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Hernando Tellez: un consumado estratega
JORGE H. CADAVID
Trabajo fotográfico: Mauricio A. Osorio y Germán
Tellez
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Hernando
Téllez (tomada del libro Nadar contra
la corriente, Bogotá, Editorial Ariel,
1995).
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HERNANDO TÉLLEZ buscó la belleza
en la crítica. Durante más de tres decenios
en su pluma se mezclaron, por un lado, la inteligencia
que interroga sin prevenciones y, por otro, una clara
disposición poética. Téllez fue
ante todo un escritor, carácter que los críticos
modernos han perdido. Su principal vehículo
fue el periodismo, convertido en sus manos en arma
de doble filo: instrumento de la vida intelectual,
que raramente se desentendía del acontecer
social y político. Y es que el ejercicio de
la escritura fue, para él, un constante enfrentarse
y confrontarse con el país, este pedir y pedirse
cuentas. Alfonso Reyes, como Téllez -esa mancuerna
dispar-, creía que "el hombre es el hombre
y el espejo [...] una entidad múltiple y cambiante
[...] lucha y conciliación de principios antagónicos,
izquierda y derecha; anverso y reverso, y el tránsito
que los recorre: somos Poética y somos Crítica"
1 .
La crítica en Colombia, afirmaba Téllez,
debía ser: "objetiva, veraz, impersonal,
y en cierta manera, implacable". En su figura
se opera el deslinde de la crítica con respecto
a la religión, la moral y la retórica.
Una de sus constantes luchas fue contra el imperio
del "gramaticalismo": entendía que
la emancipación de la gramática correspondía
a una emancipación de la teología -como
afirmaba Nietzsche- y, por consiguiente, de la política
en este país "del Espíritu Santo".
Es en este sentido que Téllez sigue siendo
para el caso colombiano uno de sus paradigmas más
actuales. Su lucha es la de un "emancipador de
la razón", así lo hace notar Juan
Gustavo Cobo Borda en su prólogo a la recopilación
de textos de Téllez, hecha en 1979 por Colcultura:
"Hernando Téllez ejerció una rigurosa
vigilancia sobre un espectáculo de segundo
orden: no sólo la literatura sino, en general,
las costumbres colombianas. En sus manos lo endeble
de una tradición; y lo que es peor, su mistificación
interesada, halló un antídoto eficaz"
2 . Su recusación
razonada fue básicamente contra la mentalidad
irracional de una anacrónica época colonial,
contra un costumbrismo del siglo XIX soso, contra
la retórica declamatoria de una "gaseosa
generación del Centenario", en fin, contra
todo localismo o provincianismo que diluyera cualquier
proceso de "secularización"
3 .
Para Hernando Téllez la crítica era
el amor por la dialéctica, por la contradicción.
De ahí que en su fecunda producción
se mezclan: el pensamiento que indaga con irreverencia
y su pasión por el estilo ("El estilo
es una noción muy personal de la belleza. Pudiera
decir que es congenital"); su interés
que oscila entre lo universal y el terruño;
su preocupación por la estética así
como por la teoría literaria; su humor sano
y la sorna grotesca. No lejos del escenario político,
eligió vincularse directamente con la vida,
para extraer la moraleja de nuestra terrible fábula
histórica:
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Cubierta del libro Inquietud del
Mundo, Bogotá, Ediciones Librería
Siglo XX, 1943.
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Todo está demostrando -me dice Hernando
Téllez- que las pasiones humanas no han cambiado.
No existe el progreso moral [...] el alma humana no
se transforma y han sido inútiles todos los
esfuerzos para domesticar la bestia humana. La historia
no es sino un constante regresar a la barbarie. Es
un mundo físico que todos los días se
transforma realmente mágico, en el que se aprovechan
para beneficio del hombre todos los secretos de la
ciencia, abrigado en regias mansiones, iluminado con
luz fluorescente, dueño de radios, automóviles
y neveras, dominador de los espacios y del tiempo,
sigue imperturbable el espíritu de las cavernas
4
.
