Boletín Cultural y Bibliográfico . Número 40. Volúmen XXXII. Editado en 1997
 

Hernando Tellez: un consumado estratega
 

JORGE H. CADAVID
Trabajo fotográfico: Mauricio A. Osorio y Germán Tellez
 

Hernando Téllez (tomada del libro Nadar contra la corriente, Bogotá, Editorial Ariel, 1995).
 

HERNANDO TÉLLEZ buscó la belleza en la crítica. Durante más de tres decenios en su pluma se mezclaron, por un lado, la inteligencia que interroga sin prevenciones y, por otro, una clara disposición poética. Téllez fue ante todo un escritor, carácter que los críticos modernos han perdido. Su principal vehículo fue el periodismo, convertido en sus manos en arma de doble filo: instrumento de la vida intelectual, que raramente se desentendía del acontecer social y político. Y es que el ejercicio de la escritura fue, para él, un constante enfrentarse y confrontarse con el país, este pedir y pedirse cuentas. Alfonso Reyes, como Téllez -esa mancuerna dispar-, creía que "el hombre es el hombre y el espejo [...] una entidad múltiple y cambiante [...] lucha y conciliación de principios antagónicos, izquierda y derecha; anverso y reverso, y el tránsito que los recorre: somos Poética y somos Crítica" 1 .

La crítica en Colombia, afirmaba Téllez, debía ser: "objetiva, veraz, impersonal, y en cierta manera, implacable". En su figura se opera el deslinde de la crítica con respecto a la religión, la moral y la retórica. Una de sus constantes luchas fue contra el imperio del "gramaticalismo": entendía que la emancipación de la gramática correspondía a una emancipación de la teología -como afirmaba Nietzsche- y, por consiguiente, de la política en este país "del Espíritu Santo". Es en este sentido que Téllez sigue siendo para el caso colombiano uno de sus paradigmas más actuales. Su lucha es la de un "emancipador de la razón", así lo hace notar Juan Gustavo Cobo Borda en su prólogo a la recopilación de textos de Téllez, hecha en 1979 por Colcultura: "Hernando Téllez ejerció una rigurosa vigilancia sobre un espectáculo de segundo orden: no sólo la literatura sino, en general, las costumbres colombianas. En sus manos lo endeble de una tradición; y lo que es peor, su mistificación interesada, halló un antídoto eficaz" 2 . Su recusación razonada fue básicamente contra la mentalidad irracional de una anacrónica época colonial, contra un costumbrismo del siglo XIX soso, contra la retórica declamatoria de una "gaseosa generación del Centenario", en fin, contra todo localismo o provincianismo que diluyera cualquier proceso de "secularización" 3 .

Para Hernando Téllez la crítica era el amor por la dialéctica, por la contradicción. De ahí que en su fecunda producción se mezclan: el pensamiento que indaga con irreverencia y su pasión por el estilo ("El estilo es una noción muy personal de la belleza. Pudiera decir que es congenital"); su interés que oscila entre lo universal y el terruño; su preocupación por la estética así como por la teoría literaria; su humor sano y la sorna grotesca. No lejos del escenario político, eligió vincularse directamente con la vida, para extraer la moraleja de nuestra terrible fábula histórica:


 

Cubierta del libro Inquietud del Mundo, Bogotá, Ediciones Librería Siglo XX, 1943.
 

Todo está demostrando -me dice Hernando Téllez- que las pasiones humanas no han cambiado. No existe el progreso moral [...] el alma humana no se transforma y han sido inútiles todos los esfuerzos para domesticar la bestia humana. La historia no es sino un constante regresar a la barbarie. Es un mundo físico que todos los días se transforma realmente mágico, en el que se aprovechan para beneficio del hombre todos los secretos de la ciencia, abrigado en regias mansiones, iluminado con luz fluorescente, dueño de radios, automóviles y neveras, dominador de los espacios y del tiempo, sigue imperturbable el espíritu de las cavernas 4 .

