Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 39 . Volúmen XXXII. Editado en 1996
 
“Los poetas recaemos en los más antiguos y nauseabundos vicios”, dice el poeta

Silabario
Javier Naranjo
Editorial Universidad de Antioquia,
Medellín, 1994, 125 págs.
 
Poemas en blanco y negro
Pedro Arturo Estrada
Editorial Universidad de Antioquia,
Medellín, 1994, 85 págs.

Existen libros hechos no para ser entendidos. Libros que producen efectos más benéficos: hojas para el asombro, para la exploración, para las conexiones íntimas. René Char propugnaba una escritura que debía renunciar a nosotros mismos; había-según él- que “permanecer oscuros y ocultos en la frase, en la imagen”. Esta poesía se abisma entre los blancos de una tipografía, circula a través de intervalos de un texto fragmentado, ondea en un vacío activo ajeno a toda artificialidad; es por eso que uno cuenta tanto con lo que sucede entre líneas.

En la historia de la poesía contemporánea se hallan ciertos ejemplos de estos “expedientes verbales” legados marginales con un germen romántico. Poesía que intenta en un esfuerzo extremo por decir lo indecible, por arriesgarlo todo en el lenguaje. Basta nombrar algunos de sus paradigmas: Pierre Reverdy, Georg Trakl, René Char y el propio André Breton.

En este espacio de “extrañamiento” (descoyuntado y unificado al mismo tiempo) puedo ubicar los Poemarios Silabario y Poemas en blanco y negro, editados pulcramente en la colección Celeste, de la Editorial Universidad de Antioquia. La colección Celeste se ha dado a la tarea de publicar o reeditar obras de escritores reconocidos (Mejía Vallejo, Luis Fayad, Rojas Herazo, Elkin Restrepo), pero principalmente a la de mostrar voces nuevas.

Silabario, de Javier Naranjo (1956), es un libro que acoge la propuesta de una poesía no por comparación, sino por el acercamiento de dos realidades más o menos alejadas, el encuentro fortuito de dos palabras por primera vez: la oposición. Pareciera que cuanto más alejadas y justas sean las relaciones, más fuerte es la luz de la imagen, mayor el extrañamiento, mayor la chispa obtenida:

Entre las manos
la cabeza redonda de la hija
que abriga pensamientos
y palpita
con su luz interior
Entre las manos
efímeras

Pero esto, “construido inadvertidamente”, según el poeta, tiene una hechura, una lógica interior de mayor coherencia que cualquier realidad. Por ello su prologuista, el maestro José Manuel Arango, acierta al afirmar: “Lo primero que uno halla en estos poemas -lo primero que lo sorprende- es su delgadez, su contención, su callada música. Hay en ellos, pues, voluntad de forma. Ciertos suaves retorcimientos de la sintaxis (giros que se descentran para ganar expresividad) confirman esa búsqueda”.

Cada uno conocerá
la muerte
devolverá substancia
a la extrañeza

La lógica de esta particular poesía es su estructura. Su totalidad cobrará lógica una vez que se equilibre y se sostenga la contradicción. Este sostén no se genera por la superposición simple de imágenes, o por sus finales sorprendentes, o por la disposición en la página. Es la imagen que disloca la imagen misma, la densidad y levedad de las palabras que provocan tonos y volúmenes, en un andamiaje cercano al silencio:

en el cráneo del pájaro
que ha tenido la secreta
                                 /urgencia
de despojarse
resuenan nuestras voces

En los Poemas en blanco y negro (1978-1994), de Pedro Arturo Estrada (1956), la belleza del idioma cubre, en lugar de revelar. Su lectura es, pues, una constante búsqueda de los secretos que ella oculta, los enigmas que la oscurecen:

Blanco:

Vacío último, única puerta
de entrada y de salida.

Negro:

El ser otra vez desnudo en la
                                 /soledad
ante la muerte.

La idea ilumina (el blanco) mediante la palabra oscura que la contiene (el negro). Lenguaje secreto y de revelaciones. Poesía de un mundo redimido en la tiniebla:

ANTONIN ARTAUD
La locura tomó forma de flor
                              /decorativa
y los poetas recaemos
en los más antiguos y
                /nauseabundos vicios.
 
Una vez más estás solo
encerrado en tu celda de
                               /hechizos,
mientras psiquiatras y buenas
                               /personas,
gente normal, se juegan
tu túnica de alucinaciones.

Esplendor formal y temático, densidad expresiva, podrían ser algunos calificativos para esta poesía de exploración. Actitud consciente y vigilante. Poesía del poema, poesía de la meditación poética y la pasión poetizada:

POESÍA
Traidores de Rimbaud,
traidores de Mallarmé,
traidores de la poesía,
volvemos cada tiempo
a las mismas palabras.

Dos libros enigmáticos, de vasta imaginería, de denso sentido de lo poético. Libros que descalabran a una lógica intelectual y se atienen más a una concatenación intuitiva de los sentidos: su sabiduría secreta. Libros que exigen en último término una traducción lírica: suma de penetración y desborde alucinado.

JORGE H. CADAVID