La generación del lodo
y la avalancha de la vida
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Diez años sin Armero
(investigación etnográfica)
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Ana Gómez, Luis Burgos, Martha
Aristizábal, Nelsy Roa, Orlando Morales
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Fondo Resurgir-Fes Tolima, Ibagué, 1993,
128 págs.
A pocos meses de cumplirse diez años de
haber sido arrasada la población de Armero por la avalancha del Ruiz, aparece esta obra
que reflexiona particularmente sobre esa generación del lodo" de adolescentes
y jóvenes que sobrevivió; su relación con la nueva escuela, con su memoria y sus
fantasmas, sus expectativas y miedos.
El tema de Armero que generó toda una
sobreproducción de "autores y obras", poemas, cantos y opiniones, que
francamente obedecía a un carácter más emocional (muy respetable en su momento) que de
investigación, ahora servía como punto de partida, y que había logrado sensibilizar a
algunos estamentos sociales (no burocratizados) pero en especial a maestros e
investigadores. El presupuesto era claro: la tragedia había acabado de empeorar la
precaria infraestructura escolar de la región, agravando también la de las zonas
aledañas, que ahora eran centro de la desbandada de escolares sobrevivientes.
Pero el problema era mucho más grave: se
trataba de "adoptar" a una comunidad de niños, adolescentes y jóvenes, cuya
estructura familiar había sido mutilada al igual que su entorno socioafectivo, que ya no
existía, creando un desafío caótico para el que no se estaba preparado: "vale la
pena resaltar que los sobrevivientes de la tragedia de Armero, al perder su tierra natal,
su pasado, también perdieran su futuro, ése que estaban construyendo desde la
infancia" (pág. 31). La obra, que ilustra todo el proceso de investigación desde su
fase proyectiva en 1986, da cuenta de cómo los profesores, en un espíritu noble (tan
escaso en ciertos sectores "intelectuales"), aceptaron someterse a todo un
proceso de capacitación en investigación etnográfica, para poder enfrentar el reto:
"En este sentido la tarea de investigación etnográfica es novedosa, en la medida
que permite volver extraño lo que es familiar para retornar al contexto con la capacidad
de transformarlo a través de una experiencia vivencial. De esta manera se logró generar
en los profesores una actitud de cuestionamiento permanente sobre su labor docente"
(pág. 10).
Inicialmente se perseguía el logro de
dos objetivos fundamentales y que para muchos resultarían "extracientíficos":
lograr habilidades para la sensibilización del docente, y aprender a investigar
investigando, dos características básicas (aunque no se lo mencione) del controversial
modelo de investigación IAP (investigación-acción-participación): el profesor
investigador no es aquel que pertenece a la elite de los que saben mucho sobre
investigación; sino a la otra elite de los que creen que hay cosas por mejorar y se
proponen hacerlo" (pág. 67).
Ahora bien: aunque la metodología de
campo no presenta grandes avances teóricos, cabe subrayar el papel de las "historias
de vida": "el propósito de las historias de vida en los estudios sociales es
mostrar los hallazgos en forma de relato" (pág. 27) y en ellas se apoya la base de
toda la investigación.
Por lo demás, el grupo de profesores
contó con la asesoría permanente del sociólogo-investigador Rodrigo Parra Sandoval y su
equipo de asesoras. El proyecto, que inicialmente había delimitado su campo temático con
respecto a la "cultura del adolescente en el departamento del Tolima" para
tratar de establecer algunas relaciones entre talento y escuela, sufre una interesante
transformación hasta convertirse en una propuesta relacionada específicamente con los
jóvenes armeristas y sus conflictos después de la tragedia.
El resultado era sobrecogedor: un grupo
de jóvenes en proceso de autodescubrimiento, quienes, a través del diálogo, escuchan
sus pensamientos, y así reflexionan; un equipo de profesores, ahora investigadores,
frente a un fenómeno muy curioso: en el proceso de reconstruir la problemática en la
escuela de los jóvenes de Armero, con unas connotaciones muy particulares (la tragedia),
descubren y diagnostican una crisis que tiene semblante nacional.
Para estos jóvenes estudiantes, quedó
muy claro, además de frustrante, que, una vez atomizado su equilibrio vital (familia,
tierra, actividades), la escuela se constituía en su último recurso al cual aferrarse;
no obstante, ésta les falló, al incomprenderlos y discriminarlos.
Al quedar al descubierto una vasta gama
de insuficiencias académicas y extraacadémicas, como la baja formación de maestros e
instituciones, la carencia de creatividad para plantear soluciones en momentos de crisis,
los mezquinos regionalismos nacionales, el despotismo autoritario, etc., que al mezclarse
con la carga de conflictos psicosomáticos que trae la adolescencia redundó en un
agravante generalizado, autodescubrirse fue comenzar a descubrir y, aunque en muchos casos
es un proceso amargo y doloroso, era necesario; así los jóvenes armeristas no fueron
pasivos en medio de la crisis, y la investigación les ayudo a liberarse de
culpa" y a plantear interesantes propuestas, no sólo para democratizar las aulas,
sino para revalorar también sus vidas.
ÓSCAR HENAO CARDONA
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