De
la opción por el humanismo le viene su movilidad
intelectual, enemiga de sistemas -llámense
marxismo, estructuralismo, psicoanálisis, etc.-,
su libertad para pensar, su lúcida contradicción,
su insolente heterodoxia, su antidogmatismo, su fina
ironía:
[…] no tengo y, por consiguiente, no practico
ningún hobby. No soy deportista, ni filatelista,
ni coleccionista de nada. No pinto, como Alberto Lleras,
ni dibujo como Enrique Caballero Escobar, no colecciono
cuadros, ni folletos, como Juan Lozano, no juego brigde,
ni tute, ni ajedrez. Ni siquiera practico el entretenido
juego de la oca, no soy fanático del fútbol,
detesto las corridas de toros, no soy pescador en
río manso o revuelto, no soy cazador de palomas,
tigres, elefantes o mariposas, no colecciono pipas,
ni ceniceros, ni bastones, ni sombreros, ni retratos.
Tampoco practico el hobby de guardar las copias de
las cartas que escribo, ni los originales de las que
me escriben 5 .
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Cubierta de Bagatelas, Bogotá, Ediciones "Tierra Firme",
1944.
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Téllez fue un no-conformista, en el mejor sentido
de la expresión. Tuvo la sinceridad y el valor
suficientes para llevar a cabo una distinción
jerárquica de rigor cuando de tomar posiciones
intelectuales se trataba. Sus juicios, opiniones)
y apreciaciones en esta materia no coinciden casi
nunca con los de sus contemporáneos. Disidente
intencionado, reaccionario sin beneficio de inventario,
nunca aceptó la masa hereditaria ilíquida
de la subcultura colombiana; frente a los provincianos
contemporáneos suyos, afirma Marta Traba, Téllez
configura, realmente, la imagen del solitario:
Téllez
se presenta como la punta de lanza dirigida a romper
con el centenarismo. El centenarismo es una pauta
de la mentalidad colombiana: un comportamiento que
implica, en términos globales, la pérdida
de la objetividad, la inflación de los datos
culturales, el vacío informativo, la inexistencia
de un confrontamiento con otras formas estables de
la cultura extranjera.
Además
de llevar a la irrealidad, el centenarismo representa
una manera de ser formal: el cultivo de las buenas
maneras, los valores de herencia, de apellido, la
fraseología ceremonial de los rituales de familia.
Representa la cultura de la "gente decente"
el privilegio de “parecer culto".
La
ficción de una cultura propia se vuelve protuberante,
con el beneplácito obligatorio de los periódicos.
Autores, artistas, apologistas y comentaristas se
convierten en una casta de elogios mutuos [...] la
Atenas Sudamericana y el país de poetas son
elaborados pieza a pieza, con un minucioso bordado
de palabras huecas.
Es en mitad de esta "commedia della
cultura" cuando la voz de Hernando Téllez
adquiere sus acentos insólitos: "la verdad-dice
con respecto a la llamada crítica literaria-
es que, críticamente, procedemos como en familia.
Disimulamos todos nuestros defectos y perdonamos todas
nuestras fallas y exaltamos, casi siempre por fuera
de toda medida, nuestras cualidades" (Literatura,
Bogotá, 1951, pág. 70) 6
.
BAGATELA
SOBRE LA VIDA
Hernando Téllez nace en Bogotá,
el 22 de marzo de 1908. "Yo tuve una infancia
pobre, pero como no sabía qué era ser
rico, no supe tampoco si era pobre". Estudia
en el colegio de los Hermanos Cristianos donde se
graduó en 1925. El más lejano recuerdo
que tengo de una experiencia intelectual más
o menos concreta y de la indefinida emoción
que me producía, al renovarse, es el de la
lectura hecha por mi madre y por una amiga de mi madre,
de una novela publicada por entregas periódicas
en una revista francesa de modas editada en español.
Yo no sabía leer aún.
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Dibujo de Ignacio Gómez Jaramillo quien ilustró
el libro Bagatelas.
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Mi hermana mayor, quien estuvo hasta su muerte
poseída de un tenaz amor a los libros, era
también una lectora incansable y por entonces
me enseñaba las primeras letras [...] A su
bella y fiel tenacidad le debo el saber leer. Cuando
unos años más tarde, hecha mujer, su
muerte interrumpió ese tácito compromiso
de lecturas comunes, empecé entonces a leer
para mí, a leer en silencio, a soñar
por mi propia cuenta" 7
.