De la opción por el humanismo le viene su movilidad intelectual, enemiga de sistemas -llámense marxismo, estructuralismo, psicoanálisis, etc.-, su libertad para pensar, su lúcida contradicción, su insolente heterodoxia, su antidogmatismo, su fina ironía:

[…] no tengo y, por consiguiente, no practico ningún hobby. No soy deportista, ni filatelista, ni coleccionista de nada. No pinto, como Alberto Lleras, ni dibujo como Enrique Caballero Escobar, no colecciono cuadros, ni folletos, como Juan Lozano, no juego brigde, ni tute, ni ajedrez. Ni siquiera practico el entretenido juego de la oca, no soy fanático del fútbol, detesto las corridas de toros, no soy pescador en río manso o revuelto, no soy cazador de palomas, tigres, elefantes o mariposas, no colecciono pipas, ni ceniceros, ni bastones, ni sombreros, ni retratos. Tampoco practico el hobby de guardar las copias de las cartas que escribo, ni los originales de las que me escriben 5 .


Cubierta de Bagatelas, Bogotá, Ediciones "Tierra Firme", 1944.


Téllez fue un no-conformista, en el mejor sentido de la expresión. Tuvo la sinceridad y el valor suficientes para llevar a cabo una distinción jerárquica de rigor cuando de tomar posiciones intelectuales se trataba. Sus juicios, opiniones)    y apreciaciones en esta materia no coinciden casi nunca con los de sus contemporáneos. Disidente intencionado, reaccionario sin beneficio de inventario, nunca aceptó la masa hereditaria ilíquida de la subcultura colombiana; frente a los provincianos contemporáneos suyos, afirma Marta Traba, Téllez configura, realmente, la imagen del solitario:
 

Téllez se presenta como la punta de lanza dirigida a romper con el centenarismo. El centenarismo es una pauta de la mentalidad colombiana: un comportamiento que implica, en términos globales, la pérdida de la objetividad, la inflación de los datos culturales, el vacío informativo, la inexistencia de un confrontamiento con otras formas estables de la cultura extranjera.

Además de llevar a la irrealidad, el centenarismo representa una manera de ser formal: el cultivo de las buenas maneras, los valores de herencia, de apellido, la fraseología ceremonial de los rituales de familia. Representa la cultura de la "gente decente" el privilegio de “parecer culto".

La ficción de una cultura propia se vuelve protuberante, con el beneplácito obligatorio de los periódicos. Autores, artistas, apologistas y comentaristas se convierten en una casta de elogios mutuos [...] la Atenas Sudamericana y el país de poetas son elaborados pieza a pieza, con un minucioso bordado de palabras huecas.

Es en mitad de esta "commedia della cultura" cuando la voz de Hernando Téllez adquiere sus acentos insólitos: "la verdad-dice con respecto a la llamada crítica literaria- es que, críticamente, procedemos como en familia. Disimulamos todos nuestros defectos y perdonamos todas nuestras fallas y exaltamos, casi siempre por fuera de toda medida, nuestras cualidades" (Literatura, Bogotá, 1951, pág. 70) 6 .
 

BAGATELA SOBRE LA VIDA

Hernando Téllez nace en Bogotá, el 22 de marzo de 1908. "Yo tuve una infancia pobre, pero como no sabía qué era ser rico, no supe tampoco si era pobre". Estudia en el colegio de los Hermanos Cristianos donde se graduó en 1925. El más lejano recuerdo que tengo de una experiencia intelectual más o menos concreta y de la indefinida emoción que me producía, al renovarse, es el de la lectura hecha por mi madre y por una amiga de mi madre, de una novela publicada por entregas periódicas en una revista francesa de modas editada en español. Yo no sabía leer aún.
 

Dibujo de Ignacio Gómez Jaramillo quien ilustró el libro Bagatelas.
 

Mi hermana mayor, quien estuvo hasta su muerte poseída de un tenaz amor a los libros, era también una lectora incansable y por entonces me enseñaba las primeras letras [...] A su bella y fiel tenacidad le debo el saber leer. Cuando unos años más tarde, hecha mujer, su muerte interrumpió ese tácito compromiso de lecturas comunes, empecé entonces a leer para mí, a leer en silencio, a soñar por mi propia cuenta" 7 .

