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Baudelaire
y Rimbaud en colombiano
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Iluminaciones
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(traducción y prólogo de Nicolás
Suescún)
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Arthur Rimbaud
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El Áncora Editores, Santafé de Bogotá,
1995, 93 págs.
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Poesía escogida
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(traducción y prólogo de Andrés
Holguín)
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Charles Baudelaire
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El Áncora Editores, Santafé de Bogotá,
1995, 99 págs.
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I
Pasión y casualidad pero también
trabajo de carpintería, albañilería, relojería, jardinería, electricidad, plomería,
en una palabra: industria verbal. La traducción poética exige el empleo de recursos
análogos a los de la creación, sólo que en dirección distinta. Con estas
palabras introduce Octavio Paz sus Versiones y diversiones (1974), una teoría y
práctica de la traducción poética. Recursos análogos a los de la creación
comporta este trasplante idiomático, metamorfosis verbal, alquimia de la palabra, que a
la luz de los dos paradigmas de la lírica en el siglo XX, Arthur Rimbaud (1854-1891) y
Charles Baudelaire (1821-1867) -en su versión al español- resulta una empresa de por sí
ejemplificante, por no decir un hito en nuestras letras.
El Áncora Editores nos ofrece en
edición bilingüe las Iluminaciones de Rimbaud en traducción de Nicolás
Suescún y la Poesía escogida de Baudelaire en versión de Andrés Holguín. Para
Suescún: Enfrentarse, al tratar de traducirlo, a un texto como Iluminaciones,
más que un placer, una masoquista tarea, un desafío casi bélico de competencia con
otros traductores, pasados o futuros, o un acto de admiración y amor por el autor, es un
ademán casi suicida de ambición literaria. Es casi, estúpidamente, como tratar de
suplantar al poeta, y es de todas maneras representarlo. Y es el mismo traductor
quien después de someterse a estos arduos ejercicios de traslación, de transmigración y
sus sinónimos -mudar, verter, transfigurar, transvasar- se atreve a confesar sus alcances
y riesgos:
a) Traducir es ponerle el disfraz
de otra lengua y anunciar: he aquí al poeta, éstos son sus poemas.
b) El poeta emplea las palabras a
fondo, las violenta, las infringe, las desvía. Traducir es, pues, desviar lo
desviado.
c) El traductor se ve enfrentado no a un
significado, sino a los múltiples significados que una sola palabra comporta en su
contexto.
d) El poeta crea sus palabras, su propio
diccionario. El traductor lo reconstruye.
e) El poeta juega con términos y
contextos, en un marco inmodificable, pero al mismo tiempo, ambiguo o elusivo.
f) Traducir no es recrear, porque
esto implica por lo general adornar o podar.
g) El traductor ideal se debe meter
en todos los recovecos del idioma del que traduce, para no hablar de los del suyo.
h) El traductor se limitará, nada
menos, que a decir lo mismo que el poeta, aun cuando sea con otras palabras, pero en
ningún caso traicionando el significado a favor de la forma, puesto que parte del hecho
de que ésta no es traducible, aunque sí imitable.
i) Son intraducibles: el sonido, los
matices, la forma del contenido: el estilo.
j) Son casos de difícil traducción: los
arcaísmos, neologismos, tecnicismos, y aun palabras traídas de otros idiomas.
k) El uso caprichoso -por no decir
patológico- de ciertos verbos, adjetivos, preposiciones, sustantivos. Para estas
palabras las soluciones son necesarias, pero no siempre satisfactorias. Optar por
cualquiera implica un largo, a veces interminable, proceso de eliminación.
l) La traducción es a varios niveles:
lingüístico, musical, visual, social, psicológico, autobiográfico. Ellos
delimitan pero también llenan de significados adicionales todas las palabras.
II
Les illuminations (palabra
inglesa, que significa 'grabados coloreados' -Colour ed plates-) fueron escritas entre
1872 y 1873. La primera edición, hasta el poema XXXVII, apareció en La Vogue, en
mayo-junio de 1886. Los poemas restantes, hasta el XLII, fueron incluidos por Vanier, en
1895. Los poemas son posteriores al abandono del hogar conyugal que hizo Verlaine con
Rimbaud (su adorado uránico). Aparentemente, el autor, cuando estuvo en
Stuttgart en 1875, habría entregado los poemas al músico Charles de Sivry-, depositario
gracias al cual se salvaron. Verlaine sostenía que el subtítulo de este libro era
Painted plates, láminas o grabados pintados. Son fuentes de inspiración para
el poeta los grabados de las revistas ilustradas que tanto lo hicieron soñar en tierras y
costumbres exóticas y, sobre todo, en el mar: escalonado allá arriba como en los
grabados.
