Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 39. Volúmen XXXII. Editado en 1996
 

En los orígenes del nacionalismo colombiano: europeísmo e ideología nacional en Samper, Núñez y Holguín (1861-1894)

FRÉDÉRIC MARTÍNEZ
Institut Francais d'Études Andines
Trabajo fotográfico: Ernesto Monsalve

INDICE

INTRODUCCÓN
JOSÉ MARÍA SAMPER: EL DISCURSO DE LA MEDIACÓN CULTURAL
RAFAEL NÚÑEZ: EL DISCURSO DE LA MADURACIÓN POLÍTICA EN EUROPA
CARLOS HOLGUÍN: DE LOS MODELOS EUROPEOS DE ORDEN PÚBLICO  A LA IDEOLOGÍA DE LA AUTENTICIDAD NACIONAL
CONCLUSIÓN
 
 

INTRODUCCIÓN

En la Colombia de la segunda mitad del siglo XIX, la progresiva constitución de un Estado-nación va acompañada de un creciente fenómeno de referencia a las naciones de Europa occidental, que se afirman como fuentes esenciales de inspiración del debate público. La obra política de la Independencia y de los primeros decenios de la República había dejado incompleta la labor de construcción del Estado-nación, y los ejemplos y contraejemplos sacados de las experiencias europeas iban a asumir un papel considerable en el conflictivo debate sobre las modalidades de esa construcción nacional.

José María Samper, Rafael Núñez y Carlos Holguín encarnan tres etapas del discurso nacional sobre las naciones europeas como fuentes de modelos políticos útiles. Difusores de normas europeas, Samper, Núñez y Holguín se afirman al mismo tiempo como tres de los principales ideólogos de la nación. Sus respectivas trayectorias, tanto políticas como ideológicas ayudan a entender la estrecha articulación entre europeísmo decimonónico y el naciente nacionalismo. El anclisis de esas tres trayectorias, que representan cabalmente tres fases del discurso dominante, demuestra de qué manera el nacionalismo colombiano, tal como se dibuja a finales del siglo XIX, con carácter exclusivo, su búsqueda de autenticidad nacional y su aparente rechazo de las influencias exteriores, se origina esencialmente en la cultura cosmopolita de las elites políticas, y se concibe, particularmente durante la Regeneración, como un instrumento que permita retardar la irrupción de las masas de la política nacional. Inspiración cultural y función social de una ideología nacional forjada en los últimos decenios del siglo XIX: éstos son los ejes que guían este breve recorrido por el cauce de un naciente nacionalismo colombiano, entre los años 1860 y 1890.

Los personajes: semejanzas y diferencias

Las vidas de José María Samper, Rafael Núñez y Carlos Holguín ofrecen indudables y numerosas semejanzas.

Los tres nacidos entre los últimos años de la Gran Colombia y los primeros de la República de Nueva Granada 1, pertenecen a una generación política que se afirma en los años de las reformas liberales del gobierno de José Hilario López y se extingue en el curso de la Regeneración: Samper muere en 1888; Núñez y Holguín, a menos de un mes de diferencia el uno del otro, en 1894.

Los tres demuestran una larga experiencia en los países europeos: Samper, que viaja en total tres veces a Europa, reside allí cinco años durante su primer viaje, de 1858 a 1862. Núñez, nombrado cónsul en El Havre y después en Liverpool, vive en el viejo continente entre 1864 y 1874. Holguín pasa ocho años -de 1879 a 1887-entre Francia, Inglaterra y España, a raíz de su nombramiento como ministro de Colombia en estos dos últimos países.

Los tres aparecen como personajes claves del movimiento político de la Regeneración: Núñez, ideólogo y artífice del movimiento; Samper, miembro del Consejo Nacional de Delegatarios, encargado de redactar una nueva constitución para reemplazar la constitución liberal de Rionegro y posteriormente vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia; Holguín, representante de Colombia en Inglaterra y en España, ministro de Gobierno, y vicepresidente encargado del poder ejecutivo por Núñez, cuando éste deja el solio presidencial para retirarse en Cartagena, entre 1888 y 1892. Unidos por la Regeneración, Samper, Núñez y Holguín ostentan, sin embargo, diferencias notables en su trayectoria política e ideológica.