Voraz lector autodidacto, desde muy corta edad sintió una vocación irresistible por el periodismo. Interesa inicialmente al semanario Mundo al Día, dirigido entonces por Arturo Manrique; allí trabaja como un modesto empleado de la administración. Dos años más tarde, Germán Arciniegas lo lleva a colaborar en la revista Universidad, la cual marcó una época en el ámbito cultural bogotano, al agrupar a muchos de los integrantes de la generación de Los Nuevos, generación situada cronológica e ideológicamente a continuación de la denominada del Centenario. Los Nuevos contaban en sus filas con intelectuales y periodistas de la talla de Eduardo Zalamea, Jorge Zalamea, Rafael Maya, Germán Arciniegas, Eduardo Caballero Calderón, quienes habrían de sobresalir después en las décadas de 1930 y 1940: "Pertenezco a lo que pudiera llamarse la cosecha de mitaca de la generación de Los Nuevos. Eduardo Zalamea, Eduardo Caballero y yo llegamos de últimos a esa generación, pero no nos demoramos cronológicamente tanto en llegar como para que nos alcanzaran los piedracielistas ni nos apresuramos tanto en aparecer como para que nos consideraran contemporáneos de Ricardo Renden. Somos el jamón en el sandwich que forman Los Nuevos propiamente dichos y los verdaderos piedracielistas" 8 .

En 1929 pasa a El Tiempo, bajo la jefatura de redacción de Alberto Lleras Camargo. Se inicia como redactor de la crónica policíaca y de una página infantil: "Hace diez años -afirma Abelardo Forero- Hernando Téllez figuraba en El Tiempo en la nómina de los cronistas de policía y estaba obligado a ir todas las noches, lloviera o tronara, al permanente, con el objetivo de informar al grueso público colombiano sobre las oscuras aventuras de los hampones del Paseo Bolívar" 9 . Su entrañable amigo Alberto Lleras apunta al respecto: "Téllez recorría los juzgados permanentes, la antesala de las cárceles, los escritorios de relaciones públicas del crimen y llegaba, cargado de delitos, hasta su pequeña oficina, muy cercana a aquella en la cual yo redactaba comentarios y editoriales entre la bruma de los cigarrillos, intoxicado de café y de policía" 10 .

Luces en el bosque (cubierta) publicado en Bogotá por Ediciones Librería Siglo XX, 1946.
 

En 1930 ingresa a la política como colaborador en la campaña electoral de Enrique Olaya Herrera, que culminó en 1930 con la caída de la hegemonía del partido conservador y el nacimiento de la llamada "República Liberal". Continúa su vinculación con el liberalismo e ingresa en 1934 al Concejo de Bogotá. Allí llevó las actas de las tediosas sesiones, actuando como secretario. También adelantó una labor de publicidad y divulgación en cuestiones relacionadas con la historia de la capital. El año 1937 es crucial en su vida: es designado cónsul general de Colombia en Marsella (Francia), cargo que ejerce hasta los primeros meses de 1939, poco tiempo antes de la segunda guerra mundial. El conocimiento de la literatura francesa partiría en dos su vida. Su pasión por Proust, Flaubert y Stendhal se mantuvo inalterable. En su obra están las huellas de Gide, Mauriac, Claudel. Proust, por su parte, fue una verdadera obsesión, su paradigma: "Marcel Proust es la más grande influencia literaria que he tenido. Sin duda alguna su obra es la más extraordinaria de este siglo; descubrió un continente, una atlántida que estaba sumergida. La novela contemporánea se parte en dos épocas. Antes de Marcel Proust y después de Marcel Proust" 11 . Su comparación de Madame Bovary con María es casi inevitable: "Su afición a la literatura francesa, a lo francés, al pueblo y al paisaje franceses, a las ciudades, a las costumbres, a la vida de Francia, fue sincerísima y depurada de todo esnobismo" 12 .

Artículo de Hernando Téllez quien colaboró en el periódico Sábado, ilustrado por F. Frankly (Bogotá, 14 de junio de 1947).
 

