Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 39 . Volúmen XXXII. Editado en 1996
 
El zoo de Germán Arciniegas

Gatos, patos, armadillos y otros seres humanos
Germán Arciniegas
Presidencia de la República, Santafé de Bogotá, 1994, 109 págs.

Un buen cronista, en el sentido estricto de la palabra, siempre ha de ser tanto historiador como periodista. Dos aptitudes que en Germán Arciniegas, por su incuestionable representatividad, han garantizado en cada uno de sus escritos la esquiva atención del lector. Dos habilidades que también recubren las crónicas que bajo el título de Gatos, patos, armadillos y otros seres humanos ha compilado -de sus ya numerosas escritas para el diario El Tiempo- y publicado -en merecido homenaje a sus 94 años- la Presidencia de la República. Históricas, pues en todas ellas, a veces a partir de una mínima referencia, se consignan nociones ciertas. Periodísticas, pues están escritas en el lenguaje que exige esta modalidad: de estilo ameno, acucioso y directo, el mismo que ha hecho del maestro Germán Arciniegas una de nuestras más connotadas plumas.

Las 37 crónicas que componen el cuerpo del libro, como textualmente lo evidencia el título, giran en atención de los animales. Son ellos... desde los “sapos diminutos -de Puerto Rico- que caben en la cáscara de una nuez” (pág. 21) hasta “los dos leones de mármol que adornan el atrio de la Biblioteca Pública de Nueva York” (pág. 109). ...Son ellos... el centro a partir del cual se abren otras observaciones de menor o igual importancia. Quizá por ello (o por ellos) estos escritos acusen positivamente un encantamiento pintoresco, gracioso y serio. Una postura por medio de la cual podemos palpar aquello que corresponde a cada ser digno de considerarse humano: lo que nos hace paternales y nos pone en una relación de bondad personal con los otros; en este caso, con los otros animales.

Tal es el punto desde donde el maestro Arciniegas hace contacto con la realidad que le rodea y que él traduce de una manera poco innovadora, rutinaria, sin duda -así hay que entenderlo- bajo la presión que impone la responsabilidad de mantener una columna. Esta afirmación, en ningún modo, es una aseveración. Precisamente, en uno de estos escritos (Ovejos y carnero), concebido en respuesta a la carta de un lector amigo, el propio Arciniegas lo reconoce: “Tú me dirás que por qué diablos te la contesto así, tan en público. Te confieso el secreto: Me hacía falta tema para las habituales notas del periódico, y... ¿tú me comprenderás!” (pág. 34). Y tal vez a causa de esta insidiosa urgencia provengan sus distracciones, como cuando habla (en El curioso armadillo, pág. 30) de “cíclopes de único ojo” o (en Imperio romano de ratones, pág. 45) de ratones con “sus pelitos de armiño”.

Sin mayor maestría artística -lo que no es condicional en el género de la crónica-, en un ámbito que cobija tanto la ternura como el dolor y además con frecuencia la risa, al libro, libre de artilugios retóricos, lo singulariza un tono que, aun partiendo de un simple episodio, persuade sin mayor esfuerzo al lector y que bien podríamos asemejar al tono de un narrador oral o al de la voz de un abuelo que nos convoca en torno a la espontánea sabiduría de sus palabras. Así lo entiende el presidente de la república, Ernesto Samper Pizano, al considerar al maestro Arciniegas, en la nota de introducción, como “el abuelo indudable de la literatura colombiana”.

Lejos de una pretendida intelectualidad, las notas de Gatos, patos, armadillos y otros seres humanos cumplen en rigor una función verdaderamente noble: la de deleitar enseñando. De hecho no faltan los comentarios alusivos a: Datos históricos específicos, aunque por la ironía característica de estas notas aparezcan curiosos: “La América presentida por los europeos era una de hombres sin cabeza, patagones que se sentaban a descansar cubriéndose con la enorme pata ancha como el follaje de un árbol, cíclopes de único ojo como un faro, naciones de colas de perro o caras de perro amazonas. Todo el bestiario de la truculenta imaginación del medioeval encontraría en América su ambiente natural y cuando fue disipándose la leyenda y se vio que allá no había sino meros hombres, perros gordos y modestos tigres, el desencanto fue infinito. Hasta que surgió el armadillo” (pág. 30). A: ... Lugares: Túquerres, Perigueux, California, el Rin, Bari o los montes de Rieti, entre otros. A: ... Temas de actualidad: “Hay que seguir al minuto la carrera de los narcotraficantes en la Corte y ver como se escurren los capos de la mafia escapando al rigor decadente de la ley” (pág. 27). Con respecto a esto último, no está demás lamentar la ausencia de las fechas de cada publicación, pues, como tal, una crónica no puede entenderse fuera del contexto que la originó.

No faltan tampoco los pequeños datos de información general: “Las trufas son una rarísima especie de hongos. Se producen bajo la tierra, cerca de las raíces de ciertos árboles. Todo en la trufa es misterioso. Nadie sabe de dónde viene ni cómo se produce ni cuál sería la forma de propagarla y cultivarla” (pág. 51). Ni escasean, por supuesto, las líneas de evidente humor: “...las culonas de Santander -unas hormigas con más fundamento que las mujeres que pintaba Utrillo” (pág. 94).

Por la diafanidad de sus ideas, por su concisión expresiva, por lo divertido de sus temas, por todo lo que significan las características de la pluma de Arciniegas, este libro -en cuestión de lectores- va con todos.

GUILLERMO LINERO