Samper, figura de primer plano del liberalismo anticlerical en los años 1850, experimenta una lenta modificación de sus concepciones políticas y religiosas que lo lleva en el curso de los años 1870 a convertirse al catolicismo y a las ideas políticas conservadoras. Núñez, secretario de Hacienda encargado de la desamortización de los bienes del clero a comienzos de los años 1860, crea el movimiento liberal independiente después de su regreso de Europa en 1874, movimiento que desembocará en la Regeneración, un régimen político creado por los “independientes” y apoyado por ciertos sectores del conservatismo. Holguín, conservador y católico, se afirma en el transcurso de los años 1880 como un representante de primer plano de la tendencia “nacionalista”, favorable entre las filas conservadoras, al régimen de la Regeneración. La cronología particular de sus apogeos políticos hace que cada uno logre, en un momento dado, encarnar el discurso dominante en Europa. Samper quedó en la historia como uno de los mayores exponentes del ideario liberal colombiano: su evolución política posterior no logró eclipsar el prestigio que había adquirido en los años 1850 y 1860. El apogeo de Núñez se sitúa indudablemente entre los años 1880 y 1888, o sea en la primera etapa, fundacional, de la Regeneración. Cuando deja su puesto a Holguín, la obra básica de la política regeneradora está concluida. Una vez retirado Núñez en El Cabrero, empieza la era de los gobiernos “nacionalistas” de Holguín y Caro, que, perdurando en el decenio 1890, van a representar una nueva fase, distinta bajo muchos aspectos, de la Regeneración. A estos tres momentos políticos corresponden tres etapas de un discurso europeísta en el que nace progresivamente un mito político que, plasmado en los años 1890, marcan buena parte del siglo XX en Colombia: el mito de la autenticidad nacional.

JOSÉ MARÍA SAMPER: EL DISCURSO DE LA MEDIACIÓN CULTURAL

En 1858, José María Samper emprende su primer viaje a Europa. Fuera de un corto episodio como secretario de la legación granadina en París en 1861, Samper, entre 1858 y 1862 -fecha de su salida para Lima, donde iba a ser editor del periódico El Comercio-no tiene funciones oficiales y se consagra ante todo a conocer las sociedades europeas y a escribir sus consideraciones sobre ellas. Recorre a Francia, España, Inglaterra, Italia, Suiza, Alemania, Bélgica. Beneficiado de la red de contactos de su suegro, el general Joaquín Acosta, político, geógrafo e historiador que había vivido varios años en Europa al final de los años 1820 y en los años 1840, Samper escucha conferencias, asiste a sesiones parlamentarias, es admitido en numerosas sociedades científicas y salones literarios, visita fábricas, prisiones e instituciones caritativas.

Inspirado por esta actividad de observación de las sociedades europeas, Samper se dedica a una intensa labor periodística y literaria que presenta dos vertientes. En primer lugar, se consagra a analizar la experiencia política de su patria desde la Independencia y a redactar textos programáticos del liberalismo. Se destacan en esta producción el Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas 2, un clásico de la literatura política colombiana, y El programa de un liberal 3, un texto dedicado en 1861 a la convención constituyente que iba a producir la Constitución de Rionegro. La segunda vertiente de sus trabajos de esa época la constituyen textos que describen las sociedades y los sistemas políticos europeos, a través de sus observaciones personales: los Viajes de un colombiano en Europa 4, publicados en dos tomos en 1862, y su correspondencia publicada en periódicos, particularmente en El Comercio de Lima: “Cartas de un americano” 5, “Una despedida (párrafos de carta de un patriota americano)” 6. A pesar de su doble temática, los textos escritos por Samper durante su viaje a Europa presentan una gran coherencia. La observación de los regímenes políticos europeos y las propuestas programáticas para la construcción de un Estado nacional en Colombia aparecen íntimamente ligadas en su obra.

Un discurso de pedagogía nacionalista: la ideología del viaje civilizador 7

Con sus escritos de 1858-1862, Samper se impone como uno de los más importantes ideólogos del discurso liberal sobre Europa en el debate político colombiano, y como el principal exponente de la ideología del viaje civilizador. La relación de sus viajes, la publicación de sus observaciones sobre las naciones europeas, se justifica por el clásico propósito de ilustrar a sus compatriotas.

