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Y
por mi parte nunca fuiste mía ni yo para tí
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Los estragos del amor. El discurso
amoroso en los medios de comunicación
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Florence Thomas
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Universidad Nacional, Santafé de Bogotá,
1994, 216 págs.
En una sociedad mediatizada
-para utilizar la expresión de moda-, como lo es toda sociedad contemporánea, el
discurso amoroso pasa necesariamente por los medios de comunicación. ¿Qué mensajes
envían y refuerzan las canciones, los consultorios sentimentales radiales, las revistas
femeninas, las fotonovelas, las telenovelas y los dramatizados, que tienen al amor como
referente central?
Florence Thomas, psicóloga y activista
feminista de amplia trayectoria nacida en Francia y vinculada desde 1967 a la Universidad
Nacional, se propone averiguarlo en este libro. Empieza con una contextualización
histórica, en la que advierte cómo el signo o el símbolo siempre son partes esenciales
del concepto de amor, que también tiene otras características esenciales, como incluir
el sentimiento erótico y ser ambiguo. Ambiguo, porque todo lo/cura, como dice
un grafito bogotano recogido por la autora. Florence Thomas sigue la huella de la
evolución de la cópula al amor. El momento en que el acto de amar deja de ser un
instinto para convertirse en una búsqueda, tanto del otro como de la propia identidad,
cuando nace el erotismo y se trenzan los mitos.
Quién sabe qué pensarán los
antropólogos de la localización cronológica de ese primer eslabón del amor en el
bipedismo de hace siete u ocho millones de años. Quién sabe qué pensarán los
veterinarios de esa posibilidad de amar que Florence Thomas les niega a los animales y que
contradice lo que a veces refleja en sus ojos Pingui, mi perro terrier.
En todo caso, la autora continúa su
recorrido con un muy completo análisis de los mitos que han alimentado el amor, y el
contraste irremediable, que marcará a Occidente, entre el ágape cristiano (la comunión
con la deidad, el amor que ésta nos concede en forma descendente) y el Eros griego (de
movimiento ascendente, el amorfusión).
La autora elabora unos útiles cuadros
sinópticos en los cuales va analizando la trama amorosa de los mitos (Narciso, Edipo rey,
Tristán e Isolda, don Juan, Romeo y Julieta, María -de Jorge Isaacs-, símbolo del amor
romántico) en sus tres facetas: introductoria de obstáculos y consecuente transgresión
hasta llegar al desenlace, en el cual la muerte desempeña un papel fundamental.
En esa arqueología del amor,
Thomas despeja rápidamente algunos sentidos psicoanalíticos del amor: sus etapas, el
significado de la carencia y el deseo, o el papel decisivo del obstáculo en la dinámica
amorosa. Y, por supuesto, la diferencia de género en el enfoque del amar. Porque la mujer
ama, como dice Thomas, desde su propia vulnerabilidad; y para el hombre, la
fidelidad es una renuncia a esa convicción de su propia potencia, para citar tan sólo
dos elementos de la comparación.
En cuanto a las etapas, es fundamental
para la autora la de narcismo primario; lo es también la aparición del otro, es decir,
del padre la cultura y la ley y, en consecuencia la aceptación e
institucionalización de la carencia. Estas y otras etapas que se reproducen en el
trayecto humano, como la del amor cristalizado, estructuran la identidad.
Pero estar enamorado es diferente de
amar, tema éste último que no parece interesarle demasiado a los medios de
comunicación. Poco se ocupan, por ejemplo, de la vida matrimonial o de la cotidianidad.
Tampoco le muestran a la mujer cómo vivir su soledad y a encontrar en ésta una
alternativa al anulador devórame otra vez de las canciones. Las anteriores
son las principales conclusiones del análisis de los discursos amorosos en los medios,
que no es la parte más sustancial del libro (menos de la mitad, páginas 111 a 189), tal
vez por ceñirse demasiado a los casos estudiados. Algunos apartes muy bien logrados hacen
añorar que no se hubiera prolongado más la reflexión global sobre este aspecto. Pero
deja, sin duda, una puerta abierta para continuarla.
En las 46 canciones estudiadas (42
cantadas por hombres, lo cual ya es un indicio), hay dos categorías que dominan
(fusión-enamoramiento, 39% y ruptura-duelo, 52%). La mayoría de las canciones niegan en
el fondo la posibilidad de un aprendizaje del amar y exaltan tanto el dolor como la
pérdida de identidad (obsesivas con ese amor-fusión: el yo soy tú, tú eres yo). En
cuanto a los consultorios sentimentales, son legitimadores del orden social e invitan a no
ser diferentes. Los artículos de revista, por lo general seudocientíficos, promueven
estrategias de ataque para ganarse al varón, y enseñan a evitar crisis en
vez de manejarlas. Todavía más destructivo es el mensaje de las fotonovelas, con gran
número de escenas de sufrimiento (30% en promedio) y muy pocos besos. Y algo similar
sucede en las telenovelas, punto en el que es interesante la comparación entre una
típica telenovela venezolana y otra colombiana (Amar y vivir) de Carlos
Duplat, que busca nuevos enfoques (al darle, por ejemplo, énfasis al contexto social)
pero que en realidad lleva a lo mismo, porque nos quedamos asentados en el patriarcalismo.
Quizá en ese aspecto también, telenovelas posteriores, como Doña Isabel (en la cual la
protagonista escoge al final quedarse sola), cambien un poco el panorama descrito por
Thomas. Finalmente es certero, aunque conocido, el análisis de lo que sucede en
publicidad, donde las cosas del amor se reducen todas al amor de las cosas.
Desde el punto de vista estructural, se
le podría reprochar al libro no lograr una unidad entre la parte histórica y el
recorrido por los mitos en la humanidad, y el análisis del discurso amoroso en los medios
modernos. Quizá ello se deba a que la comparación entre unos y otros no se retoma en la
última parte, de tal manera que se pierde el hilo conductor. Desde el punto de vista
formal, y como sucede con muchas obras de investigadores universitarios, cuando Florence
Thomas se deshace de cierto academicismo en la presentación, es mucho más agradable de
leer. Y hay un contraste, por ejemplo, entre frases como los objetivos fundamentales
de este trabajo (pág. 89) y otras como la receta final de Florence Thomas, llegar
al yo soy tú, tú eres tú, y en el reconocimiento de esta diferencia vamos a
apreder a amarnos, sabiendo que estamos los dos profundamente solos (pág. 201).
Por cierto, a la presentación un tanto
académica le hacen agradable contrapeso unas muy bellas ilustraciones de María de la Paz
Jaramillo. Son reproducciones de sus series Parejas, De amores y
amantes, Parejas en Capurganá, Grupos, y
Posibilidades de la mujer
MARÍA TERESA HERRÁN
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