El reingreso de este "peregrino de Proust" al periodismo coincide con la fundación del periódico El Liberal, bajo la dirección de Alberto Lleras Camargo. Téllez es nombrado subdirector, cargo que desempeñó durante tres años, período en que finaliza la presidencia de Eduardo Santos y comienza el segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo. El nombre de Téllez fue reconocido nacionalmente desde la página de Hoy: "Desde esta columna comenta la vida y el aspecto risible de los hombres, con una ironía que no alcanza a ser envenenada, y un sutil sentido del humor", comenta su amigo Abelardo Forero Benavides.

Al comienzo de 1942 se retira de El Liberal y es nombrado jefe de propaganda del consorcio de cervecerías Bavaria: "Yo tengo dos profesiones públicas, la de escritor y oficinista. La segunda me permite, económicamente, ejercer también la primera. Esta última, como usted y yo sabemos, no da para vivir, sino para sobrevivir" 13 .

En 1944 ingresa al Senado de la República, al cual asiste durante un semestre, coincidiendo con el retiro de López Pumarejo y la llegada a la presidencia de Alberto Lleras Camargo en 1945. "Téllez después de la aventura de El Liberal y su fugaz ingreso al Senado de la República, que lo dejaron impecune y prestigioso, se retiró con horror de una eventual carrera política que le truncaría sus prospectos. Y se vinculó a una empresa industrial en la cual llegó a los máximos límites tolerados a su extracción intelectual y a su sarcástica independencia" 14 .

En 1947 asume la dirección de la revista Semana. De este modo reanuda su carrera periodística a través de su columna "Márgenes", de insobornable y fulgurante estilo, en la cual alcanzará su máximo nivel con una crónica excepcional sobre el 9 de abril. Simultáneamente colabora con el radioperiódico Onda Libre, dirigido por Jaime Soto. Escribe notas para varias publicaciones del país y del exterior, entre las cuales cabe mencionar: la revista Mito, de Bogotá; el periódico El Nacional, de Caracas, y la revista Cuadernos, de París. En 1959 es nombrado embajador de Colombia ante la Unesco, en París, cargo que desempeña durante un año. Hernando Téllez muere en 1966. Quedaron publicados sus libros Inquietud del mundo, en octubre de 1943; Bagatelas, en marzo de 1944, y Luces en el bosque (digresiones muy personales en tono lírico y ensayístico) en febrero de 1946; Diario, en octubre de 1946; Cenizas para el viento (colección de cuentos y relatos sobre la violencia partidista), en octubre de 1950; Literatura, en noviembre de 1951. En 1956 aparece publicado por Jorge Gaitán Duran, en los cuadernos de Mito, su libro Literatura y sociedad. El Banco de la República, que lo había designado miembro del comité asesor de la Biblioteca Luis Ángel Arango hace, en 1967, una edición póstuma del libro que preparaba, bajo el título de Confesión de parte.

Quedan de Hernando Téllez dos retratos vivos logrados por sus amigos Abelardo Forero Benavides y Alberto Lleras Camargo:

Muy pocos han sospechado que este diminuto ciudadano, que no llega a un metro con sesenta centímetros de estatura, cordial y amable, con una sonrisa de satisfacción permanente, optimista y alegre, correctamente vestido, limpio y sencillo, sin ningún rasgo exterior que le delate a los transeúntes sus aficiones y su profesión de letrado, pueda ser un escritor extraordinario y un extraordinario
artista
15 .

Téllez era físicamente todavía más joven que su edad, porque no había entrado en esa madura y sólida turgencia, que lo asemejó tantos años después, para mi al menos, y tal vez por afinidad intelectual, más que física, a Alfonso Reyes. Donde más tarde debía brillar el casco moreno de su cráneo ancho apenas recubierto por unos hilos grises que parecían contenerlo, había, entonces, una masa fuerte y negra de cabellos ordenados que relucían, como los ojos maliciosos y los dientes blanquísimos sobre la movilidad del rostro, alimentada por la alacridad del espíritu 16 .
 