Voraz lector autodidacto, desde muy corta edad
sintió una vocación irresistible por
el periodismo. Interesa inicialmente al semanario
Mundo al Día, dirigido entonces por Arturo
Manrique; allí trabaja como un modesto empleado
de la administración. Dos años más
tarde, Germán Arciniegas lo lleva a colaborar
en la revista Universidad, la cual marcó una
época en el ámbito cultural bogotano,
al agrupar a muchos de los integrantes de la generación
de Los Nuevos, generación situada cronológica
e ideológicamente a continuación de
la denominada del Centenario. Los Nuevos contaban
en sus filas con intelectuales y periodistas de la
talla de Eduardo Zalamea, Jorge Zalamea, Rafael Maya,
Germán Arciniegas, Eduardo Caballero Calderón,
quienes habrían de sobresalir después
en las décadas de 1930 y 1940: "Pertenezco
a lo que pudiera llamarse la cosecha de mitaca de
la generación de Los Nuevos. Eduardo Zalamea,
Eduardo Caballero y yo llegamos de últimos
a esa generación, pero no nos demoramos cronológicamente
tanto en llegar como para que nos alcanzaran los piedracielistas
ni nos apresuramos tanto en aparecer como para que
nos consideraran contemporáneos de Ricardo
Renden. Somos el jamón en el sandwich que forman
Los Nuevos propiamente dichos y los verdaderos piedracielistas"
8 .
En 1929 pasa a El Tiempo, bajo la jefatura de
redacción de Alberto Lleras Camargo. Se inicia
como redactor de la crónica policíaca
y de una página infantil: "Hace diez años
-afirma Abelardo Forero- Hernando Téllez figuraba
en El Tiempo en la nómina de los cronistas
de policía y estaba obligado a ir todas las
noches, lloviera o tronara, al permanente, con el
objetivo de informar al grueso público colombiano
sobre las oscuras aventuras de los hampones del Paseo
Bolívar" 9
. Su entrañable amigo Alberto Lleras
apunta al respecto: "Téllez recorría
los juzgados permanentes, la antesala de las cárceles,
los escritorios de relaciones públicas del
crimen y llegaba, cargado de delitos, hasta su pequeña
oficina, muy cercana a aquella en la cual yo redactaba
comentarios y editoriales entre la bruma de los cigarrillos,
intoxicado de café y de policía"
10 .
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Luces en el bosque (cubierta) publicado en Bogotá
por Ediciones Librería Siglo XX, 1946.
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En 1930 ingresa a la política como colaborador
en la campaña electoral de Enrique Olaya Herrera,
que culminó en 1930 con la caída de
la hegemonía del partido conservador y el nacimiento
de la llamada "República Liberal".
Continúa su vinculación con el liberalismo
e ingresa en 1934 al Concejo de Bogotá. Allí
llevó las actas de las tediosas sesiones, actuando
como secretario. También adelantó una
labor de publicidad y divulgación en cuestiones
relacionadas con la historia de la capital. El año
1937 es crucial en su vida: es designado cónsul
general de Colombia en Marsella (Francia), cargo que
ejerce hasta los primeros meses de 1939, poco tiempo
antes de la segunda guerra mundial. El conocimiento
de la literatura francesa partiría en dos su
vida. Su pasión por Proust, Flaubert y Stendhal
se mantuvo inalterable. En su obra están las
huellas de Gide, Mauriac, Claudel. Proust, por su
parte, fue una verdadera obsesión, su paradigma:
"Marcel Proust es la más grande influencia
literaria que he tenido. Sin duda alguna su obra es
la más extraordinaria de este siglo; descubrió
un continente, una atlántida que estaba sumergida.
La novela contemporánea se parte en dos épocas.
Antes de Marcel Proust y después de Marcel
Proust" 11
. Su comparación de Madame Bovary
con María es casi inevitable: "Su afición
a la literatura francesa, a lo francés, al
pueblo y al paisaje franceses, a las ciudades, a las
costumbres, a la vida de Francia, fue sincerísima
y depurada de todo esnobismo" 12
.
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Artículo de Hernando Téllez quien
colaboró en el periódico Sábado,
ilustrado por F. Frankly (Bogotá, 14
de junio de 1947).