Si Une saison en enfer es su
testamento vital, libro pagano, el libro negro, Les
illuminations son su legado poético, ya que representan el rompimiento absoluto con
las formas poéticas tradicionales e incluso con el poema en prosa, que aquí se despoja
de cualquier intención descriptiva o narrativa. No se trata de un libro escrito, como Una
temporada en el infierno, en un rapto de inspiración. Iluminaciones es un
libro posterior, elaborado entre pausas -París y Londres-, un libro que, sin embargo, no
responde a un plan. Y no tiene una estructura aparente.
La versión de Nicolás Suescún está
basada en el texto y el orden dado en la última edición de La Pléiade (Gallimard,
París, 1972). Es una traducción con un lirismo medido, justo. Suescún, en su alquimia
verbal, oscila entre la interpretación personal y un rigor que evita la caída de
tensión en los textos: ĦQué aburrimiento! ĦLa hora del 'querido cuerpo' y del
'querido corazón'!.
Maneja un español limpio, sin caer en
excesos de literalidad; esto le otorga el tono sobrio, despojado, que no pierde a través
de cada uno de los poemas: Tu pecho se parece a una cítara, tintineos recorren tus
brazos rubios. Tu corazón late en ese vientre donde duerme el doble sexo.
Los obstáculos sintácticos y
semánticos se vencen con un ritmo limpio, ajeno a toda artificialidad. He aquí, a mi
modo de ver, la principal virtud de este transvase poético: perder el tono artificioso de
otras traducciones (mezcla de torpeza y pretensión) que un texto de estas dimensiones y
antecedentes provoca: Tenemos fe en el veneno. Sabemos dar nuestra vida entera todos
los días.
III
Andrés Holguín, en su Poesía
escogida de Charles Baudelaire (antología que recoge dieciocho textos de Las
flores del mal y un poema en prosa, Las ventanas, del famoso Spleen de Paris), une la
vida de estos dos poetas malditos con la tesis según la cual: La
biografía de los poetas es, en su mayor parte, la historia de unos cuantos
desequilibrados geniales [...] Rimbaud alucinado, como calcinado por dentro, y, más
tarde, con la pierna amputada al regreso de su viaje al encuentro del silencio.
Baudelaire: mitómano, rencoroso, homosexual, su drama íntimo es el tedio, su esplín. En
palabras de Paul Verlaine: Su originalidad consiste en retratar, poderosa y
vivamente, al hombre moderno [...] con sus sentidos agudos y vibrantes, su espíritu
dolorosamente sutil, su cerebro saturado de tabaco, su sangre ardiendo de alcohol.
Es en 1857 cuando Baudelaire publica Les
fleurs du mal, recopilando así los poemas escritos en los diecisiete años
anteriores (cien textos distribuidos en cinco grupos). La edición es mutilada por un
tribunal que la juzga atentatoria contra la moral y las buenas costumbres. Baudelaire, con
este libro básico, quema varias etapas. No es ni romántico ni parnasiano. Puede pensarse
que con él nace toda la poesía moderna. Las flores del mal es considerado el libro
arquitectónicamente más riguroso de la lírica europea, un libro de exactitud
matemática.
Frente a lo ambiguo y decadente de su
personalidad atormentada, el dominio absoluto de la expresión, la pureza y equilibrio del
lenguaje, la unidad y articulación de sus escritos, hacen de él un poeta clásico, con
un influjo decisivo en toda la literatura posterior. Digo clásico en el sentido de una
adecuación perfecta entre la forma y el contenido.
En las versiones de Andrés Holguín, el
aporte creativo, los trasplantes idiomáticos, aun la rima que va en dirección directa
con el significado (el ritmo), sólo afecta la zona del signo, mas no la del símbolo:
ĦRaza de Caín, sube al cielo / y arroja a Dios sobre la tierra!. Fina
receptividad de la melodía. Desde dentro nace una plena identificación expresiva con el
texto original, surge la serena distancia, el necesario asombro, para dar lugar a esa
auténtica metamorfosis: hospedarse libremente en la lengua castellana: El que mira
desde afuera a través de una ventana abierta no ve nunca tantas cosas como aquel que
contempla una ventana cerrada.
Sin forzar la estructura lingüística y
procurando reflejar los efectos poéticos del original, Holguín logra este diálogo de
equivalencias, este fino tejido de correspondencias; logra el efecto de hacer asomar una
escritura específica a otra lengua, la hace subsistir, sin robarle su aura natal:
ĦReloj! Dios espantable, siniestro y siempre en calma / que nos dice 'recuerda' con
su implacable dedo.
La traducción de Andrés Holguín es
como se afirma en su presentación: Difícil reunir una selección mejor lograda
[...] de tan impecable factura literaria. De ahí que este pequeño gran libro figure sin
lugar a dudas, y con todos los honores, entre las mejores versiones que de la poesía de
Baudelaire se han hecho al castellano.
JORGE H. CADAVID
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