-
Del amor y el desencanto
-
Fragmentos de una sola pieza
-
Alexandra Cardona Restrepo
-
Editorial Planeta, Santafé de Bogotá, 1995, 285 págs.
-
Por: Luis Germán Sierra J.
Fragmentos de una sola pieza es una novela de Alexandra Cardona Restrepo
(Ibagué, 1957), que en 1992 ganó una beca de Colcultura en la modalidad de
proyecto.
Una obra que se extiende en un largo periplo por la geografía de diversos
personajes, a quienes en todo momento los ronda una historia de amor, y es ese
sentimiento el que los mueve en imprevistas direcciones (aún la de la muerte),
constituyéndose en el eje central, en el leit motiv de la novela.
La autora se apoya en un narrador omnisciente (Eliseo), personaje él mismo
de la obra, y a través de él se plantea algunos problemas de la escritura desde
puntos de vista estéticos, del estilo, del lector, de serios cuestionamientos y
contradicciones como autora.
La historia está enmarcada en los años ochenta, cuando surge en el país
una suerte de conspiración armada y un grupo de intelectuales de izquierda
planea una arremetida contra el poder, que va ganando en osadía y acercamientos
que los coloca en las primeras páginas de los periódicos, en la televisión, en
boca de todo el país.
El amor a la verdad, el valor, la lucha por ideales que tiendan a
dignificar la vida, y un acendrado convencimiento en sí mismos, hacen de Eliseo,
Abril, Manuel, Diego, Marisela, entre otros personajes que van tomando posición
en el corazón del lector.
Manuel y Javier Arteaga son dos hermanos que mueven el apretado carro de
esta novela, cada uno desde destinos distintos. Javier es coronel del ejército,
conducido allí por su visión severa de la vida y la convicción de que ésa sería
la mejor manera de complacer la voluntad de su padre muerto, quien le
encomendara la dirección del hogar. Manuel, hijo menor y díscolo, contradictor
de su hermano y que un día saliera de su casa para ya no volver, incursionando
cada vez más en su compromiso político, en su irrenunciable idea de construir la
justicia, de poner las cosas en orden entre buenos y malos. Con Diego Linares
formaba la dupla dirigente de la conspiración. Enamorados profundamente de la
vida y soñadores impertérritos, no medían las consecuencias de su aventura. Sus
amigos y cómplices facilitaban reuniones, llevaban recados y surtían de
vivacidad toda la historia, hasta que no llegara, como llegó, una contundente
realidad: eran vistos y seguidos por fuerzas enemigas, y cada vez el círculo se
cerraba, teniéndolos en el punto de mira.
El café Chiken, en el centro de la ciudad, era lugar de reuniones
tranquilas y divertidas, amenizadas por El Príncipe (antiguo artista y ahora
decadente figura, con remanentes de alguna exquisitez); el poetica (quien
siempre acompañaba a El Príncipe, como bufón de cámara); el viejo don ángel,
dueño del lugar y quien, paulatinamente, fue entrando a todas estas vidas:
Violeta, quien estuvo locamente enamorada de Javier Arteaga pero no soportó su
vida autoritaria ni su carrera militar.
En el Chiken se vivían muchas historias y todo pasaba como un
divertimiento que ocultaba en el fondo las sombras de aquellas vidas
desasosegadas que luchaban con denuedo por la felicidad.
Eliseo es escritor, y en esta novela es él quien narra, quien conoce a
cabalidad a los personajes, a sus amigos. En ocasiones él es narrado por quien
también lo conoce y le conoce sus angustias de escritor. Alexandra Giraldo logra
una eficaz transmutación en su personaje y, a su vez, de éste en su doble
carácter de artista y personaje que participa de los avatares de sus demás
compañeros de viaje. Eliseo es una historia dentro de la historia. En sus
reflexiones y preguntas, en ocasiones, se lleva al lector al margen de la página
(siempre una opción para escaparse) y allí intima con él, lo hace confidente de
sus dudas en la soledad de escritor “¿Y si hablo de lo que hice ayer cuando me
encontré con Manuel? ¿Si cuento la historia de la época en que se le ocurrió
tomarse el poder? La situación no podía seguir así: tenían que hacerlo. No
bastaba desear el cambio del país, debían producirlo. ¡Si cuento la cara de
desconcierto con que los miraba!, por un momento creí que me tomaban el pelo
[...] ¿Por qué las historias se convierten en historiecitas? ¿Por qué las
historiecitas se convierten en historias? Lo único que quiero es pensar en ella,
nada más [...]”.
Eliseo lleva de la mano a su lector (lector de sus asuntos de escritor
-cercanos, íntimos, entendibles- y de la historia que ya se mueve sinuosa por
territorios de amor y de peligro) sin abandonarlo en fríos laberintos ni oscuros
metalenguajes.
El Príncipe desaparece a manos de quienes rastrean al grupo de
conspiradores y colaboradores. Aunque él está lejos de pertenecer a los círculos
políticos, por alguna extraña razón es llevado y desaparecido. Sus amigos se dan
a la tarea desesperada de su búqueda y sólo mucho tiempo después, con la ayuda
de su ex-esposa, una anciana italiana, y de un abogado que recientemente ha
recuperado la alegría y el sentido de la vida, lo encuentran muerto y enterrado
como un NN más. (En la autora de la novela hay un marcado interés por discurrir
en este tema y hacérselo ver al lector, no como mero argumento de ficción, sino
como una terrible realidad que vive el país).
Diego Linares también fue asesinado, a manos del ejército, en una
emboscada que se dejó tender ingenuamente, vendido por el amor: a pesar de vivir
en la clandestinidad, no podía dejar de ver a Gretta, su gran enamorada, y esto
le costó la vida.
Aquí la muerte, como en tantas otras circunstancias, ayudó a desenredar la
madeja. Se cerraba un ciclo donde unos reemprendían su propia vida con un cúmulo
de experiencias aprendidas, y otros se tomaban apenas una tregua para dar un
viraje que los conduciría quizá hacia las mismas metas, pero ahora con renovados
argumentos. Fragmentos de una sola pieza es una novela que se esmera en entregar
un pedazo de historia de nuestro país, que políticamente marcó su futuro
inmediato. Pero lo hace (sin abandonar esa perspectiva política) desde el punto
de vista del amor.
LUIS GERMÁN SIERRA J.
|