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El
reingreso de este "peregrino de Proust"
al periodismo coincide con la fundación del
periódico El Liberal, bajo la dirección
de Alberto Lleras Camargo. Téllez es nombrado
subdirector, cargo que desempeñó durante
tres años, período en que finaliza la
presidencia de Eduardo Santos y comienza el segundo
gobierno de Alfonso López Pumarejo. El nombre
de Téllez fue reconocido nacionalmente desde
la página de Hoy: "Desde esta columna
comenta la vida y el aspecto risible de los hombres,
con una ironía que no alcanza a ser envenenada,
y un sutil sentido del humor", comenta su amigo
Abelardo Forero Benavides.
Al comienzo de 1942 se retira de El Liberal
y es nombrado jefe de propaganda del consorcio de
cervecerías Bavaria: "Yo tengo dos profesiones
públicas, la de escritor y oficinista. La segunda
me permite, económicamente, ejercer también
la primera. Esta última, como usted y yo sabemos,
no da para vivir, sino para sobrevivir"
13 .
En 1944 ingresa al Senado de la República,
al cual asiste durante un semestre, coincidiendo con
el retiro de López Pumarejo y la llegada a
la presidencia de Alberto Lleras Camargo en 1945.
"Téllez después de la aventura
de El Liberal y su fugaz ingreso al Senado de la República,
que lo dejaron impecune y prestigioso, se retiró
con horror de una eventual carrera política
que le truncaría sus prospectos. Y se vinculó
a una empresa industrial en la cual llegó a
los máximos límites tolerados a su extracción
intelectual y a su sarcástica independencia"
14 .
En
1947 asume la dirección de la revista Semana.
De este modo reanuda su carrera periodística
a través de su columna "Márgenes",
de insobornable y fulgurante estilo, en la cual alcanzará
su máximo nivel con una crónica excepcional
sobre el 9 de abril. Simultáneamente colabora
con el radioperiódico Onda Libre, dirigido
por Jaime Soto. Escribe notas para varias publicaciones
del país y del exterior, entre las cuales cabe
mencionar: la revista Mito, de Bogotá; el periódico
El Nacional, de Caracas, y la revista Cuadernos, de
París. En 1959 es nombrado embajador de Colombia
ante la Unesco, en París, cargo que desempeña
durante un año. Hernando Téllez muere
en 1966. Quedaron publicados sus libros Inquietud
del mundo, en octubre de 1943; Bagatelas,
en marzo de 1944, y Luces en el bosque (digresiones
muy personales en tono lírico y ensayístico)
en febrero de 1946; Diario, en octubre de 1946; Cenizas
para el viento (colección de cuentos y
relatos sobre la violencia partidista), en octubre
de 1950; Literatura, en noviembre de 1951.
En 1956 aparece publicado por Jorge Gaitán
Duran, en los cuadernos de Mito, su libro Literatura
y sociedad. El Banco de la República, que
lo había designado miembro del comité
asesor de la Biblioteca Luis Ángel Arango hace,
en 1967, una edición póstuma del libro
que preparaba, bajo el título de Confesión
de parte.
Quedan
de Hernando Téllez dos retratos vivos logrados
por sus amigos Abelardo Forero Benavides y Alberto
Lleras Camargo:
Muy pocos han sospechado que este diminuto ciudadano,
que no llega a un metro con sesenta centímetros
de estatura, cordial y amable, con una sonrisa de
satisfacción permanente, optimista y alegre,
correctamente vestido, limpio y sencillo, sin ningún
rasgo exterior que le delate a los transeúntes
sus aficiones y su profesión de letrado, pueda
ser un escritor extraordinario y un extraordinario
artista 15
.
Téllez era físicamente todavía
más joven que su edad, porque no había
entrado en esa madura y sólida turgencia, que
lo asemejó tantos años después,
para mi al menos, y tal vez por afinidad intelectual,
más que física, a Alfonso Reyes. Donde
más tarde debía brillar el casco moreno
de su cráneo ancho apenas recubierto por unos
hilos grises que parecían contenerlo, había,
entonces, una masa fuerte y negra de cabellos ordenados
que relucían, como los ojos maliciosos y los
dientes blanquísimos sobre la movilidad del
rostro, alimentada por la alacridad del espíritu
16
.
LA
IRREFRENABLE RISA DEL VOLTERIANO
Una serie de juicios tajantes y determinantes,
de apreciaciones aparentemente definitivas, llegan
a dirigirse en tomo a la obra de Hernando Téllez.
