- El metadiegético en la deíxis o una resemantización del liberalismo
desbragado
- La imaginación liberal: hipótesis para una lectura de La otra raya del tigre
Serafín Martínez González
Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá, 1994, 118 págs.
¿No es paradójico que en el Caro y Cuervo no hablen ya castellano? Claro que
Caro era un consumado latinista y Cuervo entendía bastante de raíces griegas. Pero esas
bases no tenían otro objeto que la fijación y definición gramatical y filológica de
nuestro idioma. Pero ése no es el asunto... Ya sabemos que ciertas nuevas tendencias de
la crítica semiológico-literaria han implementado (por usar otro verbo poco castizo) una
terminología inflada cuya única inconveniencia es que no sea asumida críticamente. El
asunto es éste: ¿qué propósito tienen estos estudios pretendidamente especializados de
la crítica literaria? Tras cerrar el libro, aún no tenemos una sola motivación clara.
Los amantes de las distinciones volverán a decir que una cosa es el ensayo, personalista
y tentativo, y otra la crítica literaria como tal, rigurosa y académica. Yo disiento al
respecto: el rigor mínimo que se exige es el de la escritura; quien emplea la escritura
para expresar un pensamiento necesariamente incurre en el ensayo, no importa qué clase de
metodología le subyaga. Tout le reste... es falsa crítica literaria, trabajo de campo,
acopio documental, literatura ancilar. Y conste que este trabajo de Serafín Martínez
demuestra un buen bagaje, un abundante (pero inútil) aparato crítico, un inteligente
manejo de relaciones teóricas. Pero también está esa teoría estática, anquilosada,
que no tiene más utilidad que el poder de la abreviatura, de nombrar lo obvio; ahora
bien, nadie se opone a que se trate de imponer expresiones y conceptos como el narrador
metadiegético, hipodiegético, paradiegético o parentético, siempre y cuando su uso no
sirva de sofisma de distracción para no hacer claridad sobre la realidad a que ellos
aluden. Con decir que un discurso narrativo es metadiegético no decimos nada; hay que
mostrar cómo un discurso es metadiegético en una obra particular. Con eso superamos la
obviedad.
Dicho lo cual, hagamos lo propio con La imaginación liberal..., de
Serafín Martínez González, libro al que, por no hallarle propósito ulterior, le
pensamos un sentido a partir de su propio título. ¿Cuál es la hipótesis y cuál su
desarrollo? La hipótesis está bien planteada desde las primeras páginas, es sugerente y
nos promete un montón de revelaciones de lectura. Pero lo que hace el autor después del
planteamiento inicial es dedicarse a la tautología (repetir el planteamiento) y a la
ambigüedad conceptual. Empecemos por lo segundo.
La hipótesis es que en La otra raya del tigre, la novela de Pedro Gómez
Valderrama (1976), se resemantiza el discurso liberal-burgués decimonónico, esto es, que
tal discurso subyace como visión de mundo de la novela del santandereano. Lo cual quiere
decir que Gómez Valderrama adhiere y potencia a la ideología que animó el experimento
del Estado Soberano de Santander entre 1853 y 1886, época y lugar que abarcan
holgadamente la acción del aventurero alemán Geo von Lengerke, protagonista de la
novela. En síntesis: el proyecto del liberalismo radical.
El primer paso en la argumentación de Martínez es comprobar que la novela se
hace eco del "difusionismo" burgués del siglo XIX, término que sólo viene a
explicar en la página 36 como "conquista cultural" (?) y en la página 67 como,
"retórica del progreso y la civilización". Dejemos a un lado una superable
vaguedad del concepto, y recordemos que se enfatiza en un punto, por el lado del
personaje: la filiación europea de tal ideología. Es en este punto donde Martínez
inicia su cadena de oposiciones, síntesis y nuevas oposiciones, tratando de asir el
sentido real de la expresión "imaginación liberal". El primer contraconcepto
aclaratorio, es decir, el elemento opuesto al liberalismo burgués europeo, es el de
"mentalidad agraria premoderna" o "contumacia del señorío
hacendatario". Pero viene a continuación, dado el planteamiento Europa-América que
supone la primera oposición, el primer intento de síntesis: la idea de
transculturación: un mundo de origen europeo que viene a sembrarse en el trópico, con
las condiciones que éste le impone. Esta idea se fija ante todo en el análisis del
episodio (primero cuento autónomo) del viaje del piano desde Alemania hasta Montebello,
la hacienda de Lengerke en Santander. Montebello puede llegar a ser el imperio de Lengerke
(¿un imperio transculturizado?), pero el piano, antes de llegar allí, recorre la pura
selva ("el reino del tigre y del caimán") o pasa por Mompox, esa ciudad
señorial y aletargada: el piano burgués y europeo, tocado por la "explosión
verde" y por el "señorío hacendatario"... La idea de transculturación no
cuaja, entre otras cosas porque Martínez introduce un capítulo ambiguo con título no
justificado: "el viaje a los orígenes". ¿Cuáles orígenes? ¿Quién viaja a
los orígenes? ¿Lengerke? La expresión "viaje a los orígenes" está cargada
de una gravitación mítica y sin duda Martínez no lo ignora. ¿Sirve el mito de
contraconcepto a lo burgués? Más adelante se verá que sí. Entonces, ese inicial (y
directivo) liberalismo burgués ya no sólo tiene como opuestos al trópico y al señorío
hacendatario, sino también al mito, probablemente (?) vinculado al trópico. Escribe
Martínez:
La transculturación es el complejo proceso de recepción de la cultura
occidental tanto en su variante hispano-católica como en su opción burguesa ilustrada y
que se caracteriza por una resemantización que conduce al hibridismo, a los
contradiscursos de resistencia, a la contradictoria simbiosis. Son las voces que, de
pronto, filtran su crítica, en la novela, en contravía del discurso liberal dominante.