LA IRREFRENABLE RISA DEL VOLTERIANO


Una serie de juicios tajantes y determinantes, de apreciaciones aparentemente definitivas, llegan a dirigirse en tomo a la obra de Hernando Téllez. Es necesario plantearlos aquí como temas de reflexión, siempre con un tono interrogativo. Cabe también anotar que estos señalamientos no tienen nada de exhaustivos y que haría falta calar más profundamente en la obra de Téllez para expresar opiniones más extensas y convincentes. El aspecto "demostrativo" que se requiere no cabe en el espacio de un artículo. La única ambición de estos cuestionamientos, es abrir caminos de reflexión y estudio con respecto a la vigencia del pensamiento de una de las principales figuras que sirvieron de vehículo a la cultura colombiana en la primera mitad de siglo.

Hernando Téllez, s. f. (fotografía de Germán Téllez).
 

Los principales cuestionamientos aparecen reunidos en el estudio que de Hernando Téllez hace el profesor David Jiménez en su Historia de la crítica literaria en Colombia 17 y que en su orden podrían ser sintetizados en los siguientes puntos:

1. El primer juicio crítico planteado con respecto a la obra de Téllez fue su "veneración" por la cultura francesa, que, según el profesor Jiménez, alcanzó un carácter casi "supersticioso", hasta convertirse en pauta de valoración.

2. Como contrapartida, la subvaloración de la herencia cultural española. Según Téllez, la fantasmagoría del héroe cervantino, la mística y la tauromaquia sintetizan su legado. Ofreciéndonos, a cambio, "una especie de daltonismo espiritual y sensorial", y el casticismo en cuanto a modelo estilístico.

Hernando Téllez, s. f. (fotografía de Germán Téllez).
 

3. Téllez, afirma el profesor Jiménez, con relativa frecuencia intentó apreciaciones "globales" de la literatura colombiana, sin dedicarle nunca a esta cuestión un ensayo de fondo, mucho menos un examen histórico detallado. El riesgo de "lo panorámico" estuvo siempre allí, relativizando sus juicios y restando validez a sus conclusiones.

4. Tan convencido estaba Téllez de que las "secretas tendencias" del carácter nacional iban a desembocar directa y fatalmente en la cursilería -"somos un pueblo feo, católico y sentimental"-, que esa convicción se le convirtió en ley sociológica y hasta biológica.

5. La posición de Téllez frente a la poesía lírica no es fácil de precisar. Se debatía entre el facilismo de la intuición espontánea y el formalismo más rígido. Fernando Charry Lara opinaría: "Seguramente van a permanecer muchos de los juicios de Téllez en distintas materias, pero no los dedicados a la poesía, los cuales, si no lo fueron entonces, parecen hoy menos eficaces" 18 . Guillermo Valencia, por ejemplo, fue para Téllez el más grande de los poetas líricos en Colombia y quien le da una visión universal a nuestra poesía. Los comentarios de Téllez sobre poesía presentan un último agravante: nunca se acercan directamente al texto de los poemas en un estudio intrínseco, omitiendo siempre su interpretación.

Cenizas para el viento y otras historias, Bogotá, Litografía Colombia, 1950.
 

6. La obra crítica de Téllez se sostiene sobre dos principios más o menos antinómicos: la literatura, entendida como institución, es un fenómeno fundamentalmente histórico y sometido a condicionamientos sociales; en cambio, la esencia estética de la obra singular es inexplicable por parámetros históricos y sociológicos, aparece en último término como intemporal y, por su naturaleza íntima, es imprevisible e irracional.

7. La misión de la crítica, para Hernando Téllez, según lo plantea el profesor Jiménez, se limita a tareas incómodas, como discriminar, deslindar, jerarquizar, rechazar o condenar. Esa mirada de legislador no le permite ver la crítica como un diálogo implícito y explícito con el lector. 

