Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 39 . Volúmen XXXII. Editado en 1996
 
La vida: misteriosa, irónica, inesperada

Historia del rey del Honka-Monka
Tomás González
Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 1995, 162 págs.

“El bailarín más fabuloso de una discoteca de medio pelo”, es el rey del Honka-Monka. Es también el protagonista del último de los cinco cuentos del libro del mismo título, del escritor antioqueño Tomás González.

Tal vez el titular su libro con el nombre de un salsero legendario es una muestra de un humor atrevido y que raya en lo absurdo, encantadoramente inoportuno. Los personajes perdidos en el mundo, o a veces dentro de ellos mismos, siempre encuentran bromas de “dioses desganados” que los distraen momentáneamente de su soledad: en medio de situaciones sórdidas puede aparecer un “macaco endemoniado” y amenazador, desde su lienzo de colores brillantes, un mico habanero que toca maracas desde las profundidades de una maleta, o la descripción meticulosa de cómo se juega un partido de fútbol en una loma. A veces el absurdo llega en exceso, rompiendo bruscamente con la narración, tal como lo vemos hacerlo en la realidad.

Especialmente vulnerables a los inesperados ataques del absurdo, son los personajes de González. Son éstos caracteres de la periferia, perdidos en largos viajes sin regreso a tierras lejanas, que a veces resultan siendo sus mismas memorias, sus espíritus mismos. En cada uno de estos cuentos se viaja, sin regreso, en un afán desesperado del reconocimiento interior. Se viaja muy lejos buscando el anonimato, a lugares donde se pueda desconocer el pasado: ciudades sórdidas en su novedad acompañada de extrañeza, para finalizar el viaje en míticos paraísos verdes y húmedos, que los personajes pintan, recuerdan o alucinan. Son viajes imperfectos y de sentido incompleto, abiertos a la interpretación.

Estos antihéroes viajeros no parecen inventados por el autor, sino más bien estudiados por éste mismo, con la mayor curiosidad y asombro. Los personajes toman vuelo propio con sus identidades contradictorias, puestos en mundos y tiempos fragmentados. El autor describe momentos de estos personajes, y de sus vidas e identidades “a ratos”. En estos viajes aparecen y desaparecen personajes menores, compañeros efímeros de viaje, sin más trascendencia que sus humorísticas y extrañas caracterizaciones, en ésta que es la estética del destino burlón: un mecánico de automóviles obsesionado por las noticias en los periódicos, un excelente chofer que no corre o se impacienta porque ha perdido todo afán o deseo en la vida, o una mujer destacada en su pasividad e inutilidad, que sufre de un encanto obsesivo por los colores brillantes de esmaltes de uñas. El autor es simultáneo con sus personajes y no busca entender más que ellos. Sólo describe sus destinos con deliciosa inocencia y con un ojo único y caprichoso.

Sin embargo, logra llegar momentáneamente muy hondo dentro de las confusas psiquis de éstos antihéroes callejeros. A veces se los mira desde adentro y se les leen sus pensamientos sin interpretarlos, mostrando un momento característico. El autor muestra una indulgencia cariñosa por sus antihéroes, y un entendimiento que, aunque profundo, es más afectivo que analítico. Es tal vez esta misma espontaneidad la que nos deja intuir el autor mismo, reflejándose en sus personajes, mostrando a los personajes de cerca, pero sin explicarlos. En medio de violencia y sordidez, el autor deja entrever brillos de pureza en sus desahuciados personajes: un mendigo expatriado se deshumaniza sin jamás perder la mente plástica y la visión cromática del artista que antes fue. Un bígamo, exvendedor de carros, rico y exbailarín de salsa legendario, conserva su sentido de lucha y vuelve a comenzar su vida en repetidas ocasiones, y un exmarido, exprofesor, huye del escándalo internándose en la selva y conservando siempre un rezagado y lejano amor al prójimo. Alguna misma característica del alma de los personajes continúa manifestándose en formas y en momentos diversos y carentes de coherencia.

La concepción de caracteres y lugares es sutil: en medio de mentes contradictorias y de entornos caóticos e incomprendidos, el lector puede entrever por rendijas caprichosas momentos efímeros de pureza o belleza. El lector se encuentra en la difícil tarea de conciliación con personajes y situaciones marcados por el caos y la violencia. No existe un absoluto afectivo o estético en la descripción de los personajes o de sus situaciones. El lector se enamora de momentos o cuadros efímeros. Es una ficción de ratos y de momentos, de tiempos afectivos propios de la realidad interior. El lector queda con la tarea difícil de tejer las historias desmembradas de personajes polifacéticos. Es la de González una ficción franca, más que preconcebida, marcada por la sorpresa y la contradicción.

El único elemento constante en las diversas historias es la naturaleza. En sus viajes, los personajes buscan un refugio en el verdor o en el agua. Navegan en el océano o en sus propias mentes, en dónde paraísos míticos del pasado nunca los abandonan en sus múltiples correrías. Es como si todos lleváramos adentro lugares míticos a los que huimos, y que representan nuestro fin. La naturaleza está omnipresente en cada una de estas historias, con su poder a la vez redentor y destructor. Representa el ideal último, y muestra que todos los viajes lejanos de los personajes son de regreso. El regreso es la muerte del personaje o la de su historia. Este fin puede ser el verdor, una tormenta marítima, grandes incendios o devastadores aguaceros que marcan límites y fronteras dejando toda acción o propósito humanos en el plano de lo intrascendente.

Es la literatura del exilio. Son personajes, exiliados de su lugar de origen y de sí mismos, buscando paz en el anonimato. Son los ataques permanentes de lo incomprensible y lo caótico, en vidas periféricas y aisladas. Son las creaciones de paraísos ideales a los que se llega únicamente, al encontrar su propio fin. Las historias de González son un mosaico ficticio y desordenado, y en ésta, que es su propia estética, el autor logra pintar lo misteriosa, inesperada e irónica que logra ser la vida misma.

CONSTANZA JARAMILLO CATHCART