Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 39. Volúmen XXXII. Editado en 1996
 

Un maestro entre la "popularidad" y la "frígida gloria"


La lección del maestro
(traducción de Hernando Valencia Goelkel)
Henry James
El Áncora Editores, Santafé de Bogotá, 1995, 142 págs.

Las expresiones "popularidad" y "frígida gloria", con que en vano procuro darle significación al título de esta reseña, no son mías: proceden del texto de solapa que a su vez es tomado de una de las muchísimas presentaciones de autor que escribió Jorge Luis Borges para sus más amados colegas. Henry James (1843-1916) era uno de ellos y de él dice Borges que "ignoró siempre la popularidad; sólo le fue deparada una especie de respetuosa y frígida gloria". Se me antoja que no otra es la cuestión de La lección del maestro, esto es, la del escritor que ve cómo el "éxito" mundano puede determinar su que hacer como escritor respetado entre sus colegas.

Pero ésa, claro está, no es sólo la cuestión de La lección del maestro. Que escritores como James sean conocidos en Colombia, depende en buena parte de este muy loable propósito de algunas editoriales nacionales de realizar traducciones, digamos técnica y literariamente cualificadas, de obras no muy difundidas de algunos de los más importantes escritores de la literatura universal. Ello supone, por lo menos en principio, un criterio de respetabilidad: la del autor que se traduce. Y aunque el mito de la popularidad en este caso es solamente eso, un mito, ediciones como ésta nos obligan a reparar en la importancia que para la adecuada introducción de un autor en nuestro medio (pues creo que editarlo traducido por un colombiano tiene esa implicación) tiene el recurso a aquel procedimiento que desde principios de siglo se conoce como "edición crítica".

Estimo en mucho una presentación de Henry James por Jorge Luis Borges. Pero una presentación de Henry James, "solapada" y firmada por Borges, como único aparato crítico de una nueva edición de La lección del maestro me parece una "fusilada" y bien podría temerse eso, respecto del libro en general, un lector desprevenido que previamente haya pasado por la grata experiencia de conocer la colección -con afán divulgador- de la Biblioteca Personal de Borges. Se echa de ver, sin embargo, en la carátula del libro (dominada por esa blanquinegra y poco diciente fotografía), que la traducción es de Hernando Valencia Goelkel. Dejando a un lado el hecho de que este crédito es bien poco visible, ya resultaría bastante imperdonable que un lector promedio no supiera identificar -o al menos asociar- este nombre. Lo que debe saberse -quiero decir que ya se sabe- es que Hernando Valencia Goelkel es, sin duda, el mejor ensayista colombiano vivo y que su aval de traductor data de los años en que, en calidad de codirector, vertió no pocos textos de indiscutible calidad literaria, inglesa y francesa, a las páginas de la revista Mito. Si el lector ha logrado distinguir las tenues blancas letras del nombre del traductor, sabe de antemano que tiene ante sí una inminente introducción a James y su mundo, seria en el sentido de "respetuosa" (es decir, con conocimiento de causa), y tan ilustrativa (por no decir "vulgarizadora", porque esto es un mito) como otra que ha leído recientemente, también gracias a El Áncora Editores, y que le ha permitido iluminar su lectura de Hölderlin y Nietzsche con la aguda percepción de un tal Gutiérrez Girardot.

Estoy seguro de que un prólogo o estudio preliminar o una introducción del propio Valencia Goelkel superaría en mucho los escuetos asertos del señor Borges, hablando en términos divulgativos y aun ensayísticos. La infinita modestia del traductor, que en este caso es una comprensible delicadeza, lo ha llevado a no efectuar maniobra distinta que la que su diálogo con un texto inglés (al parecer no muy sencillo) le deparaba como trabajo profesional, sin justificación de otra índole. De cualquier modo, y dado que La lección del maestro no es una mera narración y mucho menos una lectura para reposo o divertimiento, se hacía imprescindible un texto introductorio en calidad de estudio crítico y al mismo tiempo de divulgación en torno a James. Borges ya dijo lo que tenía que decir y es un peligro que lo siga diciendo en espacios que no le corresponden.

Por lo demás, La lección del maestro es una novela magistral (no un mero relato, no una pura narración) y, tratándose de James, todo un reto para cualquier traductor. El consabido recurso del punto de vista, tan atribuido a James como precursor de una novelística moderna, es aquí todo un problema, pues si algo contribuye a definir la sutileza de la historia es que uno no sabe de qué lado está el narrador. A veces parece obvio que acompaña al escritor Paul Overt, joven admirador del viejo Henry Saint-George; pero no es así, no puede serlo: pues al final la tan anhelada lección que espera Overt de parte de su "maestro", el ya decadente novelista Saint-George, no resulta como conclusión de sus detenidas observaciones, lecturas y análisis del viejo: es una lección de los hechos: después de recomendarle el celibato como virtud inefable de la mejor literatura, el maestro recae en el matrimonio casándose con la mujer que ama el propio Overt. El asunto, claro, es menos sencillo que eso; pero, después de todo, ¿de qué lado está el punto de vista? Usted puede haber leído algunas novelas de James; o tal vez no... la respuesta podía haberla anticipado un estudio preliminar. Con ella, la lectura podría no ser más reveladora; pero sin ella se torna una experiencia poco menos que esotérica.

ÓSCAR TORRES DUQUE