Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 38 .  Volúmen XXXII, editado en 1995
 
El metadiegético en la deíxis o una resemantización del liberalismo desbragado

 


La imaginación liberal: hipótesis para una lectura de La otra raya del tigre
Serafín Martínez González
Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá, 1994, 118 págs.

¿No es paradójico que en el Caro y Cuervo no hablen ya castellano? Claro que Caro era un consumado latinista y Cuervo entendía bastante de raíces griegas. Pero esas bases no tenían otro objeto que la fijación y definición gramatical y filológica de nuestro idioma. Pero ése no es el asunto... Ya sabemos que ciertas nuevas tendencias de la crítica semiológico-literaria han implementado (por usar otro verbo poco castizo) una terminología inflada cuya única inconveniencia es que no sea asumida críticamente. El asunto es éste: ¿qué propósito tienen estos estudios pretendidamente especializados de la crítica literaria? Tras cerrar el libro, aún no tenemos una sola motivación clara. Los amantes de las distinciones volverán a decir que una cosa es el ensayo, personalista y tentativo, y otra la crítica literaria como tal, rigurosa y académica. Yo disiento al respecto: el rigor mínimo que se exige es el de la escritura; quien emplea la escritura para expresar un pensamiento necesariamente incurre en el ensayo, no importa qué clase de metodología le subyaga. Tout le reste... es falsa crítica literaria, trabajo de campo, acopio documental, literatura ancilar. Y conste que este trabajo de Serafín Martínez demuestra un buen bagaje, un abundante (pero inútil) aparato crítico, un inteligente manejo de relaciones teóricas. Pero también está esa teoría estática, anquilosada, que no tiene más utilidad que el poder de la abreviatura, de nombrar lo obvio; ahora bien, nadie se opone a que se trate de imponer expresiones y conceptos como el narrador metadiegético, hipodiegético, paradiegético o parentético, siempre y cuando su uso no sirva de sofisma de distracción para no hacer claridad sobre la realidad a que ellos aluden. Con decir que un discurso narrativo es metadiegético no decimos nada; hay que mostrar cómo un discurso es metadiegético en una obra particular. Con eso superamos la obviedad.

Dicho lo cual, hagamos lo propio con La imaginación liberal..., de Serafín Martínez González, libro al que, por no hallarle propósito ulterior, le pensamos un sentido a partir de su propio título. ¿Cuál es la hipótesis y cuál su desarrollo? La hipótesis está bien planteada desde las primeras páginas, es sugerente y nos promete un montón de revelaciones de lectura. Pero lo que hace el autor después del planteamiento inicial es dedicarse a la tautología (repetir el planteamiento) y a la ambigüedad conceptual. Empecemos por lo segundo.

La hipótesis es que en La otra raya del tigre, la novela de Pedro Gómez Valderrama (1976), se resemantiza el discurso liberal-burgués decimonónico, esto es, que tal discurso subyace como visión de mundo de la novela del santandereano. Lo cual quiere decir que Gómez Valderrama adhiere y potencia a la ideología que animó el experimento del Estado Soberano de Santander entre 1853 y 1886, época y lugar que abarcan holgadamente la acción del aventurero alemán Geo von Lengerke, protagonista de la novela. En síntesis: el proyecto del liberalismo radical.

El primer paso en la argumentación de Martínez es comprobar que la novela se hace eco del "difusionismo" burgués del siglo XIX, término que sólo viene a explicar en la página 36 como "conquista cultural" (?) y en la página 67 como, "retórica del progreso y la civilización". Dejemos a un lado una superable vaguedad del concepto, y recordemos que se enfatiza en un punto, por el lado del personaje: la filiación europea de tal ideología. Es en este punto donde Martínez inicia su cadena de oposiciones, síntesis y nuevas oposiciones, tratando de asir el sentido real de la expresión "imaginación liberal". El primer contraconcepto aclaratorio, es decir, el elemento opuesto al liberalismo burgués europeo, es el de "mentalidad agraria premoderna" o "contumacia del señorío hacendatario". Pero viene a continuación, dado el planteamiento Europa-América que supone la primera oposición, el primer intento de síntesis: la idea de transculturación: un mundo de origen europeo que viene a sembrarse en el trópico, con las condiciones que éste le impone. Esta idea se fija ante todo en el análisis del episodio (primero cuento autónomo) del viaje del piano desde Alemania hasta Montebello, la hacienda de Lengerke en Santander. Montebello puede llegar a ser el imperio de Lengerke (¿un imperio transculturizado?), pero el piano, antes de llegar allí, recorre la pura selva ("el reino del tigre y del caimán") o pasa por Mompox, esa ciudad señorial y aletargada: el piano burgués y europeo, tocado por la "explosión verde" y por el "señorío hacendatario"... La idea de transculturación no cuaja, entre otras cosas porque Martínez introduce un capítulo ambiguo con título no justificado: "el viaje a los orígenes". ¿Cuáles orígenes? ¿Quién viaja a los orígenes? ¿Lengerke? La expresión "viaje a los orígenes" está cargada de una gravitación mítica y sin duda Martínez no lo ignora. ¿Sirve el mito de contraconcepto a lo burgués? Más adelante se verá que sí. Entonces, ese inicial (y directivo) liberalismo burgués ya no sólo tiene como opuestos al trópico y al señorío hacendatario, sino también al mito, probablemente (?) vinculado al trópico. Escribe Martínez:

La transculturación es el complejo proceso de recepción de la cultura occidental tanto en su variante hispano-católica como en su opción burguesa ilustrada y que se caracteriza por una resemantización que conduce al hibridismo, a los contradiscursos de resistencia, a la contradictoria simbiosis. Son las voces que, de pronto, filtran su crítica, en la novela, en contravía del discurso liberal dominante. [pág. 35]

Reconocimiento, entonces, de que hay un "discurso liberal dominante" y otro que lo impugna (viene del mito, de la transculturación, del toque americano). La pregunta, desde ya, es: ¿cómo domina el imaginario liberal sobre el antiliberal o mítico o transcultural? Por un momento parece que la "hipótesis de lectura" va a consistir en la "simbiosis" de los dos imaginarios en uno solo que sería el propio liberal radical colombiano (y, más restringido aún, santandereano). Pero por ahí no va la cosa. El problema es que nunca se muestra tampoco cómo el imaginario liberal domina, o es realmente más importante que el no liberal. Más bien parece que la hipótesis, en contra de la propuesta global —y dada la ambigüedad, si no contradicción, del propio estudio—, es la de la ambigüedad en el propio discurso narrativo de la novela, que enuncia —y en realidad demuestra— Martínez de esta manera:

Así se hace perceptible una ambigüedad en el punto de vista narrativo, pues algunas veces se privilegia la mirada eurocentrista que asume el tránsito de la cultura liberal en términos de difusionismo, es decir, como conquista cultural. Y otras veces se resitúa el narrador en la perspectiva americana y genera así los discursos que expresan las resistencias culturales... [pág. 36]

El autor intenta vanamente a lo largo de todo el texto librarse de tal ambigüedad, pese a que la ha afirmado.Y tiene que hacerlo, pues su hipótesis de trabajo debe mostrar de qué manera la ambigüedad está superada por el "dominio" del imaginario liberal. A fe que da puntadas en ese sentido, pero luego las deshace admitiendo la presencia del elemento opuesto y matizándolo. Un punto fuerte a su favor es la constatación de un ideario positivista en la novela, aliado del liberalismo burgués y sólo creyente en los hechos; es un argumento vital que luego se ve relativizado por su oposición a lo conjetural, también constitutivo del discurso de La otra raya del tigre: "Esto da origen a un contradiscurso que socava el fetichismo empírico del positivismo, el muelle optimismo por la verdad de lo documental, instaurando así la isotopía de lo conjetural, del mundo de lo posible como contravía de lo fáctico" (pág. 49).

Todo ello sin contar con otros conceptos y contraconceptos que, esquemáticamente lúcidos, tienen que apoyarse en la falacia de la terminología "científica" para proyectar una interpretación de sentido que en realidad no se ha hecho. ¿Cómo conciliar con la hipótesis la idea también razonable —y expuesta por Martínez en su libro— del conservadurismo (por lo decimonónico y stendhaliano) de la novela? ¿Cómo la noción de la leyenda y el mito fundacional de Lengerke? ¿Cómo la de transculturación? ¿Cómo la de la utopía y la quimera? No negamos que ellas sí puedan conciliarse con la hipótesis, pero el asunto es que la hipótesis no logra formularse. Se formula y se contraformula, sirve de punto de apoyo y luego de discusión. No me preocupan las oposiciones; a pesar de que no resuelven nada, muestran cosas. Me preocupa que se trata de decir algo que el autor no ha visto en su totalidad, y que pretende haber visto por el ojo de un aparato crítico que se ha confundido con la crítica misma. El andamiaje semiológico, lingüístico y tropológico, aparte de construirse con base en tautologías, repeticiones viciosas —y este es nuestro primer punto arriba mencionado—, de desarrollar obviedades con apariencia de revelación, prescinde por completo del verdadero tema del estudio: nunca se mostro de qué manera el discurso liberal (al cual le faltó su inflexión colombiana) se convierte en discurso de ficción en La otra raya del tigre. Se dijo: el discurso era éste y hay estos elementos en la novela; pero un discurso no son los elementos temáticos o ideológicos que comporta; de ahí por qué uno no ve con claridad cómo se cumple el discurso en la novela. En realidad, falta análisis literario. Y, no me cabe la menor duda, ello sucede porque el autor acude a esa impersonal e inofensiva jerga de la crítica "científica" para que le haga el favor. Y la jerga en realidad es bien pobre, sobre todo cuando no es mucho lo que hay que decir (de uno) de un texto; haga el lector, si no, la prueba, de contar el nutrido número de unas cuantas palabrejas: anclar, desbragado, deíxis, epos, isotopía, metadiegético, refigurar, resemantizar, reabsorción, explicitar, transfondo, entramado, metanarrativo, analéptico...

Amén.

ÓSCAR TORRES DUQUE