
escritura femenina latinoamericana (Bogotá, Centro Editorial Universidad Nacional de
Colombia, 1989) de Helena Araújo y Escritoras de
Hispanoamérica (Santafé
de Bogotá, Siglo XXI Editores, 1991), compilación de Diane E. Marting (prólogo y
edición en español de Montserrat Ordóñez).
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