En un último punto, y como caso aparte, consideraremos el artículo del escritor Jaime Mejía Duque, en su libro Literatura y realidad (Medellín, Editorial La Oveja Negra, 1969, págs. 141-154), titulado "El 'caso' Hernando Téllez", donde lanza una serie de apreciaciones de carácter subjetivo, a mi modo de ver prejuiciadas, cuya argumentación se basa en ataques a su condición burguesa, de élite, y a su vinculación con los "mecanismos políticos". Con esto, Jaime Mejía Duque pretende poner en tela de juicio la validez intelectual de Téllez, considerándolo como un simulador de la "autocrítica", un "glosador preciosista", "experto en superfluidades inteligentes", "abroquelado", en su cultura literaria. El artículo de Mejía Duque sirve simplemente como documento ilustrativo de cierta crítica viciada que envuelve la obra de Hernando Téllez.

 


NADAR CONTRA LA CORRIENTE


Le corresponde a Hernando Téllez pasar revista por un país sumido en las penurias del costumbrismo y la prosopopeya. Se da a la tarea de descubrir "las pequeñas estafas y los grandes ridículos" de la subcultura de la provincia, inmersa todavía en un "estadio lírico":

Ejemplar de Cenizas para el viento y otras historias dedicado a Jorge Vélez García por Hernando Téllez.

El primer balbuceo literario de un pueblo, siempre ha sido un balbuceo lírico. Solamente cuando ha descrito una amplia parábola en su civilización y su cultura se sirve de la prosa para construir obras de permanente valor estético. Podría pensarse, de acuerdo con lo anterior, que Colombia se encuentra en el tercer día de la creación literaria, precisamente porque la más alta cifra de su producción intelectual corresponde a los versos. No es exactamente así. Se halla muy retardado su desarrollo en cuanto a la estabilización de los demás géneros literarios, diferentes del género poético propiamente dicho. Pero en cuanto a la poesía, su progreso no avanza en profundidad, sino en superficie. Hay un desenvolvimiento cuantitativo, no equilibrado por un progreso en las calidades. Hay muchos versos, pero no mucha poesía. Es mucho más lo que se produce que lo que perdura 19 .

Sus mejores prosas, Bogotá, Lima, Editora Latinoamericana, ca. 1950.

Téllez se impone la empresa de reconocer la inamovilidad de las estructuras arcaicas colombianas, con el estilo terco y virulento de un "escritor de ideas, no de vocablos", como afirmaría la crítica Marta Traba. Retratar, vigilar, dar fe, tomar nota, desmitificar, la condición pétrea de la cultura colombiana, serán algunos de sus objetivos mas próximos:

La cultura no ha podido seguir el ritmo de la civilización. Si hubiesen corrido parejas la cultura y los negocios, la fundación de fábricas y la fundación de universidades, la alfabetización y las grandes rentas o los grandes edificios o las grandes y lujosas residencias, los centros de investigación científica y la producción en serie, los monopolios industriales y las cátedras bien pagadas, los "holdings" y las escuelas públicas, a estas horas habría más clientela para los literatos, puesto que el nivel cultural del país sería más alto y, desde luego, ya habría gentes que estuvieran pensando enfundar empresas editoriales [...] así como el auge del comercio, de la industria, de los negocios, ha creado y estabilizado con pleno y merecido éxito, una clase social, el cambio radical en las condiciones culturales del país estaría haciendo posible la aparición del profesional literario 20 .

Literatura y sociedad, publicado por Ediciones Mito, Bogotá, 1956, ejemplar núm. 624.

Para Téllez, mientras el trabajo literario fuese visto como oficio subalterno, entretenimiento vacuo, adorno inútil, la literatura en Colombia seguiría siendo débil y nuestros literatos indisciplinados, inconstantes y superficiales.

La actividad crítica de Hernando Téllez toca prácticamente todos los hechos y fenómenos de la vida cultural colombiana: desde la música popular, el baile, las radionovelas, el teatro, el cine, hasta el folclor culinario pasaron por sus páginas, convirtiéndose en amable cátedra:

Amante de la buena mesa, en Sábado en 1943, proclamó su admiración por el chicharrón y la arepa, y ahora en las páginas de Mito, en 1957, afirmaba, con plena tranquilidad: "A los treinta y cinco, todo colombiano empieza a perder las aristas de la inconformidad. A los cincuenta las ha perdido todas. De ahí en adelante será un entusiasta de la música nacional y la cocina criolla 21

Juan Antonio Roda realizó este dibujo para la edición del libro Literatura y sociedad .