Viajo por mi patria, es decir con el solo fin de serle útil, y escribo para mis compatriotas los Hispano-colombianos 8. He creído que lo que importa más por el momento no es profundizar ciertos estudios, sino vulgarizar o generalizar nociones. A los pueblos de Hispano-colombiano les ha llegado todavía el momento de los estudios fuertes, por la sencilla razón de que la inmensa masa popular no tiene aún la noción general del progreso europeo. Hasta tanto que esa masa no haya recibido la infusión elemental de luz y fuerza que necesita para emprender su marcha (porque hoy no se marcha sino que se anda a tientas) el mejor servicio que se le pueda hacer es el de la simple vulgarización de las ideas elementales. Después vendrá el tiempo de los trabajos laboriosos y profundos.

La inmensa mayoría de los Hispano-colombianos no conoce, por falta de contacto íntimo con Europa, los rudimentos o las verdaderas condiciones del juego general de la política, las letras, la industria, el comercio, y todos los grandes intereses vinculados en Europa. De ahí provienen graves errores de apreciación, de imitación o de indiferencia que se revelan en la política, la literatura, la legislación y las manifestaciones económicas de Hispano-Colombia.

Desvanecer, si puedo, esos errores, dándole a la expresión de lo que me parece la verdad las formas simpáticas de lo pintoresco y el atractivo de una rápida, fiel y animada narración, tal es el objeto de estas páginas de impresiones 9.

Europa, escuela del liberalismo

La intención de forjar, a partir de su experiencia europea, una herramienta de pedagogía liberal destinada a los colombianos se origina en el valor ejemplar que Samper atribuye al espectcáulo de Europa. Esa ejemplaridad de Europa, tan presente en los escritos de Samper, no nace únicamente del valor intrínseco que le reconoce al “teatro de la civilización”, sino también a la pertinencia nacional que cobra, para el liberal colombiano, la evolución del liberalismo en Europa. Abogando, en el Ensayo, por la destrucción de las instituciones coloniales en su patria, Samper retrata en sus relatos de viajes una Europa desgarrada por la guerra en la que el liberalismo está empeñado para derrumbar al antiguo régimen. Esa representación, haciendo eco a la pugna del liberalismo americano contra los vestigios de la colonia, adquiere, naturalmente, un fuerte valor ejemplar.

De ahí nace la representación bipolar, arquetípica y alegórica que Samper ofrece de Europa. Siempre atento a los avances del ideal democrático y liberal contra la aristocracia, la monarquía y el atraso, crea una geografía simbólica de Europa, que rinde homenaje a la progresión del espíritu igualitarista, las prisiones y los establecimientos correccionales modernos, la libertad religiosa en Suiza, Alemania e Inglaterra, y critica las instituciones monárquicas, la aristocracia, el clero, y el despotismo de Napoleón III. En su intento de crear una “cartografía” liberal, esquematizada para ser más ejemplar, Samper marca las ciudades que visita con signos positivos (liberalismo, tolerancia religiosa, cosmopolitismo, industria, luz) o negativos (absolutismo, clericalismo, inmovilismo, desaseo, mendicidad, oscuridad). Así va retratando, por un lado, a la Europa liberal y moderna, simbolizada por Lausana, Barcelona, Marsella, Burdeos, Bruselas, y por otro, la vieja Europa, aristocrática, clerical y absolutista (Toledo, Brujas, Malinas, Lovaina, Karlsruhe, Friburgo).

Mcs allá de los contrastes políticos, Samper plantea una descripción de las oposiciones sociales, particularmente observables en las capitales europeas. Una descripción destinada a cobrar mucha importancia en la percepción colombiana de Europa:

Londres es la ciudad-escuela por excelencia porque abriga en su hirviente seno todos los elementos de la lucha terrible empeñada entre la civilización y la barbarie, es decir: la justicia y la iniquidad, el goce fecundo y la miseria 10.

La mediación cultural conservadora

Esa marcada tendencia de los grupos dirigentes de asumir una posición de mediación cultural, la afirmación de crear el Estado nacional apoyándose explícitamente en los ejemplos políticos de otras naciones, no es reducible, sin embargo, a la sola corriente liberal. Los conservadores, ávidos de consolidar una nación piadosa y obediente al principio de autoridad aunque indiscutiblemente republicana y moderna, recurren de la misma manera, a fuentes exteriores para defender su proyecto político. Sólo habría que cambiar unas pocas palabras del discurso de José María Samper para llegar a la versión conservadora del discurso de mediación cultural. La representación conservadora de Europa ofrece un retrato invertido a su contrapartida liberal: los conservadores denuncian el auge del protestantismo y los progresos de la impiedad en Europa, la nefanda influencia de los filósofos y de la Revolución Francesa, la corrupción de la juventud, la política anticlerical de los gobiernos europeos -la España liberal, la Italia de Víctor Manuel, la tercera república francesa-.

