Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 41. Volumen XXXIII. 1996. editado en 1997
 

Aquí valen las listas


Barranquilla. Estudio sociológico y documental para una monografía histórica de la ciudad
Andrés Viloria Terán, Zenith de la Torre Silva y Ricardo Guardiola Barrios
Editorial Efemérides, Barranquilla, 1995, 603 pág.


Una de las tantas características de los estudios históricos sobre el Caribe colombiano, en general, y sobre la ciudad de Barranquilla, en particular, ha sido la de que ellos obedecen a alguna empresa quijotesca, muy individualista, con poco o ningún apoyo institucional. Lo cual parecería proporcionarle, al resultado de la empresa en cuestión, un halo protector de cualquier intento de crítica seria que contribuya a superar los escollos reales que enfrenta la investigación histórica.

De lo anterior tampoco escapa la obra de que se ocupa esta reseña. Por lo tanto, si se tratara de valorar y medir la capacidad física empleada en la elaboración de Barranquilla. Estudio sociológico..., la reseña debería terminar aquí, reconociendo el esfuerzo editorial de sus autores.

Pero no puede ser así. Hoy la ciudad —y la región— cuenta con atentos lectores y un pequeño grupo, aunque todavía muy difuso, de investigadores independientes que siguen con detalle lo que se escribe y publica.

Por tal razón, debemos comenzar a superar estos aspectos característicos de las investigaciones sobre nuestra realidad, para evitarnos repetir tantas incoherencias, inexactitudes y despropósitos juntos, producto de creer que lo básico, ante la escasa producción académica e intelectual que nos caracteriza, es publicar un texto "porque sí", "porque yo quiero hacerlo y punto", a manera de cualquier capricho infantil.

Para comenzar, el título del texto de Viloria, De la Torre y Guardiola está acompañado de un ambiguo subtítulo que alude a la disciplina sociológica y al estudio documentado para una monografía histórica de la ciudad. Pero en el texto no aparece ni lo uno ni lo otro y, como no hay esa presentación, el estudio monográfico histórico de la ciudad no lo encuentra el lector en las seiscientas tres páginas. Y no puede aparecer porque los autores no se dieron a la tarea de "meterse" en los archivos que colocan, irrespetuosamente, al final, dentro de la bibliografía "consultada".

Además, los documentos reproducidos en el texto, —entre otras cosas, defectuosamente— están publicados en las mismas obras citadas por ellos —por demás, en forma descuidada—. Es decir, hasta las normas metodológicas salen mal libradas, a menos que los autores realizaran transcripciones, reproducciones y citas "libres".

El libro está estructurado en once capítulos con títulos tan atractivos, que van desde el medio geográfico de la ciudad, su historia, demografía, estructura económico-social, estratificación social, pasando por la estructura político-administrativa judicial y militar, los personajes nacidos en la ciudad, la conciencia social barranquillera, el progreso económico social barranquillero, para terminar con dos capítulos de anexos.

La presentación del medio geográfico de la ciudad es realizada ateniéndose al aspecto físico, sin tener en cuenta lo espacial y el desenvolvimiento urbano de ella, lo cual hubiera implicado un esfuerzo investigativo en el archivo notarial y en el del consejo municipal que permitiera decir cosas nuevas y refrescantes. Pero no. Los autores eligieron el camino fácil de copiar textualmente lo que, ya hace más de veinte años, publicó el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, en una monografía del departamento del Atlántico, sobre Barranquilla.

El segundo capítulo, "Historia de la ciudad", es una confirmación de lugares comunes acompañada de "aclaraciones" de los autores para "analizar y describir" basados en "documentos consultados en el Archivo General de la Nación y el excelente, serio y bien documentado trabajo del investigador y profesor universitario José Agustín Blanco Barros titulado El norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla. Como quiera que ya lo habíamos anotado, utilizamos documentos de otros pueblos de indios o sitios de libres que guardan mucha relación con el área geográfica barranquillera" (pág. 37). Entre la página a la que corresponde la cita y la anterior son repetidos los términos documento, documentación, documental, doce veces, lo que hace a los autores creadores de una nueva religión que tiene como dogma principal "el fetiche documental", lo que le da fuerza a su creencia de que la historia de la ciudad "debe ser analizada con objetividad sin caer en el campo de las especulaciones e imprecisiones" (pág. 38).