A través de su lente múltiple vislumbra en la arquitectura, por ejemplo, el mejor síntoma de una superposición de culturas y épocas que no corresponden, y sus nefastas consecuencias: "la civilización urbana prolonga ahora sus garras sobre el cuerpo de la sabana. Y los antiguos pueblos que conocieron una cierta vida plena y autónoma, un cierto esplendor, con sus propietarios de haciendas viviendo allí mismo, con su núcleo social y sus jerarquías y sus fueros, mueren como tales para resucitar como barrios de tercera clase urbana" 22 .


 

Cubierta del libro Confesión de parte publicado por el Banco de la República, Bogotá, 1967.

Por su pluma atenta pasan los forjadores de la nueva cultura colombiana. Su mente flexible y punzante le permite inventariar todo un proceso:

Nicolás Gómez Dávila: "el estilo se vuelve piel, fina corteza adherida biológicamente, íntimamente, al hueso de la idea [...] esquivo y supremo hallazgo".

Alvaro Mutis: "poesía hija de su tiempo [...] poesía verdadera, de voz original e inconfundible. Apresurémonos a proclamarlo".

León de Greiff: "aparece como una creación aparte [...] y cuya afloración -en el trópico- se rige por otros ciclos estacionales [...] dentro de un siglo o dentro de diez, la poesía de De Greiff seguirá siendo".

Aurelio Arturo: "la palabra, escogida, meditada, oída en su música esencial, calculada como mensajera de la emoción".

 

Diseño de la cubierta del libro Selección de prosas, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, s.f.
 
Cubierta del libro Textos no recogidos en libro, publicado por el Instituto Colombiano de Cultura, en Bogotá, 1979


Revista Mito: "aparece como un conjunto de magníficas extravagancias [...] la impopularidad de Mito es, pues, el precio de su calidad".

"Sin Téllez nada hubiera sido posible", afirma Cobo Borda. Este "agitador innato" fue el primero en tomar en cuenta nombres como: García Márquez, Alvaro Cepeda Samudio, Héctor Rojas Herazo, Osorio Lizarazo, Sanín Cano, Germán Arciniegas, Luis Carlos López, entre muchos otros.

Su crítica no fue de circunstancia o de ocasión: la prosa de Téllez no se agotó en un periódico; por el contrario, trascendió y se mantiene, hoy más que nunca, vigente en nuestro ámbito. Su estilo ligero, de fácil arquitectura desde el punto de vista de la erudición, le permitieron acceder a un gran público. Su tono conversacional, y en ocasiones aforístico, nos deja escuchar los ecos de sus variadas lecturas. Téllez cumple su cometido: hacer un reexamen cáustico de nuestro pasado literario y elaborar una lectura crítica de sus contemporáneos, en una clara lección de constancia, pasión y severidad. Su propósito: acabar con todo rasgo de idolatría local. Su meta oculta: permitir la entrada de nuestra literatura en el contexto de la modernidad mundial.

Hernando Téllez, 1966 (fotografía de Germán Téllez).

Su método fue claramente expuesto por Marta Traba: no atravesó la recta para demoler el objetivo que estaba enfrente, sino que caminó oblicuamente hacia un lado y otro por una estructura laberíntica hasta lograr el objetivo y demolerlo. Su pensamiento fue desarrollado en espiral, de ahí que él mismo definiera su literatura como una "terca elaboración".Para Hernando Téllez, su arte consistía en "nadar contra la corriente", su camino fue a contrapelo con las ideas, las formas, los sentimientos, los conceptos, los estilos. Su imagen fue la del "empecinado nadador", su gesto el de un "puro insolente", su oficio favorito el de un "conspirador al aire libre". Quiso, como él mismo lo diría, "poner en jaque al destino y contrariar la norma", dejar en cuarentena toda nuestra cultura -esa matrona de provincia-, cuarentena que, él mejor que nadie lo entendía, podía durar varios siglos.El último libro publicado en vida del autor, Literatura y sociedad (Ediciones Mito, 1956), se cierra con un breve texto de clásica lucidez meridiana, sobre los compromisos del escritor; titulado "Escolio". Son simbólicas la primera y la última frase del escrito, que tomaremos aquí a manera de conclusión. La primera sentencia reza: "No es fácil convencemos de que hemos fracasado", y la última: "Que, por lo menos, quienes lleguen después de nosotros no hallen la última cobardía, la de que no hubiéramos confesado y reconocido nuestra derrota y nuestro inútil arrepentimiento".