Fuente del liberalismo moderno para los liberales, el viejo continente es presentado por los conservadores como la cuna y el centro del cristianismo. La difusión de las luces de la verdadera religión, experimentada en los lugares mismos donde nació, es el argumento esencial de la pedagogía cristiana que los viajeros colombianos conservadores proponen en sus relatos. No sorprende, entonces, que los conservadores describan una Europa católica, y consagren numerosas páginas a la evocación de su capacidad de reacción contra los ataques anticlericales. En 1869 el antioqueño Andrés Posada rinde homenajes, a través de los oradores sagrados, a la permanencia de la Francia católica:

La patria de San Luis no ha apostatado por entero; aún se cantan en sus templos las alabanzas del Altísimo, se lleva la ofrenda a sus altares, se enjugan las lágrimas del desgraciado i se busca en el santuario de la penitencia la paz y el perdón. La cátedra sagrada no ha enmudecido todavía: los Bossuet, los Massillon, tienen aún sus sucesores; la fe cuenta adalides como Gaume y Augusto Nicolas 11.

Sin duda, valerse de ejemplos políticos foráneos con el fin de adquirir más legitimidad -la legitimidad de la “civilización”-en el debate político nacional, es más que una artimaña partidista: es una tendencia de fondo de la vida política colombiana de esa época, una época profundamente marcada por la ideología de la mediación cultural: los que están marcados a dirigir, a conformar el país son los que, liberales o conservadores, pueden hacer puente entre la nación y la modernidad ultramarina.

Europa, escuela del patriotismo republicano americano

Sin embargo, la representación de Europa elaborada por Samper, y en general por los ideólogos de la mediación cultural, sean liberales o conservadores, no se limita a querer capacitar a sus compatriotas letrados por la observación de la civilización. Europa es ejemplar, pero no únicamente en un sentido positivo. Mientras los conservadores denuncian la impiedad y el jacobinismo como plagas que asuelan las sociedades europeas, los liberales expresan, evidentemente, la ejemplaridad negativa brindada por una Europa todavía aristocrática, monárquica, clerical, desigual y represiva. Samper explica que, frente a ese espectáculo, tiende naturalmente a reforzarse la conciencia republicana de los viajeros hispanoamericanos:

żY por qué dejar tan lejos todo ese mundo que se adora? Es que el demócrata de Colombia necesita nutrir su espíritu con la luz de la vieja civilización y fortalecer su corazón republicano con las severas enseñanzas de una sociedad ulcerada profundamente por la opresión y el privilegio 12.

Recorrer a Europa ofrece, efectivamente, al viajero colombiano, “[...] plebeyo por su nacionalidad, como todo demócrata, educado en la vida republicana”13, numerosas oportunidades, al enfrentarse a las “intrigas de la aristocracia” europea de afirmar su identidad esencialmente republicana. Presentado en 1859 a la reina de España, Samper, que se define como “hijo del Nuevo Mundo y republicano”14, se niega a besarle la mano, porque, explica, se sentiría herido en su “altivez de republicano”, y agrega: “[...] ignoro personalmente [...] los misterios de este mundo de tinieblas [la corte]...”15.

Efectivamente, el contacto con Europa tiene, según Samper, la virtud de renovar, de fortalecer la conciencia republicana de los americanos. Una virtud necesaria, porque tanto los europeos, que subestiman la fuerza de la democracia en Hispanoamérica 16, como los hispanoamericanos, que tienden a desvalorizar sus glorias nacionales 17, se olvidan de que América es por excelencia la tierra de la democracia. Además, el mestizaje de la sociedad colombiana es un factor adicional que favorece la implantación de la democracia en su patria: “En resumen, la democracia es el gobierno natural de las sociedades mestizas” 18.

Empeñado en luchar contra el sentimiento exagerado de inferioridad que observa entre sus compatriotas, en fomentar un orgullo nacional basado en los logros y la esencia democrática de la sociedad colombiana, Samper denuncia la mala costumbre de la imitación política que aqueja a las sociedades hispanoamericanas, en particular la que consiste en tomar como modelo la Europa monárquica 19.

