Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 39 . Volúmen XXXII. Editado en 1996
 

Y por mi parte nunca fuiste mía ni yo para tí


Los estragos del amor. El discurso amoroso en los medios de comunicación
Florence Thomas
Universidad Nacional, Santafé de Bogotá, 1994, 216 págs.

En una sociedad “mediatizada” -para utilizar la expresión de moda-, como lo es toda sociedad contemporánea, el discurso amoroso pasa necesariamente por los medios de comunicación. ¿Qué mensajes envían y refuerzan las canciones, los consultorios sentimentales radiales, las revistas femeninas, las fotonovelas, las telenovelas y los dramatizados, que tienen al amor como “referente central”?

Florence Thomas, psicóloga y activista feminista de amplia trayectoria nacida en Francia y vinculada desde 1967 a la Universidad Nacional, se propone averiguarlo en este libro. Empieza con una contextualización histórica, en la que advierte cómo el signo o el símbolo siempre son partes esenciales del concepto de amor, que también tiene otras características esenciales, como incluir el sentimiento erótico y ser ambiguo. Ambiguo, porque “todo lo/cura”, como dice un grafito bogotano recogido por la autora. Florence Thomas sigue la huella de la evolución de la cópula al amor. El momento en que el acto de amar deja de ser un instinto para convertirse en una búsqueda, tanto del otro como de la propia identidad, cuando nace el erotismo y se trenzan los mitos.

Quién sabe qué pensarán los antropólogos de la localización cronológica de ese primer eslabón del amor en el bipedismo de hace siete u ocho millones de años. Quién sabe qué pensarán los veterinarios de esa posibilidad de amar que Florence Thomas les niega a los animales y que contradice lo que a veces refleja en sus ojos “Pingui”, mi perro terrier.

En todo caso, la autora continúa su recorrido con un muy completo análisis de los mitos que han alimentado el amor, y el contraste irremediable, que marcará a Occidente, entre el ágape cristiano (la comunión con la deidad, el amor que ésta nos concede en forma descendente) y el Eros griego (de movimiento ascendente, el amorfusión).

La autora elabora unos útiles cuadros sinópticos en los cuales va analizando la trama amorosa de los mitos (Narciso, Edipo rey, Tristán e Isolda, don Juan, Romeo y Julieta, María -de Jorge Isaacs-, símbolo del amor romántico) en sus tres facetas: introductoria de obstáculos y consecuente transgresión hasta llegar al desenlace, en el cual la muerte desempeña un papel fundamental.

En esa “arqueología del amor”, Thomas despeja rápidamente algunos sentidos psicoanalíticos del amor: sus etapas, el significado de la carencia y el deseo, o el papel decisivo del obstáculo en la dinámica amorosa. Y, por supuesto, la diferencia de género en el enfoque del amar. Porque la mujer ama, como dice Thomas, “desde su propia vulnerabilidad”; y para el hombre, la fidelidad es una renuncia a esa convicción de su propia potencia, para citar tan sólo dos elementos de la comparación.

En cuanto a las etapas, es fundamental para la autora la de narcismo primario; lo es también la aparición del otro, es decir, del padre “la cultura y la ley y, en consecuencia la aceptación e institucionalización de la carencia”. Estas y otras etapas que se reproducen en el trayecto humano, como la del amor cristalizado, estructuran la identidad.

Pero estar enamorado es diferente de amar, tema éste último que no parece interesarle demasiado a los medios de comunicación. Poco se ocupan, por ejemplo, de la vida matrimonial o de la cotidianidad. Tampoco le muestran a la mujer cómo vivir su soledad y a encontrar en ésta una alternativa al anulador “devórame otra vez” de las canciones. Las anteriores son las principales conclusiones del análisis de los discursos amorosos en los medios, que no es la parte más sustancial del libro (menos de la mitad, páginas 111 a 189), tal vez por ceñirse demasiado a los casos estudiados. Algunos apartes muy bien logrados hacen añorar que no se hubiera prolongado más la reflexión global sobre este aspecto. Pero deja, sin duda, una puerta abierta para continuarla.

En las 46 canciones estudiadas (42 cantadas por hombres, lo cual ya es un indicio), hay dos categorías que dominan (fusión-enamoramiento, 39% y ruptura-duelo, 52%). La mayoría de las canciones niegan en el fondo la posibilidad de un aprendizaje del amar y exaltan tanto el dolor como la pérdida de identidad (obsesivas con ese amor-fusión: el yo soy tú, tú eres yo). En cuanto a los consultorios sentimentales, son legitimadores del orden social e invitan a no ser diferentes. Los artículos de revista, por lo general seudocientíficos, promueven estrategias de ataque para “ganarse” al varón, y enseñan a evitar crisis en vez de manejarlas. Todavía más destructivo es el mensaje de las fotonovelas, con gran número de escenas de sufrimiento (30% en promedio) y muy pocos besos. Y algo similar sucede en las telenovelas, punto en el que es interesante la comparación entre una “típica” telenovela venezolana y otra colombiana (Amar y vivir) de Carlos Duplat, que busca nuevos enfoques (al darle, por ejemplo, énfasis al contexto social) pero que en realidad lleva a lo mismo, porque nos quedamos asentados en el patriarcalismo. Quizá en ese aspecto también, telenovelas posteriores, como Doña Isabel (en la cual la protagonista escoge al final quedarse sola), cambien un poco el panorama descrito por Thomas. Finalmente es certero, aunque conocido, el análisis de lo que sucede en publicidad, donde “las cosas del amor se reducen todas al amor de las cosas”.

Desde el punto de vista estructural, se le podría reprochar al libro no lograr una unidad entre la parte histórica y el recorrido por los mitos en la humanidad, y el análisis del discurso amoroso en los medios modernos. Quizá ello se deba a que la comparación entre unos y otros no se retoma en la última parte, de tal manera que se pierde el hilo conductor. Desde el punto de vista formal, y como sucede con muchas obras de investigadores universitarios, cuando Florence Thomas se deshace de cierto academicismo en la presentación, es mucho más agradable de leer. Y hay un contraste, por ejemplo, entre frases como “los objetivos fundamentales de este trabajo” (pág. 89) y otras como la receta final de Florence Thomas, llegar al “yo soy tú, tú eres tú, y en el reconocimiento de esta diferencia vamos a apreder a amarnos, sabiendo que estamos los dos profundamente solos” (pág. 201).

Por cierto, a la presentación un tanto académica le hacen agradable contrapeso unas muy bellas ilustraciones de María de la Paz Jaramillo. Son reproducciones de sus series “Parejas”, “De amores y amantes”, “Parejas en Capurganá”, “Grupos”, y “Posibilidades de la mujer”

MARÍA TERESA HERRÁN