Es necesario plantearlos aquí como temas de
reflexión, siempre con un tono interrogativo.
Cabe también anotar que estos señalamientos
no tienen nada de exhaustivos y que haría falta
calar más profundamente en la obra de Téllez
para expresar opiniones más extensas y convincentes.
El aspecto "demostrativo" que se requiere
no cabe en el espacio de un artículo. La única
ambición de estos cuestionamientos, es abrir
caminos de reflexión y estudio con respecto
a la vigencia del pensamiento de una de las principales
figuras que sirvieron de vehículo a la cultura
colombiana en la primera mitad de siglo.
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Hernando
Téllez, s. f. (fotografía de
Germán Téllez).
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Los principales cuestionamientos aparecen reunidos
en el estudio que de Hernando Téllez hace el
profesor David Jiménez en su Historia de
la crítica literaria en Colombia
17 y que en su
orden podrían ser sintetizados en los siguientes
puntos:
1.
El primer juicio crítico planteado con respecto
a la obra de Téllez fue su "veneración"
por la cultura francesa, que, según el profesor
Jiménez, alcanzó un carácter
casi "supersticioso", hasta convertirse
en pauta de valoración.
2.
Como contrapartida, la subvaloración de la
herencia cultural española. Según Téllez,
la fantasmagoría del héroe cervantino,
la mística y la tauromaquia sintetizan su legado.
Ofreciéndonos, a cambio, "una especie
de daltonismo espiritual y sensorial", y el casticismo
en cuanto a modelo estilístico.
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Hernando
Téllez, s. f. (fotografía de
Germán Téllez).
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3.
Téllez, afirma el profesor Jiménez,
con relativa frecuencia intentó apreciaciones
"globales" de la literatura colombiana,
sin dedicarle nunca a esta cuestión un ensayo
de fondo, mucho menos un examen histórico detallado.
El riesgo de "lo panorámico" estuvo
siempre allí, relativizando sus juicios y restando
validez a sus conclusiones.
4.
Tan convencido estaba Téllez de que las "secretas
tendencias" del carácter nacional iban
a desembocar directa y fatalmente en la cursilería
-"somos un pueblo feo, católico y sentimental"-,
que esa convicción se le convirtió en
ley sociológica y hasta biológica.
5. La posición de Téllez frente
a la poesía lírica no es fácil
de precisar. Se debatía entre el facilismo
de la intuición espontánea y el formalismo
más rígido. Fernando Charry Lara opinaría:
"Seguramente van a permanecer muchos de los juicios
de Téllez en distintas materias, pero no los
dedicados a la poesía, los cuales, si no lo
fueron entonces, parecen hoy menos eficaces"
18 . Guillermo
Valencia, por ejemplo, fue para Téllez el más
grande de los poetas líricos en Colombia y
quien le da una visión universal a nuestra
poesía. Los comentarios de Téllez sobre
poesía presentan un último agravante:
nunca se acercan directamente al texto de los poemas
en un estudio intrínseco, omitiendo siempre
su interpretación.
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Cenizas
para el viento y otras historias, Bogotá,
Litografía Colombia, 1950.
|
6.
La obra crítica de Téllez se sostiene
sobre dos principios más o menos antinómicos:
la literatura, entendida como institución,
es un fenómeno fundamentalmente histórico
y sometido a condicionamientos sociales; en cambio,
la esencia estética de la obra singular es
inexplicable por parámetros históricos
y sociológicos, aparece en último término
como intemporal y, por su naturaleza íntima,
es imprevisible e irracional.
7.
La misión de la crítica, para Hernando
Téllez, según lo plantea el profesor
Jiménez, se limita a tareas incómodas,
como discriminar, deslindar, jerarquizar, rechazar
o condenar. Esa mirada de legislador no le permite
ver la crítica como un diálogo implícito
y explícito con el lector.
En
un último punto, y como caso aparte, consideraremos
el artículo del escritor Jaime Mejía
Duque, en su libro Literatura y realidad (Medellín,
Editorial La Oveja Negra, 1969, págs. 141-154),
titulado "El 'caso' Hernando Téllez",
donde lanza una serie de apreciaciones de carácter
subjetivo, a mi modo de ver prejuiciadas, cuya argumentación
se basa en ataques a su condición burguesa,
de élite, y a su vinculación con los
"mecanismos políticos". Con esto,
Jaime Mejía Duque pretende poner en tela de
juicio la validez intelectual de Téllez, considerándolo
como un simulador de la "autocrítica",
un "glosador preciosista", "experto
en superfluidades inteligentes", "abroquelado",
en su cultura literaria. El artículo de Mejía
Duque sirve simplemente como documento ilustrativo
de cierta crítica viciada que envuelve la obra
de Hernando Téllez.