El discurso de José María Samper, máxima expresión de la ideología de la mediación cultural, revela así la densidad nacionalista de la pedagogía inspirada por ejemplo europeo. Las obras que escribe durante su estadía en Europa reflejan tanto la voluntad de civilizar como la de nacionalizar. Samper, al proponer una mediación civilizadora muy conspicua, se inscribe en la gran tradición de las elites ilustradas. Heredero del muy borbónico ideal de educar al pueblo “desde arriba”, lo completa con el decimonónico propósito de nacionalizar el pueblo, pero conservando la esencia jerárquica de la sociedad colombiana. Es, efectivamente, legítima la pregunta de a qué “pueblo” se dirige Samper. Uno de los patricios pioneros del manejo político de las “masas” a través de las Sociedades Democráticas en los años 1850, Samper había tomado conciencia, como la mayoría de los liberales “gólgotas”, de los peligros de esta forma de movilización política. La politización de los artesanos urbanos, acelerada por los discursos demagógicos de los liberales, había finalmente desembocado, más que en revueltas y “retozos democráticos”, en el golpe de Estado de Melo y en la guerra civil de 1854. Escaldados por una experiencia política que, en buena parte manipulada por ellos, se les había escapado finalmente de las manos, y por la victoria conservadora en las primeras elecciones al sufragio universal masculino en 1856, los liberales empezaban a ver en el pueblo lato sensu una fuerza política posiblemente contraria a sus propósitos. No causa entonces sorpresa que Samper se consagre a describir la fuerte amenaza social que encarna los peligrosos contrastes de la ejemplar sociedad europea:

[...] coexisten la suprema opulencia y la suprema miseria y se vive bajo la amenaza del comunismo y la organización oficial del socialismo... 20

La exaltación de la esencia democrática y republicana de la sociedad colombiana aparece como una forma de conjurar el latente fragor del conflicto social que amenaza a Europa y podría muy bien trasladarse a Colombia. Al moldear esta versión idílica y patriarcal de la república americana, antídoto contra la violenta emergencia de las muchedumbres en la escena política, Samper anuncia una vertiente esencial de la definición de la identidad política colombiana, que cobrará más y más fuerza, aunque con una ideología cada vez menos liberal, conforme vaya avanzando el siglo XIX.

  RAFAEL NÚÑEZ: EL DISCURSO DE LA MADURACIÓN POLÍTICA EN EUROPA

Más de diez años después del viaje de José María Samper a Europa, el largo proceso del ascenso de Rafael Núñez hacia la presidencia de la república da lugar a la más completa empresa de utilización de la legitimidad cosmopolita en la lucha por el poder.

Nombrado cónsul de Colombia en El Havre en 1864, y luego en Liverpool -donde reside entre 1870 y 1874-Rafael Núñez, exsecretario de Hacienda de Mosquera, se da a conocer por los artículos que publica en los periódicos colombianos durante los diez años que pasa en Europa. Sus artículos, que ofrecen principalmente un análisis de la actualidad política, social y económica europea 21, tratan, entre otros temas, de la cuestión de Oriente, de la cuestión irlandesa, del debate entre proteccionismo y liberalismo, de la revolución española, de la participación de los obreros en las utilidades de las empresas, de la religión en cuanto factor de cohesión social, etc. Núñez estudia la economía política, la cuestión social, los grandes intereses diplomáticos de las potencias europeas, el funcionamiento de los regímenes políticos europeos, y poco a poco logra forjarse, frente a sus conciudadanos, una imagen de hombre dotado de una gran visión política, en breve de un verdadero hombre de Estado.

Dos temas recurrentes caracterizan el nacionalismo europeísta de Núñez. En primer lugar, la crítica de las utopías importadas, principalmente de Francia, que considera responsables de los errores del liberalismo colombiano. En segundo lugar, el discurso de la madurez política, que adquirió a raíz de su estadía en Europa.

La crítica de las “utopías importadas”

En el curso de los años 1870, los evidentes defectos de la Constitución federal de Rionegro, agravados por la doctrina de la no intervención de la Unión en los conflictos entre Estados, adoptada en 1867, llevan a una vehemente crítica del fracaso del federalismo, crítica según la cual ese fracaso fue engendrado esencialmente por la adopción indiscriminada de modas políticas foráneas, venidas de ultramar. Esta corriente de crítica, y en muchos aspectos de autocrítica, este intento de redefinición del Estado radical en un sentido más centralista, más intervencionista, no se limita a la fracción de los radicales que van a formar las filas del partido de Núñez, el partido independiente: se difunde igualmente en las filas de los liberales que permanecerán fieles a la corriente “radical” del liberalismo colombiano.