Pero sólo cinco páginas después caen en pecado mortal al afirmar: "Toda esta serie de actividades, incremento poblacional y movimiento de carga y pasajeros por el río Magdalena obliga a la Corona española a que en 1772 se erija el Sitio de Barranquilla como corregimiento del partido de Tierradentro y con derecho a Juez letrado" (pág. 43).

Los autores ignoran que las reformas poblacionales borbónicas, en el siglo XVIII, perseguían integrar los sitios —vecindarios de todas clases y castas de gentes— en la jerarquía urbana colonial como parroquias y viceparroquias, por cuanto esos lugares resultaban inquietantes para el orden hispánico. Esa política de poblamiento realizada a "son de campana" fue iniciada por el virrey Sebastián de Eslava en la Provincia de Cartagena, en 1740, precisamente, por el Partido de Tierradentro (actual territorio del departamento del Atlántico).

En ese proceso al sitio de Barranquilla se le construye "iglesia nueva [...] puesta bajo el patrocinio de San Nicolás de Tolentino y ésta es denominación adoptada oficialmente cuando en 1747 el viejo sitio ribereño sube otro escalón en categoría, al erigírsele en parroquia" (José Agustín Blanco Barros, El norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla, Bogotá, Banco de la República, 1987, pág. 246). A esta conclusión ya había llegado el mismo Blanco Barros quince años antes, cuando publicó El censo del departamento del Atlántico (Partido de Tierradentro) en 1777 (Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia, vol. XXVII, núm. 104, 1972, pág. 316; reeditado por la Gobernación del Atlántico en Atlántico y Barranquilla en la época colonial [1994], véase pág. 50).

Los autores rematan ese segundo capítulo con una descripción de Barranquilla, la ciudad futuro (siglo XXI) —por cierto, eslogan de una fundación cívica local— y concluyen afirmando que la ciudad es "el sitio más llamativo para la apertura económica y la internacionalización de la economía" (pág. 93).

Lo que obliga a preguntarse si Barranquilla presenta las condiciones propicias para tamaño desafío, o si ellas se están construyendo, en una acción mancomunada de la administración distrital, la empresa privada y las organizaciones ciudadanas, de lo cual resultaría el surgimiento de una dirección pública que haga confluir los intereses privados con las necesidades comunes de la ciudad. Esto, indudablemente, permitiría el desarrollo de un espíritu público que contribuiría a su feliz gestión.

Sin embargo, la ciudad afronta hoy una crisis sin precedentes en sus arcas distritales; sus ingresos, hasta el primer decenio del próximo milenio, están "hipotecados" con la banca internacional; las obras públicas adelantadas en los dos últimos años padecen de raquitismo constructor y la acelerada expansión urbana ha estado acompañada de una fuerte descomposición social.

En fin, la ciudad requiere de verdaderos estudios sociológicos que no repitan de manera nostálgica y mentirosa lo que, pretendidamente, fue "la de privilegiada ubicación geográfica [...] primer centro portuario, comercial, industrial (!!), financiero, de servicios, educativo y cultural (¡sic!)" (pág. 109).

Lo que Barranquilla requiere de sus ciudadanos, dirigentes, vecinos o visitantes es una nueva lectura o una relectura permanente que se convierta en guía para su administración y la acción. Esto nos permitiría entender que no se trata de "reconstruirla", sino de repensarla, que como toda ciudad moderna es continua, crece y se desarrolla, de manera unas veces implícita y otras explícita.

Por eso trabajos como los de Viloria, De la Torre y Guardiola nada nuevo aportan y sólo contribuyen a confundir lo poco que históricamente ya está claro y a crear un espejismo de la modernización de la ciudad que en nada la beneficia. Quizá el aporte de su obra radica en las listas de las más variadas empresas, entidades, profesionales, etc., que ocupan casi la mitad del texto, doscientas noventa y cinco páginas, y que nos recuerdan el insuperable, en su época, Directorio Anuario de Barranquilla editado en 1892 por Antonio Martínez Aparicio y Rafael A. Niebles.

JORGE CONDE CALDERÓN
Universidad del Atlántico