NADAR CONTRA LA CORRIENTE
Le corresponde a Hernando Téllez pasar
revista por un país sumido en las penurias
del costumbrismo y la prosopopeya. Se da a la tarea
de descubrir "las pequeñas estafas y los
grandes ridículos" de la subcultura de
la provincia, inmersa todavía en un "estadio
lírico":
|
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Ejemplar
de Cenizas para el viento y otras historias
dedicado a Jorge Vélez García
por Hernando Téllez. |
El primer balbuceo literario de un pueblo,
siempre ha sido un balbuceo lírico. Solamente
cuando ha descrito una amplia parábola en su
civilización y su cultura se sirve de la prosa
para construir obras de permanente valor estético.
Podría pensarse, de acuerdo con lo anterior,
que Colombia se encuentra en el tercer día
de la creación literaria, precisamente porque
la más alta cifra de su producción intelectual
corresponde a los versos. No es exactamente así.
Se halla muy retardado su desarrollo en cuanto a la
estabilización de los demás géneros
literarios, diferentes del género poético
propiamente dicho. Pero en cuanto a la poesía,
su progreso no avanza en profundidad, sino en superficie.
Hay un desenvolvimiento cuantitativo, no equilibrado
por un progreso en las calidades. Hay muchos versos,
pero no mucha poesía. Es mucho más lo
que se produce que lo que perdura
19 .
|
| Sus mejores prosas, Bogotá, Lima, Editora
Latinoamericana, ca. 1950. |
Téllez
se impone la empresa de reconocer la inamovilidad
de las estructuras arcaicas colombianas, con el estilo
terco y virulento de un "escritor de ideas, no
de vocablos", como afirmaría la crítica
Marta Traba. Retratar, vigilar, dar fe, tomar nota,
desmitificar, la condición pétrea de
la cultura colombiana, serán algunos de sus
objetivos mas próximos:
La cultura no ha podido seguir el ritmo
de la civilización. Si hubiesen corrido parejas
la cultura y los negocios, la fundación de
fábricas y la fundación de universidades,
la alfabetización y las grandes rentas o los
grandes edificios o las grandes y lujosas residencias,
los centros de investigación científica
y la producción en serie, los monopolios industriales
y las cátedras bien pagadas, los "holdings"
y las escuelas públicas, a estas horas habría
más clientela para los literatos, puesto que
el nivel cultural del país sería más
alto y, desde luego, ya habría gentes que estuvieran
pensando enfundar empresas editoriales [...] así
como el auge del comercio, de la industria, de los
negocios, ha creado y estabilizado con pleno y merecido
éxito, una clase social, el cambio radical
en las condiciones culturales del país estaría
haciendo posible la aparición del profesional
literario 20
.
|
| Literatura y sociedad, publicado por Ediciones
Mito, Bogotá, 1956, ejemplar núm.
624. |
Para
Téllez, mientras el trabajo literario fuese
visto como oficio subalterno, entretenimiento vacuo,
adorno inútil, la literatura en Colombia seguiría
siendo débil y nuestros literatos indisciplinados,
inconstantes y superficiales.
La
actividad crítica de Hernando Téllez
toca prácticamente todos los hechos y fenómenos
de la vida cultural colombiana: desde la música
popular, el baile, las radionovelas, el teatro, el
cine, hasta el folclor culinario pasaron por sus páginas,
convirtiéndose en amable cátedra:
Amante de la buena mesa, en Sábado
en 1943, proclamó su admiración por
el chicharrón y la arepa, y ahora en las páginas
de Mito, en 1957, afirmaba, con plena tranquilidad:
"A los treinta y cinco, todo colombiano empieza
a perder las aristas de la inconformidad. A los cincuenta
las ha perdido todas. De ahí en adelante será
un entusiasta de la música nacional y la cocina
criolla 21
|
|
| Juan Antonio Roda realizó
este dibujo para la edición del libro
Literatura y sociedad . |
A través de su lente múltiple
vislumbra en la arquitectura, por ejemplo, el mejor
síntoma de una superposición de culturas
y épocas que no corresponden, y sus nefastas
consecuencias: "la civilización urbana
prolonga ahora sus garras sobre el cuerpo de la sabana.