La esencia de esa autocrítica liberal de los años 1870 se dirige a dos grandes fracasos de la política radical: el debilitamiento consciente del Estado central, fuente de multiplicación de los conflictos regionales y obstáculo al mantenimiento del orden público en general, y la manipulación prematura de las masas, fruto del juego electoral, y fuente de agravación de la tensión social. El reforzamiento del Estado nacional, la implementación de una política aduanera más proteccionista, el esfuerzo educativo son las medidas -en parte anunciadoras de la Regeneración-propuestas por la tendencia “estatista” del radicalismo. El cambio aduanero y educativo ya ha sido emprendido cuando Núñez, de regreso de Europa, entra en la arena política nacional; el reforzamiento del Estado central, pese a tímidos intentos, tendrá que esperar la victoria electoral de Núñez para volverse realidad”.

En otros términos, Núñez encuentra, a su regreso de Europa, una atmósfera política que le va a permitir forjar una síntesis política y discursiva llamada a conseguir una gran audiencia nacional.

Apoyado por los artículos de sus años europeos, Núñez se impone como el mayor exponente de la crítica a las utopías importadas de Europa y en particular de Francia. Inspirado por una corriente conservadora de crítica de la imitación, considerablemente reforzada en el transcurso de los años de poder liberal, y por otra retórica, desarrollada en los años del segundo Imperio, que denuncia la ausencia de espíritu republicano en Francia, Núñez presenta el socialismo, el comunismo y el anarquismo como los productos de una sociedad inmadura, desgarrada entre el despotismo y la amenaza comunista. Francia, en esta época, se asimila, efectivamente, más y más, en la imaginación política de las elites colombianas, a los excesos del socialismo y a la aparición devastadora del pueblo en la escena política. La Comuna de París -considerada, entre las clases dirigentes colombianas, como una inmensa catástrofe-y la derrota frente al ejército alemán aparecen como marcas inequívocas de la decadencia de la nación francesa. Ineficacia “latina”, sublevaciones de las masas populares: los años 1870 y 1871 revelan, en la imaginación colombiana, una especie de acercamiento de Francia a la triste condición de las naciones de América del Sur, desprestigiando seriamente a esa nación. Antes de Núñez, José María Samper había analizado precisamente la ausencia de espíritu democrático y la amenaza socialista en Francia. Nutrido por los argumentos del conservatismo, Núñez hace énfasis en el protagonismo determinante de Francia en los errores del radicalismo colombiano. Denunciando la responsabilidad del periodista francés Émile de Girardin sobre las actitudes de los gólgotas colombianos, Núñez escribe: “[...] hizo gran fortuna con el expendio de paradojas impresas”22.

El discurso europeísta de la Regeneración: la madurez política

Otra gran característica del discurso de Núñez es su utilización de su estadía en Europa como garantía de madurez política. Este discurso, al que la presidencia de Núñez dará una investidura oficial, debe mucho a José María Samper, quien en 1881 publica en sus memorias 23 una reescritura de su viaje de 1858 a 1862. Su ya mencionada evolución personal -se convierte al catolicismo e ingresa en las filas conservadoras-necesitaba efectivamente esa segunda versión para volver a dar de la experiencia-clave del viaje a Europa una interpretación más acorde con su estrategia política. Esta vez, el legado principal del viaje a Europa, lejos del fortalecimiento del liberalismo militante, es el del acceso a la madurez política. En esta nueva versión, Samper, alejado del espíritu partidario propio de la política nacional, viajando por los principales países europeos y estudiándolos, siente la progresiva desaparición de su intransigencia liberal, de su intolerancia ideológica. Su íntima amistad con varios colombianos conservadores en París -José María Torres Caicedo, Juan de Francisco Martín-es otro factor que lo lleva a reconsiderar sus opciones políticas y en particular a cuestionar el radicalismo liberal de su “primera juventud”:

El hombre esencialmente americano comenzaba a ceder el paso, en mi ser moral, cuando ya casi se despedía de la primera juventud, al hombre cosmopolita, modificado por las enseñanzas del Viejo Mundo, que comenzaba a entrar en la madurez de sus impresiones y pensamientos 24.