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1.
 
Alfonso Reyes, "Aristarco o anatomía de la critica", en La experiencia literaria, México, Fondo de Cultura Económica, 1989, pág.93.
2.
 
Prólogo de Juan G. Cobo Borda a Textos no recogidos en libro, t. I, Bogotá, Colcultura, 1979, pág. 3.
3.


 

Concepto de la sociología moderna, aplicado por Gutiérrez Girardot, y que se refiere al "proceso por el cual partes de la sociedad y trozos de la cultura no reconocen como lo determinante de la vida los símbolos y representaciones de las instituciones religiosas". Rafael Gutiérrez Girardot, Temas y problemas de una historia social de la literatura hispanoamericana, Bogotá, Ed. Canem, 1989, pág. 63.

4.
 
Reportaje concedido a Abelardo Forero Benavides y transcrito en Textos no recogidos en libro, t. II, Bogotá, Colcultura, 1979.pag.918
5.
 
"Los hobbies de Hernando Téllez", entrevista de Arturo Camacho Ramírez, en Textos no recogidos en libro, t. II, Bogotá, Colcultura, 1979.pag.947.
6.
 

Prólogo de Marta Traba a la edición chilena de Cenizas para el viento. Se encuentra transcrito en Textos no recogidos en libro, t. II, Bogotá, Colcultura, 1979,págs. 933-934.

7.
 
Hernando Téllez, "La vocación literaria", texto que aparece como prólogo a Selección de prosas, Bogotá, Colcultura, 1979, págs. 11-12.
8.
 
"Adoraciones y abominaciones", entrevista de Felipe Lleras Camargo, en Textos no recogidos en libro, t. U, Bogotá, Colcultura, 1979,.pág. 943.
9. Reportaje concedido a Abelardo Forero Benavides, op. cit., pág. 905.
10.
 
Prólogo de Alberto Lleras al libro póstumo Confesión de parte, Bogotá, Ediciones del Banco de la República, 1967, pág. 10.
11. Reportaje concedido a Abelardo Forero Benavides, op. cit,, pág. 910
12. Prólogo de Alberto Lleras Camargo al libro póstumo Confesión de parte, op. cit., pág. 17.
13.
 
"Los hobbies de Hernando Téllez", entrevista de Arturo Camacho Ramírez, en Textos no recogidos en libro, t. II, op. cit., pág. 948.
14.
 

Prólogo de Alberto Lleras Camargo al libro póstumo Confesión de parte, op. cit., pág. 18.
 

15. Reportaje concedido a Abelardo Forero Benavides, op. cit., pág. 906.
16.

Prólogo de Alberto Lleras al libro póstumo Confesión departe, op. cit., pág. 10.

17.
 
David Jiménez, Historia de la crítica literaria en Colombia, Bogotá, Centro Editorial Universidad Nacional, Instituto Colombiano de Cultura, 1992.
18.
 
Fernando Charry Lara, "Los Nuevos", en Manual de literatura colombiana, t. II, Bogotá, Procultura-Planeta, 1988, pág. 52
19. Hernando Téllez, Diario, Bogotá, Ed. Librería Suramérica, 1946, págs. 251-252.
20.
 
Hernando Téllez, "Situación y destino del literato", en Literatura, Bogotá, Ed. Argra, 1951,pág.48.
21. Prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda a Textos no recogidos en libro, op. cit., pág. 4.
22. Hernando Téllez, "Elegía", en Confesión de par te, op. cit., pág. 143.