Y los antiguos pueblos que conocieron una cierta vida
plena y autónoma, un cierto esplendor, con
sus propietarios de haciendas viviendo allí
mismo, con su núcleo social y sus jerarquías
y sus fueros, mueren como tales para resucitar como
barrios de tercera clase urbana" 22
.
|
| Cubierta del libro Confesión de parte
publicado por el Banco de la República,
Bogotá, 1967. |
Por
su pluma atenta pasan los forjadores de la nueva cultura
colombiana. Su mente flexible y punzante le permite
inventariar todo un proceso:
Nicolás
Gómez Dávila: "el estilo se vuelve
piel, fina corteza adherida biológicamente,
íntimamente, al hueso de la idea [...] esquivo
y supremo hallazgo".
Alvaro
Mutis: "poesía hija de su tiempo [...]
poesía verdadera, de voz original e inconfundible.
Apresurémonos a proclamarlo".
León
de Greiff: "aparece como una creación
aparte [...] y cuya afloración -en el trópico-
se rige por otros ciclos estacionales [...] dentro
de un siglo o dentro de diez, la poesía de
De Greiff seguirá siendo".
Aurelio
Arturo: "la palabra, escogida, meditada, oída
en su música esencial, calculada como mensajera
de la emoción".
|
|
|
Diseño de la cubierta del libro Selección
de prosas, Bogotá, Instituto Colombiano
de Cultura, s.f.
|
Cubierta del libro Textos no recogidos en libro,
publicado por el Instituto Colombiano de Cultura,
en Bogotá, 1979 |
Revista Mito: "aparece como un conjunto de magníficas
extravagancias [...] la impopularidad de Mito es,
pues, el precio de su calidad".
"Sin
Téllez nada hubiera sido posible", afirma
Cobo Borda. Este "agitador innato" fue el
primero en tomar en cuenta nombres como: García
Márquez, Alvaro Cepeda Samudio, Héctor
Rojas Herazo, Osorio Lizarazo, Sanín Cano,
Germán Arciniegas, Luis Carlos López,
entre muchos otros.
Su
crítica no fue de circunstancia o de ocasión:
la prosa de Téllez no se agotó en un
periódico; por el contrario, trascendió
y se mantiene, hoy más que nunca, vigente en
nuestro ámbito. Su estilo ligero, de fácil
arquitectura desde el punto de vista de la erudición,
le permitieron acceder a un gran público. Su
tono conversacional, y en ocasiones aforístico,
nos deja escuchar los ecos de sus variadas lecturas.
Téllez cumple su cometido: hacer un reexamen
cáustico de nuestro pasado literario y elaborar
una lectura crítica de sus contemporáneos,
en una clara lección de constancia, pasión
y severidad. Su propósito: acabar con todo
rasgo de idolatría local. Su meta oculta: permitir
la entrada de nuestra literatura en el contexto de
la modernidad mundial.
|
| Hernando Téllez, 1966 (fotografía
de Germán Téllez). |
Su
método fue claramente expuesto por Marta Traba:
no atravesó la recta para demoler el objetivo
que estaba enfrente, sino que caminó oblicuamente
hacia un lado y otro por una estructura laberíntica
hasta lograr el objetivo y demolerlo. Su pensamiento
fue desarrollado en espiral, de ahí que él
mismo definiera su literatura como una "terca
elaboración".Para Hernando Téllez,
su arte consistía en "nadar contra la
corriente", su camino fue a contrapelo con las
ideas, las formas, los sentimientos, los conceptos,
los estilos. Su imagen fue la del "empecinado
nadador", su gesto el de un "puro insolente",
su oficio favorito el de un "conspirador al aire
libre". Quiso, como él mismo lo diría,
"poner en jaque al destino y contrariar la norma",
dejar en cuarentena toda nuestra cultura -esa matrona
de provincia-, cuarentena que, él mejor que
nadie lo entendía, podía durar varios
siglos.El último libro publicado en vida del
autor, Literatura y sociedad (Ediciones Mito, 1956),
se cierra con un breve texto de clásica lucidez
meridiana, sobre los compromisos del escritor; titulado
"Escolio". Son simbólicas la primera
y la última frase del escrito, que tomaremos
aquí a manera de conclusión. La primera
sentencia reza: "No es fácil convencemos
de que hemos fracasado", y la última:
"Que, por lo menos, quienes lleguen después
de nosotros no hallen la última cobardía,
la de que no hubiéramos confesado y reconocido
nuestra derrota y nuestro inútil arrepentimiento".