Así, gracias a la benéfica influencia de su estadía en Europa, Samper adquiere la convicción que el patriotismo debe reemplazar el espíritu de partido. Durante una discusión entre liberales colombianos y franceses en el Café Mazarin en París, Samper defiende al presidente conservador Mariano Ospina contra las acusaciones de traidor a la causa federal que le hacen sus copartidarios, apoyados por los franceses, causando así el estupor general. Samper se explica entonces con énfasis:

Aquí soy neo-granadino más que liberal. Aquí no tengo bandera de partido sino la bandera nacional de mi patria, y no consiento en que delante de mí y de ciudadanos que no son compatriotas, se insulte al presidente de mi país 25.

La literatura oficial generada por la presidencia de Núñez ofrece buenos ejemplos de esa retórica de la experiencia europea como fuente de legitimidad política. La Exposición preliminar a la memoria de gobierno, escrita en 1885 por el entonces ministro de Gobierno, Diógenes Arrieta, es sin duda el texto clave de este género:

A poco de terminada la revolución que coronó su triunfo con la Constitución de 1863 y la reorganización política de la República, el Doctor Rafael Núñez siguió a Europa, nombrado Cónsul de Colombia en Liverpool. Allí permaneció diez años. Hemos dicho en otra parte, y queremos repetir aquí, que la ausencia de la Patria, siquiera por un corto tiempo, es semejante a la perspectiva aérea que el Ticiano trajo a la pintura; suaviza los toques fuertes, rectifica o esconde las innobles depresiones de las líneas en las figuras de los hombres y en los contornos de los hechos, y comunica a todo el cuadro el tranquilo apacible color del cielo querido que le sirve de fondo.

Los pequeños rencores que aquí nos agitan, estos rencores de cada día, esta fragua de mezquinas pasiones que sopla a cada instante sobre las inspiraciones de la conciencia y sobre los impulsos de la voluntad; esta atmósfera viciada, en que necesariamente nos sentimos arrastrados a estimar a los hombres y a los partidos con el criterio de una ambición no satisfecha, o bajo la impresión de los favores de un día, no nos acompañan fuera de la Patria.

Ocultas las riberas nativas entre las brumas del horizonte lejano, y llegada la primera hora de melancolía por los afectos que quedan detrás, el espíritu del hombre sacude al punto el polvo de estas miserables rencillas lugareñas que aquí amancillan el carácter, envenenan los ánimos y extravían la voluntad. Libre, así, el entendimiento de preocupaciones, y transportado a la región más alta y más serena, sólo obran ya sobre él, en tratándose de la Patria, los móviles de los grandes intereses, los estímulos del bien, de la verdad, y del amor. Desaparecen entonces las líneas divisorias de los bandos políticos, la acritud de nuestras controversias, la intolerancia de nuestras costumbres: el compatriota se torna en hermano, y el sentimiento de la rivalidad política en sentimiento fraternal 26.

Sigue una larga digresión sobre la manera como la observación de la vida pública inglesa permitió al futuro Regenerador adquirir una gran madurez política y un verdadero espíritu patriótico.

Es interesante observar que en este texto, que es, quién lo duda, una apología de Núñez, se presenta el programa político de la Regeneración como el producto de la estadía de Núñez en Inglaterra, por medio de una significativa distorsión: Núñez, de sus diez años en Europa, pasó aproximadamente la mitad en Francia y la otra mitad en Inglaterra 27. Sin embargo, en 1885, más de diez años después del regreso de Núñez, Arrieta repite varias veces en su texto que éste permaneció diez años en Inglaterra. Cualquiera que sea el origen de esta pequeña deformación de la realidad, sería difícil no ver en ella una voluntad de valorar más la estadía en Inglaterra que en Francia como experiencia capacitadora. La ya mencionada voluntad de los políticos regeneradores de distanciarse de las fuentes francesas de inspiración política lleva a muchos de ellos a reivindicar una concepción más bien “inglesa” -que los atrae por su sabia mezcla de liberalismo político y de conservadurismo social-de la política. La fórmula del “liberalismo conservador”, acuñada por el incansable José María Samper, aparece como el producto típico de la influencia inglesa.

