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Los poetas recaemos en
los más antiguos y nauseabundos vicios, dice el poeta
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Silabario
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Javier Naranjo
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Editorial Universidad de Antioquia,
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Medellín, 1994, 125 págs.
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Poemas en blanco y negro
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Pedro Arturo Estrada
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Editorial Universidad de Antioquia,
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Medellín, 1994, 85 págs.
Existen libros hechos no para ser
entendidos. Libros que producen efectos más benéficos: hojas para el asombro, para la
exploración, para las conexiones íntimas. René Char propugnaba una escritura que debía
renunciar a nosotros mismos; había-según él- que permanecer oscuros y ocultos en
la frase, en la imagen. Esta poesía se abisma entre los blancos de una tipografía,
circula a través de intervalos de un texto fragmentado, ondea en un vacío activo ajeno a
toda artificialidad; es por eso que uno cuenta tanto con lo que sucede entre líneas.
En la historia de la poesía
contemporánea se hallan ciertos ejemplos de estos expedientes verbales
legados marginales con un germen romántico. Poesía que intenta en un esfuerzo extremo
por decir lo indecible, por arriesgarlo todo en el lenguaje. Basta nombrar algunos de sus
paradigmas: Pierre Reverdy, Georg Trakl, René Char y el propio André Breton.
En este espacio de
extrañamiento (descoyuntado y unificado al mismo tiempo) puedo ubicar los Poemarios
Silabario y Poemas en blanco y negro, editados pulcramente en la colección
Celeste, de la Editorial Universidad de Antioquia. La colección Celeste se ha dado a la
tarea de publicar o reeditar obras de escritores reconocidos (Mejía Vallejo, Luis Fayad,
Rojas Herazo, Elkin Restrepo), pero principalmente a la de mostrar voces nuevas.
Silabario, de Javier Naranjo
(1956), es un libro que acoge la propuesta de una poesía no por comparación, sino por el
acercamiento de dos realidades más o menos alejadas, el encuentro fortuito de dos
palabras por primera vez: la oposición. Pareciera que cuanto más alejadas y justas sean
las relaciones, más fuerte es la luz de la imagen, mayor el extrañamiento, mayor la
chispa obtenida:
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Entre las manos
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la cabeza redonda de la hija
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que abriga pensamientos
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y palpita
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con su luz interior
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Entre las manos
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efímeras
Pero esto, construido
inadvertidamente, según el poeta, tiene una hechura, una lógica interior de mayor
coherencia que cualquier realidad. Por ello su prologuista, el maestro José Manuel
Arango, acierta al afirmar: Lo primero que uno halla en estos poemas -lo primero que
lo sorprende- es su delgadez, su contención, su callada música. Hay en ellos, pues,
voluntad de forma. Ciertos suaves retorcimientos de la sintaxis (giros que se descentran
para ganar expresividad) confirman esa búsqueda.
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Cada uno conocerá
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la muerte
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devolverá substancia
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a la extrañeza
La lógica de esta particular poesía es
su estructura. Su totalidad cobrará lógica una vez que se equilibre y se sostenga la
contradicción. Este sostén no se genera por la superposición simple de imágenes, o por
sus finales sorprendentes, o por la disposición en la página. Es la imagen que disloca
la imagen misma, la densidad y levedad de las palabras que provocan tonos y volúmenes, en
un andamiaje cercano al silencio:
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en el cráneo del pájaro
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que ha tenido la secreta
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/urgencia
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de despojarse
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resuenan nuestras voces
En los Poemas en blanco y negro
(1978-1994), de Pedro Arturo Estrada (1956), la belleza del idioma cubre, en lugar de
revelar. Su lectura es, pues, una constante búsqueda de los secretos que ella oculta, los
enigmas que la oscurecen:
Blanco:
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Vacío último, única puerta
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de entrada y de salida.
Negro:
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El ser otra vez desnudo en la
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/soledad
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ante la muerte.
La idea ilumina (el blanco) mediante la
palabra oscura que la contiene (el negro). Lenguaje secreto y de revelaciones. Poesía de
un mundo redimido en la tiniebla:
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ANTONIN ARTAUD
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La locura tomó forma de flor
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/decorativa
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y los poetas recaemos
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en los más antiguos y
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/nauseabundos
vicios.
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Una vez más estás solo
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encerrado en tu celda de
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/hechizos,
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mientras psiquiatras y buenas
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/personas,
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gente normal, se juegan
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tu túnica de alucinaciones.
Esplendor formal y temático, densidad
expresiva, podrían ser algunos calificativos para esta poesía de exploración. Actitud
consciente y vigilante. Poesía del poema, poesía de la meditación poética y la pasión
poetizada:
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POESÍA
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Traidores de Rimbaud,
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traidores de Mallarmé,
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traidores de la poesía,
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volvemos cada tiempo
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a las mismas palabras.
Dos libros enigmáticos, de vasta
imaginería, de denso sentido de lo poético. Libros que descalabran a una lógica
intelectual y se atienen más a una concatenación intuitiva de los sentidos: su
sabiduría secreta. Libros que exigen en último término una traducción lírica: suma de
penetración y desborde alucinado.
JORGE H. CADAVID
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