____________
1.
|
Alfonso Reyes, "Aristarco o anatomía
de la critica", en La experiencia literaria,
México, Fondo de Cultura Económica,
1989, pág.93. |
2.
|
Prólogo de Juan G. Cobo Borda
a Textos no recogidos en libro, t. I, Bogotá,
Colcultura, 1979, pág. 3. |
3.
|
Concepto de la sociología moderna,
aplicado por Gutiérrez Girardot, y que
se refiere al "proceso por el cual partes
de la sociedad y trozos de la cultura no reconocen
como lo determinante de la vida los símbolos
y representaciones de las instituciones religiosas".
Rafael Gutiérrez Girardot, Temas y problemas
de una historia social de la literatura hispanoamericana,
Bogotá, Ed. Canem, 1989, pág.
63. |
4.
|
Reportaje concedido a Abelardo Forero
Benavides y transcrito en Textos no recogidos
en libro, t. II, Bogotá, Colcultura, 1979.pag.918
|
5.
|
"Los hobbies de Hernando Téllez",
entrevista de Arturo Camacho Ramírez, en
Textos no recogidos en libro, t. II, Bogotá,
Colcultura, 1979.pag.947. |
6.
|
Prólogo de Marta Traba a la edición
chilena de Cenizas para el viento. Se encuentra
transcrito en Textos no recogidos en libro,
t. II, Bogotá, Colcultura, 1979,págs.
933-934. |
7.
|
Hernando Téllez, "La vocación
literaria", texto que aparece como prólogo
a Selección de prosas, Bogotá, Colcultura,
1979, págs. 11-12. |
8.
|
"Adoraciones y abominaciones",
entrevista de Felipe Lleras Camargo, en Textos
no recogidos en libro, t. U, Bogotá, Colcultura,
1979,.pág. 943. |
| 9.
|
Reportaje concedido a Abelardo Forero
Benavides, op. cit., pág. 905. |
10.
|
Prólogo de Alberto Lleras al
libro póstumo Confesión de parte,
Bogotá, Ediciones del Banco de la República,
1967, pág. 10. |
| 11.
|
Reportaje concedido a Abelardo Forero
Benavides, op. cit,, pág. 910 |
| 12.
|
Prólogo de Alberto Lleras Camargo
al libro póstumo Confesión de parte,
op. cit., pág. 17. |
13.
|
"Los hobbies de Hernando Téllez",
entrevista de Arturo Camacho Ramírez, en
Textos no recogidos en libro, t. II, op. cit.,
pág. 948. |
14.
|
Prólogo de Alberto Lleras Camargo
al libro póstumo Confesión de
parte, op. cit., pág. 18.
|
| 15.
|
Reportaje concedido a Abelardo Forero
Benavides, op. cit., pág. 906. |
| 16.
|
Prólogo de Alberto Lleras al libro
póstumo Confesión departe, op.
cit., pág. 10. |
17.
|
David Jiménez, Historia de la
crítica literaria en Colombia, Bogotá,
Centro Editorial Universidad Nacional, Instituto
Colombiano de Cultura, 1992. |
18.
|
Fernando Charry Lara, "Los Nuevos",
en Manual de literatura colombiana, t. II, Bogotá,
Procultura-Planeta, 1988, pág. 52
|
| 19.
|
Hernando Téllez, Diario, Bogotá,
Ed. Librería Suramérica, 1946, págs.
251-252. |
20.
|
Hernando Téllez, "Situación
y destino del literato", en Literatura, Bogotá,
Ed. Argra, 1951,pág.48. |
| 21.
|
Prólogo de Juan Gustavo Cobo
Borda a Textos no recogidos en libro, op. cit.,
pág. 4. |
| 22.
|
Hernando Téllez, "Elegía",
en Confesión de par te, op. cit., pág.
143. |
|