A pesar del recurso a una constante referencia retórica a la cultura política y a las libertades británicas, que dominará los años 1880 y 1890 en Colombia, Núñez, impulsado por un sentimiento de semejanza latina, sigue viendo en la política francesa un espejo y un modelo. La identidad de la evolución política de los dos países es un tema recurrente en sus escritos tardíos: “En Francia, nuestro modelo, ha ocurrido, mutatis mutandis, la misma historia. Los delirios de los republicanos enterraron la primera y la segunda República; y los cándidos impenitentes que se encargaron de dirigir el tercer ensayo, en 1871, la habrían conducido a una nueva fosa sin el cambio fundamental introducido en el viejo programa por Thiers y Gambetta” 28. Núñez revela, efectivamente, ser un ferviente defensor de la república oportunista francesa. En un artículo sobre la amenaza representada por el movimiento golpista del general Boulanger en 1889, Núñez escribe:

Yo me congratularé con el triunfo de los republicanos, como si fuera un triunfo alcanzado para la causa del bien en nuestra propia patria; tanto así creo que importa al mundo la salvación de la República en Francia 29.

Esa ambiguedad respecto de sus referencias políticas, por lo demás no exclusiva de Núñez, provocará, por parte de sus oponentes, una denuncia de los turbios orígenes de su ideología política. Miguel Samper, hermano de José María y candidato presidencial liberal en la elección de 1897, critica en un artículo titulado “Las reformas y el cesarismo”, publicado en el mismo año, el afrancesamiento ideológico y la inspiración napoleónica de Núñez, invirtiendo así el discurso europeísta de la Regeneración. Para Miguel Samper, de los varios factores que explican la inspiración “cesarista” del régimen de 1886, la estadía de Núñez en Europa es el más importante:

El primero de ellos fue el Jefe de la Regeneración, en cuya mente estaba todo el sistema que logró implantar, mezclando en él el autoritarismo y el cesarismo, con el socialismo de Estado. Fruto fue esto de largos años de residencia en Europa, en puesto lucrativo, que dejaba ocios suficientes para estudiar, tanto en Inglaterra como en Francia, los dos sistemas que allá luchan por el predominio: el cesarismo y el parlamentarismo. De esperarse era que este último fuera el preferido por el pensador y el patriota, bien preparado al efecto por anteriores estudios... 30.

Sin embargo, no sucedió así, explica Samper: entre todos los modelos políticos que tuvo la oportunidad de observar, el que más impacto tuvo en Núñez, y luego en la Colombia finisecular, fue el cesarismo de Napoleón III. Principal exponente del liberalismo clásico en Colombia, defensor de la tradición parlamentaria inglesa, Miguel Samper denuncia el régimen nuñista como un subproducto criollo del autoritarismo político francés. La larga denuncia del despotismo francés que había caracterizado un discurso liberal opuesto al segundo Imperio francés, proporciona efectivamente uno de los moldes en los que se cuajará la crítica liberal de la Regeneración.

Los comienzos del discurso de la autenticidad nacional

En la estela de la infinita oposición de referencias políticas a la que se entregan los adversarios políticos en la época de la Regeneración, Núñez introduce una considerable ampliación de la que venía siendo, desde varios decenios atrás, el discurso nacionalista liberal. En la retórica de Núñez, la referencia a los gobiernos anglosajones es perfectamente compatible con la aspiración al libre juego de la autenticidad política de Colombia: En todas partes se procura por los hombres sensatos amoldar las instituciones a la voluntad general, a efecto de que los partidos políticos no luchen como en Inglaterra y los Estados Unidos sino por asuntos de administración pública” 31.

El impacto en Núñez del positivismo comtiano —en particular, del concepto de las tres edades de la humanidad— tiene seguramente que ver con la reformulación de la antigua denuncia de la imitación política. Una vez planteada la modernidad radical como un anacronismo prematuramente importado por culpa del espíritu de imitación que supuestamente caracteriza a los radicales colombianos, todos los discursos sobre el calendario auténtico de la política colombiana son posibles: “Tampoco es dado
a la mano del hombre acelerar el cronómetro providencial del destino de cada pueblo, como no le es posible anticipar el cambio de las estaciones” dice Núñez en su último mensaje al Congreso, en 1888 32. Irónicamente, esta preocupación por el respeto, en la reforma política, de un supuesto destino nacional juega en sentido inverso tratándose de las medidas de la Regeneración: “[...] cada día me persuado más de que anduvimos demasiado aprisa cuando cambiamos de cucarda: el gorro frigio por el león”, escribe Núñez a Caro unos años más tarde 33.

Apóstol positivista de una imitación “natural”, que sea compatible con los rasgos de una nacionalidad política de Colombia, que evoca sin nunca definirla verdaderamente, Núñez, maestro en el arte de la referencia ecléctica, abre la vía a la ideología nacionalista de los gobiernos conservadores que deja en el poder.