[pág. 35]
Reconocimiento, entonces, de que hay un "discurso liberal dominante" y
otro que lo impugna (viene del mito, de la transculturación, del toque americano). La
pregunta, desde ya, es: ¿cómo domina el imaginario liberal sobre el antiliberal o
mítico o transcultural? Por un momento parece que la "hipótesis de lectura" va
a consistir en la "simbiosis" de los dos imaginarios en uno solo que sería el
propio liberal radical colombiano (y, más restringido aún, santandereano). Pero por ahí
no va la cosa. El problema es que nunca se muestra tampoco cómo el imaginario liberal
domina, o es realmente más importante que el no liberal. Más bien parece que la
hipótesis, en contra de la propuesta global y dada la ambigüedad, si no
contradicción, del propio estudio, es la de la ambigüedad en el propio discurso
narrativo de la novela, que enuncia y en realidad demuestra Martínez de esta
manera:
Así se hace perceptible una ambigüedad en el punto de vista narrativo, pues
algunas veces se privilegia la mirada eurocentrista que asume el tránsito de la cultura
liberal en términos de difusionismo, es decir, como conquista cultural. Y otras veces se
resitúa el narrador en la perspectiva americana y genera así los discursos que expresan
las resistencias culturales... [pág. 36]
El autor intenta vanamente a lo largo de todo el texto librarse de tal
ambigüedad, pese a que la ha afirmado.Y tiene que hacerlo, pues su hipótesis de trabajo
debe mostrar de qué manera la ambigüedad está superada por el "dominio" del
imaginario liberal. A fe que da puntadas en ese sentido, pero luego las deshace admitiendo
la presencia del elemento opuesto y matizándolo. Un punto fuerte a su favor es la
constatación de un ideario positivista en la novela, aliado del liberalismo burgués y
sólo creyente en los hechos; es un argumento vital que luego se ve relativizado por su
oposición a lo conjetural, también constitutivo del discurso de La otra raya del
tigre: "Esto da origen a un contradiscurso que socava el fetichismo empírico
del positivismo, el muelle optimismo por la verdad de lo documental, instaurando así la
isotopía de lo conjetural, del mundo de lo posible como contravía de lo fáctico"
(pág. 49).
Todo ello sin contar con otros conceptos y contraconceptos que, esquemáticamente
lúcidos, tienen que apoyarse en la falacia de la terminología "científica"
para proyectar una interpretación de sentido que en realidad no se ha hecho. ¿Cómo
conciliar con la hipótesis la idea también razonable y expuesta por Martínez en
su libro del conservadurismo (por lo decimonónico y stendhaliano) de la novela?
¿Cómo la noción de la leyenda y el mito fundacional de Lengerke? ¿Cómo la de
transculturación? ¿Cómo la de la utopía y la quimera? No negamos que ellas sí puedan
conciliarse con la hipótesis, pero el asunto es que la hipótesis no logra formularse. Se
formula y se contraformula, sirve de punto de apoyo y luego de discusión. No me preocupan
las oposiciones; a pesar de que no resuelven nada, muestran cosas. Me preocupa que se
trata de decir algo que el autor no ha visto en su totalidad, y que pretende haber visto
por el ojo de un aparato crítico que se ha confundido con la crítica misma. El andamiaje
semiológico, lingüístico y tropológico, aparte de construirse con base en
tautologías, repeticiones viciosas y este es nuestro primer punto arriba
mencionado, de desarrollar obviedades con apariencia de revelación, prescinde por
completo del verdadero tema del estudio: nunca se mostro de qué manera el discurso
liberal (al cual le faltó su inflexión colombiana) se convierte en discurso de ficción
en La otra raya del tigre. Se dijo: el discurso era éste y hay estos
elementos en la novela; pero un discurso no son los elementos temáticos o ideológicos
que comporta; de ahí por qué uno no ve con claridad cómo se cumple el discurso en la
novela. En realidad, falta análisis literario. Y, no me cabe la menor duda, ello sucede
porque el autor acude a esa impersonal e inofensiva jerga de la crítica
"científica" para que le haga el favor. Y la jerga en realidad es bien pobre,
sobre todo cuando no es mucho lo que hay que decir (de uno) de un texto; haga el lector,
si no, la prueba, de contar el nutrido número de unas cuantas palabrejas: anclar,
desbragado, deíxis, epos, isotopía, metadiegético, refigurar, resemantizar,
reabsorción, explicitar, transfondo, entramado, metanarrativo, analéptico...
Amén.
ÓSCAR TORRES DUQUE |